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martes, 14 de noviembre de 2017

La historia según la izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Una de las mayores virtudes de la izquierda ha sido siempre transformar la historia en historieta, mediante relatos que semejan guiones de telenovela, con villanos y héroes que sostienen peleas épicas para defender a la doncella, el pueblo, y donde el bien siempre triunfa sobre el mal dejando una moraleja. Desde la Revolución Francesa hasta el informe de la Comisión de la Verdad, sobre la violencia de los 80 y el gobierno de Fujimori, los relatos de izquierda están más interesados en crear una historia que en contarla.

En estos días en que se conmemoran los cien años de la revolución rusa, vuelvo a leer esas historias falseadas que han corrido como pólvora por las editoriales, tratando de dignificar esas revueltas sociales cuyos resultados fueron nefastos para toda la humanidad. Solo un examen minucioso de los hechos nos revela cuánta improvisación, irracionalidad y azar suelen mezclarse en estos episodios, que más tarde serán convertidos por los intelectuales de izquierdas en epopeyas idealistas guiadas por nobles valores. Todas esas historias están llenas de mentiras. 

Latinoamérica también está repleta de historietas de izquierda. Si bien el descubrimiento de América y la conquista han sido reescritas por la izquierda para convertir a los españoles en genocidas y a los pueblos nativos en víctimas, las mayores deformaciones de la historia moderna por parte de la izquierda se inician con la mal llamada revolución cubana, que desde su nombre es una farsa. Nunca se han dicho tantas mentiras sobre un hecho tan ridículo como la llegada al poder de Fidel Castro y sus barbudos, quienes en realidad nunca le ganaron a nadie. Es absolutamente falsa esa imagen de revolucionarios valerosos que, luchando a tiros, derrotaron a un ejército y asaltaron el poder. Todo eso es mentira.

Fidel Castro siempre fue un tonto de capirote, un revoltoso bueno para nada. Era hijo de un inmigrante gallego que hizo fortuna trabajando con la United Fruit. Fidel y Raúl Castro fueron hijos ilegítimos, por lo que vivieron en una casucha, a cierta distancia de la mansión de su padre. Esta situación debe haberles generado algún tipo de trauma social que derivó en revanchismo y su tendencia hacia la revuelta social. Fidel estudió derecho pero fue un fracasado profesional. Se casó con una compañera de estudios que resultó luego siendo hija de un ministro de Fulgencio Batista. Apenas cayó preso Fidel por participar en un ridículo intento de asalto al cuartel Moncada, su esposa se divorció de él.

Pero vayamos directamente al inicio de su aventura revolucionaria. Luego de recaudar fondos en Nueva York, en donde posó como un amigo de los EEUU que quiere implantar la democracia en Cuba, jurando no ser comunista (en realidad no lo era), Fidel compró un viejo yate llamado Granma, en el que 82 lunáticos tomaron rumbo a Cuba desde México. Fue allí donde empezaron las penurias de estos aventureros sin experiencia, pues se extraviaron una semana en el mar antes de llegar a las costas orientales de Cuba. El Che cuenta que eso fue más un naufragio que un desembarco. Pronto fueron diezmados por la enfermedad y el bombardeo aéreo. En pocos días solo quedaron 18 andrajosos escondidos en el monte, que generaban escaramuzas con las pocas tropas del gobierno, pero nunca lograron avanzar.

Las mentiras sobre la “revolución cubana” las empezaron a contar los reporteros del New York Times que buscaron a Fidel en la montaña. Lo habían conocido en NY cuando fue a pedir apoyo para su causa. Desde allí lo siguieron y lo pintaron como un valiente revolucionario que combatía al gobierno mafioso de Batista. Las fotos mostraban siempre a los mismos 18 andrajosos pero se hablaba de “cientos de hombres” en las montañas. Otra forma exitosa de mentira fueron las emisiones radiales de Fidel por “Radio Rebelde”. La principal arma de Fidel Castro fue un pequeño transmisor de radio por el que mandaba mensajes llenos de mentiras, anunciando triunfantes batallas que nunca se daban. Ya desde allí se dio cuenta del gran valor que tiene para la causa el uso intensivo de propaganda.

EEUU estaba harto del gobierno de Batista, no solo porque se había aliado con la mafia de EEUU que controlaba los casinos y hoteles de la isla, sino porque su gobierno abusaba de la fuerza para reprimir las revueltas callejeras. Lo cierto es que Einsenhower quería librarse de Batista. Resulta ridículo pensar que estos 18 andrajosos perdidos en las montañas al mando de Fidel, podrían siquiera inquietar al ejército de 35 mil hombres de Batista, que contaba con marina y aviación. La pura verdad es que quien sacó del poder a Batista fue EEUU. Primero, el Congreso de los EEUU le cortó el apoyo logístico militar a Batista. Acto seguido, el propio embajador de EEUU le exigió personalmente a Batista su renuncia. En respuesta, Batista tomó un avión y se fue de Cuba provocando que su régimen colapsara por sí mismo. 

Fidel Castro fue el último en enterarse de que el régimen de Batista había caído. Tras comprobar que los soldados se habían replegado, se dirigió a Santiago. Aun temeroso y desconfiado, el cobarde prefirió enviar a Camilo Cienfuegos a La Habana para corroborar la situación. Fue Camilo Cienfuegos quien, una semana después, entró triunfante a La Habana, sin oposición alguna. Varios días después llegó Fidel Castro para figurar como “vencedor” de una revolución que nunca existió. Simplemente el poder había quedado vacío y lo tomaron porque no había nadie a cargo. Pero no fue obra de los revolucionarios, de ninguna manera. Ni siquiera podría llamárseles revolucionarios. No eran más que aventureros vestidos de verde que se encontraron el poder. No tenían ideario ni plan ni idea alguna de qué hacer en el gobierno.

Lo que vino luego fue un saqueo generalizado, confiscaciones, abusos y la instalación de un gobierno que resultó más déspota y prepotente que el anterior. Empezó con el fusilamiento sin piedad de los funcionarios del régimen caído, para pasar a deshacerse de sus propios compañeros de aventura: Camilo Cienfuegos fue asesinado y Huber Matos encerrado por treinta años, por el delito de oponerse a las locuras de Fidel y su hermano. Poco después Fidel se instaló en la suite presidencial del Hotel Hilton para dar inicio a la época más negra de la historia cubana y latinoaméricana, disfrazada más tarde por los intelectuales de izquierda con el encanto del Caribe y la defensa heroica de los oprimidos, convirtiendo a Fidel Castro en el máximo líder revolucionario de la izquierda, portador de la antorcha de la justicia social, y al asesino del Che en portaestandarte de un idealismo barato y fracasado. 

Tanta improvisación y locura hubo en el régimen de Fidel Castro, que los EEUU decidieron darle la espalda, convencidos de que fue un error sacar a Batista. Sin el apoyo de EEUU la isla empezó a caer en crisis. La inteligencia soviética, que ya tenía contactos con Raúl Castro desde México, no perdió tiempo para hacerle una visita de Estado a Fidel y alimentar su megalomanía. De pronto Fidel acabó convertido al comunismo de la noche a la mañana. Se entregó de lleno a los rusos y puso la isla a disposición de los intereses geopolíticos soviéticos en la Guerra Fría. Cuba pasó a ser un parásito de la Unión Soviética durante casi treinta años. La dictadura castrista llevó a la isla no solo a la miseria sino al terror. Pero nada de estos se cuenta así en los textos. La mayor parte de lo que uno lee sobre Fidel Castro y su "revolución" es falso. En especial si lo escribe un intelectual de izquierdas.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Los buenos tiranos de izquierda


Para nadie debe ser una sorpresa que los candelejones de la izquierda de todos los matices elogien a Fidel Castro, el tirano favorito del progresismo, una sombra moribunda de la era del hielo del comunismo salvaje, un déspota de la peor clase, un miserable que se apropió de todo un país para imponer su voluntad a sangre y fuego, un criminal que mandó matar a miles de cubanos y que dividió una nación sembrando el odio y llenando las cárceles con sus enemigos políticos. Sin ninguna duda, el peor dictador que ha existido jamás en Latinoamérica. Un típico embaucador de izquierdas que usó el discurso inflamado de odio y pasión para engatusar a los tontos clásicos del idiotismo infantil progresista. Cualquier intento de descripción de este monstruo del Caribe queda corto, porque siempre habrá una dimensión imposible de retratar completamente.

¿Cómo es entonces posible que la beatería progresista, siempre dispuesta a condenar con rigor las dictaduras "en defensa de la democracia y los derechos humanos", idolatre ahora a este monstruo caribeño que se ha mantenido en el poder por más de medio siglo encarcelando y asesinando a quién le daba la gana? Dejemos la teoría de la estupidez de lado ya que eso es consustancial a todo progresismo y porque eso, además, no basta. Conocemos de sobra la mentalidad infantil del izquierdista promedio que se traga todos los cuentos de fábula sobre un mundo feliz, hecho de chocolate, con una sociedad "igualitaria" donde reina eso que llaman "justicia social", sea lo que sea eso, algo que hoy les permite llamar "gran logro social" a la miseria absoluta del pueblo cubano. La estupidez queda al margen del análisis político pues pertenece a las esferas de la psicología clínica social, de modo que intentemos otras explicaciones.

La bipolaridad del progresismo respecto a los buenos y malos dictadores es bastante simple de explicar si uno recurre a la historia. Siempre será la historia y la realidad la que nos descubran la verdad oculta detrás de los misterios de las poses del progresismo. Si revisamos la historia de la izquierda desde sus orígenes en la revolución bolchevique a principios del siglo pasado, lo que veremos es un marcado desprecio por las instituciones y valores predominantes en el mundo civilizado, desde la vida humana hasta la religión, pasando incluso por la familia. El marxismo abominaba de todo porque todo lo veía como la representación de un sistema dominante perverso que había que destruir y sustituir por un nuevo modelo ideal comunista. La izquierda aprendió a detestar todo lo que había en el mundo y estaba dispuesta a destruirlo todo. Esa fue la ideología que siguieron los comunistas en la Unión Soviética, China, Vietnam y muchos otros lugares, incluyendo el Perú. Era lo que pretendían aplicar en Latinoamérica. Por eso mismo, a la izquierda nunca le importó la "democracia burguesa" ni las instituciones ni valores propios de nuestra civilización. Su plan era destruirlo todo y reemplazarlo por la sociedad perfecta que ellos edificarían según su modelo.

Esta ideología delirante llevó a la izquierda marxista-leninista-maoista directamente al genocidio en todos los países donde llegaron al poder, o al terrorismo antes de llegar al poder. En Latinoamérica causaron estragos en varios países pero no pudieron hacerse del poder salvo en Cuba y en Chile, cuando Salvador Allende fue elegido presidente por el Congreso tras unas maniobras políticas. La llegada al poder de Fidel Castro significó un gran aliento para toda esa izquierda delirante que soñaba con la revolución a escala mundial. El Che Guevara quiso ser el abanderado de las luchas guerrilleras en Latinoamérica. Su sueño era hacer "muchos Vietnam" donde derrotar al imperialismo yanki, obsesión infantil de todo izquierdista de la era castrista. Los partiduchos de izquierda se multiplicaron en todos los países llevados por la enfermedad infantil del izquierdismo revolucionario. Sus centros de adoctrinamiento fueron las universidades. Desde allí emprendieron la aventura terrorista y guerrillera para desafiar al Estado burgués. 

La respuesta natural a todos estos focos guerrilleros y terroristas de izquierda en toda Latinoamérica fue la misma: las fuerzas armadas se hicieron cargo del problema, ya sea en medio de un gobierno democrático o bien tomando directamente el poder. Así fue como los generales Videla y Pinochet se hicieron cargo del problema asumiendo el poder del Estado. En el Perú las cosas ocurrieron al revés: las FFAA habían dado un golpe de estado para implantar el socialismo, pero afortunadamente para el país el líder de la revolución, el general Juan Velasco Alvarado, cayó enfermo y fue reemplazado, aunque los estragos de las reformas socialistas hicieron mella del país por los siguientes veinte años. Tuvo que llegar Alberto Fujimori para rescatar al país de la debacle económica y del asedio terrorista, algo que hubiera sido imposible de lograr bajo los esquemas tradicionales de la democracia formal.

En suma, el único motivo por el que la izquierda detesta a estos dictadores es porque les patearon el trasero a sus guerrilleros y terroristas, metiéndolos presos o aniquilándolos. Más allá de eso, la izquierda idolatra a sus propios dictadores, aunque sean los peores genocidas de la historia. Así que no se dejen engañar por el candor de izquierda cuando se disfrazan de nobles defensores de la democracia y los derechos humanos. Nunca les ha importado un pepino ni la democracia ni los DDHH, salvo para reclamar por la suerte de sus terroristas. Por eso mismo se ha hecho ya clásico en toda Latinoamérica y España la hipocresía, cinismo y doble moral del progresismo. Para ellos solo son malos los dictadores que combatieron a la izquierda delirante y terrorista, pero idolatran a los dictadores de izquierda, aun cuando hayan sido bestias totalitarias y autócratas que llevaron a sus países a la más espantosa de las miserias, como es el caso de Fidel Castro. 

No hay forma de defender a Fidel Castro. Es un sátrapa que asaltó el poder junto a una banda de ladrones disfrazados de militares. La diferencia es que cuando asaltas un banco vas preso, pero cuando asaltas el poder y te adueñas de todo el Estado, son los delincuentes los que meten preso al que les da la gana. Eso es lo que hicieron Fidel Castro y su banda: tomaron el poder a balazos para luego robar a manos llenas y encarcelar a sus enemigos. Primero les robaron todas sus propiedades a los norteamericanos, incluyendo empresas, yates y residencias, para repartirse lo mejor entre los jefes de la banda. Luego les robaron a todos los cubanos al proscribir la propiedad privada. En seguida montaron el circo de la revolución pretendiendo que ellos construirían el paraíso. La banda de ignorantes creyó que bastaba con su verbo y matonería para aumentar la producción. Luego de sus fracasos, no les quedó más que prostituirse para vivir mantenidos por los rusos durante treinta años cual parásitos sin honor ni dignidad. Tras la debacle del comunismo chuparon la mamadera de las remesas que enviaban los cubanos libres desde Miami. Luego volvieron al parasitismo con Venezuela durante el mandato del bufón progresista Hugo Chávez.

No debe extrañarnos que la izquierda peruana salga a defender al criminal dictador Fidel Castro, mientras se llenan la boca de maldiciones ante otros dictadores. Marisa Glave ha dicho incluso que Fidel Castro sirvió de inspiración a la izquierda. ¿Inspiración de qué? Fidel Castro solo puede servir como ejemplo de perversión mental, pues fue un ser maligno que impuso su propia personalidad y voluntad a millones de cubanos durante 58 años. Hay dictadores que dejaron un legado de paz y desarrollo en sus países, como fue el caso de Pinochet y Fujimori. Al menos de ellos podríamos decir que mejoraron la vida de sus compatriotas de manera radical. Pero de Fidel Castro solo se puede decir que fue un sátrapa cruel que dividió una nación y la empobreció hasta la miseria más absoluta. No hay manera de defender a ese animal que fue Fidel Castro. Y es una lástima que la izquierda no tenga el coraje de reconocer sus errores y su situación vergonzosa ante la historia.

viernes, 14 de agosto de 2015

La dictadura inmortal


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Hoy se ha producido un hecho histórico e insólito al abrirse la embajada de los EEUU en la isla de Cuba, luego de que fuera capturada hace más de medio siglo por la banda de los hermanos Castro para imponer una dictadura comunista autocrática y hereditaria. La dictadura castrista es una afrenta a la dignidad humana y a todos los principios e ideales políticos por los que ha luchado la humanidad en los últimos tiempos. No merece más que condena y repudio. Por ello resulta insólito que EEUU, el país que ha simbolizado el respeto a la ley, la libertad y la democracia, abra una embajada en la isla del terror castrista.

Aun con todo su perfil y pasado infame, la longeva dictadura castrista parece estar ganando la batalla, no solo gracias a la decadente política sudamericana que se ha pasado la vida apañando al dictador, sino también a la de Barack Obama, quien se ha rebajado al nivel de los típicos idiotas latinoamericanos. La fechoría de los hermanos Castro, dueños absolutos de toda una isla con pueblo incluido, está logrando algo que en cualquier país estaría penado si se tratara de una sola vivienda. Los Castro y su banda de barbudos que se apropiaron ilegalmente de Cuba deberían estar presos. Así de simple.

No hay manera razonable y veraz de justificar la dictadura cubana. Por donde se le mire es una vergüenza. Todas, absolutamente todas las consignas políticas por las que dijeron luchar las han pisoteado, no una sino muchas veces en estos 56 años. Para empezar, entraron a balazos a la Habana con el pretexto de liberar al pueblo de una dictadura y montaron la suya propia. Sacaron una dictadura de 5 años para reemplazarla por otra que dura una eternidad. Pasemos eso por alto un momento. ¿Qué han logrado para el pueblo? Tan solo miseria. Y para colmo, miseria sin libertad.

Toda la cháchara que predicaban en contra del imperialismo yanki se evaporó en el aire cuando Cuba pasó por la más vergonzosa muestra de entreguismo que se haya visto jamás al convertirse en anexo de la URSS. Si antes La Habana era un lugar repleto de casinos lujosos, donde los turistas gastaban dinero en una ciudad que resplandecía de progreso, con la dictadura castrista pasó a ser el prostíbulo de los soldados soviéticos que se peleaban por ser enviados a la isla burdel del Caribe. Las generaciones de cubano-rusos con nombres exóticos empezaron a crecer como espuma. La bloguera cubana Yoani Sánchez lo ha narrado con crudeza y amargura en su blog, justamente llamado "Generación Y" por la cantidad de nombres rusos que llevaban una "Y". 

Fidel Castro acusó de entreguismo a Fulgencio Batista por permitir la inversión americana en la isla, pero luego él permitió el ingreso del ejército soviético para convertir Cuba en plataforma de misiles nucleares. Es decir, los rusos utilizaron la isla como base militar. Nunca se ha visto peor muestra de entreguismo en toda la historia. Peor aun, los cubanos se acostumbraron a vivir de la mendicidad con la ayuda de los rusos. La dictadura castrista le hizo perder a los cubanos hasta su dignidad. Por casi 30 años vivieron mendigando la ayuda soviética mientras Fidel Castro hablaba a gritos de dignidad y vociferaba contra el intervencionismo yanki. Un discurso apto solo para bobos.

Y mientras criticaba el intervencionismo norteamericano, Fidel Castro enviaba tropas cubanas a luchar en África y preparaba contingentes de guerrilleros extranjeros para luchar en Latinoamérica. El intento de expandir el comunismo por toda la región regando los países con guerrilleros y terroristas fue respondido con rigor, provocando cerca de medio millón de muertos. La gangrena comunista no ha acabado aun porque los muertos siguen cayendo en Colombia a manos de las FARC, alentadas por el comunismo cubano desde los 70. En el Perú, los terroristas del MRTA tenían conexión con la dictadura castrista. Nunca hubo pues tanto descaro e hipocresía en la política como la mostrada por Fidel Castro a lo largo de su triste y longeva historia de dictador tropical.

Lo más patético de esta historia es que nuestros insignes luchadores por la libertad y la democracia nunca se cansaron de apoyar la tenebrosa y sucia dictadura de los hermanos Castro en Cuba. Antes bien, la apoyaban criticando el bloqueo norteamericano. Algo que también resulta paradójico ya que por un lado blasfemaban contra el imperialismo yanki, mientras que por otro lado lloraban porque el gobierno de los EEUU había dispuesto un embargo a la isla. Y hay que decir que ese embargo ha sido la única medida digna y decente que se ha tomado en contra de la nefasta dictadura castrista. Algo que, por supuesto, no impedía que Cuba tuviera todo tipo de relaciones con el resto del mundo, como de hecho los tuvo. Lástima nomás que nunca mostró tener el valor ni el dinero para honrar sus deudas. Cuba ha sido sin duda el país más perdonado de la historia. Debido a su miseria le han tenido que condonar deudas multimillonarias que resultaban incobrables.

Fidel Castro no solo le quitó libertad y dignidad al pueblo cubano, sino incluso los rebajó a la condición de parias. Si la dictadura de los Castro permanece en pie, luego del fin del comunismo y la miseria del pueblo, es porque tiene montado el más cruel y eficiente sistema de chantaje y soplonería social jamás visto. Dueño absoluto de todos los empleos y propiedades de la isla, el dictador podía disponer a su antojo quién recibía qué y por cuanto tiempo. La cúpula partidaria pasó a ser la clase alta de la sociedad y los miembros del partido resultaban los más favorecidos en la repartición que hacía el Estado. Los disidentes eran apresados sin ninguna posibilidad de justicia. 

Tan larga sobrevivencia de un régimen de terror y degradación humana solo se explica por la imbecilidad a la que se puede llegar en la política, víctimas de una ideología aberrante que justifica cualquier atrocidad en aras de una utopía que jamás llega, mientras la realidad entera se degrada a niveles de infierno. Todavía vemos a líderes políticos yendo a La Habana a besar la mano del dictador y a tomarse fotos sin sentir el más mínimo reproche moral. Los admiradores del dictador son tantos como los del Che. Mejor dicho, son los mismos. Son los hipócritas que se pasan la vida condenando dictaduras y acusando a otros de genocidas. Dicen defender a un régimen que lucha por la justicia, mientras la realidad es que el jefe de esa dictadura bárbara disfruta la vida en medio de lujos que ningún otro cubano se puede dar. La única igualdad que existe en Cuba es la miseria.

La llegada de John Kerry a la isla prisión de los Castro apenas abre una luz de esperanza para los millones de cubanos que ya no conocen otra forma de vida que la escasez, las penurias y la esclavitud. Por lo menos ha tenido el valor de hablar de democracia y reunirse con los disidentes. Si existen verdaderos defensores de la ética política, la dignidad humana, la libertad y la democracia, lo primero que deberían hacer es exigir que los criminales dictadores cubanos sean sacados del poder y juzgados por crímenes de lesa humanidad.  Es lo que realmente corresponde.

viernes, 15 de agosto de 2014

Desfachatez progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El líder comunista cubano Fidel Castro cumplió 88 años y fue ocasión para que el progresismo latinoamericano en pleno desate, una vez más, su acostumbrada y ridícula pasión por el culto a la persona, dejando de lado el más mínimo sentido de crítica y hasta el más elemental pudor. Y no solo en este caso, a decir verdad, ya que todos los líderes comunistas idolatrados por masas estúpidas nunca fueron más que felones y dictadores de baja estofa, que representaban lo más abyecto y despreciable de la especie humana. La lista de tiranuelos comunistas es larga, empieza con Stalin, sigue con Mao y acaba probablemente con Fidel Castro y ese payaso norcoreano que sueña con lanzar un ataque nuclear a Nueva York.

Fidel Castro no solo es un dictador sino la última alimaña viva de la época más nefasta de la humanidad, cuando el comunismo casi dominaba el mundo entero en diversas variantes, todas patológicas y letales. Pero Fidel Castro ostenta además el triste récord de regentar la tiranía más longeva de la historia, pues la mafia comunista liderada por él se apropió del poder hace más de medio siglo. ¿No basta solo esto para escupirle en el rostro como a un vulgar delincuente? Tal vez esto sea algo poco apropiado para un vulgar delincuente, eso lo estoy dudando, pero para un dictador que se entroniza en el poder mandoneando a su capricho a un pueblo por más de medio siglo, llevándolo a la miseria más espantosa, merece al menos un buen escupitajo en defensa de la dignidad de ese pueblo.

Y lo merecen también todos esos fantoches de la izquierda que idolatran al dictador como a una virgen inmaculada, llenándolo de alabanzas y homenajes como si se tratara de un dios. Patéticos personajes que navegan en el mar de la estupidez política y la falsa moral. No tienen nada que enseñarnos. Su mundo es un mundo de tiranos podridos en el poder, que merecen morir masacrados por su pueblo como Nicolae Ceaușescu o Muamar Kadafi. Pero también es un mundo bizarro, donde el lavado cerebral a base de consignas repetidas durante décadas de propaganda oficial, sin más alternativa que oír la voz del amo, acaba por transformar a los habitantes en masas idiotizadas que lloran la muerte de su opresor, como ocurrió con Mao y Stalin, y como probablemente ocurrirá con la próxima muerte de este tirano cubano.

Fidel Castro representa perfectamente todo ese mundo mítico del progresismo latinoamericano, el discurso inflamado repleto de clichés y amenazas al poder que consideran opresor, la pose revolucionaria que promete cambios radicales que transformarán el mundo en un paraíso de justicia social, el desprecio de la lógica y el saber para preferir la ideología y el sueño utópico, la incapacidad para aprender de la experiencia y rectificar el rumbo, y finalmente la ceguera para no reconocer la miseria y el desastre provocados. A eso hay que sumarle la desvergüenza para seguir idolatrando fantoches fracasados y asesinos mercenarios.

Fidel Castro llegó a La Habana un primero de enero de 1959 gritando "libertad", pero lo primero que hizo fue eliminar todas las libertades al pueblo, desde la libertad de pensamiento hasta la libertad de expresión; justificó su revolución en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista que ya cumplía 5 años, pero luego montó su propia dictadura de 55 años; se quejó de que Cuba era el burdel de los yanquis, pero luego convirtió a la isla en prostíbulo de los soviéticos, donde los soldados, técnicos y políticos rusos que llegaban a montones embarazaban cubanas dejándoles hijos con nombres curiosos; denunció el atraso del pueblo cubano pero lo primero que hizo fue confiscar todas las propiedades y prohibir los negocios privados hasta sumirla en la más absoluta decadencia; habló de la dignidad e independencia del pueblo ante el imperialismo norteamericano, pero se arrodilló ante el imperio soviético al que le regaló toda la isla para que la conviertan en lanzadera de misiles nucleares. 

La insensata gestión de Fidel Castro convirtió a Cuba en un parásito mundial, pues vivieron mantenidos por los rusos durante 30 años, luego de la debacle mundial del comunismo pasaron hambruna hasta que Castro tuvo que permitir que los cubanos de EEUU ayuden al pueblo con sus remesas de dólares; por último pasaron a ser mantenidos por la Venezuela chavista. Nunca pudieron pagar sus cuantiosas deudas externas y hasta los rusos tuvieron que perdonarles los US$ 30 mil millones que les debían. Cuba es un mundo de ficción donde todo se cae a pedazos pero se leen consignas sobre el triunfo de la revolución. Tal vez los miserables cubanos esclavizados por el régimen no sepan que están siendo engañados, pero los idiotas de toda Latinoamérica que a pesar de todas estas evidencias se niegan a admitir la realidad del desastre, y siguen idolatrando al dictador y promoviendo el socialismo son los que francamente dan asco.

Los latinoamericanos tenemos aun razones especiales para detestar a Fidel Castro porque convirtió a Cuba en la escuela mundial del terrorismo comunista, desde donde salían los enajenados mentales de la izquierda a sembrar la violencia en nuestros países con la estúpida idea de que iban a "liberar a los pueblos". Los pobres cubanos fueron incluso obligados a marchar hasta la lejana Angola para luchar en una guerra ajena, apoyando la expansión del imperialismo soviético que imponía el comunismo a sangre y fuego. En esa aventura murieron más de 3 mil cubanos y sus familias nunca recibieron compensación alguna. Fidel Castro ha sido de muchas maneras el responsable directo de miles de muertes, tanto de cubanos como de africanos y latinoamericanos. Lamentablemente a este tipo de criminales nadie los puede enjuiciar y sentenciar a la pena que se merecen. Pero estamos seguros que, al contrario de lo que espera este folklórico tirano del Caribe, la historia no lo absolverá. 

sábado, 26 de julio de 2014

El legado de la URSS en Cuba


Por: Iván García Quintero

Todavía en los libros de historia universal de escuelas secundarias o preuniversitarias en Cuba, el tema soviético se maneja con pinzas.

Se recuerda a su padre fundador Vladimir Ilich Lenin, la epopeya de la Segunda Guerra Mundial con sus 20 millones de muertos (dato viejo, fueron 27 millones y no pocos murieron por un disparo en la nuca de sus propios camaradas o en un tenebroso gulag), y la ayuda desinteresada de la URSS en los primeros años de la revolución verde olivo. 

A Zoraida, estudiante de tercer año de bachillerato y amante de la historia, cuando le pregunto sobre aquella nación conformada por quince repúblicas europeas y asiáticas, sin apenas tomar aire, me suelta una parrafada calcada de los manuales escolares.

“La Revolución de Octubre fue fundada en 1917 por Lenin, y a pesar de las agresiones de naciones occidentales se consolidó como una gran potencia mundial. Fue el país con más muertos durante la Segunda Guerra Mundial, 20 millones (persiste en el error), y tuvo que luchar sola frente a las hordas fascistas. Estados Unidos y sus aliados se vieron obligados a abrir el Segundo Frente en Normandía ante el avance vertiginoso del Ejército Rojo”, responde con ese dejo de orgullo habitual en los alumnos aplicados.

No sé cuál será su vocación futura. Pero en ella el Partido tiene un buen prospecto de comisario político. Como deseaba indagar sobre otros aspectos históricos menos divulgados en los medios nacionales, le hice las siguientes preguntas:

¿Qué me podrías decir de las brutales purgas de Stalin, que costaron millones de vidas al pueblo soviético? ¿Sabías que la aplicación de la colectivización agrícola provocó hambruna y entre 7 y 10 millones de muertos en Ucrania, llamada Holodomor? ¿Habías leído acerca del pacto de no agresión Molotov-Ribbentrop donde en una cláusula secreta Hitler y Stalin se repartieron las repúblicas bálticas y una zona de Europa del Este?

¿Has leído o escuchado sobre la matanza en el bosque de Katyn por tropas élites soviéticas a militares polacos? ¿Conocías que el escritor Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970, al igual que otros muchos intelectuales, estuvo preso en el Gulag sólo por pensar diferente?

¿No crees que la URSS fue una nación imperialista, pues ocupó parte de Europa del Este como trofeo de guerra e instauró gobiernos vasallos? ¿Has estudiado sobre la agresión soviética a Checoslovaquia en 1968 o Afganistán en 1979?

¿Alguna vez te contaron que por decisión de Fidel Castro y Nikita Kruschev, en Cuba estuvieron emplazados 42 cohetes atómicos de alcance medio que pudieron provocar una conflagración nuclear? ¿Sabías que al igual que Estados Unidos tiene una base militar en contra de la voluntad del pueblo cubano, Fidel Castro sin consultar al pueblo autorizó un centro de instrucción militar con tropas soviéticas y una base de espionaje electrónico en las afueras de La Habana?

A cada una de estas preguntas, la joven respondió con evasivas: “No, no lo sé. No, no lo he leído. O eso no lo hemos dado en la escuela”.

Es conocido que el sistema de enseñanza en Cuba intenta pertrechar a sus alumnos de una visión marxista y exaltar a Fidel Castro y su revolución. En temas rigurosamente comprobados, el método utilizado no es mentir, sino reconocer que no se tiene información o no decir toda la verdad. 

Aunque hace más de 20 años la URSS desapareció del mapa y dijo adiós a su estrafalaria ideología, la educación en la Isla continúa siendo un celoso albacea de la narrativa soviética.

Manuel, graduado de Filosofía, reconoce que en sus estudios universitarios de Historia no hicieron hincapié en la Perestroika y la Glasnost. “De pasada los profesores encaraban aquella etapa. De Gorbachov se nos dijo que fue un traidor, que desmontó piedra a piedra el poderío y la influencia soviéticos. El enterrador del comunismo. Un paria”.

En las estructuras del poder existe un núcleo poderoso que aún recuerda con nostalgia el período soviético. El general Raúl Castro, al frente de los destinos de Cuba, es un gran admirador del comunismo ruso. En una de las visitas al apartamento de Juan Juan Almeida, hijo del comandante guerrillero, cuando vivía en Nuevo Vedado, Juan Juan me contó que en la antesala de la oficina del General Castro en el MINFAR, había un cuadro de Stalin, el carnicero de Georgia.

En el discurso de viejos aparatchiks, formados en severas escuelas del Partido, sigue latente la Cuba soviética de antaño. Joel, funcionario retirado, añora los viajes a Moscú y las visitas al mausoleo del Kremlin, donde Lenin yace embalsamado. En su casa, en un estante de madera, reposa una colección de libros de Boris Polevoi, Nicolai Ostrovski e Iliá Ehrenburg, entre otros que escribieron sobre las proezas del Ejército Rojo en la Gran Guerra Patria.

Carlos, sociólogo, considera “que la URSS puede parecer periódico viejo, pero no está muerta del todo: la población ya no se acuerda de la carne de lata, la compota de manzana ni los muñequitos rusos; es en las estructuras del poder donde extrañan la era soviética”.

La historia de amor hacia la URSS entre un sector intelectual y político es de vieja data en el país. Muchos que juran ser nacionalistas a pie firme, acusan de anexionistas a las personas que admiran el estilo de vida y las estructuras institucionales de Estados Unidos. Pero donde de veras existe anexionismo, es en el comunismo. No solo importaron la ideología, también pretendieron clonar el modelo soviético en un archipiélago del Caribe a 9.500 kilómetros de Moscú.

Y no eran tontos o analfabetos los que aplaudían la teoría de una Cuba soviética. Entre ellos, intelectuales de talla como Nicolás Guillén, Salvador García Agüero y Juan Marinello, miembros del Partido Socialista Popular (PSP).

Con la llegada al poder de Fidel Castro, el oportunismo político de los barbudos se acopló al imaginario comunista de hombres curtidos en el quehacer sindical y el proselitismo marxista en diversos sectores académicos e intelectuales de la nación.

A pesar de la afinidad del Gobierno cubano con el soviético, entre un segmento amplio de la ciudadanía, la cultura rusa no caló. Tampoco cuajaron su moda y costumbres, sus comidas y creencias religiosas.

Lo que la URSS nos dejó fueron algunos cientos de matrimonios entre rusos y cubanos. Y nombres como Iván, Tatiana, Vladimir, Irina, Boris, Natasha… Poco más.

Aunque los añejos dinosaurios políticos traten hoy a cuerpo de rey a Rusia en los medios y, la nomenclatura se esfuerce en reactivar nuevos pactos, el país eurasiático sigue siendo una música lejana y exótica para la gente de a pie.

Y es que, por geografía y cultura, los cubanos siguen mirando al Norte.


domingo, 6 de abril de 2014

FRANCISCO: ¿AYUDA SU DISCURSO A TERMINAR CON LA POBREZA?


Escrito por: Roberto Cachanosky, Economista

Antes de ir al punto de esta nota, deseo aclarar que soy católico, estudié en un colegio parroquial y luego economía en la UCA. En aquellos años teníamos materias como teología, ética y moral profesional y, por supuesto, doctrina social de la Iglesia en la que veíamos las encíclicas. De manera que algo de las opiniones de los papas sobre economía conozco, aunque tampoco soy un experto, pero sí las estudié.



Ahora bien, soy conciente que a más de un ferviente católico no le agradará esta nota, sin embargo la escribo sabiendo que las declaraciones de Francisco en materia de economía y pobreza son discutibles.

Recordemos que solo cuando el Papa habla ex cathedra, su palabra es inapelable y lo hace cuando se trata de temas de doctrina de fe. También recordemos que fue en el Concilio Vaticano I, en 1870, que se estableció el dogma de infalilibidad papal bajo el argumento que el Papa tiene la asistencia divina. Históricamente se decidió en dicho concilio establecer este principio de la infabilidad del Papa por las divisiones internas que, en esa época, imperaba dentro de  la Iglesia. No sigo profundizando en este tema porque no viene al caso de esta nota.
De lo anterior se desprende que cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra, es decir, su palabra no es definitiva sino que es opinable, como la de cualquier católico o no católico. En consecuencia, sus afirmaciones sobre la pobreza pueden estar equivocadas al punto, y aquí alguien puede escandalizarse, que sus dichos pueden generar, por error, más pobreza, exclusión y hasta autoritarismo.

En su encíclica EVANGELII GAUDIUM, Francisco afirma: “En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando”
En primer lugar Francisco se equivoca de medio a medio cuando afirma que la libertad de mercado no favorece a los más pobres y jamás ha sido confirmada en los hechos, porque hay toneladas de estudios, libros y ensayos que muestran que a más libertad económica mejor nivel de vida de la población y menos pobreza. Si alguien le acercara al Papa el libro de Mancur Olson, Auge y Decadencia de las Naciones, podría verificar el error de su afirmación.

No fue el plan Marshall el que sacó de las ruinas a la destruida Alemania de post guerra, sino el coraje de Adenauer y Ludwig Erhard que impulsaron una economía de mercado enfrentando a las fuerzas aliadas de ocupación que seguían con la cantinela de las regulaciones y cartas de racionamiento.
Otro libro para ser revisado es Bienestar para Todos, de Luwig Erhard, en el que detalla cómo fue liberando la economía alemana hasta su reconstrucción total que luego fue conocido como el milagro alemán. No hubo tal milagro, hubo una economía de mercado sustentada por sólidas instituciones que estimulaban el espíritu emprendedor de los alemanes.
No fue que se construyó el muro de Berlín para que los alemanes occidentales no entraran en masa al paraíso socialista de la distribución de la riqueza, sino que los socialistas lo construyeron para encarcelar a los alemanes orientales que querían escapar de la atroz dictadura socialista y la pobreza en que vivían.

Y bueno es recordar también que Juan Pablo II contribuyó, con su coraje, a derribar ese muro de la vergüenza cuando abiertamente apoyó al sindicato Solidaridad que luchaba contra la opresión del paraíso socialista, en el que se suponía que unos pocos burócratas tenían el monopolio de la bondad y distribuían equitativamente la riqueza. Más bien tenían el monopolio de la represión hasta niveles salvajes.
Por citar otro ejemplo, los famosos balseros que se animaban a escapar de la opresión de Fidel Castro, no eran turistas apurados que habían perdido el avión. Era gente que quería respirar aire de libertad y arriesgaba su vida en precarias embarcaciones para llegar al continente.

Los excluidos de los que habla Francisco son excluidos porque el intervencionismo estatal, que parece propugnar, no solo traba la producción, sino que además desestimula las inversiones, la creación de nuevos puestos de trabajo y mejor remunerados gracias al aumento de la productividad. Arriesgando aún más mis diferencias económicas con el pensamiento de Francisco, diría que hasta existen visiones morales diferentes. Mientras Francisco cree que los pobres tienen que ser asistidos por el Estado, yo creo que es moralmente superior crear las condiciones institucionales y la libertad de mercado para que cada ser humano tenga la dignidad de mantener a su familia del fruto de su trabajo y no de la dádiva del puntero de turno. ¿Acaso, no ya Francisco, sino Bergoglio no ha visto cómo denigran a la gente en Argentina con el clientelismo político? ¿Quién genera la pobreza, las empresas o un sistema intervencionista y redistributivo que destruye la producción  y los puestos de trabajo? ¿No ha visto Bergoglio, hoy Francisco, el exponencial crecimiento de la corrupción estatal, el crecimiento exponencial de las villas de emergencia y la pobreza que ha generado ese intervencionismo económico que impulsa? ¿No recuerda la destrucción económica ejecutada por Moreno, el soldado de la causa? ¿O Francisco va a afirmar que en estos 10 años de destrucción económica, escándalos de corrupción y aniquilamiento de valores como la cultura del trabajo fueron obra de ese malvado libre mercado?

El mercado es un proceso donde pacíficamente la gente intercambia los bienes que producen. Nadie se apropia de lo que no le corresponde. En esa economía de mercado que Francisco denuncia como perjudicial, el empresario tiene que ganarse el favor del consumidor produciendo los bienes y servicios que la gente necesita. Para que el empresario pueda progresar tiene que previamente hacer progresar a sus semejantes. En las economías intervencionistas son los burócratas los que deciden por la gente ganadores y perdedores y encima son el caldo de cultivo para que la corrupción florezca otorgando privilegios, proteccionismo y demás prebendas que, justamente, hacen que unos pocos generen fortunas a costa del resto de la población. Esa concentración de la riqueza que denuncia en la encíclica.
¿No ha visto Francisco el fenomenal crecimiento patrimonial de ex empleados bancarios y choferes gracias a los oscuros negocios del intervencionismo estatal? A no equivocarse, sus palabras podrán estar inspiradas en la bondad, pero los resultados son más desigualdad, escandalosa corrupción y retraso económico. ¿No es eso lo que debe condenar moralmente la Iglesia?
¿No es el autoritarismo creciente, el apriete a empresarios, periodistas, economistas y cuanta persona opine diferente al todo poderoso Estado lo que debe condenarse sin miramientos?

Por otro lado, llama la atención que habiendo sido la Iglesia una de las instituciones que en el pasado mucho hizo por la educación y, sobre todo con la creación de talleres donde se enseñaban oficios (carpintería, electricidad, etc.) para que los jóvenes pudieran encontrar su salida laboral, hoy pretenda transferirle esa tarea al Estado. En todo caso la gente es mucho más solidaria que la dirigencia política, que lucra con la pobreza porque es su negocio electoral.
El tema da para largo, pero me parece que Francisco contribuiría mucho a terminar con la pobreza, la corrupción, el avasallamiento de las libertades individuales, si comprendiera que la libertad económica es un imperativo moral que debería apoyar en vez de criticarlo. Impulsar al todo poderoso Estado, no solo es ineficiente desde el punto de vista económico, sino que, además, moralmente reprochable por la corrupción y la exclusión social que genera al expulsar del mercado laboral a millones de personas.

Bergoglio ha visto como en nuestro país, en la última década, han proliferado en cantidades industriales los planes “sociales” y sin embargo hay una pobreza e indigencia que escandalizan.
Guste o no, para terminar con la pobreza hace falta un sistema económico de libre mercado con instituciones sólidas. En cuanto a la solidaridad, eso es algo que tiene que ejercer cada uno de acuerdo a su conciencia. Poner la solidaridad en manos de los políticos es como dejar al pajarito al cuidado del gato.
En definitiva, imagino que con esta nota me he ganado un montón de enemigos pero les recuerdo que, cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra. Es solo una opinión y por lo tanto para el debate.

domingo, 16 de marzo de 2014

Los hijos renegados de Fidel Castro


Por: Carlos Alberto Montaner

Oficialmente, Salvador Sánchez Cerén, el candidato del FMLN, ganó las recientes elecciones salvadoreñas. Así lo declaró el Tribunal Supremo Electoral del país frente a las impugnaciones de ARENA. La diferencia entre los dos partidos apenas excedió de seis mil votos. Una increíble minucia cuando se sabe que votaron casi tres millones de personas.

ARENA pidió el recuento de todas las boletas y no se lo concedieron. La ley no estaba de su parte. Norman Quijano tuvo que conformarse con una victoria moral. Nadie esperaba un resultado de esa naturaleza, especialmente porque el FMLN le había sacado más de diez puntos en la primera vuelta. Parece que el cruel matadero venezolano de estos días les recordó a los salvadoreños que el radicalismo revolucionario puede acabar en un baño de sangre.

Ahora Sánchez Cerén, comunista, exguerrillero, se enfrenta a un amargo dilema. A partir de junio, cuando asuma oficialmente la presidencia, ¿se dedica a hacer la revolución que le pide su corazoncito marxista-leninista? ¿O acepta que el suyo es un país muy pobre, dolarizado, abatido por los mareros, dividido en mitades hostiles, y cuya principal fuente de ingresos son las remesas de los emigrantes, panorama que desaconseja agregar una peligrosa fricción política que puede, otra vez, desencadenar la violencia?

Sería el cuarto de los hijos de Fidel Castro colocado en esa tesitura. Los otros tres optaron por abrazarse a la realidad y abandonar la utopía.

El uruguayo José (Pepe) Mujica es uno de ellos. La revolución cubana le sorbió el seso, como a D. Quijote los libros de caballería, y cuando era joven acabó embarcado en la sangrienta aventura de los “tupamaros”, grandes culpables del descalabro de la ejemplar democracia uruguaya. Mujica, que participó en hechos violentos, pasó 15 años en la cárcel. Cuando terminó la dictadura militar se integró en la vida política del país y se colocó bajo la autoridad de la Constitución. Una vez instalado en la presidencia ha respetado las reglas del juego y ha tenido un manejo ortodoxo de la economía. Por eso Uruguay, en el 2013, fue la nación latinoamericana que recibió más inversión extranjera per cápita. Mujica había aprendido la lección. Fidel Castro y su tiranía eran antiguallas de un pasado remoto.

Otro es la brasilera Dilma Rousseff. Fue una chiquilla comunista vinculada a la Vanguardia Armada Revolucionaria (VAR-Palmarés), un grupo marxista-leninista que asaltó bancos, mató y secuestró aviones. Era hija de un comunista búlgaro, Pedro Rousseff, emigrado a Brasil. A los 23 años de edad, los militares brasileros, que secuestraban y asesinaban a sus enemigos, encarcelaron a Dilma y probablemente la torturaron. Salió de la cárcel tres años más tarde, terminó sus estudios de economía y en su momento se incorporó al Partido de los Trabajadores de Lula da Silva. Cuando la eligieron Presidente también optó por olvidarse de sus fantasías castro-guevaristas de la juventud. La realidad brasilera, inserta en el mundo del poscomunismo, no le permitía apostar en la ruleta revolucionaria. No se alejó mucho del modelo dejado por Fernando Henrique Cardoso, luego continuado por Lula da Silva.

El otro de los hijos “realistas” (o renegados) de Fidel Castro es el nicaragüense Daniel Ortega. Como Mujica y Rousseff, Ortega formó parte de la violencia sandinista y estuvo preso siete años por asaltar un banco durante la dictadura de Somoza. En la década de los ochenta, tras el triunfo de la insurrección, le tocó presidir por primera vez a Nicaragua y aprender sobre la marcha. Fue el curso de gobierno más costoso de la historia. Destrozó al país, pero tal vez aprendió todo lo que no se debe hacer. Cuando volvió al poder en el 2007 (gracias a la asombrosa torpeza de la oposición liberal), Ortega sabía que el 66% de la población estaba en contra de cualquier proyecto revolucionario. No le importó. Más pragmático que fanático, ya no tenía la intención de ser como Fidel Castro. Quería parecerse a Somoza. Perpetuarse en el poder, pero sin romper con el sector empresarial ni con los Estados Unidos, mientras saqueaba meticulosamente a Chávez y daba gritos antiimperialistas.

¿Será Sánchez Cerén el cuarto hijo renegado del castrismo? ¿Se perderá en el trayecto buscando una revolución imposible, o advertirá que ése es el camino de la turbulencia y la muerte, como sucede en la Venezuela de Maduro? Falta poco tiempo para saberlo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Cuba y su Estado proxeneta


Por: Carlos Alberto Montaner

Los 33 presidentes y dignatarios que visitaron La Habana se quedaron maravillados. Ninguno sabía cómo era que Cuba conseguía sostenerse, aunque fuera muy precariamente, con los edificios en ruina y al filo de la catástrofe. Acaso con la excepción de Nicolás Maduro, que tiene dotes de vidente y un diálogo permanente con los pájaros que lo mantiene plenamente informado.

Ninguno ignoraba que la bicentenaria industria azucarera había sido liquidada y desguazada por la incapacidad feroz de la dirigencia. Todos conocían que las marcas de tabaco y rones fueron vendidas a multinacionales europeas hace mucho tiempo. Era evidente que la flota pesquera no existía desde los años noventa. No obstante, la Isla, a trancas y barrancas, importaba el 80 por ciento de todos los insumos que esa sociedad necesita, incluidos los alimentos, la medicina y una parte sustancial de la energía.

¿Cómo lo hacía? ¿Dónde estaba el truco? ¿De dónde sacaba la plata?

Se lo escuché por primera vez a un diplomático europeo que había vivido en Cuba. Luego se ha popularizado. El modelo creado por los Castro es el estado proxeneta. El proxenetismo es una conducta delictiva que consiste en obtener beneficios de otra persona a la que se obliga a trabajar mediante coacciones o el suministro de protección. Generalmente se aplica a la prostitución, pero no sólo a ella. Familiarmente también se le conoce como “chulería”.

Es una denominación incómoda, pero ajustada a la realidad que circula en voz baja entre los cubanos de la Isla. El gobierno se ha especializado en la extorsión de sus propios ciudadanos o de los aliados a los que les brinda servicios de espionaje y control social, sus dos únicas especialidades o “ventajas comparativas”, como suelen decir en la jerga económica. Cincuenta y cinco años después de implantada la dictadura, casi todas las fuentes significativas de ingreso que sostienen al país provienen de oscuros negocios realizados en el exterior.
  • El subsidio venezolano. Calculado en 13 000 millones de dólares anuales por el profesor Carmelo Mesa Lago, decano de los economistas cubanos en esta materia. Eso incluye más de 100 000 barriles diarios de petróleo, de los cuales la mitad se reexportan y venden en España. Otros 30 000 parece que van a Petro Caribe y da origen a una doble corrupción de apoyo político y enriquecimiento ilícito. La fuente pública de esta información es el experto Pedro Mantellini, uno de los grandes conocedores del tema petrolero venezolano. Lo explicó en Miami en el programa de María Elvira Salazar en CNN Latino. Caracas compra influencia internacional a base de petróleo, pero comparte con sus cómplices cubanos la gestión de esas dádivas. Cuba, al fin y al cabo, es la metrópolis.
  • La trata de médicos y personal sanitario. Alcanza la cifra de siete mil quinientos millones de dólares anuales. La especialista María Werlau, directora de Cuba Archive, ha descrito la actividad en The Miami Herald. Es muy fácil llegar al artículo por medio de Google. El gobierno cubano alquila y cobra por el arrendamiento de sus profesionales de la salud. Les confisca a sus “protegidos” el 95% de los salarios. Angola paga hasta sesenta mil dólares anuales por cada facultativo. Ni siquiera la ayuda a Haití se escapa de este esquema de solidaridad tarifada. Los servicios prestados en el devastado país se lo abonan a buen precio a La Habana los organismos internacionales. Brasil, que paga por muchos servicios, es el último gran socio de Cuba en esta oscura actividad del proxenetismo sanitario internacional. Dilma no quiere tanto beneficiar a sus pobres, como a sus amigos cubanos. Raúl, además, tiene un gran dominio del oficio. Es una práctica conocida por los negreros cubanos desde el siglo XIX. Mientras duró la esclavitud (hasta 1886) los amos solían arrendar a sus esclavos cuando no los necesitaban. La zona más rentable del negocio de “alquilar negros” eran las pobres muchachas que entregaban a los burdeles. Sus amos cobraban por los servicios que ellas prestaban. Eran empresarios-proxenetas. Ahora, simplemente, se trata de un estado-proxeneta.
  • Otros alquileres, otros negocios. Pero ahí no termina la explotación. El gobierno cubano les arrienda otros profesionales a empresas privadas. Los antiguos griegos se referían a los esclavos como “herramientas parlantes”. No creo que Raúl conozca a los clásicos, pero entiende perfectamente el significado último de la expresión. Hay universidades latinoamericanas o de habla portuguesa que contratan con el gobierno de La Habana los servicios de buenos profesores cubanos de matemáticas o física a precios de saldo. Hay salas de fiesta y cabarets que contratan músicos o teatros que se sirven de los bailarines cubanos, incluido el magnífico ballet de Alicia Alonso. Existen compañías europeas y latinoamericanas que explotan a técnicos en informática procedentes de la Isla. El régimen de los Castro sabe que un cubano bien instruido es totalmente improductivo dentro de Cuba, dado el demencial sistema económico de la Isla, pero es una fuente potencial de riqueza una vez colocado en el exterior. Objetivamente, ese gobierno es una gigantesca e implacable empresa de subcontratación laboral que viola todas las reglas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De eso y para eso vive. 
  • Las remesas de los exiliados. Emilio Morales, el gran conocedor del tema, escapado de Cuba hace relativamente poco tiempo, sitúa esa fuente de ingresos (2012) en algo más de cinco mil millones de dólares. La mitad, grosso modo, es remitida en efectivo y el resto en mercancías. Crece al ritmo del 13% anual. Cada vez que escapa un balsero, el régimen, de dientes afuera, gime por la fuga, pero sabe que, al cabo de un tiempo, fluyen los dólares hacia la necesitada familia dejaba en la Isla. En Cuba, aunque fuera con mendrugos, había que alimentarlo. Una vez en el exilio, es una fuente gratis y constante de recursos.

De ahí sale el dinero para pagar por las importaciones. ¿Hasta cuándo podrá Raúl Castro sostener a una sociedad casi totalmente improductiva mediante actividades que rondan o incurren directamente en el delito? No se sabe. Los proxenetas suelen tener larga vida. Hay mucha gente que se sirve de su intermediación para acceder a diversas formas de placer, incluido el disfrute del poder.

sábado, 7 de septiembre de 2013

La izquierda se victimiza


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A punto de cumplirse 40 años del golpe que derrocó a Salvador Allende cambiando la historia de Chile y Latinoamérica, vuelven a repetirse los encendidos artículos del progresismo regional llenos de condena a Augusto Pinochet y, como no, a la CIA y los EEUU. El tenor exclusivo de los artículos que ya han empezado a inundar los medios es el mismo: el quiebre de una larga tradición democrática en Chile, el inicio de la represión brutal con sus consecuencias ya conocidas de muertes y desapariciones, además de los muchos exiliados que salieron a refugiarse en países como Alemania del Este. Un infaltable ingrediente de esta narrativa es la participación de la CIA en el golpe de Pinochet señalada como el motivo principal. Todo lo que hace el progresismo es repetir su discurso de siempre: el imperialismo yanqui es la causa de todos los males y ellos, los de izquierda, son los buenos de la película.

Lo que el progresismo no quiere reconocer es el papel del comunismo internacional, comandado desde la URSS para convertir a Chile en la nueva plataforma continental de la agitación revolucionaria de izquierda, dando así el salto desde el Caribe hasta el extremo sur del continente. Una de las primeras cosas que hizo Allende, una vez encaramado en el poder gracias a un precario acuerdo del Congreso, fue correr a abrazarse con Leonid Brezhnev, secretario general del partido comunista de la URSS, y con Fidel Castro, monigote del imperialismo soviético, quien ya había convertido a Cuba en anexo de la URSS permitiendo no solo que los soviéticos instalen bases militares en la isla sino incluso misiles nucleares apuntando hacia EEUU. A ese nivel llegaba la dependencia y entrega de Castro a los soviéticos, además de su irresponsabilidad y desinterés por la suerte de los cubanos, al exponerlos a un seguro exterminio nuclear en una posible guerra entre las superpotencias, escenario en donde Cuba solo hacía el triste papel de lanzadera de misiles.

Pero no menos enfermiza era la mentalidad de Salvador Allende, comunista al fin. En una patética competencia con Fidel Castro, Allende también puso Chile al servicio y disposición de la URSS en el escenario bélico que planteaba en sus planes de dominación mundial y en la expansión del comunismo. Cuba ya era un apéndice de la URSS y había sido convertida en campo de entrenamiento de guerrilleros, listos para salir a participar en diversos países donde la penetración comunista se daba a través de varios partidos de izquierda financiados por la URSS y sus satélites. Los líderes de estos partidos viajaban a la URSS y Cuba a recibir adoctrinamiento y lineamientos de política mundial. 

En buena cuenta, los comunistas latinoamericanos hacían el papel de peones de los rusos en una lucha mundial que estos sostenían contra EEUU. Incluso Fidel Castro llegó al extremo de enviar tropas cubanas a luchar en las guerrillas de Angola. Más de medio millón de cubanos fueron enviados a luchar a otro continente durante 16 años, donde murieron al rededor de 25 mil cubanos para sostener el comunismo. Y todo eso financiado, desde luego, por la URSS. Ese era pues el nivel de sumisión y dependencia mental que la izquierda latinoamericana padecía ante la URSS, paralelamente a su odio fanático y mortal contra los EEUU y el "imperialismo yanki". Otro grupo del mismo grado de enajenación mental se arrodilló ante el comunismo Chino liderado por Mao Tse Tung, a quien veneraban cual dios. De ellos surgió Sendero Luminoso. 

Así que todo ese discursillo progre de la lucha por liberar a los pueblos oprimidos no pasa de ser una patética historieta infantil. El comunismo fue una verdadera enfermedad mental que ocasionó mucha muerte y miseria en el siglo pasado. Todo ese martirologio que el progresismo nos narra en estos días de conmemoración del golpe de Augusto Pinochet contra Salvador Allende, es una telenovela mal maquillada por la izquierda para venderla como tragedia de la democracia, una democracia que jamás les interesó y a la cual despreciaban. La meta de la izquierda era implantar una "dictadura del proletariado" a cargo de un partido único de los trabajadores, siguiendo el mismo modelo de todos los comunismos del mundo en esa época, y de la cual solo sobrevive Cuba como triste ejemplo. El golpe contra Salvador Allende no fue contra la democracia ni contra la Constitución, pues estas ya habían sido melladas, pisoteadas y ultrajadas por el comunismo chileno. Salvador Allende no tuvo límites en sus afanes reformistas y pasó por encima de la Constitución abandonando las formas mínimas de una democracia. La situación caótica a la que llevó a Chile es la misma que provocaron todos los comunismos y que hoy aun podemos apreciar en Cuba e incluso en Venezuela, que es una delirante muestra actualizada del neocomunismo o "socialismo del siglo XXI".

Quejarse por la intervención de la CIA y callarse en todos los idiomas la amplia y descarada intervención de la KGB y el Partido Comunista Soviético en Chile y Latinoamérica, es una nueva muestra de la típica miopía, hipocresía y doble moral progresista. La izquierda latinoamericana nunca ha asumido una sola culpa en las tragedias que vivieron muchos países de la región, asolados por guerrillas y terrorismo de izquierda. Y por supuesto, jamás pidieron perdón. Todo lo que siguen haciendo es victimizarse, asumir el ridículo papel de "luchadores sociales" perseguidos por malvadas tiranías. Esa es la mascarada que emplea la progresía para seguir ocultando su responsabilidad en el baño de sangre que vivió Latinoamérica. Chile (al igual que Argentina, Nicaragua y Cuba) fue un exportador de guerrilleros comunistas que sembraron el terror y la muerte en varias naciones. Algunos de ellos arribaron al Perú para sumarse al terrorismo del MRTA. (Ver nota aquí)

El aniversario del golpe de Augusto Pinochet debería servir para abrir el libro de la historia por completo y no seguir ocultando las verdades incómodas de la izquierda, si es que su nefasto pasado les incomoda. Lo que no vamos a acepar es que sigan victimizándose y pretendan hoy engañar a las presentes generaciones. El comunismo en el siglo pasado le costó a la humanidad más de cien millones de muertos, y en este siglo no permitiremos que vuelva a ocurrir.