Mostrando entradas con la etiqueta democracia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta democracia. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de septiembre de 2023

La democracia caviar en peligro


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Una vez más estamos ante el patético espectáculo de la caviarada llorando por la democracia. Cada vez que el Congreso pone en su mira a una entidad controlada por la mafia caviar, o a cualquier funcionario servil a la caviarada, saltan en coro a chillar que "la democracia está bajo ataque". Francamente solo cabe la risa. 

Ya es normal ver esta conducta caviar. En realidad es normal en todo el rojerio izquierdoso. La democracia para ellos es cuando tienen el control o el poder. Y cuando no lo tienen no es democracia. Menos aun si lo pierden. Cada vez que la izquierda pierde el poder salen a las calles acusando de golpe y de dictadura. Son ellos lo que siempre recuperan la democracia, los que luchan por la democracia. Los demás son dictadura y golpistas. Según ellos, ahora vivimos en dictadura.

Recordemos que toda esta canallada caviar le pedía a gritos y de rodillas a Martín Vizcarra que cerrara el Congreso, tan solo porque tenía mayoría fujimorista. Eso era algo que no podían aguantar. Había que cerrarlo y Vizcarra se dedicó a eso a tiempo completo, buscando una negación de confianza que le permitiera cerrarlo. Nunca lo consiguió, pero cuando el Tribunal Constitucional que era afin a la mafia caviar estuvo en peligro, de inmediato se inventaron la "negación fáctica" parra cerrarlo. Eso fue la gloria para toda la caviarada y el rojerío infecto contagioso porque cerraron el odiado Congreso "fujiaprista" y salvaron al TC caviar.

¿Alguien de la caviarada dijo que la democracia estaba en peligro tras el cierre del Congreso por Vizcarra para salvar al TC caviar? ¿Alguien llamó "dictador" a Vizcarra? No. Al contrario. Convirtieron a Vizcarra en el Santo Patrón de la caviarada. Le cantaban Happy Birthday desde sus balcones. Publicaban libros sobre él. Ni siquiera lo cuestionaron cuando nos encerró salvajemente y era incapaz de comprar oxígeno mientras miles de peruanos se morían asfixiados.

¿Y qué pasó cuando el Congreso vacó a Vizcarra por corrupto, siguiendo fielmente el procedimiento legal? ¿No salieron a las calles a llorar por su ídolo? ¿No acusaron a Merino de golpista y dictador? ¿No salieron los idiotas del bicentenario y los tarados del "Si,Si,Si,No" a las calles a tomar la ciudad a pedradas y bombardas durante una semana para traerse abajo al gobierno constitucional de Merino? ¿Algún caviar salió a decir que la democracia estaba en peligro? No. ¡Al contrario! Salieron a decir que los idiotas del bicentenario estaban tratando de recuperar la democracia. Y luego convirtieron en mártires a los delincuentes baratos Inti y Bryan.

Y es que cada vez que la izquierda pierde el poder por cualquier motivo salen a las calles a "recuperar la democracia" o a exigirla. Esto es algo que yo lo vengo viendo desde que cayó el dictador Velasco Alvarado. Solo entonces salieron las cucarachas de izquierda de todos sus escondrijos a exigir democracia. Desde entonces hasta la caída de Pedro Castillo nada ha cambiado. 

Y lo mismo pasa cuando una entidad controlada por la mafia caviar pasa a otras manos. Según los hipócritas de la caviarada, hoy el Congreso "tiene" al TC, el Congreso "tiene" al Ejecutivo, y "tiene" al Ministerio Público. Y ahora quiere "tener" a la JNJ. Es una completa estupidez hablar del Congreso -que es un ente colectivo y variopinto- como si fuera una persona con deseos y ambiciones propias. Pero así es como engañan y manipullan a la gente. Lo que la izquierda caviar teme es perder sus privilegios en esas entidades. 

La caviarada es una mafia bien organizada. Es una organización criminal basada en oenegés y medios afines dedicada a obtener el control político del Estado y sus instituciones. Es por eso que hoy ven el patético desfile de comunicados de toda clase de oenegés, incluyendo una que salió a nombre de "ONU Perú", pero que sin duda es el aporte de algún parásito que vegeta a una oficina de Miraflores y toma café con lo caviares maomiraflorinos. 

A fin de cuentas acá no pasa nada. El Congreso está facultado por la Constitución a remover a los miembros de la JNJ y punto. Solo se necesitan 87 votos, si no me equivoco. No hay nada más que discutir. Y nada es gratuito. Hace rato que los angelitos de la JNJ se han puesto en la mira por metiches. Se han dedicado a intervenir en la política absurdamente. Por ejemplo, defendiendo a la fiscal Zoraida Avalos cuando el Congreso estuvo a punto de destituirla. Eso es inusual y ridículo, pero como la tal Zoraida era afin a la mafia caviar, tenían que salir a defenderla haciendo el ridículo. 

Además de ello, la JNJ se ha convertido en la Santa Inquisición caviar que busca desaforar a la incómoda fiscal de la Nación Patricia Benavides, por el delito de no ser afín a la mafia caviar ni obedecer las consignas de IDL. Eso es todo. El resto es cuento. Para colmo, la JNJ ni siquiera se toman la molestia de empezar por casa y sacar a esa señora Inés Tello, que se mantiene en el cargo pese a estar bien pasada de edad, contraviniendo la ley. Por todo esto y más, el Congreso está facultado para fiscalizar a la JNJ y, eventualmente, destituir a sus miembros si considera necesario.

Nada de esto atenta contra la democracia ni con el equilibrio de poderes. El Congreso no tiene más poder que el que le otorga la Constitución. Mientras se cumpla la Constitución no hay ningún peligro para la democracia. Lo que pasa es que esta democracia no es la que les gusta ni conviene a los caviares. Eso es otra cosa.

miércoles, 22 de agosto de 2018

La encuestocracia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El comportamiento de los medios de comunicación se parece cada día más al de una mafia organizada en busca de un objetivo: subvertir el orden constitucional atacando instituciones básicas del Estado. En buena cuenta, lo mismo que perseguía el terrorismo pero por otros métodos. 

La prensa, principalmente ese conglomerado de medios manejados por el Grupo El Comercio, ha declarado una guerra sucia contra el Congreso y la Fiscalía de la Nación, mediante una andanada de encuestas amañadas cuyas preguntas persiguen los velados fines de esta mafia. 

Nunca antes en nuestra historia se habían hecho tantas encuestas de aprobación con preguntas tan curiosas como ¿cree usted que X es culpable? ¿Cree usted que Y debe renunciar? Etc. Todas estas encuestas indagan lo que la gente "cree" justo luego de campañas mediáticas donde ponen a diario en titulares a los blancos escogidos de esta mafia de medios. 

A continuación vienen las portadas, que es como la cosecha de esas encuestas. Y no son cualquier portada sino verdaderas pancartas de difamación y extorsión a las autoridades que han sido blanco de esta estrategia mediática. Es toda una maquinaria bien organizada destinada a orientar a la gente y generar tendencias en la población. Están siguiendo el manual de Goebbels al pie de la letra.

Ahora resulta que los funcionarios tienen que irse porque así lo señala una encuesta. Esto es en esencia la encuestocracia que nos quieren imponer los medios en reemplazo de la democracia. Ya no importa la legalidad. Basta que una encuesta señale, tras una sucia e implacable campaña de demolición, que una institución o un funcionario carecen de "aprobación" para que sea defenestrado o cerrado, llamándose a elecciones.

Ilustres encuestólogos se pasean por los mismos medios del conglomerado subversivo predicando los principios de la encuestocracia: si no gozas de aprobación careces de legitimidad y de poder, entonces debes renunciar. Ahora en el Perú resulta que la legitimidad no la da el procedimiento legal de elección o designación sino las encuestas. Es la aprobación de la chusma expresada en encuestas teldirigidas por la mafia de los medios la que determina quién debe permanecer en el cargo y quién debe renunciar. A eso hemos llegado en el Perú.

Es hora de hacer algo contra esta mafia de medios que se cree con suficiente poder y derecho para determinar los destinos del Perú y colocar a la democracia por debajo de sus intereses. De muchas maneras hemos descubierto que la corrupción está enquistada en casi todas las instituciones del Perú, tanto públicas como privadas. Nadie va a vendernos el cuento de que los medios de prensa y las ONG de izquierda son los santuarios de la decencia. Todo lo contrario. Siempre han estado manchados por la corrupción y muy en especial, los medios mermeleros que en estos últimos tiempos han vivido de los favores de los políticos corruptos. No les sigamos el juego.

domingo, 5 de abril de 2015

Otro 5 de abril


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Hoy es un día en que toda la cucufatería institucionalista saldrá a llorar por la democracia quebrantada hace 23 años, cuando Alberto Fujimori decidió cerrar el Congreso. En el colmo de la desfachatez son los sectores de izquierda los que más se lamentan y hacen drama, como si alguna vez les hubiera importado la democracia y el Estado de derecho. Porque hay que ser claros en los conceptos: la democracia es una forma de vida institucionalizada de la sociedad y del Estado, no es solo la pantomima de entidades disfuncionales. No confundamos instituciones con entidades ni democracia con Congreso. Es perfectamente posible que toda la parafernalia de entidades constitucionales esté funcionando a plenitud y aun así vivir en un régimen antidemocrático y dictatorial, como ocurre hoy en Venezuela.

Estos sectores que se rasgan las vestiduras por el autogolpe del 5 de abril de 1992, llorando por la "democracia y el Estado de derecho" tienen los conceptos enredados y la mente en meros idealismos baratos. Paradójicamente son en su mayoría sectores de izquierda, acostumbrados a combatir el Estado de derecho con sus tomas de carreteras y paros regionales, donde exigen que el Estado claudique de sus leyes y resoluciones, y donde las autoridades legítimas son desplazadas por una chusma de revoltosos agitadores irresponsables e ignorantes, que ponen en grave riesgo el futuro del país. Es mucho menos grave cerrar el Congreso temporalmente (algo que hasta está previsto en la Constitución) que andar petardeando al Estado de derecho con la permanente agitación antiminera y llevando al Estado ante cortes internacionales para defender terroristas. Por todo ello resulta inaudito, ridículo y gracioso ver que la izquierda salga a defender la "democracia y el Estado de derecho". No son nadie para hablar de democracia.

Muchos jóvenes han sido engañados por estos falsos profetas de la democracia que tienen su propia versión de la historia. Antes del 5 de abril de 1992 los peruanos estábamos al borde de la extinción, nadie tenía libertad, vivíamos con miedo de morir en cualquier calle, en una ciudad bloqueada por tranqueras que impedían el paso de los autos, donde los coches bomba se oían a kilómetros, los apagones y torres de alta tensión derribadas eran noticia cotidiana, cuando los negocios tenían que tener sus propios generadores de electricidad en la vereda, en un país donde las carreteras habían desaparecido y viajar era una aventura de alto riesgo no solo por la falta de vías seguras sino por la presencia del terrorismo, donde la gente prefería largarse del país, donde ya todos habíamos llorado a parientes y amigos asesinados por los terroristas de izquierda que actuaban impunemente porque el Poder Judicial era incapaz de juzgarlos, donde el Congreso era un circo de payasos sin gracia dedicados al juego eterno de petardear al gobierno y obstaculizar sus medidas. Esa era, señores, la famosa "institucionalidad democrática" que vivíamos en el Perú y por la cual ahora lloran los farsantes. Llorar por el apocalipsis que padecíamos en medio de una inservible democracia de juguete, es francamente la cosa más estúpida que puede hacer un peruano. Es pura ignorancia y cinismo.

En lo personal me llega altamente un Congreso que no le servía de nada al Perú, y solo estaba de adorno para dar la apariencia de "institucionalidad democrática" mientras el país se desangraba y destruía. Yo no aplaudí el autogolpe de Fujimori pero cuando vi los resultados un año después, no me quedó más que admitir que realmente fue una gran medida. El Perú se restableció como nación y emprendimos el camino del desarrollo que hasta hoy caminamos. Fue una medida extrema pero la situación que se vivía entonces también lo era. La realidad peruana ya estaba por sí misma fuera del marco constitucional, había superado ampliamente todos los supuestos en que se basaron los constitucionalistas de 1979. Enfrentábamos un escenario distinto que jamás habíamos sufrido, la Constitución era un instrumento desfasado que no permitía actuar con la celeridad que la situación lo exigía, y, para colmo, los políticos en el Congreso jugaban, como siempre, su mismo jueguito de poder, ajenos totalmente a la gravedad del problema. Deberíamos dar gracias de que Alberto Fujimori haya tenido el coraje de actuar como lo hizo y resolver los problemas que nos agobiaban por más de una década.

No se puede ser tan ignorante, mezquino, hipócrita y ciego para juzgar el autogolpe de Fujimori sin considerar la gravísima situación que enfrentaba el país. Una cosa llevó a la otra. Tampoco es muy honesto llorar por una democracia que no existía en los hechos porque teníamos libertades recortadas por el terror diario y donde gran parte del país era zona de emergencia. Además tras un año ya había un nuevo Congreso instalado, con todas las fuerzas políticas representadas, incluyendo a los llorones de izquierda. Las elecciones se convocaron en los tiempos previstos y la nación entera recuperó su vida normal y sus libertades que por más de una década había dejado de lado, el país fue reconstruido y colocado en la senda del desarrollo. ¿Hay motivos para llorar por un Congreso cerrado? Francamente me parece una cojudez y un exceso de lirismo. Tenemos motivos para celebrar. Hoy es una fecha en que el Perú se salvó. 

domingo, 18 de mayo de 2014

El resultado de la democracia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Está de moda hacer un apanado a los políticos. Los columnistas más encumbrados cuestionan con el ceño fruncido a la clase política, hablan de la crisis de partidos, la falta de institucionalidad y otros males terribles. Pero lo que nadie cuestiona es el sistema perverso que hace que las cosas sean así. Al contrario, se le defiende apelando a las mismas fanfarronadas histéricas que nos han llevado a la actual situación: la democracia y el voto popular.

¿Cómo podemos reverenciar al pueblo y a la vez denostar su decisión? ¿Acaso estos políticos no son el fruto de la sacrosanta "voluntad popular"? No repiten cándidamente "vox populi, vox dei"? Lo que vemos en la política es exactamente lo mismo que vemos en la TV: resultado del voto y del rating. En la TV la solución es simple: cambie de canal y pare de sufrir. Pero en la política no podemos hacer esto. Por el contrario: nos obligan. 

Feyerabend decía que el mayor problema del hombre es que tiende a convertir todo en una religión estúpida, llena de íconos sagrados y rituales absurdos. La democracia ha devenido casi en lo mismo. Se idolatra el voto popular, el pueblo, las mayorías, etc. Y luego se escupe sobre lo que resulta de las elecciones. Y lo más curioso es que todos viven sufriendo con la caracha pero nadie se quiere curar. Nadie cuestiona el voto popular sino a los políticos y a los partidos.

No entiendo nada. Acá se les obliga votar a todos, desde los jóvenes de 18 años que solo piensan en jugar Candy Crush y que no saben ni quién fue Miguel Grau, hasta los analfabetos, pasando por la gran masa de ignorantes que viven al margen de la política sin la más remota idea de lo que es la Constitución. Todos ellos son arriados a las ánforas de votación con amenaza de multa y pérdida de la ciudadanía. Muchas veces han hecho el ridículo como elegir a un partido que no tiene candidatos en su distrito. Lo que no entiendo es por qué se sorprenden de que la política peruana sea una mierda teniendo este sistema absurdo como el sustento de nuestra democracia.

A mi me parece una hipocresía repugnante que los comentaristas se la pasen hablando mal de los políticos y nunca se dignen decir nada del sistema que los genera. Al contrario, siguen alabando la democracia electoral directa, universal, secreta y obligatoria. ¿Hasta cuándo?

jueves, 13 de febrero de 2014

Crisis social en Venezuela



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La situación en Venezuela se torna cada día más insostenible para el gobierno de Nicolás Maduro. Por un lado tiene el crítico panorama de la economía sumida en la inflación, la baja producción, el desempleo, el endeudamiento galopante, la escasez de productos básicos, todas ellas lógicas y naturales consecuencias de la estupidez socialista, empeñada en combatir a la empresa privada y controlar los precios y las divisas. Frente a esto emerge otro panorama oscuro, pues parece ser que ya se desató el descontento social con manifestaciones abiertas en las calles. Aunque por lo pronto se trata solo de jóvenes, cabe esperar que esta ola de indignación popular crezca, sobre todo si los líderes políticos de oposición saben dirigir a las masas. 

