martes, 10 de febrero de 2026

Bad Bunny, el buen salvaje latino


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


El Super Bowl, un mega evento que mueve miles de millones de dólares cada año, ha sido blanco de muchísimas opiniones en redes sociales, pero no por el triunfo del Seattle Seahawks sobre el New England Patriots, sino por la participación de Benito Martinez Ocasio, “cantante” de Puerto Rico más conocido en el mundo artístico como Bad Bunny. Una presentación que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha calificado como una de las peores de la historia, aunque también generó elogios por parte de medios, personalidades y políticos que vieron en su participación una especie de reivindicación latina en territorio estadounidense.

Entusiastas personajes de izquierda vieron un mensaje de igualdad y justicia, un desafío al imperio de los Estados Unidos, mostrando que el pueblo latino no sólo existe, sino que merece respeto y reconocimiento por lo que representa en América y el mundo. Al parecer, esta gente ha decidido pasar por alto que Bad Bunny es un producto exitoso del capitalismo, una mercancía consumida por millones y que ahora se ha convertido en símbolo de una resistencia “latina” contra el colonialismo, como vienen denunciando desde que Galeano les vendió el cuento de que América no fue descubierta sino saqueada, así como la explotación del norte rico sobre el sur pobre.

Y aquí el problema no está en que uno guste o no de la propuesta musical de Bad Bunny, ni siquiera estamos hablando de los graves problemas de entendimiento que tienen aquellos que han visto su presentación como un mensaje político y cultural en contra de los Estados Unidos; el problema está en lo que se pretende vender como el espíritu latino frente al mundo. Si analizamos el repertorio del “artista”, los valores que se promueven en sus canciones son contrarios al mundo occidental. La promoción de la promiscuidad como una virtud, la sexualización de las mujeres, la normalización de la vulgaridad, la instrumentalización de la violencia como forma de vida. Sus canciones no son otra cosa que un culto al aspecto más salvaje, vulgar y primitivo del ser humano.

De hecho, lo que ha pasado con Bad Bunny en este evento, demuestra que existe una intencionalidad clara para presentar al pueblo latino como un grupo de involucionados primarios que sólo piensan en la violencia y el sexo. El objetivo es acabar con la hispanidad, nuestra vastísima herencia cultural que se basa en más de dos mil años de historia y evolución del pensamiento, mientras que la propaganda busca enaltecer el instinto como marca identitaria de “los latinos”, vendiendo la subversión como resistencia. La agenda política es innegable: acabar con los valores occidentales que siguen siendo el bastión cultural que todavía resiste ante el avance de la agenda globalista en el mundo.

Si algún mensaje de unidad cultural se quiso dar en este evento, se eligió al peor representante posible. La descomposición moral que promueve Bad Bunny en la temática de sus canciones no es una expresión cultural, es un insulto a nuestra historia. La hispanidad es una herencia que viene desde el Siglo XVI y nada tenemos en común con el buen salvaje que buscan introducir como el nuevo sujeto de la revolución. Nosotros somos hispanos y nuestra cultura es la occidental. Hablar de latinos” y no de “hispanos”, no es un error inocente, es corrupción semántica que tiene un sentido político y cultural claro: socavar nuestra historia y despojarnos de nuestros verdaderos rasgos identitarios que vienen de Roma y Grecia.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.

lunes, 2 de febrero de 2026

La justicia social y el dogma de Montaigne


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


Hace ya algunas semanas, el señor López-Chau, candidato a la presidencia por el partido político Ahora Nación, de una tendencia contraria a la que nos ha dado años de estabilidad económica, ha manifestado su intención de disponer de los fondos que el Banco Central de Reserva custodia, gracias al desempeño excepcional de Julio Velarde al mando del directorio de esa entidad. A la par de López-Chau, el resto de candidatos de izquierda que también buscan fama como Ronald Atencio, Roberto Sánchez o Vladimir Cerrón, también ven con bastante apetito la posibilidad de meter las uñas en las reservas del país.

