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martes, 20 de junio de 2023

Los destructores de la política peruana


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Este par de sinvergüenzas y aventureros de la política, Salvador del Solar y Martín Vizcarra, deberían terminar presos por haberse atrevido a dar un golpe de Estado, solo para favorecer los intereses de la mafia caviar, impidiendo el cambio del TC que tenía mayoría de izquierda. Pero hicieron mucho más que solo eso. Pervirtieron toda la política.

Con el cierre del Congreso de mayoría fujimorista, la mafia caviar consolidó su poder luego de haber capturado previamente la Fiscalía de la Nación, donde colocaron a su tonta útil Zoraida Ávalos, tras la furiosa campaña mediática de demolición del fiscal Pedro Chávarry. Eran los tiempos en que los fiscales Vela y Pérez campeaban como héroes de la lucha anticorrupción liderada por Martín Vizcarra y aplaudida por la prensa prostituida, pero reducida a la persecución política de Keiko y Alan, y a la guerra contra el Congreso "fujiaprista".

Así se consolidó el plan siniestro de la mafia caviar que consistió en destruir al fujimorismo y al Apra persiguiendo a Keiko y Alan, cerrar sus partidos, disolver el Congreso "fujiaprista" y capturar todos los poderes del Estado. Para eso sirvió el referendum amañado en el que el propio Vizcarra -descaradamente- aleccionaba a la población en cómo votar, incluyendo afiches aleccionadores en los mismos locales de votación. El resultado "Si,Si,Si,No" expresó el nivel de borreguismo al que un fantoche convertido en dictador había llevado a la sociedad, con su permanente discurso de lucha contra la corrupción, el circo montado por los fiscales de la mafia que defendió a capa y espada, sus poses y ademanes de salvador de la patria. Luego impuso las reformas políticas destinadas a destruir a la clase política y a los partidos. Por eso tenemos hoy al Congreso que tenemos: con puros improvisados que al no tener ningún futuro político se dedican a las fechorías. Vizcarra se encargó de que en el Perú no hubiera ninguna carrera política y, por tanto, ninguna clase política. Los partidos fueron convertidos en jardines de infantes financiados y supervisados por el Estado en el más mínimo detalle, desde su doctrina y sus gastos, hasta sus planes de gobierno, los que deben incluir -necesariamente- la agenda del progresismo.

Todo eso ocurrió -hay que decirlo- gracias a la ignorancia y cobardía del fujimorismo, ya que nunca supieron ejercer el poder que tuvieron con una aplastante mayoría en el Congreso. Hoy el TC acaba de ratificar algo que siempre estuvo claro en la Constitución: la cuestión de confianza es para defender políticas públicas y no puede ser usado para cuestiones propias y privativas del Congreso. Cuando Martín Vizcarra empezó a apabullar al Congreso con cuestiones de confianza por cambios a la Constitución y convocatorias a referendum, el Congreso pudo y debió rechazarlas por impertinentes. Pero el fujimorismo agachó la cabeza y admitió todo lo que el patán de Vizcarra les llevaba caminando desde palacio en medio de un show mediático alucinante. Ese Congreso fue una vergüenza por su incapacidad política. Por eso terminaron arrojados a la calle de un puntapié. Nunca supieron darle batalla al aprendiz de dictador. No estuvieron a a altura de la historia. Se acobardaron.

Ahora el TC puso las cosas claras. El Ejecutivo no puede interpretar a su antojo ni una "negación fáctica" ni un "rechazo de plano" como trató de hacer Pedro Castillo bajo la guía de Aníbal Torres, cuando el Congreso de Williams rechazó la cuestión de confianza presentada por Anibal Torres aduciendo que era impertinente. Eso mismo debió hacer el Congreso fujimorista: no admitir a debate la cuestión de confianza por cambios a la Constitución por impertinente e inconstitucional, y la historia hubiera sido diferente.

Esperemos que con este fallo del TC y el antecedente de Williams se cierre de una vez ese agujero dictatorial que abrió Vizcarra con su "negación fáctica" y su golpe de Estado. Ahora lo que correspondería -si nos queda algo de dignidad republicana- sería perseguir jurídica y políticamente a este par de fascinerosos de Salvador del Solar y Martín Vizcarra, que actuaron como peones de la mafia caviar para permitirles capturar todas las instituciones, destruir a la oposición y envilecer la prensa y la política. Hay que intentarlo todo para que paguen. Debemos copiar el estilo de la izquierda y apelar a toda clase de recursos para sentar un precedente y darles una lección a esta clase de farsantes de la democracia.

jueves, 15 de septiembre de 2022

La barbarie del vizcarrismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Publicado en El Pollo Farsante el 16 de noviembre de 2021 

Se ha recordado el primer aniversario de la barbarie desatada en las calles de Lima tras la vacancia del dictador Vizcarra. Es una fecha que la izquierda no desaprovecha para contar su versión de la historia, llamando «golpe» a la vacancia de Vizcarra, «dictador» a Merino y «antidemocrático» a su breve régimen. De la misma manera, declaran «héroes» a un par de delincuentes muertos en las trifulcas contra la Policía. ¿Qué fue lo que en realidad pasó?

La manipulación de la verdad empezó mucho antes, cuando inventaron el cuento de hadas de que Martín Vizcarra era «el padre que el país necesita». El viejo cuento de la «lucha contra la corrupción» fue utilizado una vez más para engañar a los incautos y combatir a los enemigos. Ni en la Rusia de Stalin ni en la Alemania nazi se había visto tanto engaño colectivo. La gente estaba tan idiotizada por la prensa y el show de Vizcarra que terminaron idolatrando al fantoche moqueguano como a un dios, pese a que Vizcarra nunca se ocupó de gobernar.

El país estuvo a la deriva mientras Vizcarra se ocupaba de la guerra política contra el Congreso. Ganaba popularidad mediante el discurso y el gesto populista, con su pose de luchador anti corrupción, sus alardes reformistas para purificar la política y sus payasadas efectistas, como caminar hacia el Congreso llevando personalmente las reformas. Mientras tanto, poco a poco extendía sus tentáculos controlando todas las instituciones con apoyo de la mafia.

Martín Vizcarra encarnó muy bien su personaje de Mr. Show para convencer a las masas de que era el dios de la justicia que limpiaría el Perú del mal. Un burdo montaje para deshacerse de los opositores y capturar el poder. Así fue cómo liquidaron a Pedro Chávarry y capturaron la Fiscalía de la Nación, crearon la Junta Nacional de Justicia para manejar al Poder Judicial, hicieron reformas para liquidar a los partidos políticos y dieron un golpe de Estado cerrando el Congreso al caballazo, para impedir que se cambie al Tribunal Constitucional. Todo eso, más el control de la prensa, fue la estrategia para que una mafia tenga el poder absoluto.

La rápida y desesperada vuelta de Martín Vizcarra del Brasil para defender a los fiscales Vela y Pérez, removidos de sus cargos por Pedro Chávarry, fue una descarada intromisión que delató la existencia de una maquinaria tenebrosa montada ya para la guerra política. Fiscales y jueces eran piezas de esa maquinaria del terror judicial, junto a una prensa prostituida y una ONG que generaba los escándalos mediáticos, como el de Los Cuellos Blancos, con audios que soltaba oportunamente para liquidar a personajes incómodos.

La prensa vizcarrista tenía un staff de guaripoleras y opinólogos dedicados a alabar a Vizcarra, aplaudir su «lucha contra la corrupción» y atacar día y noche al Congreso, al que le pegaron la etiqueta de «obstruccionista». Luego vino el espectáculo morboso de la captura y prisión de Keiko Fujimori. Más tarde, la persecución, captura y muerte de Alan García, para el orgasmo de una generación amamantada con el odio y la mentira. Todo un espectáculo montado mediante burdas artimañas legales, como aportes de campaña o discursos remunerados.

En resumen, la época de Martín Vizcarra fue de una vendetta política permanente en busca de copar todas las instituciones, liquidar al fujimorismo y al APRA y debilitar a los partidos. Fue una época que pasará a la historia como la era del terror político, del abuso fiscal y judicial, de las sucias campañas de prensa y de las prisiones preventivas, utilizadas como espectáculo público en reemplazo del cadalso, mientras se idolatraba a un patán con ínfulas de dictador.

Pero también fue una época de mediocridad total, pues Vizcarra prefirió rodearse de lo más elemental, de su gentita provinciana de Moquegua, de los adulones, trepadores y traidores que le hacían reverencias a su paso, como Gloria Montenegro o Daniel Salaverry; de tontos útiles, como Salvador del Solar; de notables caviares, como Tuesta y Tanaka, que se prestaron como papagayos para adornar las reformas políticas. Vizcarra prefirió el show de la paridad de género en su «gabinete paritario», el espectáculo de la lucha contra el patriarcado uniformando con mandiles rosados a los generales del Ejército, la pantomima del mensaje a la nación con arengas a la unidad nacional, la exhibición del «juntos sí podemos», mientras se vacunaba en secreto y nos encerraba sometiéndonos a las reglas más absurdas del planeta en la peor gestión de la pandemia.

La caída de Vizcarra tiraba por los suelos todo ese andamiaje nefasto montado por una mafia para hacerse del poder absoluto, ponía en riesgo toda esa estructura mafiosa de poder repartido en varias instancias corruptas y desestabilizaba muchos negocios con el Estado y desde el Estado. Pero, sobre todo, arriesgaba la impunidad de una mafia que —pese a todo el circo fiscal— no ha sido tocada gracias a oscuros y secretos «acuerdos de colaboración».

El Congreso resultante del golpe de Vizcarra fue un potro difícil de domar. Las reformas de Vizcarra aseguraron la mediocridad, pero no la lealtad al régimen. Vizcarra se sentía emperador y se comportaba como tal gracias a la seguridad que le daba su maquinaria mafiosa y —principalmente— la prensa. En el primer intento de vacancia, se presentó al Congreso muy campante, se encaramó al estrado de la mesa directiva para dar un breve mensaje por toda defensa y salió riendo. Felizmente, en medio de toda esa feroz maquinaria de propaganda oficial en que se había convertido la gran prensa, aparecieron unos medios pequeños que empezaron a revelar la corrupción detrás del régimen, hasta provocar su caída.

La vacancia de Martín Vizcarra fue un acto justo y necesario; se sacaba así del poder al personaje más nefasto de este siglo. Pero, por supuesto, iba a costar muy caro, pues toda la mafia que había estado soportando al régimen reaccionó de inmediato. Los mismos tontos útiles que sirvieron al dictador saliendo a marchar en numerosas ocasiones —ya sea para defender a los fiscales Vela y Pérez, o para pedir la expulsión del fiscal de la nación Pedro Chávarry, o para pedir el cierre del Congreso y aplaudir el referéndum amañado— volvieron a salir a las calles en defensa del corrupto defenestrado.

Desde luego que no fueron marchas originales ni mucho menos espontáneas. Son los mismos contingentes que la izquierda sabe sacar a las calles en cada ocasión, pero con diferentes pancartas. Jóvenes arriados por la prensa, las oenegés y las universidades detentadas por la izquierda. Ya desde antes había una férrea oposición a la vacancia con el argumento de la pandemia, como si Vizcarra hubiera hecho algo positivo más allá de su show diario en televisión. La reacción contra la vacancia alcanzó niveles de violencia inusitada, hasta que cosecharon los muertos que estaban buscando. Por supuesto, eran muertos que no pertenecían a la gentita.

El objetivo de esas marchas era recapturar el poder para la mafia. El resto es cuento para bobos. Nunca hubo una defensa de la democracia. No solo consiguieron hacer renunciar al débil régimen de Merino, sino que arrinconaron a los 105 congresistas que votaron por la vacancia de Vizcarra y les impidieron formar parte de la nueva mesa directiva. Fue, pues, un feroz contragolpe de la mafia. No solo recuperaron el poder, sino que iniciaron la narrativa oficial de los sucesos con discursos de gratitud y homenaje a los vándalos caídos.

jueves, 17 de diciembre de 2020

El reino de la mentira progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Como nunca antes, en estos últimos cuatro años la política en el Perú se ha envilecido al punto de ser el escenario de la mentira y el odio. Nada más que eso es hoy la política. Principalmente de parte del progresismo, quienes lejos de analizar los hechos con objetividad y en busca de la verdad, viven en una competencia permanente de fabulación, creando mitos y mentiras para engañar a la gente. Básicamente viven en la cacería permanente de “culpables”. La izquierda nunca tiene la culpa de nada. Hasta sus corruptos y vándalos son disfrazados como héroes y víctimas. No debe extrañarnos ya que esa es la escuela del comunismo.

Los hechos y las cifras que se manejan a nivel internacional, dicen que el Perú es el país donde peor se manejó la pandemia. Eso nadie lo puede cambiar. Es una realidad que todos vivimos. El gobierno de Vizcarra se dedicó a montar un espejismo mediante el uso de la prensa, para hacerle creer a los peruanos que se estaba controlando la pandemia. Todo fue un show diario. El primero gesto de Vizcarra fue cambiar a la ministra de Salud para poner a un comunista del Frente Amplio a cargo de la pandemia, como si fuera el salvador. Lo que hizo Víctor Zamora fue seguir el manual del comunista en el poder. De inmediato contrató médicos cubanos que nadie necesitaba y nombró comisiones repletas de comunistas, dedicados a diseñar planes descabellados, sin pies ni cabeza, con el nombre de “protocolos”. Algunos tan absurdos que tuvieron que cambiarse apenas al día siguiente, como el uso de guantes.

De allí nacieron los famosos confinamientos con enfoque de género para luchar contra el patriarcado. Ningunearon al sector privado, culparon a las farmacias por la falta de stock de medicamentos, luego de que el público arrasara los estantes. Culparon a las clínicas privadas cuando ni los hospitales del Estado estaban preparados con camas UCI. Armaron una campaña contra las clínicas privadas para tratar de estatizarlas. Copiando la estrategia de Hugo Chávez, montaron el show diario del “Aló presidente” en versión Vizcarra, para dar largos mensajes repletos de retórica y cinismo, solo para hacerle creer a la gente que estaban controlando la situación, cuando todo estaba fuera de control. Los muertos se ocultaron. 

En julio empezaron a hablar de las vacunas y Vizcarra nos aseguraba que estas llegarían. De pronto volvió a cambiar de ministro en plena pandemia y nombró a la Dra. Mazetti. Las cosas empezaron a mejorar en el aspecto sanitario, pero la economía seguía en picada porque al comunismo nunca le interesó este aspecto. Para ellos fue muy fácil paralizar totalmente la economía y cerrar empresas. Posaban como salvadores pero lo cierto era que el país languidecía. La gente perdió sus empleos o redujo drásticamente sus ingresos, mientras la ayuda prometida del gobierno a los más pobres llegaba tarde, mal y nunca. Todo el Estado era un total desbarajuste. Ni siquiera sabían cuántos eran los pobres ni dónde estaban.

Pero Vizcarra salía al mediodía asegurando que todo iba viento en popa. Las vacunas iban a llegar en diciembre. Por lo menos un lote de 50 mil que ya estaba compradas. Felizmente sus palabras están grabadas. Y ahora resulta que no tenemos nada. Ni una sola vacuna.

Frente a la vergüenza mundial de quedarnos sin vacunas, empezó la operación Pilatos por parte del progresismo, en busca de lavarle las manos a Vizcarra. Resulta que toda la culpa es de Merino. El Mismo caradura de Vizcarra salió a los medios a culpar al Congreso por vacarlo. En el colmo del cinismo asegura que justo en esa semana se iban a firmar los contratos de compra. Pero no tienen ni un borrador de contrato que mostrarle a la gente. Ni un cheque girado. Nada. Pero Vizcarra no es el único embustero en busca de eludir sus culpas. Tiene todo un ejército de fieles seguidores que han hecho coro para culpar de todo a Merino.  ¿De dónde sale tanto amor de la izquierda por un incompetente y corrupto embustero? 

La clase política ha desaparecido. Quedan unos pocos a punto de extinguirse, y ni siquiera están en el escenario sino en los palcos, y sus opiniones no resuenan. Quienes ocupan los principales roles de la política nacional ahora, no pasan de ser meros trepadores sin oficio ni altura intelectual, dispuestos a decir cualquier mentira barata sin remordimiento. Allí están copando las portadas y los principales programas de la prensa prostituida por Vizcarra, en busca de culpar de todo al Congreso por haber vacado al corrupto. Piden sanción para Merino y los 105 congresistas. Declaran héroes a dos vándalos muertos enfrentando a la policía. Piden reparaciones para las víctimas del “abuso policial” durante las marchas de protesta por la vacancia del coimero de Moquegua, en las que atacaron salvajemente a la policía. 

El Perú es una farsa política. Todo es mentira y fábula. Quienes tienen el poder político y el control de los medios llenan a la población de cuentos y embustes. Ellos tienen el poder para convertir a cualquiera en culpable, víctima y héroe. Los hechos no interesan sino las portadas y los mensajes desaforados de los entrevistados favoritos de la prensa corrompida. Repetir las mismas mentiras todos los días hasta que la gente se lo crea. Esa es la estrategia. Ya no quedan políticos probos ni periodistas decentes. Los pocos están en el retiro o son censurados.

martes, 15 de septiembre de 2020

El imperio contraataca

 


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Y como era de esperar, el presidente Vizcarra salió ayer en público, pero no a dar el pecho y responder preguntas de la prensa, sino -como ya es su costumbre- a dar otro de sus consabidos mensajes a la nación, desde algún rincón de palacio de gobierno. Su estrategia -bien montada- no consistió en decir la verdad sino en mentir y engañar para crear un relato que convierta a sus perseguidores en los malos de la película. Una típica estrategia de medios que -sin duda- fue resultado de algún asesor de imagen, de esos que viven haciendo "media training" a políticos y funcionarios en problemas, antes de que den la cara y abran la boca ante los medios. 

El libreto de Vizcarra estaba escrito. Lo leyó incluso con dificultad. La estrategia preparada por sus asesores fue inventar el mito de la conspiración. Algo que nunca falla ya que a la gente le encantan las historias de conspiraciones. Para dar credibilidad a sus palabras, soltó sendas mentiras muy efectivas, como que el presidente del Congreso ya tenía listo su gabinete. Cuentazo que hoy reproduce en primera plana La República. mientras que El Comercio, más mesurado, solo dice "Presidente implica a titular del Congreso en un conspiración". El montaje perfecto.

Está claro que esta campaña del gobierno y sus medios de prensa apuesta a la estupidez de la gente, pues la teoría de la conspiración es insostenible. Casi siempre lo es pero la gente siempre los cree. Estos audios no han sido grabados por los congresista (señalados ahora como los malos de la película) sino por el personal íntimo y de confianza del propio presidente de la República. Y no son de esta semana sino de hace meses atrás, cuando reventó el caso Richard Swing y la fiscalía inició sus investigaciones. Lo más probable es que las secretarias de palacio hayan decidido grabarlo todo para salvar su responsabilidad, dado que les estaban obligando a mentir y ocultar pruebas. Es obvio que olieron que todo ese asunto apestaba. 

Este chupo ha saltado porque la fiscalía y una comisión del Congreso empezaron a presionar al personal de palacio indagando por los jugosos contratos de Richard Swing en el Ministerio de Cultura. Así que la teoría de la conspiración es lo más ridículo que han podido montar los asesores de Vizcarra y su prostiprensa. Para colmo, siguiendo lo que parece ser su accionar, Vizcarra ha hecho que uno de sus ministros mienta, para afirmar que dos congresistas de Acción Popular (sin decir nombres, obviamente) lo llamaron para garantizarle que en un eventual cambio de gobierno, él seguiría en su puesto. Este cuento no solo es inverosímil sino hasta ridículo. Está fabricado para darle credibilidad a la teoría de la conspiración. Acá lo importante es crear el mito y confundir a la gente hasta hacerle dudar. 

Por su parte, todos los agentes de la mafia caviar han salido a demoler a Edgar Alarcón y Manuel Merino, movilizando todos sus recursos. Ya tienen harta experiencia en esta clase de operativos. ¡Cómo olvidar la furiosa, asquerosa y sostenida campaña de demolición de Pedro Chávarry y Keiko Fujimori, así como la inmunda campaña de desprestigio y satanización del Congreso anterior! Así crearon el ambiente propicio para el golpe de Estado, perpetrado finalmente para salvar a los miembros del Tribunal Constitucional, evitando su renovación con el cierre apresurado del Congreso. Todas estas operaciones mafiosas se han dado en perfecta coordinación entre palacio de gobierno, los medios de prensa, oenegés caviares, el Ministerio Público y el Tribuna Constitucional. 

Una vez más vemos a los mismos personajes que antes defendían ardorosamente -desde sus programas de radio y columnas de prensa- a personajes como Ollanta Humala, Nadine Heredia y Susana Villarán, dedicados ahora a la defensa abnegada de Martín Vizcarra, invocando la gobernabilidad y la pandemia, y atacando con furia a los congresistas que osaron ventilar los nuevos audios de la vergüenza, a los que ignoran con increíble desdén, como si no existieran. ¡Qué diferencia con los audios que IDL soltaba en momentos precisos para complicarle la existencia a algún personaje de oposición! Bastaba que dijera un nombre y lo llamara "hermanito" para condenarlo y convertirlo en corrupto. Ya es bien evidente que estos periodistas utilizan su espacio en los medios para ponerse al servicio de ciertos intereses, y no lo hacen gratis. De hecho, viven de eso y para eso están. 

El panorama esta mañana pinta a favor de Vizcarra. Ya los astros han sido alineados a favor del presidente gracias a las maniobras de la poderosa mafia caviar. Merino y Alarcón caerán en desgracia. El Tribunal Constitucional romperá todos los récords para resolver a la brevedad necesaria, el recurso absurdo presentado por la ministra de Justicia, un alegato mamarracho que parece bajado del "Rincón del vago" y cuyo único fin es servir de pretexto para que los amigos del TC suspendan la vacancia. No sería la primera vez que este gobierno se sale con la suya apelando a leguleyadas. No estamos en un estado de derecho sino en manos de una mafia que apantalla sus movimientos con recursos legales. El pueblo peruano será una vez más burlado por la mafia que, finalmente, seguirán controlando todo. Acá no ha pasado nada. 

Lo más triste de esta penosa historia no es que el Perú siga en manos de una mafia, cuya especialidad es el complot y las campañas de medios para mantener al pueblo hipnotizado mientras mantiene los hilos del poder, sino que -efectivamente- podemos advertir que los peruanos defienden ahora a Vizcarra, pese a ser sin ninguna duda el peor presidente de la historia, un hombre mediocre sin estatura mental ni moral, cuya gestión se ha reducido a la guerra política para servir a los intereses de la mafia, y que no tiene absolutamente ninguna obra material que mostrarle al pueblo. ¿Hasta cuándo los peruanos seguirán siendo tan mansos y vivirán manipulados como borregos viviendo en un mundo de ficción? 


martes, 4 de agosto de 2020

Debut y despedida de Cateriano



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Hoy los peruanos despertamos con un nuevo capítulo de la política peruana, convertida en una serie de intrigas, guerras de intereses y ansias de poder. Esta madrugada, el Congreso le negó la confianza al recientemente armado gabinete de Pedro Cateriano, tras su larga presentación de más de tres horas, en las que expuso una agenda de gobierno bastante ambiciosa, como si fuera el inicio y no el final de la gestión de Vizcarra. De inmediato han salido los analistas a condenar esta actitud del Congreso, llamándolos "irresponsables" por no usar la misma etiqueta que le achacaron al Congreso anterior, al que tildaron de "obstruccionista" para luego aplaudir su cierre.

Ya se ha dicho que en el Perú siempre podemos estar peor. Esta es la paradoja que nos deja la historia tras la disolución del Congreso anterior, al que se le hizo una guerra sin cuartel desde los medios de prensa al servicio de la mafia odebrechera caviar, con la consigna de destruir al fujimorismo en todos los frentes. Para nadie es un secreto que acá se desató una guerra política contra el fujimorismo montada desde la izquierda, y cuyo propósito es liquidar como sea a Fuerza Popular, apresar bajo cualquier pretexto a Keiko Fujimori para sacarla del escenario político y electoral, y cerrar al caballazo el Congreso de mayoría fujimorista, con apoyo de la prensa mermelera y la caviarada. Esta guerra está encubierta con falsas etiquetas como la "lucha contra la corrupción".

Lo que tenemos ahora es el resultado de esa guerra de destrucción de la política. El nuevo Congreso está dominado por improvisados arrimados a combis electorales que no tienen ninguna bandera política. Son como piratas a disposición de cualquier tipo de interés. Lo que queda de Fuerza Popular votó a favor del gabinete Cateriano, pese a ser uno de los más rabiosos antifujimoristas y defensor del golpe de Estado de Vizcarra. Por su parte la izquierda votó en contra, porque no les gusta el perfil pro empresa de Cateriano y su discurso pro minería. La bancada del viejo partido Acción Popular -asesorada por Yonhy Lescano- se dividió entre los que votaron en contra y se abstuvieron. Este es el Congreso que inventó Vizcarra tras el golpe de Estado y sus reformas electorales eliminando la reelección. Son contados con los dedos de una mano los congresistas capaces de emitir juicios razonables y en buen castellano.

Si hay que señalar a un responsable de este desastre político ese tiene que ser obviamente Vizcarra. No hay otro. Ha sido Vizcarra el que montó desde el principio su guerra política contra el Congreso y el fujimorismo, apoyando a los fiscales chacales que perseguían a Keiko y Alan García, combatiendo a todo aquel que no se alineara con la mafia caviar y el acuerdo entreguista con Odebrecht, como Pedro Chávarry y Tomás Galvez, imponiendo a la fuerza sus reformas políticas destinadas a debilitar al Congreso y a los partidos, convocando ilegalmente a un referendum y manipulando esas elecciones. Hoy Vizcarra cosecha lo que sembró. Ahora tiene un Congreso que no le tiene miedo y que -a diferencia del anterior- no está dispuesto a agachar la cabeza para que el dictador se la corte.  

Vizcarra es responsable de la crisis por preferir la confrontación antes que el diálogo y el consenso. La política es el arte de lograr acuerdos, pero para Vizcarrra es el oficio de la guerra para destruir a todos los que no piensan como él ya que los ve como enemigos. Vizcarrra tiene la escuela del típico dictador latinoamericano que se cree el mesías, el salvador de la patria, el fundador de la nueva República, el que hará un antes y un después en la historia. Lamentablemente Vizcarra no es más que un sujeto mediocre, muy pobre de recursos intelectuales, carece de pericia política. De allí sus aires de dictador, su afán protagónico, su charlatanería barata, su demagogia populista, su patanería grotesca para confrontar al Congreso y entrometerse en otras instituciones y su desfachatez para dar un golpe de Estado express. 

Los otros responsables son, desde luego, la prensa adulona que vive aplaudiendo cada gesto de Vizcarra sin ningún rubor, los ayayeros que lo encumbran como el gran presidente que no es, la chusma que lo apoya ciegamente porque le encanta el show de la guerra contra el Congreso y el fujiaprismo, guerra que la prensa les ha vendido como "lucha contra la corrupción" y contra el "Congreso obstruccionista". La culpa también es de los abogadillos oportunistas que fungen de constitucionalistas de alquiler, dispuestos a fabricar recursos retóricos y jurídicos para darle una apariencia de legalidad a las pachotadas anticonstitucionales de Vizcarra. Y la culpa es del TC que avaló el golpe en lugar de cumplir con su misión de defender la Constitución, la separación de poderes y la institucionalidad democrática.

Cuando todos creímos que tras el golpe de Estado que disolvió al caballazo el Congreso, y que tras la liquidación judicial del fujimorismo a cargo de los agentes de la mafia, las aguas se iban a calmar y que Vizcarra se iba a dedicar a gobernar, empezó esta pandemia que nos cogió con el gobierno más incompetente que se haya tenido en la historia, con un gabinete presidido por un incapaz como Zeballos y repleto de comunistas, y gente de segundo nivel, reciclados de la burocracia del humalismo. Todo eso nos llevó a la situación crítica que hoy vivimos, una pandemia sin control y una economía en crisis. Y cuando el agua empezó a llegarle al cuello al gobierno, Vizcarra dio un giro desesperado a la derecha y llamó a Cateriano. 

No estaba tan mal la idea, pero el problema es que Cateriano tampoco es un sujeto dialogante que busque consensos. Además ya ha creado muchos anticuerpos en el ambiente político. Ya nadie le cree el show del diálogo con los partidos. El diálogo tiene que hacerse antes que cualquier otra cosa. El gabinete debería ser fruto del diálogo y del consenso de las fuerza políticas. No al revés. No se puede poner a alguien como Cateriano, un gallito de pelea sacado del galpón del humalismo y entrenado en la pelea a navaja contra el fujimorismo y el Apra, para luego ir a dialogar. Una muy mala estrategia de Vizcarra y un pésimo momento para Cateriano, quien cavó su propia tumba política.

Queda esperar a ver si Vizcarra aprendió la lección o insistirá en formar un gobierno por su propia cuenta y riesgo pese a no tener partido ni bancada. ¿Volverá los ojos a la izquierda o se atreverá a convocar a un outsider, un empresario que tenga valor de ponerse el fajín? Lo peor que podría suceder ahora es que Vizcarrra ante su orfandad política, se deje seducir nuevamente por la izquierda. 

jueves, 2 de julio de 2020

Nunca aprendemos


Escribe: Erick Flores

Lo que viene ocurriendo en nuestro país es terrible, pero ya no hablamos del virus chino que ha terminado por desnudar la precariedad de los servicios de salud y ha puesto en evidencia la incapacidad institucional de la que adolece nuestro país; el problema ha alcanzado dimensiones astronómicas en términos económicos porque a la luz de los hechos, la pobreza y extrema pobreza, aspectos que parecían tener fecha de caducidad en algunas décadas más, han crecido exponencialmente debido al quiebre planificado desde el gobierno.

Con una economía sumergida en la informalidad que ha generado el mismo Estado, los que terminan sufriendo las peores consecuencias de este golpe son los que menos espalda financiera tienen. El grueso de los negocios ya han quebrado y el resto están cerca de hacerlo. El escenario es tal cual lo pinta el economista Hernando de Soto, quien advirtió ayer en el diario El Comercio que las muertes que se vienen serán causadas más por incompetencia de un gobierno que ve con buenos ojos arruinar la economía, que por el mismo virus chino.

Tal y como están las cosas, el gran obstáculo a superar sigue siendo desechar la absurda idea de insistir con subsidiar la quiebra. El gobierno de Vizcarra, desde el inicio de esta crisis, ha optado por aplicar medidas desastrosas para la salud económica de los peruanos. Los bonos no sirven si no hay movimiento. La única salida que no seguirá destruyendo a las empresas, convirtiendo a la clase media en pobres y condenando a muerte a los pobres extremos, es la que siempre ha estado a la mano de las autoridades pero que nunca se han atrevido a considerar debido a que, a diferencia del asistencialismo oportuno, esta no permite a los políticos calcular y cosechar popularidad.

No hay mejor programa social que un empleo. Esto nos lo decía el gran Ronald Reagan y este es el principio que debió de haber acogido el gobierno de Vizcarra para no terminar en la situación en la que estamos. La prueba del éxito la tenemos muy cerca, en el vecino país de Uruguay, donde el gobierno tiene las cosas claras y entiende a la perfección que no existe esa ficción que por aquí se han inventado: “la salud o la economía”, para justificar la borrachera de demagogia en la que nos han sumergido nuestros políticos. Un estado de emergencia sanitaria que no destruye la economía, es lo que ha implementado el gobierno de Lacalle Pou y los resultados hablan.

El panorama se ve oscuro y con las señales que el gobierno de Vizcarra ha venido dando, parece que iremos de mal en peor. Esta crisis debería servir para poner en agenda temas que requieren una reforma integral como pueden ser las pensiones o la informalidad, temas que nunca se han discutido fuera de los límites del consenso político establecido. Por aquí es imposible pensar en un sistema previsional como el de Australia, un régimen impositivo como el suizo o el excelente ambiente institucional para hacer negocios que existe en Nueva Zelanda o Irlanda.

El gobierno de Vizcarra debería comenzar por asumir su responsabilidad en esta crisis, dejar de echarle la culpa a la gente y corregir todo lo que ha hecho mal. Deberían de haber consultando a más gente como Hernando de Soto y no haber depositado su fe en charlatanes como Matuk o Zamora. Para nuestro infortunio, la clase política anda concentrada en la asignación de bonos universales, expropiar clínicas privadas, fijar precios de los medicamentos, mandiles rosados, bicicletas y género. No queda de otra que esperar que el gobierno más inútil de la historia, peor incluso que el de Ollanta, termine de una vez por todas. A no ser que llegue un gobierno de izquierda, será muy difícil que haya otro gobierno tan inepto e incapaz como este.

lunes, 13 de enero de 2020

La previa electoral


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A partir de lo visto en los recientes debates y presentaciones de los candidatos al Congreso, resulta evidente que no tendremos un Congreso mejor que el anterior. Incluso parece que puede ser mucho peor en cuanto a calidad de personas. Y esto es obvio porque el país sigue siendo el mismo, los electores son los mismos y los partidos son los mismos, incluyendo los llamados "nuevos" partidos que presentan a los mismos políticos de siempre. ¿Qué ha cambiado para que el nuevo Congreso sea mejor? Absolutamente nada.

Cada vez queda más claro que la disolución del Congreso obedeció a intereses subalternos. Fue un acto desesperado para evitar que se cambiara al TC antes de que viera la causa de Keiko Fujimori. La reacción apresurada del Ejecutivo al ver que el Congreso se aprestaba a elegir a los nuevos miembros del TC puso en evidencia cuál era su verdadero interés. Pero también es cierto que Vizcarra venía ya buscando excusas para cerrar el Congreso al presentar mociones de confianza a tontas y locas. Su enfrentamiento con el Congreso fue su única estrategia para ganarse a las calles. 

Son falsos pues esos cuentos del "Congreso obstruccionista" pues se demostró que no obstruyó ni un solo proyecto del Ejecutivo, salvo el absurdo adelanto de elecciones que Vizcarra planteó de manera majadera y sin consulta previa en su discurso de Fiestas Patrias, rememorando viejas épocas en que los mensajes presidenciales de 28 de julio estaban llenos de sorpresas que remecían a la nación. Lo de Vizcarra siempre fue la búsqueda del show con efecto mediático, utilizando al Congreso como su piñata para el regocijo de las masas embrutecidas por la prensa.

La disolución del Congreso fue un acto inconstitucional, como lo han advertido diversos y muy serios constitucionalistas de variadas tendencias. Ya pronto se verá en el TC el veredicto final sobre esta felonía perpetrada por Vizcarra, de quien sí podemos decir que es el peor gobierno de los últimos 20 años. Su famoso "gabinete paritario" es el peor que se recuerde en cuanto a calidad de personas. Tan malo es que sus ministros han tenido que renunciar solos sin que haya Congreso que los censure. Y aun así quedan personajes impresentables que dan vergüenza en sus expresiones y que han tenido que ser desautorizados por el premier o el propio presidente.

En resumen podemos decir que se le ha hecho perder al país dos años y 300 millones de soles en vano. Solo para defender al TC que le conviene a la mafia caviar. La campaña muestra el descaro de personajes que luego de votar por la no reelección de congresistas y pedir el cierre del Congreso, hoy vuelven a postular con total desparpajo cobijados en nuevos vientres de alquiler. Esperemos que el electarado no elija a esos impresentables trepadores y comodines. Al menos queda claro quiénes son los que irán a blindar al gobierno golpista y defender a los fiscales de la mafia IDL-Odebrecht. 

jueves, 26 de septiembre de 2019

El payaso de Vizcarra y sus enanos se quedan sin circo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Y como no podía ser de otra manera, la Comisión de Constitución del Congreso arrojó a la basura el aberrante proyecto presentado por el presidente Martín Vizcarra para acortar los mandatos y adelantar las elecciones. Era lo que correspondía hacer basándose en la Constitución y en  el sentido común. No habían fundamentos para acceder a tan disparatado propósito. El odio y el revanchismo no son causales para cerrar un Congreso ni ponerle fin a un período constitucional. Todo lo que han exhibido los vizcarristas son odios, mezquindad, estupidez y pobreza mental. Más nada.

Los argumentos oficiales del Ejecutivo en su demanda eran absolutamente falsos y flojos. Nunca hubo de parte de este Congreso ni pizca de obstruccionismo. El gobierno fue incapaz de presentar las pruebas del supuesto "entrampamiento". La misma Constitución prevé una solución al obstruccionismo. Para eso está el uso de la cuestión de confianza. Si un ministro o un gabinete considera que el Congreso le impide realizar su gestión bloqueando leyes o políticas públicas, puede presentar voto de confianza. Sumados dos votos de confianza negados a un mismo gobierno, el presidente puede disolver el Congreso legalmente. Pero nada de esto ocurrió. ¿Por qué? Simplemente porque este gobierno no ha hecho gestión y, por tanto, el Congreso nunca ha podido impedirle gobernar. La verdad es esa. Todo lo demás es cuento y fábula.

Lo cierto es que este gobierno solo se dedicó a pelear con el Congreso desde el principio. El absurdo pedido de confianza presentado por Del Solar el 4 de abril pasado, estaba referido a cambios en la Constitución, pero no a políticas de gobierno o planes de gestión. Fue un pedido absurdo que debió ser rechazado por el Congreso por indebido e impertinente. Al Ejecutivo no le compete hacer cambios a la Constitución y menos pedir voto de confianza para eso, a menos que sea indispensable para ejecutar alguna política pública concreta, pero ese no fue el caso. Los cambios eran políticos y orientados a pechar a los congresistas. El Congreso decidió otorgar el voto de Confianza y se acabó el asunto.

En consecuencia, es absolutamente falso que este Congreso le haya impedido gobernar a Vizcarra, y la prueba más evidente es precisamente que no han presentado ni una sola cuestión de confianza por políticas de gestión pública. Ni una sola. Solo se han dedicado al show y la payasería, para tener contentos a los borricos de la calle, vendiéndoles el cuento de que los congresistas son los malos de la película y que los del gobierno son los buenos. Vizcarra se pasaba los días promocionando su lucha contra la corrupción que hasta ahora no ha servido para nada. 

La desafortunada propuesta de adelantar elecciones parecía un exabrupto presidencial, tanto que el Congreso solicitó las actas de la sesión del Concejo de Ministros para saber si el mensaje presidencial había sido coordinado, como manda la ley. Al parecer, Vizcarra solo tenía en mente ganarse la simpatía del pueblo cuando se hizo cargo del gobierno. Para eso ideó el referendum con reformas de tono muy populista que golpeaban al Congreso, como la eliminación de la reelección. La jugada dio muy buenos resultados para él, pues su popularidad se disparó. Entonces cayó en el juego y decidió seguir por ese rumbo. Tal vez empujado también por la gente que lo rodea, rojos casi todos.

Pero cayó en su propia trampa. Al presentar una cuestión de confianza por reformas constitucionales le estaba dando al Congreso una tarea que solo les compete a ellos. De manera que el Congreso podía realizar las reformas como le parecían y no necesariamente siguiendo lo que pedía el Ejecutivo. De hecho sucedió así, y cuando el gobierno amenazó con interpretar la cuestión de confianza a posteriori para asumir que se la habían negado, se hallaron fuera de fuego. Les dijeron que así no funciona la cuestión de confianza. De modo que se quedaron sin cuestión de confianza y sin las reformas pedidas. Craso error del gobierno y de sus asesores. Metida de pata total. 

Cuando Vizcarra se dio cuenta de la estupidez que habían cometido montó en rabia. No tenía la tan ansiada cuestión de confianza negada para disolver el Congreso y estos no respetaron sus reformas. Entonces salió con la pataleta y el acto suicida del "nos vamos todos". No le quedaba otra cosa ya que el tiempo no le permitía. No sabía por qué otra cosa presentar cuestiones de confianza, puesto que no tenían políticas públicas que el Congreso pudiera rechazar. Estaban sin nada. Lo único que podían hacer para cerrar el Congreso y cumplir las exigencias de la mafia caviar era el adelanto de elecciones. Pero también esta idea tenía un problemita: carecía de fundamentos. 

Como ven, Vizcarra se hundió en su propia bañera. Hoy solo les queda la pataleta. El premier Del Solar y su gabinete en pleno salieron con el rostro compungido y el rabo entre las piernas para decir nada. No sabían qué decir. Se limitó a decir que el gobierno no se quedará de brazos cruzados. Es difícil advertir qué otra cosa pueden tramar para cerrar el Congreso sin ir presos. La verdad es que ellos mismos se han puesto en este problema por dedicarse a la payasería en vez de gobernar. 

Toda la alharaca que la prensa mermelera armó en apoyo a Vizcarra solo fueron fuegos artificiales. Acá nunca hubo ni hay ninguna crisis. Tanto el gobierno como el Congreso funcionan. El Estado de Derecho se ha hecho respetar y el griterío de unos cuantos perturbados mentales de la izquierda no va a cambiar las cosas. Es la hora de los demócratas que defienden el Estado de Derecho y el imperio de la Constitución frente a los enajenados de siempre. Ya es hora de que acepten que no son mayoría. Si el gobierno piensa seguir en su guerrita tonta contra el Congreso las cosas pueden irle todavía peor. Si Vizcarra no tiene más ideas en la cabeza, lo mejor para él sería renunciar. 

martes, 11 de diciembre de 2018

Una victoria pírrica


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El referendum convocado por el presidente Vizcarra acabó tal como estaba previsto. El triunfo de la fórmula presidencial no tuvo mayores inconvenientes, habida cuenta de que tuvo masiva propaganda y casi nula competencia. Es decir, la gente fue convocada para marcar una fórmula sin mayores explicaciones. Gastamos 250 millones de dólares en ese capricho presidencial. Sin embargo, hubo poco entusiasmo y gran ausentismo. El 25% no acudió a votar. Esto significa que si el voto no fuera obligatorio posiblemente el 90% de los ciudadanos se hubiera abstenido de participar en esa farsa.

Ha sido bastante jocoso ver al presidente Vizcarra con todo su séquito, esperando el flash electoral para luego aplaudir jubilosos, pararse emocionados y darse de abrazos como si hubieran triunfado. Una imagen que deja en evidencia lo extraviado que anda Vizcarra en la realidad. A menos que haya asumido que este resultado signifique un aval para su gobierno. Muchos han lo han considerado así pero es una falsa idea. La gente fue convocada a la mala para marcar por algo que no entendían.

Acabado el espectáculo queda esperar el siguiente capítulo de la serie "Gobernando sin brújula". Hasta ahora Vizcarra se ha dedicado a dar espectáculos para la chusma. Su guión ha sido el de la confrontación con el Congreso y poco más. Parece que tiene de asesores a cómicos ambulantes, expertos en mantener la atención de un público barato con un show estrafalario pero improductivo. Habría que ver qué otro show del mismo estilo pueden preparar.

En lo que respecta a las reformas aprobadas, al menos tres de ellas ya habían sido aprobadas por el Congreso y el referendum estaba demás. Se ha perdido tiempo en la conformación de la Junta Nacional de Justicia que será la tarea que sigue para nombrar jueces. La financiación de los partidos políticos ya estaba legislado y es ridículo meter eso en la Constitución. 

La no reelección de los congresistas es la medida más criticada por ser un abuso de un totalitarismo antidemocrático propio de una dictadura ignorante. Nadie puede estar impedido de participar en política ni de votar por quiere quiere votar. Cualquier congresista podría y debería presentar un recurso de nulidad al TC y llegar hasta la CIDH para revertir esta absurda medida. Y no se trata solo de congresistas sino de cualquier otra autoridad elegible. En una democracia nadie puede estar impedido de ser candidato. Así de simple.

Todavía le queda la mitad de la gestión a este gobierno y no se le ve rumbo alguno. El gabinete se desgrana como un choclo podrido y la prensa prostituta no se ocupa del tema. Las obras públicas están paralizadas y la economía está frenada. No hay ideas. Todo es discurso, floro y pose. Vamos a ver hasta cuándo puede Vizcarra seguir engañando al pueblo con su rollo de "estamos luchando contra la corrupción" cuando en realidad nada está haciendo por este asunto. Sus ministerios rebosan en corruptos y si no saltan más escándalos es porque controla a los medios. 

Mientras la prensa prostituta siga apañando al gobierno y dándole con palo al Congreso y al fujimorismo, mientras los chacales de IDL sigan persiguiendo a la oposición, con show televisado, las masas ignorantes seguirán entretenidas en el circo romano. Pero eso no puede durar para siempre. Tarde o temprano la gente sentirá que después del show no hay nada. El empleo disminuye y los ingresos también. Es un misterio saber hasta cuándo se le puede engañar a la gente solo con circo.

domingo, 9 de diciembre de 2018

La democracia en crisis


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Hoy los peruanos tendrán que salir obligados a votar, una vez más, para ratificar o no los cambios a la Constitución propuestos por el gobierno, y que ya el Congreso ratificó bajo amenaza. No sé si son capaces de percibir con facilidad el absurdo de toda esta farsa. Lo voy a explicar.

En primer lugar, quien tiene la potestad para cambiar la Constitución es el Congreso. No el gobierno. Pero como acá todo el mundo hace lo que le viene en gana, el gobierno de Vizcarra perpetró unos cambios a la Constitución, animado por la exaltación popular contra el Congreso y los jueces corruptos. Esto fue apenas la cereza del pastel preparado por los medios durante los últimos dos años de guerra sin cuartel contra el Congreso, particularmente contra el fujimorismo. 

Vizcarra aprovechó el descontento popular para capitalizarlo a su favor con una pose populista. Los cambios a la Constitución que propone Vizcarra son reformas baratas. Ni siquiera ha concedido el tiempo necesario para un debate sensato. Peor aun, no ha permitido que se cambien sus reformas. Al más puro estilo de un dictador caribeño Vizcarra conminó al Congreso a aprobar sus reformas tal como estaban, y en un plazo perentorio. Y para dorar la píldora, exigió que dichos cambios sean sometidos a referendum. Es decir, pasó por encima del Congreso.

Si alguien niega que estamos en una dictadura, después de ver el espectáculo patético de Vizcarra sometiendo al Congreso a sus caprichos, entonces no sabe lo que es una democracia. Por desgracia el Congreso se sometió mansa y vergonzosamente. Bailaron al ritmo del dictador. Apenas se atrevieron a cambiar levemente una de las reformas, lo que motivó las iras del dictador quien luego salió a gruñir exigiendo a la población rechazar esa modificación insolente. De este modo el dictador plasmó la fórmula que el populacho borreguil tendría que marcar para complacerlo: "si, si, si, no".

Desde luego que la farsa electoral de hoy no nos convierte en democracia. Estamos sometidos a los dictados de un patán en el gobierno, que ha pasado por encima del Congreso y mellado sus facultades constitucionales. Que los congresistas se hayan sometido a esa humillación no cambia nada. Esto es una dictadura y punto. Una dictadura populachera amparada en las masas idiotas.

El primer requisito de una dictadura es controlar la prensa. Y la prensa en el Perú está controlada por el gobierno. Los más importantes medios de prensa, radio y TV se han prostituido al gobierno gracias a la publicidad estatal que les da de comer. Con los medios a su disposición, montar un psicosocial es muy simple: solo tienen que repetirle todos los días a la gente quiénes son los malos. Portadas y titulares diarios atacando a los mismos de siempre. Reportajes dominicales dirigidos a los mismos. 

Si además, el gobierno puede manejar instituciones como la Fiscalía de la Nación, o parte de ella, directa o indirectamente, a través de aliados con los que comparte intereses políticos, la cosa es aun más fácil. Se arma el circo de las cacerías fiscales contra tus enemigos políticos, todo transmitido en vivo por la prensa mermelera. Los cargos no son relevantes. Cualquier cosa sirve porque no es un juicio sino solo un pedido de prisión preventiva, pero basta y sobra para encandilar a las masas hambrientas que se deleitan en el circo romano y aúllan cada vez que ven a alguien en la cárcel. 

