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martes, 28 de enero de 2014

Los tontos útiles del comunismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Diversos presidentes de Latinoamérica y el Caribe concurren hoy a la intrascendente y burocrática cumbre de la CELAC, otro de esos organismos que Hugo Chávez se dedicó a crear para combatir a los EEUU y la OEA, tratando de introducir a Cuba y sus monigotes del Caribe en busca de construir su ansiado imperio continental de la Patria Grande Bolivariana, para mandonear a su antojo en la región. Muerto Hugo Chávez y con Venezuela en grave crisis económica, tanto el ALBA como la CELAC, la UNASUR y otros adefesios similares carecen ya de valor y sentido. Pero como en este mundo los políticos solo saben crear organismos pero nunca tirarlos al tacho, seguimos llenándonos de de cumbres inútiles que solo sirven para la foto y una declaración delirante.

Lo inusual de esta cumbre es que se desarrolla en Cuba, la isla prisión de los hermanos Castro, cuna de la más longeva dictadura del mundo, que acaba de celebrar 55 años de oprobio y miseria sin que nadie diga nada. Allí es adonde los papanatas de la región irán a hablar de democracia y desarrollo, entre otras paparruchadas, sin que nadie se atreva a decir absolutamente nada de la vergonzosa situación del pueblo cubano. Acá los únicos que roncaban, gritaban y vociferaban eran los matones del socialismo, en particular Fidel Castro y Hugo Chávez, aunque este ya partió al más allá y el otro está con un pie. Por su parte los que se creen líderes de la democracia jamás han tenido los cojones para enfrentarse a la dictadura. Muy por el contrario, han agachado la cabeza y callado vergonzosamente.

Y es que la hipocresía manda en la región. El evento ha empezado con la presidencia del dictador Raul Castro, hermano y heredero de la dinastía de los Castro desde que se apoderaron del poder hace la friolera de 55 años. Nadie los ha sacado. Hoy encabezan la CELAC y se dan el lujo de poner sobre la mesa temas como la democracia, la pobreza y la desigualdad. Exigen respeto a las políticas internas de cada país para que nadie cuestione a la dictadura cubana, pero no dicen nada de la forma descarada en que Cuba alentaba la subversión guerrillera en toda la región. Exigen no intervención en los asuntos internos de cada país para que no se cuestione la salvaje opresión del pueblo cubano, pero se meten en Puerto Rico para apoyar el movimiento independentista, nueva forma de apoyo a la subversión en estos días.

Sin duda los monigotes del chavismo, los huérfanos y viudas de Hugo Chávez, llorarán y elevarán plegarias al ex matón de barrio que ya no está acá para seguir insultando a gritos a los EEUU, haciéndose el valentón mientras le vendía todo su petroleo y cobraba al contado para mantener sus delirios de grandeza. Será una cumbre para el olvido, en la que una vez más el pueblo cubano verá como todos los líderes demócratas se largan sin haberse detenido un instante a contemplar su situación, sin hablar con la oposición, sin escuchar a las Damas de Blanco que siguen siendo brutalmente reprimidas. Una cumbre que será otra muestra de la hipocresía de la política regional dominada por el progresismo de doble moral.

sábado, 25 de enero de 2014

La CELAC contra la Carta Democrática Americana


Por: Carlos Alberto Montaner

El general Raúl Castro es el presidente pro tempore de la Celac y todos han ido a La Habana, como los ratones tras la flauta de Hamelin, a celebrar una segunda cumbre.

¿A qué juegan los gobiernos de América Latina? Aparentemente, el primer objetivo del organismo, según declararan en su documento fundacional, es “reafirmar que la preservación de la democracia y de los valores democráticos, la vigencia de las instituciones y el Estado de Derecho, el compromiso con el respeto y la plena vigencia de todos los derechos humanos para todos, son objetivos esenciales de nuestros países”.

¿Qué entienden esta gente por democracia? Cuba, como les corresponde a los países desovados por la extinta URSS, es una vieja dictadura unipartidista de más de medio siglo, en la que no existen libertades individuales, ni se respetan los derechos humanos. Mientras se celebra la Celac, la policía política acosa y aporrea a las Damas de Blanco y a los demócratas de la oposición que se atreven a protestar. ¿Alguien lo ignora?

Raúl y su tropa estalinista no lo ocultan. Son brutal y orgullosamente francos. Tienen coartadas legales para fusilar o encarcelar. Defienden paladinamente ese modo de estabular a la sociedad y afirman que se trata del sistema más abierto, democrático y solidario de la historia. Ni siquiera admiten que torturan a los disidentes. Los opositores no son personas: son gusanos, escoria extirpable a culatazos por oponerse a la felicidad del pueblo y querer entregarle el país al imperialismo yanqui.

No hay una violación flagrante de las reglas. Las reglas lo permiten. No hay que “desaparecer” a los enemigos. Se les machaca públicamente. La Constitución, calcada del modelo soviético, le concede al Partido Comunista la facultad en exclusiva de organizar a la sociedad a su antojo. Ese bodrio legal ha sido refrendado por la inmensa mayoría. Los cubanos, como los norcoreanos o cualquier ciudadano aterrorizado, votan lo que les pongan delante mientras sueñan con una balsa. Todo y todos se subordinan a los fines del marxismo-leninismo y se prohíbe cualquier conducta que contradiga estos principios. El pasado, el presente y el futuro están atados y bien atados.

Y hay elecciones. Cada cierto tiempo, la dictadura, como sucedía en el bloque del Este en Europa, realiza unos comicios muy controlados para legitimar en el poder a unas autoridades que sirven como correa de transmisión a las iniciativas del Castro que esté al frente del manicomio cubano. Son los apparatchiks. Es la nomenclatura obediente y memoriosa. Un orfeón asombrosamente afinado que canta a capella las consignas del Partido.

Como era evidente que los comunistas habían construido un modelo político distinto (el del totalitarismo marxista-leninista), y reclamaban el derecho a una denominación de origen diferente, los defensores de la democracia liberal definieron el sistema político que ellos proponían en un documento vinculante llamado Carta Democrática Interamericana, firmado en Lima el 11 de septiembre de 2001.

Ahí están todos los elementos de fondo para el ejercicio real de la democracia republicana: elecciones libres y plurales, separación de poderes, libertades individuales, incluidas la de prensa y asociación, transparencia, neutralidad del Estado de Derecho, respeto, tolerancia. Era exactamente la antítesis del modelo impuesto por los Castro en Cuba. Lo contrario a lo que hoy condona e ignora la Celac.

Pero a los políticos latinoamericanos les importa un bledo decir una cosa en la Carta Democrática Interamericana y hacer otra muy distinta en los aquelarres organizados por Celac. Como en el famoso poema de Walt Whitman, repiten el “me contradigo, y qué”. Ahí estará en La Habana, incluso, el secretario general de la OEA, el señor José Miguel Insulza, quien debería ser el guardián de la Carta Democrática Interamericana, prueba viviente de que la esquizofrenia ideológica existe y es incurable.

Nada de esto, me temo, es nuevo. Uno de los rasgos más desagradables de muchos políticos latinoamericanos es la hipocresía. Tienen varios discursos. Varias caras. Dicen que son pragmáticos. No es verdad. Son cínicos. Durante décadas, los vecinos convivían en silencio con polvorientas dictaduras como las de Stroessner, Somoza o Trujillo.Ahora les importa muy poco lo que sucede en Cuba o Venezuela. Es el imperio de la inmundicia moral.