Por: Erick Yonatan Flores Serrano*
Instituto Amagi - Huánuco
Hace ya algunas semanas, el señor López-Chau, candidato a la presidencia por el partido político Ahora Nación, de una tendencia contraria a la que nos ha dado años de estabilidad económica, ha manifestado su intención de disponer de los fondos que el Banco Central de Reserva custodia, gracias al desempeño excepcional de Julio Velarde al mando del directorio de esa entidad. A la par de López-Chau, el resto de candidatos de izquierda que también buscan fama como Ronald Atencio, Roberto Sánchez o Vladimir Cerrón, también ven con bastante apetito la posibilidad de meter las uñas en las reservas del país.
Si la tendencia que se viene dando termina por confirmarse, no deberíamos de preocuparnos porque ninguno de estos peligros para la vida económica, política y social del país, tiene opciones reales de pasar a segunda vuelta. Sin embargo, lo que nunca debemos de olvidar, es la naturaleza de este tipo de ideas porque durante muchísimo tiempo, tanto aquí como en todas partes en el mundo, la izquierda es la que se ha encargado de vendernos el cuento de que la riqueza es una especie de torta que hay que repartir entre todos para que nadie pase necesidad, esta es la famosa idea de la justicia social.
Esta idea suele tener popularidad porque apela a la moral, a los sentimientos. ¿Quién podría oponerse a que coman los pobres? Pero como en todo cuento, la realidad termina siendo muy diferente. A través de la retórica de la justicia social, lo único que se ha conseguido es multiplicar el número de pobres en cada nación donde se ha tratado de implementar. En Argentina, por ejemplo, el kirchnerismo gobernó 12 años bajo este credo y consiguió crear 5 millones de nuevos pobres. Y aquí no estamos hablando sólo de una política que no funciona, sino que tiene el mismo efecto de un medicamento adulterado porque termina generando mucho más daño que el que pretende solucionar.
Y como lo correcto cuando se evalúa alguna política pública, es juzgarla según sus resultados y no en base a sus intenciones, hay que decir que la única que ha mejorado ostentosamente su calidad de vida, ha sido la izquierda dirigente que ha pasado de tener una vida bastante normal a convertirse en los nuevos millonarios de la región. Las fortunas de las familias de Hugo Chavez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y de Fidel y Raúl Castro, demuestran que todo ese relato que se basaba en lo inmoral que era ser rico en medio de una sociedad pobre, no era más que hipocresía y falsa pose. Esa desconexión entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se pretende y lo que se consigue, está presente en todos los líderes de izquierda. Por aquí tenemos a cierta candidata que postula a diputada por la alianza política Venceremos, que mientras le habla de redistribución, impuestos a los ricos y justicia social a sus votantes que no pueden comer tres veces al día, vacaciona en Miami todos los años, tiene departamento de lujo y promueve la revolución desde un iPhone.
Incluso en el supuesto negado de que la justicia social haya tenido esos resultados debido a la corrupción de sus administradores, tenemos también una imposibilidad teórica si queremos analizarla desde la academia. Darle a cada quien según su necesidad es imposible porque las necesidades son infinitas, peor todavía si trasladamos esa visión pobre de Marx a estos tiempos donde el positivismo legal nos plantea que cualquier deseo de la especie humana, puede ser un derecho que luego se le puede reclamar al Estado.
Y esta es la naturaleza de la propuesta que las izquierdas hoy nos quieren vender como solución a los múltiples problemas que tenemos en el Perú. A la luz de los hechos, lo que verdaderamente debemos entender sobre la justicia social, es que ni es justicia porque nada de justo hay en quitarle cien monedas a Pablo para darle diez a Pedro, ni es social porque es la inmensa mayoría la que termina pagando las gollerías de la clase dirigente. El famoso Dogma de Montaigne que falazmente se aplicó al comercio, tiene muchísimo sentido en el mercado político, donde vemos que toda la riqueza de la dirigencia de izquierda, sí está construida sobre un saco de pobres.
*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda

