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martes, 13 de octubre de 2020

El neocomunismo del siglo XXI

 


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Tal parece que la advertencia de Marx “un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, no solo no ha pedido vigencia luego de 170 años, sino que se ha extendido a Latinoamérica e incluso a los EEUU, donde la izquierda amenaza con tomar el poder, luego de haberse tomado ya las calles, en feroces y salvajes acciones de vandalismo y terrorismo urbano que van desde Seatle en los EEUU hasta Valdivia en Chile. Pero claro que ya no se trata del comunismo original promovido por Marx, sino de una versión intelectualmente más pobre pero de un accionar tan radical y letal como su versión primigenia.

Los promotores del comunismo se han extendido en el ambiente académico. Ya no profetizan la rebelión de las clases oprimidas para tomar el poder e imponer la dictadura del proletariado. Esa profecía fallida de Marx ya no vende en estos tiempos. Las “clases oprimidas” nunca les hicieron caso y jamás estuvieron más oprimidas que bajo el yugo del comunismo. Hoy los intelectuales de izquierda prefieren la versión del apocalipsis climático “a causa del capitalismo salvaje”, y ven como toda salvación el cambio del modelo económico. Se impone la tesis de un Nuevo Orden Mundial, defendida no solo por intelectuales de izquierda sino también por la burocracia internacional desde la ONU y sus agencias. Y como si eso fuera poco, también debemos incluir al Vaticano en su moderna versión progresista bajo el papado de Francisco. 

Las posturas del establishment y de la izquierda intelectual, apuntan ahora a desestabilizar y destruir el sistema capitalista mediante el repudio general hacia los valores socioculturales que le dieron sustento, tales como el cristianismo, la colonización civilizadora del Nuevo Mundo, los principios jurídicos que encendieron la chispa de la libertad y la tolerancia para formar una nación pujante, donde el progreso definió su curso histórico a pesar de los problemas sociales que siempre conviven con la especie humana. El activismo de esta izquierda ambientalista y snob se ha extendido como una epidemia cultural que atrae a los más connotados personajes del progresismo mundial, desde artistas de Hollywood hasta movimientos políticos que solo tienen el ambientalismo como bandera, y pasa por promover actos tan ridículos como cursis, desde la llamada “Hora del Planeta”, en la que se insta a apagar las luces, hasta los plantones de la adolescente sueca Greta Thunberg, convertida por los medios y las oenegés en heroína por su “lucha” contra el tenebroso “cambio climático”.

La prueba de que el ambientalismo es solo una fachada del comunismo mundial para combatir el capitalismo es que su principal exigencia es el cambio hacia un “nuevo modelo económico”, además de que las críticas del ambientalismo se centran en la actividad industrial, utilizando esto como fundamento para detener las actividades extractivas (mineras y petroleras) y dejar sin energía y materias primas a la industria. Esta actitud del ambientalismo actual es muy radical y extremista. Claramente están forzando las cosas. El activismo ambientalista se inicia originalmente en los años 60, como genuinos actos de defensa de la flora y fauna amenazada por la caza y pesca indiscriminadas, así como la actividad industrial irresponsable. Desde entonces existe abundante legislación para proteger el medio ambiente, así como organismos especializados en esta tarea. La EPA (Agencia de Protección Ambiental) del gobierno de los EEUU fue creada por Richard Nixon en 1970. Así que los esfuerzos del propio capitalismo en la defensa del medio ambiente preceden con mucho al progresismo socialista disfrazado de ambientalista, que solo busca detener la actividad industrial en seco.

Los gastos multimillonarios hechos por la ONU en el activismo ambiental sobrepasan de lejos la ayuda a los países más pobres en el último medio siglo. La conferencia anual sobre cambio climático que moviliza al mundo entero de país en país para oír tediosas conferencias sobre el apocalipsis climático, no han logrado consensos ni han resuelto nada, pero contribuye a mantener viva la flama del ambientalismo para que pueda ser usada por los ejércitos del progresismo mundial para incendiar la pradera con acciones vandálicas contra los proyectos mineros, petroleros, portuarios y hasta de carreteras, paralizando la inversión y el desarrollo. A ellos se suman los que protestan contra los valores occidentales y usan como pretexto el racismo y el colonialismo, mediante una revisión absurda de la historia.

De manera pues que hoy estamos frente a la segunda ola del comunismo, con una versión que trata de esconder su versión fracasada del siglo pasado. Desde la caída del muro de Berlín y el desplome del comunismo mundial, solo tardaron veinte años en recoger sus ladrillos y crear una versión moderna pero igual de peligrosa y letal. Debemos hacerles frente, pero -sobre todo- desenmascarar sus causas y responder sus falsos argumentos.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Los buenos tiranos de izquierda


Para nadie debe ser una sorpresa que los candelejones de la izquierda de todos los matices elogien a Fidel Castro, el tirano favorito del progresismo, una sombra moribunda de la era del hielo del comunismo salvaje, un déspota de la peor clase, un miserable que se apropió de todo un país para imponer su voluntad a sangre y fuego, un criminal que mandó matar a miles de cubanos y que dividió una nación sembrando el odio y llenando las cárceles con sus enemigos políticos. Sin ninguna duda, el peor dictador que ha existido jamás en Latinoamérica. Un típico embaucador de izquierdas que usó el discurso inflamado de odio y pasión para engatusar a los tontos clásicos del idiotismo infantil progresista. Cualquier intento de descripción de este monstruo del Caribe queda corto, porque siempre habrá una dimensión imposible de retratar completamente.

¿Cómo es entonces posible que la beatería progresista, siempre dispuesta a condenar con rigor las dictaduras "en defensa de la democracia y los derechos humanos", idolatre ahora a este monstruo caribeño que se ha mantenido en el poder por más de medio siglo encarcelando y asesinando a quién le daba la gana? Dejemos la teoría de la estupidez de lado ya que eso es consustancial a todo progresismo y porque eso, además, no basta. Conocemos de sobra la mentalidad infantil del izquierdista promedio que se traga todos los cuentos de fábula sobre un mundo feliz, hecho de chocolate, con una sociedad "igualitaria" donde reina eso que llaman "justicia social", sea lo que sea eso, algo que hoy les permite llamar "gran logro social" a la miseria absoluta del pueblo cubano. La estupidez queda al margen del análisis político pues pertenece a las esferas de la psicología clínica social, de modo que intentemos otras explicaciones.

La bipolaridad del progresismo respecto a los buenos y malos dictadores es bastante simple de explicar si uno recurre a la historia. Siempre será la historia y la realidad la que nos descubran la verdad oculta detrás de los misterios de las poses del progresismo. Si revisamos la historia de la izquierda desde sus orígenes en la revolución bolchevique a principios del siglo pasado, lo que veremos es un marcado desprecio por las instituciones y valores predominantes en el mundo civilizado, desde la vida humana hasta la religión, pasando incluso por la familia. El marxismo abominaba de todo porque todo lo veía como la representación de un sistema dominante perverso que había que destruir y sustituir por un nuevo modelo ideal comunista. La izquierda aprendió a detestar todo lo que había en el mundo y estaba dispuesta a destruirlo todo. Esa fue la ideología que siguieron los comunistas en la Unión Soviética, China, Vietnam y muchos otros lugares, incluyendo el Perú. Era lo que pretendían aplicar en Latinoamérica. Por eso mismo, a la izquierda nunca le importó la "democracia burguesa" ni las instituciones ni valores propios de nuestra civilización. Su plan era destruirlo todo y reemplazarlo por la sociedad perfecta que ellos edificarían según su modelo.

Esta ideología delirante llevó a la izquierda marxista-leninista-maoista directamente al genocidio en todos los países donde llegaron al poder, o al terrorismo antes de llegar al poder. En Latinoamérica causaron estragos en varios países pero no pudieron hacerse del poder salvo en Cuba y en Chile, cuando Salvador Allende fue elegido presidente por el Congreso tras unas maniobras políticas. La llegada al poder de Fidel Castro significó un gran aliento para toda esa izquierda delirante que soñaba con la revolución a escala mundial. El Che Guevara quiso ser el abanderado de las luchas guerrilleras en Latinoamérica. Su sueño era hacer "muchos Vietnam" donde derrotar al imperialismo yanki, obsesión infantil de todo izquierdista de la era castrista. Los partiduchos de izquierda se multiplicaron en todos los países llevados por la enfermedad infantil del izquierdismo revolucionario. Sus centros de adoctrinamiento fueron las universidades. Desde allí emprendieron la aventura terrorista y guerrillera para desafiar al Estado burgués. 

