lunes, 2 de febrero de 2026

La justicia social y el dogma de Montaigne


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


Hace ya algunas semanas, el señor López-Chau, candidato a la presidencia por el partido político Ahora Nación, de una tendencia contraria a la que nos ha dado años de estabilidad económica, ha manifestado su intención de disponer de los fondos que el Banco Central de Reserva custodia, gracias al desempeño excepcional de Julio Velarde al mando del directorio de esa entidad. A la par de López-Chau, el resto de candidatos de izquierda que también buscan fama como Ronald Atencio, Roberto Sánchez o Vladimir Cerrón, también ven con bastante apetito la posibilidad de meter las uñas en las reservas del país.

Si la tendencia que se viene dando termina por confirmarse, no deberíamos de preocuparnos porque ninguno de estos peligros para la vida económica, política y social del país, tiene opciones reales de pasar a segunda vuelta. Sin embargo, lo que nunca debemos de olvidar, es la naturaleza de este tipo de ideas porque durante muchísimo tiempo, tanto aquí como en todas partes en el mundo, la izquierda es la que se ha encargado de vendernos el cuento de que la riqueza es una especie de torta que hay que repartir entre todos para que nadie pase necesidad, esta es la famosa idea de la justicia social.

Esta idea suele tener popularidad porque apela a la moral, a los sentimientos. ¿Quién podría oponerse a que coman los pobres? Pero como en todo cuento, la realidad termina siendo muy diferente. A través de la retórica de la justicia social, lo único que se ha conseguido es multiplicar el número de pobres en cada nación donde se ha tratado de implementar. En Argentina, por ejemplo, el kirchnerismo gobernó 12 años bajo este credo y consiguió crear 5 millones de nuevos pobres. Y aquí no estamos hablando sólo de una política que no funciona, sino que tiene el mismo efecto de un medicamento adulterado porque termina generando mucho más daño que el que pretende solucionar.

Y como lo correcto cuando se evalúa alguna política pública, es juzgarla según sus resultados y no en base a sus intenciones, hay que decir que la única que ha mejorado ostentosamente su calidad de vida, ha sido la izquierda dirigente que ha pasado de tener una vida bastante normal a convertirse en los nuevos millonarios de la región. Las fortunas de las familias de Hugo Chavez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y de Fidel y Raúl Castro, demuestran que todo ese relato que se basaba en lo inmoral que era ser rico en medio de una sociedad pobre, no era más que hipocresía y falsa pose. Esa desconexión entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se pretende y lo que se consigue, está presente en todos los líderes de izquierda. Por aquí tenemos a cierta candidata que postula a diputada por la alianza política Venceremos, que mientras le habla de redistribución, impuestos a los ricos y justicia social a sus votantes que no pueden comer tres veces al día, vacaciona en Miami todos los años, tiene departamento de lujo y promueve la revolución desde un iPhone.

Incluso en el supuesto negado de que la justicia social haya tenido esos resultados debido a la corrupción de sus administradores, tenemos también una imposibilidad teórica si queremos analizarla desde la academia. Darle a cada quien según su necesidad es imposible porque las necesidades son infinitas, peor todavía si trasladamos esa visión pobre de Marx a estos tiempos donde el positivismo legal nos plantea que cualquier deseo de la especie humana, puede ser un derecho que luego se le puede reclamar al Estado.

Y esta es la naturaleza de la propuesta que las izquierdas hoy nos quieren vender como solución a los múltiples problemas que tenemos en el Perú. A la luz de los hechos, lo que verdaderamente debemos entender sobre la justicia social, es que ni es justicia porque nada de justo hay en quitarle cien monedas a Pablo para darle diez a Pedro, ni es social porque es la inmensa mayoría la que termina pagando las gollerías de la clase dirigente. El famoso Dogma de Montaigne que falazmente se aplicó al comercio, tiene muchísimo sentido en el mercado político, donde vemos que toda la riqueza de la dirigencia de izquierda, sí está construida sobre un saco de pobres.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda




lunes, 26 de enero de 2026

Irán y el silencio que habla

 


Por Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco

El 28 de diciembre del 2025, iniciaban las protestas de la población iraní en contra del régimen teocrático que comanda el dictador y clérigo Ali Hoseini Jamenei desde el 1989. El alza de los precios de los productos de primera necesidad y también el desacuerdo con las políticas islámicas en general, fueron las razones que llevaron a la población a levantarse; lo que reclaman es una especie de alivio económico que les permita sortear la crisis y la expulsión de los ayatolás del poder que ostentan tras la revolución de 1979.

Con más de 40 mil víctimas mortales desde que la dictadura islámica pasó de una estrategia de prevención al iniciarse las protestas, a desplegar acciones letales el pasado 08 de enero; el silencio de buena parte del mundo llama mucho la atención. Es curioso que ninguna organización de derechos humanos, en el plano internacional se haya pronunciado al respecto. No hay banderitas de Irán en los perfiles de los activistas siempre “vigilantes” ante cualquier atropello contra de lo que llaman “pueblo”.

Extraña forma de defender los derechos humanos que tienen algunos. Un régimen que asesina a su propio pueblo debería ser condenado sin ambages, pero curiosamente la izquierda progresista calla de una manera sepulcral. Resulta paradójico que mientras lloran porque Estados Unidos le ha puesto fin a la narcodictadura venezolana encarcelando al criminal Nicolás Maduro, no hayan dicho absolutamente nada sobre las montañas de cadáveres que Jamenei y Pezeshkian provocan a diario, además de hospitales colapsados con heridos. La misma izquierda que acusa a Trump de reprimir las protestas en Estados Unidos denunciando la falta de proporcionalidad en la contención de los manifestantes, callan ante el gobierno de Irán que ha desplegado francotiradores en los techos para contener las protestas, movilizando blindados dispuestos a ametrallar civiles desarmados.

Vamos con más ejemplos. ¿Cómo puede ser posible que un delincuente y drogadicto como George Floyd, haya sido elevado a la inmerecida categoría de mártir mientras que Sahba Rashtian, una joven artista de tan solo 23 años, muerta tras ser alcanzada por las balas islámicas, no sea reconocida nada más que por su padre y su entorno más íntimo? Sin ir muy lejos, aquí en nuestro país, la izquierda convirtió en mártires a dos jóvenes prontuariados muertos en las trifulcas callejeras de una protesta salvaje a fines del 2020, mientras se enfrentaban a las fuerzas policiales.

Decía Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda durante Tercer Reich, que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Y esto es lo que la izquierda ha practicado en todas sus luchas desplegadas por el mundo. Sobre Cuba se inventaron el bloqueo económico y lo repitieron tanto que hoy mucha gente cree que la miseria de los cubanos fue planificada desde la Casa Blanca; cuando Cuba siempre tuvo tratos comerciales con todo el mundo y hasta le han condonado la deuda numerosos paises. Nunca hubo un bloqueo económico, lo que existió fue un embargo comercial, una sanción diplomática y judicial que el gobierno de los Estados Unidos le impuso al régimen de Fidel Castro tras la confiscación de miles de empresas y propiedades de ciudadanos norteamericanos en la isla.

Y este es el poder de los relatos y la propaganda. Quizá el caso más notorio que se conozca a día de hoy y que prueba el éxito de mentir sin escrúpulo, es que los estudiantes sienten vergüenza e indignación cuando se habla de Hitler, el fascismo y los muertos que lleva sobre sus espaldas; mientras que muchos de ellos ven con simpatía ser socialistas/comunistas y salir por las calles con remeras con el rostro del Che Guevara o con la hoz y el martillo, desconociendo la historia criminal de Mao, Lenin, Stalin, Pol Pot, Castro, Guevara y demás dictadores comunistas, quienes provocaron más de 100 millones de muertos en el siglo pasado.

¿Por qué el silencio de la izquierda frente a los muertos en Irán? Porque si lo denuncian se les cae el cuento. Durante años le han vendido al mundo la idea de que la raza humana tiene sólo un enemigo que es Estados Unidos. Tanto que han logrado tener mucho éxito en esta empresa. Pero hay algunos factores importantes a tener en cuenta y que explican por qué la izquierda es tan inmoral e hipócrita en este asunto. Los vientos de derecha que comienzan a soplar en todo el mundo poniendo nerviosos a los pocos gobernantes de izquierda que todavía quedan. La caída de Maduro y el fin del financiamiento de la dictadura cubana con petróleo venezolano, y sobre todo el papel de Donald Trump en Medio Oriente. Si Trump logra deshacerse de los ayatolás en Irán, la izquierda mundial se queda sin un gran aliado en su guerra contra los EEUU. Es por eso que su silencio ante la masacre en Irán, antes que una omisión torpe e inocente, es una declaración de intenciones.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.

lunes, 19 de enero de 2026

“Uyariy”... ¡también a los que no los quieren!

 


Por Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


El último 09 de enero, en las salas de cine del Perú, se estrenó la película documental “Uyariy”, término quechua que significa: “escuchar”. El documental se basa en los hechos violentos ocurridos en el sur, tras el ascenso al poder de Dina Boluarte debido a la vacancia de Pedro Castillo. Javier Corcuera, director de la cinta, busca generar conciencia sobre el estallido social desatado entre diciembre del 2022 y enero de 2023, fecha en que la extrema izquierda organizó las protestas que tuvieron un saldo de 72 muertos, 49 de ellos a causa de las balas policiales. Al margen de la intención del director, lo cierto es que la película duró muy poco en cartelera porque no tuvo la acogida esperada.

Si una película termina siendo un fracaso en taquilla, lo más natural del mundo es que salga de cartelera lo antes posible. Y ante este hecho, artistas activistas como Tatiana Astengo, Mónica Sánchez y otros personajes de la farándula política progresista, no perdieron el tiempo para salir a mostrar su “preocupación”, reclamando al gobierno por no existir apoyo suficiente del Estado a la “cultura” del cine nacional. No obstante, si tenemos en cuenta el historial de ambas señoras y las causas que suelen activarlas, veremos que no es el amor a la cultura o al cine nacional lo que motiva su reacción sino otras.

La película nos habla de una “tragedia”, nos muestra al gobierno peruano reprimiendo las protestas y, a través de una narrativa sesgada y dramática, proyecta el testimonio de los familiares de las víctimas, como la única voz válida que “debe” ser escuchada. Nada se dice sobre los delitos que cometían los manifestantes en las protestas, no hay ninguna mención al asalto al aeropuerto internacional Inca Manco Cápac de Juliaca, donde quemaron una tanqueta policial luego de atacar salvajemente a los efectivos policiales, hiriendo gravemente a varios. Debido a estos hechos violentos tuvieron que suspender los vuelos por varios días. Tampoco se mencionan las cuantiosas pérdidas que provocaron en Arequipa, donde las instalaciones de la empresa agrícola Danper fueron atacadas e incendiadas por los manifestantes pro Castillo. ¿Qué tenía que ver la empresa con esa protesta? Tampoco se habla de las comisarías incendiadas ni de los locales de la Sunat, Poder Judicial y el Ministerio Público incendiados con precisión estratégica. ¿Quiénes planificaron estos ataques? ¿Con qué finalidad? Y menos se dice una palabra sobre las víctimas de los manifestantes, como las dos gestantes que perdieron a sus bebés porque no pudieron atenderse debido a las protestas en Madre de Dios y La Libertad, solo por mencionar dos casos.

Lo que se vivió en el sur del país entre diciembre del 2022 y enero del 2023, fue puro terrorismo urbano. Las acciones hablan por sí mismas y nadie que tenga algo de criterio, puede negar que se trató de una asonada terrorista que buscaba capturar el poder, reponer a Pedro Castillo y quién sabe qué más. Por lo menos buscaban aislar el sur bloqueando carreteras y capturando aeropuertos en cuatro regiones. Ese era claramente el plan. ¿Quiénes lo planificaron, organizaron y financiaron? Nadie quiere investigarlo. Si analizamos a fondo cuál era la plataforma de lucha de ese entonces, vemos que las exigencias de los manifestantes no sólo giraban en torno a la renuncia de Dina Boluarte y la reposición de Pedro Castillo, sino también se exigía el cierre del Congreso y la instalación de una Asamblea Constituyente para que “el pueblo” redacte una nueva Constitución a la medida de los revoltosos. Es decir, nos salvamos de ser otra nefasta dictadura del socialismo del siglo XXI.

Otra de las cosas que ha dicho la comunidad de “actores” y “artistas” que gustan de hacer actividad política de cuando en cuando, es que la película no ha tenido el impacto que buscaba gracias a que las salas no les han dado el acceso en los mejores horarios, como si tuvieran la obligación de hacerlo por tratarse de los dramas que “sufren” y quieren vender como “conciencia social”. ¿No será, por el contrario, que la gente está harta de este tipo de contenidos? El título de la película nos llama a escuchar, y vendría bien que la farándula política progresista haga precisamente eso, escuchar a los que ya no les creemos el cuento.


*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.