Como era de esperar, el régimen de Maduro y toda su camarilla de empleados chavistas en los medios oficiales, no se han demorado en llamar "ultraderecha fascista" a los jóvenes que protestan hartos de vivir en un país que se hunde cada vez más en la miseria y la crisis. Maduro y sus acólitos a sueldo ya hablan de intentos de golpe y hasta han llamado a los países vecinos a defender la democracia. Incapaces de reconocer algún grado mínimo de error y concederles un ápice de razón a los jóvenes manifestantes, Maduro y sus genios chavistas tampoco han tardado en señalar la mano negra de la CIA detrás de estas protestas, una acusación que ya es casi un acto reflejo de la izquierda latnioamericana. 

De inmediato han empezado a trabajar los agentes del chavismo como la fanática Eva Golinger, editora del meloso Correo del Orinoco, y se ha puesto en marcha toda la maquinaria progresista latinoamericana para salir en defensa del régimen socialista. Los parecidos con la asonada de abril del 2002 que culminaron en el fallido golpe de Estado a Hugo Chávez son ridículos. Hoy en Venezuela casi no existe prensa libre. La única emisora independiente fue acallada de inmediato para impedir que transmita imágenes de la protesta. Hoy en Latinoamérica existe una cofradía socialista, montada por Hugo Chávez con dinero de todos los venezolanos en la época dorada de los petrodólares. Pero además, luego de la experiencia del 2002, el chavismo supo asegurarse la sobrevivencia comprando a las FFAA y convirtiéndolas en las FFAA bolivarianas, es decir, chavistas. 

No seamos ingenuos. Los únicos que pueden dar un golpe de Estado son los militares. En Venezuela esto ya es imposible porque han sido comprados por el régimen. Desde la llegada de Hugo Chávez, cerca de dos mil militares han pasado por cargos públicos. Maduro aprendió las lecciones de Hugo Chávez en todos los terrenos. Desde su llegada al poder, hace ocho meses, Maduro ha nombrado a casi 400 militares en importantes cargos del gobierno, empezando por varios ministerios. A esto hay que sumarle los miles de militares que hoy están a cargo de las miles de empresas expropiadas por el chavismo en la última década. Pero a todo esto hay que añadirle la total y absoluta corrupción que en estos días existe en la milicia chavista. La corrupción militar va desde el contrabando hasta el narcotráfico sin que nadie se atreva a investigar. 

Así las cosas es imposible pensar en un golpe en Venezuela. ¿Qué queda? La represión. Nada más. Ya han sacado a las fuerzas del orden junto a sus cuerpos de sicarios chavistas conocidos como tupamaros, lumpen que se moviliza en motocicletas con los rostros cubiertos y disparando a mansalva. Se trata solo de uno de los varios grupos chavistas formados para defender la revolución, completamente financiados por fondos públicos a manera de programas sociales. Son organizaciones sociales conformadas a imagen y semejanza de las CDR cubanas, especializadas en el espionaje barrial, la delación, el bullying y, finalmente, el asesinato. Después de todo, en estos días, la vida en Venezuela no vale nada. Un muerto más a nadie le importa. Ese es el paraíso socialista al que aspira la izquierda latinoamericana.

Es difícil creer que un grupo de jóvenes ilusos logre detener la insanía mental del chavismo. Hay más de 4 millones de personas que dependen de la generosidad del Estado bolivariano. La Venezuela chavista es un país de novela ficción, tiene de tragedia, de comedia y mucho de estupidez humana. Ese mundo de ilusión y fantasía que Hugo Chávez montó gracias a la inesperada alza del petroleo, que de 9 dólares por barril al momento de su llegada al poder trepó hasta los 180 dólares por barril, no podía sostenerse eternamente. No solo el petroleo bajó sino que el mismo Hugo Chávez sucumbió al cáncer. La fabulosa fortuna que Venezuela obtuvo en la primera década de este siglo, no gracias al socialismo chavista sino al capitalismo que elevó los precios de las materias primas, fue estúpidamente dilapidada por el fantoche de Chávez que se creyó eterno y que se ocupó más en formar su propio imperio personal que en desarrollar su nación.

Hoy Venezuela es un país paralizado, irónicamente sin reservas, empeñado a la China y Rusia, dependiente de Cuba, sumido en la inflación, el desempleo y la escasez. La sociedad está harta de las colas y de la falta de futuro. Los que pudieron se largaron del país hace rato y formaron una colonia en Miami, al igual que los cubanos y argentinos. Así como existe la pequeña Habana que empezó en Brickell y hoy se extiende ya por toda la calle 8, así como la pequeña Haití en el NE de la Second Avenue, así como se formó en la última década la pequeña Argentina en Miami Beach, hoy existe ya la pequeña Venezuela en El Doral. Estas formaciones de inmigrantes son una señal clara de la decandencia de un país. Ocurrió también con los peruanos que emigraron en la década de los 80 y llegaron a Patterson en New York. 

La reacción internacional a la crisis de Venezuela no ha sorprendido en lo más mínimo. Los huérfanos de Chávez han salido a condenar la violencia callejera y a proclamar su apoyo a la democracia, es decir, al régimen de Maduro, aunque no es lo mismo. No se puede llamar democracia a un régimen en el que el partido de gobierno, el PSUV, controla con sus militantes a todos los poderes del Estado, incluyendo el Concejo Nacional Electoral, el Ministerio Público y el Tribunal Supremo de Justicia. Claro que todos estos rasgos de la democracia chavista no llaman la atención de los demócratas latinoamericanos, quienes incluso acuden a Cuba para firmar proclamas a favor de los derechos humanos. Tampoco la izquierda peruana ha tenido un ápice de honestidad para condenar en Venezuela todos los rasgos de autoritarismo y dictadura que no se cansan de condenar en el fujimorismo. 

Las protestas callejeras en Venezuela protagonizadas por los jóvenes, al margen de cualquier liderazgo político, son la última esperanza de la verdadera democracia latinoamericana y del pueblo venezolano. Es una llama que se ha prendido y que convendría mantenerla encendida hasta que incendie la pradera. Si las fuerzas legales e ilegales del régimen chavista logran acallarlas y apagar esa flama, ya nada podrá detener la locura socialista, salvo, claro la propia realidad, cuando todo finalmente colapse.

sábado, 25 de enero de 2014

La CELAC contra la Carta Democrática Americana


Por: Carlos Alberto Montaner

El general Raúl Castro es el presidente pro tempore de la Celac y todos han ido a La Habana, como los ratones tras la flauta de Hamelin, a celebrar una segunda cumbre.

¿A qué juegan los gobiernos de América Latina? Aparentemente, el primer objetivo del organismo, según declararan en su documento fundacional, es “reafirmar que la preservación de la democracia y de los valores democráticos, la vigencia de las instituciones y el Estado de Derecho, el compromiso con el respeto y la plena vigencia de todos los derechos humanos para todos, son objetivos esenciales de nuestros países”.

¿Qué entienden esta gente por democracia? Cuba, como les corresponde a los países desovados por la extinta URSS, es una vieja dictadura unipartidista de más de medio siglo, en la que no existen libertades individuales, ni se respetan los derechos humanos. Mientras se celebra la Celac, la policía política acosa y aporrea a las Damas de Blanco y a los demócratas de la oposición que se atreven a protestar. ¿Alguien lo ignora?

Raúl y su tropa estalinista no lo ocultan. Son brutal y orgullosamente francos. Tienen coartadas legales para fusilar o encarcelar. Defienden paladinamente ese modo de estabular a la sociedad y afirman que se trata del sistema más abierto, democrático y solidario de la historia. Ni siquiera admiten que torturan a los disidentes. Los opositores no son personas: son gusanos, escoria extirpable a culatazos por oponerse a la felicidad del pueblo y querer entregarle el país al imperialismo yanqui.

No hay una violación flagrante de las reglas. Las reglas lo permiten. No hay que “desaparecer” a los enemigos. Se les machaca públicamente. La Constitución, calcada del modelo soviético, le concede al Partido Comunista la facultad en exclusiva de organizar a la sociedad a su antojo. Ese bodrio legal ha sido refrendado por la inmensa mayoría. Los cubanos, como los norcoreanos o cualquier ciudadano aterrorizado, votan lo que les pongan delante mientras sueñan con una balsa. Todo y todos se subordinan a los fines del marxismo-leninismo y se prohíbe cualquier conducta que contradiga estos principios. El pasado, el presente y el futuro están atados y bien atados.

