Mostrando entradas con la etiqueta argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta argentina. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de octubre de 2015

¿Por que defender el capitalismo?


Escrito por: Agustin Laje Arrigoni

Defender el capitalismo en un contexto caracterizado por la hegemonía populista no es cosa sencilla. En efecto, si algo han hecho los populismos regionales, además de degenerar el capitalismo competitivo hasta transfigurarlo en “capitalismo de amigos” o, en términos más precisos, en “socialismo del siglo XXI”, eso fue inyectar en la sociedad lo que el economista austriaco Ludwig von Mises llamara “la mentalidad anticapitalista”.

Simplifiquemos un poco los problemas de definición y llamemos “capitalismo” al modo de organizar el grueso de la actividad económica por medio de los privados operando en un mercado libre. La posibilidad de esta coordinación tiene su fundamento en el hecho de que, en una transacción económica, ambas partes, cuando son libres de intercambiar y están debidamente informadas, saldrán beneficiadas, pues de no haber previsto dicho beneficio no hubieran concretado dicha transacción.

Cuando Adam Smith usó la imagen de la “mano invisible” no estaba recurriendo a un argumento de tipo religioso, sino que trataba de describir precisamente la existencia y factibilidad de un orden que no es dirigido por nadie en particular, pero cuyo motor funciona permanentemente en cada intercambio voluntario que cada uno de nosotros realizamos con los otros.

En efecto, ese “monstruo” conocido como “mercado”, del cual populistas y socialistas nos llaman a temer, no es otra cosa que una abstracción de nosotros mismos y nuestras valoraciones; el mercado es simplemente el modo de denominar al momento y el lugar en el que nosotros, las personas de carne y hueso, podemos intercambiar libremente con otros para nuestro propio beneficio, quedando sujeto nuestro éxito en el intercambio a nuestra capacidad de beneficiar a los demás.

La propaganda anticapitalista nos ha hecho perder de vista esto último: el mercado es el conjunto de personas que compiten para cooperar. Y aquéllas lo hacen no porque sean necesariamente altruistas o porque el capitalismo traiga a nuestras tierras el ansiado “hombre nuevo” que variopintos dictadorzuelos totalitarios pretendieron crear a base de sangre y fuego, sino sencillamente porque el sistema basado en la libertad genera los incentivos para que nuestro éxito personal sea una función directamente proporcional a la cantidad de personas que servimos en sus múltiples y crecientes demandas.

De alguna manera, el capitalismo es la entronación de una meritocracia cuya definición de “mérito” no es estática ni está predefinida, sino que depende de lo que el grueso de nuestros semejantes valoren como meritorio en un momento dado, así es que en este demonizado sistema las personas sean impelidas a lograr sus propios objetivos indagando sobre lo que otros necesitan e intentando ofrecérselo. La alternativa a este modo de coordinación social es el uso de la coerción por una autoridad central que digite cómo, cuándo, cuánto, dónde y qué podemos o debemos intercambiar y producir. Un problema epistemológico –descrito con precisión por Friedrich Hayek− acecha a esta forma de coordinación: es imposible adquirir, procesar y manipular la cantidad de información necesaria para lograr eficiencia económica en un orden centralizado, como quedó comprobado, por lo demás, con el colapso del sistema soviético y, más acá en tiempo y espacio, con las penurias del sistema cubano y venezolano.

El extraordinario crecimiento económico que han experimentado los países de Occidente a partir del siglo XVIII (y muchos de los países asiáticos a partir de fines del siglo pasado) no por nada tiene su punto de arranque con la introducción del capitalismo en esas sociedades. Y no en vano, el capitalismo competitivo es hijo del movimiento intelectual que se desarrolló a finales del siglo XVIII y principios del XIX, que bajo el nombre de “liberalismo” –otra etiqueta demonizada hasta el hartazgo por la hegemonía populista− ponía la libertad como totalidad en el centro de los valores sociales, traducido en mercados libres, instituciones republicanas, federalismo político y democracia representativa.

La tragedia del capitalismo es que el hombre moderno ha naturalizado la abundancia que de aquél ha resultado y, por añadidura, ha creído que la riqueza es el estado natural del ser humano y la pobreza mera artificialidad creada por el sistema, cuando la verdad es exactamente la opuesta: el hombre nace pobre, y la evidencia empírica nos muestra que es a partir de la introducción del odioso capitalismo competitivo en el mundo cuando el PIB y la expectativa de vida (por nombrar sólo dos variables) comienzan a crecer de manera imparable en el mundo.

Difícil es imaginarnos que bienes y servicios que hoy están al alcance de todos, gracias a este sistema basado en la competencia para servir a las multitudes, hubieran sido la envidia de los más ricos de antaño. Más difícil todavía es imaginarnos el hecho de que la calidad de vida de los ciudadanos medios, e incluso de los más pobres de las sociedades capitalistas actuales, supera con creces la calidad de vida de reyes y príncipes que concentraron el poder de omnipotentes Estados hace apenas algunos siglos.

El Índice 2015 de Libertad Económica de la Heritage Foundation, que precisamente mide el capitalismo en el mundo (con base en indicadores como “Derechos de propiedad”, “Libertad fiscal”, “Gasto público”, “Libertad empresarial”, “Libertad laboral”, “Libertad monetaria”, “Libertad comercial”, entre otros), llega a una conclusión que debe ser difundida: los países con mayor libertad económica son los que registran mayor crecimiento económico, mayor reducción de la pobreza, mejor atención médica, mejores niveles educativos, mayor desarrollo democrático y mayor protección al medio ambiente.

Los primeros puestos se lo llevan países como Nueva Zelanda, Australia, Suiza, Canadá, Dinamarca, entre otros. Es decir, países en los que ninguno de nosotros padecería vivir. Al contrario, los últimos puestos son para países como Irán, Zimbabue, Venezuela, Cuba y Corea del Norte.

El capitalismo competitivo no es perfecto ni −a diferencia de muchas de las ideologías que se han puesto en sus antípodas− pretende serlo. Pero es, por qué no decirlo, la mejor opción que tenemos para volver a introducir a nuestra sociedad en la senda del desarrollo, el mérito y la libertad.

www.elvisocc.org

lunes, 14 de septiembre de 2015

Por la union de la derecha argentina



Escrito por: Agustin Laje Arrigoni


Cuando el socialismo parecía totalmente acabado ante la monumental implosión de la Unión Soviética, nadie podía ser capaz de suponer que, apenas una década más tarde, algo llamado “socialismo del Siglo XXI” hegemonizaría la consciencia latinoamericana frente a una anorexia política y cultural de una derecha desconcertada e incapaz de reconocerse siquiera a sí misma.
En rigor, una ilusión asomó en el mundo en aquellos tiempos de fines del siglo pasado, y quedó resumida en dos tesis que nos acompañan hasta hoy: el “fin de la historia” de Francis Fukuyama, según la cual la victoria de la democracia y el capitalismo en el mundo era definitiva, y el “fin de las ideologías” de Daniel Bell, que anunciaba el arribo de un mundo dominado por la racionalidad técnica.


Hija de estas dos tesis que hoy las sabemos falsas, es la masiva opinión de que “las categorías derecha e izquierda ya no guardan ningún sentido relevante”. En efecto, se argumenta que hablar de derecha e izquierda en los tiempos que corren constituye un anacronismo incapaz de representar la complejidad y heterogeneidad de las ideas circulantes.
Frente a ello habría que decir que esa ha sido precisamente, desde su origen, la función social de las categorías “derecha” e “izquierda”: simplificar la realidad política en dos polos identificables. Se trata de una suerte de “atajo cognoscitivo”, disponible para aquellos que, en virtud de la escasez de información, necesitan ubicar las ofertas políticas en un esquema tan simple como sea posible: un segmento construido por dos puntos antitéticos.


Es cierto que a lo largo de ese segmento, que va de izquierda a derecha, se pueden encontrar matices. Pero esos matices por lo general no van más allá de agregarle la palabra “centro” a la categoría “izquierda” o “derecha”, como forma de significar que determinado actor o partido no lleva los principios al extremo. Es decir, la idea de centro no puede prescindir de la existencia de una derecha y una izquierda. La frecuente expresión de que determinado sujeto o partido “no es de derecha ni de izquierda” lejos de rebatir nuestra argumentación, evidencia que “derecha” e “izquierda” guardan todavía significados bien conocidos en los tiempos que corren. En efecto, si fuese cierto que “derecha” e “izquierda” constituyen categorías sin ningún significado actual, nadie podría calificar ni ser calificado como “ni de izquierda ni de derecha”, pues tal expresión conlleva una concepción previa sobre lo que ambas palabras significan.


La mejor prueba de que la lógica binaria que estructura los pares opuestos “derecha” e “izquierda” no constituye anacronismo, es que se continúan utilizando para describir y representar las ideas políticas hoy día. Jamás es difícil colocar en una comparación entre candidatos a uno a la derecha del otro, y viceversa. Lo propio es sencillo de hacer también respecto de los partidos políticos.
¿Qué significa entonces ser de “izquierda” o de “derecha”? Digamos, primero que nada, que “derecha” e “izquierda” no son en sí sistemas de ideas. Son, como venimos insistiendo, categorías que subsumen una pluralidad de sistemas de ideas y posiciones ideológicas no necesariamente armónicos entre ellos mismos.


Todo momento histórico tiene un conjunto de temas fundamentales sobre los cuales tomar posición. Las ideas de “derecha” e “izquierda” se van configurando a partir de las distintas posiciones que los sistemas de ideas van tomando respecto de esos temas centrales. Así pues, un sistema de ideas puede estar en distintos puntos de la díada dependiendo del tiempo y del espacio. El liberalismo del Siglo XVIII era ubicado, por ejemplo, en la izquierda. Los asambleístas liberales franceses el 27 de agosto de 1789 se sentaron a la izquierda del recinto y, entre ellos, estaba Frédéric Bastiat, cuyas ideas son hoy retomadas por un liberalismo del Siglo XXI que pocos espectadores contemporáneos tenderían a calificar como “de izquierda”.

La izquierda de nuestros tiempos, a su vez, se ha tornado profundamente estatista, diferente de la prédica del marxismo tradicional que versaba sobre la necesidad de abolir el Estado en el proceso que lleva al momento comunista. Y si la izquierda es hoy profundamente estatista, la lógica antitética inherente a las categorías que estamos analizando debiera conducirnos a concluir que la derecha de nuestros tiempos debe tender al minarquismo, esto es, promover un Estado mínimo abocado a sus funciones esenciales. Lo mismo vale para el análisis del resto de los antagonismos que estructuran nuestros temas centrales hoy.


Hay miedo por parte del espectro liberal, sin embargo, en asumir que el minarquismo constituye hoy una expresión de “derecha”, toda vez que el estatismo lo es de “izquierda”. El mismo miedo existe respecto de los demás temas fundamentales: miedo a asumir que si la igualdad material continúa estando en el horizonte de las aspiraciones de la izquierda, la libertad individual debe ubicarse entonces entre las características distintivas de la derecha, dado que si algo conlleva la igualación material, eso es la abolición de las libertades individuales; miedo a asumir que si el intervencionismo es rasgo izquierdista, la defensa del mercado libre debe posicionarse necesariamente en la derecha; miedo a asumir que si el relativismo cultural y moral es propio de la izquierda, una defensa del orden natural y los valores occidentales deben estructurar la axiología de la derecha; miedo a asumir que si el populismo es una característica del “socialismo del Siglo XXI”, el republicanismo hoy se posiciona a la derecha de aquél, y así sucesivamente.


Los liberales deben (debemos) hacer una autocrítica: el “fin de las ideologías” y el “fin de la historia” han sido falacias que, pretendiendo borrar a la izquierda del mapa ideológico, sólo lograron hacer del liberalismo un conjunto de preceptos tecnocráticos y economicistas sin mayor gracia. La ausencia de una derecha y un centro-derecha con cierta fuerza política en nuestro país obedece en gran parte a esto último: allí donde el “socialismo del Siglo XXI” asumió su lugar como la izquierda de nuestros tiempos, el liberalismo de nuestro siglo no asumió su propia posición, haciéndose ininteligible para las masas.


Gran favor le haría a nuestra democracia, en términos de su riqueza y variedad, ver consolidarse una nueva derecha o centro-derecha en nuestro país. Pero el principio de todo será admitir que estas categorías, guste o no, jamás perdieron su relevancia. Y una vez advertido ello, se deberá auspiciar una amplia coalición entre muchos de los sectores que hoy están contenidos en la “derecha”, fundamentalmente las distintas variantes de liberalismos, los nacionalismos moderados y los grupos conservadores, a través del hilo conductor que acerca a todos ellos y que, en rigor, es hilo conductor de la derecha en sí: el anti-igualitarismo (ver “Derecha e izquierda” de Norberto Bobbio).
Esta gran coalición de derecha luego podrá resolver sus matices y posiciones diversas en internas partidarias, tal como ocurre en la derecha chilena con la UDI, o como ocurre en Estados Unidos con el Partido Republicano. Un partido político donde hay una visión idéntica sobre todas las cosas y donde no se generan líneas internas heterogéneas, después de todo, no es un partido político sino una secta politizada.


Ha llegado la hora de reunificar a la derecha argentina con sus importantes variantes y dejar atrás los purismos sectarios que hemos visto fracasar una y otra vez.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sobre pobres y oligarcas


Por Agustín Laje (*)

Suele enseñarse, bajo las lecturas de la historia oficial de los siglos XIX y XX, que la “oligarquía” consistía en un grupo económicamente privilegiado que, en virtud precisamente de ese poder económico, accedía al poder político. Ideológicamente, además, se calificaba a esa oligarquía como de “derecha”.

Tras la experiencia kirchnerista, empero, aquello que entendíamos por oligarquía deberá ser invertido de cabo a rabo. En efecto, la oligarquía del siglo XXI consiste en un grupo de izquierdistas que, en virtud de su poder político, cosechan poder económico apropiándose o aventajándose de los recursos públicos.

Así las cosas, la Argentina atraviesa momentos dignos de una escena surrealista. Mientras nos enteramos que el patrimonio de nuestra Presidente Cristina Kirchner aumentó 15% en el último año (lo que equivale a más de 7 millones de pesos adicionales en su fortuna personal que alcanza los $55.304.793) y que La Cámpora ya tiene entre sus filas a cinco nuevos “millonarios”, el también millonario Víctor Hugo Morales nos sumerge –desde su cómodo y lujoso departamento en Av. Libertador− en el debate sobre si vivir en una villa obedece a una elección cinéfila o a una lastimosa condición indigna. El inefable Víctor Hugo, siempre tan dispuesto a servir a sus patrones políticos, desde ya que se inclina por la primera opción.

Esta es la Argentina que tenemos; una Argentina que ve aumentar a pasos agigantados sus índices de pobreza al mismo tiempo que ve aumentar, con idéntica velocidad, el tamaño de los bolsillos de sus dirigentes políticos en el poder. ¿Casualidad o causalidad?

Lo cierto es que el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) ya ha revelado, hace pocos meses, que en Argentina la pobreza es del 27,5%. Para el Instituto Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), en cambio, el 36,5% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza. La diferencia entre una investigación y otra está en dónde ubican el ingreso mínimo que determina el estado de pobreza: mientras que para la UCA una familia tipo con menos de $4.200 mensuales es pobre, para el IPyPP una familia tipo no debería percibir menos de $6.000.

Se tome la una o la otra, la conclusión es la misma: la pobreza en Argentina continúa siendo un problema de dimensiones espectaculares que no ha sido solucionado por un gobierno que, precisamente, ha instrumentalizado a los pobres a través de sus aparatos clientelares para hacerlos rehenes de un sistema político perverso. En definitiva, el populismo no es otra cosa que el soborno de los pobres con su propio dinero.

Debe considerarse que estos altísimos guarismos de pobreza se dan, paradójicamente, en un marco económico internacional sumamente favorable; de hecho, jamás la Argentina tuvo un escenario tan favorable como el que transitó el kirchnerismo. Y es que hasta el año 2002, con motivo del precio de los commodities que imperaban por entonces, por exportación agrícola ingresaban al país 5 mil millones de dólares anuales. Con el ingreso de China e India al mercado mundial y la consiguiente multiplicación del valor de nuestra materia prima, desde el año 2003 hasta el 2013 han ingresado 26 mil millones de dólares por año. Estos números evidencian la realidad sobre lo que fue, verdaderamente, una década perdida.

Va de suyo que los voceros del régimen han descalificado las mediciones privadas sobre la pobreza. “Es absurdo creer en los índices de pobreza que se publican desde el sector privado” supo esgrimir hace poco Capitanich. Claro: mucho más sensato para él sería que la gente creyera en las cifras brindadas por el INDEC, aunque el problema es que tales cifras no existen, pues el INDEC desde hace más de un año que ha decidido no hablar más sobre la pobreza. Se trata así de un tema virtualmente prohibido; sus últimas “mediciones” hablaban de 4,7% de pobres en el país, bajo el supuesto de que una persona puede comer por $6 diarios, un verdadero absurdo que la gente no creyó y por ello se decidió meter bajo la alfombra la cuestión.

“Para nosotros la pobreza no es una estadística o un número”, es la justificación que da Oscar Parrilli al mutismo gubernamental sobre la problemática de la pobreza. Una tomada de pelo para todo aquel capaz de comprender que las estadísticas resultan vitales para analizar problemáticas, elaborar políticas públicas, controlarlas y rectificarlas de ser necesario.

Los economistas suelen decir que con la inflación, los precios suben por el ascensor y los salarios por las escaleras. Así pues, el problema de la pobreza está directamente vinculado a la problemática de la inflación; básicamente, a mayor inflación mayor pobreza por el deterioro del poder de compra. Y dado que la economía argentina se encuentra en un estado de alta inflación (40% anual) y recesión, no es difícil prever que la pobreza continuará en aumento sostenido.

Esta es la Argentina que tenemos; una Argentina en la que los oligarcas izquierdistas aman tanto a los pobres, que amándolos los multiplican.


(*) Agustín Laje dirige el Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad (LIBRE), es autor del libro “Los mitos setentistas” y coautor del libro “Cuando el relato es una farsa”.

Twitter: @agustinlaje

Facebook: https://www.facebook.com/agustinlajearrigoni


La Prensa Popular | Edición 315 | Jueves 11 de Septiembre de 2014

viernes, 5 de septiembre de 2014

El "plan cóndor" del socialismo del siglo XXI


Por: Agustín Laje

Variados indicadores de los últimos tiempos señalan que el Socialismo del Siglo XXI ha entrado en su fase de decadencia.

En Argentina, el kirchenrismo ha pasado de tener el respaldo del 54% de la población a un magro 25% de aprobación social (según afirman las últimas encuestas) sin posibilidad de reeleción. En Ecuador, el partido de Rafael Correa resultó aplastado en las recientes elecciones municipales. En Venezuela, el país vive una suerte de guerra civil embrionaria que ha revelado la verdadera naturaleza dictatorial del régimen chavista. En Cuba cunde el pánico entre las autoridades de la isla por el potencial colapso del gobierno de Maduro, que sostiene la aventura comunista de los hermanos Castro regalándoles más de 6.000 millones de dólares anuales.

Ante esta caída libre, los mandatarios del Socialismo del Siglo XXI han cerrado filas en una alianza político-militar que, salvando las distancias, recuerda al Plan Cóndor de los años ’70, esa operación de coordinación entre los gobiernos de facto del Cono Sur en su combate contra organizaciones guerrilleras coordinadas por la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR). Claro que los tiempos son otros: allí donde el Plan Cóndor se pensó para enfrentar en bloque una realidad de guerra revolucionaria comunista en el marco de la Guerra Fría, el Socialismo del Siglo XXI enfrenta simples manifestantes y opositores desarmados.

En efecto, es sabido que tropas militares cubanas aterrizaron en Venezuela con órdenes de defender al gobierno de Maduro. Según estimaciones de analistas, ya había en el país, antes de que estallara el conflicto en febrero de este año, al menos 5.000 asesores cubanos militares y de seguridad. Disidentes castristas han denunciado que una buena cantidad de reservistas militares de la isla ya están preparados para viajar a Venezuela si la situación recrudece todavía más.

El Nuevo Herald ha informado recientemente que los destacamentos militares sitos en los municipios de Santa Clara, Ranchuelo, Sagua la Grande y Manicaragua alistaron a varios reservistas con experiencia de combate en África y Nicaragua, y con menos de 50 años de edad, quienes fueron etiquetados como “premovilizados” a Venezuela. El periodista independiente cubano Roberto de Jesús Guerra ha alertado también sobre estos reclutamientos con el objeto de defender a Maduro, lo mismo que el estudiante Juan Manuel Carrasco, sometido a torturas por quienes identificó como cubanos con uniforme de la Guardia Nacional Bolivariana.

Quienes ya estarían operando en Venezuela, conforme a la información manejada por el diario peruano La Razón, son los efectivos militares de élite cubanos conocidos como “Avispas Negras”, camuflados entre los paramilitares y grupos paraestatales cuya misión es romper manifestaciones. El periodista cubano Uberto Mario ratifica la información: “El grupo élite Las Avispas Negras están viajando de manera camuflada, ellos llegaron a la rampa 4 (Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía) y toman posiciones estratégicas para trabajar en las marchas opositoras, ellos se van a colar en las marchas contra Maduro”.

El tradicional desfile del Día del Trabajador en Cuba, se hará el próximo 1º de mayo bajo la consigna “Pleno respaldo a la Revolución Bolivariana-Chavista y a su presidente constitucional Nicolás Maduro”. En tanto, el gobierno castrista ya empieza a juntar reservas de petróleo por si el régimen bolivariano finalmente se desintegra.

El apoyo del gobierno argentino a la dictadura de Maduro, que en un principio fue meramente discursivo, parece que también ha ingresado al plano militar. Así al menos lo ha denunciado el Padre José Palmar, dirigente social venezolano que develó la semana pasada que “Cristina Kirchner envía material antimotín contra los venezolanos. Debería mandar los dólares que se ha robado y de la cual ella es cuentadante. Desde Argentina llegan 80 toneladas de material antimotín. En vez de importar alimentos y medicinas, nos traen bombas, gas y municiones”.

En lo que respecta a Evo Morales, es dable recordar que le debe un gran favor a Nicolás Maduro, que data de tiempos en que éste se desempeñaba como canciller de Hugo Chávez. En efecto, allá por septiembre de 2008 cuando en Bolivia se vivían momentos agitados de revueltas civiles, Maduro advirtió que las Fuerzas Armadas venezolanas ingresarían en territorio boliviano de recrudecerse el panorama. ¿Morales hará lo mismo para con Maduro eventualmente? Es probable. De por momento, el apoyo boliviano ha sido eminentemente discursivo pero no debiera descartarse un apoyo de carácter militar si fuera necesario.

Finalmente, Rafael Correa se ha sumado, al igual que Evo Morales, al libreto marcado por Raúl Castro. ¿En qué consiste este libreto? En palabras del dictador cubano: “Estados Unidos y algunos de sus aliados europeos son quienes están detrás, financian y apoyan esas brutales acciones para derrocar al gobierno constitucional venezolano”. El presidente ecuatoriano ha ensayado repetidamente el mismo argumento: “La extrema derecha norteamericana, brazo financiero de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos) financiando organizaciones nacionales y supuestas agencias de noticias, eso es lo que tenemos que enfrentar, entonces hay una lucha a diario y eso es lo que le hacen a Maduro”. Se trata del trillado conspiracionismo propio de la izquierda del Siglo XX, ahora puesto al servicio de la violación de los derechos humanos de los venezolanos.

Todo indica que el Socialismo del Siglo XXI está ensayando su reacción frente a la repulsa social que empieza a generar.¿Podría reproducirse esta acción conjunta en otros países del bloque bolivariano en los cuales la estabilidad del populismo se vea amenazada? Seguramente, por aquello de “hoy por mi mañana por ti”.

El peso de la alianza del Socialismo del Siglo XXI en su momento de crisis se comprobó la semana pasada, cuando la líder opositora venezolana María Corina Machado fue invitada por Panamá al Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) para dar cuenta de las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el gobierno de Nicolás Maduro, pero se le impidió hacer uso de la palabra. El gobierno de Venezuela movió sus piezas y consiguió la censura de la diputada Machado.

Primero, por iniciativa de Nicaragua –otro de los países de la región que adhieren al Socialismo del Siglo XXI– se decidió una sesión privada, sin periodistas ni retransmisión en directo en la web de la OEA. Había que evitar que la violación bolivariana de los derechos humanos tuviera publicidad. La ex montonera Nilda Garré, por Argentina, como no podía ser de otra manera, apoyó decididamente el secretismo de la reunión.

