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martes, 25 de mayo de 2021

Por memoria y dignidad, izquierda nunca más


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Toda esa manchita juvenil que salió a manifestarse contra el fujimorismo el 22 de mayo pasado, coreando consignas y portando pancartas con lemas como "ni olvido ni perdón" y "por memoria y dignidad" apenas bordean los 25 años y muchos son incluso menores. Es decir, apenas estaban en el nido cuando acabó el fujimorismo. ¿Qué saben del fujimorismo? ¿Qué recuerdan de los noventas? ¿De dónde les sale tanto odio, ira, rencor y rabia? ¿Sabrán lo qué están gritando? No. Obviamente no saben nada. Los han arriado como borregos a armar el tradicional corso anti Keiko, organizado por todas las ONG de izquierda que aparecieron para defender a los terroristas, y que hoy mantienen bajo sueldo una planilla de periodistas y docentes universitarios encargados de envenenar el cerebro de los jóvenes, y alentarlos a ir a las marchas, incluso con beneficios académicos. 

En el 2004 se aprobó un "plan nacional de ddhh" junto a otros planes muy similares, como el de "salud mental y cultura de paz", ideados por la burocracia caviar encaramada en el poder. Todos estos planes tenían la misma orientación. Decían por ejemplo, que era parte de la moderna educación formar ciudadanos activos capaces de salir en defensa de los derechos civiles y de la democracia. Es decir, era parte del currículo adiestrar jóvenes para que vayan como borregos a las marchas. Incluso se decía que era signo de buena salud mental tener una actitud vigilante y actuar en defensa de los intereses de la sociedad, formando organizaciones activas en la comunidad. Creo que fui el único que denunció esos planes oficiales de manipulación social dados en el gobierno de Toledo, con una clara orientación comunista, tal como ocurre en Cuba. Pero así fue como los caviares transformaron la sociedad y la educación. Luego vino la idolatría de la verdad contada por la CVR, y el antifujimorismo quedó convertido en doctrina oficial del Estado peruano y pose predilecta de la prensa. 

Pero nadie se puso al frente de todos estos intentos de la izquierda para cambiar la historia, manipular a la sociedad y envilecer las instituciones con el veneno del antifujimorismo. Al contrario. Se puso de moda salir a hacerle ascos al fujimorismo. Todo aquel que quisiera posar como un cabal luchador anti corrupción y defensor insobornable de la democracia, tenía que denostar al fujimorismo y condenar los noventas. Así fue como el fujimorismo fue convertido en el sector apestado de la nación, a pesar de que la política peruana nunca dejó de arrastrarse por el fango de la corrupción.

¿Pero es acaso cierto todo lo que dicen los declarados enemigos del fujimorismo? ¿De qué memoria y de qué dignidad nos hablan? Si tuviesen memoria, tendrían que recordar en primer lugar cómo era el Perú en 1990, un país quebrado, sumido en la ruina total, en la miseria más absoluta, bajo el ataque de dos grupos terroristas de izquierda, uno maoista y otro castrista, que con sus acciones de sabotaje y crimen habían sembrado el terror y el miedo en la población. Sería difícil, largo y tedioso describir cómo era el Perú de 1990, pero mencionemos solo algunas pocas cosas para que estos babosos que tanto hablan de "memoria y dignidad" se enteren. 

En 1990 en el Perú la moneda no valía nada. Las cosas subían el mismo día: tenían un precio en la mañana y en la tarde ya estaba más caro. Las empresas decidieron pagar semanal porque era imposible esperar a fin de mes, ya que el dinero se devaluaba todos los días. Ya le habíamos quitado seis ceros a las cifras monetarias porque los montos no cabían en las máquinas ni en los papeles. En consecuencia no había forma de hacer presupuestos, no había créditos. El Banco de la Nación no tenía dinero para pagarle a los maestros ni a nadie. Mi madre que era maestra pasaba apuros indecibles cada fin de mes para poder hacer efectivo su cheque del Ministerio de Educación. Había que ir de agencia en agencia esperando encontrar una que tuviera algo de efectivo. 

Las colas para comprar productos de primera necesidad eran normales. Colas enormes para comprar solo tres tarros de leche o dos kilos de arroz porque todo estaba racionado, como en los países comunistas. En Lima faltaba agua. El agua llegaba por horas cada día. Todos tuvimos que poner tanques en la azotea o comprar bidones de ochenta y cien litros. Un día salió agua de desagüe por los caños. Así de mal estaba la administración de Sedapal. No había plata para hacer mantenimiento. Tampoco había energía eléctrica por los constantes apagones que provocaba la voladura de torres de alta tensión de Sendero Luminoso. Las calles de la ciudad estaban repletas de generadores eléctricos o grupos electrógenos para que los negocios pudieran funcionar. 

Salir a provincias era imposible. Las carreteras estaban en ruinas por la falta de mantenimiento. El viaje a Huaraz que hoy me toma cinco horas en eos días tomaba el doble, porque había que ir sorteando los tramos destruidos. Cómo estarías de mal las vías que a veces se invadían los campos de cultivo para poder vanzar. En el interior había que tener suerte para no toparse con una banda armada que pedía cupos para dejarte pasar. No existía la policía en toda la ruta. Lo mismo era transitar por la ciudad. Toda Lima estaba repleta de tranqueras. Los primeros en poner tranqueras eran las comisarías, luego las empresas que se creían importantes. El hecho es que no se podía transitar por la ciudad. 

Para no hacerla larga, debo mencionar el miedo en que se vivía. Los coches bomba se oían en toda la ciudad. Yo escuché el coche bomba de Tarata estando en San Borja. Una madrugada le pusieron un coche bomba a un vecino de la siguente cuadra. Le destrozaron la cochera y media casa. Según el dueño de casa fue un error de Sendero Luminoso, pero en menos de una semana toda la familia emigró a EEUU como refugiados. Así fue como perdí a uno de mis mejores amigos. No fue el único. Más de la mitad de mis amigos se fueron del país. Ese fue el Perú que recibió Alberto Fujimori en 1990.

Hay que mencionar que Fujimori no la tuvo fácil. Todos los partidos políticos tradicionales a los que derrotó se aliaron para hacerle la vida imposible. Bastaría mencionar la "Ley de Control Parlamentario sobre los actos normativos del Presidente de la República". LEY Nº 25397, que pretendía atar de manos a Fujimori y pasar todos sus actos por la aprobación del Congreso. No había pues manera de que Fujimori pudiera gobernar y tomar las medidas urgentes que el país necesitaba sin tener que esperar la aprobación de sus enemigos en el Congreso que solo querían verlo fracasar. En tales circunstancias, a Fujimori no le quedó más remedio que disolver el Congreso.

Para ser honestos, Alberto Fujimori dirigió el mejor gobierno de toda la historia de la República. Esta es una afirmación sustentada en la situación en que Fujimori encontró el país y cómo lo dejó. Allí están además las estadísticas que demuestran el crecimiento del PBI y del empleo, así como el inicio de la reducción de la pobreza. Controlada la hiperinflación y el terrorismo, lo que hizo Fujimori fue resolver los principales problemas del país, empezando por reconstruir toda la red vial nacional. Inició la privatización de las empresas públicas que solo habían arrojado pérdidas durante veinte años. Algunas hubo que cerrarlas porque nadie las quería. Se cerraron los bancos de fomento que estaban todos quebrados. Se redujo el aparato público dando incentivos para que la gente renuncie.

Toda esa operación de saneamiento del Estado y rescate de la economía es hoy denigrado por la izquierda y el sindicalismo, pues acusan a Fujimori de haber despedido trabajadores. Claro que se despidieron trabajadores del Estado y con muchos beneficios para ellos, porque no se podía seguir manteniendio tanta burocracia dorada e inútil. Pero durante el toledismo y el alanismo se reintegraron decenas de miles de trabajadores al Estado engrosando la burocracia inepta y parásita.

Después de Fujimori tuvimos al fin un país de verdad, con una economía saneada donde se podían hacer presupuestos y donde todos podían tener una tarjeta de crédito. Los terroristas estaban presos o muertos. El país vivía una era de crecimiento y prosperidad. Muchas empresas llegaron a invertir en el Perú y los empleos empezaron a crecer. Pero por desgracia, los enemigos del fujimorismo iniciaron el bloqueo de todas esas reformas, paralizaron las inversiones mineras que nos permitieron crecer, modificaron las leyes laborales para incrementar absurdamente los derechos laborales y reducir la empleabilidad, se dedicaron a atacar a las AFP, la Constitución del 93 y todo lo que sea un "rezago del fujimorismo". 

Los últimos 20 años han sido una época de adoctrinamiento antifujimorista. Se han ocultado sus logros y se han exagerado sus defectos, se le ha cargado absurdamente crímenes que no cometió, como los de Barrios Altos y La Cantuta; se le han inventado mitos absurdos como los US$ 6,000 millones robados o las 300 mil esterilizaciones forzadas. Se le ha atacado de todas las formas sin opción a la defensa. Todo el progresismo y la caviarada se apoderaron de los medios para denigrar a Fujimori. Nadie jamás quiso ocuparse contar la verdad y hacer un balance real de los hechos en los 90. 

En lo que a mí respecta, sí tengo memoria y dignidad. Doy gracias a Alberto Fujimori porque nos devolvió la dignidad de ser un país libre, una sociedad que puede vivir en paz y tranquilidad, que puede salir de sus casas sin miedo a ser asesinado o volar en un atentado, que puede tener agua y luz en sus casas sin temor, que puede hacer planes y tener esperanza en el futuro. Esa es la dignidad que nos devolvió Alberto Fujimori. No es la misma falsa dignidad que los progres dicen que Velasco le dio a los campesinos. Mentira. Velasco empobreció a los campesinos al extremo que tuvieron que invadir los arenales de Lima para sobrevivir. De esa época de crisis velasquista es que salieron Villa el Salvador y todo el cono norte. ¿Cuál es la dignidad? 

Si hablamos de memoria y dignidad solo queda reconocer cómo cambió el Perú para bien gracias a Alberto Fujimori. Fue él quien nos devolvió la dignidad para vivir como ciudadanos de un país que va rumbo al progreso. Lo ridículo es que los progres se dedicaran a condenar al fujimorismo por los actos de corrupción política, pero haciéndolo desde las cloacas en que se movían en medio de gobiernos como el de Toledo, Ollanta o Vizcarra. No debemos olvidar que los años 2000 han sido los de mayor corrupción de toda nuestra historia. Pero estos falsos profetas de la moral solo se dedicaron a escupir sobre la memoria de Alberto Fujimori patra quedar bien con sus patrones de la mafia cviar, pero muy mal ante la historia.


martes, 23 de julio de 2019

La venganza de los avestruces


Por: Ricardo Uztarroz
Periodista y escritor, ex director de la agencia de noticias France Presse (AFP) en LIMA PERU

El avestruz es un animal torpe cuya singularidad es ocultar su cabeza bajo la arena cuando presiente un peligro, convencido de que lo que no se ve no existe. Esta imagen se me viene a la mente inevitablemente cuando pienso en los tres jueces que han condenado, el pasado 7 de abril, a 25 años de prisión al ex presidente peruano Alberto Fujimori (1990-2000) por “responsabilidad indirecta” en dos matanzas perpetradas en 1991 y 1992 por una banda de sicarios que mató en total a 25 personas; y cuando pienso en las organizaciones que supuestamente defienden los Derechos Humanos, que se alegran y califican la sentencia “de gran victoria histórica”.

La condena del ex presidente, llamado familiarmente “El Chino”, debido a su origen japonés, corresponde realmente a una cadena perpetua puesto que él tiene 70 años cumplidos, a menos que tenga una excepcional longevidad.

Esta sentencia puede ser calificada como una venganza de los avestruces si reflexionamos acerca de lo que hacían los acusadores y los jueces que han condenado al ex presidente peruano durante los años 1990-1993, en los que ocurrieron los crímenes juzgados. ¿Qué hacían en esos años, cuándo Sendero Luminoso, organización terrorista discípula del monstruo Pol Pot, mataba sumariamente a todos los que le resistían, cuando daba la impresión de que estaba a punto de triunfar, de que estaba a dos dedos de tomar el poder y de transformar el Perú en una especie de Camboya comunista y sanguinaria? Pues tenían la cabeza metida en la tierra y esperaban que alguien, en este caso el “Chino”, se encargara del “sucio trabajo” de acabar con el terrorismo.

Una apatía casi institucional ¿Y si por desgracia el “Chino” fallaba, acaso ellos ya estaban listos para dialogar con Sendero y a proponerle sus servicios?

Rumores recurrentes, pero por el momento imposibles de comprobar, permiten pensar que ellos anticiparon una posible victoria de SL y buscaron entrar en contacto con esa banda terrorista. Si esto es verdad, la historia revelará la identidad de aquellos cobardes que hoy se presentan como heraldos universales de los derechos humanos. ¡Pobres derechos humanos!

Si los padres de los derechos humanos supieran el uso oportunista y falso que se hace de ellos en Perú, se sobresaltarían en sus tumbas.

El más representativo de esa pusilanimidad, que se puede calificar en buena medida de institucional, pues se extendió en las altas esferas de la sociedad (magistrados, universitarios, políticos, empresarios, directores de diarios, etc.), es sin duda alguna el presidente de la ex Comisión de Verdad y Reconciliación (CVR), Salomón Lerner.

Un día, este filósofo admitió que en esa época él no había tomado conciencia de la amplitud de la violencia y de las vesanias de Sendero Luminoso porque estaba muy ocupado en sus trabajos universitarios. Sus trabajos de ese entonces, como los que siguieron después, eran de tal importancia que nadie los conoce y por lo tanto nadie está en condiciones de acordarse de ellos, incluso entre sus colegas más cercanos.

Esto me recuerda a algunos intelectuales franceses que durante la ocupación nazi practicaron la colaboración tranquila y siguieron publicando, filmando, cantando, y que, cuando llegó la liberación, aparecieron como miembros de la Resistencia de la hora 25.

No hay vergüenza de ser cobarde; pero que no se juegue a ser un héroe cuando el peligro ha desaparecido.

Hoy en día, esa CVR, cuyo informe es a menudo un tejido de alegaciones increíbles o aproximativas, y que no responde a ningún criterio científico, pretende distribuir buenos y malos puntos, como si la lucha contra el terrorismo (pues había en Perú un terrorismo, el de Sendero Luminoso) hubiera sido un juego mundano de sociedad.

La CVR afirma que esos años de violencia dejaron 70.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos, cifra superior a las pérdidas norteamericanas en Vietnam. Al mismo tiempo, esa comisión dice implícitamente que el conflicto peruano fue de media o alta intensidad. ¡Qué absurdo!

Es verdad que algunos de esos comisionados tuvieron una relación turbia con Sendero. Uno de ellos dijo en esa época que estaba de acuerdo con los objetivos de Sendero pero no con sus métodos, que éstos (es decir, el uso de las armas y del asesinato, habría que recordarle) prematuros.

La izquierda peruana pagó duro su ambigüedad,.su negativa a condenar firmemente a los asesinos de SL, ya que éste era una organización de asesinos en serie, sin escrúpulos, sin remordimiento. La izquierda peruana no obtuvo en las últimas elecciones en 2006 sino un 1% de los votos. Los electores la juzgaron. Estos mismos electores estiman en un 60% que Fujimori fue el mejor presidente que el país ha tenido en su historia. La única cuestión que vale la pena.

