Por: Erick Yonatan Flores Serrano*
Instituto Amagi - Huánuco
El Super Bowl, un mega evento que mueve miles de millones de dólares cada año, ha sido blanco de muchísimas opiniones en redes sociales, pero no por el triunfo del Seattle Seahawks sobre el New England Patriots, sino por la participación de Benito Martinez Ocasio, “cantante” de Puerto Rico más conocido en el mundo artístico como Bad Bunny. Una presentación que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha calificado como una de las peores de la historia, aunque también generó elogios por parte de medios, personalidades y políticos que vieron en su participación una especie de reivindicación latina en territorio estadounidense.
Entusiastas personajes de izquierda vieron un mensaje de igualdad y justicia, un desafío al imperio de los Estados Unidos, mostrando que el pueblo latino no sólo existe, sino que merece respeto y reconocimiento por lo que representa en América y el mundo. Al parecer, esta gente ha decidido pasar por alto que Bad Bunny es un producto exitoso del capitalismo, una mercancía consumida por millones y que ahora se ha convertido en símbolo de una resistencia “latina” contra el colonialismo, como vienen denunciando desde que Galeano les vendió el cuento de que América no fue descubierta sino saqueada, así como la explotación del norte rico sobre el sur pobre.
Y aquí el problema no está en que uno guste o no de la propuesta musical de Bad Bunny, ni siquiera estamos hablando de los graves problemas de entendimiento que tienen aquellos que han visto su presentación como un mensaje político y cultural en contra de los Estados Unidos; el problema está en lo que se pretende vender como el espíritu latino frente al mundo. Si analizamos el repertorio del “artista”, los valores que se promueven en sus canciones son contrarios al mundo occidental. La promoción de la promiscuidad como una virtud, la sexualización de las mujeres, la normalización de la vulgaridad, la instrumentalización de la violencia como forma de vida. Sus canciones no son otra cosa que un culto al aspecto más salvaje, vulgar y primitivo del ser humano.
De hecho, lo que ha pasado con Bad Bunny en este evento, demuestra que existe una intencionalidad clara para presentar al pueblo latino como un grupo de involucionados primarios que sólo piensan en la violencia y el sexo. El objetivo es acabar con la hispanidad, nuestra vastísima herencia cultural que se basa en más de dos mil años de historia y evolución del pensamiento, mientras que la propaganda busca enaltecer el instinto como marca identitaria de “los latinos”, vendiendo la subversión como resistencia. La agenda política es innegable: acabar con los valores occidentales que siguen siendo el bastión cultural que todavía resiste ante el avance de la agenda globalista en el mundo.
Si algún mensaje de unidad cultural se quiso dar en este evento, se eligió al peor representante posible. La descomposición moral que promueve Bad Bunny en la temática de sus canciones no es una expresión cultural, es un insulto a nuestra historia. La hispanidad es una herencia que viene desde el Siglo XVI y nada tenemos en común con el buen salvaje que buscan introducir como el nuevo sujeto de la revolución. Nosotros somos hispanos y nuestra cultura es la occidental. Hablar de latinos” y no de “hispanos”, no es un error inocente, es corrupción semántica que tiene un sentido político y cultural claro: socavar nuestra historia y despojarnos de nuestros verdaderos rasgos identitarios que vienen de Roma y Grecia.
*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.