En segunda instancia, los países del Socialismo del Siglo XXI lograron suprimir el punto del día que incluía el testimonio de la líder opositora venezolana. Finalmente, la última opción de Panamá consistente en darle voz a Corina Machado en el punto “otros asuntos”, fue también evitado por los censuradores bolivarianos. El secretario general de la OEA José Miguel Insulza calificó de “vergonzosa” la sesión, y se quejó: “No la dejan hablar porque no quieren que hable”.

María Corina Machado insistió durante la jornada: “Tienen miedo de que se conozca la magnitud de la represión brutal en las calles de Venezuela”. En efecto, la dirigente opositora llevaba un video donde se mostraban imágenes de las violaciones a los derechos humanos perpetrados por Maduro. Lo que un puñado de embajadores de la OEA amigos del Socialismo del Siglo XXI no quisieron que se vea, en pocos días fue visto por casi un millón de personas por Internet. 

lunes, 14 de julio de 2014

Los hijos de Putin


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El presidente Ruso Vladimir Putin se dio una vueltecita por Latinoamérica para reunirse con toda su corte de nuevos socialistas del siglo XXI. Empezó con el ya antediluviano dictador comunista Fidel Castro y el heredero del trono cubano, su hermano Raúl. El periplo de Putin que se había iniciado en la isla de la fantasía de los hermanos Castro, finalizó en Brasil, luego de pasar por Nicaragua y Argentina. 

Así es como Putin inaugura una nueva era en las relaciones este-oeste. Su estrategia incluye un acto bastante simbólico y no menos penoso: la condonación de la exorbitante deuda que Cuba tenía con la URSS, la que asciende a la friolera de US$ 35 mil millones. Deuda que corresponde a los 35 años durante los cuales la Unión Soviética mantuvo a los cubanos como parásitos, y solo por su ubicación estratégica en el mapa. Por lo demás, se trata de una deuda que los rusos saben perfectamente que jamás podrán cobrar, considerando la situación de ruina en que se encuentra la isla administrada por los demenciales dictadores caribeños.

Después de la amarga experiencia con Cuba, es difícil que los rusos arriesguen nuevamente a perder tanto dinero por nada en esa miserable isla. De todos los acuerdos firmados entre ambos países solo parece real el que le permite a los rusos aprovechar los yacimientos de petroleo de la isla, posiblemente a cambio de la construcción de 4 turbinas eléctricas para paliar el grave déficit de energía que padece la isla. Los demás convenios son solo saludos a la bandera y hasta rayan en el ridículo, como el que compromete a ambos a no poner armas de destrucción masiva en el espacio. 

La siguiente etapa del tour ruso fue Nicaragua, donde un desaliñado Daniel Ortega no sabía si darle la mano o besarle los pies a Putin, no solo por ser el primer presidente ruso que visita Nicaragua sino porque Putin les regala 100 mil toneladas anuales de trigo, entre otras cosas menores, como buses. Así que la visita de una hora fue suficiente para que Daniel Ortega se sintiera honrado y más que satisfecho, feliz. Más aun cuando Putin le aseguró que las relaciones de Rusia con Nicaragua era muy estratégicas. Todo indica que el ex guerrillero sandinista no pudo dormir esa noche.

En Buenos Aires Putin fue recibido por una sonriente Cristina Fernández con toda su corte. A la cena de gala ofrecida en honor del visitante ruso estuvieron invitados José Mujica, Nicolás Maduro y Evo Morales pero solo se hizo presente el terrorista tupamaro. El cocalero boliviano y su colega, el chofer de combi de Caracas, decepcionaron con su ausencia y se perdieron el salmón ahumado y el cordero glaseado que se sirvió en la cena, aligerado con buen vino mendocino. 

A diferencia del siglo pasado, durante la Guerra Fría, cuando la URSS manipulaba a sus tontos útiles en Latinoamérica para hacer frente a los EEUU, creando focos guerrilleros y terroristas mientras los idiotas latinoamericanos creían en el cuento de la liberación de los pueblos, hoy Rusia procura solo mantener contentos a los delirantes socialistas del siglo XXI y conservarlos de su lado. Ya no alimenta con ideología barata las universidades ni envenena la mente de los jóvenes con boberías como la guerra popular. La nueva y moderna generación de idiotas latinoamericanos anda más desubicada en términos ideológicos, pero mantiene un odio instintivo a los EEUU y a todo lo que sea símbolo de poder. Es más una cuestión psicológica que los psicoanalistas deberían explicar.

Rusia ya ni siquiera promueve estupideces como el igualitarismo y el "nuevo orden económico mundial". Tanto Rusia como China han abrazado el capitalismo y solo les falta instaurar regímenes democráticos. Solo una secta de académicos retrasados y organismos internacionales manejados por burócratas tan idealistas como irresponsables, insisten en cuestiones económicas mezcladas con ideología, promoviendo temas líricos y progres como la desigualdad. Pero la manipulación ideológica y el mantenimiento de idiotas delirantes en la región ha dejado de ser la tarea primordial de los rusos. Eso es ahora asunto de ONGs.

A Putin le interesa mantener a los dementes del socialismo del siglo XXI como aliados. Le basta con pasarles la mano por el lomo para que se sientan contentos. Anda en busca de apoyos políticos para las maniobras rusas en Ucrania y su anexión de Crimea, entre otras que ya los socialistas de acá han estado apoyando. En buena cuenta Putin ha venido a agradecerles la sumisión gratuita pero sin hacer muchos compromisos. Letrinoamérica es todavía una región muy inestable en manos de estos chiflados autócratas, además de estar siguiendo la senda del fracaso socialista sin más remedio. Y Putin lo sabe. Camina despacio sacando el mayor provecho posible pero sin apostar fuerte.

viernes, 6 de junio de 2014

La universidad del terrorismo argentino


Por: Agustín Laje

La estatización de la Universidad de Madres de Plaza de Mayo que impulsa el kirchnerismo promete concretarse muy pronto y, a la postre, los argentinos deberemos financiar y hacernos cargo de las deudas de 200 millones de pesos que mantiene el establecimiento dirigido por Hebe de Bonafini, institución más reconocida por sus vínculos ideológicos con grupos extremistas que por su dudoso nivel académico. 

Lo cierto es que la llamada “Universidad Popular de las Madres” abrió sus puertas -sin la aprobación del Ministerio de Educación- en 1999 bajo la dirección del escritor marxista Vicente Zito Lema en el histórico edificio de las Madres ubicado en Hipólito Yrigoyen, a metros del Congreso de la Nación.

El 20 de noviembre de ese año se organizó un seminario que pretendía ser la antesala de la creación de la Universidad. Allí disertó, entre otros, el parricida Sergio Schoklender, quien tituló a su conferencia “El derecho a la violencia”. Entre otras barbaridades, quien por entonces era mano derecha de Hebe de Bonafini sostuvo:
  • El mito más grande es esto de que la violencia es mala
  • Es cierto que el delito individual, ese delito callejero, es una de las pocas respuestas violentas que hay frente al sistema
  • Intentan hacernos creer a nosotros que existe una salida pacífica, que existe una salida no violenta. Esa salida no es posible
  • Nosotros tenemos que lograr transformar esa violencia individual en una violencia organizada. Tenemos que poder darle coherencia y organización a todos los estallidos sociales, no solo al robo. 
Eran tiempos en los que la Universidad se financiaba, según admitió Schoklender en su libro "Sueños Postergados", a través del delito. Zito Lema, al contrario, pretendía financiar la Universidad con métodos limpios, pero las cuentas nunca le cerraban. Al poco tiempo decidió renunciar, dejando una carta a la que nadie le prestó atención pero que sería, a la postre, vaticinadora: “No quiero formar parte de algo que en el futuro pueda dar cabida a responsabilidades judiciales y a nuestra desacreditación pública”. 

La Universidad de las Madres se propuso, en clave marxista, crear un nuevo “sujeto revolucionario”. Schoklender ha develado en su libro que “el programa que sosteníamos con las Madres era totalmente revolucionario. (…) Nuestro objetivo era la revolución. La única salida que se veía lógica era la lucha armada. No veíamos otra alternativa para enfrentar al menemismo y el neoliberalismo. En aquella época en el sótano de la universidad guardábamos de todo. Si me llamaban a medianoche, yo pensaba que había volado la universidad”. 

En este marco, Hebe de Bonafini decía a sus alumnos en un discurso pronunciado en agosto de 2002: “Cuando hablamos de socialismo, hablamos de socialismo revolucionario, no de un socialismo de partido, para ir atrás de todos estos bandidos que se están uniendo, juntando. Las Madres sentimos que somos el puente entre nuestros hijos y ustedes; desde 1986 venimos hablando de revolución, de marxismo primero más tímidamente y después ya más lanzadas. ¡Revolución, socialismo y combate! La gente dice: ‘Ay, pero las armas’ ¡Caramba!, con zapallitos no vamos a poder hacer la revolución ¡A prepararnos para ser revolucionarios, a prepararnos para armar el socialismo, a prepararnos para hablar de combate! Y a prepararnos, también, para usar las armas si alguna vez es necesario”.

El extremismo que se respira en los claustros de la Universidad que posiblemente terminemos financiando entre todos los argentinos es de tal magnitud, que sus directivos y algunos docentes llegaron a reivindicar públicamente el accionar de Al-Qaeda. En el año 2001, tras los atentados contra las Torres Gemelas del 11-S, Hebe brindó un discurso a los alumnos en el que dijo: “Cuando pasó lo del atentado yo estaba en Cuba visitando a mi hija, sentí alegría. No voy a ser hipócrita, no me dolió para nada. (…) Yo sentí que había muchos pueblos en ese momento que eran felices y sentí que la sangre de tantos en ese momento era vengada. (…) El día del atentado yo sentí que había hombres y mujeres muy valientes. Valientes, como una montaña de valientes, que se prepararon y donaron sus vidas para nosotros, tal vez para nuestros nietos, ni siquiera para nosotros. Declararon la guerra con sus cuerpos, manejando un avión para estrellarse y hacer mierda al poder más grande del mundo. Y me puse contenta, por qué no. (…) Brindé por mis hijos, brindé por tantos muertos, contra el bloqueo, por todo lo que se me venía a la cabeza. Brindé por los valientes. Brindé por los hombres que hicieron una declaración de guerra con el cuerpo”.

Otros profesores también se sumaron a reivindicar y festejar la muerte de más de 4.000 seres humanos. El docente David Viñas, por caso, dijo ese día que “las acciones violentas en Washington son una forma inédita de lucha de clases”, mientras el Director Académico, Zito Lema, quien todavía no había renunciado, esgrimía que “el señor Bin Laden es un revolucionario. (…) Y esa lucha con Laden y con otros seguirá hasta que el imperio sea extinguido de la humanidad”. 

Además de Al-Qaeda, y más cercano geográficamente, en la Universidad de las Madres se ha reivindicado también a la organización narcoterrorista FARC, tema de estudio de los alumnos de la institución desde el año 2001, dictado en cursos especiales cuyos docentes invitados muchas veces están vinculados a la guerrilla colombiana tal como ha dejado trascender Schoklender.

El 25 de marzo de 2005, la Universidad de las Madres organizó un acto homenaje público por los 40 años de la creación del grupo narcoterrorista, donde se proyectó un mediometraje filmado por las propias FARC. El evento se promocionó con carteles que, en el centro, ilustraban un brazo que sujetaba un fusil en alto e instaban al estudiantado a concurrir al apologético evento.

Esta y no otra es la calidad moral de la institución que el kirchnerismo pretende estatizar y, con ello, salvarla de la bancarrota haciendo uso del dinero de todos los argentinos.

jueves, 1 de mayo de 2014

Apuntes sobre el mito



Escrito por: Agustin Laje/Centros de Estudios Libre

Quizá a contrapelo de lo que ocurre en otras áreas del conocimiento y la experiencia humana, la importancia del mito en la política continúa siendo lo suficientemente relevante como para poner en duda el “desencantamiento del mundo” que anunciara Max Weber en su conocido ensayo “La ciencia como vocación”. No interesa, en este sentido, efectuar desde estas líneas un juicio ético o epistemológico sobre el mito. Antes bien, preferimos tomar al mito como una nota cultural de nuestros tiempos, caracterizados por la bipolaridad que atraviesa al pensamiento moderno −tras la irrupción de las corrientes romanticistas que vinieron a cuestionar los valores de la ilustración−, destacada por Gadamer precisamente como una “oposición entre mito y razón”.


Es dable reconocer que esta permanencia y, aún más, esta multiplicación de los mitos en la moderna sociedad de masas, fue prevista por Marx en carta a Kugelman, en la que ya advertía: “Hasta el presente se creía que la formación de los mitos cristianos en el Impero romano había sido posible porque, hasta entonces, no se había inventado la imprenta. Es todo lo contrario. La prensa cotidiana y el telégrafo, que esparcen sus invenciones por todo el universo en un abrir y cerrar de ojos, fabrican en un día más mitos (que el rebaño de burgueses acepta y difunde) que los que aparecían antiguamente en un siglo”. Marx quizá en ese momento no lo sabía, pero su escatológica “sociedad sin clases” conformaría uno de los mitos más destructivos de la historia del hombre pocas décadas más tarde.

El mito, en sentido amplio, es un discurso social que condensa experiencias del hombre que son reacias, por motivos de distinta índole, a ser expresadas con arreglo a la razón. El mito político, como subespecie del mito, constituye entonces el elemento épico de la política, traduciendo en lenguaje fantástico y sentimental una lista variable de elementos: ideas, sucesos históricos, relatos utópicos, personajes históricos, personajes ficticios, etc. Como afirma Sebreli, “el mito es un espacio vacío que puede ser ocupado por los más diversos significados”.[1]


A su vez, el mito político puede ser entendido como un elemento del discurso ideológico, si por ideología entendemos un conjunto de ideas acerca del mundo político y social, que pueden estar de conformidad con el orden establecido o bien en sus antípodas, cuyo deber ser es el punto de partida para leer el ser, y que involucran no sólo abstracciones académicas –lo que en todo caso caracterizaría a una doctrina y no a una ideología– sino también una pluralidad de elementos que simplifican tales abstracciones únicamente accesibles a las élites intelectuales, haciéndolas aprehensibles por el grueso social. Este vínculo entre mito e ideología es previsto por Barthes, para quien los mitos constituyen “una práctica discursiva que, como mínimo, refleja, y en general ayuda a reinscribir, una ideología particular”.[2]


Así las cosas, el mito político representa el elemento ideológico que corre por el carril que se dirige a la dimensión afectiva del hombre, sustancialmente distinto del carril por el cual corre el argumento político empírico, dirigido fundamentalmente a la razón humana. Leenhardt explica que “el mito es sentido −vivido antes de su inteligibilidad y formulación. Es la palabra, la figura, el gesto, que circunscriben el hecho en el corazón del hombre, emotivo, como un niño”.[3]


La hegemonía que mantiene el pensamiento económico en el interior de la derecha ha ido despojando de elementos ideológicos (entre ellos, el mito) a las diversas corrientes de pensamiento que se podrían inscribir dentro de tal categoría. En efecto, el economicismo ha ido vaciando de épica a la derecha, fundamentalmente a su vertiente liberal. Y no podemos dejar de señalar la curiosa paradoja que de ello resulta: proponer una defensa ultrarracional de un sistema como el capitalista, nacido al calor de la ética religiosa como demostrara Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo es, cuando menos, una pésima estrategia y un flagrante contrasentido.


El mito está destinado a cumplir, grosso modo, tres funciones sociales: la atracción hacia el interior de un grupo, que se traduce en mayor cohesión entre sus miembros (Antonio Castagno asevera que el mito político “actúa como factor integrador, es decir capaz de convertir a la pluralización de hombres y de grupos en una unidad”[4]); la atracción que provoca en el exterior del grupo, que se traduce en nuevas incorporaciones al mismo de modo permanente; y la simplificación de las abstracciones que, pensadas por los intelectuales, deben traducirse a imágenes inteligibles por la afectividad humana. Al respecto, Eric Selbin destaca que “es poco probable que las personas sean movilizadas por conceptos teóricos, secos y distantes”.[5] Aunque, es necesario decirlo, de ello no debe seguirse que el rol del teórico sea despreciable. Más bien, todo lo contrario: la función simplificadora del mito sería imposible de no contar con ningún objeto teórico que simplificar.


Pensemos por ejemplo en el mito de la “huelga general” de Georges Sorel, que representaba el clímax de la lucha de los proletariados teorizada por el marxismo contra el capitalismo en virtud de la cual, tras abandonar aquéllos colectivamente los puestos de trabajo, le infringirían un golpe de muerte al sistema. En efecto, asistía mucha verdad a Sorel cuando explicaba que “en modo alguno basta el lenguaje para lograr resultados; hay que apelar a conjuntos de imágenes capaces de evocar, en conjunto y por mera intuición, antes de cualquier análisis reflexivo, la masa de los sentimientos que corresponde a las diversas manifestaciones de la guerra entablada por el socialismo contra la sociedad moderna”.[6]


Lo más próximo a un mito que tuvo en los últimos años el liberalismo –su proximidad al mito soreliano llama nuestra atención– fue la “huelga general” no de los trabajadores manuales, sino de los “hombres de la mente” en La rebelión de Atlas de Ayn Rand, quienes tras soportar la explotación del parasitismo colectivista deciden retirarse del mundo y dejar que éste perezca bajo el destructivo código moral de la izquierda. La fuerza que tal relato ha tenido es innegable: la obra en cuestión no sólo ha sido considerada por el Congreso de los Estados Unidos como el segundo libro más influyente en los norteamericanos después de la Biblia, sino que es la actual puerta ingreso al liberalismo para muchos jóvenes. El problema es que, aun así, al liberalismo le alcanza un solo dedo para contar su único mito, mientras a la izquierda no le alcanzan los dedos de ambas manos para contar los propios.


Si la “batalla cultural” que tan bien comprende y lleva adelante la izquierda se basa, como toda batalla, en movimientos defensivos y ofensivos, entonces la derecha debería comprender que el mito es un arma sumamente poderosa puesto que, como afirma Eugenio del Río, “no es fácil imaginar un movimiento popular amplio, duradero y arraigado que no esté alimentado por fuerzas míticas”[7]. En efecto, de lo que se trata es de desarticular los mitos del contrincante pero también de edificar los propios. Quien abandona el mito como recurso político se asemeja al soldado que arroja su armamento y se dispone a luchar a cuerpo contra un pelotón armado hasta los dientes.

En fin, resulta evidente que la derecha precisa de nuevo oxígeno intelectual capaz de redefinir su estrategia en el nuevo milenio, tal como lo hizo el marxismo en su camino hacia el posmarxismo. Caso contrario, aquélla terminará como el soldado desarmado en medio de una “batalla cultural” que todavía no termina de comprender.


www.elvisocc.org

jueves, 10 de abril de 2014

Argentina: cuesta abajo en la rodada


Por: Juan Salinas Bohil
Correo de Buenos Aires

Una tranquilidad pos tsunami acaricia como brisa las pampas bolivarianas argentinas. Todo está como era antes que cambiara para no cambiar nada. El kirchnerismo sigue manejando a voluntad los oxidados resortes del país contando con una oposición política, una justicia y muchos periodistas que lo menos que puede decirse de ellos es que son contemplativos con sus trapisondas.

Hoy es la seguridad o la falta de ella de lo que se habla al por mayor como ayer lo fue el estado catatónico de los trenes; hoy se sigue dando el “interesante” debate acerca si el porcentaje de la inflación es el que es o el que debería ser como ayer lo fue el debate acerca de los paros docentes y la “recuperación” de días de clases por parte de los alumnos; hoy la población sigue temblando ante el mínimo aviso de lluvias al pensar que pueden inundarse sus viviendas como ayer y que dentro de pocas semanas comenzará a sufrir cortes de gas o verá disminuido su caudal; hoy como tantas veces ayer el sindicalismo realiza un paro que no solucionará nada y el gobierno acaba de efectuar un megaoperativo antidrogas en la ciudad de Rosario en donde cerca de 3.000 agentes de Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Policía Federal, con el apoyo de 450 vehículos, seis helicópteros y hasta un avión, dicen haber ingresado en la ciudad en forma encubierta y sin disparar un solo tiro en una operación que, de acuerdo a palabras del secretario de Seguridad de la Nación tuvo “Una planificación ejecutada como una mecanismo de relojería” en donde se detuvo a 26 personas y se secuestraron 1.000 dosis de paco y cocaína. Una dosis contiene aproximadamente unos dos miligramos de sustancia por lo que estaríamos hablando de unos dos kilos incautados. Fuentes no oficiales estiman que en Argentina se consumen diariamente 400.000 dosis por día. El “operativo” ha sido todo un éxito. El narcotráfico se bate en retirada.

Ha llegado el momento de pagar los costos de la fiesta kirchnerista que ningún argentino que se precie desea pagar. No advierte el displicente que hace tiempo que amortiza y tolera con creces el robo de fondos públicos a los que la gente fina suele señalar como “falta de transparencia”. El indolente, que como los funcionarios echa culpa a “los demás” de todo lo que acontece, es tan responsable como los ejecutores de estos planes de saqueos ejecutados a la perfección: los vota para después negarlos miles de veces ante y después que cante el gallo. Y quienes no, lo hacen como “opositores” que acuerdan con los respectivos ejecutivos cada una de sus trapisondas aclarando, eso sí, que lo hacen “con disidencias”.

Ahora muchos advierten que la economía se estanca. Una economía que fue inflada artificialmente en aras de un consumo desaforado en un país improductivo por naturaleza porque cumplir un horario de trabajo no significa producir. Una buena cosecha puede, además de salvar a un gobierno, ocultar falencias de una sociedad que se niega a cambiar.

El proceso de deterioro que sufren los sistemas estatales hasta el colapso es, por lo general, lento. Pueden frenarse transitoriamente pero no evitarse. Piénsese en el estado de los ferrocarriles, hospitales, escuelas o servicios que deberían brindar los gobiernos como seguridad o justicia. Ni qué hablar de la Defensa nacional. Todo ello repercute en la actividad privada que es la que financia esos emprendimientos y su empobrecimiento hunde en la desolación a millones de personas.

Los sindicalistas hablan de “éxito” del paro de hoy. Con décadas de compartir el poder con gobiernos de todo tipo, incluso con los Kirchner, son los mejores en palpar el sentir de “la calle”. Tienen siempre presente a Perón cuando dijo “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. Con buen criterio han preferido lo primero.

El paro canaliza cierta inquietud de la población al igual que el año pasado lo hicieron quienes golpeaban cacerolas pero no agrega ni soluciona nada. Y la izquierda troska que se prende como ternero a la teta de la vaca en cuanta ocasión se le presenta apoya un paro organizado por la “burocracia sindical” a la que combate desde los 60 efectiando “piquetes”. Es un dislate propio de un Macondo. También apoyó al campo en 2008 por su motín al Gobierno por la Resolución 125. Más no se le puede pedir.

Los bolsillos continuarán deteriorándose y la situación social también. Continuará el acelerador hasta el fondo en el aspaviento de los actos oficiales para combatir la inseguridad; los desvaríos desde los micrófonos oficiales; la convocatoria a los adolescentes como nuevos aplaudidores presidenciales; el apoyo a la tiranía de los Castro y la dictadura de Maduro; la lenidad de jueces y fiscales; los tribunales revolucionarios que “juzgan” a los integrantes de las FF.AA y de Seguridad que combatieron la guerrilla; el anticatolicismo rampante del gobierno; el deterioro de la educación estatal; el mesianismo y la incapacidad de algunos políticos; el robo a las cajas jubilatorias; la inseguridad… Frente a estas realidades políticos y economistas auguran un futuro lecho de rosas: por Vaca Muerta, por los préstamos internacionales que vendrán a baja tasa o porque “Argentina está condenada al éxito”.

Frente a esta situación resulta extraño a la grey católica el apoyo que acaba de recibir Cristina Fernández de los pastores de la Iglesia cuando su ateísmo militante la llevó hace unos a cambiar el destino del contraalmirante Raúl F. Viñas. El marino iba a hacerse cargo de la dirección de la Escuela Naval Militar y a la ceremonia de ascenso y entrega de sable asistieron la Presidente y los hijos del marino: un sacerdote y una monja. Cristina ordenó rever la decisión y ordenó un cambio de destino. Ante el hecho, Viñas pidió su pase a retiro.

Por eso, el nombramiento de un sacerdote al frente del organismo que se ocupa en teoría de la recuperación de adictos abona la posibilidad de un acercamiento entre Cristina y los clérigos (la Iglesia somos todos). La semana pasada, al otro día de compartir un acto en la Casa Rosada con la Presidente, se lo escuchó al clérigo en todos los programas radiales de la mañana despotricar contra el “neoliberalismo” para a los pocos días tuitear su disconformidad contra las nuevas medidas de seguridad implementadas por el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Si eso no es participar en política habrá que leer otros manuales.

Ha dicho Ortega y Gasset en 1921: “Son las cosas de tal condición, que juzgarlas con sesgo optimista equivale a no enterarse de ellas.”

domingo, 6 de abril de 2014

FRANCISCO: ¿AYUDA SU DISCURSO A TERMINAR CON LA POBREZA?


Escrito por: Roberto Cachanosky, Economista

Antes de ir al punto de esta nota, deseo aclarar que soy católico, estudié en un colegio parroquial y luego economía en la UCA. En aquellos años teníamos materias como teología, ética y moral profesional y, por supuesto, doctrina social de la Iglesia en la que veíamos las encíclicas. De manera que algo de las opiniones de los papas sobre economía conozco, aunque tampoco soy un experto, pero sí las estudié.



Ahora bien, soy conciente que a más de un ferviente católico no le agradará esta nota, sin embargo la escribo sabiendo que las declaraciones de Francisco en materia de economía y pobreza son discutibles.

Recordemos que solo cuando el Papa habla ex cathedra, su palabra es inapelable y lo hace cuando se trata de temas de doctrina de fe. También recordemos que fue en el Concilio Vaticano I, en 1870, que se estableció el dogma de infalilibidad papal bajo el argumento que el Papa tiene la asistencia divina. Históricamente se decidió en dicho concilio establecer este principio de la infabilidad del Papa por las divisiones internas que, en esa época, imperaba dentro de  la Iglesia. No sigo profundizando en este tema porque no viene al caso de esta nota.
De lo anterior se desprende que cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra, es decir, su palabra no es definitiva sino que es opinable, como la de cualquier católico o no católico. En consecuencia, sus afirmaciones sobre la pobreza pueden estar equivocadas al punto, y aquí alguien puede escandalizarse, que sus dichos pueden generar, por error, más pobreza, exclusión y hasta autoritarismo.

En su encíclica EVANGELII GAUDIUM, Francisco afirma: “En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando”
En primer lugar Francisco se equivoca de medio a medio cuando afirma que la libertad de mercado no favorece a los más pobres y jamás ha sido confirmada en los hechos, porque hay toneladas de estudios, libros y ensayos que muestran que a más libertad económica mejor nivel de vida de la población y menos pobreza. Si alguien le acercara al Papa el libro de Mancur Olson, Auge y Decadencia de las Naciones, podría verificar el error de su afirmación.

No fue el plan Marshall el que sacó de las ruinas a la destruida Alemania de post guerra, sino el coraje de Adenauer y Ludwig Erhard que impulsaron una economía de mercado enfrentando a las fuerzas aliadas de ocupación que seguían con la cantinela de las regulaciones y cartas de racionamiento.
Otro libro para ser revisado es Bienestar para Todos, de Luwig Erhard, en el que detalla cómo fue liberando la economía alemana hasta su reconstrucción total que luego fue conocido como el milagro alemán. No hubo tal milagro, hubo una economía de mercado sustentada por sólidas instituciones que estimulaban el espíritu emprendedor de los alemanes.
No fue que se construyó el muro de Berlín para que los alemanes occidentales no entraran en masa al paraíso socialista de la distribución de la riqueza, sino que los socialistas lo construyeron para encarcelar a los alemanes orientales que querían escapar de la atroz dictadura socialista y la pobreza en que vivían.

Y bueno es recordar también que Juan Pablo II contribuyó, con su coraje, a derribar ese muro de la vergüenza cuando abiertamente apoyó al sindicato Solidaridad que luchaba contra la opresión del paraíso socialista, en el que se suponía que unos pocos burócratas tenían el monopolio de la bondad y distribuían equitativamente la riqueza. Más bien tenían el monopolio de la represión hasta niveles salvajes.
Por citar otro ejemplo, los famosos balseros que se animaban a escapar de la opresión de Fidel Castro, no eran turistas apurados que habían perdido el avión. Era gente que quería respirar aire de libertad y arriesgaba su vida en precarias embarcaciones para llegar al continente.

Los excluidos de los que habla Francisco son excluidos porque el intervencionismo estatal, que parece propugnar, no solo traba la producción, sino que además desestimula las inversiones, la creación de nuevos puestos de trabajo y mejor remunerados gracias al aumento de la productividad. Arriesgando aún más mis diferencias económicas con el pensamiento de Francisco, diría que hasta existen visiones morales diferentes. Mientras Francisco cree que los pobres tienen que ser asistidos por el Estado, yo creo que es moralmente superior crear las condiciones institucionales y la libertad de mercado para que cada ser humano tenga la dignidad de mantener a su familia del fruto de su trabajo y no de la dádiva del puntero de turno. ¿Acaso, no ya Francisco, sino Bergoglio no ha visto cómo denigran a la gente en Argentina con el clientelismo político? ¿Quién genera la pobreza, las empresas o un sistema intervencionista y redistributivo que destruye la producción  y los puestos de trabajo? ¿No ha visto Bergoglio, hoy Francisco, el exponencial crecimiento de la corrupción estatal, el crecimiento exponencial de las villas de emergencia y la pobreza que ha generado ese intervencionismo económico que impulsa? ¿No recuerda la destrucción económica ejecutada por Moreno, el soldado de la causa? ¿O Francisco va a afirmar que en estos 10 años de destrucción económica, escándalos de corrupción y aniquilamiento de valores como la cultura del trabajo fueron obra de ese malvado libre mercado?

El mercado es un proceso donde pacíficamente la gente intercambia los bienes que producen. Nadie se apropia de lo que no le corresponde. En esa economía de mercado que Francisco denuncia como perjudicial, el empresario tiene que ganarse el favor del consumidor produciendo los bienes y servicios que la gente necesita. Para que el empresario pueda progresar tiene que previamente hacer progresar a sus semejantes. En las economías intervencionistas son los burócratas los que deciden por la gente ganadores y perdedores y encima son el caldo de cultivo para que la corrupción florezca otorgando privilegios, proteccionismo y demás prebendas que, justamente, hacen que unos pocos generen fortunas a costa del resto de la población. Esa concentración de la riqueza que denuncia en la encíclica.
¿No ha visto Francisco el fenomenal crecimiento patrimonial de ex empleados bancarios y choferes gracias a los oscuros negocios del intervencionismo estatal? A no equivocarse, sus palabras podrán estar inspiradas en la bondad, pero los resultados son más desigualdad, escandalosa corrupción y retraso económico. ¿No es eso lo que debe condenar moralmente la Iglesia?
¿No es el autoritarismo creciente, el apriete a empresarios, periodistas, economistas y cuanta persona opine diferente al todo poderoso Estado lo que debe condenarse sin miramientos?

Por otro lado, llama la atención que habiendo sido la Iglesia una de las instituciones que en el pasado mucho hizo por la educación y, sobre todo con la creación de talleres donde se enseñaban oficios (carpintería, electricidad, etc.) para que los jóvenes pudieran encontrar su salida laboral, hoy pretenda transferirle esa tarea al Estado. En todo caso la gente es mucho más solidaria que la dirigencia política, que lucra con la pobreza porque es su negocio electoral.
El tema da para largo, pero me parece que Francisco contribuiría mucho a terminar con la pobreza, la corrupción, el avasallamiento de las libertades individuales, si comprendiera que la libertad económica es un imperativo moral que debería apoyar en vez de criticarlo. Impulsar al todo poderoso Estado, no solo es ineficiente desde el punto de vista económico, sino que, además, moralmente reprochable por la corrupción y la exclusión social que genera al expulsar del mercado laboral a millones de personas.

Bergoglio ha visto como en nuestro país, en la última década, han proliferado en cantidades industriales los planes “sociales” y sin embargo hay una pobreza e indigencia que escandalizan.
Guste o no, para terminar con la pobreza hace falta un sistema económico de libre mercado con instituciones sólidas. En cuanto a la solidaridad, eso es algo que tiene que ejercer cada uno de acuerdo a su conciencia. Poner la solidaridad en manos de los políticos es como dejar al pajarito al cuidado del gato.
En definitiva, imagino que con esta nota me he ganado un montón de enemigos pero les recuerdo que, cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra. Es solo una opinión y por lo tanto para el debate.

martes, 8 de octubre de 2013

Argentina y el modelo bolivariano


Fuente: Diario El Comercio - Ecuador

La situación económica y social de Venezuela presenta mejor que cualquier análisis teórico cuál es el destino de un modelo de corte populista, intervencionista y estatista. Un país de petróleo abundante, que exporta por más de 100 000 millones de dólares por año, es actualmente incapaz de satisfacer las necesidades mínimas de su población y expone una pobreza creciente en medio de un enorme desorden social e inseguridad personal. 

La ineficiencia resultante de la politización y corrupción en las empresas estatizadas se ejemplifica en la utilización de la petrolera PDVSA como generadora de fondos para la "regaladera" del fallecido comandante Hugo Chávez y su práctico vaciamiento para otros destinos menos virtuosos. El conocido latiguillo "exprópiese" que Chávez popularizó en sus caminatas televisadas ha quedado grabado en la memoria de todo aquel que piense desarrollar alguna actividad. 

La esencia del modelo chavista es su inclaudicable populismo, referido como socialismo del siglo XXI. Apenas algunas diferencias de grado lo separan del modelo kirchnerista. Ambos se apoyan en versiones intelectuales similares y en el fervor de militantes que tienen al castrismo como faro. De la mano del pensador Ernesto Laclau, el kirchnerismo ha ideologizado y exaltado el populismo. En repudio del "Estado ausente", este modelo transitó por la confiscación sin pago de los fondos de jubilaciones y pensiones y de YPF, la principal empresa del país. Se superó así al chavismo, que al menos pagó lo que expropió. 

El modelo kirchnerista se empeñó en destruir y desvirtuar instituciones. La seguridad jurídica fue erosionada y el derecho de propiedad, desconocido. La respuesta de miles de ahorristas ha sido la fuga de capitales. El control de cambios, conocido aquí vulgarmente como cepo cambiario, es la única respuesta del modelo. Los congelamientos tarifarios y los controles de precios se interiorizan en el sistema al igual que las fuertes restricciones a las importaciones. La mano violenta y arbitraria de los funcionarios se mete en las decisiones y en los actos privados. La libertad se pierde en beneficio de la corrupción, la discrecionalidad y el amiguismo. La amenaza o el subsidio convierten a demasiados empresarios en seres claudicantes, cuando no en meros aplaudidores. 

En Venezuela escasean los productos con precios controlados, llámese dólar o bienes de consumo, mientras alguien los provee a precios más altos. En esto Venezuela nos aventaja, tal vez sólo por ahora. Allí el dólar oficial vale 6,3 bolívares mientras se acerca a los 45 en el mercado informal, al tiempo que la prensa tiene prohibida la difusión de las cotizaciones en el mercado marginal. No se consigue papel higiénico en los supermercados y almacenes controlados, pero se puede comprar todo lo que uno quiera a los "buhoneros" a un precio tres veces mayor. Pasa lo mismo con los alimentos y con otros productos de consumo. La medición de la inflación con los precios oficiales queda subestimada. Aquí debemos reconocer que el Gobierno argentino no sólo la ha subestimado por este motivo. Desde enero de 2007 ha falseado abiertamente los resultados del índice de precios. El Gobierno venezolano no llegó a tanto.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/enfoque_internacional/Argentina-modelo-bolivariano-Enfoque_Internacional_0_1007299306.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

sábado, 31 de agosto de 2013

El naufragio kirchnerista


Por JUAN SALINAS BOHIL
@salinasbohil

Si la vedette y actriz Moria Casán tildó en su momento a la fauna artística argentina de jet set de cabotaje, no puede llamarse de otra modo a los diversos grupos políticos, económicos, judiciales, gremiales y de toda clase que atiborran con su accionar tapas de diarios y estudios de radios y televisión.

Es común escuchar este no es un país serio como si fuese necesario de urgencia inmediata que lo sea. Afortunadamente no lo es, porque de lo contrario, la existencia en él se haría imposible. Argentina se ha convertido en una gran platea en donde a 40 millones de vivientes les resulta más efectivo divertirse con los numerosos programas de boberías que brinda la televisión en donde abundan personajes estrafalarios que parecen recién salidos del laboratorio del Dr. Jekyll y pomposas señoritas con abundancia de siliconas, notable ausencia de neuronas, lenguaje suburbano y forrada billetera obtenida vaya a saberse con qué artimañas y a costa de quiénes.

Analizar seriamente la realidad bajo el nuevo cielo bolivariano resulta impropio. Por ejemplo, aumenta día a día la cantidad de opositores que hasta ayer nomás defendían a capa y espada preferentemente con esto último las bondades del modelo estatista, dirigista, inflacionario, restrictivo de las libertades individuales, verborrágico, mesiánico y profundamente corrupto. Estos seres han comenzado a bajar la planchada del crucero del amor nacional y popular con inclusión social en el que tan bien vivieron durante una década. Y para uno, opositor a rabiar aún antes de que Él asumiera, autor no reconocido y por ello frustrado de concepciones como la presidencia como bien ganancial, el encomillado en lo nacional y popular, aplaudidores profesionales, matrimonio presidencial y tantas otras dichas en soledad mientras los conversos de hoy se empalagaban de miel kirchnerista, el travestismo no llama la atención. Esa actitud es moneda corriente en un país donde los electores resultan, aunque no lo asuman, los únicos responsables de sus peripecias en un territorio falto de ideología o mejor dicho con una sola y excluyente en la que mama toda la dirigencia.

El modelo, el socialismo bolivariano del siglo XXI o la década de mayor crecimiento de Argentina en sus 200 años de historia comienza a hacer agua y grandes rumbos se abren en babor, estribor y el casco de la nave. Presurosos, toda la primera clase, con sus chalecos salvavidas de última generación, sus GPS a prueba de humedad y balas, y chóferes y guardaespaldas, se apiñan en cubierta junto a la borda a la espera del bote salvador.

Más algunos, superrápidos, se han lanzado a las tempestuosas aguas del Mar de la Realidad siguiendo a pura brazada el fluir de un bote bautizado neokirchnerismo que se encuentra a punto de naufragar debido a la cantidad de gente que carga y que con relativo éxito intenta alcanzar la costa de un paraje repleto de mosquitos llamado Tigre. Ellos son un ex terrorista ajado, otrora joven idealista, Carlos Kunkel, lógico entrista del peronismo en los 70 que acaba de confesar en LA NACIÓN, nunca fue kirchnerista, siempre fui peronista aunque sin aclarar por qué intentó derrocar a Perón (¿su líder?) para implantar por las armas una dictadura castroguevarista.

Otra que se fue de boca y del kirchnerismo es Milagros Salas, una especie de Gabriel Condorcanqui con polleras, si bien no suele usarlas, sitiada más que situada en la norteña provincia de Jujuy, que como la queridísima Hebe ha recibido millones de dólares para hacer casitas para los pobres y mantener una guardia pretoriana a su servicio. Pues bien, esta ingrata mujer habría manifestado recientemente: Que el kirchnerismo se vaya a la m.

Pero quien más llamó la atención con su desvinculación de la Casa Rosada fue Eugenio Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema, otro reconocido militante de izquierda que como el gobierno no se ha cansado de acusar a los medios de comunicación de crear una especie de paranoia con relación a la inseguridad, quizás porque como funcionario de larga data cuenta con custodia oficial y esas simplezas de robos o asesinatos les son ajenas. Por lo demás, el juez acaba de dejar plantados a sus pares en una audiencia pública citada por la Corte por la Ley de Medios para irse a Alemania por dos o tres semanas por cuestiones académicas. Su labor es debería ser full time, sin horas extras ni premios por presentismo. Es de esperar que como a cualquier mortal se le descuente de su sueldo el medio mes de vacaciones que se ha tomado.

Lo dicho no tendría que llamar la atención proviniendo de un integrante de la nomenclatura pero con esta gente siempre hay más. Zaffaroni dijo, además: Me queda un año en la Corte, espero que pase rápido. Más rápido sería si renunciara hoy y muchos, incluso él mismo, estarían más felices que en la actualidad. ¿Por qué esperar?

Sin embargo, quien no debe abandonar el barco es la Presidente pese a algunas desconsideraciones efectuadas sobre su salud. Las razones son dos y creo, bien valederas. La primera es que con pleno conocimiento de causa puedo afirmar que goza de una salud excelente. La otra, igual de importante es que, ¿alguien puede imaginarse a Boudou al frente de la Casa Rosada? Argentina sería un caos. Impidámoslo.