Como residente en Lima desde hace diez años, y periodista de la Agence France Presse (AFP), entrevisté a Fujimori en cinco ocasiones, incluso una vez lo entrevisté en Tokio, cuando él estaba exiliado, poco después de su caída en 2000 a causa de una conspiración que, como distintos índices lo sugieren, habría sido urdida por Bill Clinton y Madeleine Albright, la entonces secretaria de Estado.

Lo entrevisté de nuevo en Santiago de Chile, poco antes de su extradición. Durante los quince meses que duró el proceso de Fujimori, yo asistí a prácticamente todas las audiencias, 161 en total. Falté a lo sumo a una decena que no eran, además, esenciales.

Puedo decir que conozco el expediente y también alegar una experiencia profesional de 40 años en el periodismo, experiencia que me enseñó a saber lo que es un hecho, una prueba, un índice, una alegación, una suposición, una deducción, una especulación, un conjunto de conceptos elementales que los tres jueces obviamente ignoran, lo que lanza una duda sobre su competencia jurídica y sobre su imparcialidad.

En fin, puedo añadir que, ideológicamente, todo me separa de Fujimori, siendo él un hombre de derechas, y yo más bien de izquierda. Pero no de una izquierda de salón, como lo prueban mis compromisos pasados y presentes y la historia de mi familia. Por adelantado, le niego a quien sea tener la menor autoridad para impugnar mi pertenencia a la izquierda pues en la izquierda no hay un Papa que fije el dogma.

En sus considerandos, el tribunal no respondió a la única cuestión central del proceso: ¿Fujimori dio la orden de realizar esas dos matanzas estúpidas que, obviamente, iban contra la política que él mismo preconizaba contra el terrorismo, a saber: convencer a la población, ganarse su simpatía, con el fin de aislar a Sendero Luminoso y a la otra organización subversiva, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA)?

A falta de pruebas, la parte civil y el fiscal cambiaron, puedo decirlo sin ironía, su fusil de hombro durante el proceso.

Al principio, decían que Fujimori era el jefe del escuadrón de la muerte, del grupo llamado Colina (Colina es el nombre de un funcionario asesinado por SL), que realizó esos asesinatos y que él había dado la orden directa de esos crímenes. Como no pudieron probar esta alegación, entonces inventaron la tesis de que Fujimori es culpable porque él era el jefe de Estado.

Basándose en una cadena de suposiciones, dijeron que él había transformado el Estado en una organización criminal con el fin de implementar una guerra sucia contra el terrorismo. Por lo tanto, siendo el inspirador de esa estrategia oculta de guerra sucia, disimulada en los pliegues de una guerra limpia, él era el autor indirecto de esos asesinatos.

Como nada prueba esa otra alegación (repito, es una simple alegación), los jueces hicieron una pirueta de gimnasia jurídica que tiene mucho de realismo mágico: Amontonaron hechos sin relación evidente, rasparon aquí y allá entre cerca de 500 documentos de índices vagos con el único objetivo de construir una culpabilidad que parece muy hipotética. Los jueces demostraron tener una maquiavélica imaginación literaria.

Al final, consideraron que Fujimori es culpable por omisión, lo que quiere decir que sabiendo que esas matanzas se preparaban, él no hizo nada para impedirlas. ¿Y qué prueba hay de que él sabía? El hecho de que en su calidad de jefe de las Fuerzas Armadas y de la Policía él debía saberlo. Los expertos jurídicos apreciarán la pertinencia, digo bien pertinencia, no inteligencia, del argumento. Lo digo sin temor alguno: ¡es grotesco! Individuos sin importancia.

Aceptemos desde un punto de vista puramente hipotético que los considerandos de los jueces sean fundados. ¿Cómo entonces puede uno explicar por qué Fujimori habría autorizado o, lo que es peor, dado la orden de matar a 25 personas sin importancia alguna, que no eran ni siquiera dirigentes terroristas de segunda o de tercera?

Esas matanzas tenían un inconveniente principal para Fujimori: le quitaban credibilidad a su política oficial, proclamada y practicada, de guerra limpia. ¿Por una parte, él tendía la mano, y por la otra él habría apuñalado?

Uno puede creer que la gente es imbécil, hasta que llega el momento en que ésta se da cuenta de que ha sido engañada. Aceptemos incluso que esa política de guerra sucia era cierta. ¿Puede alguien imaginar que un presidente de la República, incluso de un país pequeño como Perú, admite dar la orden de ejecutar a individuos sin importancia y sin ningún peso político o estratégico, como habría podido ser, por el contrario, la liquidación física de Abimael Guzmán, el jefe alucinado de Sendero, un tipo mesiánico hasta los forros? Ahora bien, todos los jefes terroristas, incluso Guzmán, fueron detenidos y están purgando penas.. El llamado “Presidente Gonzalo” tuvo durante años como vecina de celda a su compañera Elena Iparraguirre, ellos pasaban juntos todo el día. ¡Bonito ejemplo de la crueldad de Estado promovido por Fujimori! ¡Fujimori estaba loco o era un asesino en serie! Si eso es así ¿qué era lo que él buscaba? ¿Satisfacer sus instintos de asesino, impresionar al gallinero? Desde un punto de vista político, esas matanzas eran completamente improductivas. Fujimori tiene defectos, desde luego, pero no se lo puede acusar de carecer de inteligencia.

Por otra parte, el colmo es que el tribunal no le reconoció a Fujimori ninguna circunstancia atenuante. Es decir, Fujimori actuó fuera del tiempo y del espacio. ¿En esa época, Perú no estaba acaso al fondo del abismo y en pleno caos, gracias a la herencia que le había legado Alan García, de nuevo presidente del Perú a pesar de su desastrosa e irresponsable gestión en su primer mandato (1985-90)? ¿Acaso los atentados terroristas, los carros-bomba, no eran diarios? ¿Los cortes de electricidad causados por los sabotajes a las torres de alta tensión no eran permanentes? ¿Acaso se podía salir de noche? ¿Alguien sabía si volvería a ver a sus seres queridos al final de la jornada de trabajo? ¿La inflación no era delirante? ¿La escasez de los productos de primera necesidad no era permanente? ¿No se destruía el aparato productivo? ¿Perú no estaba al margen de las naciones y tampoco tenía derecho al crédito externo? No, nada de esto existió, según los jueces. ¡Fujimori era un extraterrestre, un tipo sediento de sangre, una especie de Drácula! Las capas populares, las que tuvieron que sufrir más las salvajadas de SL, reconocen, en una muy amplia mayoría, que él fue quien salvó al país, que él fue quien le permitió a la gente encontrar una vida normal, si se puede hablar de vida normal en un país tan pobre como el Perú. Todo eso para los jueces (¿qué hacían ellos en esa época?) no existió. ¿Magistrados imparciales?

Los que aplauden esta condena no dejan de repetir que los magistrados tuvieron todo el tiempo un comportamiento exento de reproches. Eso es, obviamente, muy discutible. La hostilidad que mostraba el rostro del presidente del tribunal, César San Martín, lo traicionaba y dejaba ver que él saciaba una venganza personal. En 1993, en el marco de una operación de depuración del aparato judicial peruano, corroído por la corrupción endémica, él había sido excluido de la magistratura.

Tal vez eso fue un error. En todo caso, él había encontrado en el juicio la oportunidad de vengarse. Uno de sus asesores tiene, por su parte, un pasado de simpatizante de izquierda. La izquierda es visceral e irracionalmente anti- Fujimori, por razones demasiado largas para explicar aquí. Uno de los índices de la falta de imparcialidad es la ausencia de reconocimiento de las circunstancias atenuantes.

