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domingo, 9 de septiembre de 2018

Otra vez la histeria antiracista progre


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Una vez más los dueños de la verdad y la moral, es decir, el progresismo buenista, ha puesto el grito en el cielo por un comercial al que acusan de "racista". El escandalete se ha producido básicamente en las redes sociales por parte de los más ilustres progres y sus seguidores, expresando su horror y maldiciendo a Saga Falabella, mientras se rasgan las vestiduras lloriqueando porque han afectado su profunda sensibilidad social con un comercial inocuo, donde solo el cerebro retorcido de un progre puede hallar racismo. 

Más allá de las redes solo el diario La República, como era de esperar, le ha dado cabida a la histérica denuncia progresista, lo que de inmediato llevó a un comunicado del progre Ministerio de Cultura. ¡Cuándo no! Es decir, faena completa del progresismo en su pataleta antiracista contra Saga Falabella, una vez más. Ante tal cargamontón, la empresa aludida tuvo que sacar un comunicado disculpándose. Pero ni eso satisfizo a los progresistas que criticaron de mil formas el comunicado. Y no faltaron los tradicionales pulpines pidiendo marchita o sabotaje a la tienda.

Siendo objetivos y honestos, cosas que la izquierda ignora por completo porque lo suyo es siempre el prejuicio ideológico y el activismo histérico, el comercial en cuestión no tiene nada, pero absolutamente nada de racista. Todo el racismo está en el cerebro retorcido de los progresistas, a quienes les basta ver una chica afro para que les brote el sentimiento proteccionista. La escena transcurre cuando una chica (blanca, para precisar) habla de estar viviendo con una roommate (compañera de cuarto) por lo que han escogido (ambas, debe suponerse) un colchón que tiene ciertas características, como el no retener los malos olores. De ambas, hay que suponer, obviamente. 

Lo concreto es que la chica del comercial parece hablar solo de ella, mientras que su compañera, una bella muchacha de cabellos ensortijados, salta sobre la cama. Eso es todo. Sin embargo, para el fino entender de la progrería, la chica blanca habla de los malos olores de su compañera afro. Algo que en ningún momento se da a entender, de ninguna manera. Todo el escandalete antiracista parte de una ridícula sospecha prejuiciosa del progresismo. Nada más que eso.

Según la mente retorcida de los progresistas la chica blanca está rajando de su compañera afro, y diciendo nada menos que ella tiene malos olores. Esto es ridículo. No es lo que se colige necesariamente de la escena, pero es lo que han pretendido atribuir los progresistas para vender su campaña antiracista y posar como los buenos de la sociedad. Es obvio que si ambas chicas fuesen blancas no habría ocurrido ninguna campaña progre contra este comercial. Lo que mueve al progresismo es el afán de creerse protectores sociales de negros, indios, campesinos, homosexuales, etc. 

No está mal defender los derechos de las personas, pero hay que hacerlo en todos los casos, no selectivamente. El problema del progresismo es su ridícula selectividad. Nada les gusta más a los progres que salir disfrazados de súper héroes sociales, con su capa roja, en defensa de los sectores oprimidos, marginados, excluidos, etc. Basta que vean una campesina o una negra, (uy, perdón, una "afro" según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Progresista) para que les brote la histeria antiracista. Predican la igualdad social pero no la practican porque para ellos existen sectores sociales privilegiados y sobreprotegidos. 

Han habido muchos casos similares de histeria antiracista progre. Recuerdo el de un chico serrano (uy, perdón, andino) que salió del cine en Larcomar en plena función a comprar algo y cuando volvió no lo dejaron entrar porque no tenía el boleto. ¡Pa' su mare! La progrería armó un escándalo mayor aduciendo que al chico lo habían "discriminado" por ser "andino". Hasta Cinemark tuvo que disculparse y despedir a la boletera para complacer a la jauría rabiosa del progresismo. 

En otra ocasión chillaron porque en un club había un baño para amas. ¿Qué tiene esto de malo? Absolutamente nada. Cuantos más baños mejor. En un club hay diferentes baños: para visitantes, para el personal administrativo, para el personal de planta (vigilantes, jardineros, etc.), para hombres, para mujeres, para niños, etc. Y también para amas. ¿Hay algún problema con eso? Ninguno. Se trata de un baño exactamente igual a los otros. No le falta nada. Pero para los atormentados mentales del progresismo el que exista un baño para amas es "discriminación". No chillan por los otros baños sino por el "baño para amas". 

Hay que estar siempre en guardia con estas histéricas y estúpidas campañas progres que pretenden orientar la moral social por senderos delirantes. Para la izquierda todo se entiende en términos de "lucha de clases" y siempre están buscando el enfrentamiento social entre "buenos y malos".  Según el cerebro progresista la sociedad se divide en buenos y malos, pero no porque unos cometen delitos y otros son víctimas de los delincuentes, no. Incluso los delincuentes suelen gozar de la protección del progresismo. Para los delirantes progresistas en la sociedad hay buenos y malos en función de su color de piel, su procedencia regional, su etnia o rol laboral. Ellos determinan quiénes son los buenos y quiénes los malos. 

Los liberales estamos curados de esta estupidez ideológica. Para un liberal todos somos iguales y punto. No hay tal cosa como una "discriminación positiva", ridícula etiqueta utilizada por la izquierda para justificar su idolatría por ciertos sectores sociales, y su afán de convertirse en "defensores" de estos sectores, con campañas histéricas montadas sobre puras alucinaciones y prejuicios. Y no es casual que siempre estén haciendo campañas contra las empresas privadas. Todo es parte de la estrategia progresista de la lucha de clases y de la eterna doble moral que los caracteriza. 

martes, 5 de diciembre de 2017

La conchaza de Verónika Mendoza


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A estas alturas solo cabe reírse de los rojos. Se han pasado los últimos 17 años apoyando a puros corruptos mientras posaban como luchadores anticorrupción. Es el caso de Verónika Mendoza, reclutada por Nadnie Heredia cuando lavaba platos en un Mac Donalds de Paris, la trajo de vuelta prometiéndole chamba de mil oficios, incluyendo traer plata sucia de Venezuela para la campaña del 2006. Al final acabó rellenando las listas del nacionalismo y salió electa congresista sin saber leer ni escribir. De allí en adelante se abrió paso como charlatana del rojerío.

Ahora resulta que Verónika Mendoza, quien además de haber sido parte íntima de la mafia nacionalista y apoyar a Susana Villarán, quiere posar como luchadora anticorrupción en otra marchita. Pero no una marcha para rechazar la corrupción progre-caviar de los Humala-Heredia, Villarán y Toledo. No. Una vez más es una marcha para luchar contra el fujimorismo. ¡Qué les parece!

La excusa es la misma de siempre: "el fujimorismo quiere la impunidad al atacar a la fiscalía", "quieren poner allí a sus monigotes para quedar impunes". ¿Impunes de qué? ¿Acaso el fujimorismo ha gobernado en estos 17 años? ¿Acaso no es el fujimorismo el primer interesado en que la Fiscalía investigue a la mafia progre-caviar? La denuncia contra los incompetentes fiscales Pablo Sánchez y Hamilton Castro se debe precisamente a su falta de acción en el caso Lava Jato. Que no los confunda la izquierda. Es todo lo contrario: los rojos NO quieren que se investigue Lava Jato porque saben que van a terminar más embarrados de lo que ya están. Ese es todo el miedo que aterra a los rojos. 

Analicemos el cerebro progresista. Se trata de un cerebro primitivo, reptiliano, que se sustenta básicamente en emociones y bajas pasiones como el odio y la violencia. El cerebro progresista difícilmente llega al nivel del razonamiento, permanece en la etapa de repetidor autómata de consignas. Por eso mismo los vemos propalando los mitos más absurdos contra el fujimorismo y los noventa. Además de sus limitaciones mentales, la gran mayoría vive en la más paupérrima ignorancia. Solo saben lo que les han enseñado a través de memes, pancartas y consignas callejeras.

Por todo esto el progre es incapaz de superar su etapa básica de odiador político. Lo primero que sabe hacer es odiar. La filosofía del progre es "Odio, luego existo". Una vez que han elegido el objeto de sus odios, nada los hará cambiar de idea. Aunque el mundo se transforme y la realidad sea otra, el progre permanecerá en su etapa reptil tratando de morder los tobillos de su "enemigo de clase". En el catecismo progre les enseñan a odiar a los enemigos de clase. Pueden ser los ricos, los empresarios, los yankis, las transnacionales o el fujimorismo. Siempre tienen que tener alguien a quien odiar.

El siguiente paso es movilizar a las masas adoctrinándolas en el odio. Cada marcha de estos enfermos mentales es una competencia desaforada de gritos y consignas, con pancartas y banderolas repletas de insultos del más bajo nivel. Nunca faltan las teatreras del arte progre que escenificarán asquerosos sketchs mostrando aspectos de su patología mental mientras elaboran parodias de mal gusto. Esa es más o menos el panorama de la izquierda infecto-contagiosa.

Así que prepárense para ver mañana otra muestra del exquisito arte progre callejero. Pero que esta vez no nos engañen con sus falsas consignas. Lo que ellos están pidiendo es la impunidad de su mafia progre-caviar y la defensa de los fiscales incompetentes y encubridores que durante un año entero no hicieron nada teniendo las pruebas sobre la mesa. Ha sido solo gracias a la presión del Congreso que al menos se han dignado en sacar a la luz las pruebas contra Susana Villarán y el entorno de Odebrecht. Lo que la izquierda no quiere es que se vaya más allá. Por eso salen a marchar. Que le quede muy claro a todos.

sábado, 6 de mayo de 2017

Más mitos y mentiras del progresismo


Si en algo son buenos los progres es en engañar a la gente con mitos y mentiras. Nadie les gana en el arte de inventar clichés y frasecitas pomposas para utilizarlas como consignas de campaña. No importa si son tan ridículas como "cambio climático". ¿Cuándo no ha cambiado el clima? Si hay algo que es cambiante por antonomasia es el clima. Pero no importa. El progresismo igual te ataranta con el mito del "cambio climático" y el "calentamiento global". Se necesita todo un diccionario para descifrar las frases de cliché inventadas por el progresismo. Cada vez que quieren imponer algo, lo hacen a través de una frase cliché: actividad estratégica, soberanía energética, inclusión social, ordenamiento territorial, etc. Por ahora nos tienen fritos con el sambenito de los "crímenes de odio".

Claro que al progresismo le interesa un bledo que sus consignas y mitos estén fuera de toda realidad. La progrería se maneja tan solo al nivel de las ideas y palabras. La realidad es accesoria, desdeñable. Hasta inventan data que se acomode a sus delirios. Es así como nos han catalogado como el tercer país más violador del planeta. ¿Alguien puede creerlo? Todo lo que cabe en el delirio progresista es imposible de ser rebatido. Por paradójico que sea, los embustes y mitos son difíciles de derrotar porque precisamente están fabricados para eso: están más allá del nivel de comprobación efectiva.

Otra cosa paradójica es que ahora los progres que son los odiadores por excelencia, quieren posar como luchadores contra el odio. Ni más ni menos. Ahora resulta que quienes predican y promueven el odio contra el fujimorismo, organizando marchas fascistas para insultar a Keiko Fujimori con toda clase de pancartas miserables dignas de enfermos mentales, salen disfrazados de ángeles para luchar contra el odio y la homofobia. Pero todo a partir de patrañas urdidas para crear un escenario ficticio, haciéndole creer a la gente que estamos en un país plagado de "crímenes de odio", como si acá mataran a mujeres solo por ser mujeres o gays por ser gays. Algo que no ocurre en el Perú. Todo ese discursillo progre es completamente ajeno a nuestra realidad.  Es un mito engañabobos.

Pero nada detiene al progresismo si se trata de campañas para imponer su agenda y su nueva ideología importada, para variar. Porque toda ideología de izquierdas es siempre importada y ajena a nuestra realidad. En el siglo pasado vivieron predicando el marxismo-leninismo-maoismo cual dementes en delirio, sin percatarse de dónde estaban parados. Hoy repiten la historia al hacer campañas contra delitos que no existen en nuestra realidad. Todas son campañas urdidas en organismos internacionales. Ahora acá han asumido la mala costumbre de llamar "feminicidio" a cualquier asesinato de una mujer, aun cuando se trate de un crimen pasional o un asalto. No tenemos noticias de ningún verdadero feminicidio en toda la historia del país. Pero el nombrecito resuena a cada rato en los medios.

¿De qué trata todo este alboroto insano? En realidad todo es parte de una amplia agenda progresista que consiste en ir avanzando paso a paso en una gran variedad de causas sociales, como quien invade un territorio colocando banderitas por aquí y por allá. El alboroto sobre la mujer y los LGTB es parte de lo que denominan "sectores vulnerables". Otro cliché inventado para reforzar su ideario. Con este cuento tratan de convencernos de cosas tan ridículas como que las mujeres pertenecen a estos "sectores vulnerables". ¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso las mujeres están en peligro de extinción? ¿Por qué las mujeres han acabado encasilladas en los "sectores vulnerables"? ¿Acaso no vemos a las mujeres caminando libremente por las calles, manejando taxis y combis, dirigiendo programas de radio y TV, liderando partidos, hablando en el Congreso y candidateando a la presidencia? 

Una vez más la insanía mental de la izquierda quiere vendernos gato por liebre. Todas sus mentiras y mitos pertenecen a un mundo de falacias donde solo los tontos caen en el cuento. Por supuesto, hay muchos tontos útiles del progresismo, que se mueren por posar como defensores de cualquier causa cursi promovida desde la beatería progresista. En esta categoría cae toda la cucufatería caviar del "gobierno de lujo" que ha asumido todas las causas mendaces de la progrería. Han tenido la desfachatez de pervertir el Código Penal, una vez más, para introducir toda su huachafería legal a favor de los "sectores vulnerables", castigando los horrendos "crímenes de odio" que no existen. Todo no pasa de ser más que histeria progresista y campaña política para imponer su ideología.

Hay que detener toda esta aberración ideológica que el progresismo pretende imponernos. Ahora el progresismo se arroga el derecho y la autoridad de decirnos lo que debemos sentir y pensar, a quién debemos idolatrar y a quién debemos odiar. Y lo hacen manipulando nuestras leyes. Ya han hecho lo que han querido con el currículo escolar, donde no solo incluyen los disparates de la CVR sino, además, la propaganda ideológica pro gay. Lamentablemente no hay un sector político que lidere la contraofensiva ideológica caviar. El fujimorismo no da la talla. Hasta tiene a un tnoto útil del progresismo en Kenji Fujimori que patea a favor de los caviares. La lucha es larga pero hay que dar batalla. No dejemos que el progresismo imponga su agenda. 

lunes, 9 de enero de 2017

Progresismo de cuarta


La guerra ideológica se libra todos los días. Hay batallas ruidosas en varios frentes como en el currículo escolar o los "derechos sociales", pero también otros menos llamativos e inocentes que pasan de contrabando como publicidad infantil recubierta de chocolate. El programa dominical Cuarto Poder, cuya máxima hazaña fue emitir un psicosocial difamador contra Keiko Fujimori justo el domingo anterior a las elecciones, siempre se encarga de dejarnos alguito de su basura progresista cada domingo, como quien no quiere la cosa. ¿Tendrá algo que ver la belleza colombiana que dirige los noticieros de América TV? Apostaría a que sí.

El último domingo Cuarto Poder propaló un reportaje en defensa del populorum, como decía Tulio Loza. En resumen el mensaje era que los ciudadanos estaban siendo maltratados por las autoridades en el uso y disfrute de los espacios públicos destinados a la recreación. La idea central era que si te cobran algo por el uso de un espacio público atentan contra tu condición de "ciudadano". O sea, la cosa tiene que ser libre, sin costo alguno. 

Ya conocemos la debilidad del progresismo por la gratuidad y su trauma contra todo lo que sea lucro. La linea base de todo progre es exigir gratuidad y combatir el lucro. En esa linea, el programa Cuarto Poder se encargó de alienar a sus televidentes con el mensaje de que no deberían pagar por hacer uso de los espacios públicos recreativos. Más aun, alentó a que dispusieran alegremente de las piletas ornamentales porque son para el pueblo y, en un nuevo concepto de lo ornamental, afirmaron que no deben estar de adorno. Para reforzar su tesis pusieron como ejemplo, una vez más, a Europa. ¿Qué progre no pone de ejemplo a Europa? Ya sea para ciclovías o la invasión de piletas. 

Claro que no aclararon que en Europa las temperaturas pueden superar los 40º en verano y se cobra varios cientos de vidas, y que zonas sin litoral marino como París o Madrid, no tienen otra opción que las piletas para salvar vidas, pues es una cuestión de vida o muerte. Sin embargo, estas diferencias son irrelevantes para los progres que montan el reportaje y prefirieron engañar a la gente de Chorrillos alentándolos a tomar por asalto las piletas ornamentales aunque estén frente al mar. Criticaron a las autoridades municipales que enviaron a cuidar piletas a un grupo de serenos, a quienes los progres de Cuarto Poder mostraron prácticamente como nazis.

En otro escenario, se escandalizaron por el cobro de entradas para el disfrute de parques zonales con piscinas gigantescas. Dejaron en claro que esas personas no eran tratadas como ciudadanos porque se les cobraba por la entrada. Cuestionaron el concepto de ciudadanía que manejan las autoridades. Lo que exigían era todo gratis. Según su noción de ciudadanía, esta se adquiere cuando puedes hacer lo que te viene en gana en la ciudad y usar todo sin pagar. Es el mundo progre de Cuarto Poder.

Lamentablemente el mundo real no es como lo pintan las alucinaciones febriles del progresismo. En el mundo real todo cuesta y alguien tiene que pagar. Es muy populista ir por los barrios marginales de la ciudad denunciando que la basura no se recoge, como hace el programa del progre Nicolás Lúcar todos los días, pero nunca les preguntan a esa misma gente quejosa si está pagando sus arbitrios, si está al día en sus pagos por los servicios municipales. Estos sectores tienen una morosidad habitual de más del 80% en el pagos de arbitrios. Pero se quejan de que nadie recoge la basura.

Mientras tengamos a esta clase de periodistas engañando a la gente con el discursillo progre de que todo debe ser gratis, que las autoridades deben solucionar todos los problemas gratis, que los ciudadanos no tienen ninguna obligación de respetar nada, que no se deben imponer restricciones al uso de los espacios públicos, solo aseguramos el atraso social y el subdesarrollo mental y económico. En este mundo no hay nada gratis. Todo cuesta y todo hay que pagarlo. Así como los progres son los primeros en denunciar a la empresa privada cuando no cumple un compromiso por el que ha cobrado, pues debe hacerse lo mismo con el Estado cuando cobra impuestos y no cumple con dar los servicios básicos a los que se ha comprometido, o con los ciudadanos que no pagan por los servicios que piden o que reciben. No se puede alentar el "perro muerto" popular para no pagar por los servicios. Limpiar las playas cuesta y nadie lo paga. ¿Por qué no cobrar por el ingreso e imponer restricciones de conducta?

Las playas de acceso libre quedan hechas un basural cada domingo y nadie se hace cargo de la limpieza. El municipio de Chorrillos y Miraflores debe limpiar la basura que dejan veraneantes de todos los distritos. ¿Por qué no cobrar la entrada a las playas por sectores? ¿Por qué no imponer una serie de restricciones a los veraneantes, como no beber licor, no llevar comida ni mascotas, ni pelotas ni estéreos? Toda playa debe tener servicios higiénicos, duchas, cambiadores, restaurantes y bares donde poder disfrutar del verano con comodidad sin convertir la playa en un basural. Y si es posible privatizar sectores de la playa para que sea administrada por privados, tanto mejor. 

Hay que romper los moldes mentales del progresismo que alienta a la barbarie social. No es posible un mundo donde todo sea gratis y sin restricciones. En este mundo todo cuesta y alguien debe pagar. El que lo usa lo paga. Es una máxima simple y efectiva que debemos aplicar. Basta de vender humo. Si queremos un mundo civilizado hay que apostar por la responsabilidad social, por el buen uso de los recursos públicos y la buena administración de los espacios públicos. Esto no significa de ningún modo gratuidad ni libertinaje. ¿Queremos un país moderno, con servicios del primer mundo? Pues bien, hay que estar dispuestos a pagar por eso. Así de simple.

lunes, 7 de noviembre de 2016

La estupidez progresista de utero.pe


Nuevamente el portal progre utero.pe se ocupa de nosotros para señalarnos como los malos de la película. Nada nuevo. Han llamado "estupidez y racismo" a los cuestionamientos que lanzamos sobre la pretensión progre de concretar el plan de Susana Villarán, consistente en regalarles vivienda a los invasores del AAHH Cantagallo, usando dinero de recursos municipales o endeudando a la ciudad. Como se trata de una idea de la progresista ex alcaldesa, debe ser santificada. Ella está exenta de toda crítica. Para el progresismo, Susana Villarán es sencillamente intocable. Es la santa patrona del rojerío, el progresismo y la caviarada. Nadie la investiga. 

Estupidez es pretender que los planes de Susana Villarán sean incuestionables. Estupidez es usar los recursos públicos para posar como santones de la bondad social. Estupidez es asumir las críticas como racismo. Acá no hay nada de racismo. Importa nada si se trata de shipibos, chalacos, norteños o rusos. Todo el asunto se resume a una sola cosa: el principio básico de la política decente que dicta no usar recursos públicos para hacer beneficiencia social de corte político, al estilo del chavismo. A los progres les encanta posar como buenos haciendo su caridad con dinero ajeno. Ya sabemos cuál es la debilidad de toda gestión de izquierda: regalar plata como cancha a cambio de votos. Por eso mismo se dice que el socialismo dura hasta que se termina el dinero de los demás.

No hay peor estupidez que la del progresismo cuando pretende apelar a acusaciones ridículas como el "machismo" cuando se critica a una mujer, o el "racismo" cuando está de por medio una etnia. El racismo corre más bien por cuenta de rojos, progres y caviares a quienes se les chorrean los pantalones cuando se trata de etnias o comunidades nativas. No es la primera vez que arde un AAHH completo en Lima y Callao, pero nunca habíamos visto tanto llanto progre como ahora, solo por tratarse de la etnia shipibo-conibo. ¿Y los demás no son ciudadanos también? 

Además de estupidez y racismo, hay que reconocer que los progres han mostrado toda su miseria al aprovecharse de la tragedia shipiba usándola como pretexto para atacar a su eterno enemigo, el alcalde Luis Castañeda. Eso ha sido lo más miserable de todo lo acontecido. Hemos visto hasta qué punto llega la perversión mental y moral de la progrería, utilizando la tragedia de los shipibos para volver a sus enfermizas campañas en contra de Castañeda. Lo han culpado de todo, incluso de haberles cortado la luz a los shipibos. ¿Hasta dónde puede llegar la estupidez progresista y el odio a Castañeda? Ahora resulta que Castañeda es el responsable por no haber continuado el proyecto Río Verde y no haber trasladado a los shipibos a un terreno "que ellos ya tenían". Por último lo han acusado de haber vendido ese terreno "de la comunidad shipiba". Mentiras y mentiras de estos enfermitos mentales que odian las obras de cemento y prefieren el floro y el arte.

Lo cierto es que el terreno no ha sido vendido ni es de la comunidad shipiba. Lo que deberían estar indagando los esforzados progres es por qué Susana Villarán compró apuradamente ese terreno a pocos días de acabar su gestión, cuando legalmente ya estaba impedida de irrogar gastos a la comuna. Nadie ha cuestionado esto ni se ha interesado por investigar los entretelones de esa compra por la que Susana Villarán pagó 17 millones por un terreno que valía 7 millones y que no iba a resolver el problema de los shipibos en lo absoluto. Así que todo ese humo que está vendiendo la jauría progre, desde los incapaces de utero.pe hasta la mermelera villaranista Rosa María Palacios, no pasa de ser nada más que basura mediática guiada por el odio.

Lo cierto es que la tragedia de Cantagallo ha servido básicamente para revelar, una vez más, el tamaño de la estupidez y de la imbecilidad de la izquierda progre y caviar. Pero sobre todo, para exponer sus grandes dotes de poseros de la caridad con dinero ajeno. Nadie más hipócrita que un progre o un caviar a la hora de posar como filántropos, siempre que sea con dinero ajeno. Nosotros no vamos a caer en esa pose barata de pedir casas y terrenos para nadie con gasto público. No hay que regalarle nada a nadie. No hay ninguna dignidad en vivir de los demás. Y menos dignidad hay en posar como filántropos con dinero ajeno. Eso es simplemente vulgar y propio de izquierdistas.

domingo, 31 de julio de 2016

El cyberbullying de los indiralovers


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Parece que soy famoso. Hoy el progresismo me elevó al estrellato. En la tarde abrí mi cuenta de Twitter y encontré miles de mensajes atrevidos donde me llamaban desde miserable hasta hijo de puta, pasando por fujimorista, que desde luego, era también un insulto. ¿Cuál era el motivo del cyberbulling progre? Pues un tuit que lancé haciendo referencia a un mensaje de Indira Huilca. Este mensaje decía "Cipriani hace apología de la violencia en un país de violadores". ¿Cómo se puede decir tanta boludez? ¿En serio esta chica cree que Cipriani hace apología de la violencia? ¿O es que tiene el cerebro de un gato para razonar? ¿Y qué es eso de tachar al país como un país de violadores? Me parece un exceso de estupidez, francamente. Así que ni corto ni perezoso repliqué con un tuit en el estilo jodón que uso en el Twitter con el mensaje "¿Y a esta quién la violó?".

Horas después la indignación progresista fue creciendo como una marea roja. No sospeché que había tantos indiralovers que ya habían elevado a la chica Indira Huilca al altar del progresismo, haciéndola nueva santa patrona intocable de la progresía. Por supuesto no perdí tiempo en leer la cantidad de basura impregnada de llanto progre que había en mi TL. Incluso algunos amigos me llamaron y me enviaron mensajes preocupados, advirtiéndome de lo que ocurría en las redes, adjuntando imágenes de gente que ni siquiera conozco pero que dicen que son famosos y que decían pestes de mi. En fin, son gajes del oficio. Me tienen sin cuidado. No es la primera vez que la progrería me trolea. Ya sé cómo actúan: te buscan en la web y empiezan a publicar tus perfiles con toda clase de insultos y bajezas. Eso los excita. Pero, como dije, me tiene sin cuidado. No tengo vinculación con ninguna universidad ni empresa ni partido, no tengo patrones, no le debo nada a nadie, gozo de perfecta salud, llevo una vida ordenada, duermo bien y tengo excelentes sueños. Me divierte fastidiar a los rojos, eso si. Así que todo lo que haga la piara de progresistas me resbala. Solo cabe decir algunas precisiones sobre el tema.

A partir de los mensajes queda claro que los progres se sienten intocables. Solo ellos tienen la libertad de burlarse de alguien, de insultar, ofender, difamar y trolear a quien les da la gana, desde Keiko y Cipriani hasta cualquier tuitero insignificante, incluyendo colectivos enteros como el fujimorismo o la Iglesia. La matonería de la izquierda evidencia no solo sus ínfulas sino su enferma perversidad para hacer campañas y política en general. Recordemos que ellos tienen la violencia en la mente en forma de ideología de la bondad, tienen el ADN de la violencia política y del terrorismo. Su actuación en las redes y en las calles es la clásica muestra del totalitarismo. Ellos no toleran ideas disidentes. Estás con ellos o contra la patria. Son lo que son y ya el mundo los conoce a través de la historia. No hace falta presentarlos. 

Por otro lado me resulta patético que hayan convertido a Indira Huilca en la portaestandarte de una "nueva izquierda". Su único "valor" es ser antifujimorista. Fuera de eso carece de relevancia intelectual. La adoctrinaron a temprana edad para convertirla en víctima del Estado fujimorista y hoy es una fanática progre del nivel más básico, como lo delatan sus expresiones y acciones. A cada rato dice tonterías. Flaco favor le hace a la causa de izquierda. Por todo esto resulta penoso que la eleven a los altares y la conviertan en "víctima" de un "agresor" del Twitter, cuando evidentemente solo me burlaba de sus expresiones ridículas. En realidad Indira Huilca refleja bien el nivel general de la izquierda. Lo dejo allí. Este tema no da para más.

sábado, 30 de julio de 2016

La yihad progre contra Cipriani


Empezó antes del medio día. Apareció en las redes un video de un minuto y se fue difundiendo como una mancha de aceite sobre el mar. Los comentarios también crecían en indignación y severidad contra el cardenal y arzobispo de Lima Juan Luis Cipriani. Era un extracto de su programa sabatino por RPP en el que se le escuchaba decir "... las estadísticas nos dicen que hay abortos de niñas, pero no es porque hayan abusado de las niñas, son muchas veces porque la mujer se pone como en un escaparate provocando". Esta infortunada frase luego aparecería plasmada en memes que los propios medios empezaron a regar por las redes. En una hora la indignación popular se encendió y empezó el linchamiento del cardenal a cargo, principalmente, del progresismo que tanto lo detesta.

Fue una batalla campal entre el progresismo y los sectores conservadores cercanos a la iglesia. Los que no estamos en ninguno de dichos sectores observábamos los excesos de cada lado, pero con la versión engañosa del meme y el video de un minuto como referencia. Si eso era lo que pensaba el cardenal, es decir, que las mujeres son las culpables por exhibirse, solo había expresado la idea que subyace en toda cultura dominada por una religión monoteista clásica desde los días de Abraham. De hecho es la idea que pulula en la mayoría de las mentes de la Lima cucufata y conservadora. Por eso mismo los policías ignoran las quejas de las mujeres y los jueces liberan a los patanes sin cargos. El hecho de que lo exprese el cardenal de una manera tan clara apenas sería una muestra de valor, en contraste con la tradicional hipocresía con que medio mundo oculta sus ideas anacrónicas. 

La defensa del cardenal no iba por buen camino. La gran mayoría dejaba de lado las expresiones citadas y se atrincheró en el contraataque de la doble moral progresista. Poca gente había oído el programa y defendía al cardenal exculpándolo de los cargos, lo que hasta en ese momento parecía la jugada más audaz y cínica. Se oyó nuevamente el refrito "se le ha sacado de contexto". Más tarde apareció un comunicado del Arzopbispado de Lima aclarando la posición del cardenal respecto de los temas en cuestión: nada justifica los ataques a una mujer y una invocación a los medios para que no usen el cuerpo de la mujer como carnada.

Ya al caer la tarde apareció el video del programa completo "Diálogos de fe" y pudimos oírlo en su totalidad, en la parte de la controvertida frase. En efecto, el cardenal explica la ideología de género y, luego de expresar su apoyo a las mujeres y al movimiento que pide respeto por ellas, invoca a las propias mujeres a que tengan respeto por si mismas y enseguida critica a los medios que utilizan a las mujeres "como una carnicería" para exponer sus cuerpos de una manera provocativa. También hace una invocación a los padres para que inculquen la moral a sus hijos. Básicamente eso es todo. Como se ve, ha sido una tormenta en un vaso de agua. 

No compartimos la moral religiosa. Creemos que la mujer debe ser tan libre como quiera de vestirse o posar como desee, incluso de trabajar empleando su imagen como un medio, sin que esto signifique una justificación para que los hombres puedan actuar de cualquier manera contra ellas, violentando su voluntad. No existe ninguna justificación y menos como una supuesta falta a la moral, para que una mujer sea agredida física o psicológicamente. Cualquier insinuación de que las mujeres al actuar con libertad provocan y, por tanto, cargan con la responsabilidad de la agresión, debe ser rechazada y condenada de plano. La mujer es libre, tan libre como el hombre, y tiene todo el derecho a ser respetada en su integridad, en su voluntad y en su personalidad. 

Comprendemos que el cardenal tiene una misión y una doctrina de fe con la que se dirige a sus seguidores. También respetamos que ello sea así, dentro de las libertades de culto. En el momento en que una doctrina moral religiosa colisione con los principios de una sociedad libre, seremos los primeros en salir en defensa de estas libertades, pero en las palabras expresadas por el cardenal en su programa no hallamos esta colisión. El cardenal es libre de criticar a los medios y de invocar a que se ajusten a la moral religiosa que predica. El cardenal es libre de comunicarse con sus fieles y guiarlos en los preceptos de su iglesia. Desde nuestro punto de vista no encontramos nada que reprochar.

En todo caso, es reprochable que los medios aliados con el progresismo, se lancen en una campaña muy sucia y tendenciosa en contra del cardenal Cipriani, a quien la izquierda detesta por muchas razones. Ha quedado en evidencia, una vez más, las malas artes con que se manejan estos medios. Si hay algo que rechazar en este día es el abuso y prepotencia del progresismo que hoy detenta el control de los medios. Tienen el poder para difamar y cambiar voluntades mediante psicosociales. Por fortuna hay espacios que ellos aun no controlan. Estos espacios de libertad seguirán confrontándolos porque no hay mayor peligro para la libertad que una sociedad controlada por el progresismo de pensamiento único.

domingo, 17 de julio de 2016

Los dueños de la moral democrática


La cofradía caviar, dueña de la memoria y la moral política, ha vuelto a emprender su ardorosa "defensa de la democracia y la institucionalidad", tal como ellos la entienden, es decir, como simples fanáticos adoradores de ideologías, imágenes y símbolos, cándidos poseros que no desperdician ocasión para condenar cualquier ofensa a sus ídolos, sin mostrar más razonamiento ni criterio que una mera pose moralista. Arrodillados ante el altar del Congreso blanden la Constitución clamando castigo divino a todo aquel que haya osado profanar la santidad de la democracia.

Varios han salido de sus tumbas a criticar y condenar a la señora Rosa María Bartra, fujimorista voceada como la próxima vicepresidenta del Congreso. Incluso El Comercio, rebajado hace tiempo al nivel de un panfleto progre, condena a la Sra. Bartra en un primoroso editorial por el delito de haber opinado a favor del golpe del 5 de abril de 1992, algo inaceptable para los dueños del pensamiento único y correcto. El Comercio corona así el rosario de críticas que el progresismo desató en los días previos, evocando a los demonios de los 90, para variar. Y es que no hay nada peor que disentir con el sagrado concepto de democracia del progresismo, una democracia de pensamiento único y gestos inequívocos de devoción absoluta a las instituciones, so pena de lapidación pública. Nadie que piense diferente se salvará del fuego eterno de la Santa Inquisición progresista. Usted tiene que condenar el golpe del 5 de abril, o pagará las consecuencias, como le ha ocurrido a la Sra. Rosa María Bartra, a quien le han pedido (exigido, prácticamente) que se abstenga de conformar la mesa directiva del Congreso.

No nos olvidemos que el 85% de los peruanos apoyó el golpe del 5 de abril. Tampoco hay que olvidar el contexto en el que se dio el golpe, que es lo que le da todo su sentido, más allá de la cucufatería democrática. Era una crisis total del país, déficit fiscal, amenaza terrorista en las calles de Lima, etc. En buena cuenta, la quiebra institucional se había dado hacía mucho tiempo pues los penales estaban controlados por la subversión, la justicia era inoperante, medio país estaba en manos del terrorismo incluyendo varias zonas de Lima, las universidades públicas eran antros del terrorismo, y encima de todo eso, la clase política arrejuntada en el Fredemo y el Apra se dedicaron a fustigar a Fujimori desde el Congreso sin permitirle gobernar. Los decretos de urgencia que emitía el gobierno eran sistemáticamente derogados por el Congreso o modificados hasta hacerlos inservibles, preocupados más en no perder el control político que en buscar soluciones efectivas para el país. Más aun, tuvieron la desfachatez de hacer una ley para controlar los actos del presidente: la Ley 25397. Es decir, el primer golpe lo dieron los congresistas al presidente. En verdad no había una sola institución funcionando a la altura de la gravedad del país. La democracia era solo una representación teatral que no le servía para nada a los peruanos. 

Para pintar el escenario de la realidad peruana citaremos a la propia CVR:

"Casi tan o más importante que la violencia (política), la crisis económica había llegado a tal punto que realmente amenazaba la subsistencia de los peruanos. El problema de la inflación y los sucesivos paquetazos, sufrido desde 1988, parecía incontrolable. La población demandaba una solución urgente a estos problemas vitales y pronto aceptaría que estos se resuelvan casi a cualquier costo. La conjunción alarmante de violencia exacerbada e inflación rampante configuraron un escenario nacional, con variantes regionales, de crisis extrema y tiempo social acelerado, que se prolongaría hasta 1992". (IF-CVR, cap. 2.3 "La década de los 90", pp. 67).


Si la cucufatería progresista se rasga las vestiduras por la democracia, sin entender el contexto que motivó el golpe del 5 de abril, y prefieren seguir llorando por la "institucionalidad perdida", es porque no les interesa ni la verdad ni el país, y prefieren seguir posando como hipócritas santones. No nos olvidemos que al día siguiente del golpe se dio la ley de emergencia que anunciaba un cambio de Constitución, en menos de dos meses se convocó a elecciones para un Congreso Constituyente y en menos de un año el nuevo Congreso estaba instalado. Sin el golpe del 5 de abril habría sido imposible cambiar la Constitución socialista de 1979 y no habríamos podido salir del modelo estatista que consagraba ese documento. Gracias a la Constitución de 1993 pudimos establecer las bases de un país moderno, con nuevas instituciones que han permitido el desarrollo del país. Así que no hay que llorar tanto por el golpe del 5 de abril. Hay que seguir remando por el país sin esta clase de actuaciones patéticas contra alguien que piensa diferente. Eso no impide criticar ni condenar los actos de corrupción, abuso de poder y atropellos a los DDHH que se cometieron después.

Los reyes de lo políticamente correcto apelan a la pose en defensa de etiquetas, idolatran conceptos y promueven el sentimentalismo antes que la razón. La democracia no se defiende con poses sino con decisiones firmes en los momentos difíciles. Los enemigos de la democracia son los conservadores que se niegan a cambiar el status quo, que prefieren idolatrar ideologías e instituciones precarias cual estructuras vetustas a punto de caer sobre la población. La cucufatería que llora por el cierre del Congreso el 5 de abril de 1992 sin reconocer el grave contexto real que lo motivó, ni lo que luego se logró en favor del país, no defiende la democracia, solo quieren posar como santones de la democracia. Al igual que El Comercio, sacan a relucir la corrupción para descartar toda la década de los 90 como si solo hubiera habido corrupción. Parece que el país se arregló solo, por un milagro. La deshonestidad intelectual del progresismo es tan insultante como su afán por la pose políticamente correcta. Estos demócratas de papel que ni siquiera saben tolerar ideas contrarias ni respetar opiniones divergentes son los que quieren darnos lecciones de moral política cuando nunca han hecho nada por la patria.

jueves, 16 de junio de 2016

La miopía de Aldo Mariátegui


Por: Ing. Juan Carlos Vásquez Peña

Aldo Mariátegui volvió a cargar, con justicia, cabe decirlo, contra el sector A-B limeño, afirmando que “…los miopes sectores A y B no se percatan (del muro de contención que es el fujimorismo contra la izquierda) porque son tan tontos que ni siquiera saben defender sus intereses de clase y por eso le odian tanto…". A pesar de que el razonamiento de Aldo Mariátegui sea teóricamente certero; en la práctica ese razonamiento choca con la realidad. La izquierda en el Perú, como en la mayoría de países occidentales, se ha convertido en el partido de las clases altas y medias acomodadas, lo cual no es novedad sino tendencia en Occidente. Las revoluciones nunca las hacen los cholos sino los blanquitos. Lo realmente novedoso de la izquierda peruana (y limeña en particular) es que la misma estructura social y económica de la élite capitalina hace que la opción lógica del segmento A-B, como clase, sea el votar por la izquierda.

Desde los años 60 del siglo pasado, la captura de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) por sacerdotes jesuitas y profesores marxistas instituyó el adoctrinamiento progresista de las clases altas. La PUCP ya se había convertido en universidad de la élite y la pituquería, en menoscabo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos que quedó vinculada al pueblo. Así la PUCP creó generaciones de intelectuales de izquierda provenientes de la élite limeña, gente de buenos apellidos y nobles linajes que no tuvo reparo alguno en participar en la revolución de Velasco Alvarado como asesores o funcionarios.

De regreso a la democracia en 1980, varios de esos intelectuales se quedaron trabajando en el Estado como tecnócratas o pasaron a alcaldías ganadas por la izquierda. Mientras que otros descubrían una nueva forma de ganarse la vida mediante ONGs, haciendo investigación y publicando estudios a través de institutos y revistas, desde donde influían en la opinión pública como infalibles referentes de la academia y gurús de la montaña para todos los temas político-sociales, imponiendo su perspectiva y prioridades socialistas. El fortalecimiento del socialismo estatista a cargo de Alan García Pérez llevó al país a la peor crisis económica de su historia. Esto combinado a un furioso actuar de Sendero Luminoso y el MRTA (con varios miembros de la “élite” limeña y provinciana en dicho proyecto criminal) y los cambios globales (caída del muro de Berlín, disolución URSS) terminaron haciendo añicos el proyecto de las élites de izquierda limeñas y peruanas, que sin embargo se las arreglaron para detener la candidatura del liberal Mario Vargas Llosa votando por un desconocido Alberto Fujimori, en lo que fue el primer triunfo del antivoto.

El fujimorismo supuso para esta élite trasnochada una vuelta a los cuarteles de invierno de la PUCP y a su labor de consultores y asesores. A su vez comenzaron a incursionar en las nuevas universidades de élite (U. de Lima, U. Pacífico). Paralelamente explotaron con fuerza el negocio de las ONGs tendiendo contactos y financiación extranjera. Las ONGs de izquierda armaron una vasta red de grupos de presión política, en medios de comunicación y la academia. Fue tan efectiva que el mismo gobierno de Alberto Fujimori fue copado parcialmente por estos inquietos actores del establischment. Bajo su influjo se crearon paraísos burocráticos como el Ministerio de la Mujer, la Defensoría del Pueblo y otras instituciones que fueron inmediatamente copadas por estas élites de izquierda. Incluso participaron en el Programa de Planificación Familiar (el de las famosas “esterilizaciones forzadas”) siguiendo recomendaciones de las ONGs feministas y la OMS, pero que ahora olvidan o callan convenientemente.

Los 2000 finalmente fueron tiempos de cosecha para esta élite de izquierda, con su obra cumbre la CVR, con lo cual lograron proscribir socialmente al fujimorismo. El siguiente paso fue la captura de los medios de comunicación y la generación de “colectivos ciudadanos” que actúan como una guerrilla urbana cada vez que se les necesita para hacer fuerza en las calles. A todo esto le sumaron las redes de Internet, siendo pioneros en este oficio. Esta nueva generación de clase alta y clasemedieros limeños beneficiados por la prosperidad generada al amparo de las reformas de los 90, han sido los que, trabajando ya dentro de las grandes empresas multinacionales, han complotado por lo bajo para el fracaso de sus proyectos; como fue el caso de Yanacocha, donde su equipo de Relaciones Comunitarias fue un activo actor en el fracaso de Conga y desde donde salió el núcleo del original “No a Keiko”.

Actualmente, si un joven clasemediero o de la élite quiere hacer carrera o ascender rápidamente, lo más probable es que comulgue con la izquierda por su juventud y formación. Además de la natural tendencia infantil al izquierdismo, todo su tejido social y educativo, los colegios religiosos, las universidades, los institutos de investigación, las ONGs de cualquier tipo, los medios y buena parte de las empresas ya están infestados con un progresismo activo que sólo selecciona a los de su grupo y eventualmente admite a otros recién llegados, si pertenecen a la misma cofradía de la PUCP, al apellido ilustre, al club social o al vecindario pituco, tal como se aprecia en los medios con roche.

Bajo este sistema sociocultural imperante, es obvio que todo este sector progre-caviar apoyará un gobierno de izquierdas que les asegure trabajo, consultorías, influencia y estatus económico y social, además de presencia en los medios de comunicación y hasta gollerías como embajadas, directorios, ministerios, becas en el extranjero y demás placeres de la política y el compadrazgo caviar. Así es como estamos y tal vez Aldo Mariátegui aún lo ve con los ojos de su abuelo, donde la oligarquía era ultraconservadora y las masas eran de izquierda, tal vez por eso aún no se ha dado cuenta como tan fácilmente lo han encorsetado y aislado como bicho raro en un canal, un periódico y una radio capitalina. 

miércoles, 15 de junio de 2016

Un ganador sin apoyo


Pasadas las elecciones prima en el ambiente una sensación de disconformidad y hasta de fraude. No vamos a negar que Pedro Pablo Kuczynski es el ganador de la lid electoral, pero es evidente que no hay multitudes extasiadas vitoreándolo. Por el contrario, prima una sensación de pesar porque la mitad siente claramente que les robaron el triunfo, y gran parte de la otra mitad siente que tiene poco que celebrar, porque apoyó a PPK solo por dar la contra a Keiko. Lo que más llama la atención es la satisfacción enfermiza de un sector de la sociedad por haberle hecho perder a Keiko, pero eso no basta para sentirse ganador ni los compromete con PPK. Y he allí la debilidad de Pedro Pablo y la sensación de un falso ganador que carece de apoyos reales y fuerza propia.

En las elecciones del 2011, tras el triunfo de Ollanta Humala, el progresismo salió a proclamar a gritos que "la prensa ya no pone al presidente", porque el diario El Comercio apoyó a Keiko Fujimori. Hoy, en cambio, están calladitos. Y no es para menos pues la prensa apoyó plenamente a PPK, montando una guerra sucia contra Keiko. La prensa está ahora plena y absolutamente en manos del progresismo. Ya ni siquiera hablan de la "concentración de medios" porque es evidente que esa concentración pasó de ser económica a ser ideológica. Al progresismo le preocupa que la prensa esté en manos de un grupo económico pero no que esté secuestrada por un sector ideológico dominante y hasta, podríamos decir, por una argolla caviar perteneciente a una universidad capturada también por la progrería.

¿Qué implicancias tiene que la prensa esté en manos de un sector ideológico? Pues nada menos que el poder de cometer un fraude electoral torciendo la voluntad de los votantes. Obviamente no se trata del fraude cometido ingenuamente en las actas electorales. En un país con 20 millones de votantes no se pueden manipular actas para cometer un fraude, pero se puede manipular la información que llega al elector antes de las elecciones. El grueso de la población se informa sobre las elecciones y los candidatos por los medios. Nadie conoce a los candidatos ni los ha escuchado personalmente. Todo lo que saben de ellos es lo que ven, escuchan o leen en la prensa, radio y TV. De modo que quien maneja los medios tiene el poder de cometer un fraude electoral con solo montar psicosociales, llenarse de noticias falsas, mentiras y regar sospechas aunque carezcan de sustento, tal como lo visto en la reciente campaña.

Ya vieron que ahora se acabaron los psicosociales como por arte de magia. Pero no se aflija que volverán sin falta en el 2021. Eso, si es que antes no ha pasado algo grandioso como arrojar a la mediocridad progresista de los medios y recuperar la prensa libre. 

jueves, 10 de marzo de 2016

Progresismo desesperado


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El progresismo y la caviarada están al borde de un ataque de nervios. Ya no pueden más. Les han tachado a su candidato Julio Guzmán, que era el nuevo Ollanta de estas elecciones. Y no solo eso. Lo peor de todo es que ven horrorizados que la candidata Keiko Fujimori acaricia un triunfo en primera vuelta. En todo caso, sienten que se han quedado sin posibilidad de meter un candidato progre en la segunda vuelta. Todo esto los ha llevado a desatar una campaña histérica de mentiras y amenazas en todos los medios dominados por la escoria progresista, como La República, IDL, Poder, La Mula, Utero y demás panfletos propios de la inmundicia de izquierda, incluyendo medios contagiados o infectados de izquierdistas como CARETAS o el mismo diario El Comercio, que en toda su red está más infestado de parásitos de izquierda que panza de perro vago. 

La estrategia del progresismo tiene dos frentes. El primero es desprestigiar a los miembros del Jurado Nacional de Elecciones hasta ponerlos al nivel de delincuentes. Para esto apelan a simples denuncias que aparecen en los medios de izquierda, expertos en montar denuncias contra todo aquel que no les simpatiza. Las columnas de los progres son refritos donde cada uno repite lo mismo que el otro y luego se citan, además recargan sus insufribles mamotretos con referencias que apuntan a otros medios progres donde figuran las denuncias que mencionan, etc. Es una drama circular, como ver a un perro tratando de morderse la cola. En resumen, lo que dicen es que Távara estaba cuestionado por usar una invitación de la universidad Alas Peruanas. Milagro que no lo acusan de recibir el doctorado Honoris Causa de la UCV. Tampoco dicen nada de los jueces que IDL premia y beca, o de los ex procuradores que luego de servir a los intereses del progresismo acaban trabajando en alguna ONG vinculada a la progrería. Para variar, también "acusan" a un magistrado de tener vínculos con el APRA, lo cual es uno de los refritos más quemados de la progrería.

Además de tratar de traerse abajo al JNE, emprenden la campaña de especulación histérica basados en preguntas como "quiénes se benefician? Y como saben que no hay ningún progresista que pueda salir beneficiado de la situación, montan en ataque de pánico. Claman al cielo porque, según ellos, los principales beneficiados serían Keiko Fujimori, el diablo, y PPK, Satanás. En consecuencia arremeten con toda clase de argumentaciones estrambóticas como que le han quitado a cuatro millones de electores su posiblidad de elegir. Es decir, como Guzmán tenía un 18% según algunas encuestas, lo lógico era dejar de lado la ley y permitirlo competir. 

También dicen los genios de la hipocresía y la doble moral, que el JNE debe investigar a todos y tachar a todos, en especial a Keiko. Es decir, primero invocan que no le pueden quitar a 4 millones de electores la posibilidad de elegir pero ahora quieren impedir que 12 millones voten por Keiko. Además recusan las leyes aplicadas contra Guzmán pero luego las invocan para aplicarlas a la Alinaza Popular porque el PPC no habría cumplido con sus estatutos. ¿Alguien entiende a estos desquiciados?

Todas estas maniobras desesperadas de la izquierda, que el mismo día de la decisión final del JNE salieron con columnas amenazadoras contra sus miembros, revela el estado de pánico que viven porque perciben que están por perder todos sus privilegios. Por fin, después de 15 años de reinado están por dejar de ser los referentes de la justicia, la política y los medios en este país. Con la salida de Guzmán han perdido su caballo de Troya. Esta vez no han podido repetir la hazaña del 2011, cuando montaron al monigote de Ollanta como emblema del camión de basura que llevaba a toda la inmundicia de la izquierda nacional hacia palacio. Lo único que queda es verlos lloriquear. Vamos a ver si sus marchitas de protesta y sus berrinches en sus medios sirven de algo.

viernes, 26 de febrero de 2016

El fin de la aventura


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

La pareja presidencial Humala-Heredia acaba su gestión arrimada contra las cuerdas. Irrumpieron en la escena política como modernos Manco Capac y Mama Ocllo, cuando en realidad eran Bonnie & Clyde. Los delirios tropicales que llevan hacia la exaltación de la propia persona, convencido de estar llamado por el destino para ser el guía del pueblo y salvador de la patria, es una patología recurrente en estas latitudes. Incluso está plasmado en la literatura en obras como Yo el supremo, El otoño del patriarca y La fiesta del Chivo. No cabe duda que los Humala-Heredia aportan material para otra novela de este corte, con un triste final señalado por el crujir de rejas cerrándose. El añadido perverso acá sería la utilización de un iluminado Ollanta por parte de una inescrupulosa Nadine. Pero más allá de estos detalles, el país necesita hacer una profunda reflexión para saber cómo fuimos timados por esta pareja de trepadores.

La parejita de marras eran inicialmente un trío, pero Ollanta y Nadine pronto se deshicieron de Antauro, quien fue la primera de sus víctimas. Luego fue Hugo Chávez, quien los mantuvo por cinco años con toda clase de maniobras para ocultar los millones que mandaba desde Venezuela, mientras Nadine los iba anotando en sus agendas. Después vendrían los brasileños, quienes le pagaron a Favre para asegurar el triunfo. Pero sin duda, la mayor cantidad de incautos engañados fueron los sectores progresistas y la izquierda caviar que apostaron todas sus fichas a Ollanta. La trampa fue montada con magistral cinismo por los embaucadores. Empezaron pergeñando el ideario del Partido Nacionalista con ideas tan delirantes que actuaron como un papel engomado para atrapar izquierdistas de toda clase. Contenía todos los ingredientes de un buen atrapabobos: condena virulenta al imperialismo yanqui, odio al capitalismo salvaje, rechazo del neoliberalismo y del TLC, con el toque infaltable de un antifujimorismo rabioso, más la exigencia de un cambio de Constitución. No faltaba nada. Era más que suficiente para hipnotizar a cualquier progresista de cafetín.

