Mostrando entradas con la etiqueta derechos humanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derechos humanos. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de enero de 2016

Guía básica para progres 2


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Ya dejamos en claro que achacar la responsabilidad de nuestra realidad sociocultural y económica al "sistema neoliberal", o algo similar, es una costumbre progresista por librarse de responsabilidad culpando a otros. Además es más fácil creer en un enemigo que tratar de entender por qué somos pobres realmente. Tener un enemigo les da la coartada perfecta para montar un movimiento que luche por el poder, que es lo que al final buscan. La lucha política acaba así combatiendo fantasmas en nombre del pueblo y de su liberación y patatin patatán, el viejo cuento que ya todos sabemos. 

Ahora veamos los dos argumentos más extendidos y aceptados del progresismo mundial que son los derechos y la igualdad. Son tan extendidos que ni siquiera se reconocerían como tesis progres, pero lo son. Hoy todo el mundo se mueve alrededor de estas dos tesis. Estamos hasta el cuello de derechos y cada año se inventan más, al igual que leyes y políticas públicas que pretenden imponer la igualdad en casi todos los escenarios, una igualdad a la mala, obligando cuotas y creando privilegios. Y todos estos disparates se promueven como avances sociales, grandes logros y proezas políticas. Pero no son más que la instauración del delirio mediante la prepotencia de un Estado capturado por iluminados que juegan al diseño social.

En esencia un derecho es el privilegio que tiene alguien con el poder de imponer su ley a los demás. Ese es más o menos el origen bárbaro del concepto. Un cambio radical en la visión de los derechos apareció cuando se defendieron los derechos del pueblo frente a los de la aristocracia, el clero y el poder constituido. También allí nació la idea de la igualdad, que era una igualdad ante la ley y las obligaciones tributarias. Los tributos -y no los grandes ideales- han sido el verdadero motor de todas las revoluciones. Los charlatanes del idealismo social solo se aprovechan del caos para vender su retórica. La declaración de los derechos humanos surgió luego de la revolución americana provocada por los tributos ingleses, y su único objetivo fue imponer condiciones al gobierno para ser reconocido por el pueblo. Se trataba de defenderse del abuso del poder. Hasta ahí el mundo tenía sentido.

El comunismo acabó prostituyendo el concepto de derechos durante la Guerra Fría. Para ellos los derechos son todo lo que la generosidad del gobierno (la tiranía comunista) le concede al pueblo, como por ejemplo: educación gratuita, salud gratuita, vivienda gratuita, etc. En esa linea, los derechos progresistas nunca terminan. Todo lo que le puedan sacar al Estado es un derecho. Y por supuesto siempre van por más. Hoy existen "derechos" que tienen que ser solventados incluso por las empresas privadas. Desde luego no son derechos sino simples gollerías y prebendas. El delirio ha llegado al colmo de inventar derechos para los animales y hasta para el planeta. En buena cuenta, ya no tiene ningún sentido hablar de derechos. Hemos regresado al concepto primitivo en el que los derechos son los privilegios de quienes tienen el poder para imponerlos. Y hoy tienen ese poder gracias a leyes aprobadas por irresponsables demagogos que no tienen reparos en cargarle la cuenta al Estado o a las empresas privadas, con tal de ganarse algunos votos, sin reparar en las consecuencias. Esta clase de "derechos" ha acabado por convertir al Estado en una gran beneficencia pública.

Y lo mismo pasa con el concepto de igualdad: ha sido completamente prostituido por el progresismo. Al principio se habló de la igualdad "ante los ojos de Dios" y más tarde, de la igualdad ante la ley. Hasta allí también podríamos decir que el mundo tenía sentido. Pero los grandes genios del progresismo decidieron que la igualdad tenía que ser material e impuesta a rajatabla en todos los sentidos. Un disparate que atenta contra el sentido mismo de la realidad. ¿Han visto alguna vez alguna igualdad entre los seres humanos? ¡No existe! Lo seres humanos somos la especie con mayores diferencias entre sus individuos, y es eso lo que nos ofrece la mayor ventaja evolutiva. Pero más allá de lo biológico, nuestra propia capacidad de tomar decisiones nos conduce por caminos diferentes: tenemos diferentes gustos, capacidades, voluntad, entereza, moral, constancia, etc. Nacemos en lugares con realidades diferentes y determinantes. Tampoco es lo mismo hablar de igualdad en países pequeños y homogéneos, de larga tradición cultural, como los nórdicos, que en países grandes, heterogéneos y multiculturales como los nuestros. Por muchas razones hablar de igualdad material es una de las entelequias más absurdas. 

Ya no hablamos de la igualdad ante la ley porque eso ya no existe, cada sector que el progresismo considera "desfavorecido" es ahora un sector privilegiado, con sus propias leyes que le otorgan derechos especiales y crea obligaciones para el Estado y las empresas, como cuotas obligatorias. Es decir, se pretende cambiar el mundo para que quienes son diferentes por su naturaleza sean iguales por obra de la ley. Ese es el mundo alienado y absurdo que pretende fabricar el progresismo ante la pasividad y complacencia de todos, porque todos caen rendidos ante el discurso meloso de la defensa de causas lindas y justas. El tránsito desde la igualdad ante Dios y la ley, hasta llegar a la igualdad material absoluta, económica y laboral, es como el camino que hay de la iglesia al manicomio. Pero todos lo recorren cantando felices las consignas del progresismo, sin preocuparse jamás por los resultados contraproducentes. 

Como vemos, en estos tiempos los experimentos de diseño social progresista ya no requieren que una banda armada tome el poder para crear el paraíso comunista. Las recetas sociales llegan impuestas desde los organismos internacionales que tienen el marxismo cultural como fundamento ideológico. Allí es donde se diseñan las leyes y políticas públicas para los países subdesarrollados que se han sometido a su jurisdicción.

jueves, 11 de junio de 2015

Derechos de izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

En sus inicios los derechos eran condiciones y tareas que el pueblo le imponía al gobierno para aceptarlo como tal, pero se referían exclusivamente al respeto por la vida, la libertad y la propiedad. Hasta allí el mundo tenía sentido. Sin embargo, en el último medio siglo, la ideología ha revuelto los conceptos y hoy estamos inundados con derechos de toda clase. Algunos afirman que se debe a la “evolución de las ideas”, pero claramente se trata de la prostitución de los conceptos por parte del marxismo cultural, tarea emprendida el siglo pasado para dinamitar la cultura occidental y sus valores, pervirtiendo el sentido de la democracia y los derechos, conceptos odiados por las dictaduras comunistas.

Hoy casi cualquier cosa es un derecho. Si usted quiere convencer de algo a alguien solo dígale que es su derecho. Así lo hace la propaganda de la SUNAT cuando le dice al ciudadano que exija comprobante de pago porque “es su derecho”. Hoy se inventan los derechos en las campañas electorales. Para obtener gratuitamente algo del Estado solo tiene que convertirlo en un derecho. Ahora se habla de los derechos de los animales y del medio ambiente. El caos de los derechos es obra conjunta del marxismo y del relativismo posmoderno, con la ayuda del ejército más tenebroso que hay: los abogados. Así hemos arribado a la nueva era del mundo socialconfuso edificado con grandiosa palabrería progresista sobre una realidad precaria.

Los derechos socialistas sustentados en demagogia lírica tienen un costo para el Estado, y hasta para la empresa. Por ejemplo, el “derecho al trabajo”. ¿Qué es eso? El trabajo es una forma de vivir o quizá hasta una obligación social, pero ¿un derecho? ¿Quiere decir que alguien carga con la obligación de proporcionar trabajo? Es un absurdo. Fue la fabulosa Constitución velasquista de 1979 que impuso, en medio de su frondosa charlatanería, que “el trabajo es un deber y un derecho”. Más aun, creó el “derecho a la estabilidad en el trabajo”. No es raro pues que esa Constitución nos llevara al desastre total. Pero la nueva Constitución no corrigió el disparate del “derecho al trabajo”.

Hay seudo derechos que inquietan más, como el supuesto “derecho a la protesta”. Muchos viven convencidos de que es un garantía constitucional, lo cual es falso. Lo que asegura la Constitución es el derecho a reunión pacífica, y bajo el apercibimiento de la autoridad cuando es público. Reunirse no equivale a protestar. Y menos cuando las protestas se sustentan en el amedrentamiento de los demás, el bloqueo de carreteras, el daño a la propiedad y el ataque a la policía. Llamar “derecho de protesta” al vandalismo desatado por unas minorías para imponer su posición, es la estrategia de la izquierda dentro de su lógica de ocultarse detrás de los “derechos sociales”. Una táctica que hoy utilizan las FARC al invocar el “derecho a la rebelión” para impedir su juzgamiento como lo que son: criminales. No están muy lejos los etnocaceristas que invocan el “derecho a la insurgencia”.

El pensamiento mágico del progresismo se sustenta en el poder místico de la palabra. Llenan sus constituciones y leyes con palabrería dulce y apelan a etiquetas cursis. Creen que, al igual que en el Génesis, basta la sola palabra para que las cosas aparezcan de la nada. No debemos quedarnos callados ante la ofensiva retórica del progresismo. Eliminemos la telaraña de absurdos “derechos sociales” inventados para justificar su parasitismo social, consagrar su clase social de chupasangres del Estado, así como sus paros, marchas y vandalismo. No existe ningún derecho al trabajo, ni a la estabilidad laboral ni a la protesta. Tampoco a la insurgencia en una democracia plena, sustentada en un Estado de derecho, con separación de poderes y elecciones libres, periódicas y supervisadas internacionalmente. Que vayan a Cuba a exigir tales derechos sociales.

miércoles, 28 de enero de 2015

Los falsos derechos de izquierda


Eascribe: Dante Bobadilla Ramírez 

Las ideas de izquierda gobiernan el mundo. Por lo menos el mundo de las ideas. Ellos nos ponen la agenda y definen los conceptos de nuestro vocabulario. Para ello cuentan con un ejército de militantes activos formados por profesionales de letras y ciencias sociales. La izquierda es pródiga en sociólogos, lingüistas, literatos, artistas, abogados, antropólogos y todo lo que se sustente en el uso intensivo de la palabra, por lo que son expertos consumados en charlatanería. 

Ellos han inventado esta feria curiosa de derechos de toda clase que hoy nos inundan, introducida sagazmente por los charlatanes de izquierda como "derechos de segundo piso" (y hasta de tercer piso porque ahora ya llegaron a los derechos del planeta). Es de nunca acabar. Y como son los dueños del discurso se han apoderado del contenido formal de los documentos oficiales de todos los organismos internacionales, donde abundan esta clase de charlatanes que viven para edificar su paraíso social a base de palabra sobre palabra. El sustento de su charlatanería sobre derechos parte de la tesis de que son estos organismos los que han ordenado los derechos y prescriben el desarrollo articulado (así hablan estos chiflados) de los derechos para su amplitud y plenitud. En suma, se trata de un círculo vicioso. Ellos lo inventan, lo prescriben y se fundamentan en si mismos.

Por ahora me interesa revisar el relamido "derecho a la protesta" que tanto repiten los agitadores de izquierda y sus organizaciones, desde el ejército de abogados del rojerío concentrados en IDL hasta los supuestos defensores de los DDHH que parasitan en la CNDDHH. ¿Existe realmente este "derecho a la protesta" con que los charlatanes de izquierda defienden sus marchas en contra de la minería, la privatización, la empresa privada, las leyes laborales y todo cuanto no les gusta? Desde luego que no. No existe. Es una burda manipulacón de los derechos. 

Es una lástima que muchos referentes de derecha liberal sean llevados de las narices a comulgar con estos ridículos conceptos de izquierda y defiendan los absurdos seudo derechos que proclaman. Leo asombrado a articulistas que se declaran liberales pontificando a favor de las protestas, en un país donde existe plena vigencia de la ley y donde las instituciones formales del Estado de Derecho funcionan libre y plenamente. Nadie puede decir que en el Perú las instituciones democráticas del Estado son controladas por el poder de turno mediante su militancia partidaria, como ocurre en Cuba o la Venezuela chavista. Tenemos otra clase de dificultades en el funcionamiento de las instituciones pero estas existen y funcionan, y mientras estén allí nadie puede defender las protestas callejeras como un mecanismo válido para resolver nuestras diferencias. La Constitución garantiza el derecho a reunirse pacíficamente sin armas, y nada más. Eso no es el sustento para ningún "derecho de protesta". Y menos cuando nunca son pacíficas pues siempre acaban en vandalismo, y cuando salen armados con palos y bombas caseras. Así que no deben manipular la Constitución para apañar sus marchas callejeras.

Admito que un pueblo puede llegar a protestar con todo derecho frente a un gobierno tirano, como el de Venezuela o Cuba. Este es un derecho señalado claramente en la Declaración de Derechos del Pueblo que selló la independencia de los EEUU, y en el nuestro. Todo pueblo tiene el derecho a insurgir contra un gobierno que no lo representa, tal como ocurre en Venezuela. Pero nadie tiene el derecho a protestar contra un gobierno legítimo que no ha atropellado las instituciones, ni contra el Estado de Derecho que funciona bajo el marco de la Constitución vigente. Si no les gusta una ley, la democracia provee muchos mecanismos lícitos para recusarla, y las marchas callejeras no son una de ellas. Hay que entenderlo.

La izquierda se ha malacostumbrado a depender de las protestas callejeras para hacer sentir su presencia y, sobre todo, para imponer su opinión por la fuerza debido a que electoralmente casi no existen, su representación parlamentaria es exigua y, para colmo, son tan delirantes que ya nadie los toma en cuenta. En el pasado, su exclusión de la política por falta de apoyo electoral los llevó a tomar las armas argumentando mil falacias para justificarse, que no es el caso recordar. Ahora la izquierda ha optado por remediar su falta de peso electoral a través de las marchas callejeras, las cuales han sido idealizadas por los farsantes izquierdistas de las letras en cada columna de los medios. No solo han montado la farsa del "derecho a la protesta" sino que han impedido sistemáticamente que este supuesto derecho sea adecuadamente normado por la ley, como lo están casi todos los derechos. Cada vez que se intenta reglamentar las protestas callejeras, los payasos de la palabra progresista se apresuran a ejecutar sus piruetas retóricas señalando que se pretende criminalizar la protesta social. 

La izquierda se ha acostumbrado a tener las manos libres. Desde que aprendieron a manipular el sistema a su favor son los dueños de la palabra, los conceptos y la ley. Tienen un discurso apropiado para cada ocasión. Cuando les conviene, sustentan maravillosamente la necesidad de reglamentar, por ejemplo, la libertad de expresión y de medios. Y es que los medios más populares son de derecha. Y como los medios de izquierda no logran calar en el gusto de la gente, solo les queda apelar a la manipulación grosera de la ley para luchar contra los medios de derecha con la relamida excusa de la igualdad. Por supuesto que los limítrofes de siempre que abundan se tragan el anzuelo de la izquierda y montan campañas contra la supuesta "concentración de medios". 

Esta es la vieja historia de la izquierda: manipulación. Expertos en charlatanería, arquitectos de utopías, falsos profetas de la moral, hacen y deshacen con la ley para socavar los cimientos de la democracia, tal como lo hacían con las armas el siglo pasado. Cuando su discurso no surte efectos mágicos en las masas y no logran un triunfo electoral, tienen dos opciones: salir a las calles a crear el caos para presionar a las instituciones del Estado y hacer prevalecer sus políticas, y manipular las leyes introduciendo conceptos disfrazados de "avances en el derecho" o impidiendo que se hagan leyes que no se inscriban en los lineamientos de su ideología. Para esto cuentan con ONGs donde se entrena un ejército de abogados que luego saldrán como asesores y consultores sagrados para los medios. 

La izquierda ha cambiado simplemente los campos ocultos en la selva, donde entrenaban a sus guerrillas en el uso de armas letales para asesinar a los "enemigos del pueblo" y tomar el Estado a través de la lucha armada, y los ha cambiado por modernas ONGs donde entrenan sus abogados en la mejor forma de pervertir el Estado de derecho y socavar los cimientos de la democracia para llegar a tomar el poder y montar una dictadura socialista seudo democrática, tal como viene ocurriendo en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina, etc. Los combatientes de izquierda ya no necesitan armas. Al igual que los delincuentes de saco y corbata solo necesitan manipular la ley. Montan novedosos conceptos que son presentados como avances en el desarrollo del derecho, tales como la "justicia transicional" que permitirá que los terroristas de las FARC dejen las armas y se incorporen a la política legal, disfrutando de la impunidad que la nueva y maravillosa forma de justicia progresista acaba de inventar. 

Para terminar, solo resta decir que hoy debemos tener los ojos más abiertos que antes. La izquierda nos ha infiltrado con sus conceptos y mucha gente anda repitiendo falacias con el cuento de los derechos. La izquierda promete beneficios sociales a cuenta del Estado o la empresa privada y solo necesita llamarla "derecho" para pasarla de contrabando. Y hay una larga fila de tontos útiles dispuestos a defender los disparates retóricos de la izquierda solo porque suenan bonito. Si ayer era imperativo enfrentar con armas a los guerrilleros y terroristas de izquierda, hoy es indispensable enfrentarlos en el terreno de la retórica jurídica y, como siempre, en la lucha ideológica.

martes, 12 de noviembre de 2013

La intolerancia de izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Creo que no hace falta argumentar con ejemplos la intolerancia de la izquierda. Es un hecho ya conocido. La izquierda ha sido tradicionalmente un sector minoritario que ha tratado de suplir su escaso arraigo popular con groseras manifestaciones públicas, donde priman gritos de consignas y carteles con mensajes diversos pero siempre amenazantes. Su vocación por las marchas deriva no solo de su insignificancia electoral y mínima representación política sino de su propia ideología, históricamente fundada en la violencia. La izquierda aun no ha superado su doctrina de la conquista del poder por la violencia. De hecho uno de sus ídolos predilectos sigue siendo el Che, ese criminal idealizado por los que predicaban la guerra popular como último recurso para imponer sus ideas.

Las manifestaciones en contra de Martha Chávez reflejan una vez más esa vena sectaria y violentista de la izquierda, presta a salir a las calles para imponer por la fuerza sus caprichos. Nadie salió a las calles cuando entre gallos y media noche, un gobierno transitorio que por su propia naturaleza temporal estaba incapacitada para tomar grandes decisiones, conformó una Comisión de la Verdad con personajes de vieja militancia izquierdista, compañeros y amigos de Abimael Guzmán. Nadie salió a marchar por los derechos humanos ni se paró en la puerta con una multitud exultante para impedir que la CVR funcionase. Ellos tuvieron entera libertad para montar su patético show y entregar su trabajo con circo y todo.

Apenas señalamos que algunos comisionados eran inapropiados para tratar asuntos de verdad histórica sobre violencia política por su militancia activa y directa en grupos y acciones subversivas, y por sus simpatías con la ideología marxista que llenó de sangre toda Latinoamérica en la segunda mitad del siglo pasado. Pero hoy resulta que ni siquiera se puede discutir su informe. Es una verdad sagrada que la izquierda pretende imponer. La CNDDHH se ha convertido en el perro guardián del informe y vigilante celoso del cumplimiento de sus recomendaciones, que incluyen jugosos negociados para las ONGs. Y encima de todo eso le niegan a Martha Chávez su derecho a conformar una sub comisión del Congreso, a pesar de ser una congresista como cualquiera, solo porque a la izquierda no le agrada la idea de que revisen el trabajo de la CVR ni cuestionen su informe, y menos desde el sector que fue el objetivo de destrucción de la CVR.

Lo que la izquierda debería explicarle al país es quién los nombró defensores de DDHH, porque lo que todos recordamos es que empezaron a crear sus ONGs no para defender al pueblo peruano del ataque terroristas sino para defender a los terroristas que iban siendo capturados por las fuerzas del orden, y para condenar todas las acciones contrasubversivas, además de inventar mentiras como culpar a los Sinchis por la matanza de Uchuraccay, tal como lo hacen hoy mintiendo con la muerte de Pedro Huilca. El hecho de que los grupos de izquierda se hayan llenado de oenegés de derechos humanos para sus propios fines, no les da ninguna propiedad sobre el tema, ni siquiera moral. Y mucho menos.

martes, 5 de noviembre de 2013

La farsa de la defensa de DDHH


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La izquierda se pasó el siglo XX manipulando a los pobres y tratando de movilizar a los campesinos y a los obreros para que hicieran la soñada guerra popular, tomaran el poder a balazos, y luego entrara la costra de burócratas intelectuales a adueñarse del gobierno montando su dictadura comunista. Ese era su plan y nunca les dio resultado, primero porque los obreros y campesinos siempre los ignoraron, y segundo, porque nunca pudieron igualar el poder de fuego de las fuerzas armadas. Para colmo sus matrices ideológicas fracasaron y se quedaron en la orfandad. Ya sin modelos y recursos no les quedó más que ponerse a trabajar para ganarse la vida.

Sin embargo es muy difícil que una plaga de sociólogos marxistas encuentre empleo en el mundo real. De modo que solo les quedó armar sus ONGs y vender las llamadas "asesorías", de esas que hoy contrata la alcaldesa Villarán y otros caviares del gobierno para gastar dinero público, ayudar a sus amigos y aparentar un trabajo técnico, que en realidad no sirve más que para colocarlo en el baño a falta de papel higiénico. Sin embargo, un grupo de caviares más avispados y de buenos contactos no tuvo mejor idea que atarantar al precario gobierno de Valentín Paniagua, donde el rey caviarón Diego García Sayán acababa de jurar como Ministro de Justicia, para arrimarle el negocio de la CVR. 

La verdad es que la CVR fue un negociado caviar. Vamos a dejar la idiotez a un lado y dejar de creer que se trató de hallar "la verdad". Solo los idiotas creen que en este mundo alguien mueve un dedo por valores, y menos los caviares. Detrás de la CVR estuvo una larga lista de ex militantes ultras del rojerío más extremo que habían aprendido a sobrevivir de sus ONGs. Entre ellos el propio Diego García Sayán, Carlos Tapia, Enrique Bernales, etc. Que al final resultaron sentados en la mesa redonda de la CVR. 

EL negocio fue redondo. Se gastaron cerca de 20 millones de dólares, siendo la CVR más costosa del mundo, y de lejos. Claro que salen siempre a decirnos que recogieron 17 mil testimonios. ¿Y eso qué? ¿Para qué sirve? Si ni siquiera han podido procesar la cuarta parte de todo eso. O sea, todo es un engañabobos. Además resultó que ya tenían la tarea hecha: "explicar las causas del conflicto armado". Ya la habían publicado en varios libros en años anteriores. Así que realmente no tuvieron que hacer más que un poco de circo para el pueblo, solo circo ya que todo el pan se lo comieron ellos.

Pero la CVR no fue todo el negocio que la caviarada atisbó. En las recomendaciones se aseguraron la chamba, o al menos trataron de asegurársela, y por varios años. Fue así que los pendejeretes rojimios nos vendieron la idea de que en aras de la reconciliación tenían que ponerse a desenterrar más de diez mil fosas clandestinas y, además, dedicarse a identificar los huesos uno por uno, dizque para "dignificar" a las víctimas y "honrar a sus deudos". Lindas palabritas que esconden la verdadera intención: negocio caviar para las ONGs. ¡Danza de millones!

Ahora que Martha Chávez ha sido designada en el Congreso para ser parte de una comisión que hará seguimiento a las políticas de DDHH del Estado, la caterva oenegienta caviar y sus cancerberos han saltado hasta el techo, encendido las alarmas, repicado las campanas, despertado a los zombies, convocado a sus columnistas y periodistas mermeleros, y hoy mismo van a salir a las calles a defender sus fueros. Nadie les quita el negocio de los DDHH a las oenegés de izquierda. Saldrán a hacer marchas de protesta contra Martha Chávez en nombre de los DDHH. 

Así como en el siglo pasado los dementes de izquierda se dedicaron a manipular la pobreza como pretexto de su lucha, hoy que eso anda devaluado han decidido dedicarse a la manipulación de los derechos humanos de todo tipo, desde los derechos sexuales a los derechos económicos. Es su cantaleta de moda. Y no les interesa manipular a los muertos ni a sus deudos con tal de defender su negocio. Así sean deudos de terroristas, ellos serán convocados como "víctimas de Fujimori" por la sentina comunista de la CNDDHH. Claro que allí nunca verán a ninguna víctima de Sendero Luminoso ni del MRTA. Esas víctimas no tienen derechos humanos ni existen para la caviarada ex terrorista, lo que prueba con claridad cuál es su verdadera misión.

martes, 19 de marzo de 2013

Libro: NUEVA DERECHA POPULAR


A continuación un fragmento de mi primer libro sobre la nueva derecha, su emponderamiento popular y anécdotas propias en mi transitar por la política latinoamericana como atento veedor. 


"...Es necesario un liberalismo pragmático que propicie el encumbramiento de la Derecha Popular, es clave en el desarrollo del país, y en el desarrollo de una nueva derecha pues la vieja y comatosa derecha de clanes familiares ya ha desilusionado a una generación entera al claudicar ante los caviares marxistas. La decrépita derecha política ha envejecido desconectada del pueblo, mientras este pueblo ha brincado a la palestra del acontecer económico nacional como un sector exitoso y ávido de una nueva representación, ávido de una nueva derecha.
La izquierda se constituyó por mucho tiempo como la expresión más popular de la política. Hoy la izquierda ha dejado de ser aquel árbol macizo del marxismo del cual brotaron, como frutos del mal, los partidos marxistas. La izquierda de estos días se parece más a un arbusto o una maleza de voluntades sin ideas claras, que van desde un descolorido marxismo hasta la más insana palabrería populista edificada con simples consignas y frases de cliché. De todos modos la izquierda aun se pretende defensora de una clase explotada. Son los representantes de una pobretología gaseosa orientada al reclamo popular. En buena cuenta la izquierda ha decidido vivir medrando del Estado, convirtiendo el reclamo, por un lado, y el asistencialismo, por el otro, en los ejes de su estrategia política.
Nuestra posición no es de izquierda, definitvamente. Nos oponemos a esa doctrina que es similar al parasitismo social, a la irresponsabilidad política y causa del fracaso de las naciones, tal como ya hemos comprobado en ambos hemisferios. Debemos oponer a esa izquierda fracasada una derecha fundada en el sector social más pujante, aquel que se abre paso desde la pobreza por su propia cuenta. Esta es la realidad que vive el país. Sin embargo la izquierda se ha quedado congelada en la mentalidad surgida en una Europa de hace dos siglos. Si bien durante el siglo XX la izquierda fue vinculada a los trabajadores y, por oposición, a la derecha se la vinculó con la clase empresarial fenicia, creando la base de los conflictos políticos más violentos, hoy la realidad es distinta. Lo que tenemos en el Perú es una amplia clase social emergente que ha decidido salir de la pobreza a base de esfuerzo propio. Son los sectores que empezaron a migrar a Lima desde el campo, luego de la debacle de la reforma agraria y el inicio del terrorismo de izquierda..." 

Nueva Derecha Popular/Elvis Occ

martes, 11 de diciembre de 2012

Tras la farsa de los DDHH


Los derechos humanos se han convertido en un tópico recurrente en la izquierda peruana, en particular entre los agitadores y terroristas que hoy visten de gala para sus ceremonias anuales de premiación. La tristemente célebre Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, más conocida como CNDDHH, antro comunista donde se practica la defensa legal de terroristas y agitadores de izquierda, ha desplegado la alfombra roja en el Salón de los Espejos, no del Palacio de Versalles sino de la Municipalidad de Lima, para entregar sus premios anuales. En esta ocasión han tenido la desfachatez de premiar al emerretista Francisco Soberón y a un joven e irresponsable agitador antiminero que se encargaba de envenenar el ambiente en Cajamarca con mentiras durante el conflicto contra el proyecto Conga.

Pero además no han desperdiciado la ocasión para otorgar una distinción, no se sabe a santo de qué, al padre de un muchacho que murió en una comisaría, luego de protagonizar imprudentes escenas de violencia contra los policías que trataban de arrestarlo. Basta morir en una intervención policial para que el muerto sea limpiado de todo cargo y culpa, convertido en víctima y responsabilizar por todo a la policía. Este el típico perfil manipulador, hipócrita y desvergonzado con que actúan estas agencias comunistas disfrazadas de organizaciones de DDHH. 

La verdadera misión de estas organizaciones comunistas es emplear la fachada de los DDHH para proseguir la misma lucha de siempre contra el Estado peruano. No han cambiado nunca sus metas. Siguen con la intención de destruir la democracia representativa, derribar al gobierno y tomar el poder a través de la agitación social para constituir una dictadura totalitaria de estilo cubano-venezolano. En la mente pervertida de todo izquierdista no ha dejado de existir el concepto de "revolución". No importa cuál sea hoy el discurso, la fachada y el logotipo. Su verdadera naturaleza es la de una organización comunista.

Estas organizaciones (que antes eran partidos y hoy funcionan como ONGs) ya no proclaman abiertamente la lucha armada, pero no han dejado de lado la lucha, es solo que hoy la llaman "lucha social". Al parecer, tras la decepción de Ollanta Humala, han perdido la esperanza de ganar el poder electoralmente y están más dispuestos a hacerlo mediante la violencia social. No siempre están armados como guerrilleros o terroristas. Han reducido la intensidad de su lucha, han cambiado de manuales y hoy actúan bajo la modalidad de agitadores sociales. No disparan balas pero arrojan piedras, no derriban torres de alta tensión pero bloquean carreteras, no dinamitan locales públicos pero los incendian previo saqueo. Los modernos agitadores sociales no le temen a la policía porque la moral de esta ha sido diezmada con amenazas legales impuestas por las ONGs de DDHH.

La izquierda ha sido muy hábil para trasladarle toda la responsabilidad de las muertes al Estado y las fuerzas del orden. Es la izquierda la que provoca los enfrentamientos y se desborda en el vandalismo azuzando a las masas con total irresponsabilidad, buscando adrede la respuesta policial para luego aun enfrentarla incluso a balazos. Cuando los muertos aparecen se acumulan todos en la cuenta del gobierno. Lo mismo hizo la CVR para contabilizar las muertes cargadas al Estado peruano, en una proporción que es casi la mitad de las víctimas totales del terrorismo de izquierda en los 80. 

No hay que bajar la guardia en la tarea de desenmascarar a estas agencias del terror disfrazadas de ONGs de DDHH. Se llenan la boca con los derechos humanos tan solo para defender a los vándalos y agitadores de izquierda, a quienes llaman con harto cinismo "luchadores sociales". Con su discurso de DDHH se oponen a las leyes que tratan de normar el derecho de protesta llamándolas "criminalización de la protesta", como si no fueran efectivamente criminales en los hechos. 

Desde luego, estas ONGs de DDHH nunca condenan la brutal represión que practican los regímenes totalitarios que ellos defienden, como son los casos de Cuba, Venezuela y Ecuador, donde los ciudadanos son arrestados sin juicio y sometidos a tortura o vejámenes inaceptables en un Estado de Derecho, y donde además existen presos políticos, presos de conciencia y numerosos auto exiliados que tuvieron que huir de su patria para salvar sus vidas, aunque han perdido sus propiedades a manos del tirano de turno.

No caigamos pues en la inocencia de creer que estas ONGs de DDHH son realmente lo que aparentan. En los hechos son agencias comunistas cuya única misión es proseguir la lucha armada por otros medios. Se han adueñado del discurso del los derechos y del medio ambiente para usarlos a su conveniencia. Pero son, sin ninguna duda, agencias legales de la izquierda violentista para la protección de agitadores y terroristas.


sábado, 29 de septiembre de 2012

El indulto a Fujimori



Las diversas reacciones ante el posible indulto al ex presidente Alberto Fujimori han sido las esperadas, en especial por los sectores de izquierda, las ONGes defensora de terroristas y los opinólogos del pensamiento correcto. Ni siquiera nos ha sorprendido la posición de algunos considerados "liberales" y que al final han preferido pegar las narices a sus códigos legales y no arriesgar una opinión verdaderamente sabia e imparcial. Estos todavía están lamiendo sus heridas desde el 5 de abril del 92. En general podemos decir que no nos ha sorprendido ni el tono ni los argumentos en contra del indulto. Pero hay que poner las cosas en su sitio, quitar la paja que los mentirosos siempre echan sobre la realidad, y aclarar el panorama.

La oposición al indulto es de dos tipos: a) no tiene una enfermedad terminal; y b) no procede legalmente porque ha sido condenado por delitos de lesa humanidad. ¿Qué se puede decir ante esto?

En primer lugar hay que observar que ni los propios abogados se ponen de acuerdo. Un hombre de la talla intelectual y de la trayectoria política insuperable como Javier Valle Riestra, constitucionalista, constituyente y senador, entre muchos otros cargos importantes, dice que el indulto procede tranquilamente. 

Esa es la diferencia entre un político verdadero, es decir, un hombre que mira la realidad y la historia, y quienes no apartan la nariz de los códigos y solo están para repetir como cacatúas los textos legales o defender sus bajas pasiones e intereses de grupo.

La verdad es simple: el indulto es una gracia presidencial. Lo ha sido siempre. Se trata de una institución que tiene siglos. Al presidente se le concede la gracia y discrecion de poder indultar a quien le de la gana y cuando le de la gana, sin tener que darle cuentas a nadie más que a la historia y al pueblo. Ese es el poder del que está investido un mandatario porque él no está únicamente para acatar reglamentos sino para construir un país, dirigir una nación, ver más allá de la ley en determinado momento. Por eso tiene esa gracia particular del indulto. Si todo tuviera que hacerse siguiendo un escrupuloso reglamento, no tendría ningún sentido la existencia de esta institución.

Llega un momento en la vida de toda nación en que esta le concede el poder y la palabra a su mandatario para que tome una decisión trascendental en aras de la paz y del futuro. Ese es todo el sentido del indulto. No se le pide cuentas al presidente por su indulto. Gerald Ford indultó al ex presidente Richard Nixon aun en pleno escándalo de corrupción e ilegalidad de Watergate y nadie se atrevió a cuestionar tal decision. Esa es pues la "gracia presidencial". La usa el presidente por razones superiores y no subalternas.

No hay pues otra razón para el indulto más que el bien superior de la nación. Sirve para pasar la página de la historia, para dejar de mirar atrás y enfocarse en el futuro. Muy diferente de lo que creen nuestros opinólogos. No se trata únicamente de favorecer a los reos comunes que están enfermos. Esa es la patraña con que pretenden confundirnos los defensores de terroristas como la CNDH y los radicales del comunismo y amigos del senderismo ochentero como Javier Diez Canseco.

Otros prefieren esgrimir con fuerza el argumento aparentemente inapelable de los delitos de lesa humanidad. Pero estos olvidan que el país fue testigo de la manera grosera en que tergiversaron la ley, y de como los magos del derecho urdieron un conjuro teórico para convertir a Alberto Fujimori en "autor" de los crímenes del grupo Colina. Esa fue una muy triste actuación de la "justicia" peruana que solo reveló su sesgo político y miseria ya conocida. De hecho este es un caso que no solo dividió al país sino a la propia justicia.

Al presidente Ollanta Humala le toca ubicarse en un nivel superior, por encima de este mundillo de rencores y bajas pasiones, para mirar el futuro y hacer lo que más le conviene al Perú. Ollanta Humala no tiene que cumplir con los grupos de izquierda ni con las ONGs ni con nadie. Como presidente tiene que cumplir con la nación entera, con el futuro y con la historia. El fue elegido en la campaña más enconada y sucia de la historia republicana. Nunca hubo tanto apasionamiento y rivalidad, pero sobre todo odio y desprecio mutuo en una campaña electoral. Por eso mismo Ollanta Humala tiene la oportunidad de superar ese nivel y dar un paso firme hacia la paz política.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

El Perú es un país bananero


El presidente del Tribunal Constitucional, Ernesto Álvarez ha calificado de "república bananera" al Perú a raíz del último fallo emitido por la CIDH contra el Estado peruano. Desde luego, este señor no es ningún idiota ni analfabeto para decir esto solo por entrar en la competencia de agravios en que se ha convertido la política nacional, incluso entre funcionarios públicos del más alto nivel. Hay una realidad de fondo que muchos no ven. El Estado peruano en estos días francamente da lástima. Mucha gente que vive sumergida en la hez de sus pasiones o afectada por su deficiente formación o su innata estupidez no es capaz de comprender la realidad nacional más allá de los titulares mediáticos. 

El Estado peruano es actualmente una triste caricatura de institución. Ha perdido todo su sentido y su poder luego de caer sucesivamente en manos de aventureros e improvisados que se trepan al gobierno y al Congreso aprovechando coyunturas extrañas, junto a un sistema electoral pervertido por la demagogia, y que conduce siempre a elegir el mal menor para el gobierno y escoger entre una lista de delincuentes e ignorantes a los representantes para el Congreso. Y no hablemos de los electores, pues la mediocracia ha obligado a votar hasta la escoria más baja de la sociedad para asegurar sus votos.

La consecuencia de todo esto es un Estado mamarracho en manos de incapaces. Hoy nadie respeta al Estado peruano. Hemos visto cómo un adefesio de la política radical de izquierda, encaramado en el gobierno regional de Cajamarca, se tomó la libertad de retar al Estado peruano y hasta de pedir la destitución del presidente. Al final, esta inmundicia de la polítiquería subversiva de izquierda se salió con la suya, prácticamente destituyó dos gabinetes, manipuló a su antojo a los ineptos del gobierno dejando en ascuas el desarrollo de su región y la minería nacional. Y hoy se perfila como candidato nacional.

Ahora vemos cómo diversos sectores se enfrentan al Estado con una arrogancia que no se veía desde los paros nacionales de julio del 77 frente a la dictadura militar. El magisterio nacional ya no solo está pervertido por el SUTEP sino podrido por las facciones del MOVADEF. Ambas hienas de la izquierda radical se disputan a mordiscones los restos de lo que una vez fue la educación nacional. Por otro lado el frente de salud, manoseado por los gobiernos que en su demagogia sin freno solo han atinado a meter más y más gente al sistema, sin preocuparse de mejorar la calidad ni rediseñar el sistema, hoy es un caos total en donde apenas se visualiza la protesta de los médicos por más sueldos. Pero adentro el caos es espantoso. Todos los sistemas de salud que habían antes han sido pervertidos y hoy pretenden juntarlos una sola miasma inmanejable.

A esto hay que añadirle el despelote total que hay en la minería informal que no ha podido ser controlado, y frente al cual se ha claudicado otorgándole plazos excesivamente largos para que continúen depredando y saqueando libremente los recursos. Claudicación es la única estrategia que este gobierno ha mostrado frente a todos los conflictos. Claudicación con pose de diálogo. Han convertido al "diálogo" en el nuevo icono de la incapacidad ejecutiva. Solo falta un Ministerio del Diálogo porque así es como manejan los problemas los incapaces de la política nacional. Por lo menos Oficina del Diálogo ya tenemos junto con un presupuesto millonario.

Pero sin duda la estocada final al Estado peruano la ha dado la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la CIDH, que se ha convertido en el poder sobre el Perú, revisando los fallos de nuestra justicia, corrigiéndola y dando instrucciones sobre lo que se debe hacer. A eso nos hemos reducido hoy, a ser colonia de un organismo anacrónico que se creó en la época de la Guerra Fría para controlar a las dictaduras militares que asolaban Latinoamérica. Hoy que en todos lados gobiernan democracias esta entidad tendría que desaparecer o limitarse a los países donde no hay democracia, como Cuba. Pero curiosamente la CIDH no actúa en Cuba. 

La CIDH actúa básicamente donde existe esa plaga inmunda de ONGs que se dedican al negocio de los DDHH, regentada por parásitos sobrevivientes del comunismo pro terrorista. Son ellos los que alimentan de casos a la CIDH preocupados fundamentalmente por resarcir a los terroristas y condenar al Estado peruano por actuar contra el terrorismo. Esa es la verdad de fondo, maquillada con muchas palabras que solo los imbéciles se tragan como cuento infantil para creer en las hadas de los derechos humanos.

Esta es pues la realidad nacional. Esta es la realidad que debemos enseñarle a los jóvenes en ese triste curso de "Realidad Nacional" y no llenarlos de literatura anacrónica o anodina como lamentablemente ocurre. En la foto inferior se observa a esa inmundicia de las ONGs de DDHH representando a los terroristas contra el Estado peruano en la Corte IDH. Esta es la escoria que nos quedó luego de la era del terror desatada por la delirante izquierda peruana, y la cual empezó en los 70 con sus proclamas de lucha armada. Hoy la lucha armada se ha convertido en lucha legal contra el Estado. Y la están ganando.



DB