Pero el colmo de los colmos, es que los jueces afirmaron que las víctimas de esas dos matanzas no tenían nada que ver con el terrorismo. Entonces, ese considerando significa implícitamente que Fujimori perpetró asesinatos gratuitos, que ni siquiera se inscribían en la estrategia de guerra sucia que ellos mismos le reprochan. También afirmaron que esas matanzas eran crímenes de lesa humanidad. Sin duda, cuando se cruza tal frontera, ya no hay razón para detenerse.

Esa condena es como si en 1969, después de su renuncia, se hubiera llevado a Charles de Gaulle ante un tribunal especial (el tribunal que pronunció este veredicto es un tribunal especial) y se lo hubiera declarado culpable de las exacciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales practicados en Argelia entre 1958-1962.

Este proceso de Fujimori revela la inconsistencia, la irresponsabilidad, el infantilismo, la frivolidad, de una parte de las clases dominantes peruanas, algunos de cuyos miembros se creen parte de una aristocracia descendente de los conquistadores o virreyes españoles.

Sendero Luminoso no ha sido destruido totalmente, ha hecho una alianza con grupos narcotraficantes. Sus grupos armados operan en una zona de cultivos de coca a 400 km al este de Lima. La sentencia a Fujimori le abre una puerta enorme a SL para que pase a la ofensiva. ¿Quién se atreverá de ahora en adelante a oponerse militarmente a Sendero si la “recompensa” será 25 años de prisión, 25 años que corresponden en realidad a una condena a muerte lenta en vista la edad del condenado? Fujimori interpuso el recurso de apelación. Recurso que no fue admitido.

Para resumir, esta condena pone una línea de igualdad entre Abimael Guzmán, jefe terrorista, y Alberto Fujimori, el presidente que lo venció y que, en consecuencia, salvó al Perú de una pesadilla, de una especie de nazismo rojo.

Así pues, según el fallo, nada ocurrió en el Perú entre 1980 y 1990 por un lado y entre 1990 y 2000, por el otro. Todo ha vuelto a ser de nuevo como antes. Nada ha ocurrido en Perú, repito. Salvo que un “chino de mierda”, asesino en serie sin móvil conocido, está en prisión. Circulen señores, no hay nada que ver.

sábado, 6 de enero de 2018

Fujimori suelto en plaza


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Finalmente el ex presidente Alberto Fujimori salió de alta y se puede decir que ya es nuevamente un hombre libre para tormento del antifujimorismo patológico, básicamente para esa izquierda oenegienta pro terruca, que ya ha iniciado trámites ante instancias internacionales para anular el indulto, argumentando falacias y leguleyadas. Esa jauría rabiosa seguirá ladrando por un buen tiempo. Tenemos ruido político para rato, con marchitas, columnas en diarios y programas de TV, como si no hubiesen cosas más importantes que atender en este país.

Por mi parte prefiero creer que el indulto es irreversible. Y prefiero creerlo no solo por Fujimori, que ya pasó bastante carcelería y no merece más, sino por el país, pues sería muy penoso que el Perú se vea subyugado por una corte internacional en un tema que no es jurídico sino político. También sería lamentable que, ante tal eventualidad, el presidente Kuczynski vea perder su autoridad por completo. Obviamente sería humillante que la Constitución del Perú sea violentada por la CIDH, en alianza con las rabiosas y fundamentalistas oenegés de la izquierda pro terruca. No quiero imaginar la vergüenza que sentiría como peruano al ver que la CIDH es capaz de pasar por sobre nuestra Constitución y por encima de la autoridad de nuestro presidente anulando el indulto a Fujimori. Sería inconcebible ver a Fujimori siendo llevado de vuelta a prisión. ¿Cómo quedaría el Perú ante los ojos del mundo? Sería la peor degradación que nos tocaría vivir como país. Semejante escenario me resulta perturbador y grotesco. Por eso prefiero creer que el indulto ya es un hecho consumado.

Pero no puedo evitar algo de miedo porque en este país puede pasar cualquier cosa, lamentablemente existen sectores de auténticos enfermos mentales llenos de odio, a quienes nada les interesa más en esta vida que ver a Fujimori preso. Todo lo demás está por debajo de ese innoble objetivo. Y la verdad es que a estos enfermos nada les interesa la moral, ni los ddhh, ni las supuestas "víctimas", nada de eso. Todo es floro y pose. Ellos han hecho del antifujimorismo su plan de vida, de lucha y su sentido de existencia. No exagero pues cuando los llamo enfermos mentales. Eso es lo que son, sin exagerar.

En este momento el problema no es Fujimori. Objetivamente él ya es un hombre acabado que merece pasar sus últimos años en la paz del retiro. No tiene salud ni opción para hacer política activa y su mayor preocupación debería ser preservar la unidad del fujimorismo, o por lo menos de sus hijos. En realidad Fujimori no es ningún monstruo ni representa peligro alguno para nadie. Así que toda esa inquina de los enfermos mentales del antifujimorismo patológico carece de sentido. Deberían buscar alguna cura espiritual o psiquiátrica. Hay muchas cosas más nobles, urgentes e importantes en qué ocupar tanto esfuerzo, dinero y dedicación. 

Así pues, como vemos, el verdadero problema que enfrenta el país es el antifujimorismo. No exagero cuando digo que es una epidemia y una enfermedad mental. Y es que el odio al igual que la risa se contagia por contacto. Ver reír a alguien contagia igual que ver odiar. Y acá tenemos a toda una generación de jóvenes que ha crecido en contacto directo con el odio a Fujimori y hoy salen a marchar sin tener ideas claras de lo que hay detrás de su odio y sus consignas. No tienen idea. Lo he podido comprobar personalmente. Además basta leer sus comentarios en las redes para darse cuenta de que están saturados de mentiras en medio de una penosa ignorancia. Se han creído todos los mitos y mentiras de la izquierda rencorosa, mendaz, farisea y pro terruca.

Lo mejor que podríamos hacer en el Perú ahora mismo es voltear la página de Alberto Fujimori y dedicarnos a reconstruir este país, en lugar de tratar de destruirlo, que es el afán permanente de la izquierda insidiosa. Lo sano y cuerdo sería apuntalar este gobierno para que nos saque del hoyo en lugar de dejarlo solo y esperar a que se hunda. El torpedo más efectivo para que esto suceda es buscar la anulación del indulto a Fujimori y seguir con esa cantaleta sin fin. ¿Se imaginan cómo quedaría PPK si los comunistas le tuercen el brazo con la CIDH y sus marchitas y le obligan anular el indulto? Volveríamos al fondo del hoyo. Y eso es lo que quieren estos indigentes mentales de la izquierda.

Me parece que los pocos políticos pensantes que tenemos, los pragmáticos, deberían alzar la voz para imponerse sobre el griterío histérico de los incendiarios del antifujimorismo. Esperemos también que la asquerosa prensa que tenemos deje de arrojar gasolina sobre la hoguera de los rojos, acalle las voces estridentes de personajes de pacotilla como Marisa Glave y Verónica Mendoza que nunca han aportado ni aportarán nada bueno al país jamás. La prensa no debería jugar a favor de la crisis política, no debería darle tanto espacio a gente que solo tiene un solo discurso de odio. Al contrario, la prensa debería asumir un rol más responsable y arrojar un baldazo de agua fría al escenario. El país se merece algo mejor que el caos, el odio, la venganza y el enfrentamiento permanente. Y es hora de reconocer quiénes están a favor de la paz y quiénes quieren incendiar este país.

viernes, 29 de diciembre de 2017

El indulto como instrumento de justicia histórica


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El indulto del ex presidente Alberto Fujimori era un hecho cantado. Siempre estuvo en la agenda política del país y era un clamor popular que superaba el 60% en cada encuesta. Solo la cobardía de nuestros ex presidentes demoró una decisión que necesitaba de mucho coraje, pero sobre todo de un gran sentido de responsabilidad histórica. Personalmente pensé que Alan García otorgaría el indulto a Fujimori, pero no estuvo a la altura de tamaña responsabilidad. La edad y salud de Alberto Fujimori ya no permitían seguir postergando esta decisión, y PPK se sentía cada vez más apurado. Es cierto que no lucía muy convencido por sus alianzas con la izquierda y el antifujimorismo. Pero de alguna manera tuvo el valor para otorgarlo.

El indulto es una figura eminentemente política. No es una figura jurídica, no nace de la teoría jurídica sino de las necesidades políticas. Por lo tanto, el indulto está más allá de las discusiones jurídicas emprendidas por los leguleyos de uno y otro lado, especialmente de los especialistas en litigios de DDHH que pululan en las oenegés de izquierda, caracterizadas por su defensa del terrorismo. El indulto no tiene que ver con las culpas del pasado sino con las necesidades del presente, con la historia y el futuro. Es una carta que la Constitución le otorga al presidente para jugarla políticamente cuando estime conveniente. Sus fines son políticos. Así de simple. El resto es floro y leguleyada. La CIDH podrá mostrar su preocupación pero no está por encima de nuestra Constitución que es la carta que nos rige a los peruanos. Así que los rojos solo pueden hacer su berrinche y salir a hacer sus marchitas para gritar consignas y cargar pancartas, pero de allí no pasarán.

No hay que confundir el indulto político constitucional con el que reglamenta una ley para ser otorgada a presos comunes por razones humanitarias, de gestión carcelaria o de cualquier otra índole no política, para lo cual existe una comisión revisora y un procedimiento establecido. Ese indulto masivo y común procesado por una comisión no elimina la potestad constitucional de que goza el presidente para indultar y otorgar amnistías cuando estime conveniente, como un instrumento político para la marcha del país. El presidente no necesita justificar su indulto. Es su potestad. No tiene plazo ni trámite ni "debido proceso".

Desgraciadamente PPK adolece de un carácter pusilánime y ha firmado un indulto con mano temblorosa, escondido detrás de un informe médico que no necesitaba. Hacer pasar el indulto como “humanitario” para ver si los dementes de izquierda se quedan callados era en vano, es un detalle innecesario. El presidente puede indultar a cualquiera, incluso gozando de perfecto estado de salud. Es ridículo exigir que el reo esté a punto de morir para ser indultado. Eso solo cabe en la mente perturbada de un resentido que vive envenenado con su propio odio.

Toda esta cháchara en torno al indulto es pura mezquindad de la izquierda rencorosa y derrotada. Les ha caído como agua bendita al diablo. Se retuercen y vomitan fuego, claman a la CIDH, la ONU, Amnistía Internacional, WOLA, a todos sus secuaces del mundo entero quienes no han tardado en expresar su pesar, como el impresentable chavista español Pablo Iglesias. Todo el mundo ha metido su cuchara en el tema.

¿Por qué existe esta facultad constitucional para el presidente? Precisamente para manejar situaciones políticas. Muchos aluden a la coincidencia del indulto con la salvada de la vacancia por el disenso de diez votos fujimoristas controlados por Kenji. Esa historia no está confirmada, pero aunque fuera cierta no le quita validez al indulto porque es una carta política que la Constitución le da al presidente, y si ha decidido jugarla nadie lo puede cuestionar. Así es la política.

El indulto restablece la justicia. Pero no una justicia de nivel jurídico sino uno aun mayor que es la justicia histórica, aquella que hace un balance de la actuación política de un personaje durante cierto período importante para el país, y decide en función de ese balance. La justicia histórica es pues un balance de hechos históricos, no una formulación de cargos para probar la inocencia, que es la justicia legal del Perú, donde no existe presunción de inocencia. En ese balance histórico, el ex presidente Alberto Fujimori surge como uno de los más importantes gobernantes que ha tenido el Perú. No es eufemismo decir que Fujimori salvó al Perú. Es estrictamente cierto.

Además el indulto restablece la justicia sobre un hombre de talla histórica cuando ha cometido delitos y purga cárcel por un proceso que además fue bastante nefasto. El juicio de Fujimori fue una farsa. Eso lo sabemos todos. El juez San Martín fraguó una condena vil incluso antes del proceso, coordinando el caso con asesores españoles para buscar la fórmula que permita condenarlo a la mayor pena sin necesidad de pruebas. Así descubrieron y aplicaron la figura del autor mediato para los casos Barrios Altos y La Cantuta, como si Fujimori tuviera algo que ver en tales crímenes. Eso es simplemente una felonía legal dictada por un sicario más que por un juez.

A Fujimori se le han achacado secuestros que otros cometieron, crímenes que otros perpetraron. Se le ha acusado de robar 15 millones cuando lo cierto es que ese fue un chantaje de Vladimiro Montesinos para dejar el país y permitir la gobernabilidad. Ese dinero no lo tomó Fujimori para sí y al final fue devuelto al erario. Cometió errores tontos como allanar la casa de la esposa de Vladimiro Montesinos. En fin, hay una lista de cargos entre tontos y falsos que le sumaron 25 años de prisión tras una farsa de juicio donde la condena ya estaba lista antes del proceso. Ha cumplido casi 12 años de prisión. Ahora Fujimori bordea los 80 años y sigue siendo una figura gravitante de la política peruana. El pueblo no lo ha olvidado, todavía sienten enorme gratitud por él. Su indulto es más que justo y necesario.

Solo la miseria humana de ciertos sectores de izquierda y grupos infantiles sin conocimiento de causa pueden oponerse a este indulto. Alegar que no se está muriendo es patético y cruel, y prueba el nivel moral y el grado de odio en que viven estos sujetos. Para colmo, los jóvenes salen a marchar sin saber nada de lo que vivió nuestro país ni tener noción de la dimensión histórica de Fujimori. Son siempre los tontos útiles de la izquierda que se creen todos los cuentos que les cuentan. Pero hay que tomarlo con calma. Van a intentar revertir el indulto y hasta darle un golpe a PPK. Ya conocemos sus niveles de odio y locura. Pero no hay forma de revertir este indulto. Esperemos que los enfermos de odios no puedan llegar a extremos, como en el pasado. Es hora de voltear la página y mirar hacia el futuro. El Perú se merece entrar ya de lleno en el siglo XXI y pensar en el bicentenario en vez de seguir cacareando temas de los años noventa. 

El indulto a Fujimori y la hipocresía de la izquierda


Escribe: Richard O. Campos Villalobos

En uso de las facultades que le confiere la Constitución, el presidente Kuczynski indultó finalmente al ex presidente Alberto Fujimori. Todo en medio de la más grave crisis política de la última década que casi lo aleja del cargo. ¿Negociado?, seguramente, al menos eso siempre hizo PPK, negocios, por eso es lógico pensar que se pagaron favores acordados bajo la mesa, previos a la votación congresal que no pudo destituirlo. 

PPK se quedó, pero no pudo desvirtuar ninguna de las acusaciones sobre sus negociados con Odebrecht siendo ministro de Economía del toledismo. No hace falta aclarar que la izquierda palurda que siempre chilla por la menor cosa, se dividió; y el grupo liderado por Verónika Mendoza salvó a PPK saliendo a pasear con cartelitos en lugar de votar. Y ahora reclaman por el indulto que dio PPK y salen a marchar contra PPK. ¿Quién los entiende?

