martes, 17 de febrero de 2026

Guillermo contra la realidad

 


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


Guillermo Junior Cari Contreras, candidato a diputado por la Alianza Electoral Venceremos, está en el ojo de la tormenta al protagonizar -una vez más- una accidentada manifestación en la que el personaje que se hace llamar “Gahela”, fue detenido por las fuerzas del orden. El hecho no sólo generó revuelo entre los miembros de su comunidad, sino que, hasta la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, se ha pronunciado al respecto calificando la intervención policial como arbitraria porque hizo uso desproporcionado de la fuerza.

Y aquí hay dos cosas que deben analizarse por separado. En primer lugar, habría que determinar si es que en verdad hubo un uso desproporcionado de la fuerza, porque las protestas en este país, no se caracterizan por ser pacíficas precisamente; y, en segundo lugar, lo que sí merece mucha más atención, es la intencionalidad de ciertos grupos por hacer ver esta intervención como una muestra de odio hace una persona que niega su biología y se proclama “transexual”.

En palabras de Mar Pérez, abogada de oficio de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, se trata de una detención violenta y cargada de “transfobia”, y en este punto es donde se hace imperativo separar la paja del trigo porque una intervención policial puede ser más o menos violenta de acuerdo a un contexto y a circunstancias que van desarrollándose al momento de la misma, pero lo que una intervención policial definitivamente no puede ser es “transfóbica” porque, para comenzar, la “transfobia” no existe. Es un invento que sólo tiene sentido en medio de un discurso político ya que la realidad nos dice otra cosa.

Una fobia es un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo intenso, irracional y persistente a algo. La acrofobia es el miedo a las alturas, la talasofobia es el miedo al mar, la claustrofobia es el miedo a los espacios cerrados; ¿y qué sería en este caso la “transfobia”? ¿Hablamos de una especie de miedo hacia las personas trans o algo que tenga que ver con ellas? Evidentemente no estamos hablando de un miedo, lo que podría existir y es muy subjetivo hablar en términos generales de ello, es una aversión hacia estas personas. Pueden existir personas que aborrecen a Guillermo y a su comunidad de la misma manera en que pueden existir que personas que aborrecen a un sacerdote y a la iglesia. Eso no es una fobia y si esto es racional o no, ya es materia de otra discusión.

Así como lo ocurrido con Johanna San Miguel y el linchamiento mediático que recibió por parte de la comunidad que ampara a Guillermo en su lucha psicótica en contra de su realidad, aquí lo importante es poner en evidencia que existe una intencionalidad detrás del discurso derechohumanista que pretender destruir la identidad natural de las personas para darles una falsa autoridad sobre lo que la biología, la genética y la fisiología, han determinado para cada uno. Esto no se trata de Guillermo contra la Policía del odio, afortunadamente no vivimos bajo el yugo del Estado Islámico que sí tiene un protocolo amparado en la Sharia, de cómo liquidar a cualquier persona que reniegue y manifieste alguna de las conductas que Guillermo suele hacer con bastante libertad en las plazas de Lima.

El credo de la “deconstrucción”, pensado en primer lugar para socavar la naturaleza y virtud de las mujeres bajo la excusa de la lucha contra el patriarcado en el Siglo XX, hoy pone a prueba el sentido común de nuestra sociedad. Guillermo, los colectivos que abrigan su negación de la realidad y diversas instituciones que instrumentalizan los derechos humanos para promocionar agendas políticas progresistas; no han hecho otra cosa que generar un sinfín de problemas en una juventud desprovista de una base moral que les permita discernir entre la realidad y la fantasía.

Si un hombre disfrazado de mujer quiere ingresar a un baño para damas de un centro comercial, lo más normal del mundo es que el personal de seguridad del establecimiento, lo retire sin consulta alguna. Si un “therian” que se percibe como perro va a un parque y hace sus necesidades donde juegan los niños, lo más normal del mundo es que el personal de serenazgo y/o la policía, lo aprendan sin miramientos. Ninguno de los casos se basa en el odio, es sentido común. De la misma manera que una persona que se percibe pelícano no puede volar, un hombre que se percibe mujer no puede embarazarse y dar a luz. La realidad no odia, la realidad educa.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda



martes, 10 de febrero de 2026

Bad Bunny, el buen salvaje latino


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


El Super Bowl, un mega evento que mueve miles de millones de dólares cada año, ha sido blanco de muchísimas opiniones en redes sociales, pero no por el triunfo del Seattle Seahawks sobre el New England Patriots, sino por la participación de Benito Martinez Ocasio, “cantante” de Puerto Rico más conocido en el mundo artístico como Bad Bunny. Una presentación que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha calificado como una de las peores de la historia, aunque también generó elogios por parte de medios, personalidades y políticos que vieron en su participación una especie de reivindicación latina en territorio estadounidense.

Entusiastas personajes de izquierda vieron un mensaje de igualdad y justicia, un desafío al imperio de los Estados Unidos, mostrando que el pueblo latino no sólo existe, sino que merece respeto y reconocimiento por lo que representa en América y el mundo. Al parecer, esta gente ha decidido pasar por alto que Bad Bunny es un producto exitoso del capitalismo, una mercancía consumida por millones y que ahora se ha convertido en símbolo de una resistencia “latina” contra el colonialismo, como vienen denunciando desde que Galeano les vendió el cuento de que América no fue descubierta sino saqueada, así como la explotación del norte rico sobre el sur pobre.

Y aquí el problema no está en que uno guste o no de la propuesta musical de Bad Bunny, ni siquiera estamos hablando de los graves problemas de entendimiento que tienen aquellos que han visto su presentación como un mensaje político y cultural en contra de los Estados Unidos; el problema está en lo que se pretende vender como el espíritu latino frente al mundo. Si analizamos el repertorio del “artista”, los valores que se promueven en sus canciones son contrarios al mundo occidental. La promoción de la promiscuidad como una virtud, la sexualización de las mujeres, la normalización de la vulgaridad, la instrumentalización de la violencia como forma de vida. Sus canciones no son otra cosa que un culto al aspecto más salvaje, vulgar y primitivo del ser humano.

De hecho, lo que ha pasado con Bad Bunny en este evento, demuestra que existe una intencionalidad clara para presentar al pueblo latino como un grupo de involucionados primarios que sólo piensan en la violencia y el sexo. El objetivo es acabar con la hispanidad, nuestra vastísima herencia cultural que se basa en más de dos mil años de historia y evolución del pensamiento, mientras que la propaganda busca enaltecer el instinto como marca identitaria de “los latinos”, vendiendo la subversión como resistencia. La agenda política es innegable: acabar con los valores occidentales que siguen siendo el bastión cultural que todavía resiste ante el avance de la agenda globalista en el mundo.

Si algún mensaje de unidad cultural se quiso dar en este evento, se eligió al peor representante posible. La descomposición moral que promueve Bad Bunny en la temática de sus canciones no es una expresión cultural, es un insulto a nuestra historia. La hispanidad es una herencia que viene desde el Siglo XVI y nada tenemos en común con el buen salvaje que buscan introducir como el nuevo sujeto de la revolución. Nosotros somos hispanos y nuestra cultura es la occidental. Hablar de latinos” y no de “hispanos”, no es un error inocente, es corrupción semántica que tiene un sentido político y cultural claro: socavar nuestra historia y despojarnos de nuestros verdaderos rasgos identitarios que vienen de Roma y Grecia.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.

lunes, 2 de febrero de 2026

La justicia social y el dogma de Montaigne


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


Hace ya algunas semanas, el señor López-Chau, candidato a la presidencia por el partido político Ahora Nación, de una tendencia contraria a la que nos ha dado años de estabilidad económica, ha manifestado su intención de disponer de los fondos que el Banco Central de Reserva custodia, gracias al desempeño excepcional de Julio Velarde al mando del directorio de esa entidad. A la par de López-Chau, el resto de candidatos de izquierda que también buscan fama como Ronald Atencio, Roberto Sánchez o Vladimir Cerrón, también ven con bastante apetito la posibilidad de meter las uñas en las reservas del país.

Si la tendencia que se viene dando termina por confirmarse, no deberíamos de preocuparnos porque ninguno de estos peligros para la vida económica, política y social del país, tiene opciones reales de pasar a segunda vuelta. Sin embargo, lo que nunca debemos de olvidar, es la naturaleza de este tipo de ideas porque durante muchísimo tiempo, tanto aquí como en todas partes en el mundo, la izquierda es la que se ha encargado de vendernos el cuento de que la riqueza es una especie de torta que hay que repartir entre todos para que nadie pase necesidad, esta es la famosa idea de la justicia social.

Esta idea suele tener popularidad porque apela a la moral, a los sentimientos. ¿Quién podría oponerse a que coman los pobres? Pero como en todo cuento, la realidad termina siendo muy diferente. A través de la retórica de la justicia social, lo único que se ha conseguido es multiplicar el número de pobres en cada nación donde se ha tratado de implementar. En Argentina, por ejemplo, el kirchnerismo gobernó 12 años bajo este credo y consiguió crear 5 millones de nuevos pobres. Y aquí no estamos hablando sólo de una política que no funciona, sino que tiene el mismo efecto de un medicamento adulterado porque termina generando mucho más daño que el que pretende solucionar.

Y como lo correcto cuando se evalúa alguna política pública, es juzgarla según sus resultados y no en base a sus intenciones, hay que decir que la única que ha mejorado ostentosamente su calidad de vida, ha sido la izquierda dirigente que ha pasado de tener una vida bastante normal a convertirse en los nuevos millonarios de la región. Las fortunas de las familias de Hugo Chavez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y de Fidel y Raúl Castro, demuestran que todo ese relato que se basaba en lo inmoral que era ser rico en medio de una sociedad pobre, no era más que hipocresía y falsa pose. Esa desconexión entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se pretende y lo que se consigue, está presente en todos los líderes de izquierda. Por aquí tenemos a cierta candidata que postula a diputada por la alianza política Venceremos, que mientras le habla de redistribución, impuestos a los ricos y justicia social a sus votantes que no pueden comer tres veces al día, vacaciona en Miami todos los años, tiene departamento de lujo y promueve la revolución desde un iPhone.

Incluso en el supuesto negado de que la justicia social haya tenido esos resultados debido a la corrupción de sus administradores, tenemos también una imposibilidad teórica si queremos analizarla desde la academia. Darle a cada quien según su necesidad es imposible porque las necesidades son infinitas, peor todavía si trasladamos esa visión pobre de Marx a estos tiempos donde el positivismo legal nos plantea que cualquier deseo de la especie humana, puede ser un derecho que luego se le puede reclamar al Estado.

Y esta es la naturaleza de la propuesta que las izquierdas hoy nos quieren vender como solución a los múltiples problemas que tenemos en el Perú. A la luz de los hechos, lo que verdaderamente debemos entender sobre la justicia social, es que ni es justicia porque nada de justo hay en quitarle cien monedas a Pablo para darle diez a Pedro, ni es social porque es la inmensa mayoría la que termina pagando las gollerías de la clase dirigente. El famoso Dogma de Montaigne que falazmente se aplicó al comercio, tiene muchísimo sentido en el mercado político, donde vemos que toda la riqueza de la dirigencia de izquierda, sí está construida sobre un saco de pobres.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda