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viernes, 4 de diciembre de 2015

Estupideces progres


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Con el cerebral título de "Asu oe que buen memaso" el popular Ocram despliega un análisis político sorprendente. Al inicio se refiere al uso de las redes, su especialidad, para decir que conseguir un "trend topic" en Twitter o creer que están agarrando a "memasos" al oponente es solo una ilusión. Y que la gente ni siquiera se ha enterado. Y que es fácil hacer eso "si sabes cómo". Bueno, hasta aquí la columna pasaba piola. No ha dicho nada nuevo ni ha descubierto nada. Pero sigamos.

A continuación Marquitos Sifuentes saca a relucir el rojo vivo de su corazoncito progre para decir una de las típicas animaladas de izquierda hablando del fujimorismo: "conseguimos mejorar el bolsillo pero a costa de descuidar, literalmente, todo lo demás". Y ojo que dice "literalmente". O sea, para este genio del progresismo huevera (porque de caviar no tiene nada) resulta que "el modelo fujimorista" consiste en crecer económicamente y descuidar todo lo demás. ¿En serio? Pero si estamos llenos de ministerios progres como el del Ambiente, el de Cultura, el de Inclusión Social, para no hablar del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables que creó Fujimori. También tenemos organismos públicos para jóvenes, minusválidos, mujeres, etc., etc., con sus respectivas leyes de protección. Estamos hasta el cuello de leyes de protección de mujeres, niños y trabajadores. Habría que añadir la ley reciente de protección animal. O sea, hasta de los animales se preocupa este "modelo fujimorista". ¿No es demasiado?

Y Marquito dice todo esto para refutar a Víctor Andrés Ponce quien afirma que el orden económico y social anterior era una herencia del velascato. Eso es algo totalmente diferente a lo que cree haber entendido Marquito Sifuentes. Fujimori ni siquiera acabó de revertir el "orden velasquista" porque hay cosas que son irreversibles, como la deuda agraria y el colapso de nuestra capacidad industrial, empezando por la eterna crisis de la agroindustria azucarera. Recién estamos recuperando nuestra capacidad agroexportadora, luego del desastre de la reforma agraria velasquista. Todavía hay mucho "legado" de Velasco en el país y mucho velasquista.

Fujimori solo cambió la estructura económica quitándole al Estado su rol activo como agente económico, y creando nuevas instituciones que aseguren un mercado libre y competitivo. El resto es el mismo desastre velasquista. Por ejemplo, la educación en manos del SUTEP y las universidades sin dueño en manos de mafias, la crisis policial que fue producto del maltrato de la dictadura militar, y hasta la debacle del fútbol peruano que fue causado por el intervencionismo estatal de Velasco. Nada de eso se cambió.

El genial Ocram dice así: "este orden fujimorista está reflejado en los 5 primeros puestos de las encuestas. ¿Cuál es la diferencia de propuestas, de fondo, entre estos candidatos? Ninguna. Todos son de derecha conservadora, liderados por un caudillo y con cero preocupación por la institucionalidad, la educación o los derechos civiles". ¿En serio Marquitos se cree todo ese rollo de adolescente amargado?

A ver ¿qué cosa es lo que le molesta a Marquito? ¿Le molesta que nadie se atreva a cambiar un modelo económico que nos ha hecho crecer reduciendo la pobreza de 50% a 22%? ¿Por qué a los progres les molesta tanto el crecimiento económico del país? Ah si, ya sé. Van a salir con la típica cantaleta progre de que "no beneficia a todos por igual". ja ja ja Es que estos pastrulos creen que la economía es como la lluvia. ¿Será que cuando van al supermercado compran todas las marcas por igual? ¿O se toman la molestia de escoger los productos? Pues así es como funciona la economía. Hay sectores que se ven más favorecidos por las decisiones del mercado, o sea, por cada uno de nosotros. 

Vamos a ponerle un ejemplo a Marquitos: cuando la gente va de paseo al Colca beneficia a las comunidades que viven allí. Eso quiere decir que estas comunidades tienen un atractivo que las hará obtener mayores beneficios que otras comunidades. ¿Eso es culpa del "modelo fujimorista" o de las decisiones que toma la gente? Lo que el Estado debe hacer son carreteras que le permitan a los viajeros llegar a otros lugares, pero eso tampoco les gusta a los progres porque están en contra la "cultura del cemento y del ladrillo", detestan las inversiones y prefieren "proteger" a las comunidades nativas defendiendo su espacio natural y su ecosistema. 

Los progres como Ocram hablan mucho de los "derechos civiles", les encanta esa frasecita. Pero ¿qué son finalmente los famosos "derechos civiles"? En buen romance significa parasitismo social. Para la izquierda los derechos se reducen a recibir beneficios del Estado. Sueñan con una Progrelandia utópica: el mundo del todo gratis. En Progrelandia todos debemos tener derecho a educación gratuita, salud gratuita, vivienda gratuita, comida gratis y pensión gratis, entre otras cosas. Esos son los famosos "derechos sociales". Un modelo que nunca ha funcionado en ninguna parte pues acaba colapsando a cualquier país. Los verdaderos derechos civiles se reducen a la libertad para decidir todo, desde el seguro médico que te conviene hasta el candidato por quien votar. El Estado debe garantizar que la ley se cumpla y que sea igual para todos. Pero en el mundo progre es al revés porque, según ellos, deben existir sectores privilegiados para compensar su "vulnerabilidad". O sea, tanto hablan de igualdad y al final luchan para imponer la desigualdad. 

Habría que explicarle a Marquitos que los males que tenemos hoy, principalmente el de la corrupción generalizada y hasta la inseguridad, son heredados del velascato. No han nacido con el "modelo fujimorista"; solo se han incrementado. La corrupción generalizada es propia de regímenes socialistas con fuerte control estatal, donde nadie puede hacer nada si no soborna a un funcionario. Esa cultura del soborno y el chantaje nació con el modelo velasquista, donde la gente se acostumbró a coimear funcionarios para poder conseguir una linea telefónica, un saco de azúcar o un tarro de leche. La corrupción de funcionarios nació de ese modelo socialista de control estatal rígido, y que hoy está volviendo asolapadamente con tantas leyes reglamentaristas y licencias interminables.

Me alegro de que los candidatos con mayor opción sean todos de derecha, aunque se proclamen de "centro izquierda". Lo que me molesta es que sean "conservadores" porque acá hay que cambiar muchas cosas, hay que cambiar este nefasto modelo estatista que ha estrangulado las inversiones y asfixia hasta a los comerciantes. Hay que cambiar el esquema laboral que mantiene al 70% en la informalidad, y hay que cambiarlo eliminando esos supuestos "derechos" que nadie tiene y solo son barreras legales. Hay que elminarlos porque en realidad no se trata de "derechos" sino de simples gollerías. Nadie puede tener "derechos" a costa de otros. Esos no son derechos sino extorsión legalizada y conchudez social. Y eso es lo primero que hay que explicarles a estos progres. Hay muchas cosas que cambiar pero no son lo que el progresismo cree. Hay que desmontar el progresismo.

jueves, 11 de junio de 2015

Derechos de izquierda


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

En sus inicios los derechos eran condiciones y tareas que el pueblo le imponía al gobierno para aceptarlo como tal, pero se referían exclusivamente al respeto por la vida, la libertad y la propiedad. Hasta allí el mundo tenía sentido. Sin embargo, en el último medio siglo, la ideología ha revuelto los conceptos y hoy estamos inundados con derechos de toda clase. Algunos afirman que se debe a la “evolución de las ideas”, pero claramente se trata de la prostitución de los conceptos por parte del marxismo cultural, tarea emprendida el siglo pasado para dinamitar la cultura occidental y sus valores, pervirtiendo el sentido de la democracia y los derechos, conceptos odiados por las dictaduras comunistas.

Hoy casi cualquier cosa es un derecho. Si usted quiere convencer de algo a alguien solo dígale que es su derecho. Así lo hace la propaganda de la SUNAT cuando le dice al ciudadano que exija comprobante de pago porque “es su derecho”. Hoy se inventan los derechos en las campañas electorales. Para obtener gratuitamente algo del Estado solo tiene que convertirlo en un derecho. Ahora se habla de los derechos de los animales y del medio ambiente. El caos de los derechos es obra conjunta del marxismo y del relativismo posmoderno, con la ayuda del ejército más tenebroso que hay: los abogados. Así hemos arribado a la nueva era del mundo socialconfuso edificado con grandiosa palabrería progresista sobre una realidad precaria.

Los derechos socialistas sustentados en demagogia lírica tienen un costo para el Estado, y hasta para la empresa. Por ejemplo, el “derecho al trabajo”. ¿Qué es eso? El trabajo es una forma de vivir o quizá hasta una obligación social, pero ¿un derecho? ¿Quiere decir que alguien carga con la obligación de proporcionar trabajo? Es un absurdo. Fue la fabulosa Constitución velasquista de 1979 que impuso, en medio de su frondosa charlatanería, que “el trabajo es un deber y un derecho”. Más aun, creó el “derecho a la estabilidad en el trabajo”. No es raro pues que esa Constitución nos llevara al desastre total. Pero la nueva Constitución no corrigió el disparate del “derecho al trabajo”.

Hay seudo derechos que inquietan más, como el supuesto “derecho a la protesta”. Muchos viven convencidos de que es un garantía constitucional, lo cual es falso. Lo que asegura la Constitución es el derecho a reunión pacífica, y bajo el apercibimiento de la autoridad cuando es público. Reunirse no equivale a protestar. Y menos cuando las protestas se sustentan en el amedrentamiento de los demás, el bloqueo de carreteras, el daño a la propiedad y el ataque a la policía. Llamar “derecho de protesta” al vandalismo desatado por unas minorías para imponer su posición, es la estrategia de la izquierda dentro de su lógica de ocultarse detrás de los “derechos sociales”. Una táctica que hoy utilizan las FARC al invocar el “derecho a la rebelión” para impedir su juzgamiento como lo que son: criminales. No están muy lejos los etnocaceristas que invocan el “derecho a la insurgencia”.

El pensamiento mágico del progresismo se sustenta en el poder místico de la palabra. Llenan sus constituciones y leyes con palabrería dulce y apelan a etiquetas cursis. Creen que, al igual que en el Génesis, basta la sola palabra para que las cosas aparezcan de la nada. No debemos quedarnos callados ante la ofensiva retórica del progresismo. Eliminemos la telaraña de absurdos “derechos sociales” inventados para justificar su parasitismo social, consagrar su clase social de chupasangres del Estado, así como sus paros, marchas y vandalismo. No existe ningún derecho al trabajo, ni a la estabilidad laboral ni a la protesta. Tampoco a la insurgencia en una democracia plena, sustentada en un Estado de derecho, con separación de poderes y elecciones libres, periódicas y supervisadas internacionalmente. Que vayan a Cuba a exigir tales derechos sociales.

miércoles, 28 de enero de 2015

Los falsos derechos de izquierda


Eascribe: Dante Bobadilla Ramírez 

Las ideas de izquierda gobiernan el mundo. Por lo menos el mundo de las ideas. Ellos nos ponen la agenda y definen los conceptos de nuestro vocabulario. Para ello cuentan con un ejército de militantes activos formados por profesionales de letras y ciencias sociales. La izquierda es pródiga en sociólogos, lingüistas, literatos, artistas, abogados, antropólogos y todo lo que se sustente en el uso intensivo de la palabra, por lo que son expertos consumados en charlatanería. 

Ellos han inventado esta feria curiosa de derechos de toda clase que hoy nos inundan, introducida sagazmente por los charlatanes de izquierda como "derechos de segundo piso" (y hasta de tercer piso porque ahora ya llegaron a los derechos del planeta). Es de nunca acabar. Y como son los dueños del discurso se han apoderado del contenido formal de los documentos oficiales de todos los organismos internacionales, donde abundan esta clase de charlatanes que viven para edificar su paraíso social a base de palabra sobre palabra. El sustento de su charlatanería sobre derechos parte de la tesis de que son estos organismos los que han ordenado los derechos y prescriben el desarrollo articulado (así hablan estos chiflados) de los derechos para su amplitud y plenitud. En suma, se trata de un círculo vicioso. Ellos lo inventan, lo prescriben y se fundamentan en si mismos.

Por ahora me interesa revisar el relamido "derecho a la protesta" que tanto repiten los agitadores de izquierda y sus organizaciones, desde el ejército de abogados del rojerío concentrados en IDL hasta los supuestos defensores de los DDHH que parasitan en la CNDDHH. ¿Existe realmente este "derecho a la protesta" con que los charlatanes de izquierda defienden sus marchas en contra de la minería, la privatización, la empresa privada, las leyes laborales y todo cuanto no les gusta? Desde luego que no. No existe. Es una burda manipulacón de los derechos. 

Es una lástima que muchos referentes de derecha liberal sean llevados de las narices a comulgar con estos ridículos conceptos de izquierda y defiendan los absurdos seudo derechos que proclaman. Leo asombrado a articulistas que se declaran liberales pontificando a favor de las protestas, en un país donde existe plena vigencia de la ley y donde las instituciones formales del Estado de Derecho funcionan libre y plenamente. Nadie puede decir que en el Perú las instituciones democráticas del Estado son controladas por el poder de turno mediante su militancia partidaria, como ocurre en Cuba o la Venezuela chavista. Tenemos otra clase de dificultades en el funcionamiento de las instituciones pero estas existen y funcionan, y mientras estén allí nadie puede defender las protestas callejeras como un mecanismo válido para resolver nuestras diferencias. La Constitución garantiza el derecho a reunirse pacíficamente sin armas, y nada más. Eso no es el sustento para ningún "derecho de protesta". Y menos cuando nunca son pacíficas pues siempre acaban en vandalismo, y cuando salen armados con palos y bombas caseras. Así que no deben manipular la Constitución para apañar sus marchas callejeras.

Admito que un pueblo puede llegar a protestar con todo derecho frente a un gobierno tirano, como el de Venezuela o Cuba. Este es un derecho señalado claramente en la Declaración de Derechos del Pueblo que selló la independencia de los EEUU, y en el nuestro. Todo pueblo tiene el derecho a insurgir contra un gobierno que no lo representa, tal como ocurre en Venezuela. Pero nadie tiene el derecho a protestar contra un gobierno legítimo que no ha atropellado las instituciones, ni contra el Estado de Derecho que funciona bajo el marco de la Constitución vigente. Si no les gusta una ley, la democracia provee muchos mecanismos lícitos para recusarla, y las marchas callejeras no son una de ellas. Hay que entenderlo.

La izquierda se ha malacostumbrado a depender de las protestas callejeras para hacer sentir su presencia y, sobre todo, para imponer su opinión por la fuerza debido a que electoralmente casi no existen, su representación parlamentaria es exigua y, para colmo, son tan delirantes que ya nadie los toma en cuenta. En el pasado, su exclusión de la política por falta de apoyo electoral los llevó a tomar las armas argumentando mil falacias para justificarse, que no es el caso recordar. Ahora la izquierda ha optado por remediar su falta de peso electoral a través de las marchas callejeras, las cuales han sido idealizadas por los farsantes izquierdistas de las letras en cada columna de los medios. No solo han montado la farsa del "derecho a la protesta" sino que han impedido sistemáticamente que este supuesto derecho sea adecuadamente normado por la ley, como lo están casi todos los derechos. Cada vez que se intenta reglamentar las protestas callejeras, los payasos de la palabra progresista se apresuran a ejecutar sus piruetas retóricas señalando que se pretende criminalizar la protesta social. 

La izquierda se ha acostumbrado a tener las manos libres. Desde que aprendieron a manipular el sistema a su favor son los dueños de la palabra, los conceptos y la ley. Tienen un discurso apropiado para cada ocasión. Cuando les conviene, sustentan maravillosamente la necesidad de reglamentar, por ejemplo, la libertad de expresión y de medios. Y es que los medios más populares son de derecha. Y como los medios de izquierda no logran calar en el gusto de la gente, solo les queda apelar a la manipulación grosera de la ley para luchar contra los medios de derecha con la relamida excusa de la igualdad. Por supuesto que los limítrofes de siempre que abundan se tragan el anzuelo de la izquierda y montan campañas contra la supuesta "concentración de medios". 

Esta es la vieja historia de la izquierda: manipulación. Expertos en charlatanería, arquitectos de utopías, falsos profetas de la moral, hacen y deshacen con la ley para socavar los cimientos de la democracia, tal como lo hacían con las armas el siglo pasado. Cuando su discurso no surte efectos mágicos en las masas y no logran un triunfo electoral, tienen dos opciones: salir a las calles a crear el caos para presionar a las instituciones del Estado y hacer prevalecer sus políticas, y manipular las leyes introduciendo conceptos disfrazados de "avances en el derecho" o impidiendo que se hagan leyes que no se inscriban en los lineamientos de su ideología. Para esto cuentan con ONGs donde se entrena un ejército de abogados que luego saldrán como asesores y consultores sagrados para los medios. 

La izquierda ha cambiado simplemente los campos ocultos en la selva, donde entrenaban a sus guerrillas en el uso de armas letales para asesinar a los "enemigos del pueblo" y tomar el Estado a través de la lucha armada, y los ha cambiado por modernas ONGs donde entrenan sus abogados en la mejor forma de pervertir el Estado de derecho y socavar los cimientos de la democracia para llegar a tomar el poder y montar una dictadura socialista seudo democrática, tal como viene ocurriendo en Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina, etc. Los combatientes de izquierda ya no necesitan armas. Al igual que los delincuentes de saco y corbata solo necesitan manipular la ley. Montan novedosos conceptos que son presentados como avances en el desarrollo del derecho, tales como la "justicia transicional" que permitirá que los terroristas de las FARC dejen las armas y se incorporen a la política legal, disfrutando de la impunidad que la nueva y maravillosa forma de justicia progresista acaba de inventar. 

Para terminar, solo resta decir que hoy debemos tener los ojos más abiertos que antes. La izquierda nos ha infiltrado con sus conceptos y mucha gente anda repitiendo falacias con el cuento de los derechos. La izquierda promete beneficios sociales a cuenta del Estado o la empresa privada y solo necesita llamarla "derecho" para pasarla de contrabando. Y hay una larga fila de tontos útiles dispuestos a defender los disparates retóricos de la izquierda solo porque suenan bonito. Si ayer era imperativo enfrentar con armas a los guerrilleros y terroristas de izquierda, hoy es indispensable enfrentarlos en el terreno de la retórica jurídica y, como siempre, en la lucha ideológica.