Se han sumado a la carga los opinólogos antifujimoristas diciendo de todo, a estas alturas ya poco importa con qué argumentos salgan en contra del indulto. Lo han usado todo: la defensa de la institucionalidad, la lucha contra la corrupción, la resistencia al golpe, la justicia, etc. Consignas no les faltan. Lo que no ti8enen es coherencia. Para variar, se ha sumado la legión infantil de universitarios revoltosos, que, como bien dijo Aldo Mariátegui, no eran ni espermatozoides cuando Fujimori era presidente. Nuevamente están haciendo sus vandálicas marchitas de indignados, cargando fotos de terroristas, incluyendo víctimas del incendio de Las Malvinas, que ocurrió este año.

La moral y dignidad de la izquierda son una carcajada a mitad de un velorio, su oficio es hacer pactos bajo las sombras, pero solo las cuestionan y critican cuando otros lo hacen. Si de verdad le interesara tanto la institucionalidad, no tendrían a Velasco como líder supremo, ni celebrarían el golpe de 1968. La izquierda parió al genocida Abimael Guzmán Reinoso a fines del velascato, fue gestado en el vientre de los sindicatos comunistas del magisterio que Velasco fortaleció. La izquierda generó a Sendero Luminoso y al MRTA, una de vertiente maoísta y la otra castrista. La izquierda avaló la economía estatista del velascato que nos llevó a la hiperinflación de 7000% en 1990. La izquierda no tiene ninguna moral para criticar nada, sus marchas de pulpines vándalos solo son una muestra de la tremenda ignorancia en que viven los jóvenes. A Fujimori lo detestan porque derrotó a las bestias apocalípticas de Sendero Luminoso y el MRTA, y porque tiró a la basura el esquema socialista que llevó al Perú al fracaso y la miseria. Todo lo demás no pasa de ser más que retórica hueca y cuentos para tontos. 

Muchos políticos de izquierda avalaron la violencia terrorista, criticaron las acciones del Estado y las FFAA o guardaron silencio o simplemente se fueron del país. Cómo no recordar a Javier Diez Canseco, quien llamaba a Sendero Luminoso “mis hermanos equivocados” y que estuvo muy cerca del MRTA, al cual justificó como fuerza necesaria y alternativa entre Sendero Luminoso y el gobierno, convertido luego en ícono cuasi religioso de la pulpinada de la PUCP. Luego esa izquierda inmoral y genocida apoyó firmemente a Fujimori para evitar el triunfo de Mario Vargas Llosa y el liberalismo. Ya desde allí empezaron a votar en modo anti y a elegir candidatos que luego detestarían. Eso es parte de la trayectoria sinuosa y vergonzante de la izquierda malviviente.

¿Qué moral tiene la izquierda para oponerse al indulto humanitario de Fujimori? ¿No son acaso los primeros defensores de los derechos humanos? Bueno pues, un indulto humanitario forma parte intrínseca de las políticas de DDHH. Fujimori es un anciano de 80 años que está enfermo y ya pagó 11 años de carcelería. ¿Qué más quieren las hienas de izquierda? Luego de pasarse la vida posando como defensores de la moral y los DDHH, han llegado a oponerse al indulto alegando que Fujimori no se está muriendo. ¿Se puede ser más miserable? Bueno, ese es el nivel de estos pervertidos inmorales de la izquierda.

Lo que sí fue un asqueroso negociado es el juicio de Fujimori. El miserable juez San Martín fraguó la condena antes del proceso mediante consultas a juristas españoles para buscar una forma de condenarlo sin pruebas. ¿Eso es justicia? ¿Por qué los defensores de la “justicia y la verdad” no denuncian ese asqueroso negociado del juez San Martín? Mediante ese tipo de sucias artimañas terminaron condenando a Fujimori por los casos de Barrios Altos y La Cantuta, sin que tuviera nada que ver, así como de unos secuestros “agravados” de personas que nunca tuvieron dificultad alguna, como el caviar Gorriti. Para colmo, el miserable juez César San Martin trató de vincular la condena a la figura de lesa humanidad, como para asegurarse de que el indulto fuera inviable. Es decir, todo ese juicio fue una farsa y un circo donde la mayor condena ya estaba asegurada desde el principio.

Nadie niega que en el gobierno de Fujimori hubo corrupción. ¿Y en qué gobierno no lo hubo? La única diferencia es que la caída de Fujimori fue aparatosa y se montó un circo de falsos luchadores contra la corrupción, que eran igual o más corruptos aún, e iniciaron una cacería de brujas que concluyó en el abuso y el encarcelamiento de muchos inocentes que sirvieron al país, ya sea en el régimen de Fujimori o en las FFAA luchando contra el terrorismo. La venganza caviar fue atroz. De eso ya se encargará la historia.

El indulto es una facultad incuestionable del presidente y solo el odio y la estupidez puede motivar criticarlo y exigir su anulación. Es hora de pasar la página y superar el nefasto antifujimorismo alimentado por los sectores más cavernarios de este país.

viernes, 22 de diciembre de 2017

PPK se salva de la vacancia pero igual pierde


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Lo que hemos visto ayer durante la maratónica sesión del Congreso en que se desarrolló el debate por la vacancia del presidente Kuczynski, es la política en estado puro. Es decir, el juego de intereses de grupo y apetitos personales por el poder. Nada más que eso es la política. 

También hemos podido ver en funcionamiento la tan vapuleada institucionalidad democrática. Pese a la cantidad de bobos que salieron a hablar de "golpe", incluyendo el presidente y su abogado, todo lo que se ha visto ayer son los mecanismos básicos de la democracia. Claro que si hubiera ganado la vacancia, en estos momentos tendríamos las calles repletas de esos payasos fascistas que se llenan la boca hablando de la defensa de la institucionalidad democrática, pero que solo respetan los resultados que a ellos les gusta. 

Lo que hemos visto ayer ha sido el pulseo de poderes políticos dentro del juego democrático. Solo los tontos hablan de lucha contra la corrupción o defensa de la democracia. Hay que separar el discurso de la realidad. La gente suele decir cualquier cosa para ocultar sus intenciones. No caigamos en la trampa de la retórica. A nadie le interesa luchar contra la corrupción. Todos los grupos políticos están salpicados por la corrupción de una u otra manera. Aquellos que salen a gritar "caiga quien caiga" al final terminan negociando su voto. Todo lo que prima son intereses o, finalmente, odios.

El presidente Kuczynski al final ha sido salvado por el propio fujimorismo, ya que una facción decidió cambiar su voto, según dicen por órdenes del mismo Alberto Fujimori, pero en todo caso comandados por Kenji. Esto revela pues que PPK está dispuesto a todo por no ser vacado, incluso a llegar a la indignidad de negociar la libertad de un preso. Con esto queda claro que PPK aparte de ser un aprovechado lobbista que roza la corrupción, también es un miserable. Ha terminado al mismo nivel que los secuestradores que te llaman para pedirte un rescate para liberar a su víctima. No hay mejor prueba de que Alberto Fujimori es un preso político.

Queda claro también que PPK no ha podido demostrar ser inocente de los cargos que se le imputan. Se ha salvado de la vacancia no por ser inocente sino porque supo negociar y chantajear a los grupos políticos, y a ciertos personajes sinuosos que habrá que poner en el lente del microscopio para saber qué clase de sabandijas son. Desde luego, tampoco nos vamos a tragar los cuentos que profieren los payasos disfrazados de luchadores anticorrupción. Todos esos peleles que, como Yonhy Lescano, se pasan la vida posando como luchadores anticorrupción, han perdido la oportunidad de probarlo. Al final no son más que aprovechados y corruptos de poca monta.

Para ser francos, ha sido el fujimorismo el que ha dado una lección de democracia al respetar la Constitución y acatar el resultado del voto. Eso es la democracia: respeto a la ley, defensa de principios, denuncias, mociones, debates, acomodos, reacomodos, votación y respeto a los resultados. En cambio PPK acabó siendo el verdadero golpista al amenazar con hacer renunciar a sus vicepresidentes si lo vacan, incumpliendo claramente el mandato constitucional. Este chantaje es el que finalmente inclinó la balanza y cambió las intenciones de varios grupos, como Nuevo Perú, que al no tener nada que negociar o ganar, optaron por reafirmar sus odios al fujimorismo. 

El resultado final es que tenemos a un presidente magullado y con serias sospechas de corrupción, que no se han despejado por el voto de anoche. Todavía pesará sobre el la investigación fiscal. Es decir, tenemos de presidente a un político "investigado por la Fiscalía" y "denunciado por corrupción", como gustan decir los progres y caviares cuando se trata de sus enemigos políticos. Pero además de eso, tenemos un presidente que ha tenido la indecencia de chantajear al fujimorismo con la libertad de su líder histórico a cambio de sus votos.

Es lo que hay. Lo demás es cuento y poesía.

jueves, 11 de mayo de 2017

Fujimori y el pin pon de PPK


Alberto Fujimori es la figura política más importante de nuestro tiempo. De eso no cabe ninguna duda, aunque le arda al antifujimorismo patológico. La sola existencia de esta gente que dedica su vida a odiar a Fujimori lo confirma. Fujimori está todos los días en los medios para bien o para mal, y goza del reconocimiento y gratitud de muchos peruanos, que saben lo que Fujimori significó en los grandes cambios positivos que transformaron el Perú, del país inviable y miserable que era en 1990, hundido en el desastre socialista y el terrorismo de izquierdas, a estar en las riendas del desarrollo y la paz.

Hasta su muerte, en agosto de 1979, Víctor Raúl Haya de la Torre fue, sin ninguna duda, el personaje político más importante del siglo XX. Fundador del Apra, fue un factor determinante de la política nacional por varias décadas. Nunca llegó a la presidencia por los vetos de las FFAA y otros sectores, pero acabó sus días como presidente de la Asamblea Constituyente de 1979. Desde su desaparición nadie pudo ocupar su lugar hasta la llegada de Alberto Fujimori. Al igual que Haya, hoy Fujimori es al mismo tiempo querido y odiado, como corresponde a las grandes figuras políticas.

Todavía es temprano para aquilatar el tremendo impacto de Fujimori en los destinos del Perú a las puertas del siglo XXI. Aun quedan muchos rencores vivos, mucha miseria suelta, especialmente en los sectores de izquierda que se vieron más afectados por la política antiterrorista y liberal de Fujimori. Es obvio que los mayores odios hacia Fujimori vienen de la izquierda. Los partidos y colectivos de izquierda, las ONG de izquierda y todo militante de izquierda tiene al antifujimorismo rabioso como nueva religión y doctrina. Desde luego, no se debe a sus modernas preocupaciones por los derechos humanos, sino porque Fujimori representa el fin de sus largas aventuras violentistas, promovidas desde el triunfo de la revolución cubana, a principios de los años 60. El resto es pura pose y mascarada.

Más de tres décadas de lucha armada que se iniciaron con las guerrillas de Luis de la Puente Uceda en 1964, acabaron en 1997 con el aniquilamiento del último comando del MRTA, ocurrida tras la captura de la cúpula de Sendero Luminoso. Así, Alberto Fujimori liquidó los sueños de la izquierda de tomar el poder por las armas. Pero no solo eso, sino que Fujimori transformó radicalmente la estructura política y económica del país, desmantelando casi por completo el esquema socialistoide impuesto por Velasco Alvarado, que en dos décadas nos llevó a la ruina total. Por todo esto es que la izquierda nunca perdonará a Fujimori. Ya está demostrado que a la izquierda no le interesan ni los derechos humanos ni la corrupción. Al contrario, son expertos en violaciones de derechos humanos y en corrupción. Ya no pueden seguir usando ese pretexto ni ese disfraz para manifestar su odio enfermizo a Fujimori. 

Alberto Fujimori sigue vigente aunque esté preso y enfermo. Es parte de la agenda nacional, y la posibilidad de su indulto siempre está presente en la conciencia de la mayoría de peruanos. Hace poco que el presidente Pedro Pablo Kuczynski habló de "voltear la página" refiriéndose a Fujimori. ¿Qué quiso decir con esa frase? Todo el mundo entendió que se trataba del indulto. Sin embargo, luego se lavó las manos para tirarle la pelota al Congreso. En el Congreso, la mayoría fujimorista desechó un proyecto de ley que podría haber permitido que Fujimori cumpliera su pena en casa. Lo que el fujimorismo quiere, claramente, es el indulto o la revisión de su caso. Es decir, un nuevo juicio imparcial, y no la farsa jurídica montada por el juez César San Martín, quien lo condenó alevosamente por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, sin prueba alguna y recurriendo a una sucia maniobra jurídica. San Martín fue el ejecutor de la caviarada. Buscó la manera de sentenciar a Fujimori a la mayor pena posible por cualquier medio. 

Es una lástima que la cobardía de PPK pese más que el sentido de justicia histórica y el anhelo de las mayorías nacionales. PPK es un rehén de la caviarada. Al no tener partido ni fuerza en el Congreso, cree que aliarse con la izquierda es su salvación. Al parecer PPK piensa que su ridículo pacto con el club de infantes de "No a Keiko", es más importante que un acuerdo con el principal partido político del país, y mayoría absoluta en el Congreso. En respaldo a la negativa del indulto, han salido rojos de todos lados a engañar diciendo que es imposible porque Fujimori está condenado por lesa humanidad, lo cual es falso. En el colmo de la miseria, han dicho que Fujimori no califica para indulto humanitario. Lo que quieren es que caiga enfermo de gravedad para enviarlo a morir a su casa. Ese es el famoso "indulto humanitario" que están dispuestos a aceptar ciertos sectores que aun pueden llamarse "moderados" en el antifujimorismo patológico de la izquierda. 

La Constitución es simple y clara: el presidente está facultado para dar indultos sin condiciones. Que exista una ley para indultos ordinarios manejados por una comisión de burócratas es otra cosa. Eso no limita la potestad constitucional del presidente para indultar. El indulto es una figura política. Pero para usarla hay que tener coraje y un sentido de trascendencia histórica. PPK ha sido arrinconado por la jauría progre-caviar que salió a ladrarle profiriendo toda clase de mentiras contra del indulto. Conociendo el carácter pusilánime de PPK y sus compromisos con la caviarada, el indulto parece imposible. La historia juzgará la miseria de la política peruana.

sábado, 28 de mayo de 2016

¿A dónde fueron los seis mil millones?


Por: Jorge Moreli

Kuczynski, Vargas Llosa, Mercedes Aráoz y Avelino Guillén han vuelto en esta campaña a señalar sin ningún fundamento la supuesta desaparición de nada menos que seis mil millones de dólares durante el gobierno fujimorista. Es una falsedad monumental.

En el gobierno fujimorista 180 empresas estatales fueron privatizadas, y el Perú obtuvo por ellas 6,700 millones de dólares. Los concesionarios se comprometieron a invertir 8,000 millones de dólares adicionales en servicios que los peruanos requerían con urgencia.

