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lunes, 14 de julio de 2014

Los hijos de Putin


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El presidente Ruso Vladimir Putin se dio una vueltecita por Latinoamérica para reunirse con toda su corte de nuevos socialistas del siglo XXI. Empezó con el ya antediluviano dictador comunista Fidel Castro y el heredero del trono cubano, su hermano Raúl. El periplo de Putin que se había iniciado en la isla de la fantasía de los hermanos Castro, finalizó en Brasil, luego de pasar por Nicaragua y Argentina. 

Así es como Putin inaugura una nueva era en las relaciones este-oeste. Su estrategia incluye un acto bastante simbólico y no menos penoso: la condonación de la exorbitante deuda que Cuba tenía con la URSS, la que asciende a la friolera de US$ 35 mil millones. Deuda que corresponde a los 35 años durante los cuales la Unión Soviética mantuvo a los cubanos como parásitos, y solo por su ubicación estratégica en el mapa. Por lo demás, se trata de una deuda que los rusos saben perfectamente que jamás podrán cobrar, considerando la situación de ruina en que se encuentra la isla administrada por los demenciales dictadores caribeños.

Después de la amarga experiencia con Cuba, es difícil que los rusos arriesguen nuevamente a perder tanto dinero por nada en esa miserable isla. De todos los acuerdos firmados entre ambos países solo parece real el que le permite a los rusos aprovechar los yacimientos de petroleo de la isla, posiblemente a cambio de la construcción de 4 turbinas eléctricas para paliar el grave déficit de energía que padece la isla. Los demás convenios son solo saludos a la bandera y hasta rayan en el ridículo, como el que compromete a ambos a no poner armas de destrucción masiva en el espacio. 

La siguiente etapa del tour ruso fue Nicaragua, donde un desaliñado Daniel Ortega no sabía si darle la mano o besarle los pies a Putin, no solo por ser el primer presidente ruso que visita Nicaragua sino porque Putin les regala 100 mil toneladas anuales de trigo, entre otras cosas menores, como buses. Así que la visita de una hora fue suficiente para que Daniel Ortega se sintiera honrado y más que satisfecho, feliz. Más aun cuando Putin le aseguró que las relaciones de Rusia con Nicaragua era muy estratégicas. Todo indica que el ex guerrillero sandinista no pudo dormir esa noche.

En Buenos Aires Putin fue recibido por una sonriente Cristina Fernández con toda su corte. A la cena de gala ofrecida en honor del visitante ruso estuvieron invitados José Mujica, Nicolás Maduro y Evo Morales pero solo se hizo presente el terrorista tupamaro. El cocalero boliviano y su colega, el chofer de combi de Caracas, decepcionaron con su ausencia y se perdieron el salmón ahumado y el cordero glaseado que se sirvió en la cena, aligerado con buen vino mendocino. 

A diferencia del siglo pasado, durante la Guerra Fría, cuando la URSS manipulaba a sus tontos útiles en Latinoamérica para hacer frente a los EEUU, creando focos guerrilleros y terroristas mientras los idiotas latinoamericanos creían en el cuento de la liberación de los pueblos, hoy Rusia procura solo mantener contentos a los delirantes socialistas del siglo XXI y conservarlos de su lado. Ya no alimenta con ideología barata las universidades ni envenena la mente de los jóvenes con boberías como la guerra popular. La nueva y moderna generación de idiotas latinoamericanos anda más desubicada en términos ideológicos, pero mantiene un odio instintivo a los EEUU y a todo lo que sea símbolo de poder. Es más una cuestión psicológica que los psicoanalistas deberían explicar.

Rusia ya ni siquiera promueve estupideces como el igualitarismo y el "nuevo orden económico mundial". Tanto Rusia como China han abrazado el capitalismo y solo les falta instaurar regímenes democráticos. Solo una secta de académicos retrasados y organismos internacionales manejados por burócratas tan idealistas como irresponsables, insisten en cuestiones económicas mezcladas con ideología, promoviendo temas líricos y progres como la desigualdad. Pero la manipulación ideológica y el mantenimiento de idiotas delirantes en la región ha dejado de ser la tarea primordial de los rusos. Eso es ahora asunto de ONGs.

A Putin le interesa mantener a los dementes del socialismo del siglo XXI como aliados. Le basta con pasarles la mano por el lomo para que se sientan contentos. Anda en busca de apoyos políticos para las maniobras rusas en Ucrania y su anexión de Crimea, entre otras que ya los socialistas de acá han estado apoyando. En buena cuenta Putin ha venido a agradecerles la sumisión gratuita pero sin hacer muchos compromisos. Letrinoamérica es todavía una región muy inestable en manos de estos chiflados autócratas, además de estar siguiendo la senda del fracaso socialista sin más remedio. Y Putin lo sabe. Camina despacio sacando el mayor provecho posible pero sin apostar fuerte.

jueves, 13 de febrero de 2014

Crisis social en Venezuela



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La situación en Venezuela se torna cada día más insostenible para el gobierno de Nicolás Maduro. Por un lado tiene el crítico panorama de la economía sumida en la inflación, la baja producción, el desempleo, el endeudamiento galopante, la escasez de productos básicos, todas ellas lógicas y naturales consecuencias de la estupidez socialista, empeñada en combatir a la empresa privada y controlar los precios y las divisas. Frente a esto emerge otro panorama oscuro, pues parece ser que ya se desató el descontento social con manifestaciones abiertas en las calles. Aunque por lo pronto se trata solo de jóvenes, cabe esperar que esta ola de indignación popular crezca, sobre todo si los líderes políticos de oposición saben dirigir a las masas. 

Como era de esperar, el régimen de Maduro y toda su camarilla de empleados chavistas en los medios oficiales, no se han demorado en llamar "ultraderecha fascista" a los jóvenes que protestan hartos de vivir en un país que se hunde cada vez más en la miseria y la crisis. Maduro y sus acólitos a sueldo ya hablan de intentos de golpe y hasta han llamado a los países vecinos a defender la democracia. Incapaces de reconocer algún grado mínimo de error y concederles un ápice de razón a los jóvenes manifestantes, Maduro y sus genios chavistas tampoco han tardado en señalar la mano negra de la CIA detrás de estas protestas, una acusación que ya es casi un acto reflejo de la izquierda latnioamericana. 

De inmediato han empezado a trabajar los agentes del chavismo como la fanática Eva Golinger, editora del meloso Correo del Orinoco, y se ha puesto en marcha toda la maquinaria progresista latinoamericana para salir en defensa del régimen socialista. Los parecidos con la asonada de abril del 2002 que culminaron en el fallido golpe de Estado a Hugo Chávez son ridículos. Hoy en Venezuela casi no existe prensa libre. La única emisora independiente fue acallada de inmediato para impedir que transmita imágenes de la protesta. Hoy en Latinoamérica existe una cofradía socialista, montada por Hugo Chávez con dinero de todos los venezolanos en la época dorada de los petrodólares. Pero además, luego de la experiencia del 2002, el chavismo supo asegurarse la sobrevivencia comprando a las FFAA y convirtiéndolas en las FFAA bolivarianas, es decir, chavistas. 

No seamos ingenuos. Los únicos que pueden dar un golpe de Estado son los militares. En Venezuela esto ya es imposible porque han sido comprados por el régimen. Desde la llegada de Hugo Chávez, cerca de dos mil militares han pasado por cargos públicos. Maduro aprendió las lecciones de Hugo Chávez en todos los terrenos. Desde su llegada al poder, hace ocho meses, Maduro ha nombrado a casi 400 militares en importantes cargos del gobierno, empezando por varios ministerios. A esto hay que sumarle los miles de militares que hoy están a cargo de las miles de empresas expropiadas por el chavismo en la última década. Pero a todo esto hay que añadirle la total y absoluta corrupción que en estos días existe en la milicia chavista. La corrupción militar va desde el contrabando hasta el narcotráfico sin que nadie se atreva a investigar. 

