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lunes, 2 de febrero de 2026

La justicia social y el dogma de Montaigne


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


Hace ya algunas semanas, el señor López-Chau, candidato a la presidencia por el partido político Ahora Nación, de una tendencia contraria a la que nos ha dado años de estabilidad económica, ha manifestado su intención de disponer de los fondos que el Banco Central de Reserva custodia, gracias al desempeño excepcional de Julio Velarde al mando del directorio de esa entidad. A la par de López-Chau, el resto de candidatos de izquierda que también buscan fama como Ronald Atencio, Roberto Sánchez o Vladimir Cerrón, también ven con bastante apetito la posibilidad de meter las uñas en las reservas del país.

Si la tendencia que se viene dando termina por confirmarse, no deberíamos de preocuparnos porque ninguno de estos peligros para la vida económica, política y social del país, tiene opciones reales de pasar a segunda vuelta. Sin embargo, lo que nunca debemos de olvidar, es la naturaleza de este tipo de ideas porque durante muchísimo tiempo, tanto aquí como en todas partes en el mundo, la izquierda es la que se ha encargado de vendernos el cuento de que la riqueza es una especie de torta que hay que repartir entre todos para que nadie pase necesidad, esta es la famosa idea de la justicia social.

Esta idea suele tener popularidad porque apela a la moral, a los sentimientos. ¿Quién podría oponerse a que coman los pobres? Pero como en todo cuento, la realidad termina siendo muy diferente. A través de la retórica de la justicia social, lo único que se ha conseguido es multiplicar el número de pobres en cada nación donde se ha tratado de implementar. En Argentina, por ejemplo, el kirchnerismo gobernó 12 años bajo este credo y consiguió crear 5 millones de nuevos pobres. Y aquí no estamos hablando sólo de una política que no funciona, sino que tiene el mismo efecto de un medicamento adulterado porque termina generando mucho más daño que el que pretende solucionar.

Y como lo correcto cuando se evalúa alguna política pública, es juzgarla según sus resultados y no en base a sus intenciones, hay que decir que la única que ha mejorado ostentosamente su calidad de vida, ha sido la izquierda dirigente que ha pasado de tener una vida bastante normal a convertirse en los nuevos millonarios de la región. Las fortunas de las familias de Hugo Chavez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y de Fidel y Raúl Castro, demuestran que todo ese relato que se basaba en lo inmoral que era ser rico en medio de una sociedad pobre, no era más que hipocresía y falsa pose. Esa desconexión entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se pretende y lo que se consigue, está presente en todos los líderes de izquierda. Por aquí tenemos a cierta candidata que postula a diputada por la alianza política Venceremos, que mientras le habla de redistribución, impuestos a los ricos y justicia social a sus votantes que no pueden comer tres veces al día, vacaciona en Miami todos los años, tiene departamento de lujo y promueve la revolución desde un iPhone.

Incluso en el supuesto negado de que la justicia social haya tenido esos resultados debido a la corrupción de sus administradores, tenemos también una imposibilidad teórica si queremos analizarla desde la academia. Darle a cada quien según su necesidad es imposible porque las necesidades son infinitas, peor todavía si trasladamos esa visión pobre de Marx a estos tiempos donde el positivismo legal nos plantea que cualquier deseo de la especie humana, puede ser un derecho que luego se le puede reclamar al Estado.

Y esta es la naturaleza de la propuesta que las izquierdas hoy nos quieren vender como solución a los múltiples problemas que tenemos en el Perú. A la luz de los hechos, lo que verdaderamente debemos entender sobre la justicia social, es que ni es justicia porque nada de justo hay en quitarle cien monedas a Pablo para darle diez a Pedro, ni es social porque es la inmensa mayoría la que termina pagando las gollerías de la clase dirigente. El famoso Dogma de Montaigne que falazmente se aplicó al comercio, tiene muchísimo sentido en el mercado político, donde vemos que toda la riqueza de la dirigencia de izquierda, sí está construida sobre un saco de pobres.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda




lunes, 13 de enero de 2020

La previa electoral


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A partir de lo visto en los recientes debates y presentaciones de los candidatos al Congreso, resulta evidente que no tendremos un Congreso mejor que el anterior. Incluso parece que puede ser mucho peor en cuanto a calidad de personas. Y esto es obvio porque el país sigue siendo el mismo, los electores son los mismos y los partidos son los mismos, incluyendo los llamados "nuevos" partidos que presentan a los mismos políticos de siempre. ¿Qué ha cambiado para que el nuevo Congreso sea mejor? Absolutamente nada.

Cada vez queda más claro que la disolución del Congreso obedeció a intereses subalternos. Fue un acto desesperado para evitar que se cambiara al TC antes de que viera la causa de Keiko Fujimori. La reacción apresurada del Ejecutivo al ver que el Congreso se aprestaba a elegir a los nuevos miembros del TC puso en evidencia cuál era su verdadero interés. Pero también es cierto que Vizcarra venía ya buscando excusas para cerrar el Congreso al presentar mociones de confianza a tontas y locas. Su enfrentamiento con el Congreso fue su única estrategia para ganarse a las calles. 

Son falsos pues esos cuentos del "Congreso obstruccionista" pues se demostró que no obstruyó ni un solo proyecto del Ejecutivo, salvo el absurdo adelanto de elecciones que Vizcarra planteó de manera majadera y sin consulta previa en su discurso de Fiestas Patrias, rememorando viejas épocas en que los mensajes presidenciales de 28 de julio estaban llenos de sorpresas que remecían a la nación. Lo de Vizcarra siempre fue la búsqueda del show con efecto mediático, utilizando al Congreso como su piñata para el regocijo de las masas embrutecidas por la prensa.

La disolución del Congreso fue un acto inconstitucional, como lo han advertido diversos y muy serios constitucionalistas de variadas tendencias. Ya pronto se verá en el TC el veredicto final sobre esta felonía perpetrada por Vizcarra, de quien sí podemos decir que es el peor gobierno de los últimos 20 años. Su famoso "gabinete paritario" es el peor que se recuerde en cuanto a calidad de personas. Tan malo es que sus ministros han tenido que renunciar solos sin que haya Congreso que los censure. Y aun así quedan personajes impresentables que dan vergüenza en sus expresiones y que han tenido que ser desautorizados por el premier o el propio presidente.

En resumen podemos decir que se le ha hecho perder al país dos años y 300 millones de soles en vano. Solo para defender al TC que le conviene a la mafia caviar. La campaña muestra el descaro de personajes que luego de votar por la no reelección de congresistas y pedir el cierre del Congreso, hoy vuelven a postular con total desparpajo cobijados en nuevos vientres de alquiler. Esperemos que el electarado no elija a esos impresentables trepadores y comodines. Al menos queda claro quiénes son los que irán a blindar al gobierno golpista y defender a los fiscales de la mafia IDL-Odebrecht. 

domingo, 18 de agosto de 2019

Un presidente bananero


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La última ocurrencia de Vizcarra es el adelanto de elecciones. Cada vez que habla en el Congreso saca un conejo de su sombrero para cambiarle la agenda al país con reformas que son pura basura. El año pasado fue su mamarracho de reforma constitucional que impuso con majadería invocando la cuestión de confianza y hasta referendum. Lo hizo haciendo alarde de su verborrea y demagogia barata, y apelando al sambenito de la lucha contra la corrupción, un refrito que ha resultado ser muy eficaz para toda clase de politiqueros en los últimos 20 años. 

En las pasadas Fiestas Patrias Vizcarra leyó un somnífero mensaje a la nación, donde no tuvo nada que mostrar en su año de gestión, pero lo maquilló prometiendo grandiosas políticas públicas, para terminar con su típica jugada de matón de barrio, pechando al Congreso, del cual dijo que ya no representa a los peruanos. Como si él representara a alguien. Las encuestas no son referentes democráticos ni legales. Un payaso puede ser muy popular pero eso no significa que represente a los peruanos. 

La última payasada de Vizcarra fue proponer el adelanto de elecciones, según dijo, porque no hay otra forma de superar la crisis. ¿Cuál crisis? La que él mismo había estado generando durante todo el tiempo en que tuvo el cargo de presidente, es decir, el conflicto con el Congreso. Su excusa puntual fue que no se había respetado la esencia de sus propuestas de reforma constitucional y que el Congreso había "saboteado" el sentir popular al defender la inmunidad parlamentaria. Aunque parezca mentira, esos fueron sus argumentos. Una vergüenza realmente.

La pataleta de Vizcarra se produce entonces porque no le dan gusto en las reformas que él quiere y como él las quiere. En consecuencia, hay una crisis de gobernabilidad, según él. ¿Necesita el gobierno reformar la inmunidad parlamentaria para seguir gobernando el país? ¿Desde cuándo eso es un asunto que afecta la gobernabilidad? Realmente hasta como excusa suena bastante estúpido. Todo lo que deja en claro esta actitud de Vizcarra es que se trata de un sujeto sumamente limitado, que no sabe lo que es la democracia ni el Estado de Derecho ni el respeto a las instituciones. Es un patán en todos sus aspectos.

El Congreso, le guste o no a Vizcarra, es el primer poder del Estado y surge del voto popular. Allí están representadas todas las tendencias políticas y regiones del país. Que haya una mayoría que no le agrada a él y a los comunistas, no le quita su valor democrático ni su legalidad institucional. Lo que debería aprender Vizcarra es a respetar al Congreso. En última instancia, puede desentenderse del Congreso y dedicarse a gobernar sin necesidad de estar armando un pleito cada cierto tiempo, cuando baja su popularidad en las encuestas.

En este momento, las únicas bases de Vizcarra son los comunistas del Frente Amplio y Nuevo Perú, las cloacas de la izquierda en las redes sociales y la prensa mermelera que depende de la publicidad mafiosa del Estado, que ha crecido a niveles extravagantes sin que a nadie le importe. Por supuesto, también lo apoyan los representantes de la mafia caviar, que están en  el poder desde los días de Ollanta Humala y que nunca se fueron. En resumen, este régimen de Vizcarra sigue teniendo como base todos los sectores que apoyaron a Humala. De hecho, uno de sus principales defensores es el ex Presidente de la PCM, Pedro Cateriano. 

Lo increíble es que todos estos sectores mafiosos de izquierda caviar están dándole soporte a la última propuesta de Vizcarra, como si eso fuera la solución a la crisis que Vizcarra genera con su inoperancia y estupidez permanente. Al parecer lo que la izquierda quiere es deshacerse de Vizcarra pero no quedarse con Meche Araoz ni con la mayoría fujimorista de este Congreso. El problema es que la propuesta de Vizcarra es inconstitucional, por la sencilla razón de que ellos fueron elegidos por cinco años. Eso manda la Constitución que juraron cumplir. 

Se puede cambiar la Constitución para recortar mandatos, pero eso aplicaría a futuro. No a este régimen, obviamente. Como tampoco se le aplicaría si decidieran ampliar el mandato a seis años, como era antes. Nunca hemos tenido períodos de cuatro años. No es la tradición constitucional del Perú. Además, no hay mayores argumentos para recortar el mandato. Que Vizcarra sea incapaz de solucionar sus conflictos con el Congreso no es motivo suficiente para cambiar la Constitución. 

Al parecer, el Congreso ya le perdió el miedo a Vizcarra. Primero porque el mismo Vizcarra se ha dado cuenta que no puede pedir voto de confianza para cambios constitucionales. Eso es ilegal, ya que el presidente no tiene facultad para cambiar la Constitución. Pero tan idiotas son los congresistas que el año pasado le aceptaron el pedido de voto de confianza y se lo dieron. Era una jugada extraña ya que no se sabía sobre qué era el voto de confianza, ya que la tarea de modificar la Constitución recae en el Congreso y no en el Gobierno. No tiene sentido que el Gobierno pida voto de confianza para una tarea que le compete al Congreso. Pero así de idiotas son nuestros políticos.

Una vez recibido el voto de confianza, parece que los idiotas del gobierno se percataron de que al final el Congreso podía hacer las reformas que quisiera. Entonces salieron con el cuento de que si no  hacían las reformas como estaban planteadas, es decir, al pie de la letra, ellos interpretarían que el voto de confianza les fue negado. Otra imbecilidad propia de estos políticos de pacotilla. El voto de confianza se da en votación y punto. Después no caben interpretaciones. Al final, los limitados del gobierno se dieron cuenta de que lo que habían hecho era una total estupidez, y que no podían usar ese tonto argumento de la confianza denegada a posteriori para cerrar el Congreso. 

Esto fue lo que los llevó a la pataleta desesperada de pedir adelanto de elecciones para que se vaya el Congreso. Y claro que tuvieron que incluirse ellos mismos en el pedido. Es decir, Vizcarra prefiere irse del poder con tal de tener el placer de cerrar este Congreso de cualquier manera. Ese es el nivel de pobreza mental y delirio psicótico que padece Vizcarra. Más allá de su tenaz odio por el Congreso no tiene otros objetivos de gobierno. Por eso es que el país está como está. Nada le importa a Vizcarra. Es una hoja llevada por el viento de la opinión popular. Y como la chusma siempre odia a los congresistas y adora al payaso que tiene el poder, Vizcarra cree que su misión bíblica es cerrar el Congreso como sea, aun perturbando la tranquilidad del país.

Esto es lo que pasa cuando se tiene un pelele de presidente. Un presidente digno de una republiqueta bananera, donde una tribu de salvajes lo carga en peso para pasearlo alrededor del fuego sagrado. 

lunes, 7 de agosto de 2017

Lecciones de Ollanta y Nadine


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Ollanta Humala y Nadine Heredia esperan su juicio en la cárcel. Un juicio en donde seguramente serán condenados por algún delito. No importa cuál sea el delito que el fiscal haya logrado imputarles al fin. Lo cierto es que merecen la cárcel por utilizar la política para engañar al pueblo y enriquecerse. Ese es exactamente el delito que han cometido, aunque no figure así en el Código Penal. Es un delito complejo y muy bien enmascarado, pero que ya dejó de ser un caso aislado, puesto que Alejandro Toledo y Eliane Karp, otra pareja de felones trepadores de la misma calaña, esperan igual tratamiento judicial. De manera que es preciso reflexionar en estos casos y tomar algunas medidas para evitar que otros trepadores sigan aprovechándose de una democracia débil y de una justicia llena de agujeros.

Cada vez que ocurren hechos escandalosos que afectan la sensibilidad popular, saltan los políticos a proponer nuevas penas o mayores sanciones. ¿Por qué no ocurre lo mismo luego de comprobar el gran timo colectivo protagonizado por Alejandro Toledo y Ollanta Humala? Se trata claramente de personajes inescrupulosos que se disfrazaron de políticos para llegar al poder con el exclusivo propósito de enriquecerse. Ambos asumieron posturas y discursos ajustados al sentir popular para asegurarse los votos necesarios. Supieron aprovechar la coyuntura política y se colocaron la vincha del antifujimorismo y la camiseta de la honestidad para atraer incautos. Sus partidos eran en realidad un club de trepadores que acabó convertido en organización ilícita para delinquir.

¿Por qué los políticos no están promoviendo nuevas leyes que impidan estos hechos? ¿Por qué no hay nadie proponiendo penas y castigos a esta clase de delitos contra la fe pública? ¿No es sospechoso que nada de esto ocurra y que nadie diga nada? Se habla de reforma electoral porque siempre se está hablando de reforma electoral, pero hasta la fecha no hay medidas concretas destinadas a frenar a esta clase de saltimbanquis y trepadores de la política que aparecen en cada elección. ¿No es raro?

Es hora de hacer reformas que impidan la aparición de estos improvisados salidos de la nada, que se trepan a un estrado y convencen a la gente con los típicos discursos baratos de la lucha contra la corrupción y el antifujimorismo, ofreciendo el oro y el moro como si la plata del Estado fuera suya. Para esto no se necesita ninguna ley de partidos políticos. Basta la ley electoral. 

En primer lugar habría que poner condiciones mínimas para presentarse a las elecciones generales. No se puede permitir que de la noche a la mañana armen una combi electoral o un club de amigos para postular un candidato a la presidencia. Eso no es serio. Si quieren fortalecer partidos no hace falta ninguna ley de partidos sino exigir requisitos para postular candidatos a la presidencia, como por ejemplo, que el partido tenga una antigüedad mayor de diez años y haya participado en elecciones regionales y municipales. De este modo se pone freno a la formación de partiduchos de última hora que solo tienen como fin asaltar el poder aprovechando una coyuntura.

Desde luego que habría que cerrarle el padrón a cualquier partido que no reciba una votación superior al 5% del padrón electoral o al que no participa en elecciones, ya que no tiene sentido ser un partido político y no participar en elecciones. Eso solo demuestra falta de organización y cuadros. Tampoco se puede permitir que un partido ponga como candidato a cualquier personaje del entorno. Todo candidato debe emerger de una votación interna del partido y tener una antigüedad mínima de tres años como miembro del partido. No hay otra manera de evitar a los trepadores.

Con estas reglas elementales nos hubiéramos evitado el camión de basura que fue el nacionalismo en las elecciones del 2006 y la candidatura presidencial de Ollanta Humala en el 2011. También se hubiera evitado la aparición de Alejandro Toledo montado sobre un club de amigos en el 2001. Se habla mucho de fortalecer las instituciones pero nadie quiere imponer condiciones mínimas a los políticos y a los partidos. Mientras no se tomen medidas básicas para detener a los asaltantes del poder, seguiremos viendo la aparición de toledos y ollantas. 

domingo, 21 de mayo de 2017

Voto voluntario ¡ya!


Por: Álvaro Israel Pinto Cárdenas
        Centro de Estudios Liberales

Por estos días, en el Congreso de la República, se pretende -nuevamente- reformar el sistema electoral. Curiosamente, los temas planteados así como la perspectiva con la que se legisla van en contra del interés y las necesidades del Ciudadano.

Ya sabemos que los legisladores no se convierten -automáticamente- en ángeles, luego de ser elegidos. Por el contrario, la cuota de poder temporal que reciben, normalmente potencia mucho más sus defectos.

¿Por qué sucede ésto? Pues es la naturaleza del poder. La capacidad de IMPONER la propia voluntad a otros, normalmente tiene un desenlace nefasto. Partamos por un hecho real: “el individuo, con sus acciones; persigue sus propios intereses”. De ahí, que el individuo que adquiere poder, al no purificarse mágicamente, es proclive a buscar el mayor beneficio propio de su nueva situación.

Pero, regresando a la Reforma Electoral, sostengo que ésta va en una dirección ESTATISTA, es decir, de mayor protagonismo estatal. Ello porque se restringen la Vida, la Libertad y la Propiedad de los individuos, a favor, de mayor concentración del poder político.

Veamos: Se plantea la prohibición del financiamiento de empresas en general hacia los grupos políticos. Sin embargo, como vimos hace un par de semanas, se ha impuesto el ILEGITIMO financiamiento estatal, y con la nueva Reforma, se apunta -incluso- a un mayor control estatal.

El mayor protagonismo estatal se manifiesta en la participación de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), la ONPE y el JNE. También se crea el nuevo delito, denominado “acoso político” que incluye “amenazas, agresiones o la divulgación de información que menoscabe su dignidad”, como trasgresión de los derechos de un candidato en campaña. Y también se nombra a la nefasta “cuota de género” que viola la “Igualdad ante la Ley”.

Sin embargo, en el ámbito electoral el principal tema de interés para el ciudadano ES la actual obligatoriedad del voto. Es decir, el Estado usa la violencia -o amenaza con usarla- para obligarnos a participar del proceso electoral, imponiéndose sobre la voluntad de cada individuo. Las elecciones NO son libres, sino obligadas.

En los recientes procesos electorales, el total de votos en blanco, viciado o que no asistieron; incluso llegó a superar al candidato “ganador”. Esto revela un rechazo -LEGITIMO- a la política. Después de todo, la política, entendida como la toma de decisiones que involucra a colectivos, mediante el uso de la violencia; es muy inferior al uso de la razón individual.

jueves, 5 de marzo de 2015

Reforma electorera


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A todos les encanta hablar de reformas pero pocos están dispuestos a hacerlas. La reforma electoral es una de muchas que están en el vocabulario político nacional y que ahora se repite, pero algunas propuestas responden a visiones totalitarias e intereses de grupo, antes que al análisis frío con el objetivo de mejorar la democracia. La sanción del "transfuguismo" es claramente uno de estos casos. No se puede obligar a nadie a estar donde no quiere estar. En toda reforma predomina el iluminismo totalitario que todo lo sabe, y le impone a la gente lo que creen que es lo mejor, en lugar de dejar que la gente decida libremente. 

En tal sentido nuestra iluminada clase política no desea darle libertad al pueblo para que el voto sea voluntario. Una serie de escusas ridículas predominan para que se mantenga el nefasto voto obligatorio y universal, responsable directo de la elección de mamarachos en el poder. Lo curioso es que nadie culpa al electarado por estas elecciones patéticas que se repiten desde 1985, cuando eligieron a un insignificante pulpín de 35 años, sin oficio ni beneficio, sin trabajo conocido ni mayor experiencia en nada, excepto en la charlatanería florida. En esa ocasión Alan García nos llevó a la mayor crisis de nuestra historia. Pero ni por eso se cambió el ridículo sistema electoral que lo permitió.

Las elecciones patéticas se repitieron sin falta. En 1990 el electarado prefirió a un desconocido chinito antes que a Mario Vargas Llosa y el mejor equipo liberal de nuestra historia. Demasiado bueno para ser peruano. Fujimori logró reelegirse irregularmente dos veces más llevando al país a una grave crisis política. No hay duda que la gente votó por él. Luego el voto del electarado nos dejaba para la segunda vuelta la opción de elegir entre el cáncer y el sida. Así es como hoy tenemos al impresentable Ollanta Humala, un don nadie, un sujeto apocado que no merece la alta investidura de la presidencia. Todo esto se debe exclusivamente al voto obligatorio y universal.

Existe la creencia de que a mayor cantidad más democracia. Nadie quiere fijarse en la calidad del elector o del candidato. Resulta gracioso que los "expertos" culpen al voto preferencial por la inmundicia humana que rellena el Congreso, como si este método de elección fuera el culpable y no la calidad del elector o los candidatos que los partidos proponen. ¿Qué tiene que ver sistema del voto preferencial con que los partidos metan voleybolistas, conductores de TV o mamarrachos inservibles en sus listas de candidatos? El voto preferencial es más democrático en el sentido que le permite al elector decidir quién entra al Congreso antes que sean las cúpulas partidarias.

Eliminar el voto preferencial no va a impedir que los partidos sigan llenado sus listas con mamarrachos, o que le abran paso a los que ponen el dinero sobre la mesa. Lo que si evita el voto preferencial es que sea el dinero el que determine la posición en la lista. Mientras no exista una democracia partidaria efectiva que garantice que los candidatos serán fruto de una elección interna, el voto preferencial impide que sean las argollas partidarias, las mafias y el poder económico los que determinen quiénes entran al Congreso. Si quieren mejorar la calidad de los parlamentarios lo que deben hacer es imponer vallas a los candidatos o eliminar el voto obligatorio. Eso es lo sensato.

De acuerdo a los estudios solo el 30% de la gente siente interés por la política. Al 70% restante le tiene sin cuidado. La gran mayoría de la gente no tiene la menor idea de quién dirige la PCM y solo un mínimo porcentaje es capaz de nombrar a tres ministros. Esa es nuestra realidad y toda esa gente está obligada a votar. Nuestros "expertos" no deberían quejarse solo de la calidad de los congresistas soslayando la calidad de los presidentes. El absurdo sistema electoral fundado en el voto obligatorio y universal es el creador del electarado y responsable único de la patética mediocridad de toda la clase política peruana. Incluso es responsable de que tantos aventureros se animen a probar suerte en política armando sus combis electorales y clubes de Toby.

Por otra parte, resulta francamente estúpido suponer que porque el Estado financia a los partidos, los corruptos dejarán de existir y ya no ingresarán dineros sucios a las campañas. ¿De dónde salen los angelitos que piensan así? Sus suposiciones carecen de sustento y solo se fundan en una lógica chiflada. Meter dinero público a los partidos no servirá para ese idílico sueño de burócrata acartonado que es "fortalecer los partidos políticos". Un cliché gastado de la retórica barata que carece de sentido. No se fortalecen las instituciones con leyes ni con dinero público. Ese fue el cuento que usaron hace 15 años para hacer la ley de partidos políticos y no sirvió para nada. Estamos peor que antes. En lugar de modificarla deberían derogarla simplemente. No se necesita ninguna ley de partidos políticos. Basta con una buena ley electoral que ponga vallas a todos: electores, candidatos y partidos.

Si a la gente no le interesa la política no formará parte de los partidos políticos. Si no surgen verdaderos líderes políticos con ideas renovadoras que propongan visiones modernas de país, el dinero no hará la magia, solo aumentarán los saltimbanquis. Financiando a los partidos solo harán que aparezcan los comechados y angurrientos que siempre están detrás del dinero fácil del Estado. Los corruptos irán por el dinero del Estado y aceptarán el dinero sucio sin ninguna duda. Regalar plata del Estado nunca ha solucionado una falencia cultural. ¿Acaso darles dinero para investigaciones ha hecho que las universidades investiguen más? No. Solo fue otra pose electorera.

El Perú es un país muy complicado. Pretender hacer grandes reformas es difícil. Más aun cuando hay tanto "experto" sustentando barbaridades sin sentido. Hagamos lo más simple y fácil. Eliminen el voto obligatorio y pongan requisitos para ser candidatos. No se puede pretender ser congresista siendo un ignorante, un iletrado o un analfabeto. Eso es ridículo. El Congreso no es una asamblea popular. Es un foro donde se hacen leyes y se requiere un cierto nivel de capacidad intelectual y/o grado académico. De hecho el Congreso tiene que ser una élite de la sociedad y no lo peor de ella. No se puede seguir metiendo al Congreso analfabetos, voleybolistas, cocaleras ni payasitos de la TV. Basta ya. Hagamos las cosas bien y empecemos por lo simple.

viernes, 24 de octubre de 2014

Mocos por babas


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El Perú es la república del floro. Acá todos se mueve al ritmo de un buen verso. Ni siquiera hace falta pensar. Basta con coger unos cuantos clichés clásicos y adoptar las poses tradicionales, como la lucha contra la corrupción, que está tan de moda en estos días. Pose y floro que se viene repitiendo desde los días de Toledo mientras la corrupción aumenta sin parar. Anoche el Congreso de la República (ese teatro patético donde se escenifica la política) se ha sumado a esta "lucha contra la corrupción" aprobando cambios que no cambian nada. Son, una vez más, puro floro y pose. 

Para empezar han cambiado el nombre del cargo. Ya no será presidente sino gobernador, con lo cual todo el mundo tendrá que gastar dinero público para cambiar escudos, membretes y papelería oficial. En segundo lugar han eliminado la reelección inmediata, con lo cual han saltado las graderías para aplaudir la revolucionaria transformación. Opinólgos expertos y autoridades ya salieron a felicitar la magna decisión que, según dicen, fortalece la democracia. Verso y floro, nada más.

En las últimas elecciones solo se han reelegido 3 presidentes regionales de los 24. Basta ver eso para darse cuenta que la modificación no es ningún cambio fundamental en los hechos. ¿Cuál es el sentido de prohibir la reelección inmediata? No se sabe. No hay ninguna razón. Se trata solo de floro y pose. Ahora el que quiera reelegirse tendrá que esperar 4 años para postular. Es todo. 

¿Es una medida contra la corrupción? No se sabe por dónde. Los corruptos no necesitan llegar al segundo período para robar. Empiezan al día siguiente de jurar el cargo. Allí tienen a Goyo Santos. Todo lo que hará esta reforma es que los corruptos roben más rápido. Además las mafias enquistadas podrán seguir operando con solo cambiar de personaje. Es lo que ocurre en Rusia con Vladimir Putin y Dimitri Mendvedev quienes se alternan en el poder para dar la apariencia de democracia cuando en realidad es una dictadura en manos de una gran mafia. 

Los papanatas de la opinión que han aplaudido la reforma constitucional dicen que esto fortalece la democracia. Están deslumbrados con los fuegos artificiales que ha soltado el Congreso. Afirman que habrá más alternancia en los cargos. ¿Es eso lo que nos interesa? No. Lo que nos interesa y lo que ha motivado los cambios es la corrupción. Lo que debe preocuparnos es que los corruptos no lleguen al poder. Pero para eso no sirven los cambios aprobados. Es puro bururú. Los corruptos pueden seguir postulando y ser elegidos, robar durante cuatro años y crear su red de corrupción que les asegure su mafia. La reelección es lo de menos. No hemos hecho nada. No hay razón para celebrar.

La verdad es que no hay esperanza de que este Congreso de ineptos pueda realizar cambios fundamentales en el esquema político del país. Cambios verdaderos que protejan a la nación de improvisados, saltimbanquis, delirantes e incapaces como Ollanta Humala, impidiendo que puedan llegar al poder o al Congreso. Mientras sea posible que cualquier hijo de vecino arme su club de amigos o se meta a un vientre de alquiler y postule a la presidencia, el país está en grave riesgo de que cualquier día un Hugo Chávez o algo peor llegue al poder. El problema no es la reelección sino la elección. 

jueves, 31 de julio de 2014

La receta de don Cucho


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La gente tiende a preferir las explicaciones simples y, por ello mismo, a proponer soluciones simples para problemas complejos. Problemas que son poco entendidos porque son culturales y multifactoriales, donde intervienen a un mismo tiempo procesos y factores invisibles y que, para mayor desgracia, están ocultos fuera de nuestros alcances y posibilidades humanas. La gente solo percibe un malestar y luego cree que es posible cambiar ese estado con una simple medida como dar una ley. 

Pero la triste verdad es que las leyes no cambian la realidad. Un país no se vuelve industrializado porque una ley lo ordena o lo "promueve". El acoso escolar no desaparece por una ley "antibullying". Las armas de los delincuentes no desaparecen porque una ley los prohíbe creando engorrosos trámites que solo fastidian a la gente decente. Del mismo modo ninguna ley es capaz de crear "institucionalidad" en ningún lado. Y menos en la política.

Digo todo esto porque nuevamente se anuncia la segunda edición de la famosa "ley de partidos políticos" cuya primera versión se lanzó hace más de una década con la ridícula idea de que la realidad política del país se iba a arreglar. Por supuesto que no se arregló. Peor aun: empeoró. ¿Por qué entonces ahora se insiste en otra nueva ley de partidos políticos? Solamente porque la mula tiende a ir al trigo. 

El señor Mariano Cucho, jefe del ONPE, quiere que el Congreso apruebe su nueva ley de partidos políticos porque asegura que es "absolutamente indispensable para la institucionalidad democrática". Está convencido de que con esta dichosa ley se "fortalecerán los partidos políticos". Pero lo más sorprendente es que "este proyecto de Ley de Partidos establece el financiamiento público directo para que estas organizaciones puedan desarrollar una vida partidaria y no dependan de recursos externos". 

¿Puede haber mayor estupidez que regalarles dinero público a estas organizaciones mafiosas que solo se arman para asaltar el poder en cada elección? Escucho genios opinólogos que dicen que así se impediría que el narcotráfico llegue a los partidos. Así de simple y elemental es la lógica de nuestros genios opinólogos. Es decir que el narcotráfico se va a detener simplemente porque el Estado financia a los partidos. ja ja ja Esto es como creer que si les aumentamos el sueldo a todos los burócratas acabaremos con la corrupción. Creo que ni un niño creería eso. Una cosa no tiene que ver con la otra, aunque el simplismo lógico lo pinte así.

El pensamiento barato de nuestros burócratas no solo lleva a creer en la magia de las leyes sino en que el Estado puede arreglar todo si le arroja dinero al problema. Así se piensa que si el Estado le regala dinero a estas mafias políticas de trepadores y asaltantes del poder, la "institucionalidad política y democrática se fortalece". Y para sellar su argumentación nunca falta el progre que te dice "en otros países existe". Claro que en todos los países existen idiotas. No tenemos el monopolio. Por el contrario, los de acá no hacen más que copiar todo lo que ven afuera, aunque nuestra realidad sociocultural sea completamente diferente.

Regalarle dinero a los mal llamados "partidos políticos" solo incrementará los problemas. Donde hay dinero hay corrupción. Ya tenemos esta feria de vientres de alquiler montadas solo para vender inscripciones, como la que le ofreció la oportunidad de candidatear a Ollanta en el 2006 sin ser nadie. Lo único que hará la ley es extender el negocio político. En lugar de 30 agrupaciones llegaremos a superar el centenar. ¿Qué importa si no tienes dinero para la campaña? ¡El Estado te la financia! Y siempre te sobrará alguito. ¡Negocio redondo!

Por supuesto que esta ley será aprobada de un solo carpetazo. ¿Acaso algún partido se opondrá? Solo queda mostrar la indignación ciudadana ante este mamarracho legal que busca regalar el dinero de todos a las mafias de la política. Los partidos deben aprender a subsistir de sus afiliados, tal como lo hacen las numerosas iglesias que existen. Para las campañas reciben apoyos y estos deben ser transparentes. Si hay sospechas sobre su procedencia pues que el Estado investigue y punto. Para eso ya hay leyes y harta burocracia. Que hagan su trabajo. Ya basta de derrochar dinero público alegremente con ilusas intenciones.

domingo, 18 de mayo de 2014

El resultado de la democracia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Está de moda hacer un apanado a los políticos. Los columnistas más encumbrados cuestionan con el ceño fruncido a la clase política, hablan de la crisis de partidos, la falta de institucionalidad y otros males terribles. Pero lo que nadie cuestiona es el sistema perverso que hace que las cosas sean así. Al contrario, se le defiende apelando a las mismas fanfarronadas histéricas que nos han llevado a la actual situación: la democracia y el voto popular.

¿Cómo podemos reverenciar al pueblo y a la vez denostar su decisión? ¿Acaso estos políticos no son el fruto de la sacrosanta "voluntad popular"? No repiten cándidamente "vox populi, vox dei"? Lo que vemos en la política es exactamente lo mismo que vemos en la TV: resultado del voto y del rating. En la TV la solución es simple: cambie de canal y pare de sufrir. Pero en la política no podemos hacer esto. Por el contrario: nos obligan. 

Feyerabend decía que el mayor problema del hombre es que tiende a convertir todo en una religión estúpida, llena de íconos sagrados y rituales absurdos. La democracia ha devenido casi en lo mismo. Se idolatra el voto popular, el pueblo, las mayorías, etc. Y luego se escupe sobre lo que resulta de las elecciones. Y lo más curioso es que todos viven sufriendo con la caracha pero nadie se quiere curar. Nadie cuestiona el voto popular sino a los políticos y a los partidos.

No entiendo nada. Acá se les obliga votar a todos, desde los jóvenes de 18 años que solo piensan en jugar Candy Crush y que no saben ni quién fue Miguel Grau, hasta los analfabetos, pasando por la gran masa de ignorantes que viven al margen de la política sin la más remota idea de lo que es la Constitución. Todos ellos son arriados a las ánforas de votación con amenaza de multa y pérdida de la ciudadanía. Muchas veces han hecho el ridículo como elegir a un partido que no tiene candidatos en su distrito. Lo que no entiendo es por qué se sorprenden de que la política peruana sea una mierda teniendo este sistema absurdo como el sustento de nuestra democracia.

A mi me parece una hipocresía repugnante que los comentaristas se la pasen hablando mal de los políticos y nunca se dignen decir nada del sistema que los genera. Al contrario, siguen alabando la democracia electoral directa, universal, secreta y obligatoria. ¿Hasta cuándo?

jueves, 8 de agosto de 2013

Crisis de mediocridad en la política


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La crisis de la política es evidente si consideramos los nefastos últimos resultados electorales. Primero la alcaldía de Lima en manos de una señora incapaz e inexperta en gestión. Apareció de la nada liderando sin mayor perspectiva una confluencia de micro partiduchos de la ultra izquierda más pestilente y acabó ganando. Después la presidencia a manos de otro bueno para nada que también apareció liderando a la izquierda, para luego encabezar la histeria antifujimorista que lo puso en la presidencia por muy poco margen, un puñado de votos que se inclinaba para un lado y para el otro en los últimos días de la elección.

A eso hay que sumarle el pozo séptico del Congreso de la República, donde los hombres probos y eficientes pueden contarse con los dedos. Sin embargo, todos allí también han sido elegidos por el voto popular. La pregunta es obvia: ¿qué es lo que anda mal en este sistema que facilita la elección de pura escoria? La otra cuestión es ¿qué se está haciendo por mejorarlo?

Cuando los "indignados" se quejan de la "clase política" nunca se refieren al sistema electoral ni a la masa de electores. Solo se quejan de quienes ha sido "democráticamente elegidos". Es obvio que estos quejosos son parte de esa masa de ignorantes que tiende a elegir a esa clase de escoria de la que luego se quejan. Son los que hoy le reclaman su voto a Ollanta y han preferido darle otra oportunidad a la alcaldesa de Lima. De hecho tampoco tienen criterio para mirarse en el espejo y distinguir el origen del problema.

Para ser realista (algo que la gente detesta) debería decir que el origen de nuestras desgracias está en las mal llamadas "conquistas sociales" que se plasmaron en la Constitución delirante del 79 y que la izquierda suele defender y ponderar hasta la náusea. Darle el voto a los analfabetos y los jóvenes fue parte de esas famosas "conquistas sociales". Lo siguiente fue imponer el voto universal y obligatorio. Con eso fue suficiente para mandar a la miasma a todo el país. Es lo que hoy tenemos. 

Sería ridículo ver a un sujeto quejándose porque su hijito le chocó la camioneta cuando él mismo le dio las llaves y le permitió manejar sabiendo que no sabía ni tenía licencia. ¿Por qué nos quejamos entonces por la inmundicia de nuestra clase política? ¿Acaso no somos nosotros quienes obligamos a votar, bajo amenaza de multa y muerte civil, a todo el mundo? ¿Acaso no arriamos como animales a la cola de votación a todos los analfabetos, ignorantes, pandilleros, delincuentes, vagos y toda clase de escoria social? 

La porquería que hoy tenemos en la política a todo nivel es producto directo de esas famosas "conquistas sociales" que permitieron que Sussy Diaz sea congresista y que hoy tengamos al "angelito del once" y casi un equipo de voleybolistas, entre otras perlas de menor precio en el Congreso. Y también esas "conquistas sociales" hacen que hoy se estén postulando a la presidencia grandes genios como Gisela Varlcarcel, Jaime Bayli y Gastón Acurio, sin mencionar a mamarrachos como Marco Arana o Goyo Santos. Desde que un borracho mentiroso, malandrín y figureti como Toledo, o un cachaco ignorante sin oficio ni beneficio como Ollanta Humala llegaron a la presidencia, cualquiera puede intentarlo.

Lo grave del asunto es que más allá de la pataleta nadie pide cambios en este sistema perverso y absurdo. Para empezar ya deberían estar eliminando el voto obligatorio por ser totalmente antidemocrático. Hasta se debería llevar este asunto al TC. Y esto debería ser el primer acto de un verdadero Defensor del Pueblo. Pero nadie hace absolutamente nada en este país donde la mediocridad nos come vivos.  

Mientras tengamos este ridículo sistema electoral donde cualquier mamarracho puede ser candidato, y donde obligan a votar a todos, forzosamente y contra su voluntad, incluyendo analfabetos, ignorantes y bestias en general, pues que nadie se queje de los resultados. 


domingo, 2 de junio de 2013

Tuesta y la reforma del sistema político


Nuevamente se discuten reformas del sistema político peruano, y por desgracia, nuevamente escuchamos los mismos presupuestos e intenciones equivocadas que alentaron las fracasadas reformas anteriores. Ni siquiera han empezado con la hidalguía de reconocer tal fracaso. Por ejemplo, la tan famosa y mentada Ley de Partidos Políticos nunca sirvió para nada, tal como lo advertimos en su momento. Hoy seguimos en la misma situación o aun peor. Y lo más grave es que ahora se proponen medidas todavía más absurdas, si cabe, como la financiación de los supuestos "partidos políticos" por cuenta del Estado o la alternancia de género en las listas de candidatos.

A menudo nuestros opinólogos se escudan tras la "ciencia política" para aparentar sabiduría y hacerle creer a los incautos que su opinión es ciencia. La mal llamada "ciencia política" debería nutrirse de la psicología para enseñarle a todos que las leyes no sirven para moldear sociedades o cambiar culturas. Por desgracia muchas personas, especialmente los "progresistas", viven con la estúpida creencia de que las leyes sirven para diseñar culturas, modificar conductas sociales o generar cualidades en la gente. Estamos plagados de papanatas que proponen leyes que buscan cambiar una realidad social. Así es como un delirante grupo de legisladores montó el esperpento de la Ley de Partidos Políticos suponiendo que bastaba una ley para que los partidos surgieran alegremente en nuestra realidad social y política.

Lo peor de todo es que, ciegos ante la realidad y desdeñosos de las evidencias del fracaso, incapaces de reconocer el origen de su error, persisten en las mismas ideas erradas para ampliarlas. Es así que distinguidos opinólogos electorales, como el Sr. Tuesta Soldevilla, proponen con cara de gurús orientales, que el Estado financie a esos clubes de amigos mal llamados "partidos políticos". Sorprende realmente el grado de ceguera e ingenuidad que pueden alcanzar algunos célebres opinantes, pues parecen ignorar por completo la realidad humana y el grado de corrupción que impera en las cercanías de la política.

Italia acaba de dar por finalizada la financiación estatal de los partidos políticos, luego de confirmar tras varios años, que nunca sirvió para nada más que para alimentar grandes mafias. No hace falta ser Einstein para darse cuenta de que ese es el único fin que tendría una disparatada reforma en tal sentido. Regalar la plata del Estado es la mayor fuente de corrupción que se puede abrir en cualquier lugar del mundo. Por eso realmente sorprende, hay que repetirlo, el nivel de estupidez de algunos opinantes. No hay otra forma de llamarlo.

Tuesta Soldevilla ofrece como su mayor ejemplo de peso que los partidos políticos no tienen locales porque no tienen plata para alquilarlos, ergo, el Estado debe alquilárselos. ¿Se imaginan los grandes negociados que esto acarrearía? Los locales no sirven para nada si no tienen gente. Lo que los partidos necesitan es, en primer lugar, partidarios, seguidores, gente comprometida con una causa. Lo demás viene solo. Habiendo gente es fácil conseguir financiación y locales. No se necesita nada más que un garaje para sesionar una vez por semana. Así es como se hacen los partidos y no chupando la mamadera del Estado.