Si la tendencia que se viene dando termina por confirmarse, no deberíamos de preocuparnos porque ninguno de estos peligros para la vida económica, política y social del país, tiene opciones reales de pasar a segunda vuelta. Sin embargo, lo que nunca debemos de olvidar, es la naturaleza de este tipo de ideas porque durante muchísimo tiempo, tanto aquí como en todas partes en el mundo, la izquierda es la que se ha encargado de vendernos el cuento de que la riqueza es una especie de torta que hay que repartir entre todos para que nadie pase necesidad, esta es la famosa idea de la justicia social.

Esta idea suele tener popularidad porque apela a la moral, a los sentimientos. ¿Quién podría oponerse a que coman los pobres? Pero como en todo cuento, la realidad termina siendo muy diferente. A través de la retórica de la justicia social, lo único que se ha conseguido es multiplicar el número de pobres en cada nación donde se ha tratado de implementar. En Argentina, por ejemplo, el kirchnerismo gobernó 12 años bajo este credo y consiguió crear 5 millones de nuevos pobres. Y aquí no estamos hablando sólo de una política que no funciona, sino que tiene el mismo efecto de un medicamento adulterado porque termina generando mucho más daño que el que pretende solucionar.

Y como lo correcto cuando se evalúa alguna política pública, es juzgarla según sus resultados y no en base a sus intenciones, hay que decir que la única que ha mejorado ostentosamente su calidad de vida, ha sido la izquierda dirigente que ha pasado de tener una vida bastante normal a convertirse en los nuevos millonarios de la región. Las fortunas de las familias de Hugo Chavez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y de Fidel y Raúl Castro, demuestran que todo ese relato que se basaba en lo inmoral que era ser rico en medio de una sociedad pobre, no era más que hipocresía y falsa pose. Esa desconexión entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se pretende y lo que se consigue, está presente en todos los líderes de izquierda. Por aquí tenemos a cierta candidata que postula a diputada por la alianza política Venceremos, que mientras le habla de redistribución, impuestos a los ricos y justicia social a sus votantes que no pueden comer tres veces al día, vacaciona en Miami todos los años, tiene departamento de lujo y promueve la revolución desde un iPhone.

Incluso en el supuesto negado de que la justicia social haya tenido esos resultados debido a la corrupción de sus administradores, tenemos también una imposibilidad teórica si queremos analizarla desde la academia. Darle a cada quien según su necesidad es imposible porque las necesidades son infinitas, peor todavía si trasladamos esa visión pobre de Marx a estos tiempos donde el positivismo legal nos plantea que cualquier deseo de la especie humana, puede ser un derecho que luego se le puede reclamar al Estado.

Y esta es la naturaleza de la propuesta que las izquierdas hoy nos quieren vender como solución a los múltiples problemas que tenemos en el Perú. A la luz de los hechos, lo que verdaderamente debemos entender sobre la justicia social, es que ni es justicia porque nada de justo hay en quitarle cien monedas a Pablo para darle diez a Pedro, ni es social porque es la inmensa mayoría la que termina pagando las gollerías de la clase dirigente. El famoso Dogma de Montaigne que falazmente se aplicó al comercio, tiene muchísimo sentido en el mercado político, donde vemos que toda la riqueza de la dirigencia de izquierda, sí está construida sobre un saco de pobres.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda




lunes, 26 de enero de 2026

Irán y el silencio que habla

 


Por Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco

El 28 de diciembre del 2025, iniciaban las protestas de la población iraní en contra del régimen teocrático que comanda el dictador y clérigo Ali Hoseini Jamenei desde el 1989. El alza de los precios de los productos de primera necesidad y también el desacuerdo con las políticas islámicas en general, fueron las razones que llevaron a la población a levantarse; lo que reclaman es una especie de alivio económico que les permita sortear la crisis y la expulsión de los ayatolás del poder que ostentan tras la revolución de 1979.