Así las cosas es imposible pensar en un golpe en Venezuela. ¿Qué queda? La represión. Nada más. Ya han sacado a las fuerzas del orden junto a sus cuerpos de sicarios chavistas conocidos como tupamaros, lumpen que se moviliza en motocicletas con los rostros cubiertos y disparando a mansalva. Se trata solo de uno de los varios grupos chavistas formados para defender la revolución, completamente financiados por fondos públicos a manera de programas sociales. Son organizaciones sociales conformadas a imagen y semejanza de las CDR cubanas, especializadas en el espionaje barrial, la delación, el bullying y, finalmente, el asesinato. Después de todo, en estos días, la vida en Venezuela no vale nada. Un muerto más a nadie le importa. Ese es el paraíso socialista al que aspira la izquierda latinoamericana.

Es difícil creer que un grupo de jóvenes ilusos logre detener la insanía mental del chavismo. Hay más de 4 millones de personas que dependen de la generosidad del Estado bolivariano. La Venezuela chavista es un país de novela ficción, tiene de tragedia, de comedia y mucho de estupidez humana. Ese mundo de ilusión y fantasía que Hugo Chávez montó gracias a la inesperada alza del petroleo, que de 9 dólares por barril al momento de su llegada al poder trepó hasta los 180 dólares por barril, no podía sostenerse eternamente. No solo el petroleo bajó sino que el mismo Hugo Chávez sucumbió al cáncer. La fabulosa fortuna que Venezuela obtuvo en la primera década de este siglo, no gracias al socialismo chavista sino al capitalismo que elevó los precios de las materias primas, fue estúpidamente dilapidada por el fantoche de Chávez que se creyó eterno y que se ocupó más en formar su propio imperio personal que en desarrollar su nación.

Hoy Venezuela es un país paralizado, irónicamente sin reservas, empeñado a la China y Rusia, dependiente de Cuba, sumido en la inflación, el desempleo y la escasez. La sociedad está harta de las colas y de la falta de futuro. Los que pudieron se largaron del país hace rato y formaron una colonia en Miami, al igual que los cubanos y argentinos. Así como existe la pequeña Habana que empezó en Brickell y hoy se extiende ya por toda la calle 8, así como la pequeña Haití en el NE de la Second Avenue, así como se formó en la última década la pequeña Argentina en Miami Beach, hoy existe ya la pequeña Venezuela en El Doral. Estas formaciones de inmigrantes son una señal clara de la decandencia de un país. Ocurrió también con los peruanos que emigraron en la década de los 80 y llegaron a Patterson en New York. 

La reacción internacional a la crisis de Venezuela no ha sorprendido en lo más mínimo. Los huérfanos de Chávez han salido a condenar la violencia callejera y a proclamar su apoyo a la democracia, es decir, al régimen de Maduro, aunque no es lo mismo. No se puede llamar democracia a un régimen en el que el partido de gobierno, el PSUV, controla con sus militantes a todos los poderes del Estado, incluyendo el Concejo Nacional Electoral, el Ministerio Público y el Tribunal Supremo de Justicia. Claro que todos estos rasgos de la democracia chavista no llaman la atención de los demócratas latinoamericanos, quienes incluso acuden a Cuba para firmar proclamas a favor de los derechos humanos. Tampoco la izquierda peruana ha tenido un ápice de honestidad para condenar en Venezuela todos los rasgos de autoritarismo y dictadura que no se cansan de condenar en el fujimorismo. 