La respuesta natural a todos estos focos guerrilleros y terroristas de izquierda en toda Latinoamérica fue la misma: las fuerzas armadas se hicieron cargo del problema, ya sea en medio de un gobierno democrático o bien tomando directamente el poder. Así fue como los generales Videla y Pinochet se hicieron cargo del problema asumiendo el poder del Estado. En el Perú las cosas ocurrieron al revés: las FFAA habían dado un golpe de estado para implantar el socialismo, pero afortunadamente para el país el líder de la revolución, el general Juan Velasco Alvarado, cayó enfermo y fue reemplazado, aunque los estragos de las reformas socialistas hicieron mella del país por los siguientes veinte años. Tuvo que llegar Alberto Fujimori para rescatar al país de la debacle económica y del asedio terrorista, algo que hubiera sido imposible de lograr bajo los esquemas tradicionales de la democracia formal.

En suma, el único motivo por el que la izquierda detesta a estos dictadores es porque les patearon el trasero a sus guerrilleros y terroristas, metiéndolos presos o aniquilándolos. Más allá de eso, la izquierda idolatra a sus propios dictadores, aunque sean los peores genocidas de la historia. Así que no se dejen engañar por el candor de izquierda cuando se disfrazan de nobles defensores de la democracia y los derechos humanos. Nunca les ha importado un pepino ni la democracia ni los DDHH, salvo para reclamar por la suerte de sus terroristas. Por eso mismo se ha hecho ya clásico en toda Latinoamérica y España la hipocresía, cinismo y doble moral del progresismo. Para ellos solo son malos los dictadores que combatieron a la izquierda delirante y terrorista, pero idolatran a los dictadores de izquierda, aun cuando hayan sido bestias totalitarias y autócratas que llevaron a sus países a la más espantosa de las miserias, como es el caso de Fidel Castro. 

No hay forma de defender a Fidel Castro. Es un sátrapa que asaltó el poder junto a una banda de ladrones disfrazados de militares. La diferencia es que cuando asaltas un banco vas preso, pero cuando asaltas el poder y te adueñas de todo el Estado, son los delincuentes los que meten preso al que les da la gana. Eso es lo que hicieron Fidel Castro y su banda: tomaron el poder a balazos para luego robar a manos llenas y encarcelar a sus enemigos. Primero les robaron todas sus propiedades a los norteamericanos, incluyendo empresas, yates y residencias, para repartirse lo mejor entre los jefes de la banda. Luego les robaron a todos los cubanos al proscribir la propiedad privada. En seguida montaron el circo de la revolución pretendiendo que ellos construirían el paraíso. La banda de ignorantes creyó que bastaba con su verbo y matonería para aumentar la producción. Luego de sus fracasos, no les quedó más que prostituirse para vivir mantenidos por los rusos durante treinta años cual parásitos sin honor ni dignidad. Tras la debacle del comunismo chuparon la mamadera de las remesas que enviaban los cubanos libres desde Miami. Luego volvieron al parasitismo con Venezuela durante el mandato del bufón progresista Hugo Chávez.

No debe extrañarnos que la izquierda peruana salga a defender al criminal dictador Fidel Castro, mientras se llenan la boca de maldiciones ante otros dictadores. Marisa Glave ha dicho incluso que Fidel Castro sirvió de inspiración a la izquierda. ¿Inspiración de qué? Fidel Castro solo puede servir como ejemplo de perversión mental, pues fue un ser maligno que impuso su propia personalidad y voluntad a millones de cubanos durante 58 años. Hay dictadores que dejaron un legado de paz y desarrollo en sus países, como fue el caso de Pinochet y Fujimori. Al menos de ellos podríamos decir que mejoraron la vida de sus compatriotas de manera radical. Pero de Fidel Castro solo se puede decir que fue un sátrapa cruel que dividió una nación y la empobreció hasta la miseria más absoluta. No hay manera de defender a ese animal que fue Fidel Castro. Y es una lástima que la izquierda no tenga el coraje de reconocer sus errores y su situación vergonzosa ante la historia.

lunes, 3 de octubre de 2016

Fracasó el chantaje de las FARC


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Como dicen por allí: "solo Dios y los idiotas no cambian". Y lamentablemente el mundo está lleno de idiotas. Por eso vemos cometer una y otra vez los mismos errores sin aprender de las lecciones del pasado y de la sabiduría acumulada. Si hay algo que todos debemos aprender desde la escuela es que con la izquierda no se negocia. Y menos con la izquierda terrorista. Nunca hay nada que ganar en un diálogo con terroristas. En primer lugar porque ellos no tienen moral y nunca cumplen su palabra; en segundo lugar, porque cada vez que entran a dialogar lo hacen porque están débiles y ven que pueden ganar tiempo y fortalecerse. Ambas cosas las han hecho las FARC negociando con los sucesivos gobiernos colombianos en los últimos 25 años: han incumplido su palabra reiteradas veces y se han fortalecido ganado territorios ante la debilidad del Estado y su democracia boba. 

No se puede negociar con terroristas que secuestran civiles inocentes para usarlos como escudos humanos y objetos de chantaje y negociación. El Estado no puede sentarse a dialogar de igual a igual con delincuentes que no tienen respeto por la ley ni por el Estado de derecho. Cada vez que el Estado de Colombia se sentó a dialogar con las FARC acabó perdiendo y las FARC ganando. ¿Es o no es cierto esto? Todas las concesiones que el Estado de Colombia les concedió a las FARC no sirvieron para su arrepentimiento sino para su fortalecimiento. Y es que, entiéndanlo de una buena vez: con la izquierda no se negocia, cualquiera sea su pelaje. Ni siquiera con el cuento de "lograr la paz". La única paz que podemos ofrecerles a los terroristas es la paz de los sepulcros. Y nada más. 

Afortunadamente el pueblo de Colombia, mayoritariamente, le dijo que no al vergonzoso pacto de impunidad que el presidente Santos le extendió a Timochenko y su banda de terroristas de montaña, con la asesoría del decadente líder del comunismo cubano. Los acuerdos de Santos y las FARC pasarán a la historia de la estupidez política porque eran toda un acta de rendición total del Estado de Colombia ante los terroristas de las FARC, una de las más anacrónicas de Latinoamérica. Un pacto que no solo les ofrecía impunidad por sus crímenes sino que, además, les garantizaba presencia en el Congreso de la República. Así como lo leen: los terroristas estarían si o si en el Congreso, aunque la gente no los vote. ¿Se puede ser más imbécil otorgando gollerías a los terroristas?

Además de todo eso, el Estado de Colombia tenía que mantener a los terroristas de las FARC con dinero público y entregarles grandes extensiones de territorio para que sigan utilizándolos como sus feudos para el narcotráfico. En fin, cuesta mucho enumerar los disparates que Juan Manuel Santos les había concedido a estos terroristas que ni siquiera se habían arrepentido. Peor aun, estaban disminuidos. De lo contrario jamás se habrían sentado a negociar "la paz", como la llaman con cinismo. Lo cierto es que Alvaro Uribe fue el único presidente que tuvo pelotas para enfrentar a los terroristas de las FARC desde el primer día de su mandato. Esto lo supieron por anticipado los terroristas que hicieron lo posible por fastidiar esas elecciones amenazando a la población y quemando urnas. Pero el triunfo de Uribe fue tan arrollador que ganó en primera vuelta. 

El resultado de la política de Álvaro Uribe frente a los terroristas de las FARC y ELN significó la derrota de estos en varios frentes. Además sus principales líderes fueron eliminados, como Raúl Reyes, o se murieron de viejos, como Manuel Marulanda. Por desgracia no le permitieron a Alvaro Uribe ejercer un tercer período que, sin ninguna duda, habría significado la derrota total de las FARC sin condiciones. En su lugar asumió el mando el angelical Juan Manuel Santos, mamerto de finos modales y extraños vínculos, quien lejos de continuar la lucha frontal contra el terrorismo prefirió sentarse a negociar. Pero Santos hizo más que negociar: se entregó a las FARC con los pantalones abajo. Simplemente resulta inconcebible la cantidad de concesiones que le otorgó a las FARC. Para colmo, impuso un plebiscito con el curioso requisito del 13% para aprobar el acuerdo. Igual perdió.

Lo que hoy vemos es no solo la sorpresa absoluta de las FARC y sus seguidores dentro y fuera de Colombia, que asumían una victoria segura en el plebiscito, tras las manipulaciones descaradas de la publicidad y hasta de las encuestas a favor del acuerdo. Lo que vemos es lo mismo de siempre: el descaro de Timochenko declarando que no interesa el resultado del plebiscito. Según su entender el pacto de impunidad y gollerías a favor de las FARC está consolidado jurídicamente. A este terrorista no le interesa la voluntad del pueblo cuando se trata de un plebiscito, pero tiene el cuajo de llamarse "ejército del pueblo" y vender la tesis de que defienden al pueblo. ¿De quién es que defienden al pueblo de Colombia las FARC? Si los principales enemigos de la paz de los colombianos han sido estos delirantes y trasnochados terroristas de la izquierda anacrónica, que solo puede tener como padrinos a los comunistas fracasados de Cuba. Ya es hora de mandar al basurero de la historia a las FARC y a los comunistas de toda Latinoamérica. ¡Gracias Colombia!

jueves, 20 de agosto de 2015

Las apropiaciones de la izquierda


Por: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

La principal característica de la Guerra Fría no fue solo la tensión por la amenaza nuclear, sino la incesante batalla ideológica entre los bandos de un mundo bipolar. Esta batalla la perdió el mundo libre. Si bien el muro de Berlín cayó por el desplome de la economía comunista, el mundo capitalista quedó infectado con el virus de las ideas que la URSS supo insuflarle pacientemente. La izquierda le arrebató sutilmente a la derecha liberal capitalista casi todas sus banderas, incluso el término liberal, por lo que los liberales tuvieron que inventarse el neologismo “libertario”. Al final, casi todas las causas del mundo libre acabaron en manos de la izquierda.

La guerra ideológica giró alrededor de los derechos humanos, un concepto que al comunismo le producía urticaria. La estrategia soviética para combatir los valores del mundo libre fue simple: redefinir los conceptos y contraponer nuevos valores. Crearon el relativismo como tendencia intelectual, lo que llevó a la confusión general; luego cuestionaron valores occidentales como la libertad mediante la oposición de otros valores considerados superiores, tales como la igualdad. A la democracia representativa le opusieron la democracia participativa. A los derechos individuales le opusieron los derechos sociales. Al final de esta guerra ideológica, EEUU, el principal promotor y representante del mundo libre y democrático, acabó siendo visto como el villano, mientras que el comunismo genocida quedó como el lado bueno de la historia.

La izquierda es además dueña del relato histórico a través de su industria narrativa, que empieza por los abundantes sociólogos y antropólogos financiados por ONGs convertidas en editoriales, y finaliza con el montaje de obras de arte de pintura, cine y teatro, expuestos en salas y museos construidos por la misma izquierda. La mayoría de los burócratas de organismos internacionales son de izquierda, responsables de las guías mundiales de políticas públicas destinadas a los países subdesarrollados, tan afectos a recibir estas directrices y ponerlas por encima de todo. Nosotros, especialmente.

El resultado de la debacle ideológica liberal es que hoy la izquierda es la dueña de casi todas las causas, incluyendo los DDHH. A su manera, claro está. Instituciones creadas para defender a las sociedades del comunismo genocida, hoy son usadas por la izquierda para juzgar a los gobiernos que combatieron al terrorismo de izquierdas. Y al amparo de este desquiciado escenario, algunos ex guerrilleros y terroristas han accedido al poder por las urnas, otros se pasean campantes posando como próceres, mientras los gobernantes que los combatieron pagan sus culpas en la cárcel o con su memoria desprestigiada. Genocidas como el Che Guevara son mostrados cual santones de la justicia. Las nuevas generaciones ignoran la verdad del comunismo y se rinden ante su discurso.

Los DDHH a cargo de la izquierda han perdido todo su sentido original. La charlatanería con que alimentan su activismo ha prostituido el concepto. El mensaje del pueblo al Estado no es más un “respétame y déjame ser” sino un simple “hazte cargo de mi”. Los “derechos sociales” son solo demagogia populachera irresponsable y delirante, forjadora de una sociedad parásita que exige prebendas, privilegios tan solo por su naturaleza social. Ya no se pide respeto y libertad sino dinero. Se exige igualdad sin hacer méritos ni competir en la vida. Y en medio de ello, la derecha ha abandonado la defensa de los derechos que deberían ser parte de la agenda liberal, dejando que la izquierda se apodere de todo. El derecho elemental a la libre autodeterminación de las personas es, al contrario, atacado para defender unos valores abstractos y difusos que más parecen pretextos ridículos mezclados con aroma de moral religiosa. Nos estamos derrotando solos.

miércoles, 15 de julio de 2015

El efecto civilizador del Capitalismo





Publicado por Osmel Brito Bigott


En un artículo publicado en este mismo blog, Nicolás Cachanosky describía las confusiones que existen en torno al término capitalismo. Un término acuñado por Marx para describir el proceso de cambio producto de la revolución industrial a fines del siglo XIX.  Ayn Rand lo llamaba (y da título a uno de sus libros) el ideal desconocido, y por sobre todo hacía referencia al capitalismo puro, de laissez faire. En mi caso, y tal como Nicolás, veo al capitalismo como la consecuencia económica de la aplicación general de los principios generales (éticos, legales y por supuesto económicos) del liberalism.


Tal como indica Ayn Rand en la cita con la que abro el artículo, la mayor virtud del capitalismo es que fundamenta la creación de riqueza sobre el comercio, sobre el libre intercambio contractual de valores entre hombres libres. Antes de la aparición del capitalismo, la poca riqueza que se producía era por el saqueo y la expoliación. Los bienes de riqueza que se producían era para el disfrute de unos pocos mientras la mayoría de la población permanecía en niveles de subsistencia.


Los procesos sociales son de larguísimo plazo. Por lo que el reconocimiento de los derechos individuales y los principios de la sociedad abierta (y del capitalismo) no han sido entendidos ni captados de forma integral. Tanto Karl Popper como Friedrich Hayek señalaban que el reiterado surgimiento del socialismo es producto de los vestigios de la sociedad tribal que aún persisten en nuestra psiquis. A pesar de esto, la extensión, en mayor o menor medida, de los principios del capitalismo ha permitido el avance de la civilización.


El comercio, por siglos fue despreciado por doctrinas políticas y religiosas. Fue sólo a partir del reconocimiento de los derechos individuales, en donde se reconocía al individuo como un fin en si mismo dentro de una sociedad que, como medio, permitiría la coexistencia pacífica y voluntaria, que el comercio se reconoció, de manera lenta y progresiva, como una forma de intercambio civilizada.

En la trilogía de películas “El Padrino”, se muestra el esfuerzo (casi siempre infructuoso) que hace Michael Corleone para hacer legítimo el negocio de su familia y sacarlos de la violencia. Todo acto violento, como el atentado que sufre Vito Corleone o la muerte de Sonny Corleone, ambos ocurridos en la primera parte de la trilogía, son justificados como acciones de negocios. Lo mismo ocurre en el negocio del narcotráfico, que por ser ilegal, los carteles realizan acciones violentas para poder captar clientes o retener mercados.


En la medida que el capitalismo de laissez faire se deja funcionar, los actores de cualquier sector económico deben modificar sus comportamientos y adaptarlos dentro del proceso de intercambios voluntarios, y por sobre todo, atender las necesidades de los otros. En el libre mercado son quienes mejor atienden las necesidades del público quienes se terminarán enriqueciendo. Y cualquier forma violenta de obtener ese resultado (vía engaño, fraude o malas condiciones) será penalizada. Para poder captar clientes o retener mercados tienen que recurrir a medios civilizados, a persuadir a los consumidores de las bondades de sus productos y servicios para que estos los adquieran.


Algo distinto sucede cuando el mercado no es libre o no hay respeto a los contratos implícitos y explícitos en las transacciones entre actores.  Cuando el gobierno interviene la economía, decidiendo de antemano quienes ganan, hace que las relaciones entre agentes económicas sean violentas y no voluntarias.  Al establecer barreras al comercio y dejar cautivos los mercados internos para pocos empresarios, en su mayor caso ineficientes, se violenta el derecho de cada individuo a utilizar su propiedad y decidir a quien comprar (o no comprar).  Lo mismo sucede al ilegalizar cualquier forma de comercio o establecer precios, los mercados negros afloran, y en esos escenarios cualquier negociación se vuelve incivilizada.