Una vez en el poder, Nadine Heredia hizo a un lado a su marido y tomó el mando supremo del gobierno y del partido. Echó por la borda a los progres pero mantuvo cerca a una casta de caviares académicos, especialistas en charlatanería sobre DDHH e inclusión social, junto a una plaga de adulones fungiendo de congresistas. La tarea de montar un imperio se sustentó en la misma receta clásica: construir un relato que convierta la payasada de Locumba en gesta heroica, predicar el odio a los rivales políticos, la condena al pasado, el manejo personalista de las instituciones, la compra de voluntades convirtiendo al Estado en una beneficencia pública, y el reparto directo de dádivas de pueblo en pueblo bajo toldos de colores. Pero los escándalos de corrupción no tardaron en aparecer junto a las malas cifras económicas.

Expertos en la confrontación, acabaron peleados con todos hasta quedarse sin respaldo, pues incluso su propia gente los abandonó. Hoy, su ex abogado es uno de sus principales acusadores y su candidato presidencial no da señas de poder pasar la valla. Será la última víctima de estos aventureros. No cabe duda de que en muy pocos meses el nacionalismo dejará de existir y pasará a la historia de la infamia política. La pregunta es adónde correrán a esconderse Nadine y Ollanta.

Como epílogo, es triste ver que Nadine Heredia acaba sus días de gloria convertida en un simple troll antifujimorista. Lejos de defenderse o apoyar a su candidato o comunicar logros de su gobierno, desciende a la categoría de palomilla web para repetir por Twitter los refritos de siempre contra Keiko Fujimori. No ha aprendido nada. Es una lástima que el Perú haya tenido que tolerar a esta categoría de personajes en los más altos cargos del país. Nadine Heredia está lejos de poder ser considerada la primera dama de la nación. Ese cargo nos recuerda a mujeres de la talla de Violeta Correa y Pilar Nores, sabias damas que a pesar de su calidad nunca pretendieron opacar a su pareja ni entrometerse en sus funciones. Nadine Heredia quedará en el recuerdo como una simple palomilla que insultaba a todos desde las ventanas de palacio de gobierno, donde jugaba a ser reina pero donde jamás debió llegar.

domingo, 14 de febrero de 2016

La izquierda de los papanatas


Por Andrés Calamaro
ABC - Madrid

No soy optimista con la izquierda de los papanatas, de los resentidos, los antisistema, los antisemitas, los animalistas y marginales culturales. No soy optimista con la izquierda de los narcisistas, charlatanes, inquisidores, puritanos y moralistas dueños de la verdad. No soy optimista con la izquierda de la prepotencia, con los "pactos sociales" que no responden ni reflejan a las mayores voluntades, ni con las prohibiciones en serie o la promesa de una brecha en donde con suerte quedamos algunos de un lado y enfrente amigos, familia y conocidos separados por esa falla (eso si no caemos en el abismo de la brecha misma).

No entiendo un sistema donde la voluntad de los más no representa nada en el sistema democrático, ni entiendo una democracia que desoye las minorías con la excusa de referéndum para todo. No entiendo un sistema donde se considera normal que aquellos que recibieron más votos, sea para sostenerse o para corregirse, no tengan opciones porque deciden los pactos y no las gentes. Hay una minoría que tiene beneficios hinchados por campañas sostenidas en cadenas de televisión cautivas o cautivadas por el negocio redondo. Una minoría con derecho a llevarse los derechos por delante, empoderados por la inexperiencia de la aldea digital: una ciudad sin esquinas donde curtirse el cuero, el terreno de los bobalicones llenos de razones, la cancha de las contradicciones en una entrecomillada superioridad moral que llega desde la orilla izquierda de un río que huele a podrido.

Se allana el territorio de las libertades todas. Las tradiciones no son buenas razones por el sencillo hecho de que sin abrir siquiera un libro cualquiera puede compararlas arbitrariamente con otras tradiciones, que sirven para ofrecer el concierto de falacias incompetentes, que tanto gustan en el patio de colegio de la ciénaga digital y la opinión serial sectaria. El concierto cultural, temeroso o equivocado, parece vivir una segunda adolescencia y responde a lo más encharcado de los tópicos populistas y progresistas entre comillas.

Aturde el silencio de los músicos más que un ciento de amplificadores a volumen once. Abochorna la blanda reacción de los actores de la cultura, otrora profesionales del pasotismo y la próxima cerveza, ahora reconvertidos en mercenarios chic de la indignación por el IVA cultural más alto de Europa. Cierto es que indigna.

El acoso y derribo de las libertades individuales (que nos disgustó cuando se estrenó la ley de mordazas) parece ir a más en el desdichado concierto de prohibicionismos de tonalidad populista: la persecución de la garrapiñada calórica, el acorralamiento de los nombres de las calles como maquillaje de solución a los problemas que importan realmente, el desenfocado enfoque en una corrupción que todos sospechamos o supimos en tanto hayamos leído los periódicos en algún momento de los últimos veinte años (conflicto improcedente pero bien solventado por un poder judicial que funciona, al punto de sentar en el banquillo a miembros de la Familia Real y la real aristocracia balompédica). Se desprecia la voluntad y la alegría de nosotros, la gente. Entre la gente me incluyo: mi tribuna no son los premios al cine y mi gremio es el más castigado por la indiferencia, las vueltas de la vida, la acción tributaria, las complicidades del sistema, el fluido digital que invita a vivir concentrado en una pantalla que nos hace esclavos de una realidad virtual en forma de embudo.

No soy optimista con la nueva realidad porque es virtualmente una bomba de tiempo para el individualismo y la variedad cultural.

No creo que sea tan importante vivir conectados a una incógnita y con una potencial cámara de fotos siempre lista para perpetuar un instante sin lecturas ni buenos discos. La pregunta que me hago con frecuencia tiene relación con el conjunto de debilidades que permite semejante concierto de desconciertos. Una opinión transgénica donde no importa la voluntad de la mayoría ni se respeta la libertad de las minorías, salvo si estas minorías son tres mosqueteros complutenses dispuestos a cualquier chicana para encontrar al pobre socialismo con los pantalones bajos y dispuestos a agachadas ya demostradas en las elecciones municipales. Los previstos resultados de un pacto que es una burla a un sistema democrático, y por tanto republicano, permiten atentados contra la libertad de los trabajadores, como la pinza de minorías intolerantes que acorralan todo lo litúrgico, folclórico, poético, bonito, libre y soberano, caso de la voluntad tauromáquica del pueblo balear.

Servidor coqueteaba con la izquierda revolucionaria hace cuarenta años, hasta que cierto nihilismo en clave de cine americano y cultura rock me re convirtió en un actor dudoso para la superioridad moral de la izquierda de los papanatas.

Hace treinta años, que son años, me encontraba en actitud lisérgica y en mi trinchera contracultural, en un mundo donde la crisis social y económica es unamaldición constante y sonante.

Hace veinte años, desde mi atalaya del barrio de Malasaña, era yo un francotirador oposicional, un confeso votante de una izquierda que se presentaba unida –aquella izquierda– como actor progresista incapaz de prohibir costumbres populares, porque costumbre es cultura y eso está fuera de discusión.

Me enfrentaba con normalidad a puritanos, moralistas y reaccionarios, por el sencillo hecho de ser yo mismo y a mi manera. Hace diez años celebraba mi regreso de los infiernos de la experiencia tóxica, una herramienta para apoderarse del tiempo y escribir cien canciones por semana o por día (según las palabras dichas por el eterno David Bowie en el año dos de la era milenaria), volvía con gloria a los escenarios de España y me dejaba conquistar por América. Nada me hacía suponer que los años digitales devendrían en inquisitoriales leches y Reich animalista respondiendo a estrategias de propaganda mercenaria desde una cadena de televisión acostumbrada a los billetes iraníes de a 500 y a una ideología poliédrica, en plena construcción de una realidad virtual que puede con todo, siempre que encuentre al resto con los pantalones por las rodillas.

¡Libertad, divino tesoro!

Andrés Calamaro, músico y escritor.