Las protestas callejeras en Venezuela protagonizadas por los jóvenes, al margen de cualquier liderazgo político, son la última esperanza de la verdadera democracia latinoamericana y del pueblo venezolano. Es una llama que se ha prendido y que convendría mantenerla encendida hasta que incendie la pradera. Si las fuerzas legales e ilegales del régimen chavista logran acallarlas y apagar esa flama, ya nada podrá detener la locura socialista, salvo, claro la propia realidad, cuando todo finalmente colapse.

jueves, 30 de enero de 2014

Una payasada llamada CELAC


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Acaba de concluir la tercera cumbre de la CELAC desarrollada en Cuba. ¿Qué es la CELAC? Es otro de esos "organismos de integración" inventados por el difunto líder socialista Hugo Chávez tratando de montar su imperio personal y buscando eludir la influencia de los EEUU en la OEA. En los hechos, esta CELAC es una OEA sin EEUU y Canadá. Nada más ridículo. Pero la ridiculez, el absurdo y la estupidez son parte integrante de la mentalidad socialista. Así que nadie se sorprenda. Todo lo que uno puede leer en libros de política-ficción como "El otoño del patriarca" queda corto frente a la realidad del socialismo latinoamericano y de sus líderes.

Con soberbia razón el presidente Chileno Sebastián Piñera dijo en su discurso que en Latinoamérica hay más organismos de integración que países. Pese a toda esa ridícula exuberancia de organismos, cumbres presidenciales y declaraciones delirantes y pomposas que juran su apoyo a todas las causas nobles y justas, la integración sigue siendo un mito. No podemos llamar integración al parasitismo cubano que ha infectado Venezuela y a la que succiona desesperadamente para no morir de inanición. Tampoco era integración el intervencionismo de Hugo Chávez en varios países de la región en donde alentaba candidatos monigotes para ponerlos en la presidencia y sumarlos a su corte de ayayeros.

La CELAC es pues uno de esos organismos de fachada que Hugo Chávez pensaba utilizar para mandonear con su séquito de títeres. Hoy, muerto el loco ya no tienen mayor sentido. Pero desde luego nadie se atreverá a pedir la eliminación de un organismo por más inútil que sea y por más patético que resulte. No hay mayor muestra de incoherencia, por ejemplo, que reunir a la CELAC en Cuba y hablar de democracia, libertad y respeto a los derechos humanos. Para colmo, una serie de presidentes monigotes no han dudado en posar junto al tiranosaurio mayor Fidel Castro, fundador de la dictadura. Cristina Fernández incluso adelantó su viaje tres días para estar a su lado. ¿Puede haber mayor muestra de imbecilidad humana que la de ir a rendirle pleitesía a los dictadores más longevos de la historia?

El papel de Ollanta Humala ha sido el mismo que el de una polilla que cruza el recinto. Es decir, ninguno. Su discurso fue la misma cantaleta de la inclusión social y no pasó de mencionar algunos de sus relamidos programas sociales, repitiendo su delirante idea de que el Estado debe acompañar al individuo en cada etapa de su vida, desde que es un embrión hasta que se va a la tumba. Si hubiera dicho esto en un foro europeo, donde ya conocen las consecuencias nefastas de pensar así, lo hubieran mirado como lo que es: un auténtico idiota diciendo cojudeces. Pero ni siquiera en Cuba le hicieron caso.

Por su parte José Mujica, quien al menos calzó zapatos esta vez, encandiló a la progresía continental con sus cansinos lloriqueos contra la globalización, pretendiendo que la humanidad piense como debe ser, según su iluminada y ecuménica visión, y ya no como clase o nación. Igual que los nazis, los progres siguen soñando con crear un nuevo hombre. Su discurso es siempre el mismo. Nunca se ocupan de la realidad sino de sus sueños. Tal vez por eso Mujica suele generar en los jóvenes progres el mismo efecto que Justin Bieber en los adolescentes. 

En resumen, la cumbre de la CELAC no produjo nada. Luego de los aburridos discursos se leyó la declaración final donde desde el arranque la dictadura cubana se defiende pidiendo respeto a la diversidad de cada pueblo y su soberanía para montar el modelo político y económico que le venga en gana a sus dictadores, aunque genere pobreza, miseria y esclavitud. Nadie le preguntó a los dictadores cuándo iba a haber elecciones libres en Cuba, cuándo iba a haber libertad de expresión y respeto por los derechos más elementales de los seres humanos. Todos callaron y se retiran de la isla prisión sin siquiera oír a los disidentes, quienes fueron apaleados y escondidos a la vista de todos.

sábado, 25 de enero de 2014

La CELAC contra la Carta Democrática Americana


Por: Carlos Alberto Montaner

El general Raúl Castro es el presidente pro tempore de la Celac y todos han ido a La Habana, como los ratones tras la flauta de Hamelin, a celebrar una segunda cumbre.

¿A qué juegan los gobiernos de América Latina? Aparentemente, el primer objetivo del organismo, según declararan en su documento fundacional, es “reafirmar que la preservación de la democracia y de los valores democráticos, la vigencia de las instituciones y el Estado de Derecho, el compromiso con el respeto y la plena vigencia de todos los derechos humanos para todos, son objetivos esenciales de nuestros países”.

¿Qué entienden esta gente por democracia? Cuba, como les corresponde a los países desovados por la extinta URSS, es una vieja dictadura unipartidista de más de medio siglo, en la que no existen libertades individuales, ni se respetan los derechos humanos. Mientras se celebra la Celac, la policía política acosa y aporrea a las Damas de Blanco y a los demócratas de la oposición que se atreven a protestar. ¿Alguien lo ignora?

Raúl y su tropa estalinista no lo ocultan. Son brutal y orgullosamente francos. Tienen coartadas legales para fusilar o encarcelar. Defienden paladinamente ese modo de estabular a la sociedad y afirman que se trata del sistema más abierto, democrático y solidario de la historia. Ni siquiera admiten que torturan a los disidentes. Los opositores no son personas: son gusanos, escoria extirpable a culatazos por oponerse a la felicidad del pueblo y querer entregarle el país al imperialismo yanqui.

No hay una violación flagrante de las reglas. Las reglas lo permiten. No hay que “desaparecer” a los enemigos. Se les machaca públicamente. La Constitución, calcada del modelo soviético, le concede al Partido Comunista la facultad en exclusiva de organizar a la sociedad a su antojo. Ese bodrio legal ha sido refrendado por la inmensa mayoría. Los cubanos, como los norcoreanos o cualquier ciudadano aterrorizado, votan lo que les pongan delante mientras sueñan con una balsa. Todo y todos se subordinan a los fines del marxismo-leninismo y se prohíbe cualquier conducta que contradiga estos principios. El pasado, el presente y el futuro están atados y bien atados.

Y hay elecciones. Cada cierto tiempo, la dictadura, como sucedía en el bloque del Este en Europa, realiza unos comicios muy controlados para legitimar en el poder a unas autoridades que sirven como correa de transmisión a las iniciativas del Castro que esté al frente del manicomio cubano. Son los apparatchiks. Es la nomenclatura obediente y memoriosa. Un orfeón asombrosamente afinado que canta a capella las consignas del Partido.

Como era evidente que los comunistas habían construido un modelo político distinto (el del totalitarismo marxista-leninista), y reclamaban el derecho a una denominación de origen diferente, los defensores de la democracia liberal definieron el sistema político que ellos proponían en un documento vinculante llamado Carta Democrática Interamericana, firmado en Lima el 11 de septiembre de 2001.

Ahí están todos los elementos de fondo para el ejercicio real de la democracia republicana: elecciones libres y plurales, separación de poderes, libertades individuales, incluidas la de prensa y asociación, transparencia, neutralidad del Estado de Derecho, respeto, tolerancia. Era exactamente la antítesis del modelo impuesto por los Castro en Cuba. Lo contrario a lo que hoy condona e ignora la Celac.

Pero a los políticos latinoamericanos les importa un bledo decir una cosa en la Carta Democrática Interamericana y hacer otra muy distinta en los aquelarres organizados por Celac. Como en el famoso poema de Walt Whitman, repiten el “me contradigo, y qué”. Ahí estará en La Habana, incluso, el secretario general de la OEA, el señor José Miguel Insulza, quien debería ser el guardián de la Carta Democrática Interamericana, prueba viviente de que la esquizofrenia ideológica existe y es incurable.

Nada de esto, me temo, es nuevo. Uno de los rasgos más desagradables de muchos políticos latinoamericanos es la hipocresía. Tienen varios discursos. Varias caras. Dicen que son pragmáticos. No es verdad. Son cínicos. Durante décadas, los vecinos convivían en silencio con polvorientas dictaduras como las de Stroessner, Somoza o Trujillo.Ahora les importa muy poco lo que sucede en Cuba o Venezuela. Es el imperio de la inmundicia moral.

miércoles, 23 de octubre de 2013

El ocaso de las cumbres iberoamericanas


Por: Juan Gabriel Tokatlian - El Pais

Guadalajara en 1991 vivió el nacimiento de las cumbres iberoamericanas (CU); Veracruz en 2014 debiera ser el escenario de su ocaso: no hay suficientes razones válidas —salvo las que tienen que ver con las burocracias y las que hacen a los hábitos— para que estos encuentros continúen. Los argumentos pomposos para su existencia son, en esencia, falaces. Por ejemplo, se suele indicar que la suma de los PIB de los 22 países que constituyen los miembros plenos es superior a la de cualquier país del mundo, salvo Estados Unidos. Lo anterior no significa mucho pues ni las 22 naciones se han vinculado mediante un acuerdo profundo de integración económica ni han operado internacionalmente de manera similar en foros multilaterales. Algo semejante puede decirse acerca de sus generosos objetivos: los 23 encuentros efectuados hasta ahora han cubierto una agenda tan amplia y ambiciosa que no condice con el bajo compromiso efectivo de los países y la baja aplicabilidad de lo acordado. Ante la realidad de promesas imponentes y resultados magros se ha ampliado el número de observadores asociados. No sería extraño que como le ocurriera en su momento a la Unión Europea (UE) ante el dilema entre corregir y profundizar o desarreglar y expandir los miembros de las CU opten, como equívocamente lo hiciera la UE, por la segunda alternativa. Ello será el presagio de nuevas proclamas grandilocuentes y de mayores prioridades irrealizables.

Pero la improductividad de las Cumbres Iberoamericanas no tiene que ver con la intención o la voluntad de sus miembros. Hay motivos más hondos y fuerzas estructurales que mejora explican la situación. El mundo de comienzos de los noventa que conoció el surgimiento de las CU poco se parece al actual. Entre otros, el triunfo de Occidente era incuestionable y promisorio; la globalización de la época era sinónimo de prosperidad; y el dúo España-Portugal parecía el puente natural entre América Latina y Europa. Nada de ello está de pie de hoy: el power shifta favor de Asia y el Pacífico se acompaña de una elocuente resistencia de Estados Unidos y Europa a compartir poder e influencia con los poderes emergentes del Sur; la globalización imperante es percibida como epítome de inseguridad y vulnerabilidad por amplios segmentos en las sociedades centrales y periféricas; y nadie cree en las principales capitales latinoamericanas que su interlocución con la UE, con los países de la Zona euro y con los participantes europeos de la OTAN pase a través de Madrid y Lisboa. La decisión de españoles y portugueses de desmantelar sus Estados de bienestar en momentos en que, con diferentes modelos, la inmensa mayoría de los latinoamericanos intenta reconstruir y reconfigurar la relación Estado-sociedad-mercado añade una cuestión adicional: el diálogo político en las CU se ha tornado fútil. Y si a eso se agrega que en materia de la agenda más reciente (y acuciante) —medioambiente; inmigración; drogas ilícitas— no se han producido avances en las relaciones iberoamericanas, entonces no es sorprendente que el diálogo diplomático muestre señales de esclerosis.