Con más de 40 mil víctimas mortales desde que la dictadura islámica pasó de una estrategia de prevención al iniciarse las protestas, a desplegar acciones letales el pasado 08 de enero; el silencio de buena parte del mundo llama mucho la atención. Es curioso que ninguna organización de derechos humanos, en el plano internacional se haya pronunciado al respecto. No hay banderitas de Irán en los perfiles de los activistas siempre “vigilantes” ante cualquier atropello contra de lo que llaman “pueblo”.

Extraña forma de defender los derechos humanos que tienen algunos. Un régimen que asesina a su propio pueblo debería ser condenado sin ambages, pero curiosamente la izquierda progresista calla de una manera sepulcral. Resulta paradójico que mientras lloran porque Estados Unidos le ha puesto fin a la narcodictadura venezolana encarcelando al criminal Nicolás Maduro, no hayan dicho absolutamente nada sobre las montañas de cadáveres que Jamenei y Pezeshkian provocan a diario, además de hospitales colapsados con heridos. La misma izquierda que acusa a Trump de reprimir las protestas en Estados Unidos denunciando la falta de proporcionalidad en la contención de los manifestantes, callan ante el gobierno de Irán que ha desplegado francotiradores en los techos para contener las protestas, movilizando blindados dispuestos a ametrallar civiles desarmados.

Vamos con más ejemplos. ¿Cómo puede ser posible que un delincuente y drogadicto como George Floyd, haya sido elevado a la inmerecida categoría de mártir mientras que Sahba Rashtian, una joven artista de tan solo 23 años, muerta tras ser alcanzada por las balas islámicas, no sea reconocida nada más que por su padre y su entorno más íntimo? Sin ir muy lejos, aquí en nuestro país, la izquierda convirtió en mártires a dos jóvenes prontuariados muertos en las trifulcas callejeras de una protesta salvaje a fines del 2020, mientras se enfrentaban a las fuerzas policiales.

Decía Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda durante Tercer Reich, que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Y esto es lo que la izquierda ha practicado en todas sus luchas desplegadas por el mundo. Sobre Cuba se inventaron el bloqueo económico y lo repitieron tanto que hoy mucha gente cree que la miseria de los cubanos fue planificada desde la Casa Blanca; cuando Cuba siempre tuvo tratos comerciales con todo el mundo y hasta le han condonado la deuda numerosos paises. Nunca hubo un bloqueo económico, lo que existió fue un embargo comercial, una sanción diplomática y judicial que el gobierno de los Estados Unidos le impuso al régimen de Fidel Castro tras la confiscación de miles de empresas y propiedades de ciudadanos norteamericanos en la isla.

Y este es el poder de los relatos y la propaganda. Quizá el caso más notorio que se conozca a día de hoy y que prueba el éxito de mentir sin escrúpulo, es que los estudiantes sienten vergüenza e indignación cuando se habla de Hitler, el fascismo y los muertos que lleva sobre sus espaldas; mientras que muchos de ellos ven con simpatía ser socialistas/comunistas y salir por las calles con remeras con el rostro del Che Guevara o con la hoz y el martillo, desconociendo la historia criminal de Mao, Lenin, Stalin, Pol Pot, Castro, Guevara y demás dictadores comunistas, quienes provocaron más de 100 millones de muertos en el siglo pasado.

¿Por qué el silencio de la izquierda frente a los muertos en Irán? Porque si lo denuncian se les cae el cuento. Durante años le han vendido al mundo la idea de que la raza humana tiene sólo un enemigo que es Estados Unidos. Tanto que han logrado tener mucho éxito en esta empresa. Pero hay algunos factores importantes a tener en cuenta y que explican por qué la izquierda es tan inmoral e hipócrita en este asunto. Los vientos de derecha que comienzan a soplar en todo el mundo poniendo nerviosos a los pocos gobernantes de izquierda que todavía quedan. La caída de Maduro y el fin del financiamiento de la dictadura cubana con petróleo venezolano, y sobre todo el papel de Donald Trump en Medio Oriente. Si Trump logra deshacerse de los ayatolás en Irán, la izquierda mundial se queda sin un gran aliado en su guerra contra los EEUU. Es por eso que su silencio ante la masacre en Irán, antes que una omisión torpe e inocente, es una declaración de intenciones.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.