En la medida que se permita el desarrollo libre de los individuos, se incentivará el desarrollo de relaciones voluntarias y civilizadas.  Y de ello depende el crecimiento económico y por ende mayores niveles de bienestar para las sociedades.  Pero para lograr esto se requiere una constante batalla cultural y de ideas que diseminen los principios de la sociedad libre.  A la larga, y cito a mi amigo Guillermo Rodríguez, la humanidad tendrá un futuro de libertad, o simplemente no tendrá futuro.

jueves, 1 de enero de 2015

Adiós a la izquierda fracasada


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Nunca recibimos un nuevo año con más optimismo que ahora sabiendo que al fin concluye la peor gestión municipal de la historia de Lima. Se ha hablado bastante de Susana Villarán señalando su clamorosa ineptitud, pero hace falta ir más allá de su persona para llegar al verdadero origen de su fracaso, pues no se trata de un fracaso aislado. Susana Villarán representa a la izquierda, un sector político e intelectual que se cree la mejor opción para el país, son seres especiales, se sienten la crema y nata de la sabiduría y de la ética, y que su misión divina es dirigir el país hacia el paraíso de la felicidad social. Ellos y solo ellos tienen la fórmula mágica para lograrlo.

Susana Villarán  y su "equipo técnico" de izquierda, junto a su ejército de trolls en las redes sociales, no pudieron engañar a la gente, ni aun con su millonario presupuesto de publicidad y el amplio apoyo de la prensa progre y los columnistas caviares, a los que cabe sumar a los oportunistas que prefieren la pose correcta a la consecuencia política y acabaron apoyando el desastre villaranista. No importa cuánta propaganda hayan hecho, cuántos artistas de ópera barata hayan salido a mostrar su apoyo a la gestión progresista de Villarán. La realidad siempre se impone y el ciudadano de a pie reconoció finalmente la distancia que hay entre el lindo floro del progresismo y el desastre de la realidad cotidiana. Es una vieja historia de la izquierda.

El fracaso de Susana Villarán es típico de la izquierda. Es más que una persona, se trata de una mentalidad del fracaso, de un estilo de hacer política y, como ella misma lo dijo al despedirse: "de su manera de ver y entender el mundo". Eso es el socialismo a fin de cuentas: un modo retorcido de entender la realidad, una claudicación de la razón para someterla a la emoción, al sueño y el delirio. La gestión de Susana Villarán -como de otros socialismos modernos- fue un comunismo light, asolapado, barnizado con un falso discurso de respeto a la democracia pero siempre con sus proyectos totalitarios bajo la manga, dispuestos a emprender el cambio radical de la sociedad a través de mecanismos de coacción estatal que, en casos extremos, han sabido llegar al genocidio.

En su manera de ver y entender el mundo la izquierda sufre de una penosa alienación mental que la lleva a diagnósticos disparatados. Entienden las cosas al revés. Acumulan pesados estudios para entender el origen de la pobreza cuando esta ha estado presente desde siempre sin que el hombre hiciera nada, en cambio la riqueza ha sido producto del trabajo, la creatividad y otros factores que si son importantes entender y defender. Se preocupan por meros espejismos conceptuales como "justicia social" y confunden la política con la beneficencia pública. Asumen que las características propias de la humanidad desde sus orígenes son consecuencia de un sistema económico aparecido hace 2 siglos, y entonces suponen que combatiendo el capitalismo desaparecerán el egoísmo, la avaricia, la ambición, la especulación la corrupción, la competitividad, la desigualdad, etc. Y creen que pueden hacer todo esto con leyes y coacción estatal, tal como lo hemos visto en Cuba hace más de medio siglo y en Venezuela hace ya década y media.

Por supuesto que el fracaso de Cuba, Venezuela y el de la Lima villaranista son muy parecidos. La suerte de la ciudad es que Villarán no ha tenido más tiempo ni más poder para destruirla. No es que ella tenga la intención de acabar con la ciudad sino que sus preocupaciones son de otra índole, a ella le preocupa más la desigualdad, por eso inició su gestión con un estrambótico proyecto llamado "Costa Verde Sur" que nadie necesitaba ni pidió pero que ella juzgaba indispensable para que el cono sur tuviera su propia Costa Verde, tan igual que Miraflores. También le preocupaba la discriminación de los gays y apoyó los besos gays frente a la Catedral con una ordenanza que obligaba a todos los establecimientos a lucir un cartel de bienvenida a los gays. 

Otra preocupación de Susana Villarán fue la cultura, tema central en el pensamiento progresista. La izquierda cree que la cultura popular debe ser apoyada, promocionada y financiada por el Estado, bajo los intereses del régimen, obviamente. Por ello la herencia de Villarán es una novedosa Gerencia de Cultura que se encargaba de trazar las "rutas de la memoria" y de celebrar puntualmente la fecha de entrega del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), con las víctimas de las FFAA subidas en el estrado para contar, por cuchucienta vez, cómo fueron violadas por los soldados, mientras artistas del progresismo escenifican la lucha armada y la resistencia contra la reacción. 

La cultura progresista es simple y llanamente una manipulación mental de la gente desde el Estado. En el Perú la izquierda inició su penetración cultural con la famosa CVR, encargada de "explicar" al Perú por qué ocurrió lo que llaman "conflicto armado interno". A continuación montaron toda la parafernalia que les siguió como el monumento al "ojo que llora" y el "museo de la memoria", a lo que cabe añadir las infaltables celebraciones del día de entrega del informe de la CVR.  Con una Gerencia de Cultura en el Municipio y un Ministerio de Cultura en el Ejecutivo la izquierda cuenta ya con los mecanismos perfectos para dirigir el adoctrinamiento social a través del "arte popular" y del financiamiento de todo proyecto "cultural" que cuente con el aval progresista. 

Mientras la izquierda se pasa la vida ocupada en espejismos absurdos como la justicia social y quimeras estúpidas como luchar contra la desigualdad, la realidad se consume y degrada. Creen que luchar a favor de los pobres es lo mismo que combatir la riqueza y el afán de lucro. Odian al que tiene éxito y adoran al pobre que se quedó "marginado" y "excluido". Les preocupa tanto la exclusión que están dispuestos a cambiar el lenguaje para que "todos y todas" queden "incluidos e incluidas" en el habla popular. Hacen leyes, organizan eventos, programas y políticas públicas para fomentar la conciencia social, promover la ciudadanía, combatir la discriminación, empoderar a la mujer y apoyar a los sectores menos favorecidos. Y mientras andan ocupados en todo eso los problemas reales y mayores de la ciudad colapsan, las bases productivas del país se paralizan. 

A nadie debe sorprenderle el fracaso de Susana Villarán. No hace falta conocer su programa o plan de acción, escuchar su discurso y revisar su hoja de vida. Basta con saber que es una progresista, una representante de la izquierda lunática, alienada y fracasada para adivinar lo que será el resultado de su gestión porque a la izquierda no le interesan los problemas reales, están más interesados en cambiar la cultura, es decir, el espejismo de ideas, creencias y estructuras mentales que configuran las sociedades. Ese es su objetivo y para eso están dispuestos a sojuzgar la realidad. Por ello mismo, lo que tenemos hoy es una ciudad postergada, deteriorada y con sus principales problemas aumentados. Es la izquierda señores. Nada más. Esperemos que no regrese nunca más.

sábado, 27 de diciembre de 2014

caPERUcita y el lobo



Escrito por: Elvis Occ

Aparte de un reducido numero de políticos y periodistas, la falta de testosterona en los dichos y escritos de algunos de los mas conocidos lideres de opinión, cuando se trata de SL o MRTA es alarmante. Tan aterrador el miedo -cobardía en los mas enanos- que prefieren martillear al que osa asomar su indignación so pretexto de algún civilizado y estratégico razonamiento académico. Pobres almas! Jugando a caperucita y el lobo, con los terroristas. Cuando el Ministro Urresti irrumpió en la exposición "artistica" de los senderistas les dijo en su cara limpia y pelada uds. no son la abuelita del cuento, uds son los lobos. Son Sendero! 

No paso mucho tiempo para que se alzaran voces en contra del figureti Urresti, que era una cortina de humo y otras suposiciones mas. Esos mismos que hasta el día de hoy tratan a los senderistas con guantes de seda o curiosidad de entomologo, pero no como lo que son: terroristas. Los pupilos de Abimael Guzman sabedores de la displicencia con que se maneja la estrategia anti terrorista -¿hay estrategia?- hacen exposiciones, dan recitales y promueven seminarios impregnados del Pensamiento Gonzalo. Acaso algún funcionario local tan siquiera echa una ojeada al asunto? Pero Urresti se atrevió a apuntar con el dedo! Palo con el!

Quizás no coincidamos con el Ministro Urresti y la mayoría de sus "criolladas" de cuartel o hasta incomode verlo mas seguido que la bataclana del momento en la tele, pero esta vez si la chunto. Al resto de senderologos que quieran seguir jugando a Caperucita y el lobo, les hago notar que el lobo no es de peluche. Si antes se creyo que eran cuatreros hoy todo pareceria indicar que algunos estan convencidos de las aptitudes e intenciones artisticas de los del PCP. Corran que viene el lobo!

www.elvisocc.org 

sábado, 8 de noviembre de 2014

El muro de la vergüenza comunista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Los cándidos de izquierda tienen memoria para conmemorar con titulares indignados la desaparición de un estudiante universitario a manos de la policía ocurrida hace 22 años, pero padecen de amnesia cuando se trata de recordar los 25 años de la caída del muro de Berlín, un hecho que además de figurar en los libros de historia como un hito de nuestra época, aparece por estos días en las páginas de los diarios del mundo. Seguramente que la memoria de izquierda no quiere recordar ese episodio. No obstante, es imperioso hacerlo; no solo para refrescarle los recuerdos al progresismo sino para educar a los jóvenes y advertirles adónde conducen las locuras de la izquierda con sus discursos edulcorados.

La caída del muro de Berlín, ocurrida el 9 de noviembre de 1989 fue el fin de una era de barbarie que se inició con la revolución rusa y siguió con el genocidio estalinista y maoista, entre otros muchos que se cobraron la vida de cien millones de personas, sin contar los miles de muertos de las numerosas revoluciones que la izquierda lunática generó en Latinoamérica mediante el terrorismo guerrillero. El comunismo fue una especie de virus mental que afectó a varias generaciones del siglo pasado llevándolas hacia la locura de una utopía salvaje que no tenía otra forma de mantenerse que montando un totalitarismo aterrador, dirigido por un tirano eterno. El modelo se basaba en la explotación de los ciudadanos por el Estado a cambio de servicios gratuitos que eran cada vez de peor calidad y terminaban en el racionamiento y la escasez. El último sobreviviente de los sátrapas del comunismo es Fidel Castro, el rufián que sumió a Cuba en la miseria, y el último retoño es el payaso juvenil Kim Jong-Un, dueño absoluto de la cárcel medieval llamada República Popular y Democrática de Korea.

Podría decirse que el muro empezó a caer en junio de 1989 cuando Ronald Reagan visitó Berlín occidental y pronunció un histórico y provocador discurso en la puerta de Brandembugo conminando a Gorvachov a derribar el muro con estas palabras:
"Hay una señal que los soviéticos pueden hacer que sería inequívoca, que promovería de manera espectacular la causa de la libertad y de la paz. Secretario General Gorbachov, si busca Ud. la paz, si busca Ud. la prosperidad de la Unión Soviética y de Europa Oriental, si busca Ud. la liberalización, venga aquí hasta esta puerta. Sr. Gorbachov, abra esta puerta. Sr. Gorbachov: ¡derribe este muro!"
Mijail Gorvachov trató de salvar el comunismo. La URSS se hundía en el atraso asfixiada por la falencia económica. No estaba ya en condiciones de competir con EEUU en ningún aspecto. El ambicioso proyecto lanzado por Ronald Reagan llamado "guerra de galaxias" consistente en crear un escudo antimisiles en el espacio convertía en chatarra el arsenal de misiles soviéticos. La URSS no estaba en condiciones para responder a semejante desafío. Reagan les había puesto la valla muy alta. Se retiraron derrotados de Afganistán para reducir sus costos. Un año antes, el desastre de Chernobil había mostrado los bajos estándares de calidad con que la crisis los obligaba a operar. Había que cambiar o morir. Gorvachov llamó perestroika a su proceso de cambios, pero además quiso introducir algo de libertad occidental con lo que llamó glasnot. Pero esa pequeña dosis de libertad fue la grieta que empezó a expandirse rápidamente hasta colapsar todo el sistema. El comunismo es incompatible con la libertad.

Apenas la URSS reventó como una pompa de jabón sin hacer el menor ruido en el aire, sus satélites en todo el bloque comunista empezaron a flaquear en medio del desconcierto. Los comunistas de Alemania Oriental, acostumbrados a recibir órdenes, no sabían qué hacer. La gente fue acercándose poco a poco al muro, ese temido muro que se había cobrado la vida de más de 250 personas tratando de escapar hacia la libertad. A ambos lados del muro había gente exigiendo que se abran las puertas. Hasta que la masa empujó a los guardias y empezaron a cruzar. La historia había cambiado.

En Occidente se le llamó simplemente "el muro de la vergüenza" porque representaba el fracaso de un sistema que eliminaba las libertades humanas en busca de una utopía de progreso basado en un enfoque social, pero a costa del individuo. El comunismo, a pesar de su retórica cargada de expresiones como "pueblo" y "justicia", nunca fue popular ni se asomó al ideal de justicia. Al contrario, fue un régimen totalitario y despótico que imponía su ideología con fanatismo religioso, y pretendía convertir a la sociedad en una inmensa granja colectiva controlada por una burocracia iluminada, instancia única que planificaba rigurosamente los procesos de producción y cosechaba los frutos para distribuirlos equitativamente a la sociedad. Un ejército de burócratas planificaba la producción de las fábricas y del agro completamente ajenos a las variables del mercado y hasta del clima. Y ajenos además a cualquier interés en el proceso. El resultado fue el deterioro progresivo de la economía y, por tanto, de la sociedad que se iba pauperizando. Para colmo, el comunismo hacía del país una cárcel de la que nadie podía escapar.

Cuando los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial se repartieron Berlín, la parte que le tocó a la URSS adoptó el comunismo. Los primeros efectos de su política hicieron que la gente huyera al lado occidental. La estampida era de tal magnitud que los comunistas se vieron forzados a cercar su lado de la ciudad con un gran muro de concreto, dejando en evidencia que el comunismo era una nefasta imposición de fanáticos idiotizados con una ideología absurda. Los que se atrevieron a saltar el muro pagaron con su vida tal osadía. El gobierno comunista "explicó" a sus ciudadanos cautivos que el muro trataba de protegerlos de la invasión fascista. En todo el mundo se le llamó "el muro de la vergüenza". Tras la caída del muro y el colapso del comunismo, al año siguiente el canciller alemán llamó a Mijail Gorvachov para pedirle que retire sus blindados de Alemania. Gorvachov accedió pero le puso una sola condición: "usted pone la gasolina", le dijo. 

Tras 25 años de aquello, es necesario recordar que las ideas de izquierda ya fueron puestas en práctica con todo rigor y fueron un fracaso completo y tenebroso. Hay que pasarles la película a los jóvenes que hoy pretenden abrazar esas ideas porque están recubiertas de miel, pero son una trampa mortal como las que atrae a las moscas. Comunismo nunca más, bajo ningún disfraz.

viernes, 15 de agosto de 2014

Desfachatez progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El líder comunista cubano Fidel Castro cumplió 88 años y fue ocasión para que el progresismo latinoamericano en pleno desate, una vez más, su acostumbrada y ridícula pasión por el culto a la persona, dejando de lado el más mínimo sentido de crítica y hasta el más elemental pudor. Y no solo en este caso, a decir verdad, ya que todos los líderes comunistas idolatrados por masas estúpidas nunca fueron más que felones y dictadores de baja estofa, que representaban lo más abyecto y despreciable de la especie humana. La lista de tiranuelos comunistas es larga, empieza con Stalin, sigue con Mao y acaba probablemente con Fidel Castro y ese payaso norcoreano que sueña con lanzar un ataque nuclear a Nueva York.

Fidel Castro no solo es un dictador sino la última alimaña viva de la época más nefasta de la humanidad, cuando el comunismo casi dominaba el mundo entero en diversas variantes, todas patológicas y letales. Pero Fidel Castro ostenta además el triste récord de regentar la tiranía más longeva de la historia, pues la mafia comunista liderada por él se apropió del poder hace más de medio siglo. ¿No basta solo esto para escupirle en el rostro como a un vulgar delincuente? Tal vez esto sea algo poco apropiado para un vulgar delincuente, eso lo estoy dudando, pero para un dictador que se entroniza en el poder mandoneando a su capricho a un pueblo por más de medio siglo, llevándolo a la miseria más espantosa, merece al menos un buen escupitajo en defensa de la dignidad de ese pueblo.

Y lo merecen también todos esos fantoches de la izquierda que idolatran al dictador como a una virgen inmaculada, llenándolo de alabanzas y homenajes como si se tratara de un dios. Patéticos personajes que navegan en el mar de la estupidez política y la falsa moral. No tienen nada que enseñarnos. Su mundo es un mundo de tiranos podridos en el poder, que merecen morir masacrados por su pueblo como Nicolae Ceaușescu o Muamar Kadafi. Pero también es un mundo bizarro, donde el lavado cerebral a base de consignas repetidas durante décadas de propaganda oficial, sin más alternativa que oír la voz del amo, acaba por transformar a los habitantes en masas idiotizadas que lloran la muerte de su opresor, como ocurrió con Mao y Stalin, y como probablemente ocurrirá con la próxima muerte de este tirano cubano.

Fidel Castro representa perfectamente todo ese mundo mítico del progresismo latinoamericano, el discurso inflamado repleto de clichés y amenazas al poder que consideran opresor, la pose revolucionaria que promete cambios radicales que transformarán el mundo en un paraíso de justicia social, el desprecio de la lógica y el saber para preferir la ideología y el sueño utópico, la incapacidad para aprender de la experiencia y rectificar el rumbo, y finalmente la ceguera para no reconocer la miseria y el desastre provocados. A eso hay que sumarle la desvergüenza para seguir idolatrando fantoches fracasados y asesinos mercenarios.

Fidel Castro llegó a La Habana un primero de enero de 1959 gritando "libertad", pero lo primero que hizo fue eliminar todas las libertades al pueblo, desde la libertad de pensamiento hasta la libertad de expresión; justificó su revolución en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista que ya cumplía 5 años, pero luego montó su propia dictadura de 55 años; se quejó de que Cuba era el burdel de los yanquis, pero luego convirtió a la isla en prostíbulo de los soviéticos, donde los soldados, técnicos y políticos rusos que llegaban a montones embarazaban cubanas dejándoles hijos con nombres curiosos; denunció el atraso del pueblo cubano pero lo primero que hizo fue confiscar todas las propiedades y prohibir los negocios privados hasta sumirla en la más absoluta decadencia; habló de la dignidad e independencia del pueblo ante el imperialismo norteamericano, pero se arrodilló ante el imperio soviético al que le regaló toda la isla para que la conviertan en lanzadera de misiles nucleares. 

La insensata gestión de Fidel Castro convirtió a Cuba en un parásito mundial, pues vivieron mantenidos por los rusos durante 30 años, luego de la debacle mundial del comunismo pasaron hambruna hasta que Castro tuvo que permitir que los cubanos de EEUU ayuden al pueblo con sus remesas de dólares; por último pasaron a ser mantenidos por la Venezuela chavista. Nunca pudieron pagar sus cuantiosas deudas externas y hasta los rusos tuvieron que perdonarles los US$ 30 mil millones que les debían. Cuba es un mundo de ficción donde todo se cae a pedazos pero se leen consignas sobre el triunfo de la revolución. Tal vez los miserables cubanos esclavizados por el régimen no sepan que están siendo engañados, pero los idiotas de toda Latinoamérica que a pesar de todas estas evidencias se niegan a admitir la realidad del desastre, y siguen idolatrando al dictador y promoviendo el socialismo son los que francamente dan asco.

Los latinoamericanos tenemos aun razones especiales para detestar a Fidel Castro porque convirtió a Cuba en la escuela mundial del terrorismo comunista, desde donde salían los enajenados mentales de la izquierda a sembrar la violencia en nuestros países con la estúpida idea de que iban a "liberar a los pueblos". Los pobres cubanos fueron incluso obligados a marchar hasta la lejana Angola para luchar en una guerra ajena, apoyando la expansión del imperialismo soviético que imponía el comunismo a sangre y fuego. En esa aventura murieron más de 3 mil cubanos y sus familias nunca recibieron compensación alguna. Fidel Castro ha sido de muchas maneras el responsable directo de miles de muertes, tanto de cubanos como de africanos y latinoamericanos. Lamentablemente a este tipo de criminales nadie los puede enjuiciar y sentenciar a la pena que se merecen. Pero estamos seguros que, al contrario de lo que espera este folklórico tirano del Caribe, la historia no lo absolverá. 

jueves, 17 de julio de 2014

Democracia, capitalismo y socialismos


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Siempre resulta inquietante, por decir lo menos, ver que los socialistas, expertos en quebrar países, pretendan darnos lecciones de economía. Claro que sus lecciones no pasan de criticar al capitalismo sin entenderlo. Todo su interés está en buscar alguna falla para magnificarla y declarar muy orondos que el modelo ha fracasado. Antes les bastaba con señalar gráficamente a los pobres como prueba de que el capitalismo ha fracasado. Pero como los pobres son mayoritarios en el socialismo, hoy los socialistas han progresado hacía un nuevo concepto aparentemente más intelectual y sofisticado: la desigualdad. Con tales gráficos e índices nos pretenden probar que el capitalismo no ha sido capaz de resolver los problemas de la humanidad y, por tanto, se debe aspirar a un cambio de modelo. 

El problema es que el otro modelo no existe. No es más que imaginación y charlatanería. Todo intento por imponer la igualdad económica por decreto lleva directamente a la pobreza. Los socialistas no tienen ni un solo modelo en el mundo que esté funcionando o que haya funcionado alguna vez de manera sostenida. Lo que tienen, en el mejor de los casos, no pasan de ser ejemplos de arbitrariedad arrogante con un bienestar artificial y temporal que acaba ineludiblemente en el desastre. 

Salvo en el papel, el socialismo no ha existido jamás, y el comunismo menos. Todo lo que ha habido hasta ahora son patéticos casos de totalitarismos de Estado a cargo de burocracias corruptas que han legalizado la explotación a cambio del asistencialismo con chantaje político. Su mayor virtud ha sido la imposición fanática de controles y prohibiciones limitando las libertades de los individuos al máximo, tanto en lo económico como en lo político, llegando incluso a acabar con la propiedad privada y la libertad de expresión. Ese es todo el modelo que tienen para mostrar los socialistas en los hechos reales. El resto es linda palabrería y dulce imaginación. Como decía Santayana: "No hay tiranía peor que la de una conciencia retrógrada o fanática que oprime a un mundo que no entiende, en nombre de otro mundo que no existe".

Y palabrería es todo lo que podemos leer en las columnas de distinguidos representantes de la izquierda criolla, críticos eternos del capitalismo y profetas obsesivos de su apocalipsis. Siempre están hablando de la crisis del capitalismo y no dejan de verlo herido de muerte. Desde Marx en la primera mitad del siglo XIX hasta los dementes del socialismo del siglo XXI, los predicadores del fin del capitalismo han abundado como gusanos sobre una ideología podrida. Mientras tanto el capitalismo ha seguido creando riquezas, tecnología y progreso, y ha estado sacando de la pobreza a la mayor parte del mundo civilizado. Para colmo, los países que en el siglo pasado pretendieron inventar el nuevo modelo socialista, terminaron abrazando el capitalismo luego de saborear el hambre y la miseria. 

Pero como la estupidez humana es infinita, nunca cesarán los críticos del capitalismo. Es bueno que hayan críticos para mejorar el modelo, pero aquellos que quieren vendernos un nuevo modelo económico social ya deberían estar en el manicomio. El problema es que los idiotas se renuevan, actualizan su discurso y siempre dan la apariencia de ser una vanguardia intelectual, con lo cual terminan seduciendo a la siempre ingenua y soñadora juventud, quienes creen que están escuchando un novedoso mensaje celestial que ofrece el paraíso de igualdad y justicia para todos. 

Lo malo de hacerse viejo es que la historia se vuelve a repetir y empiezas a ver lo mismo una y otra vez, con diferentes voces y rostros. La vida empieza a aburrir porque los idiotas solo se van turnando en el discurso y en la tarea inicua de arruinar países con la misma charlatanería estúpida. Quienes padecimos a Velasco y al Alan García de los 80 solo podemos bostezar al ver lo que ocurre hoy en Venezuela, con sus colas enormes para comprar lo básico, su desabastecimiento, su falta de libertad, su prepotencia estatal, etc. Y su payaso en el poder. Es como volver a ver una vieja película con nuevos actores. Los socialismos son solo remakes del mismo guión fracasado.

Así que cada vez que encuentro a uno de estos genios de la izquierda criolla criticando al capitalismo, anunciando su crisis y proponiendo un nuevo modelo económico, político y social, que haga realidad las justas aspiraciones de los pueblos y reduzca las grandes brechas de desigualdad, realmente siento como si otro lunático tocara mi puerta para leerme el mismo evangelio salvador. Lo único que debemos hacer es tirarles un portazo en la nariz.

jueves, 1 de mayo de 2014

Apuntes sobre el mito



Escrito por: Agustin Laje/Centros de Estudios Libre

Quizá a contrapelo de lo que ocurre en otras áreas del conocimiento y la experiencia humana, la importancia del mito en la política continúa siendo lo suficientemente relevante como para poner en duda el “desencantamiento del mundo” que anunciara Max Weber en su conocido ensayo “La ciencia como vocación”. No interesa, en este sentido, efectuar desde estas líneas un juicio ético o epistemológico sobre el mito. Antes bien, preferimos tomar al mito como una nota cultural de nuestros tiempos, caracterizados por la bipolaridad que atraviesa al pensamiento moderno −tras la irrupción de las corrientes romanticistas que vinieron a cuestionar los valores de la ilustración−, destacada por Gadamer precisamente como una “oposición entre mito y razón”.


Es dable reconocer que esta permanencia y, aún más, esta multiplicación de los mitos en la moderna sociedad de masas, fue prevista por Marx en carta a Kugelman, en la que ya advertía: “Hasta el presente se creía que la formación de los mitos cristianos en el Impero romano había sido posible porque, hasta entonces, no se había inventado la imprenta. Es todo lo contrario. La prensa cotidiana y el telégrafo, que esparcen sus invenciones por todo el universo en un abrir y cerrar de ojos, fabrican en un día más mitos (que el rebaño de burgueses acepta y difunde) que los que aparecían antiguamente en un siglo”. Marx quizá en ese momento no lo sabía, pero su escatológica “sociedad sin clases” conformaría uno de los mitos más destructivos de la historia del hombre pocas décadas más tarde.

El mito, en sentido amplio, es un discurso social que condensa experiencias del hombre que son reacias, por motivos de distinta índole, a ser expresadas con arreglo a la razón. El mito político, como subespecie del mito, constituye entonces el elemento épico de la política, traduciendo en lenguaje fantástico y sentimental una lista variable de elementos: ideas, sucesos históricos, relatos utópicos, personajes históricos, personajes ficticios, etc. Como afirma Sebreli, “el mito es un espacio vacío que puede ser ocupado por los más diversos significados”.[1]


A su vez, el mito político puede ser entendido como un elemento del discurso ideológico, si por ideología entendemos un conjunto de ideas acerca del mundo político y social, que pueden estar de conformidad con el orden establecido o bien en sus antípodas, cuyo deber ser es el punto de partida para leer el ser, y que involucran no sólo abstracciones académicas –lo que en todo caso caracterizaría a una doctrina y no a una ideología– sino también una pluralidad de elementos que simplifican tales abstracciones únicamente accesibles a las élites intelectuales, haciéndolas aprehensibles por el grueso social. Este vínculo entre mito e ideología es previsto por Barthes, para quien los mitos constituyen “una práctica discursiva que, como mínimo, refleja, y en general ayuda a reinscribir, una ideología particular”.[2]


Así las cosas, el mito político representa el elemento ideológico que corre por el carril que se dirige a la dimensión afectiva del hombre, sustancialmente distinto del carril por el cual corre el argumento político empírico, dirigido fundamentalmente a la razón humana. Leenhardt explica que “el mito es sentido −vivido antes de su inteligibilidad y formulación. Es la palabra, la figura, el gesto, que circunscriben el hecho en el corazón del hombre, emotivo, como un niño”.[3]


La hegemonía que mantiene el pensamiento económico en el interior de la derecha ha ido despojando de elementos ideológicos (entre ellos, el mito) a las diversas corrientes de pensamiento que se podrían inscribir dentro de tal categoría. En efecto, el economicismo ha ido vaciando de épica a la derecha, fundamentalmente a su vertiente liberal. Y no podemos dejar de señalar la curiosa paradoja que de ello resulta: proponer una defensa ultrarracional de un sistema como el capitalista, nacido al calor de la ética religiosa como demostrara Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo es, cuando menos, una pésima estrategia y un flagrante contrasentido.


El mito está destinado a cumplir, grosso modo, tres funciones sociales: la atracción hacia el interior de un grupo, que se traduce en mayor cohesión entre sus miembros (Antonio Castagno asevera que el mito político “actúa como factor integrador, es decir capaz de convertir a la pluralización de hombres y de grupos en una unidad”[4]); la atracción que provoca en el exterior del grupo, que se traduce en nuevas incorporaciones al mismo de modo permanente; y la simplificación de las abstracciones que, pensadas por los intelectuales, deben traducirse a imágenes inteligibles por la afectividad humana. Al respecto, Eric Selbin destaca que “es poco probable que las personas sean movilizadas por conceptos teóricos, secos y distantes”.[5] Aunque, es necesario decirlo, de ello no debe seguirse que el rol del teórico sea despreciable. Más bien, todo lo contrario: la función simplificadora del mito sería imposible de no contar con ningún objeto teórico que simplificar.


Pensemos por ejemplo en el mito de la “huelga general” de Georges Sorel, que representaba el clímax de la lucha de los proletariados teorizada por el marxismo contra el capitalismo en virtud de la cual, tras abandonar aquéllos colectivamente los puestos de trabajo, le infringirían un golpe de muerte al sistema. En efecto, asistía mucha verdad a Sorel cuando explicaba que “en modo alguno basta el lenguaje para lograr resultados; hay que apelar a conjuntos de imágenes capaces de evocar, en conjunto y por mera intuición, antes de cualquier análisis reflexivo, la masa de los sentimientos que corresponde a las diversas manifestaciones de la guerra entablada por el socialismo contra la sociedad moderna”.[6]


Lo más próximo a un mito que tuvo en los últimos años el liberalismo –su proximidad al mito soreliano llama nuestra atención– fue la “huelga general” no de los trabajadores manuales, sino de los “hombres de la mente” en La rebelión de Atlas de Ayn Rand, quienes tras soportar la explotación del parasitismo colectivista deciden retirarse del mundo y dejar que éste perezca bajo el destructivo código moral de la izquierda. La fuerza que tal relato ha tenido es innegable: la obra en cuestión no sólo ha sido considerada por el Congreso de los Estados Unidos como el segundo libro más influyente en los norteamericanos después de la Biblia, sino que es la actual puerta ingreso al liberalismo para muchos jóvenes. El problema es que, aun así, al liberalismo le alcanza un solo dedo para contar su único mito, mientras a la izquierda no le alcanzan los dedos de ambas manos para contar los propios.


Si la “batalla cultural” que tan bien comprende y lleva adelante la izquierda se basa, como toda batalla, en movimientos defensivos y ofensivos, entonces la derecha debería comprender que el mito es un arma sumamente poderosa puesto que, como afirma Eugenio del Río, “no es fácil imaginar un movimiento popular amplio, duradero y arraigado que no esté alimentado por fuerzas míticas”[7]. En efecto, de lo que se trata es de desarticular los mitos del contrincante pero también de edificar los propios. Quien abandona el mito como recurso político se asemeja al soldado que arroja su armamento y se dispone a luchar a cuerpo contra un pelotón armado hasta los dientes.

En fin, resulta evidente que la derecha precisa de nuevo oxígeno intelectual capaz de redefinir su estrategia en el nuevo milenio, tal como lo hizo el marxismo en su camino hacia el posmarxismo. Caso contrario, aquélla terminará como el soldado desarmado en medio de una “batalla cultural” que todavía no termina de comprender.


www.elvisocc.org

viernes, 21 de marzo de 2014

Contra toda forma de totalitarismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La lucha por la libertad contra toda forma de totalitarismo tiene que ser clara. Muchos confunden esto con una lucha contra la izquierda dogmática marxista y sus variantes. Es cierto que la izquierda marxista es una ideología totalitaria pero no es la única ni la más antigua. Es apenas la última expresión de una vieja mala costumbre humana: la de inventar doctrinas de fe y dioses salvadores. El hecho de ver recientemente países enteros adorando a Lennin, Stalin, Mao, Kim Il Sung, Evita, el Che y Hugo Chávez, entre muchos otros nos ha llevado a pensar que solo la izquierda marxista ha caído en el foso de la perdición mental. Pero no es así. La mala noticia es que la humanidad tiene esa tendencia desde hace milenios. Lo que hemos visto a lo largo de la historia desde la era de los faraones son solo variantes.

Como liberal mi posición es bastante simple. Estoy en contra de toda forma de dogma o ideología o doctrina de salvación de la humanidad y sus dioses, sean de carne y hueso o imaginarios. Todas son falsas. Lo que hacen es someter el pensamiento de la gente y esclavizarlas para obedecer los dictados de una organización que manipula los destinos de la sociedad. Esta acaba siendo siempre el Estado ya sea controlado por la Iglesia o por un Partido. Ambos (Iglesia y Partido) defienden una doctrina con la que envenenan la mente de las personas y las manipulan. Es una muy antigua estrategia inventada en las cavernas por los primeros chamanes y sacerdotes. Los primeros cuentistas. Lo que hizo Marx hace poco fue darle apariencia de "ciencia social" a una nueva ideología de salvación.

Así como estoy en contra de que el Estado caiga en manos de un partido único, también me opongo a que el Estado sea controlado por una Iglesia. Siempre estaré en contra de utilizar al Estado para imponer una doctrina de salvación, sea religiosa o marxista o de cualquier índole. Los países que han logrado el mayor desarrollo son los que han mantenido al Estado al margen de una Iglesia y de un Partido único. En el Perú los fanáticos de la fe católica se han apoderado del Estado en muchos aspectos, como también lo han hecho los marxistas. Ambos son igual de nefastos para la sociedad.

Estoy contra las malas ideas en general y pienso que hay que combatirlas con buenas ideas. No estoy en contra de que la gente crea en lo que le venga en gana creer dentro de su casa, pero si en contra de que se utilice al Estado y la ley para imponer ideologías de cualquier especie a toda la sociedad. En suma, lo que defiendo es la libertad de las personas y promuevo el pensamiento libre, es decir, la racionalidad basada en la crítica y el conocimiento. 


sábado, 22 de febrero de 2014

COMUNICADO OFICIAL



Escrito por: Elvis Occ

Ante la situacion que sufre el hermano pueblo de Venezuela, los peruanos que apoyamos la libertad comunicamos lo siguiente:

1- Denunciamos ante la opinion publica del Peru, la cobarde represion armada del gobierno dictatorial socialista contra el indefenso pueblo venezolano. El presidente Nicolas Maduro, tiene sus manos manchadas de sangre.

2- El criminal ataque de las fuerzas policiales y milicias paramilitares armadas por el gobierno socialista de Nicolas Maduro con el asesoramiento del gobierno comunista de Cuba, el cual constituye una grosera intervencion en la libre determinacion de los pueblos.

3- Hacemos extensiva esta denuncia a la izquierda peruana y continental quienes haciendo uso de conocidos entes socialistas como UNASUR, Foro de Sao Paulo y CELAC pretenden entronizar la perennizacion del regimen socialista en Venezuela para beneficio de la dictadura comunista cubana.

4- Acusamos a los intereses economicos de Cuba que buscando la supervivencia de su fallido modelo comunista de gobierno, pretenden convertir a Venezuela en un enclave economico.

5- Alertamos sobre la antidemocratica intervencion de personal de inteligencia cubano como tambien el desembarco de tropas militares en suelo venezolano con el objetivo de arrestar, torturar y desaparecer a la oposicion venezolana.

6- LLamamos por ello a rechazar cualquier intervencion dialogante que no sea mediada por una institucion neutral como la ONU o en su defecto la OEA y asi evitar la masacre de ciudadanos venezolanos.

7- Asi mismo instamos al pueblo peruano a movilizarse en contra de la tirania socialista el cual pretende eternizarse en el poder apoyados por Cuba comunista. No permitamos que Venezuela sea despojada de su futuro.

8- Exigimos la pronta liberacion de Leopoldo Lopez y los cientos de prisioneros de conciencia, como tambien la captura y procesamiento de los responsables por la muerte de venezolanos de bien.

9- Demandamos que el Sr. Presidente de la Republica, Ollanta Humala Tasso condene energicamente la criminal represion del gobierno socialista venezolano contra la oposicion y la flagrante intervencion del gobierno cubano en la republica de Venezuela.

10- Hacemos saber a quien convenga que el comunicado del Frente Amplio apoyando al gobierno socialista dictatorial y calumniando arteramente a la oposicion, no expresan los deseos ni mucho menos el sentir de la mayoria de peruanos.
Los abajo firmantes, <<cada LIKE es una firma>>

Elvis Occ
Dante Bobadilla
Victor Chigne
Mireya Uriola
Santiago Izquierdo
Humberto Allan
Ketty Soriano Prochazka
Oswaldo Azulabril
Giovanni Derteano
Ruthie Ballon
@elizatelsa
@AApatria1
Luis M. Agois
@HellbaAmeneroC
@Berkeliana
Ireth Isildr
Humberto Olaechea Guillen
Jose Antonio Marcelo Mautino
@charlychumpitaz
@angelxterminador COLOMBIA
@rijecas COLOMBIA
Lourdes de Pomar
@Misael280 VENEZUELA
Victoria Medina Vela
Alfonso Baella
Erick Nestares
@Piery71
@yobusgo COLOMBIA
Raul Bracamonte
Maria C. Kruger Carranza
Alberto Flores
Michael Pattinson
Mireya Uriola
Cesar Enrique
Daniel Mitma
Alex Vargas
Felipe Cortijo
Jimmy Medina
Carlos E Garcia Tapia
Julio Paredes
William Wharton
Juan Marcos Garcia
Mario Saquiray
Juan Alfredo Nunez Camarena
Viviana Suarez Castaneda
Manuel Valverde Mejia
Jorge Mendieta
@scorpiona_peru
@chirricle
@picky_mavila
@gerardobe1




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jueves, 20 de febrero de 2014

La majadería ecocomunista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La izquierda está apostando una vez más por la violencia y el enfrentamiento al Estado de derecho. Ya no se trata de las guerrillas subversivas de los 60 ni los grupos terroristas de los 80. En estos tiempos han tomado ese lugar las ONGs ambientalistas manejadas por comunistas que, amparados en la ecología como pretexto, siguen reclutando campesinos para formar "rondas" y enfrentarse a la policía e imponer su agenda antiminera, que en realidad es la misma agenda del comunismo mundial de oposición a las transnacionales. 

Para el ecocomunismo mundial financiado desde Europa y que trabaja en toda Latinoamérica, no se trata de Conga ni de Cajamarca. Es una lucha contra el capitalismo. Por eso escuchamos el mismo relamido discurso en todos los países de la región, en contra del "modelo neoliberal" y contra el "modelo de desarrollo primario exportador". Son los argumentos que les entregan en sus folletos de adoctrinamiento. Hoy se pueden ver los discursos en videos colgados en la web. Repiten y repiten las mismas pastruladas.

¿Por qué los izquierdistas se han ganado los epítetos de alucinados y delirantes? Por la sencilla razón de que no ven la realidad sino que actúan guiados por ideologías. Sea Conga, Tia María, Tambogrande, Espinar o lo que sea, la oposición de la izquierda será exactamente igual porque están en contra de lo que llaman "el modelo". Estos iluminados de izquierda luchan contra fantasmas. 

Ahora las huestes ecocomunistas comandadas por el ex cura Marco Arana se dedican a molestar el proyecto Conga, provocar a la policía y buscar muertos. Necesitan demostrar a sus fuentes europeas de financiamiento que están actuando, para que los fondos sigan fluyendo. ¿De qué creen que vive este curita parásito? Y encima quiere lanzarse a la presidencia representando a toda la inmundicia de la izquierda.

Los antimineros ecocomunistas aliados con terroristas como Wilfredo Saavedra y otros pelajustanes de igual nivel, han aprovechado el apoyo de Gregorio Santos, el comunista corrupto e inepto (valga la redundancia) que preside la región Cajamarca y que -como todo buen rojo- solo ha generado miseria. Toda esa costra infectada de comunistas en Cajamarca se han atrevido a retar al gobierno. Pusieron en cuestión el Estudio de Impacto Ambiental del proyecto Conga aduciendo fallas. Se les hizo caso y -yendo en contra de la ley y de su propio prestigio- el gobierno accedió a someter el EIA a peritaje técnico internacional. El peritaje confirmó las bondades del proyecto pero esto no les bastó a los insolentes ecocomunistas. Volvieron a rechazar el peritaje y el EIA y se declararon en rebelión. El gobierno accedió a dialogar con ellos, estos se prestaron al diálogo pero luego lo sabotearon. Todo lo que quieren es imponer sus consignas.

La política consiste en resolver problemas concretos, y estos se resuelven con conocimiento y tecnología. Si la ingeniería dice que un proyecto es viable sin afectar el agua ni el ecosistema pues no existe razón para oponerse, a menos que sean caprichos ideológicos, como los que mueven a estas sectas de ecocomunistas. Además de la ideología están los intereses económicos ya que estos parásitos viven justamente de oponerse a todos los proyectos oficiales. Ese es su modus vivendi. Para eso les pagan. El Estado peruano debería tomar el toro por las astas. Necesitamos una "ley antiterrorista", como hay en otros países, que permita al Estado imponer la ley sin miramientos. No basta con exculpar a los policías que hagan uso de sus armas en cumplimiento de su misión. Hay que apresar y condenar a los dirigentes y subversivos para proteger al país de su insidiosa actuación antes de que hayan más baguazos.