El destino de los 6,700 millones fue el siguiente: 2,300 millones de dólares fueron a los programas sociales (1,200 de ellos específicamente a Foncodes, un programa reconocido internacionalmente por su pulcritud y eficiencia). Otros 2,300 millones fueron a las pensiones de los jubilados, a pagarle al Seguro Social la deuda que por años distintos gobiernos habían acumulado al tomar “prestados” recursos del Seguro para financiar gastos del presupuesto. Otros 1,100 millones fueron al pago de la deuda externa, para superar el aislamiento en que había quedado el Perú, sin crédito, al haber dejado de pagar por años la deuda antes incluso del famoso “perro muerto” del primer gobierno aprista. Finalmente, 1,000 millones fueron a la compra de armas después del conflicto del Cenepa, en el verano de 1995, con la mira puesta en ir a negociar desde una posición de fortaleza la indispensable paz con Ecuador, firmada en octubre de 1998.

Jorge Peschiera, ex negociador de la deuda externa del Perú, asombrado por la ligereza con que estos personajes acusan sin fundamento, ha buscado en las cuentas oficiales el destino de los recursos de la privatización y ha dado a conocer las cifras en un formidable artículo recientemente publicado por EXPRESO.

Señala Peschiera, además, la existencia de una prueba ácida, un testimonio por encima de toda sospecha. En junio de 2002 -siendo PPK ministro de Economía-, una comisión del Congreso presidida por Javier Diez Canseco -llamada Comisión Investigadora de Delitos Económicos y Financieros- examinó el tema a fondo. En su Informe Final, publicó la siguiente información del Ministerio de Economía: se destinaron 4,363 millones de dólares a financiar el Presupuesto Público a los largo de varios años sucesivos, y 2,087 millones a fondos estatales. Esto suma 6,450 millones que, más los intereses ganados y el saldo que quedó en el Fondo de Privatización, coinciden exactamente con lo que el Perú recibió por la venta de las 180 empresas estatales.

Es imposible que PPK y Aráoz, ex ministros de Economía ambos, desconozcan la realidad de estos hechos. Es por eso que nunca los denunciaron en su momento. Y es igualmente imposible que Guillén, quien fuera por entonces miembro de la fiscalía, no sepa de aquella investigación de la Comisión que no formuló jamás denuncia alguna.

Nunca desaparecieron esos seis mil millones de dólares. Como dice Peschiera en su artículo, la afirmación es falsa y quien la haga a sabiendas miente.

martes, 3 de noviembre de 2015

LO QUE NO TE CONTARON DE BARRIOS ALTOS



Escrito por: Elvis Occ

En otro aniversario más de la eliminacion de 15 individuos en Barrios Altos, es menester tomar en cuenta las declaraciónes del agente de inteligencia que infiltro la célula terrorista. Douglas Arteaga Pascual logro infiltrarse en Sendero Luminoso después de un paciente trabajo de varios años, haciéndose pasar por un vendedor ambulante. Increíblemente, fue sometido a un absurdo juicio por violación a los derechos humanos en el 2005 y eso a pesar que nunca integro el Grupo Colina.

En actas judiciales que registran los testimonios que brinda Arteaga a la 1ra Sala Penal Especial que en ese entonces presidia la vocal Inés Villa Bonilla, el agente declara que vivió tres años (1989-1991) en el solar del Jr. Huanta en Barrios Altos. Sendero Luminoso tenía su base en esa vieja quinta. Arteaga declara que su misión tenía por objetivo recoger información sobre la penetración terrorista en las ONGes y los partidos de izquierda, entre ellas el PUM de Javier Diez Canseco y Patria Roja.

En otra parte de sus declaraciones el agente de inteligencia Arteaga relata que Sendero Luminoso estableció una base en el Jr. Huanta para asesinar al vicepresidente de la república y presidente del Congreso, Máximo San Román. El plan era accionar una bomba a control remoto y volarlo en pedazos, aprovechando el hecho que siempre solía pasar por esa calle en un carro negro. La célula de Barrios Altos ya había usado la misma bomba a base de anfo contra el autobús que transportaba a los Húsares de Junín en 1989, donde hubo 6 muertos entre ellos un policía. Esto nunca fue aclarado.

En el ajusticiamiento de Barrios Altos, sobrevivió el senderista Tomas Libias Ortega, declaro el agente de inteligencia Arteaga, pero las ONGes defensoras de los DDHH lo presentaron como víctima inocente. Inclusive, dicho individuo participo como testigo de cargo en el juicio contra el expresidente Alberto Fujimori por los casos de la Cantuta y Barrios Altos. Curiosamnte y a pesar de las declaraciones del agente de inteligencia que infiltro a la célula senderista de Barrios Altos. La Sala Penal Suprema integrada entre ellos por Cesar San Martin, absolvió de toda sospecha de terrorismo a los implicados.

Como podemos ver, los ajusticiados en la quinta del Jr Huanta en Barrios Altos, eran integrantes de una celula terrorista entrenada para asesinar sin miramientos. Los Husares de Junin fueron sus victimas en 1989 y planeaban matar al vicepresidente de la republica. Un agente los infiltro y obtuvo informacion que hasta el dia de hoy las ONGes evitan contrastar y prefieren ensalzar a los terroristas como indefensos e inocentes victimas para provecho propio. Hoy no hay mucho que celebrar pero si harto que sincerar. Como dijera el autor de la nota "La historia secreta de la matanza de Barrios Altos": …han ocultado este tema, cubriéndolo con un manto de silencio cómplice e injusto. Si pues, es lo que no te contaron de Barrios Altos.

www.elvisocc.com

*https://victorrobles.wordpress.com/2009/10/13/la-historia-secreta-de-la-matanza-de-barrios-altos/


jueves, 6 de agosto de 2015

No monteen con gato


Escrito por: Elvis Occ 


Cuando no hay perro se montea con gato, es un dicho muy popular en Panamá. Mi padrastro lo decía mientras reemplazaba el perdido desarmador con alguna otra cosa parecida. Y es que Don Pedro había vivido en el país canalero por más de una década y en su retorno a Perú se trajo consigo –aparte de las fotos de sus admiradoras- algunos modismos caribeños. Yo por otro lado, me imaginaba al cazador en medio del bosque con un gato por ayuda y me parecía que el minúsculo felino en la vida podría reemplazar a un experimentado perro sabueso. Es que ni en los dibujos animados había visto un gato rastreando al Conejo de la Suerte.

En este país de antis, nunca hubo un verdadero partido de derecha, y reto a cualquier historiador o sociólogo a que me compruebe lo contrario, nunca. Todos los partidos políticos, desde la independencia de la corona española, fueron de una u otra manera de una familia, de una empresa o de algunos militares. El afán era preservar el statu quo sea este cual fuere. A comienzos del siglo XX asomo algo de fascismo y anarquismo, para después aparecer la izquierda en escena. Gente de derecha siempre hubo, poca o mucha pero siempre presente en las celebraciones del 28 de julio, en la procesión del Señor de los Milagros o en el espíritu mismo de exitosos inmigrantes italianos, japoneses o provincianos.

La izquierda nos está empujando a montear con gato. Esa formidable maquinaria mediática con la que cuentan (marxistas por convicción o prepago) nos quiere hacer creer que Keiko, PPK y Alan son la derecha. Cosa más lejana de lo exacto. El partido de Keiko, FP es personalista y solo busca liberar a Fujimori. PPK es el mercantilismo hecho carne y el APRA es de izquierda (potabilizada quizá) tanto que hasta figura como miembro en la Internacional Socialista. Algunos dirán, pero no se comportan como de izquierda, pero porque la ocasión no se los permite. Sin ideología de derecha, esos partidos son como cuerpo sin alma, zombis. Lo que se necesita en esta fase del milagro peruano son gobernantes de derecha, no gatos, ni desarmadores. Necesitamos sabuesos que rastreen el camino hacia el primer mundo. No caigamos en el juego de la izquierda para las elecciones del 2016.

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