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lunes, 2 de febrero de 2026

La justicia social y el dogma de Montaigne


Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


Hace ya algunas semanas, el señor López-Chau, candidato a la presidencia por el partido político Ahora Nación, de una tendencia contraria a la que nos ha dado años de estabilidad económica, ha manifestado su intención de disponer de los fondos que el Banco Central de Reserva custodia, gracias al desempeño excepcional de Julio Velarde al mando del directorio de esa entidad. A la par de López-Chau, el resto de candidatos de izquierda que también buscan fama como Ronald Atencio, Roberto Sánchez o Vladimir Cerrón, también ven con bastante apetito la posibilidad de meter las uñas en las reservas del país.

Si la tendencia que se viene dando termina por confirmarse, no deberíamos de preocuparnos porque ninguno de estos peligros para la vida económica, política y social del país, tiene opciones reales de pasar a segunda vuelta. Sin embargo, lo que nunca debemos de olvidar, es la naturaleza de este tipo de ideas porque durante muchísimo tiempo, tanto aquí como en todas partes en el mundo, la izquierda es la que se ha encargado de vendernos el cuento de que la riqueza es una especie de torta que hay que repartir entre todos para que nadie pase necesidad, esta es la famosa idea de la justicia social.

Esta idea suele tener popularidad porque apela a la moral, a los sentimientos. ¿Quién podría oponerse a que coman los pobres? Pero como en todo cuento, la realidad termina siendo muy diferente. A través de la retórica de la justicia social, lo único que se ha conseguido es multiplicar el número de pobres en cada nación donde se ha tratado de implementar. En Argentina, por ejemplo, el kirchnerismo gobernó 12 años bajo este credo y consiguió crear 5 millones de nuevos pobres. Y aquí no estamos hablando sólo de una política que no funciona, sino que tiene el mismo efecto de un medicamento adulterado porque termina generando mucho más daño que el que pretende solucionar.

Y como lo correcto cuando se evalúa alguna política pública, es juzgarla según sus resultados y no en base a sus intenciones, hay que decir que la única que ha mejorado ostentosamente su calidad de vida, ha sido la izquierda dirigente que ha pasado de tener una vida bastante normal a convertirse en los nuevos millonarios de la región. Las fortunas de las familias de Hugo Chavez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y de Fidel y Raúl Castro, demuestran que todo ese relato que se basaba en lo inmoral que era ser rico en medio de una sociedad pobre, no era más que hipocresía y falsa pose. Esa desconexión entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se pretende y lo que se consigue, está presente en todos los líderes de izquierda. Por aquí tenemos a cierta candidata que postula a diputada por la alianza política Venceremos, que mientras le habla de redistribución, impuestos a los ricos y justicia social a sus votantes que no pueden comer tres veces al día, vacaciona en Miami todos los años, tiene departamento de lujo y promueve la revolución desde un iPhone.

Incluso en el supuesto negado de que la justicia social haya tenido esos resultados debido a la corrupción de sus administradores, tenemos también una imposibilidad teórica si queremos analizarla desde la academia. Darle a cada quien según su necesidad es imposible porque las necesidades son infinitas, peor todavía si trasladamos esa visión pobre de Marx a estos tiempos donde el positivismo legal nos plantea que cualquier deseo de la especie humana, puede ser un derecho que luego se le puede reclamar al Estado.

Y esta es la naturaleza de la propuesta que las izquierdas hoy nos quieren vender como solución a los múltiples problemas que tenemos en el Perú. A la luz de los hechos, lo que verdaderamente debemos entender sobre la justicia social, es que ni es justicia porque nada de justo hay en quitarle cien monedas a Pablo para darle diez a Pedro, ni es social porque es la inmensa mayoría la que termina pagando las gollerías de la clase dirigente. El famoso Dogma de Montaigne que falazmente se aplicó al comercio, tiene muchísimo sentido en el mercado político, donde vemos que toda la riqueza de la dirigencia de izquierda, sí está construida sobre un saco de pobres.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda




viernes, 15 de septiembre de 2023

¿Qué demuestra el video Kouri/Montesinos?


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Me parece patético que la prensa progrecaviar reviva cada año la fecha de difusión del video Kouri/Montesinos. Ni siquiera el aniversario de la captura de Abimael recibe tanta difusión. Ni la captura del video "Zorba el griego", que permitió identificar a toda la cúpula de Sendero Luminoso. Pero cuando se trata del fujimorismo están atentos para armar el show, año tras año. Nunca se pasa la página. Tienen que revivir el pasado negativo del fujimorismo, desde el golpe del 5 de abril hasta el video Kouri/Montesinos. Es la permanente campaña del odio. 

Ese famoso video confirmó lo que todos ya sabíamos: que Montesinos estaba comprando congresistas. Si ya resultaba escandaloso verlos cada día pasándose al fujimorismo en mancha. Pero eso también revela la calaña de congresistas que siempre hemos tenido. Los "niños" de hoy en día, vendidos a Pedro Castillo, no son una novedad. Así que ese video K/M no muestra solo la corrupción política del fujimorismo sino la de los congresistas. Incluso me atrevería a decir más: demuestra la corrupción de toda la clase política peruana, porque no hay políticos ni partidos sino bandas de trepadores angurrientos salidos de los bajos fondos.

La corrupción política no empieza en la compra/venta de congresistas al régimen de turno. Empieza en la venta de puestos en las listas de los partidos. O incluso antes: en la formación de falsos partidos con el propósito de llegar al poder o de utilizarlo como vientre de alquiler. ¿Cuál es el objetivo de Luna Gálvez para crear Podemos? ¿O el de Acuña con APP? Son sujetos que carecen de preparación política y están dedicados a la empresa. Son millonarios. ¿Qué quieren en la política si no tienen ideología ni principios? Ni siquiera tienen cuadros. Solo llevan basura al Congreso, salvo uno que otro invitado que destaca y que termina alejándose pronto del partido.

Esa es precisamente la clase de congresistas que terminan como "los niños" de Pedro Castillo o los comprados por Montesinos. O los que se dedican a sus propias fechorías robándoles sus sueldos a sus trabajadores, entre otras malas artes. Así que este famoso videito K/M debería representar mejor la corrupción congresal. EN lugar de venderse como muestra de la corrupción del fujimorismo, de lo que ya todos sabíamos, debería verse como muestra de la corrupción de los congresistas baratos y muertos de hambre que llegan en vientres de alquiler, y de la "clase política" conformada por improvisados trepadores que se suben a las combis electorales sin tener ningún perfil político. Ya es hora de sansionar a los falsos partidos que llevan a esta clase de basura al Congreso.


jueves, 3 de enero de 2019

La corrupción en el siglo XXI


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

Todos los políticos tienen un discurso de campaña y un cuco a quien culpar. En el Perú, desde los tiempos de Toledo, ese discurso es la “lucha contra la corrupción” y el cuco es el fujimorismo. Si bien la corrupción ha sido materia de estudio desde tiempos inmemoriales, es desde Toledo que pasa a formar parte del discurso y la acción política, saliendo del ámbito fiscal y judicial, al que pertenece. Hoy ese discurso está todos los días en boca del presidente Vizcarra de una manera obsesiva, y sus acciones giran casi exclusivamente alrededor de ese tema, llegando incluso a extremos peligrosos.

Toledo hizo de la lucha contra la corrupción su bandera porque acababa de finalizar el fujimorismo de los noventa. Se puede decir que estuvo justificado. Esa corrupción fue materia de estudio y tema del informe de la CVR. Desde entonces se fijó en la mente colectiva que corrupción era fujimorismo. Las últimas tres generaciones han sido adoctrinadas en esa idea. Sin embargo, mucha agua ha corrido bajo el puente desde los días de Toledo, y la corrupción sufrió una metamorfosis que, al parecer, nadie quiere notar. Hoy la corrupción ya no es el fujimorismo, por más que un sector quiera insistir en ese refrito. Hay una evidente falta de concordancia entre la imagen colectiva de la corrupción con la realidad.

Me llama la atención que, cuando se habla de corrupción, todavía muchos siguen poniendo al fujimorismo como protagonista. Este desfase nace de la falta de actualización de los estudios sobre corrupción. En la academia todavía se sigue tomando como fuente el informe de la CVR, y no hay nuevos estudios que abarquen este siglo. La recomendación académica, no obstante, es que las fuentes de estudio sean vigentes, con una antigüedad no mayor de cinco años.

Hasta hoy la academia y la prensa siguen empleando términos referidos a los noventa para tratar el tema de la corrupción. Lo que indica que están desactualizados. Han pasado 18 años y siguen en lo mismo. Y pretenden usar a Keiko Fujimori como imagen actualizada de la corrupción, apelando a la precariedad moral de sus congresistas y al circo fiscal armado alrededor de sus aportes de campaña, que es una farsa jurídica asquerosa.

Los últimos cuatro presidentes están sindicados en actos de corrupción por la Fiscalía, aunque aún no formaliza denuncia penal. Acaban de encarcelar a un fiscal supremo, y un juez supremo está prófugo. El presidente de la Federación Peruana de Fútbol está preso, muchos gobernadores regionales y alcaldes, incluyendo los recién juramentados, están acusados o presos. Todo este panorama tenebroso de megacorrupción generalizada todavía no está cabalmente estudiado. Por ello me extraña que el discurso contra la corrupción siga usando al fujimorismo como emblema, sobre todo en cierto sector que ha estado saboreando las mieles del poder en estos últimos años y que está muy comprometido, especialmente en la prensa.

La corrupción del siglo XXI es mucho más compleja que la de los noventa. Los de ahora han robado “legalmente” haciendo sus propias leyes para megaobras que nadie necesita, han comprado congresistas con prebendas, han hecho del transfuguismo una práctica común y hasta un derecho, han repartido favores con estudios y asesorías, y han comprado a la prensa con factura. Controlan a los principales medios de comunicación y a varios periodistas que son ardientes defensores del statu quo. Siempre con el uniforme de antifujimorista militante, requisito indispensable para estar al frente de un programa.

La corrupción del siglo XXI ha mantenido el discurso de la lucha contra la corrupción con total descaro, pero colocando la foto del fujimorismo para engañar a los bobos. Es evidente que ha sido parte de la estrategia de esta mafia mimetizarse detrás del fujimorismo. Es por eso que hoy vemos el escenario extravagante en el que se lucha contra la corrupción de jueces, fiscales, gobernadores, alcaldes, generales y ex presidentes, de todos los partidos, pero la gente sigue cacareando su relamido antifujimorismo. Esto no calza con la realidad.

Mi hipótesis es esta: la corrupción está utilizando al fujimorismo como chivo expiatorio. La academia está desactualizada porque los mismos entornos académicos están infectados de corrupción y tienen intereses comprometidos. La prensa está chantajeada por la corrupción que le da de comer. La pregunta es simple ¿dónde está el dinero que alimenta a la corrupción de nuestros días? El que maneja la chequera es la mano que mece la cuna.

sábado, 21 de julio de 2018

La última aventura de la izquierda golpista


Escribe: Dante Bobadilla R.

No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que en todo este affaire de los audios de IDL sobre miembros del CNM se ha desatado una guerra por el control del Poder Judicial y el Ministerio Público. Y para esto nada mejor que usar el viejo y gastado cuento de la lucha contra la corrupción, como si alguna vez le hubiera preocupado a la izquierda la corrupción, la democracia o la institucionalidad. Habría que ser muy ingenuo para tragarse el show de los rojos. Su teatro ya esta muy repetido.

No hay nada nuevo bajo el Sol. Se trata de la eterna pugna por el control de jueces y fiscales, que en los últimos tiempos ha mantenido la izquierda en sus manos. A esto hay que sumarle el control del Tribunal Constitucional, también en manos de caviares. Por eso la izquierda movió cielo y tierra para defender a sus mastines en el TC y el MP, impidiendo que el Congreso destituya a cuatro magistrados del TC por prevaricato y pusiera en salmuera al fiscal Pablo Sánchez, alfil de IDL, por demorar las investigaciones del caso Lava Jato. 

La izquierda levantaba el cuco del “golpismo” cada vez que el Congreso trataba de hacer su trabajo y controlar estos poderes del Estado que andaban cojeando. Eso no es golpismo por ninguna parte, pues se trata de las funciones constitucionales que le competen al Congreso en cualquier país civilizado. En cambio la izquierda si se siente con patente de corso para promover el golpismo en este país, tal como lo vienen haciendo ahora desde sus redes hasta las calles, exigiendo que se vayan todos, que se convoquen nuevas elecciones, y hasta piden nueva Constitución. Eso si es golpismo. Pero como lo fomenta la izquierda, todo esta bien. Y es que todo lo que hace la izquierda es bueno. Así es como son las cosas.

Esta caterva de mafiosos de IDL ha tratado de manipular a la población con unos audios mal habidos, que han seleccionado y recortado cuidadosamente para envenenar a la sociedad hasta hacer tambalear todo el sistema jurídico, no solo a los corruptos miembros del Concejo Nacional de la Magistratura, de quienes hace tiempo se sospechaba, sino incluso todo el Estado en su conjunto. El plan de la izquierda fue hacer un remake de los videos de Montesinos para hacer colapsar todo el sistema democratico, forzando a elecciones generales. Los gurús del progresismo pretendieron que Vizcarra presentara cuestión de confianza exigiendo la remoción de todos los miembros del CNM, convencidos de que el fujimorismo no accedería. La jugada no les funcionó porque Vizcarra no presentó cuestión de confianza y el Congreso destituyo igual a todos los miembros del CNM.

La otra movida del rojerio fue impedir que Pedro Chavarry juramentara como nuevo Fiscal de la Nación, solo porque no es de su corral. Para esto presentaron otro de sus audios pero con un contenido irrelevante. Hasta dónde llegaría la desesperación caviar que presentaron un audio completamente bobo e inocuo, pero que fue suficiente para que toda la caterva mafiosa de rojos, progres y caviares de la prensa empezaran una ridícula campaña de desprestigio contra Pedro Chavarry. Igual que en los casos anteriores, la movida no les funcionó y Pedro Chavarry juramentó para amargura del rojerío.

Nada les ha funcionado a los desquiciados de la izquierda. En vano salieron a las calles a montar su gastado show de indignados. Por gusto hicieron su teatro de viudas de Pablo Sánchez. No lograron conmover a nadie con su lloriqueo y su circo de velas encendidas. Pero no se quedaran tranquilos. Los rojos nunca descansan. La prensa corrupta y mermelera controlada por la caviarada seguirá en su sucia campaña de desprestigio contra el nuevo Fiscal de la Nación, y más aun después de que empezara ya a remover a los fiscales caviares que encarpetaron el caso Lava Jato.  Por su parte, los payasos de la izquierda en el Congreso presentaron ya su moción de censura contra Pedro Chavarry, el cual se espera sea arrojado al tacho de basura. Pero estos son los gestos y actos que se verán en los próximos días por parte de la izquierda infecto contagiosa. Estamos avisados. 

Los caraduras de izquierda marchan otra vez


Escribe: Dante Bobadilla R.

Lo sorprendente de la izquierda es su capacidad para reinventarse, para resucitar de sus cenizas, emerger de su cloaca, sacudirse de polvo y paja y volver a engatusar con el mismo discurso. Como si nunca hubieran fracasado con sus ideas, como si no hubieran asesinado para imponer su paraíso social, como si no hubiesen llevado al hambre y la miseria a pueblos enteros y devastado varios países. De alguna misteriosa manera, la izquierda siempre regresa y vuelve a hacer exactamente lo mismo.

Los jóvenes caen siempre en la trampa de la izquierda porque carecen de memoria. Los que hoy frisan los 20 o 25 años no recuerdan a los promotores de la marcha de los Cuatro Suyos. Eran nenes cuando los mesías de aquellos días marchaban para salvarnos del Apocalipsis, rescatar la democracia y luchar contra la corrupción. Ignoran que son los mismos que hoy convocan marchitas similares, pese a que sus líderes están ahora fugados, con orden de captura o esperando su turno en los juzgados.

Tal como Alejandro Toledo en otros tiempos, hoy Verónika Mendoza promueve la marcha exigiendo una nueva Constitución. Es el remake peor montado de la izquierda. Siempre son personajes baratos que usan el discurso correcto y las palabras mágicas para embaucar a los ingenuos. El libreto es el mismo: la condena del pasado y la destrucción del presente para construir un nuevo futuro diferente, y bla, bla, bla.

Más allá de los corruptos, lo que me indigna a mí es el descaro de la izquierda para posar como indignados, como sorprendidos, como inocentes, como víctimas. Como si no tuvieran nada que ver con el desastre actual, como si no tuvieran las manos sucias, como si no hubieran marchado con los corruptos y apoyado a los ladrones, como si no tuvieran ahora de compinches a toda esa caterva de corruptos ex funcionarios del toledismo, del humalismo, del villaranismo , a los mafiosos de las oeneges de izquierda, coludidos con el PJ, el MP, el TC infectados de corrupción, y con los medios capturados por la caviarada. Una buena parte de estos marchantes ya se han titulado como bobos al pedir que les devuelvan su voto; pero siguen allí, como si nada, marchando con su impresionante descaro.

El montaje es similar a otros escenarios en los que la izquierda pretende fungir de salvadora en medio de una crisis total. Recordemos a Fidel Castro capturando el poder para rescatar al pueblo de la dictadura de Batista, pero luego su dictadura fue mucho peor y más larga. Hugo Chávez saltó a la arena política como salvador de la crisis para luego generar la peor crisis de la historia de Venezuela. En Nicaragua Daniel Ortega combatió a Somoza para liberar al pueblo de su dictadura, pero hoy su gobierno es más despótico y criminal. Ejemplos sobran, pero la moraleja es la misma: cualquier cosa es mejor que la izquierda en el poder. Son como ratas que salen a aprovecharse de los momentos de crisis.

El espectáculo de hoy es un refrito que se monta cada cierto tiempo desde hace casi dos décadas. La izquierda arma su muñeco favorito: el monstruo del fujimorismo, sin el cual no podrían disfrazarse de superhéroes sociales ni luchadores anticorrupción. La izquierda necesita construir el mito del fujimorismo para usarlo como el mal contra el que hay que luchar. No hay otro. Cualquier otro tipo de mafiosos y corruptos no les interesa, incluso los protegen. En otros países la izquierda culpa al imperialismo yanqui, pero acá les basta con el fujimorismo para montar el show. Desatada la crisis, lo que sigue es convocar la marcha y abrir las puertas de los manicomios y corrales de izquierda para que salgan a marchar los mismos borregos de siempre con las pancartas de ocasión. Nada nuevo.

sábado, 18 de noviembre de 2017

El Perú en manos de la mafia del siglo XXI


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La corrupción y la mafia tienen muchas formas. En los últimos 16 años el Perú cayó en la más sofisticada mafia de su historia, con las más variadas formas de corrupción. Se ha consolidado un modelo perfecto, que combina no solo el poder político sino que tiene su propia ideología y programa de acción. Por eso se hace tan difícil de combatir: se ha mimetizado en el Estado y hasta en la mente de los ciudadanos. Es decir, los corruptos nos roban mientras nos hacen creer que luchan contra la corrupción.

El inicio de la podredumbre fue el derrumbe de los partidos políticos y el surgimiento de una nueva clase dirigente compuesta de puros saltimbanquis, improvisados y trepadores sin escrúpulos, que ambicionaban el poder y la gloria para sí mismos. No tenían nadie a quien responder, carecían de estructura partidaria. El partido fue cambiado por un club de amigos o algo peor que eso: un clan de chupamedias.

El primer espécimen de este tipo fue Alberto Fujimori. Nunca quiso tener un partido y su única doctrina fue luchar contra el terrorismo. El mayor problema para Alberto Fujimori fue que al remediar rápidamente el desastre económico del país y derrotar al terrorismo, se quedó sin excusas para continuar en el poder. Si la gente siguió votando por él fue porque además de gratitud carecían de alternativas más seguras. Hasta allí solo quedaba una competencia entre personas. Y en esa competencia Fujimori arrasaba electoralmente. La corrupción de su régimen estaba orientada básicamente a mantenerse en el poder, no en enriquecerse. El Estado no estaba rebosante de recursos, como sí lo estaría en el nuevo milenio.

Tras la caída de Fujimori, emerge un nuevo escenario. Ya no había que luchar contra la inflación ni contra el terrorismo. ¿Cuál sería el fantasma al que habría que combatir? ¿A qué enemigo tendrían que enfrentar los políticos del nuevo milenio para motivar el apoyo del pueblo? Allí es cuando a Alejandro Toledo se le ocurrió que el nuevo enemigo sería el fujimorismo y que la nueva doctrina política sería el antifujimorismo. Ahora la tarea política se reducía a mantener la economía en piloto automático y luchar contra el fujimorismo. Eso era todo. Pan comido. La fórmula funcionó mejor cuando el Estado empezó a llenarse de recursos con el alza de los minerales. 

Toledo convirtió la política en un circo permanente con la captura de fujimoristas como una limpieza étnica; luego el juicio a Fujimori se transmitió como una gesta patriótica. La CVR oficializó el antifujimorismo como doctrina, la izquierda creó el circo callejero antifujimorista y luego usaron las redes sociales con éxito para regar su basura antifujimorista a los jóvenes. La arremetida fue total y una nueva realidad se instaló.

Mientras tanto, la mafia caviar se estableció con todo su poder extendiendo sus tentáculos a lo amplio del Estado. La crisis de partidos se consolidó con una de las más absurdas reformas electorales que le abrió las puertas a las mafias locales a lo largo y ancho del país, con el cuento de la descentralización. Mientras tanto la izquierda se extendía por toda Latinoamérica, desde Cuba y Venezuela hasta Argentina y Uruguay, pasando por el poderoso Brasil. No tardaron en sentar sus bases en el Perú, donde la izquierda ya se había encaramado en el poder. 

Mientras entretenían al pueblo con el circo callejero del antifujimorismo y los mitos de horror sobre los 90, la mafia establecía un nuevo modelo de corrupción en el Perú, más sofisticado y amplio, pues iba desde los megacontratos multimillonarios del Estado en obras que en, muchos casos, carecían de sentido y relevancia, como la carretera Interoceánica, la refinería de Talara o el gasoductor del sur, hasta una nueva modalidad de robo menor a gran escala compuesta por contratos de asesorías, estudios y consultorías. El dinero del Estado era usado para repartirlo entre los amigos del régimen de muchas maneras, incluyendo publicidad en medios de comunicación. 

Lo que hoy apreciamos con tristeza es que los peruanos fueron timados a lo largo de estos 16 años. Mientras les hacían creer que luchaban contra la corrupción montando el circo antifujimorista, en realidad extendían su propia red mafiosa instalando a sus compinches en cargos estratégicos, y utilizando los recursos del Estado para comprar los favores de la prensa y ciertas instituciones. Hoy es obvio que la mafia ha infiltrado instituciones y medios. Es público y notorio el descaro con que estos encubren a ciertos personajes, enredando los procesos y buscando formas de trabar la justicia.

Es hora de reconocer que estamos en manos de la mafia, que la mafia controla los resortes de varias entidades, que dirige medios de prensa y TV, y que no está muy dispuesta a dejarse derrotar. Todavía siguen empleando el show del antifujimorismo con absoluto descaro. No quieren hablar de los actos de corrupción de su propia gente. Se pasan la vida investigando los cocteles de Keiko mientras ocultan bajo siete llaves los fondos que financiaron la millonaria campaña de Susana Villarán, tanto en la revocatoria como en su intento de reelección. De eso no dicen una palabra. 

La “lucha anticorrupción” es un show dirigido básicamente a fustigar a los mismos personajes de siempre, mientras los corruptos del nuevo milenio siguen encubiertos y protegidos, sin ser siquiera mencionados por la prensa, y sin que ningún opinólogo se digne a dedicarles una sola columna. Andan muy entretenidos arrojando humo. Ya ni siquiera quieren ser investigados por el Congreso. En este nuevo escenario, el Congreso ha dejado de ser el primer poder del Estado para ser convertido en enemigo del Estado de derecho. La mafia se resiste a ser cuestionada. Los mismos que ayer montaban comisiones para investigar a sus enemigos, hoy exigen que el Congreso no investigue a la mafia instalada en el Estado.

domingo, 12 de noviembre de 2017

El circo del antifujimorismo se desborda


Escribe; Dante Bobadilla Ramírez

El escenario político del Perú no varía en nada desde hace 16 años, cuando Alejandro Toledo se puso la vincha en la frente y empezó a arrear a la chusma con el cuento de la "lucha contra la corrupción", el cual en esos tiempos se refería a combatir al fujimorato que acababa de caer. Toledo ganó la presidencia y dio inicio a la mayor cacería de brujas de nuestra historia, metiendo presos a todo el que podía, sin juicio alguno. Muchos inocentes purgaron cárcel por años sin tener condena ni ser culpables de nada. Pero el circo de la lucha contra la corrupción quedó marcado en las mentes colectivas como una lucha contra el fujimorismo. 

Dieciséis años después Fujimori está preso al igual que todos sus compinches. Sin embargo, el fujimorismo se renovó con nuevas caras lideradas por Keiko Fujimori, quien fundó su propio partido y consiguió el apoyo de un pueblo que no olvida todo lo bueno que Fujimori hizo por este país. Hoy el fujimorismo es la fuerza más grande en el Congreso y ninguno de sus integrantes tuvo relación alguna con los noventas. Todos son políticos de una nueva generación que entraron al Congreso con la camiseta naranja, aunque más de la mitad no sean fujimoristas.

En estos dieciséis años quienes han estado en el poder no son los fujimoristas sino, básicamente, el antifujimorismo. Desde Toledo hasta PPK ha gobernado el antifujimorismo. Quienes nos gobiernan ahora mismo son los representantes del antifujimorismo. Pero resulta que ahora nos hemos venido a enterar de que estos dieciséis años han sido la época de la mayor corrupción de toda nuestra historia. La mayor corrupción no solo por el tamaño de lo robado en coimas comprobadas, sino en la mayor extensión de la corrupción a toda escala, que incluye no solo a miembros del gobierno central sino a los gobiernos regionales, empoderados artificiosamente por los genios del toledismo, pero además a otros organismos del Estado y fuera de él, como los medios de comunicación.

La mayor corrupción de nuestra historia está vinculada a la mafia brasilera de Odebrecht que salió a la luz cuando llegaron a montar el monigote de su candidato presidencial Ollanta Humala, con la asesoría exclusiva de Luis Favre, quien luego volvió a hacerse presente para apoyar a Susana Villarán en la revocatoria. Toda esta mega corrupción brasilera que contaminó partidos de izquierda, medios de izquierda, oenegés de izquierda, gobiernos de izquierda, hoy está asustada. ¿Y saben cual ha sido su principal mecanismo de defensa? Nada menos que volver a montar el circo de la lucha anticorrupción atacando al fujimorismo.

Es que esta gentuza de izquierdas cree que toda la gente es estúpida. Durante dieciséis años se han pasado cacareando sus odios al fujimorismo y a Keiko. Ya tenemos una generación y media de nerds que solo viven para odiar al fujimorismo. Ahora resulta que los corruptos del siglo XXI nos quieren volver a vender su circo anticorrupción atacando a Keiko. ¿Se puede ser más caradura y sinvergüenza? Pero el circo tiene acogida porque abundan los limítrofes que creen en esos cuentos.

La corrupción caviar hoy es aun mayor que antes. Ya han capturado incluso el diario El Comercio, la mayor del país. Ahora tienen más fuerza y llegada. Han convertido a El Comercio en un anexo de La República, lo han llenado de columnistas mediocres como Marco Sifuentes y Patricia del Río, para no decir más, y sus carátulas son tan chichas como los diarios de Montesinos. Ahora resulta que los progres y rojimios que antes criticaban, condenaban y marchaban contra la "concentración de medios" de El Comercio, ya están calladitos y contentos. Ahora aplauden las portadas, editoriales y columnas de la "concentración de medios".

En ese copamiento de poder de la corrupción del siglo XXI están los medios. Por eso es que seguimos viendo que toda la famosa lucha anticorrupción se queda apenas en combatir a Keiko, mientras los corruptos de gobiernos anteriores, de la fiscalía, contraloría, procuraduría y demás instituciones infestadas de corrupción respiran tranquilos. Nos quieren hacer creer que los cuestionamientos del fujimorismo a esas autoridades corruptas del TC y la Fiscalía son un atentado a la democracia. Ahora nos encontramos que la izquierda ha armado un Frente de Defensa de la Corrupción y están dispuestos a salir a marchar para protegerlos. 

¿Qué han hecho todas estas autoridades corruptas por traer a Toledo? Nada. ¿Por qué no se escandalizan de que PPK no quiera responder directamente ante el Congreso por los actos de corrupción del gobierno del que fue parte? ¿Se imaginan ustedes el griterío de los rojos y sus marchitas con lavadas de bandera si fuese Kieko la que no quiere responder? Pero como se trata del patrón que hoy les da de comer, están calladitos. Al contrario, atacan al fujimorismo por querer investigar. Ahora salen con que "debemos defender la institucionalidad". ¿Cuál institucionalidad? ¡Si todas están infestadas de corrupción!

Que quede claro para todos: hoy los farsantes de la lucha anticorrupción nos quieren tomar el pelo. La lucha anticorrupción no es contra Keiko sino contra los que nos gobernaron en estos dieciséis años. La lucha contra la corrupción pasa por investigar a toda la mafia antifujimorista que estuvo en los cargos de poder, en el gobierno central, sus instituciones, y el municipio. Allí es donde hay que apuntar si se quiere luchar contra la corrupción del siglo XXI. Basta ya de seguir mirando los 90 y montar el circo del antifujimorismo para engañar a los débiles mentales.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Asociación lícita para mentir


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El gobierno de Ollanta Humala ha demostrado cabalmente que la máscara de luchador anticorrupción que tomó prestado del impresentable Alejandro Toledo, solo sirve para hacer campañas políticas y engañar a los incautos. Este gobierno nacionalista se hunde cada día más en el fango del desprestigio a medida que las evidencias de sus viejos compromisos con la mafia van saliendo a la luz. Y gracias a que está conformado por puros incompetentes e improvisados, con cada movimiento que hacen se hunden más.

Los primeros en saltar del barco pestilente del humalismo han sido los garantes. Por lo menos el menor de ellos, el hijito del Nobel, Alvarito Vargas Llosa, ya le rescindió la póliza y ha dicho claramente que este gobierno apesta. Mientras tanto Mario Vargas Llosa aun sigue en el extranjero haciendo sus poses de patricio guardián de la democracia peruana. Pero no tardará mucho en declarar su desencanto y decir, con cara de adolescente engañada, que Ollanta lo ha decepcionado.

Al final lo único que le quedará al gobierno es su convenida alianza con Alejandro Toledo, insecto rastrero que ya es parte del basurero político peruano. Más allá de esto, el gobierno cuenta apenas con el magro apoyo mediático de cierta prensa mediocre de izquierda que vive de las migajas que el gobierno le arroja. Así las cosas el gobierno necesita desesperadamente cubrirse las espaldas. Este es el factor común que hace que el humalismo y el toledismo conformen una de las alianzas políticas más podridas y pestilentes de la historia republicana, hecha con el exclusivo propósito de cubrirse las espaldas y protegerse de la ley.

Nunca antes en el Perú hubo una alianza política elaborada en torno al exclusivo mutuo interés de librarse del acoso de la ley. Se trata de una auténtica asociación para engañar, confundir, mentir y protegerse. La alianza toledohumalista no tiene otro propósito. Recordemos que Alejandro Toledo fue quien salió a los medios a dar un mensaje a la nación en plena campaña electoral, para advertirle al país del peligro que significaba Ollanta Humala. Entonces dijo que votar por Ollanta era dar un salto al vacío, e invocó al pueblo a meditar su voto. Y luego resultó que este mamarracho humano fue el primero en ir a saludar a Ollanta tras su triunfo para colgarse de su saco y pedirle cargos. Claro que lo hizo vestido con el usado disfraz de salvador de la patria y defensor de la democracia, jurando con voz engolada que solo quería apoyar la gobernabilidad.

Nunca antes en la política peruana habíamos tenido en el poder una alianza tan burda. En su gobierno Alejandro Toledo conformó una alianza de limitados mentales con Fernando Olivera, otro personaje de baja estofa que tiene el record Guiness de ser el ministro que menos tiempo ha durado: menos de 24 horas. Pero hoy esta alianza toledohumalista va más allá de la pobreza mental de ambos para unir recorridos sinuosos y hasta delictivos. Alejandro Toledo tiene a la vista una maniobra de lavado de activos del que apenas trata de librarse gracias a un padrino de la mafia judía. Por su parte, Ollanta Humala no es ningún santo. Hasta ahora la mafia ha cubierto su figura y borrado sus huellas, pero lentamente las cosas salen a flote.

Ollanta Humala tiene una larga cola de sucesos que mágicamente han estado siendo cubiertos por la mafia. Nunca se esclareció si fue el famoso "capitán Carlos", que no solo asesinó en Madre Mía sino que le cobraba cupos a los aviones del narcotráfico. Esta investigación no prosperó porque misteriosamente desapareció su legajo entero en el Ejército. El otro proceso se truncó por la descarada compra de los testigos. A esto hay que añadirle la fanfarronada protagonizada en Locumba, que fue claramente una maniobra distractiva para cubrir la fuga de Vladimiro Montesinos. Luego de ser amnistiado por el funesto gobierno transitorio de Paniagua, Ollanta surgió en escena apoyando las locuras de su hermano en Andahuaylas con un mensaje a la nación desde Seul. No hay que olvidarlo. Pero mágicamente han ocultado sus vínculos librando a Ollanta Humala de toda culpa en el Andahuaylaso. En todos estos entuertos, la caviarada oenegienta de DDHH y los indignados progres solo han atinado a mirar al techo.

A continuación Ollanta Humala apareció dándose la gran vida y gastando como millonario. Era obvio que la plata le llegaba fácil. ¿De dónde? Las investigaciones sobre sus fondos llevaron, por un lado, a Venezuela, donde apareció una empresa fantasma que le pagaba grandes sumas a Nadine por asesorías. Para nadie es un secreto el apoyo de Hugo Chávez a este cachaquito de dos por medio en la campaña del 2006. Para entonces Ollanta se agenció un vientre de alquiler y postuló a la presidencia logrando meterse en la segunda vuelta. Cosas que solo ocurren en un país sin institucionalidad ni cultura y con leyes cojudas como el Perú. Ollanta no ganó la presidencia entonces pero nos introdujo al Congreso la recua de ignorantes e iletrados más grande jamás vista en la historia. 

Lo demás ya se sabe. Vino la campaña del 2011 en la que Mario Vargas Llosa jugó un papel penoso apoyando al fantoche de Ollanta Humala solo para perjudicar la candidatura de Keiko. Una muestra de bajeza moral que sin embargo fue nuevamente disfrazada para los tontos como defensa de la democracia y lucha contra la corrupción. Ahora MVLL sabe muy bien que terminó apoyando tan solo a la nueva corrupción del siglo XXI.

lunes, 1 de julio de 2013

Proselitismo con donaciones ajenas


Escribe: Fritz Du Bois

Quienes pensaron que habían encontrado una rica y secreta veta en las arcas del Estado no contaron con la fiscalización de los medios de comunicación. Luego de diversas denuncias, el manejo de las donaciones por parte del Gobierno se ha convertido en un escándalo.

Así tenemos, en primer lugar, una fila de congresistas oficialistas haciendo cola para entregar ‘regalos’ a la población gracias a la generosidad de la Sunat y de la ministra de la mujer. En ninguna de las notas de prensa que los legisladores han circulado se informa que eran bienes que ellos solo ‘transportaban’ para la municipalidad local, como intentó explicar el mandatario.

Más bien ellos mismos han entregado directamente a los ciudadanos artículos de lujo, de poca o nula utilidad, pero que serán de cualquier manera recordados por su electorado el día que votarán para reelegir a su generoso parlamentario.

En realidad, el uso de recursos públicos –como las donaciones– para realizar proselitismo partidario es tan corrupto como el pedir coimas para otorgar indultos a narcos. Sin embargo, no vemos al procurador anticorrupción iniciando alguna investigación. Evidentemente, siendo el Gobierno el involucrado, los encargados de velar por el interés público que ellos han nombrado se sienten inhibidos y se terminan allanando.

Por otro lado, las donaciones también están siendo objeto de hurto abierto por parte de cómplices o allegados en las entidades encargadas de administrarlos. Por ejemplo, el robo de más de un millón de dólares en accesorios de marca en la aduana que debieron ir a una ONG en Piura para ayudar a los discapacitados, pero que desaparecieron en los bolsillos de algunos delincuentes y funcionarios.

Al final, el destino de los bienes incautados tiene que ser revisado. No vemos motivo alguno por el cual no puedan ser rematados transparentemente por Sunat y remitir los recursos recaudados a los beneficiados.

sábado, 15 de junio de 2013

Corruptos y traficantes de la moral


Por Dante Bobadilla Ramírez

La corrupción es parte de la política y de la propia sociedad en la mayor parte del mundo. Es un flagelo de la humanidad que siempre hay que estar combatiendo. En el Perú la corrupción política no es nueva. La República empieza con el fraude de los bonos de la independencia, sigue con el contrato Dreyfus, continua con los negociados de Henry Meigs y así una larga fila de escándalos hasta nuestros días. En el camino se hizo famosa la frase "roba pero hace obra" que se documenta desde principios del siglo pasado. Así que no podemos negar que la historia de la política peruana es, en parte, la historia de la corrupción.

Pero a estas alturas de nuestra historia hay una nueva especie de sabandijas que ha aparecido hace poco más de una década en la política peruana. Son los traficantes de la moral, sanguijuelas que usan una máscara ética y se disfrazan de luchadores contra la corrupción para hacer campaña alzando la espada de la moral. Son expertos en señalar a los corruptos, en condenarlos, acusarlos, juzgarlos una y otra vez hasta que el veredicto sea el que satisfaga a las muchedumbres histéricas. Pero mientras la atención pública está puesta en el circo de la justicia, el infame promotor del linchamiento aprovecha para cometer sus propios latrocinios sin que nadie se ocupe de él. No solo no se ocupan de él sino que, en pago por el circo y el gran negocio de la justicia, es encubierto por una casta de parásitos que medra en estas ejecuciones públicas.

Un vivo ejemplo de esta nueva especie de escoria humana es Alejandro Toledo. Vividor consuetudinario que logró treparse a la política luego de reptar por mil oficios y arrimarse a muchos personajes, hasta llegar a prestarse como agente de Vladimiro Montesinos. Su historia ya la hemos reseñado en un artículo anterior. Todos recordarán su repentina conversión de una campaña a otra cuando luego de alabar a Alberto Fujimori en el 2000 asegurando que él construiría el "segundo piso", de pronto en el 2001 se plegó al cargamontón antifujimorista. Aprovechó astutamente el momento para subirse al estrado y convertirse en el paladín de la lucha contra la corrupción. Como buen mago logró que el público se enfocara en la espada justiciera sin notar la extensa cola de rata que escondía por detrás. Así fue como Toledo llegó a Palacio.

Sus actos de gobierno lo pintaron de cuerpo entero pues nunca mostró ni decoro ni vergüenza. Para empezar se subió el sueldo astronómicamente convirtiéndose en el presidente mejor pagado de Latinoamérica. Iniciaba su trabajo a las 10:30 de la mañana, llegaba dos horas tarde a todas las reuniones, viajaba ostentosamente y vacacionaba en Punta Sal con demasiada frecuencia. Convirtió el avión presidencial en "avión parrandero". El escándalo de sus francachelas y líos de faldas atravesó las paredes de Palacio de Gobierno causando las iras constantes de su esposa, quien en una ocasión fugó histérica a las Islas de Pascua. Después de la reconciliación telefónica, el borrachín presidencial se llevó a todo su gabinete al aeropuerto para recibir a su histérica primera dama.

Mientras tanto, la imagen de Toledo como "luchador anticorrupción" se concentró en la vil tarea de perseguir a todos los funcionarios que trabajaron para el Estado peruano en el régimen de Fujimori, muchos de ellos inocentes y probos. Empezó con el montaje de la Comisión de la Verdad y Reconciliación entregada por completo a la izquierda. Al final la CVR nunca sirvió para ninguna verdad ni para la reconciliación, sino tan solo para el enriquecimiento de la caviarada. Fue un burdo intento de la izquierda para cubrir sus culpas y despretigiar a las FFAA colocándolas al mismo nivel de SL, además de asegurar la labor de las ONGs de DDHH. Más allá de eso Toledo no hizo nada bueno salvo buscar el TLC con EEUU. Tuvo suerte de que el precio de nuestros minerales empezara a subir astronómicamente en el mercado mundial, lo que le permitió mostrar cifras de crecimiento, pero gracias a las inversiones mineras que se hicieron en los 90.

Lo que nadie sospechaba era que el campeón de la lucha anticorrupción abría cuentas en el exterior, asesorado por la "cosa nostra" judía que lo rodeaba y protegía. Hoy se descubre que el movimiento de cuentas ligadas a Toledo se inicia en tales fechas. El escándalo de corrupción lo salpica directamente en el cacharro. Pero ¡oh sorpresa! La casta de "luchadores contra la corrupción" que hoy gobierna ¡le brinda protección! Ollanta Humala es otro de esos paladines de la lucha anticorrupción que salió de la nada y llegó a Palacio protegido por la caviarada y empujado por la izquierda. Los escándalos de Ollanta se ocultaron hábilmente, empezando por la mágica desaparición de su expediente militar y la compra descarada de los testigos de Madre Mía. Luego se minimizó el viaje de su hermanito a Rusia para negociar por cuenta del Estado. Estamos en un punto muerto sobre toda esa inmundicia porque los dos paladines anticorrupción se protegen mutuamente, mientras los traficantes de la moral que engordan en las ONGs caviares se ocupan solo de quienes odian.

Los peruanos debemos ser conscientes del nuevo panorama: los corruptos han asumido el rol de luchadores anticorrupción. Son como el carteristas que corren gritando "al ladrón, al ladrón". Estamos dominados por una casta caviar que ha monopolizado el rol de la lucha anticorrupción y convertido la justicia un gran negociado, además de instrumento político. Son expertos en resucitar casos de los años 80 cuando se les antoja y les conviene, alargar los procesos judiciales el tiempo que les viene en gana, montar psicosociales, formar comisiones, nombrar fiscales, elaborar expedientes, acusaciones y calumnias, siempre en una sola dirección. La caviarada ha convertido al fujimorismo (y ahora al aprismo) en símbolos de la corrupción para que nadie se fije en los demás ni en ellos mismos. Resulta que tanto Ollanta como Toledo están protegidos por un santo manto caviar. Y no digamos nada de la santísima alcaldesa de Lima. La caviarada no se cansa de gritar "¡al ladrón, al ladrón!".

martes, 28 de mayo de 2013

SU PALABRA NO ES SUFICIENTE


Por Felipe Cortijo Medina

Todo parece indicar que la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República tendrá una nueva tarea, la investigación del patrimonio familiar del ex presidente Alejandro Toledo Manrique que, a toda vista, muestra un desbalance difícil de explicar. En aras de esa transparencia con que nos suele recalcar una y otra vez, tendrá que demostrarse la inexistencia de corrupción.

Y es que su sola palabra ya no cuenta, no es suficiente para esclarecer lo que se muestra como un enredo de explicaciones contradictorias, en donde lo único claro es que no hay una historia convincente para nadie, y lo que es más: ni siquiera para el mismo Toledo, como lo ha reconocido. No se puede jugar con la verdad. Ya basta de poses de autoridad que no se tiene. Tendremos que forzarlo a mostrar la verdad. Como alguna vez observó Baltazar Gracián: “La verdad por lo general se ve, muy raras veces se oye”, y lo que vemos hace rato es el desvergonzado alarde de una solvencia económica imposible para quien se declara vivir como un simple académico. Y su suegra, menos aún.

Esperamos que el Congreso esté a la altura de las circunstancias, esperamos no tener que criticar la falta de compromiso con la decencia y dignidad de algún parlamentario. Ya sabemos quienes serán los felones de siempre, nunca faltarán el arreglo y la componenda política, pero una vez más queremos ver nombres y apellidos. Queremos ver quienes mantienen el prestigio de verdaderos ciudadanos, con voz y voto para fiscalizar a funcionarios e incluso mandatarios corruptos, a ex presidentes o presidentes inmersos en flagrante delito, el Congreso debe recuperar su majestad y ser la conciencia de todo el Perú,  poner fin a la mediocre política caudillista, no hay “Pachacutec” o ídolo que valga.

El mundo nos observa, demos nuevamente una lección maestra. Estas líneas sólo tratan de apelar al honor y a la honestidad de las personas, ello implica tomar una posición dura e insobornable con la ética, que no dependa del dinero ni de los favores del poder, que rescate la honra y mantenga erguida la reputación moral del país. Terminaré una vez más con otro precepto de Baltazar Gracián, escrito en el siglo 17, espero no se tome como algo arcaico y sin vigencia, así lo espero de veras, por el bien de todos y quienes se atrevan a leerlo, y sobre todo, a practicarlo: “Nunca pierda el respeto por usted mismo ni se muestre demasiado relajado cuando esté a solas. Haga que su integridad sea su propio estándar de rectitud, y dependa más de la severidad de su propio juicio sobre su persona que de todos los preceptos externos. Desista de toda conducta indecorosa, más por respeto a su propia virtud que a las prescripciones de cualquier autoridad externa. Respétese a sí mismo y no necesitará del tutor imaginario de Séneca”.