Lo peor que podemos hacer es escuchar a un progresista como Tuesta. Todo progre no ve más allá que la acción del Estado como palanca del cambio social. Para ellos tiene que ser el Estado mediante dinero y leyes el que produzca los cambios sociales. Una mentalidad fracasada que nunca ha dado resultados en ninguna parte. Lo que la cultura no produce, el Estado no lo puede generar. Eso es lo que deberían enseñar en esa mal llamada "ciencia política". Así nos ahorraríamos tantos disparates burocráticos de todo tipo, desde la "alternancia de género" que empobrecerá aun más la calidad del Congreso, hasta las benditas ciclovías que nadie utiliza.

miércoles, 30 de enero de 2013

El voto a los 16


No podía demorar mucho el contagio de las ideas que se imponen en Uruguay y Argentina. Esta vez se trata del voto joven a los 16 años. Un editorial de La República nos presenta formalmente el debate con inexpugnables argumentos como “si se niega a los jóvenes la responsabilidad política también habría que negarles la responsabilidad penal”. Además, claro, de apelar a las siempre patéticas encuestas de opinión hechas a gente que no sabe ni quién es el ministro de economía. El debate del voto joven presentado de esta manera y con tales argumentos deja la sensación de que en la izquierda son incapaces de advertir la diferencia entre asesinar a un rival de pandilla y emitir un voto político. Tendrían que reflexionar un poco para percatarse de que cometer un delito o tener relaciones sexuales no exige mayor capacidad mental. En cambio la política sí lo exige, o al menos debería hacerlo. 

En la mentalidad de izquierda, incorporar más gente en el padrón electoral se considera toda una “conquista social”. Pero esta clase de conquistas sociales no nos sirven para nada si no nos ayudan a elegir mejores gobernantes, que es para lo que finalmente sirven las elecciones. Peor aún: ¡producen el efecto contrario! Prostituyen la política, rebajan el nivel del debate y ahuyentan los argumentos para sacar a flote el bailecito y la demagogia más pueril. En nada nos ha ayudado, por ejemplo, imponer el voto obligatorio y arriar a todo el mundo hacia las ánforas bajo amenaza de multa y pérdida de su ciudadanía. Algo insulso en una democracia. Resulta patético ver a los funcionarios del ONPE llegar en canoa a comunidades perdidas en la selva, cargando sus ánforas para hacer que los nativos depositen su voto, cuando allí no llegan los diarios y ni siquiera se escuchan radios. En lugar de seguir agrandando el número de electores enarbolando el mito absurdo del "derecho al voto" como si se tratara de un enorme beneficio para el ciudadano, deberíamos preocuparnos por mejorar nuestro sistema político cuidando la calidad del voto. 

En el Perú se ha tomado por costumbre convertir en "derecho" cualquier cosa que al Estado o a los políticos les convenga que los ciudadanos hagan. De este modo, por ejemplo, han inventado el "derecho a la identidad" y obligan a a la gente a comprar su DNI para que el Estado los tenga registrados y hasta negocie con sus fotos en los medios. Han convertido en "derecho" el tener un comprobante de pago y piden a la gente que exija su "derecho" cada vez que compra para de este modo convertirlo en agente de la SUNAT. Del mismo modo han inventado el "derecho" a votar obligando a todos a consagrar con su participación la farsa de un sistema creado para elegir puros incompetentes. Una democracia donde a nadie le interesa la calidad del elector ni de los candidatos acaba en una farsa patética como la que tenemos en el Perú. Cada campaña electoral es un carnaval ruidoso donde desfilan las caravanas de juglares arrojando obsequios a las multitudes. Si queremos mejorar el país habría que empezar cambiando este sistema. Esto significa selectividad o “discriminación”, palabra maldita que espanta a la cucufatería progresista. Pero es que la política no puede seguir siendo un negocio de arribistas y pendencieros que se aprovechan de una masa de ignorantes llevados a la fuerza a depositar su voto.

En lugar de imitar a los peores sistemas políticos como el que campea en Argentina, país que cada año se hunde más, deberíamos copiar modelos exitosos como el de Chile, donde es muy difícil que un payaso se presente a la campaña electoral, y más difícil aún –a diferencia de lo que ocurre acá- que gane la presidencia. Resulta imposible mejorar nuestro precario y depreciado sistema político si no hacemos algo por mejorar la calidad del voto y de los candidatos. La palabrería progresista sobre conquistas sociales no ayuda absolutamente en nada a estos objetivos. No nos olvidemos que la izquierda peruana nunca ha sabido nada de democracia. Se han pasado la vida saboteándola y alabando dictaduras anacrónicas como la ridícula gerontocracia cubana y la autocracia chavista. El máximo aporte de la izquierda ha sido incorporar la revocatoria como un mecanismo para debilitar la gobernabilidad, y ahora están a punto de recibir una cucharada de su propia medicina. Más allá de esto la izquierda es incapaz de hacer aportes serios a la democracia. Apelar a los jóvenes como masa electoral sería muy apetecible para el discurso demagógico del progresismo, siempre efectivo para captar jóvenes incautos, románticos y mal informados. ¿Para qué? ¿Cuál es el apuro? Los jóvenes disponen de toda una vida para votar las veces que quieran. Cualquier cambio en el sistema electoral debe estar destinado a mejorar la calidad del elector y de los candidatos. Nada más. Debemos pensar en cómo mejorar el resultado electoral. Ese es el objetivo y no satisfacerse en la orgía electoral y meter más gente a la fiesta.

Un buen primer paso firme en la mejora de nuestro sistema político sería eliminar este nefasto voto obligatorio que lleva a las urnas a un gran porcentaje de gente que no tiene el más mínimo interés en la política. No tiene sentido hacer votar hasta a los delincuentes. Incluso resulta patético ver a los policías esperando en el local de votación para capturar a los requisitoriados apenas sufragan. Lo que necesitamos son ideas novedosas y no más de lo mismo. Necesitamos mirar a las democracias más exitosas y no a las ruinosas. Lamentablemente los políticos no quieren tocar este tema y si lo hacen se escudan en los clichés ya conocidos que se han convertido en dogmas del fracaso.