Es evidente que siempre se podrá decir que tal o cual país, en el marco iberoamericano, es un socio estratégico, una contra-parte vital o un amigo ejemplar: la retórica nunca será escasa a ambos lados del Atlántico. Siempre se podrá argumentar asimismo que son los asuntos coyunturales menores los que parecen distanciar a las contra-partes iberoamericanas. Siempre se podrán registrar, también, provechosos negocios a ambos lados de Iberoamérica. Siempre se podrán invocar, además, los lazos culturales —más de antaño que del presente, de hecho—. Y siempre habrá burocracias prestas a reivindicar la relevancia recíproca entre los tres miembros europeos y los diecinueve miembros latinoamericanos de las CU. Nada de eso es insólito o negativo.

No obstante, una mirada y una lectura de más largo plazo ponen en evidencia los límites que tiene y tendrá lo iberoamericano. El tamaño de las transformaciones en Latinoamérica y Europa; las mutaciones de poder global y sus efectos para ambas regiones; la diversidad de opciones estratégicas disponibles para cada actor de Iberoamérica; entre otros, derivan en enfoques y alternativas diferenciadas entre los miembros europeos y latinoamericanos de las CU. Eso es lo novedoso y desafiante.

Por todo lo anterior quizás haya llegado el momento de clausurar el ciclo de las Cumbres Iberoamericanas. La decisión del reciente encuentro de Panamá de que a partir de 2014 las cumbres sean cada dos años en vez de anuales no es una solución a la irrelevancia y la inercia de las CU. En la próxima cita en Veracruz —la XXIV— debiera, con discreción y sin padecimiento, anunciar que las CU jugaron un papel meritorio en los albores de la Posguerra Fría y que el espíritu iberoamericano se seguirá manifestando en las cumbres entre América Latina y el Caribe y la UE. En breve, dicho eventual anuncio sería la expresión prudente de un modo de racionalizar, tanto por motivos políticos como materiales, el actual esquema de foros multilaterales. Eso, en sí mismo, sería un gran aporte iberoamericano al sistema mundial al poner de presente que ciertas estructuras institucionales no necesariamente debieran ser permanentes: la burocratización, el conservatismo y la rutina son fenómenos que conducen, más temprano que tarde, al descrédito y la ilegitimidad de algunos ámbitos internacionales.

Juan Gabriel Tokatlian es director del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella (Buenos Aires, Argentina).

lunes, 8 de julio de 2013

EL IMPERIO



Por Oscar Arias

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad. También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. ¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de siete años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000. 000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para sólo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer

domingo, 18 de noviembre de 2012

PRINCIPIOS DE LA NUEVA DERECHA




Espíritu de la Derecha Popular
Principios rectores de la Nueva Derecha

  • Creemos firmemente que la patria es de todos, tiene carácter confluyente y aleatorio porque constituye una coincidencia de vertientes políticas de origen y pensamiento únicos, sólidamente unidos por un mismo objetivo el cual es trabajar y luchar para hallar un método de solución a los problemas económicos, sociales y políticos tanto a nivel nacional, como también regional y distrital con resultados útiles y provechosos para todos.
  • Creemos en la protección y defensa del individuo como elemento único y básico del componente político y social y económico de la república. Por tanto su derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad privada, y a la seguridad, son inalienables e impostergables.
  • Creemos en el compromiso a promover y defender los derechos ancestrales de las distintas etnias, comunidades originarias y campesinas, alentando un ambiente de incorporación cultural, respetando sus usos y costumbres, mientras no afecten el desarrollo armonioso y equilibrado de la patria de todos pero en cambio contribuyan a enriquecerlo.
  • Creemos en el apoyo y promoción de las instituciones representativas de trabajadores, profesionales y empresarios como también las organizaciones indígenas, campesinas y de economía emprendedora.
  • Creemos que el uso racional y sostenible de los recursos naturales del cual dispone el país redundara en equilibrio ecológico y desarrollo económico respectivamente sin consecuencias negativas al medio ambiente.
  • Creemos en la deliberación, la concertación y la negociación política como instrumentos prácticos y útiles a disposición del estado pero con representaciones legítimas y reales.
  • Creemos en impulsar el liderazgo juvenil y su participación directa en los distintos procesos políticos, sociales y económicos que determinen los destinos del país por ser nuestro propósito la constante renovación de los cuadros técnicos y políticos del estado.
  • Creemos en el apoyo a la defensa irrestricta de los Derechos Humanos de todos los ciudadanos, sin distingos ni preferencia alguna.
  • Creemos en la promoción del modelo económico que se ajuste a las singulares particularidades del país, de manera práctica y útil pero también sin poner en peligro las funciones de un estado avizor. Tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea prudente.
  • Creemos con firmeza que programas de capacitación para fortalecer sus líderes y alimentar los cuadros tecnico-politicos son necesarios y vitales para una exitosa transición generacional.
  • Creemos en la celebración de un Congreso Mundial de Agrupaciones  pragmáticas con ideales de Derecha, donde se discuta y comparta experiencias afines que fortalezca a todos.
  • Creemos que la globalización es una oportunidad para el desarrollo económico, social y político de todos los que participen de ella.
  • Creemos en impulsar, en el marco de las relaciones internacionales, la integración regional, el respeto por la autodeterminación de los pueblos, la defensa de la independencia y la libertad.
  • Creemos en un régimen político que procure los medios legales y políticos para el desarrollo de un país de economía emergente
  • Creemos firmemente que una nación solo alcanzara su pleno desarrollo económico, social, cultural y político cuando se impongan lo mejor de los valores cívicos, éticos y patrióticos de  individuos y grupos tanto privados como públicos.
  • Creemos que las reconocidas instituciones civiles, militares y religiosas son las bases en las cuales se erigen las sociedades más justas, fuertes y avanzadas del mundo actual.              

  • Nueva Derecha Popular, Elvis Occ


    domingo, 19 de agosto de 2012

    LA DERECHA POPULAR LLEGO PARA QUEDARSE!








    Empezaremos por decir que el comunismo en su estreches mental y anegada de ideologías marxista-leninistas y maoísmo, divide el mundo en dos partes: explotadores y explotados. Lo que es aún peor, no existe salida alguna para los dizque explotados,  que la insurrección armada y la confiscación de los bienes del explotador. Los explotados, decían, serian los beneficiados. Corea del Norte y Cuba desdicen lo pregonado. Movilidad social, es un concepto marciano para ellos.

    El socialismo, con una variación de la estrategia, propuso asaltar el poder a través de los votos. Nacionalizar, estatizar o copar las más rentables compañías privadas  y poner en marcha un sistema de asistencialismo y subsidios ha sido su trademark indiscutible.

    Hasta que aparece la DERECHA POPULAR. Esa mayoría silenciosa que siempre ha existido pero que nunca ha sido reconocida como tal, pues era más provechoso -electoralmente hablando- llamarlos clase proletaria o “menos favorecidos”.  La DERECHA POPULAR está conformada por una variada gama de profesionales y emprendedores que en menos de una generación pueden migrar de una vida sin muchos apremios económicos a una de suntuosidad envidiable. El que hoy vende canchita, en una década podría tener su empresa de bocaditos y el hijo Ingeniero. Todo esto porque la economía peruana -con algunos sobresaltos-  va por buen camino aunado al individualismo emprendedor que nunca falto por estos lares.

    Esa DERECHA POPULAR, no está dispuesta a perder lo hasta hoy obtenido y cuidado que esa DERECHA POPULAR es mayormente joven, jóvenes que no han vivido los tiempos de penosa crisis económica y de terrorismo demencial. Estos jóvenes no solo quieren lo que hay, quieren más y están dispuestos a luchar por obtenerlo y por no perder lo ya ganado.

    La NUEVA DERECHA es el resultado del nuevo país que se está generando. La NUEVA DERECHA es la materialización política de una MAYORIA SILENCIOSA que optaba por el mal menor porque nunca vio un bien mejor. Así las cosas y a pesar de muchos, la NUEVA DERECHA no es lo que algunos picaros quisieran que sea y la DERECHA POPULAR por fin va hallando su voz, su rostro y su identidad política.  

    www.elvisocc.org