Y hay elecciones. Cada cierto tiempo, la dictadura, como sucedía en el bloque del Este en Europa, realiza unos comicios muy controlados para legitimar en el poder a unas autoridades que sirven como correa de transmisión a las iniciativas del Castro que esté al frente del manicomio cubano. Son los apparatchiks. Es la nomenclatura obediente y memoriosa. Un orfeón asombrosamente afinado que canta a capella las consignas del Partido.

Como era evidente que los comunistas habían construido un modelo político distinto (el del totalitarismo marxista-leninista), y reclamaban el derecho a una denominación de origen diferente, los defensores de la democracia liberal definieron el sistema político que ellos proponían en un documento vinculante llamado Carta Democrática Interamericana, firmado en Lima el 11 de septiembre de 2001.

Ahí están todos los elementos de fondo para el ejercicio real de la democracia republicana: elecciones libres y plurales, separación de poderes, libertades individuales, incluidas la de prensa y asociación, transparencia, neutralidad del Estado de Derecho, respeto, tolerancia. Era exactamente la antítesis del modelo impuesto por los Castro en Cuba. Lo contrario a lo que hoy condona e ignora la Celac.

Pero a los políticos latinoamericanos les importa un bledo decir una cosa en la Carta Democrática Interamericana y hacer otra muy distinta en los aquelarres organizados por Celac. Como en el famoso poema de Walt Whitman, repiten el “me contradigo, y qué”. Ahí estará en La Habana, incluso, el secretario general de la OEA, el señor José Miguel Insulza, quien debería ser el guardián de la Carta Democrática Interamericana, prueba viviente de que la esquizofrenia ideológica existe y es incurable.

Nada de esto, me temo, es nuevo. Uno de los rasgos más desagradables de muchos políticos latinoamericanos es la hipocresía. Tienen varios discursos. Varias caras. Dicen que son pragmáticos. No es verdad. Son cínicos. Durante décadas, los vecinos convivían en silencio con polvorientas dictaduras como las de Stroessner, Somoza o Trujillo.Ahora les importa muy poco lo que sucede en Cuba o Venezuela. Es el imperio de la inmundicia moral.

domingo, 21 de julio de 2013

Ollanta arrugó frente a Capriles


Escribe Dante Bobadilla Ramírez

Para coronar la semana más triste de la democracia peruana en la última década, Ollanta Humala salió corriendo de Lima para evitar recibir al líder opositor venezolano Henrique Capriles. Gesto que lo pinta de cuerpo entero como un cobarde carente ya no solo de ideas y principios sino de modales. Es evidente que Ollanta Humala ha preferido complacer, una vez más, al prepotente camionero que hoy gobierna Venezuela, evitando así que pronuncie nuevas condenas y amenazas contra el Perú, como lo hizo antes cuando el canciller Roncagliolo sugirió el cumplimiento del acuerdo alcanzado en Lima durante la reunión de UNASUR.

Humala deja al Perú como el único país supuestamente democrático cuyo presidente no recibe a Capriles, siendo este un personaje que representa a la mitad del pueblo venezolano. Además Capriles ha venido a demandar, con todo derecho, que UNASUR haga cumplir la resolución que adoptó en Lima, bajo la presidencia pro tempore de Ollanta. Capriles no es pues cualquiera, y no es posible que nuestro gobierno lo trate como si fuera nadie. Por lo menos la canciller Eda Rivas debería tener la decencia de recibirlo y escucharlo. Pero lamentablemente este es el gobierno de un pelele, o mejor dicho, de un cosito, sometido a la furia chavista.

El Perú ya no es una nación libre y soberana, hoy es una colonia del chavismo. Venezuela, y particularmente ese patán llamado Nicolás Maduro, es quien dirige ahora nuestras resoluciones internacionales y dicta la agenda interna del presidente Ollanta Humala. Nunca antes el Perú había caído tan bajo.

miércoles, 10 de julio de 2013

EL CAMINO DE LA DECADENCIA ESTÁ EMPEDRADO DE INSTITUCIONALIDAD


Por Juan Sheput

Si hay una palabra que de inmediato convierte en virtuoso a quien la menciona, esa es la palabra institucionalidad. Se ha puesto de moda en nuestro país. En nombre de la institucionalidad se hacen críticas, se defienden fueros, se promueven candidatos y también se anulan candidaturas. Todo sea en nombre de la bendita institucionalidad. Pero, la realidad es distinta. La institucionalidad no es sinónimo de virtud, sino que a veces puede ser todo lo contrario.

Ya es un lugar común señalar que las instituciones son las reglas de juego permanentes en el tiempo. La definición de Samuel P. Huntington es la que más ha calado en la memoria ciudadana. Es una definición que se ajusta a la realidad y prueba en esta su certeza. La mafia y el crimen organizado son instituciones. En ambas lacras, se respetan las reglas de juego. En el otro extremo hay hacedores de justicia que son verdaderas instituciones por su carácter predecible: la Corte Suprema de los Estados Unidos. Y, también en el ámbito de las Relaciones Exteriores: Itamaratí en Brasil.

Aquí en Perú, también hay instituciones. La informalidad es una de ellas, causante de movilizarnos hacia la decadencia, sobre todo en el ámbito político. En nombre de la institucionalidad, la señora Nadine Heredia anuncia que no postulará en 2016, pero no son las instituciones formales las que hacen el anuncio, no es el presidente: es la primera dama.

Se critica al Congreso de la República por la selección de candidatos al Tribunal Constitucional, al Banco Central de Reserva y a la Defensoría del Pueblo porque, dicen, dicha elección afectará la institucionalidad. Sin embargo, no hay nada más institucionalizado que el proceso de selección político de dichos funcionarios. La Constitución obliga a que los partidos se pongan de acuerdo y eso es lo que han hecho. Es obvio que la política va a generar que se defiendan intereses de parte, partidarios, pero esas son, precisamente, las reglas de juego. No es culpa de los congresistas hacer política. El sistema los obliga a ello y en buena hora. Que se necesite cambiar al sistema es otra cosa. Se requiere cambiar las reglas vigentes, y eso es modificar la Constitución.

Si seguimos con la actual institucionalidad, no dudemos que cada vez tendremos un Congreso de menor calidad en el cual los parlamentarios con experiencia no son la excepción sino son arrastrados por la decadencia. Hemos visto cómo se destruyen los acuerdos políticos con chismes e infidencias, los cuales aceptamos sin escándalos pues forman parte de la institucionalidad. Los medios invitan a quien insulta y chismea, pues estos gestos son parte de una cultura aceptada por todos, así nos conduzca al declive, pues es parte de nuestro conjunto de reglas de juego. Los empresarios no se quedan atrás: en aras de la defensa de la institucionalidad, no quieren perder otro sistema, el de sus privilegios. Así, todo se revuelve para que nada cambie en tanto el país sigue sin entender lo que viene aconteciendo. Sin embargo eso, también es parte de nuestra institucionalidad.

domingo, 2 de junio de 2013

Tuesta y la reforma del sistema político


Nuevamente se discuten reformas del sistema político peruano, y por desgracia, nuevamente escuchamos los mismos presupuestos e intenciones equivocadas que alentaron las fracasadas reformas anteriores. Ni siquiera han empezado con la hidalguía de reconocer tal fracaso. Por ejemplo, la tan famosa y mentada Ley de Partidos Políticos nunca sirvió para nada, tal como lo advertimos en su momento. Hoy seguimos en la misma situación o aun peor. Y lo más grave es que ahora se proponen medidas todavía más absurdas, si cabe, como la financiación de los supuestos "partidos políticos" por cuenta del Estado o la alternancia de género en las listas de candidatos.

A menudo nuestros opinólogos se escudan tras la "ciencia política" para aparentar sabiduría y hacerle creer a los incautos que su opinión es ciencia. La mal llamada "ciencia política" debería nutrirse de la psicología para enseñarle a todos que las leyes no sirven para moldear sociedades o cambiar culturas. Por desgracia muchas personas, especialmente los "progresistas", viven con la estúpida creencia de que las leyes sirven para diseñar culturas, modificar conductas sociales o generar cualidades en la gente. Estamos plagados de papanatas que proponen leyes que buscan cambiar una realidad social. Así es como un delirante grupo de legisladores montó el esperpento de la Ley de Partidos Políticos suponiendo que bastaba una ley para que los partidos surgieran alegremente en nuestra realidad social y política.

Lo peor de todo es que, ciegos ante la realidad y desdeñosos de las evidencias del fracaso, incapaces de reconocer el origen de su error, persisten en las mismas ideas erradas para ampliarlas. Es así que distinguidos opinólogos electorales, como el Sr. Tuesta Soldevilla, proponen con cara de gurús orientales, que el Estado financie a esos clubes de amigos mal llamados "partidos políticos". Sorprende realmente el grado de ceguera e ingenuidad que pueden alcanzar algunos célebres opinantes, pues parecen ignorar por completo la realidad humana y el grado de corrupción que impera en las cercanías de la política.

Italia acaba de dar por finalizada la financiación estatal de los partidos políticos, luego de confirmar tras varios años, que nunca sirvió para nada más que para alimentar grandes mafias. No hace falta ser Einstein para darse cuenta de que ese es el único fin que tendría una disparatada reforma en tal sentido. Regalar la plata del Estado es la mayor fuente de corrupción que se puede abrir en cualquier lugar del mundo. Por eso realmente sorprende, hay que repetirlo, el nivel de estupidez de algunos opinantes. No hay otra forma de llamarlo.

Tuesta Soldevilla ofrece como su mayor ejemplo de peso que los partidos políticos no tienen locales porque no tienen plata para alquilarlos, ergo, el Estado debe alquilárselos. ¿Se imaginan los grandes negociados que esto acarrearía? Los locales no sirven para nada si no tienen gente. Lo que los partidos necesitan es, en primer lugar, partidarios, seguidores, gente comprometida con una causa. Lo demás viene solo. Habiendo gente es fácil conseguir financiación y locales. No se necesita nada más que un garaje para sesionar una vez por semana. Así es como se hacen los partidos y no chupando la mamadera del Estado.

Lo peor que podemos hacer es escuchar a un progresista como Tuesta. Todo progre no ve más allá que la acción del Estado como palanca del cambio social. Para ellos tiene que ser el Estado mediante dinero y leyes el que produzca los cambios sociales. Una mentalidad fracasada que nunca ha dado resultados en ninguna parte. Lo que la cultura no produce, el Estado no lo puede generar. Eso es lo que deberían enseñar en esa mal llamada "ciencia política". Así nos ahorraríamos tantos disparates burocráticos de todo tipo, desde la "alternancia de género" que empobrecerá aun más la calidad del Congreso, hasta las benditas ciclovías que nadie utiliza.

jueves, 9 de mayo de 2013

Los vicios de la "Democracia Directa"


Por Felipe Cortijo Medina

Eran las 8.30 de la mañana de un miércoles y veo nuevamente en titulares a mi amigo, el doctor Marco Tulio Gutiérrez, empecinado en otro proyecto político que recoge del contacto diario con la gente, esta vez compró otro kit electoral para llevar a cabo la recolección de firmas en pos de intentar la “revocatoria” de las autoridades en el Congreso de la República. Obviamente se trata de un proyecto mayor al que lo tuvo como protagonista hasta comienzos de año, obviamente ahora puede estar equivocado en los conceptos que tenga sobre lo que también se conoce como “democracia directa”, es decir, el Referéndum como forma política de gobierno alternativo en el Perú.

No voy a tratar de convencer a quienes ya tienen una idea preconcebida sobre las bondades de este sistema político, sobre todo porque el Congreso pide a gritos su condena y merecería ser castigado, en todo caso, renovado, como lo plantea el doctor Gutiérrez. No voy a defender lo indefendible y lo digno de ser criticado, me parece muy bien que los congresistas saboreen su “chocolate caliente”, y después de la última votación para aprobar el viaje presidencial a Caracas, no merecerían otra cosa.

Pero creo que es mi deber advertir sobre los vicios de la “democracia directa”, creo que una vez más debo aguarles la fiesta. No solamente es perjudicial para la estabilidad política, jurídica y económica del país, sino que se convierte en un arma de doble filo a nuestra evolución como país fuera de la órbita neo socialista, no importa que en este caso se trate de un gobierno socialistoide como el de Ollanta Humala, le estaríamos siguiendo el juego a quienes desean la desestabilización de un modelo de gobierno como el nuestro que, mal que bien, tenemos casi 22 años en buen funcionamiento.

No se trata, entonces, de apelar al simple sentido común, de que porque no me gusta algo lo cambio y asunto arreglado, ese remedio sería el peor tósigo contra la enfermedad de la decadencia, esa que han dado muestra palpable nuestros congresistas en su desempeño. Tentado estoy a quedarme callado y que les caiga el guante, a ver como se defienden de lo que podría convertirse en una cruzada nacional, me encantaría ver la cara de algunos profesionales de la política cuando se manifieste el sentir nacional, y los dejen en la calle. Pero no es la solución, sólo promovemos la “anarquía”, y esa es la raíz del mal, el bulbo de toda la decadencia política y social de la república.

Debo insistir, este proyecto de un nuevo referéndum no tiene el más mínimo beneficio social, y más bien tendría un altísimo costo político para todo lo que se ha logrado. El Perú no debe estar ligado a un gobierno de masas, la “democracia directa” es otra utopía, en verdad, ningún país del mundo puede estar sujeto a esta forma de anarquía institucionalizada. Si bien, Lima dio cátedra sobre lo que podría ser el buscar la opinión ciudadana en determinado problema, Lima es la ciudad más culta del Perú, no podemos sugestionarnos alegremente creyendo que hemos encontrado la panacea a nuestros problemas nacionales. Como dije, el referéndum es un arma de doble filo, y habría que recordar lo que dijo alguna vez Talleyrand a Napoleón: “Con las bayonetas, señor, se puede hacer todo menos una cosa: Sentarse sobre ellas”.

martes, 19 de marzo de 2013

Elecciones en Venezuela


Por Mariela Lugo (Venezuela)

Venezuela está preparándose para unas elecciones presidenciales el próximo 14 de Abril. Un proceso lleno de esperanzas para unos y de dudas y temores para otros. Y no puede ser de otra manera porque donde no existe estabilidad ni garantías de ninguna clase tampoco puede existir certeza de nada. El gobierno -para llamarlo de algún modo- ocupa todos los estamentos del poder, jurídicos y legales. Todo está hecho a su medida. Lo que llaman “democracia” se maneja al antojo del gobierno.
Nicolás Maduro, el hoy omnipotente hijo heredero de Hugo Chávez, habla por todos y hasta por los muertos. Le dice al país -con harta desvergüenza- que la revolución y el sacrificio van juntos. Así es como pretende menguar la insatisfacción creciente de la gente ante la crisis, la escasez y la inseguridad que hoy se padece. Y afirma el caradura que si votamos por él se fortalecerán los ideales cubano-castristas. Mientras dice todo esto al sufrido pueblo, su séquito de chupasangres viven como reyes. Mientras vapulea al imperio yanqui en cada discurso, la costra de burgueses revolucionarios se va de vacaciones a la Florida  y de compras a los más lujosos malls.
Maduro, como la mayoría de estos revolucionarios de pacotilla, es un ser lleno de odio, de pasiones escondidas y mente retorcida y maligna, que sueña con usar las armas si alguien se revela. Es el soldado que hubiese querido Hitler para cumplir sus últimas órdenes mientras el mundo acaba sobre él.
Por su parte la oposición tiene su mejor carta en Enrique Capriles Radonsky, un luchador por las causas sociales que siempre ha sido respaldado por la gente que se niega a ser de izquierda. Comprometido con el país, nunca le ha dado la espalda al necesitado. De ideas claras y hechos concretos, ha sido Alcalde de Miranda en varias ocasiones y hoy mismo ejerce dicho cargo. Su gestión ha sido intachable. No le teme a nada ni a nadie. Ha retado a Maduro a debatir sin recibir respuesta.
Este es el panorama electoral de Venezuela. Pero no debemos olvidarnos que el Consejo Nacional Electoral está dirigido por TIBISAY LUCENA, una chavista que no tiene recelos en mostrar sus afinidades con el régimen. Es la que manipula los votos y delata a los votantes contra el régimen para que sean echados de sus puestos públicos. Muestra su sonrisa irónica junto a su brazalete chavista en el brazo burlándose de todo país en cada elección. Así nos enfrentamos como ciegos en este nuevo intento para derrocar a este  sistema nefasto que nos arropa con sus inmundicias ideológicas y su miseria práctica. 
El ciudadano es estafado una y otra vez en cada proceso electoral, pero una y otra vez se llena de esperanza para poder ir a votar porque la esperanza es lo único que alimenta a este pueblo que no se resigna a la mediocridad y el engaño.  Es la única manera posible de sentirnos venezolanos y responsables por esta patria que, aunque suene retórico y repetitivo, la libertó don SIMON BOLIVAR con la esperanza de ser cuidada y respetada por sus gobernantes. Lástima que hoy es solo el botín de los hambrientos de poder y de dinero. Que el mundo sepa que aquí las elecciones no se pierden por votos sino por falta de moral, decencia y principios de una nueva clase de políticos que han pervertido todas las instituciones de la democracia para eternizarse en el poder. Pero mientras tengamos la posibilidad de poder expulsarlos por los votos este 14 de  ABRIL  estaremos allí votando por VENEZUELA.

sábado, 9 de marzo de 2013

Hugo Chávez no es un ejemplo a seguir


Por Mauricio Múlder

Irresponsables y fuera de lugar han sido las declaraciones del presidente Ollanta Humala, refiriendo que el señor Hugo Chávez es “un ejemplo a seguir” en América Latina. Quisiéramos creer que un exceso de adulonería o mimetización con el fúnebre ambiente venezolano lo llevó a proferir tamaño despropósito, pero otras declaraciones esgrimidas en sus famosas “primeras piedras”, con procaces referencias a la oposición y señalamientos tangenciales sobre su “gran transformación”, generan preocupación y amenaza sobre nuestra aún frágil democracia peruana.
Chávez fue un dictador, tengámoslo claro. A algunos despistados o sobones de librea les gusta decir “ganó elecciones”, pero es que no saben que ganar elecciones de por sí no te hace demócrata sino, más bien, respetar el Estado de Derecho durante tu mandato. Los dictadores también hacen “elecciones” para pintarse de demócratas aunque pisoteen todas las libertades públicas. Ceaucescu, Enver Hoxha, y hasta el mismo Hitler, ganaban abrumadoras elecciones, muchas veces, incluso, sin necesidad de recurrir al fraude, pues ya tenían dominados los cerebros de sus conciudadanos.
Hugo Chávez tuvo la osadía de manifestar que iba a quedarse en el poder hasta el 2030 y “pa’lante”, olvidando, como los emperadores romanos, que los hombres somos mortales. Todos los resortes electorales los manejaba su gobierno. Desde el voto electrónico, que hace imposible para la oposición una vigilancia adecuada, hasta la filiación de todos los tribunales electorales, pasando por una maquinaria partidaria violenta y procaz alimentada ingentemente con recursos públicos, configuraban en Venezuela una dictadura, no una democracia.
Y si bien es cierto que ese es un problema de los venezolanos, el que el presidente del Perú, en lugar de expresar su pesar natural por la muerte de un jefe de Estado de un país hermano, nos hable de ese “ejemplo”, que ni el señor Evo Morales ni el mismísimo señor Ortega han señalado, debiera merecer, cuando menos, una disculpa o rectificación.
El uso de los recursos del Estado para financiar campañas electorales, moneda corriente en Venezuela, y que hoy es practicada directamente por la señora Susana Villarán para defenderse de la revocatoria, se puede convertir aquí también en práctica común si, como es a todas luces evidente, se insistirá en imponer la candidatura de la señora Nadine Heredia en las elecciones del 2016. Si ese es el “ejemplo a seguir”, Dios nos coja confesados.
Ollanta Humala ha tenido la sagacidad de respetar el discurrir histórico contemporáneo de nuestro país, tanto en lo político como en lo económico. Eso le permite gozar de la tranquilidad de una aceptación holgada y de un crecimiento económico con reducción de la pobreza de los mejores del mundo, cosas que, por supuesto, no tiene, ni por asomo, Venezuela.
El señor Chávez tuvo las pretensiones de inmiscuirse varias veces en nuestros asuntos internos, respaldando la dictadura de Fujimori, que lo apoyó en su intento de derrocar al gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez, y luego en la campaña del 2006, despotricando contra varios candidatos y financiando al hoy presidente peruano, según diversas informaciones de prensa. Tampoco fue amistoso con el Perú al promover y albergar a senderistas y emerretistas en Venezuela como infantería de demolición contra los mítines de la oposición.
No, señor Humala. Respetamos el duelo venezolano, pero no, Hugo Chávez no es un ejemplo ni para América Latina ni para el Perú.


Fuente: Peru21

miércoles, 6 de marzo de 2013

Hugo Chávez: perfil de un monstruo


Hugo Chávez ha muerto tal como se esperaba. A pesar de su megalomanía y delirios de grandeza y a su perfil de líder continental y mundial, la muerte lo pilló aún joven, al inicio de un nuevo mandato que lo hubiese llevado a gobernar Venezuela por 20 años y con proyecciones de seguir. Así ocurre con todos los que tienen el virus del mesianismo en el cerebro. Emprenden proyectos personalistas, abrazan el socialismo estatista como fórmula paternalista y hacen que todo gire a su rededor. Se sienten fundadores de la nueva patria, indispebnsables para su nación y el mundo, se rodean de una nube de adulones mediocres que lo alaban cada día, y todo eso los hace creerse inmortales. Pero la muerte no hace distinciones. En los últimos meses Chávez pareció darse cuenta de su mortalidad y precariedad, se mostró algo más humilde, acobardado detras de imágenes religiosas, besando crucifijos, santiguándose e invocando al Supremo, consciente de que finalmente no es más que un simple ser mortal, pese al glamor, fastuosidad, adulación y veneración que lo rodearon siempre en los últimos 14 años.

Muchos caen en la falsa idea de que la muerte transforma al sujeto en un ser bueno o que la muerte debe ser respetada, por lo que no caben críticas ni condenas. Eso, por supuesto, es un absurdo. Un monstruo como lo fue Hugo Chávez no se transforma con la muerte, vivo o muerto sigue siendo un sujeto despreciable. Lo único que lo distingue de otros dictadores comunistas es que al menos ha muerto con las manos sin sangre. Pero tras de si deja un país en la ruina y una sociedad enfrentada gracias a su verbo incendiario y corrosivo, a su constante prédica del odio y su permanente construcción de "enemigos del pueblo".

La Venezuela que deja Chávez luego de 14 años de "revolución bolivariana" no es mejor que la que encontró. Todos los males que criticó en su campaña original hoy están multiplicados por cien. Venezuela es uno de los países más corruptos del planeta, superado apenas por tres o cuatro naciones del cuarto mundo. También es uno de los más inseguros, poseedor del triste record mundial de asesinatos diarios. Y lo más triste de todo es que a pesar de su colosal riqueza petrolera, Venezuela vive hoy su peor crisis económica gracias a que Hugo Chávez se dedicó a destruir a la empresa privada y a dilapidar la riqueza petrolera en la construcción de su imperio personal.

La herencia que deja Chávez es un Estado monstruoso, corrupto, exorbitante, extravagante, inmanejable. Las más de 1,200 estatizaciones que perpetró siguiendo su libre voluntad dictatorial han desatado una crisis de ingobernabilidad. No hay administración posible. El Estado se ha convertido en el principal proveedor de empleos, lo que aseguraba los votos al dictador en las mañosas elecciones. Las empresas manejadas por el Estado socialista no han podido cumplir sus metas y están en crisis, como Venirauto, la exótica fábrica de autos que Chávez montó con su socio, el diábolico Mahmud Ahmadineyad. Incluso PDVSA atraviesa una grave crisis económica y de gestión. La deuda de Venezuela y PDVSA ya superan los 140 mil millones. Y el petroleo está empeñado a futuro hasta 20 años. 

Fuera de Venezuela, Hugo Chávez implantó un nuevo estilo de política, siguiendo las lecciones de su maestro y mentor Fidel Castro. Convertido en el matón del barrio, empleó el lenguaje de burdel para insultar a todos los líderes mundiales que no le gustaban. Empeñado en construir su proyecto continental atizó los odios en cuanto país pudo meterse, apoyando candidatos sin escrúpulos con el objetivo de formar su pandilla de dementes a quienes pudiera mangonear. Utilizó la billetera para ayudar a sus monigotes y hasta se dio el lujo de dictarle las políticas internas, como ocurrió con los patéticos Evo Morales, Daniel Ortega, Micheletti y otros. 

En el Perú, Hugo Chávez se convirtió en el padre de los nacionalistas liderados por Ollanta Humala. Gracias a sus magníficos aportes Ollanta pudo recorrer el país recolectando toda clase de escoria para formar su primera lista de candidatos al Congreso. Hoy han sido ellos quienes le han ofrecido un minuto de silencio. Son pues los hijos de Hugo Chávez. Le deben toda su existencia política. 

La muerte de Hugo Chávez es un alivio para la democracia de América Latina y una suerte para Venezuela que se libra de padecer a este monstruo por varios años más. Suerte que no tuvo Cuba. Pase lo que pase en Venezuela, parece muy difícil que la insanía mental de la revolución bolivariana del socialismo del siglo XXI prosiga. En primer lugar porque los herederos de Chávez son, como suele ocurrir con los monstruos ególatras, una plaga de mediocres incapaces cuya única función en la vida era besarle el trasero a Chávez y agachar la cabeza ante sus designios. A menos que las corrompidas FFAA intervengan para mantener el status quo, el proyecto chavista empezará a desmoronarse por su propia inconsistencia y por el peso de la crisis monumental que los devorará.

Saludamos al pueblo venezolano que al fin se ha librado de ese monstruo. También a Latinoamérica que al fin dejará de experimentar la influencia nefasta del dictador caribeño. Un nuevo horizonte de esperanza se abre en este día para las naciones libres de América. Hoy el mundo es un poco mejor.

miércoles, 30 de enero de 2013

El voto a los 16


No podía demorar mucho el contagio de las ideas que se imponen en Uruguay y Argentina. Esta vez se trata del voto joven a los 16 años. Un editorial de La República nos presenta formalmente el debate con inexpugnables argumentos como “si se niega a los jóvenes la responsabilidad política también habría que negarles la responsabilidad penal”. Además, claro, de apelar a las siempre patéticas encuestas de opinión hechas a gente que no sabe ni quién es el ministro de economía. El debate del voto joven presentado de esta manera y con tales argumentos deja la sensación de que en la izquierda son incapaces de advertir la diferencia entre asesinar a un rival de pandilla y emitir un voto político. Tendrían que reflexionar un poco para percatarse de que cometer un delito o tener relaciones sexuales no exige mayor capacidad mental. En cambio la política sí lo exige, o al menos debería hacerlo. 

En la mentalidad de izquierda, incorporar más gente en el padrón electoral se considera toda una “conquista social”. Pero esta clase de conquistas sociales no nos sirven para nada si no nos ayudan a elegir mejores gobernantes, que es para lo que finalmente sirven las elecciones. Peor aún: ¡producen el efecto contrario! Prostituyen la política, rebajan el nivel del debate y ahuyentan los argumentos para sacar a flote el bailecito y la demagogia más pueril. En nada nos ha ayudado, por ejemplo, imponer el voto obligatorio y arriar a todo el mundo hacia las ánforas bajo amenaza de multa y pérdida de su ciudadanía. Algo insulso en una democracia. Resulta patético ver a los funcionarios del ONPE llegar en canoa a comunidades perdidas en la selva, cargando sus ánforas para hacer que los nativos depositen su voto, cuando allí no llegan los diarios y ni siquiera se escuchan radios. En lugar de seguir agrandando el número de electores enarbolando el mito absurdo del "derecho al voto" como si se tratara de un enorme beneficio para el ciudadano, deberíamos preocuparnos por mejorar nuestro sistema político cuidando la calidad del voto. 

En el Perú se ha tomado por costumbre convertir en "derecho" cualquier cosa que al Estado o a los políticos les convenga que los ciudadanos hagan. De este modo, por ejemplo, han inventado el "derecho a la identidad" y obligan a a la gente a comprar su DNI para que el Estado los tenga registrados y hasta negocie con sus fotos en los medios. Han convertido en "derecho" el tener un comprobante de pago y piden a la gente que exija su "derecho" cada vez que compra para de este modo convertirlo en agente de la SUNAT. Del mismo modo han inventado el "derecho" a votar obligando a todos a consagrar con su participación la farsa de un sistema creado para elegir puros incompetentes. Una democracia donde a nadie le interesa la calidad del elector ni de los candidatos acaba en una farsa patética como la que tenemos en el Perú. Cada campaña electoral es un carnaval ruidoso donde desfilan las caravanas de juglares arrojando obsequios a las multitudes. Si queremos mejorar el país habría que empezar cambiando este sistema. Esto significa selectividad o “discriminación”, palabra maldita que espanta a la cucufatería progresista. Pero es que la política no puede seguir siendo un negocio de arribistas y pendencieros que se aprovechan de una masa de ignorantes llevados a la fuerza a depositar su voto.

En lugar de imitar a los peores sistemas políticos como el que campea en Argentina, país que cada año se hunde más, deberíamos copiar modelos exitosos como el de Chile, donde es muy difícil que un payaso se presente a la campaña electoral, y más difícil aún –a diferencia de lo que ocurre acá- que gane la presidencia. Resulta imposible mejorar nuestro precario y depreciado sistema político si no hacemos algo por mejorar la calidad del voto y de los candidatos. La palabrería progresista sobre conquistas sociales no ayuda absolutamente en nada a estos objetivos. No nos olvidemos que la izquierda peruana nunca ha sabido nada de democracia. Se han pasado la vida saboteándola y alabando dictaduras anacrónicas como la ridícula gerontocracia cubana y la autocracia chavista. El máximo aporte de la izquierda ha sido incorporar la revocatoria como un mecanismo para debilitar la gobernabilidad, y ahora están a punto de recibir una cucharada de su propia medicina. Más allá de esto la izquierda es incapaz de hacer aportes serios a la democracia. Apelar a los jóvenes como masa electoral sería muy apetecible para el discurso demagógico del progresismo, siempre efectivo para captar jóvenes incautos, románticos y mal informados. ¿Para qué? ¿Cuál es el apuro? Los jóvenes disponen de toda una vida para votar las veces que quieran. Cualquier cambio en el sistema electoral debe estar destinado a mejorar la calidad del elector y de los candidatos. Nada más. Debemos pensar en cómo mejorar el resultado electoral. Ese es el objetivo y no satisfacerse en la orgía electoral y meter más gente a la fiesta.

Un buen primer paso firme en la mejora de nuestro sistema político sería eliminar este nefasto voto obligatorio que lleva a las urnas a un gran porcentaje de gente que no tiene el más mínimo interés en la política. No tiene sentido hacer votar hasta a los delincuentes. Incluso resulta patético ver a los policías esperando en el local de votación para capturar a los requisitoriados apenas sufragan. Lo que necesitamos son ideas novedosas y no más de lo mismo. Necesitamos mirar a las democracias más exitosas y no a las ruinosas. Lamentablemente los políticos no quieren tocar este tema y si lo hacen se escudan en los clichés ya conocidos que se han convertido en dogmas del fracaso.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El Congreso en salsa de choros


Uno de los puntos más flacos de la Constitución del 93 es el diseño del Congreso, el cual fue reducido a una feria de saltimbanquis improvisados y angurrientos que, en su gran mayoría, solo aportan su ignorancia y desfachatez a la política nacional. La forma que tiene el Congreso peruano obedece tan solo al desprecio generalizado frente a esta institución, y cuyo primer signo visible fue el masivo respaldo popular que obtuvo el cierre del Congreso por parte del presidente Fujimori. Sin embargo, lejos de tomarse un tiempo para analizar el problema y discutir las soluciones a la falta de institucionalidad democrática en el país, los constituyentes de la CCD prefirieron institucionalizar el desprecio a la representación política. 