El ambiente está preparado para que el dictador aparezca en escena con su espada desenvainada y jure solemnemente defender al pueblo de los malos y corruptos. Es coronado por las masas idiotas como el nuevo mesías, mientras el dictador se coloca el disfraz de súper héroe luchador contra los corruptos. Al día siguiente hace su mamarracho de reforma constitucional, arrasa con el Congreso y después obliga a las masas a marcar como él quiere. Y las masas idiotas acatarán.

No hay ninguna duda de que la fórmula de Vizcarra no solo ganará en este referendum, sino que arrasará. Con lo cual, el dictador tendrá su plebiscito ganado y sentirá que ya es un presidente electo. ¿Qué viene después? Lo veremos. Por lo pronto, las masas idiotas tendrán que darse cuenta poco a poco que el referendum no ha cambiado nada el escenario político ni va a eliminar la corrupción. Tarde o temprano tendrán que darse cuenta que les han vendido una ilusión. Pero no importa. Lo más seguro es que seguirán vitoreando a su dictador y le pedirán más. Y el dictador les dará más.

Lo que viene después sin duda es más show, más espectáculo político, más cacerías de brujas. Todo eso mientras la realidad del país se deteriora. Estamos caminando como el cangrejo hacia atrás. Lentamente vamos creando las condiciones del caos que reinaba en los 80: el Estado crece sin control, el gasto público aumenta sin criterio, el déficit es mayor a pesar del aumento de impuestos. Las condiciones laborales no mejoran, la economía se deteriora y afecta los fondos de las AFP. Pero mientras haya circo político alimentado por la prensa prostituta, las masas idiotas seguirán felices y pidiendo más. 

martes, 28 de agosto de 2018

El pecado de Vizcarra


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El Perú no es un país. Es un reality show donde un grupo de tribus salvajes viven atacándose mientras el río se lleva sus cosechas y sus hijos mueren de hambre. La política peruana se ha degradado a tal punto que más parece una comedia burda de televisión barata, donde el público interviene como el principal protagonista, gritándoles insultos a los actores y órdenes para su actuación.

El último episodio de la serie ha sido de antología: nada menos que el Presidente de la República tuvo que salir corriendo una mañana para sentarse ante las cámaras de televisión, con cara de asustado, a dar explicaciones nerviosas de por qué se había reunido con Keiko Fujimori, la lideresa del principal partido político del país y dueño de la mayoría del Congreso. Como si tal cosa fuera un delito. A ese punto hemos llegado.

Solo en el Perú pueden pasar estas cosas. En un país normal los líderes políticos conversan. Para eso es la política. De lo contrario seguiríamos siendo un grupo de tribus salvajes en pie de guerra. Pero eso es justamente lo que somos ahora por obra y gracia de la caterva de enfermos mentales del antifujimorismo patológico, que vive odiando a Keiko y al fujimorismo y se pasan la vida ladrándoles como perros rabiosos con espuma en el hocico. Son el lumpen de las redes sociales y su léxico se limita a palabras como "táper", "corrupta" y "señora K". Lo curioso es que Vizcarra ansía que esta masa de indigentes mentales sea su base de apoyo político.

¿A alguien con dos dedos de frente se le ocurre que un gobierno puede actuar sin dialogar con la principal fuerza política de oposición, dueña de la mayoría en el Congreso? Obviamente eso es imposible, pero en el Perú, donde la estupidez cunde como una epidemia mortal, mucha gente lo cree posible y hasta necesario, empezando, curiosamente, por los líderes del partido de gobierno. Esto ya es para reírse, porque los pobres ni siquiera son un partido político, carecen de sustento social. Están solos. Por eso han decidido alimentar al gallinero del antifujimorismo con palabrería y payasadas contra el Congreso.

Resumiendo los hechos, Vizcarra y Keiko se reunieron porque obviamente era necesario. Ya no importa de dónde vino la iniciativa. Uno podría suponer que tuvo que venir de Vizcarra, interesado en poder gobernar con suficiente apoyo del Congreso, pero como este no es un país normal y la política está de cabeza, puede que Vizcarra haya pensado que puede gobernar enfrentándose a la mayoría del Congreso. No sería raro y es lo que parece pensar Vizcarra asesorado por mediocres de la talla de Vicente Zeballos. Entonces la pregunta sería ¿qué interés tenía Keiko de conversar con Vizcarra? Si ya este había armado su gabinete con puro rojo y caviar.

En todo caso, Vizcarra mintió, como mintió también ocultando su participación en una empresa familiar que hizo contratos con el gobierno regional de Tacna. Y habría que buscar en cuántas otras cosas más le mintió al país, el presidente que exigió la renuncia del Fiscal de la Nación por una mentira menor. La política no es obra de santos y es ridículo exigir santidad a funcionarios. Solo se les puede exigir legalidad en sus actos. Así que eso de irse a los extremos exigiendo renuncias por lo que sea, es propio de politiqueros baratos que usan cualquier pretexto para bajarse al rival y agradar al lumpen de las redes sociales.

Lo concreto es que Vizcarra ha preferido seguir el estilo confrontacional de PPK en vez de buscar el acercamiento a Fuerza Popular. ¿Qué gana con eso? Imposible saberlo. A menos que, como parece, tenga espiraciones políticas y sueñe con ser candidato el 2021 encarnando una vez más al antifujimorismo patológico. El hecho es que no solo ha negado sus reuniones con Keiko tratando de mantenerlas en la clandestinidad, sino que ha salido apuradamente a disculparse por ese "desliz" y ha cargarle el muerto a Keiko, en gesto poco elegante. 

Por último, su reciente payasada de fiestas patrias lo pinta de cuerpo entero a Vizcarra. Eso de enviar proyectos de reforma política que solo sirven para confrontar al Congreso antes que para mejorar la situación del país, es clara muestra de que su estrategia es confrontacional. No solo manda proyectos que afectan al Congreso sino que pretende hacerlo por la vía del referendum, es decir, eludiendo las competencias del Congreso. Y como si eso fuera poco, le plantea un ultimatum en el plazo. Se trata pues de una clara muestra de confrontación. Y para colmo, los opinólogos de la mafia antifujimorista de medios sigue cacareando que Keiko busca la confrontación. 

Como se ve, todo está armado para provocar una guerra Ejecutivo - Congreso. ¿Quiénes salen ganando con esto? En realidad nadie. Todos perdemos. Pero aunque el país se hunda en esta estúpida guerra, quienes se revuelcan como cerdos en el fango de su felicidad demencial son los enfermos mentales del antifujimorismo. Keiko no ha dado muestras de querer responder la confrontación. Al contrario, solo ha repetido que "no se opone". Sin embargo, lo más sensato y lo mejor para el país sería que el Congreso arroje a la basura los proyectos disparatados de Vizcarra. 

Expertos constitucionalistas de la talla de Enrique Bernales (ex Izquierda Unida, ex CVR) así como Aníbal Quiroga y García Toma han opinado que los proyectos enviados por el Ejecutivo son mamarrachos mal pensados y peor redactados. Incluso añaden que son peligrosos. ¿Tendrá Fuerza Popular el coraje necesario para tirar al tacho esos proyectos? Veremos.