domingo, 12 de julio de 2026

El líder de la nueva izquierda peruana

 


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez


La izquierda peruana está viviendo sus épocas más tristes. Luego de haber tenido referentes históricos de la talla de José Carlos Mariátegui, políticos inteligentes y hábiles como Alfonso Barrantes, luchadoras sociales como Magda Portal, entre otros pocos, pero importantes, han acabado rindiéndole pleitesía a un completo ignorante y analfabeto funcional como Pedro Castillo, quien pasó por el poder como un simple ladronzuelo y golpista fracasado. 

Nunca he podido entender ni el pensamiento ni el accionar de la izquierda, pero ahora los entiendo aun menos. Antes al menos planteaban ideas. Disparatadas, relamidas y absurdas, pero tenían ideas. Hoy no tienen ni eso. Viven del puro activismo callejero y reivindican a un completo y total indigente mental, que tuvo la gran oportunidad de hacer algo bueno por el país desde el poder, justificando así el discurso reivindicativo de izquierdas, pero no hizo nada, excepto robar.

Con su limitada capacidad inteletual de sindicalista básico, como fue definido por Vladimir Cerrón, (responsable de ponerlo en la plancha presidencial ganadora del 2021), Pedro Castillo apenas pudo dedicarse al activismo político desde la presidencia, pues era lo único que sabía hacer. Usó el avión presidencial para viajar casi a diario a provincias a reunirse con sus secuaces, recibió en palacio a sus aliados políticos, fortaleció el sindicato magisterial senderista, mientras cambiaba de ministros como de calcetines. Tuvo la misma habilidad de Vladimiro Montesinos para comprar un buen número de congresistas que le sirvieran de apoyo político y colocó a sus secuaces en los ministerios claves para la coima en grande.

La principal actividad de Pedro Castillo en el poder fue robar. Y lo hizo de manera descarada. Incluso desde palacio de gobierno con su secretario Bruno Pacheco como compinche. Los latrocinios de Pedro Castillo empezaron a salir a la luz y hasta la Fiscalía tuvo que allanar palacio de gobierno, donde encontró $20,000 dólares fresquitos de las coimas que les cobraban a los policías para ser ascendidos. A medida que el escándalo de corrupción se hacía público, a Pedro Castillo le sudaban más las manos. Así llegamos al punto en el que su mejor salida fue dar un golpe de Estado para anular al Congreso y a la Fiscalía. 

Sin embargo, el pobre diablo es tan incapaz que ni eso pudo hacer bien. Creyó que porque tenía la banda puesta todos le iban a obedecer. Afortunadamente para el país nadie obedeció sus órdenes y hasta sus ministros empezaron a renunciar condenando el golpe. De modo que al analfabeto funcional no le quedó más que hacer maletas y huir hacia la embajada de México. Fue en ese trayecto que lo capturaron como el vulgar delincuente que es.

Eso y nada más es Pedro Castillo: un delincuente, un pobre diablo que apenas puede estructurar frases coherentes, un ignorante que nunca leyó un solo libro (según propia confesión) y nunca entendió cómo funciona el Estado, pero igual tuvo el cuajo de lanzarse a la presidencia. Y lo más patético fue que ocho millones y medio de imbéciles lo votaron, demostrando que la democracia es en realidad un error de la estadística, tal como lo definió Jorge Luis Borges. Hoy ese patético personaje está preso por golpista, pero aun le esperan sus sentencias por ladrón.

Allí debería haber acabado la historia de Pedro Castillo. Pero como la imbecilidad de la izquierda es infinita, lo convirtieron en mártir y preso político con la narrativa de que había sido víctima de un complot de la derecha racista. Y no solo eso, uno de los candidatos de la izquierda más radical y menos pensante decidió convertirse en su sosías, en su "yo soy", en su imitador, se puso su sombrero e hizo campaña reinvindicando al ignorante ladrón y golpista Pedro Castillo. ¿Y qué creen? Más de nueve millones de imbéciles volvieron a votar por él. 

Así es mi Perú. Ricas montañas, hermosas playas, cumbres nevadas, pero con un electarado de terror. Peor aun en el sur. Puno es un caso de estudio psiquiátrico. En la mayoría de provincias de Puno el imitador de Pedro Castillo ganó por más del 90%. Esta vez tuvimos mucha suerte de no volver a caer en las manos de una izquierda ignorante, oligofrénica y repleta de remanentes del terrorismo. 

¿Tendrá futuro esta izquierda? Así, sin ninguna idea original ni nueva, con la pura cháchara barata y relamida de la "justicia social" y la "dignidad", recetando más socialismo fracasado y con su rechazo visceral a un modelo económico que es lo único que nos ha mantenido a flote en lo que va de este siglo? ¿Será Pedro Castillo el máximo referente de la izquierda peruana en este siglo? 



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