El resultado fue que el Congreso instaurado en la Constitución acabó siendo solo una copia del Congreso Constituyente que fue convocado bajo la premisa de su provisionalidad. Es decir, no obedece a teoría política alguna que sustente su forma y número. No hay detrás de esa institución creada, ningún sentido de representación. Es apenas un montón de gente convocada para montar el circo parlamentario y llenar un hemiciclo, con lo cual se pretende aparentar que tenemos instituciones democráticas. Pero lo cierto es que la institucionalidad democrática y la representación política se construye con mucho más que solo un montón de gente inculta reunida en un recinto. Lo más grave es que hemos entregado la discusión de los problemas más importantes del país a un montón de ignorantes. Con contadas excepciones. 

El resultado es que hoy ni los propios congresistas tienen la menor idea de lo que significa la representación que supuestamente ejercen ni cómo la tienen que ejercer. No se sabe cuál es exactamente el fundamento real de esa representación. Hemos visto experimentos patéticos tratando de llevar el Congreso en pleno de pueblo en pueblo, la Mesa Directiva se va en peregrinaje a sesionar a las provincias, se han abierto oficinas parlamentarias en cada región, y por último se han aumentado el sueldo mediante la figura de los "gastos de representación" para que cada congresista -supuestamente- viaje a los pueblos a mantenerse en contacto con la población. En resumidas cuentas, estamos en el limbo en cuanto se refiere a representación política. ¿No saben estos señores que la capital de la República es Lima, que la sede del gobierno está en Lima, que el edificio del Congreso está en Lima, y que nada de esto significa "centralismo"? En cualquier lugar del mundo civilizado el representante político tiene que viajar y constituirse en la sede del parlamento para ejercer su labor. Ese es el sentido de ser un "representante". Funciona igual que un organismo que debe llevar todas las señales al cerebro. Y en ese sentido, tal "centralismo" es una virtud del sistema.

Solo en un país repleto de confusos e idiotas políticos se les puede ocurrir llevar todo el Congreso de pueblo en pueblo, cual si fuera un circo. Y en medio de tanta ignorancia y confusión se escucha de todo en el debate. Por ejemplo, unos hablan de "descentralizar la representación congresal". Nadie sabe qué podría ser eso en el cerebro de estos congresistas. Lo cierto es que están empleando el desconcierto para montar sus propios argumentos tirados de los pelos, en aras de simplemente aprovecharse y llenar sus bolsillos tanto como puedan, que es para lo que entraron allí sin saber nada de nada. 

Los famosos "gastos de representación" son en realidad gastos de campaña para la reelección. He tenido ocasión de encontrarme varias veces con congresistas que acuden a las principales fiestas patronales de las provincias. Algunos no se pierden una. Llegan en su camioneta 4X4 rodeados de una corte de adulones. Anuncian su presencia para luego subir al estrado y coger el micrófono, cual estrellas de cine, para dar su saludo fraterno a la provincia, recordando que las puertas de su oficina están siempre abiertas cuando quieran. A continuación son agasajados y tratados como celebridades, ubicados en el "palco de honor", desde donde, con pose de emperador romano, aprecian la fiesta y la corrida de toros siempre protegidos por sus lentes oscuros de marca italiana. 

La información recogida por la prensa da cuenta de que en los gastos de representación se consignan juguetes para niños en navidad, obsequios por padrinazgos, donativos para una plaza, aportes para las ollas comunes de los manifestantes antimineros y cosas así. Además, claro, de boletas de gasolina, restaurantes, hoteles y otros. En buena cuenta, el pueblo peruano solventa con sus impuestos no solo la gran vida de estos parásitos incompetentes sino que además solventamos sus campañas y sus partidos. Peor aún: ¡a algunos se les paga para socavar el sistema democrático representativo!

Tenemos representantes de izquierda que, fieles a su mentalidad pervertida, aborrecen este tipo de representación y pugnan por implantar un sistema político de participación directa, mediante bases políticas, tal como ha ocurrido en Bolivia. Así que entre los rojos que no quieren democracia representativa y los ignorantes que ignoran lo que es representación política, la democracia peruana se va por el desagüe. Todo esto es consecuencia de que en la Constitución del 93 no se quiso discutir seriamente el sistema de representación política democrática del país. Por consiguiente no se dotó al país de un Congreso apropiado, que encarne un sistema claramente previsto y capaz de articularse con la población y con el Estado. El resultado fue el mamarracho parlamentario que hoy padecemos. Ya es hora de corregir esto. 

lunes, 15 de octubre de 2012

TU DERECHO A UNA NUEVA DERECHA



Escrito por: Elvis Occ

En 1986 el Republicano Ronald Reagan –entonces Presidente de EEUU-  firmo la ley que se llamaría “Immigration Reform and Control Act” la cual benefició a cientos de miles de inmigrantes indocumentados, sin embrago, 26 años después el Partido Demócrata aún sigue acusando al Partido Republicano de ser un club de derechas. Cabe resaltar que los demócratas hasta el día de hoy no han logrado redactar un proyecto de Ley tan convincente y realista como el de los Republicanos; peor aún, el gobierno del demócrata, Barack Obama ha deportado más inmigrantes que el anterior del Republicano,  George W Bush.

Eso grafica el embuste que desde profesores universitarios hasta partidos comunistas, socialistas y similares, pasando por pseudo intelectuales y uno que otro periodista con cierta notoriedad, han tratado de hacerle creer a la gente. La DERECHA es mala, dicen. La derecha está compuesta por ricos, repiten. La Derecha goza explotando al pobre, aseguran. Lógicamente, los actuales personajes políticos como viejos zorros que son, ni de ha vainas sugieren ser de derecha. ¡Resulta ser que la mayoría son Centro-izquierda!  ¡Si como no! ¿Qué es la demonizada Derecha? La Derecha es el otro extremo de la fauna política de este mundo occidentalizado que contiene conservadores, capitalistas, liberales y un buen poco de apegados a los valores tradicionales, religiosos y hasta patrióticos. ¿Es eso malo? ¿Es eso destructivo? ¿Es eso condenable?

La Derecha, se instalo en Alemania Oriental cuando cayó el Muro de Berlín, y no les va mal a los alemanes de la extinta Alemania comunista, esa misma Derecha gano el ánimo y alimentó la fe de un futuro mejor en los jóvenes de los países del Bloque Comunista que hoy viven en una sociedad democrática y que trajeron abajo al tirano Ceaucescu en Rumania. Cuando Corea del Sur opto por una economía contraria la Corea del Norte, también fue la Derecha, lo mismo sucedió con los líderes chinos que se refugiaron en la China Formosa  o también llamada Taiwán. ¿Que creen? China también sucumbió a ciertas prácticas económicas de la Derecha. ¿Serán reaccionarios y fascistas por eso? ¡Son pragmáticos!

No sé si saben pero el automóvil, los aviones, tu iPhone, los videojuegos, hasta la toalla higiénica se inventaron en sociedades tipificadas de capitalistas, o sea de Derecha. Starbucks no se origino en URSS, y Marx escribió “El Capital” cómodamente en Londres. Quizás la contribución mas grande de la Izquierda al mundo seria, la confirmación de su inútil, desastrosa y deplorable performance al frente de una nación, como lo muestran Vietnam, Corea del Norte y Cuba en este lado del mundo. Sendero Luminoso y MRTA fueron un ejemplo de lo porvenir en nuestro país.

La Derecha no es corrupción, eso es DELINCUENCIA. La Derecha no es abuso del poder, eso es DICTADURA. La Derecha no es censura periodística, eso es atentar contra la LIBERTAD de expresión. La Derecha pondera la iniciativa propia, la meritocracia, la competencia, la libertad, la democracia, el estado de derecho y el libre mercado. ¡La Derecha es derecha!

Desafortunadamente, la Derecha como tal no existe en el Perú. Los pocos partidos que presumen de ser Derecha, son clanes familiares o clubes de Tobi en franca decadencia política y con un débil arraigo popular. Existen dos o tres partidos, que es harto sabido, son agencias de empleo estatal y como tal reciben aplicaciones cada cinco años so pretexto de elecciones generales.

Así las cosas, todo parece indicar que nuevos vientos se avecinan y la primavera generacional se viene con los jóvenes movimientos liberales que hoy comienzan a florecer en diversos puntos del país. Lo alentador es que no responden a caprichosa directiva alguna, son inquietudes esporádicas y de jóvenes que no han sido contaminados por dirigencias políticas. La próxima vez que te pregunten si eres de Derecha piénsalo bien antes de responder, porque de izquierda ya sabes que no eres.

www.elvisocc.org