Por: Erick Yonatan Flores Serrano*
Instituto Amagi - Huánuco
Guillermo Junior Cari Contreras, candidato a diputado por la Alianza Electoral Venceremos, está en el ojo de la tormenta al protagonizar -una vez más- una accidentada manifestación en la que el personaje que se hace llamar “Gahela”, fue detenido por las fuerzas del orden. El hecho no sólo generó revuelo entre los miembros de su comunidad, sino que, hasta la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, se ha pronunciado al respecto calificando la intervención policial como arbitraria porque hizo uso desproporcionado de la fuerza.
Y aquí hay dos cosas que deben analizarse por separado. En primer lugar, habría que determinar si es que en verdad hubo un uso desproporcionado de la fuerza, porque las protestas en este país, no se caracterizan por ser pacíficas precisamente; y, en segundo lugar, lo que sí merece mucha más atención, es la intencionalidad de ciertos grupos por hacer ver esta intervención como una muestra de odio hace una persona que niega su biología y se proclama “transexual”.
En palabras de Mar Pérez, abogada de oficio de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, se trata de una detención violenta y cargada de “transfobia”, y en este punto es donde se hace imperativo separar la paja del trigo porque una intervención policial puede ser más o menos violenta de acuerdo a un contexto y a circunstancias que van desarrollándose al momento de la misma, pero lo que una intervención policial definitivamente no puede ser es “transfóbica” porque, para comenzar, la “transfobia” no existe. Es un invento que sólo tiene sentido en medio de un discurso político ya que la realidad nos dice otra cosa.
Una fobia es un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo intenso, irracional y persistente a algo. La acrofobia es el miedo a las alturas, la talasofobia es el miedo al mar, la claustrofobia es el miedo a los espacios cerrados; ¿y qué sería en este caso la “transfobia”? ¿Hablamos de una especie de miedo hacia las personas trans o algo que tenga que ver con ellas? Evidentemente no estamos hablando de un miedo, lo que podría existir y es muy subjetivo hablar en términos generales de ello, es una aversión hacia estas personas. Pueden existir personas que aborrecen a Guillermo y a su comunidad de la misma manera en que pueden existir que personas que aborrecen a un sacerdote y a la iglesia. Eso no es una fobia y si esto es racional o no, ya es materia de otra discusión.
Así como lo ocurrido con Johanna San Miguel y el linchamiento mediático que recibió por parte de la comunidad que ampara a Guillermo en su lucha psicótica en contra de su realidad, aquí lo importante es poner en evidencia que existe una intencionalidad detrás del discurso derechohumanista que pretender destruir la identidad natural de las personas para darles una falsa autoridad sobre lo que la biología, la genética y la fisiología, han determinado para cada uno. Esto no se trata de Guillermo contra la Policía del odio, afortunadamente no vivimos bajo el yugo del Estado Islámico que sí tiene un protocolo amparado en la Sharia, de cómo liquidar a cualquier persona que reniegue y manifieste alguna de las conductas que Guillermo suele hacer con bastante libertad en las plazas de Lima.
El credo de la “deconstrucción”, pensado en primer lugar para socavar la naturaleza y virtud de las mujeres bajo la excusa de la lucha contra el patriarcado en el Siglo XX, hoy pone a prueba el sentido común de nuestra sociedad. Guillermo, los colectivos que abrigan su negación de la realidad y diversas instituciones que instrumentalizan los derechos humanos para promocionar agendas políticas progresistas; no han hecho otra cosa que generar un sinfín de problemas en una juventud desprovista de una base moral que les permita discernir entre la realidad y la fantasía.
Si un hombre disfrazado de mujer quiere ingresar a un baño para damas de un centro comercial, lo más normal del mundo es que el personal de seguridad del establecimiento, lo retire sin consulta alguna. Si un “therian” que se percibe como perro va a un parque y hace sus necesidades donde juegan los niños, lo más normal del mundo es que el personal de serenazgo y/o la policía, lo aprendan sin miramientos. Ninguno de los casos se basa en el odio, es sentido común. De la misma manera que una persona que se percibe pelícano no puede volar, un hombre que se percibe mujer no puede embarazarse y dar a luz. La realidad no odia, la realidad educa.
*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda

