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miércoles, 16 de noviembre de 2022

La descarada manipulación de la verdad por parte de la izquierda

 


Escribe Dante Bobadilla Ramírez

Si hay algo que la izquierda sabe hacer muy bien es contar cuentos. Es decir, crear una narrativa adecuada a sus intereses para contar la historia a su manera. Son especialistas en la narrativa épica de sus acciones vandálicas convertidas en gestas democráticas que son etiquetadas por los narradores con términos grandiosos y fabulosos. Recordemos el caso de las protestas vandálicas de octubre 2019 en Chile tituladas "El despertar de Chile" o "El estallido social". Las protestas en Perú por la vacancia de Martín Vizcarra, fueron etiquetadas como "lucha por la democracia", cuando en realidad buscaban derribar a un gobierno legítimo por no ser afín a los intereses de la izquierda. Los revoltosos fueron etiquetados candorosamente como "Generación Bicentenario" y sus muertos convertidos en héroes. Al mismo tiempo, la izquierda tiene el arte de desacreditar a sus enemigos políticos convirtiéndolos dictadores, genocidas o corruptos. Así fue como tuvieron el descaro de llamar "dictador" a Manuel Merino, quien asumió el cargo de presidente tras la vacancia de Vizcarra, respetando escrupulosamente las normas constitucionales. Algo que se repitió con Francisco Sagasti tras la caída de Merino. Todo ese penoso episodio solo demostró que la izquierda quería seguir detentando el poder. 

La principal arma que usa la izquierda en su guerra política e ideológica es la desinformación y el relato manipulado. Así es como convierten en héroes a sus delincuentes, en mártires a sus muertos y en gestas democráticas su vandalismo y terrorismo urbano. Ellos se erigen como los dueños de la verdad, la memoria y la moral. Para conseguirlo, la izquierda no tiene ningún rubor para mentir y cambiar los hechos como mejor le parece. Para ellos, la destitución constitucional de Martín Vizcarra es un "golpe", el presidente que asumió siguiendo las reglas constitucionales es un "dictador", y quien vino después siguiendo esas mismas reglas es un "presidente" solo por pertenecer a las filas de la izquierda. Todo esto fue lo que vimos y oímos alrededor de las marchas que se produjeron contra Manuel Merino, tras la vacancia de Martín Vizcarra, quien sí protagonizó un auténtico golpe de Estado al cerrar el Congreso de manera inconstitucional e ilegal, y de manera express, con el único objetivo de impedir el cambio del Tribunal Constitucional de mayorá izquierdista.

Recapitulando los hechos, Manuel Merino fue elegido presidente de un Congreso que resultó electo luego del golpe de Estado perpetrado por Martín Vizcarra cerrando el Congreso inconstitucionalmente. Y no estamos acá cambiando los hechos ni tergiversando la verdad. Martín Vizcarra perpetró un golpe de Estado al cerrar el Congreso sin tener los argumentos constitucionales para hacerlo. Simplemente forzó la figura apelando a una supuesta "denegación fáctica" (que no existe en la Constitución) a una cuestión de confianza írrita interpuesta al caballazo por su premier Salvador del Solar, quien se metió a patadas a un pleno del Congreso tratando de impedir que el Congreso cumpla con su labor eligiendo a los nuevos miembros del Tribunal Constitucional. En buena cuenta, el golpe de Vizcarra tuvo como única finalidad impedir que el Tribunal Constitucional de mayoría izquierdista fuera renovado. Dicho de otro modo, se planteó una cuestión de confianza artificiosa solo para impedir que el Congreso cumpliera con una de sus funciones y atribuciones constitucionales como es elegir a los miembros del TC. Así de absurdo fue todo. Lo evidente fue que Vizcarra no quería que se cambiara al Tribunal Constitucional y cerró el Congreso con una leguleyada, aprovechando el desprestigio de esa institución ante los ojos del pueblo, pero fundamentalmente por el apoyo de la gran prensa comprada a través de la abundante publicidad estatal, así como de los colectivos de izquierda y de sus oenegés que lo mimaban porque era funcional a los intereses de la izquierda. 

Vacado Vizcarra la reacción de la izquierda no se hizo esperar, especialmente porque el accesitario Manuel Merino, era un personaje de derecha y muy lejano a los círculos de la izquierda. Esto significaba la pérdida repentina de todo el poder detentado por parte de izquierda, y muy en especial por la mafia caviar que medra de los favores del Estado mediante consultorías. Asimismo, ponía fin a los procesos de reforma que la izquierda venía impulsado a través de Vizcarra, cuyos objetivos eran liquidar a la clase política y sus liderazgos, en especial al Apra y al fujimorismo, implantando un esquema en el que los partidos eran controlados por agencias del Estado en todos sus aspectos, desde su organización interna hasta su financiamiento. Por todo esto, tras la vacancia de Vizcarra, de inmediato aparecieron en los sectores de la izquierda muestras de rechazo, tanto a la vacancia como al nuevo presidente asumido según las reglas de juego constitucionales. De hecho, no lo iban a permitir. Había demasiado en juego. 

Martín Vizcarra se había convertido en un semi héroe ante los ojos de amplios sectores de izquierda porque durante su gobierno se dedicó básicamente al show. Desde el principio apeló al viejo truco de erigirse como un "luchador anti corrupción", pero esta actitud estaba dirigida simplemente a la guerra contra el Congreso, al cual se le identificó como la fuente de la corrupción por estar dominada por el fujimorismo en alianza con el Apra. En alianza con los medios de prensa más importantes y una casta de periodistas que estimaban a Vizcarra como a un profeta de la salvación, la guerra contra el Congreso fue implacable. Lejos de ocuparse de investigar las acciones del gobierno, esta prensa estaba ocupada día y noche en fiscalizar los actos del Congreso al que rápidamente tildaron de "obstruccionista" sin razón. Todos los días aparecían cuestionamientos al "Congreso obstruccionista" y diversos miembros de este, en particular a los de filiación aprista y fujimorista. La consigna de cerrar el Congreso estaba dada y todos contribuyeron a crear el ambiente favorable atizando el odio popular.

Lo cierto era que el Congreso nunca obstruyó un solo proyecto del Ejecutivo. Fue un Congreso muy obsecuente y débil, sin un norte ideológico marcado y menos de oposición al gobierno. Tanto así que el fujimorismo y la izquierda se abrazaban dando leyes con enfoque de género. Asimismo, el Congreso no se atrevió a ponerle trabas al referéndum planteado por Vizcarra para perpetrar reformas constitucionales sin ser su función. Esas reformas planteadas mediante referéndum eran sumamente dañinas para la vida política del país y el Congreso no se atrevió a frenarlo pudiendo hacerlo. Fue parte del show al que Vizcarra se dedicaba cada día, buscando la manera de golpear a la clase política y al Congreso. Salía de palacio con sus carpetas bajo el brazo e iba caminando hasta el Congreso escoltado por la prensa. Todo el gobierno de Vizcarra fue un espectáculo permanente. Hizo de la política un show y una guerra.

Pese a que la gran prensa casi no se ocupaba de Vizcarra, poco a poco se fueron filtrando algunos de sus manejos turbios, tanto en su gobierno como de la época en que fue ministro y también gobernador regional. Los escándalos y denuncias contra Vizcarra empezaron a aparecer sin que despertaran el interés de la fiscalía, institución que ya había sido capturada por Vizcarra y la izquierda tras la guerra implacable que le armaron al ex fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, hasta destituirlo del cargo por el pecado de no ser funcional a la izquierda. Todos los cargos que se inventaron contra él fueron falsas. Lo echaron únicamente por no ser funcional a la izquierda. Por todo esto se empezó a hablar en algunos círculos de la "mafia caviar", haciendo referencia a esa oscura organización que tras bambalinas accionaba los resortes del poder político, de los medios y de la justicia para controlarlo todo, destruyendo a sus enemigos y protegiendo a sus aliados. Así fue como destituyeron no solo al fiscal de la Nación Pedro Chavarry, sino a otros fiscales supremos que no servían a sus intereses. Así fue como cerraron el Congreso para impedir que cambiara al Tribunal Constitucional. Y así fue como arriaron a las calles a contingentes de jóvenes para crear desmanes hasta conseguir los muertos que hicieran renunciar a Manuel Merino, por el solo hecho de no servir a los intereses de esta mafia.

Pero llegados a este punto, la mafia se hacía cada vez más evidente. Era obvio que estaban accionando palancas y resortes para liquidar a sus enemigos y favorecer a los suyos. Eran una fuerza que operaba al margen de la ley. Habían forzado un golpe de Estado cerrando el Congreso y, luego, se encargaron de desmontar a un presidente legítimo mediante una semana de protestas callejeras muy violentas. Para colmo, se las arreglaron en el Congreso para elegir una nueva mesa directiva solo con gente de izquierdas. ¿Cómo pudieron hacer todo esto? Mediante el chantaje. Así fue como finalmente el caviar Francisco Sagasti resultó ejerciendo el cargo de presidente para complacencia de la mafia. Su primer acto de gobierno fue rendirles tributo a los muertos en las marchas vandálicas que obligaron a renunciar a su antecesor. La consigna de la mafia fue convertir toda esa maniobra golpista dirigida desde sus oenegés, en una "gesta democrática" ejecutada espontáneamente por jóvenes a quienes tildaron candorosamente como "Generación Bicentenario". Los dos muertos resultaron ser delincuentes de poca monta, pirañita uno y paquetero el otro, pero fueron travestidos en "héroes de la democracia" cuyos rostros aparecieron en murales callejeros. Y, desde luego, se acusó al gobierno de Manuel Merino como responsable de esas muertes. Las oenegés de izquierda no tardaron nada en interponer sendos recursos legales para acusar a los mandos policiales, el ministro del Interior, el premier y al presidente Merino por toda la violencia ocurrida durante las marchas convocadas por las oenegés y los medios. 

De este modo se montó una nueva narrativa muy conveniente a la izquierda, convirtiendo en dictador y asesino a Manuel Merino, a quien ya se le acusa de delitos de "lesa humanidad". Mientras tanto, los dos delincuentes muertos son sistemáticamente idolatrados por la izquierda, para cuyos familiares se siguen exigiendo mayores compensaciones que las otorgadas por el gobierno de Sagasti. En su peculiar estilo, la izquierda rememora cada aniversario de la "gesta democrática" que recuperó el poder para la mafia caviar. Y toda esta narrativa llena de convenientes etiquetas y rótulos candorosos, acompañada de ceremonias y rituales de homenaje, salpicada de entrevistas y romerías, tiene gran éxito en las masas porque muy pocos se oponen a esas campañas de desinformación y manipulación de los hechos y de la memoria histórica. La izquierda se adueña de todos esos espacios de moral y verdad porque pocos les salen al frente a desmentirlos y recordar los hechos como en verdad fueron. Es tiempo de que salgamos al frente de estos mendaces manipuladores de masas. Ya bastante daño han hecho contándonos la historia del terrorismo a su manera y capturando los espacios de la verdad y la memoria sobre los años del terror de izquierdas. 

martes, 10 de noviembre de 2020

La caída de Martín Vizcarra y la mafia caviar

 


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Finalmente el Congreso decidió vacar al presidente Martín Vizcarra, en una corta sesión y con una abrumadora mayoría de más de los dos tercios requeridos. Así termina la turbulenta era de Vizcarra que comenzó con un acto de traición en marzo del 2018. Su vacancia fue una especie de justicia divina, ya que Vizcarra había cerrado el Congreso anterior en una bravuconada típica de todo dictador que usa el apoyo popular y mediático para hacer su entera voluntad, pasando incluso por sobre la ley y la Constitución. Anoche, el Congreso que fue fruto del golpe de Estado perpetrado por Vizcarra, le devolvió el gesto. 

Describir el panorama tras la vacancia nos da una idea precisa de quiénes estaban detrás de Vizcarra, encaramados en el poder y en el usufructo del dinero público. En primer lugar están las guaripoleras de la prensa que no tardaron en gruñir contra el Congreso, al que llenaron de epítetos de toda clase. Algunas incluso lucieron al borde de las lágrimas en la pantalla del televisor. La mayoría de estos periodistas -que hace tiempo olvidaron los principios de su profesión para convertirse en activistas de Vizcarra- llamaron “golpe” a la vacancia, y no faltaron quienes alentaban a los ciudadanos a salir a protestar. Esa es la prensa prostituida por el gobierno que nos deja Vizcarra. Nunca la prensa había caído tan bajo en este país. Como dicen quienes tienen memoria: las guaripoleras de Vizcarra ganaron por goleada a las geishas de Fujimori. Y es que la era Vizcarra ha superado con creces todo lo visto en los noventa.

Luego aparecieron los indignados caviares, muchos de los cuales sirvieron al régimen como asesores y hasta gurús de las reformas políticas perpetradas con autoritarismo por Vizcarra. Fueron los primeros en ser llamados por la prensa vizcarrista para que muestren su indignación ante el público. Abrazados periodistas y caviares, se pusieron a rajar en vivo y en directo del Congreso, y no paraban de asustar a la gente con el cuco de la postergación de las elecciones, cuento inventado por ellos mismos y repetido hasta el cansancio. Enseguida fueron llamados a opinar los constitucionalistas de bolsillo acostumbrados a las interpretaciones alucinógenas de la Constitución para avalar las tropelías de Vizcarra. Allí fue cuando Omar Cairo llamó “golpe de Estado” a la vacancia e invocó a las FFAA a no obedecer a “un gobierno usurpador”. Ya antes habían dado varias vueltas al universo dilucidando lo que significaba la “incapacidad moral permanente”, tratando de que Vizcarra no encaje en esa definición.

Por último está la plaga entera de la izquierda variopinta, que no tardó en salir a las calles a armar sus clásicos berrinches y llenar las redes sociales con su activismo desbocado. Políticos de pacotilla como Julio Guzmán y Verónika Mendoza se mostraron “indignados” por lo que llaman “golpe”. Y son los mismos que le pedían a gritos a Vizcarra cerrar el Congreso anterior como sea, y que luego aplaudieron emocionados el golpe express de Vizcarra. Es así como se conducen estos hipócritas de la izquierda que nunca han sabido defender la democracia ni las instituciones ni la Constitución. Ellos solo defienden sus propios intereses políticos. Y Vizcarra era parte de sus intereses, ya que les servía como el tonto útil que estaba destruyendo a la clase política tradicional para luego quedarse como únicos dueños del mercado electoral. 

Pero los peruanos debemos sentirnos satisfechos por haber expulsado del poder a un fantoche sin escrúpulos que solo se dedicó a pisotear las instituciones, a quebrantar el equilibrio de poderes y el orden democrático, y a prostituir a la prensa a con dinero público. Eso y poco más es lo que hizo Vizcarra. Si no hubiese sido por la pandemia, su labor hubiera quedado en la simple destrucción de las instituciones y la liquidación de la clase política con reformas perversas, hechas no para mejorar el nivel de la política sino para eliminarla. No tienen otros propósitos la prohibición de la reelección de congresistas, la imposición de de la paridad y la alternancia en las listas, la obligatoriedad de las elecciones primarias intrapartidarias bajo supervisión de la ONPE y otros disparates por el estilo, inventados por asesores caviares que jamás han salido de sus ONG ni han pisado nunca un partido político.

El saldo final de la era Vizcarra es la captura del Ministerio Público a manos de la mafia caviar, la consagración de fiscales que en vez de querellar a Odebrecht para cobrarle sus fechorías, usaron el caso para perseguir políticos de oposición y favorecer a Odebrecht. También debemos a Vizcarra los abusos fiscales contra líderes políticos que fueron vejados sin un juicio justo, y uno que prefirió el suicidio antes que la humillación. Todo eso no se podía haber perpetrado sin el apoyo incondicional de una prensa abyecta, que se dedicó al activismo descarado en apoyo de Vizcarra y en contra de los enemigos señalados por el dictador. Ya está en los anales de la historia negra del periodismo peruano las 1,500 portadas difamatorias contra Chávarry, en busca de recuperar el control del Ministerio Público para la mafia caviar. 

Nunca olvidaremos la obsesión y desesperación de Vizcarra por cerrar el Congreso. Una tarea vil que le fue encomendada por la mafia, como parte de la estrategia integral para eliminar al fujimorismo y al Apra de la escena política. Luego vendrían las prisiones de Keiko y Alan, los allanamientos a los locales partidarios, estudios jurídicos y a las empresas que tuvieron el atrevimiento de aportar a la campaña de Fuerza Popular. Toda la clase empresarial fue amenazada por la mafia a través de sus fiscales chacales por apoyar a FP. Luego vinieron las reformas políticas para prohibir todo apoyo privado a las campañas. Vizcarra solo fue el tonto útil de la caviarada. De allí la desesperación de la izquierda en pleno por su vacancia. Pero el legado de Vizcarra no cambiará. Nos deja un país envilecido, dividido y con las instituciones debilitadas y en manos de la mafia caviar.

martes, 20 de octubre de 2020

Vizcarra atrapado en su telaraña de mentiras

 


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A estas alturas los peruanos parecen haber perdido la capacidad de indignarse por tener a un sinvergüenza, corrupto y embustero caradura en el cargo de presidente de la República. Más bien –por lo visto en los últimos veinte años- es ya casi un requisito poseer estas cualidades para ocupar el sillón de palacio de gobierno. Debe ser por eso que no se ven mayores muestras de repudio ante los destapes que involucran a Martín Vizcarra en actos de corrupción. Claro que los defensores de la corrupción institucionalizada que administra la izquierda desde sus oenegés, nunca saldrán a las calles en contra de su corrupto de ocasión. 

Los tontos útiles de izquierda solo son convocados para marchar contra el fujimorismo. La última vez que se les vio en las calles estaban pidiendo el cierre del Congreso. Eso fue después de que marcharan en defensa de los fiscales de Odebrecht. Pero ahora que el gobierno apesta a corrupción, mediocridad e incompetencia, solo aplauden felices desde las redes sociales. Por su parte, los opinólogos de izquierda que antes cuestionaban la corrupción de sus enemigos, ahora dedican sus columnas a fustigar al Congreso por el intento de vacancia, y despliegan sus artes retóricas para convencernos de la inconveniencia de vacar al felón de palacio.  Nos dicen que Vizcarra es fundamental para superar la pandemia, para llegar a las elecciones y para la estabilidad. Hemos pasado así del “roba pero hace obra” al “roba pero da estabilidad”. 

Pero nada es más nauseabundo que oír al mismo Vizcarra enredándose en su propia telaraña de mentiras. Se ha atrincherado en sus embustes llegando al colmo de negar las fotos que lo muestran con Camayo. Solo le faltaba cantar como Mary Trini “ese no soy yo”. Insiste en el cuento de que no conoce a Richard Swing, pese a que él le abrió las puertas del Ministerio de Cultura para gozar de contratos mal habidos. Nadie más que él pudo haberlo hecho. Y así lo relatan los testigos e implicados. Pero Vizcarra no cambia su versión. Hasta llega a afirmar que no conoce a Richard Swing. Así de caradura es Vizcarra.

Ante las denuncias de los colaboradores eficaces de la Fiscalía, que señalan a Martín Vizcarra como un vulgar coimero durante sus épocas de gobernador regional de Moquegua (y hasta durante su gestión como ministro de Transportes de PPK), Vizcarra simplemente lo ha negado todo. ¿Qué otra cosa saben hacer los sinvergüenzas? Cree que su palabra será más valorada que la de los colaboradores de la Fiscalía, que no solo han señalado montos de las coimas sino detalles precisos de los pagos que coinciden con los hechos conocidos. Vizcarra tampoco ha sabido explicar para qué iba a las oficinas en Lima de la empresa ganadora de la licitación para el hospital de Moquegua. Ha tenido la desfachatez de decir que iba “a coordinar”. Ahora sabemos que -siendo ya ministro- reclamó por el último de los pagos faltantes para llegar al monto acordado de la coima, el cual se le entregó en una reunión en la que abundan testigos.

Pero no solo ha negado todo el caradura, sino que ha contraatacado. Se ha atrevido a decir que lo quieren vacar para no realizar las elecciones. Una estrategia vulgar para echar sombras sobre el Congreso. La vez anterior supo capitalizar muy bien la torpeza de Merino al llamar a los comandantes generales de las FFAA, pero esta vez se ha atrevido a mentir. Ha dicho que le han propuesto postergar las elecciones sin señalar nombres. Ante la insistencia, solo ha mencionado a los dos principales partidos del Congreso: AP y APP, pero ambos han rechazado la versión  presidencial. Además, tampoco tiene sentido que los partidos que quieren vacarlo le propongan quedarse en el cargo más tiempo. Se trata claramente de otro embuste de Vizcarra. Estamos pues frente a un embustero y caradura cuya palabra no vale nada.

La última estratagema de Vizcarra ha sido acusar indirectamente al diario El Comercio, uno de los medios que ha destapado sus coimas en portadas, de atacarlo porque “he tocado a Odebrecht”. También dice que los poderosos lo atacan porque ha chocado con sus intereses al haber hecho aprobar leyes como el de los octógonos y los genéricos, y porque ha hecho que el TC apruebe el cobro de la Sunat sin prescripción de deudas. En fin, el sinvergüenza ya no sabe qué más inventar. Pero todos sus embustes han sido respondidos. En primer lugar, la misma presidenta del TC le ha dicho a Vizcarra que él no tiene nada que ver en las decisiones del TC. También le han aclarado que esas leyes que menciona vienen de afuera y las aprueba el Congreso porque son populistas, y que si ha tocado a Odebrecht ha sido solo para pagarles. 

Este es el panorama sombrío de Martín Vizcarra, otro aventurero que llegó al poder empujado por las circunstancias. A nadie le sorprende saber que es uno más de la larga lista de corruptos gobernadores regionales que se dedicaron a coimear desde su cargo. Ya su ex premier César Villanueva está con prisión domiciliaria. Esperemos que la Justicia no tarde mucho en poner a Martín Vizcarra tras las rejas. Mientras tanto, los peruanos tendremos que soportar la vergüenza de ser gobernados por este sujeto de la peor calaña, que aprovechó la presidencia para destruir las instituciones, disfrazado de luchador anticorrupción. 

viernes, 2 de octubre de 2020

Gobernados por una mafia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Lentamente empieza a correr el telón para dejar al descubierto la opereta de Palacio de Gobierno, en donde un clan de amigos íntimos del presidente Martín Vizcarra Cornejo se dedicaba a las fechorías más vulgares aprovechándose del poder. Desde luego que la responsabilidad y participación del mismo presidente Vizcarra en todo ese entuerto de favoritismos y contrataciones ilícitas están descontadas. Más aún, él es el cabecilla de la banda que opera al amparo del poder y al margen de la ley. En estos momentos los personajes menores de la tragicomedia palaciega están procesados por la Fiscalía y con detención preliminar que, si se sigue el libreto fiscal ya conocido, debe proseguir con una prisión preventiva. ¿Adónde conducirá todo esto?

Por ahora debemos poner algunas cosas en claro. En primer lugar, a Vizcarra ya se le cayó el disfraz de luchador anticorrupción que vino usando para encandilar a las masas y atacar al Congreso "fujiaprista" en busca de pretextos para cerrarlo. Al igual que sus predecesores Ollanta Humala y Alejandro Toledo, que usaron el mismo disfraz de luchador anticorrupción para llegar al poder y gobernar atacando a sus enemigos, Vizcarra ha resultado ser un fraude y un corrupto más en la larga lista de presidentes sin moral ni talla de estadistas. Y seguramente, tarde o temprano, Vizcarra seguirá la misma suerte que ellos y acabará con su chaleco de detenido antes de acabar en prisión. 

Pero Vizcarra está muy por encima de todos sus antecesores en varios aspectos. Por ejemplo, ninguno de los anteriores se atrevió a erigirse como un dictador y gobernar pisoteando la Constitución, invadiendo los fueros de la Fiscalía y el TC dirigiéndoles mensajes aleccionadores, o interfiriendo en las facultades del Legislativo para emprender cambios constitucionales. Y todo esto mientras daba discursos de respeto a la Constitución, a la institucionalidad y a la separación de poderes, con el más descarado acto de cinismo que jamás se haya visto. Nunca antes habíamos estado frente aun completo caradura carente del más mínimo sentido de vergüenza al momento de proferir sus mentiras y embustes en sendos mensajes a la nación, tanto para decir que era respetuosos de la Constitución como para asegurar que en su gobierno no funcionaba el tarjetazo. 

La obra cumbre de este caradura fue sin duda el golpe de Estado que perpetró cerrando el Congreso para evitar que se cambie a los miembros del Tribunal Constitucional, porque ese y nada más que ese fue el detonante del golpe. ¿Tan importante era mantener en sus cargos a los miembros del TC? ¿Quiénes estaban detrás de esta conjura? Vizcarra es un hombre solitario, sin partido ni bancada ni cuadros. ¿Qué interés podía tener en defender la permanencia de estos miembros en el TC hasta el punto de dar un golpe de Estado y cerrar el Congreso? Todavía quedan muchas preguntas por responder y esperemos que algún día, con mejores tiempos democráticos, se abra una investigación profunda de lo que hubo detrás de ese extraño y desesperado golpe de Estado de Vizcarra. Y por supuesto, esperemos que todos los implicados en ese golpe paguen con cárcel su osadía. 

Acá no se trata de si el Congreso era bueno o malo o si blindaba a los supuestos "corruptos" señalados por una prensa mafiosa al servicio del poder de turno. Todos los congresos son malos. Y acá son de lo peor siempre. Pero nada de eso justifica un golpe de Estado. Así que quienes defienden el golpe de Vizcarra con el ridículo argumento de que ese Congreso era muy malo, deberían aprender un poco de lo que significa la democracia y el Estado de derecho. Es una lástima que por sus odios, algunos acaben aplaudiendo a un dictador corrupto y sinvergüenza que ha llevado al Perú al desastre. Y lo peor es que estos mismo adoradores de Vizcarra son los más críticos de Fujimori, lo cual demuestra su falta de criterio republicano y su doble moral. 

Ahora que Vizcarra ha quedado sin su mascarada de luchador anticorrupción y está convertido en el cabecilla de una banda de trepadores y aprovechados de poca monta y baja estofa, ahora que Vizcarra nos ha conducido a la hecatombe de la crisis económica, el déficit, el desempleo y la muerte, ¿quedarán todavía peruanos que apoyen a este incapaz? 

martes, 4 de agosto de 2020

Debut y despedida de Cateriano



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Hoy los peruanos despertamos con un nuevo capítulo de la política peruana, convertida en una serie de intrigas, guerras de intereses y ansias de poder. Esta madrugada, el Congreso le negó la confianza al recientemente armado gabinete de Pedro Cateriano, tras su larga presentación de más de tres horas, en las que expuso una agenda de gobierno bastante ambiciosa, como si fuera el inicio y no el final de la gestión de Vizcarra. De inmediato han salido los analistas a condenar esta actitud del Congreso, llamándolos "irresponsables" por no usar la misma etiqueta que le achacaron al Congreso anterior, al que tildaron de "obstruccionista" para luego aplaudir su cierre.

Ya se ha dicho que en el Perú siempre podemos estar peor. Esta es la paradoja que nos deja la historia tras la disolución del Congreso anterior, al que se le hizo una guerra sin cuartel desde los medios de prensa al servicio de la mafia odebrechera caviar, con la consigna de destruir al fujimorismo en todos los frentes. Para nadie es un secreto que acá se desató una guerra política contra el fujimorismo montada desde la izquierda, y cuyo propósito es liquidar como sea a Fuerza Popular, apresar bajo cualquier pretexto a Keiko Fujimori para sacarla del escenario político y electoral, y cerrar al caballazo el Congreso de mayoría fujimorista, con apoyo de la prensa mermelera y la caviarada. Esta guerra está encubierta con falsas etiquetas como la "lucha contra la corrupción".

Lo que tenemos ahora es el resultado de esa guerra de destrucción de la política. El nuevo Congreso está dominado por improvisados arrimados a combis electorales que no tienen ninguna bandera política. Son como piratas a disposición de cualquier tipo de interés. Lo que queda de Fuerza Popular votó a favor del gabinete Cateriano, pese a ser uno de los más rabiosos antifujimoristas y defensor del golpe de Estado de Vizcarra. Por su parte la izquierda votó en contra, porque no les gusta el perfil pro empresa de Cateriano y su discurso pro minería. La bancada del viejo partido Acción Popular -asesorada por Yonhy Lescano- se dividió entre los que votaron en contra y se abstuvieron. Este es el Congreso que inventó Vizcarra tras el golpe de Estado y sus reformas electorales eliminando la reelección. Son contados con los dedos de una mano los congresistas capaces de emitir juicios razonables y en buen castellano.

Si hay que señalar a un responsable de este desastre político ese tiene que ser obviamente Vizcarra. No hay otro. Ha sido Vizcarra el que montó desde el principio su guerra política contra el Congreso y el fujimorismo, apoyando a los fiscales chacales que perseguían a Keiko y Alan García, combatiendo a todo aquel que no se alineara con la mafia caviar y el acuerdo entreguista con Odebrecht, como Pedro Chávarry y Tomás Galvez, imponiendo a la fuerza sus reformas políticas destinadas a debilitar al Congreso y a los partidos, convocando ilegalmente a un referendum y manipulando esas elecciones. Hoy Vizcarra cosecha lo que sembró. Ahora tiene un Congreso que no le tiene miedo y que -a diferencia del anterior- no está dispuesto a agachar la cabeza para que el dictador se la corte.  

Vizcarra es responsable de la crisis por preferir la confrontación antes que el diálogo y el consenso. La política es el arte de lograr acuerdos, pero para Vizcarrra es el oficio de la guerra para destruir a todos los que no piensan como él ya que los ve como enemigos. Vizcarrra tiene la escuela del típico dictador latinoamericano que se cree el mesías, el salvador de la patria, el fundador de la nueva República, el que hará un antes y un después en la historia. Lamentablemente Vizcarra no es más que un sujeto mediocre, muy pobre de recursos intelectuales, carece de pericia política. De allí sus aires de dictador, su afán protagónico, su charlatanería barata, su demagogia populista, su patanería grotesca para confrontar al Congreso y entrometerse en otras instituciones y su desfachatez para dar un golpe de Estado express. 

Los otros responsables son, desde luego, la prensa adulona que vive aplaudiendo cada gesto de Vizcarra sin ningún rubor, los ayayeros que lo encumbran como el gran presidente que no es, la chusma que lo apoya ciegamente porque le encanta el show de la guerra contra el Congreso y el fujiaprismo, guerra que la prensa les ha vendido como "lucha contra la corrupción" y contra el "Congreso obstruccionista". La culpa también es de los abogadillos oportunistas que fungen de constitucionalistas de alquiler, dispuestos a fabricar recursos retóricos y jurídicos para darle una apariencia de legalidad a las pachotadas anticonstitucionales de Vizcarra. Y la culpa es del TC que avaló el golpe en lugar de cumplir con su misión de defender la Constitución, la separación de poderes y la institucionalidad democrática.

Cuando todos creímos que tras el golpe de Estado que disolvió al caballazo el Congreso, y que tras la liquidación judicial del fujimorismo a cargo de los agentes de la mafia, las aguas se iban a calmar y que Vizcarra se iba a dedicar a gobernar, empezó esta pandemia que nos cogió con el gobierno más incompetente que se haya tenido en la historia, con un gabinete presidido por un incapaz como Zeballos y repleto de comunistas, y gente de segundo nivel, reciclados de la burocracia del humalismo. Todo eso nos llevó a la situación crítica que hoy vivimos, una pandemia sin control y una economía en crisis. Y cuando el agua empezó a llegarle al cuello al gobierno, Vizcarra dio un giro desesperado a la derecha y llamó a Cateriano. 

No estaba tan mal la idea, pero el problema es que Cateriano tampoco es un sujeto dialogante que busque consensos. Además ya ha creado muchos anticuerpos en el ambiente político. Ya nadie le cree el show del diálogo con los partidos. El diálogo tiene que hacerse antes que cualquier otra cosa. El gabinete debería ser fruto del diálogo y del consenso de las fuerza políticas. No al revés. No se puede poner a alguien como Cateriano, un gallito de pelea sacado del galpón del humalismo y entrenado en la pelea a navaja contra el fujimorismo y el Apra, para luego ir a dialogar. Una muy mala estrategia de Vizcarra y un pésimo momento para Cateriano, quien cavó su propia tumba política.

Queda esperar a ver si Vizcarra aprendió la lección o insistirá en formar un gobierno por su propia cuenta y riesgo pese a no tener partido ni bancada. ¿Volverá los ojos a la izquierda o se atreverá a convocar a un outsider, un empresario que tenga valor de ponerse el fajín? Lo peor que podría suceder ahora es que Vizcarrra ante su orfandad política, se deje seducir nuevamente por la izquierda. 

lunes, 6 de julio de 2020

El desastre de Vizcarra


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El Perú atraviesa su peor época en lo que va del siglo. No solo por la pandemia del covid-19 y sus efectos letales en la vida, la salud y la economía, agravadas por la incapacidad del gobierno, sino por el desastre de la institucionalidad democrática provocada por los arrebatos dictatoriales de Martín Vizcarra Cornejo, el sujeto más mediocre que haya gobernado el Perú en toda su historia. 

Tenemos que empezar el análisis siendo muy claros y directos. Todo el desastre político y jurídico que hoy vive el país es obra de Vizcarra. Dejemos de culpar al Congreso. Un Congreso que además es el hijo putativo de Vizcarra, pues es el resultado de su golpe de Estado, de sus reformas políticas y de sus pactos bajo la mesa con la mafia caviar. Es el jefe de Estado quien conduce a la nación y nadie más que él es el responsable de lo que ocurre.

Se ha dicho desde el principio que Vizcarrra es un sujeto muy limitado intelectualmente, un provinciano que desconfía de la capital y de la gente, encerrado en su pequeño círculo de amigos cercanos, sin roce social ni contactos en los círculos académicos y políticos de la capital. No tiene partido ni bancada. En consecuencia, su único recurso ha sido echar mano de la burocracia heredada del humalismo para armar un gobierno, además de los clásicos adulones y cortesanos que encontró en palacio. Para colmo, decidió aliarse con la izquierda. De allí la horrenda mediocridad de sus ministros y los desastres que vivimos en su gestión. Pero eso no es todo.

Vizcarra tampoco es un político de oficio. Es un politiquero más de los que suelen treparse a las combis electorales. Así fue como llegó a la plancha presidencial de PPK y por azar de destino acabó en la presidencia. Una vez en el cargo fue aupado por la mafia caviar que llevó a PPK a la presidencia, gracias a su poder de movilización callejera, su llegada a las oenegés más gravitantes, su control de la prensa y su manejo de buena parte de la Fiscalía y el Poder Judicial. Vizcarrra comprendió que ese era el barco que necesitaba para mantenerse a flote. De manera que la alianza entre PPK y la mafia caviar fue lo que marcó el derrotero de su gestión.

Así fue como pronto se desató la cacería del fujimorismo y empezó el plan para cerrar el Congreso de mayoría fuimorista. Vizcarra se encargó de defender sin decoro a los fiscales favoritos de la mafia, que tras la rápida movilización callejera organizada por los diferentes frentes de izquierda, lograron que tanto Vela como Pérez, se mantuvieran en sus cargos para finiquitar el cuestionado acuerdo con Odebrecht. Por otro lado, como en las dictaduras más siniestras, vimos cómo el partido Fuerza Popular era allanado una y otra vez, apresada su lideresa, la ex candidata presidencial que acababa de disputar la segunda vuelta electoral. Los principales dirigentes del principal partido de oposición fueron encarcelados de manera sumaria con burdos cargos. Un espectáculo degradante que fue aplaudido por la jauría rabiosa del antifujimorismo, celebrado por la prensa al servicio de la mafia y alimentada por el gobierno. El Perú había caído en manos de una mafia siniestra y poderosa, y todos lo celebraban creyendo en el engaño montado por el establishment: la lucha contra la corrupción.

Este fue el proceder arbitrario del fiscal José Domingo Pérez, el protegido por la mafia que no tenía reparo alguno en insultar y desafiar públicamente a su superior, el Fiscal de la Nación Pedro Chávarry, otro objetivo que la mafia había puesto en su mira. Nade se salvó de la aplanadora de la mafia. La chusma histérica llegó a celebrar la muerte de Alan García, quien prefirió el suicidio antes que verse vejado por los chacales de la mafia. La siguiente víctima fue el Fiscal de la Nacion, Pedro Chávarry, a quien le montaron la mas sucia campaña de demolición jamás vista en la prensa peruana, hasta que lo obligaron a renunciar. Fue entonces cuando la mafia se tomó el control de la Fiscalía. 

Lo único que faltaba era cerrar el Congreso. Esta misión recayó en el propio Vizcarra, siempre apoyado por la persistente y descarada campaña de demolición de la prensa. Habían inventado el cliché del "Congreso obstruccionista" como justificación primaria. Luego se agregaron otros cargos, como el del blindaje a los corruptos. Nada de eso era cierto, pero la principal víctima de una dictadura siniestra es la verdad. Así se montó el cuento del "Kongreso Korrupto" para preparar los ánimos. Vizcarra y la prensa trabajaban en tandem. Por cada escándalo que la prensa desataba contra el Congreso, aparecía Vizcarra con su discurso de lucha contra la corrupción. Aprovechó a su favor el escándalo de los "Cuellos Blancos" y los "Audios de la vergüenza" que comprometieron al disuelto Concejo Nacional de Justicia. 

El primer acto del circo de Vizcarra fue el referendum convocado más para ganarse el ánimo de la gente que para hacer las reformas, ya que algunas ya eran cantadas, como la creación de la Junta Nacional de Justicia que no requería ningún referendum. Tampoco era necesario incluir la creación de la Cámara de Senadores, una reforma que ya se preparaba y que Vizcarra acabó saboteando. Las otras reformas eran caprichos de Vizcara para golpear a la clase política, como prohibir la reelección de congresistas y regular el financiamiento de partidos, que en buena cuenta, significó prohibirlo. El principal resultado de este referendum fue el triunfo de Vizcarra, ya que en realidad la gran mayoría de la población ignoraba de qué trataba el referendum. Solo se limitaron a marcar la consigna del gobierno "Si, Si, Si, NO", que fue ampliamente difundida por la propaganda oficial, que incluso se lucía en los centros de votación. Es decir, el referendum fue en realidad una manipulación total. 

Los siguientes actos del circo de Vizcarra fueron los pedidos de confianza al Congreso en busca de un pretexto para cerrarlo. Los pedidos de confianza se exigían por reformas constitucionales que son potestad del Congreso. Reformas que estaban destinadas a seguir pechando y mellando al Congreso y  ganar popularidad ante la población, mientras la campaña de la prensa contra el Congreso arreciaba. El Congreso manejó con habilidad estas artimañas de Vizcarra y concedía los pedidos de confianza dejando sin piso al gobierno. Pero todo se precipitó el día en que el Congreso empezó a elegir a los nuevos integrantes del Tribunal Constitucional, donde la mafia caviar mantiene mayoría. De pronto se encendieron las alarmas y Vizcarra envió apresuradamente a su premier al Congreso, a interrumpir el proceso y a plantear a gritos una cuestión de confianza. Fue allí cuando Vizcarra aprovechó para cumplir con su cometido y cerrar el Congreso.

Quien no quiere ver en todo este escenario turbio y grotesco el actuar frío y calculador de una dictadura mafiosa es porque está ciego. El último número del circo de Vizcarrra tuvo lugar este domingo 5 de julio del 2020, cuando apareció en televisión para dar otro de sus mensajes desestabilizadores a la nación, en el último día de la legislatura. Una vez salió a pechar al Congreso e imponerle sus caprichos vía referendum. El resultado fue peor de lo que Vizcarra sospechaba. En lugar de imponer la eliminación de la inmunidad a los parlamentarios, el Congreso aprobó eliminar la inmunidad a casi todos los altos funcionarios, incluyendo al presidente. Lo que ahora vemos es a los típicos adulones de palacio culpando de todo al Congreso, como si el patán de Vizcarra no tuviera culpa alguna.

Estamos en manos de un típico dictador de baja estofa queriendo pasar por demócrata al convocar al pueblo en referendum. Sabemos bien que todos los dictadores aman los referendum porque es muy fácil embaucar a las masas ignorantes para que apoyen cualquier propósito político del dictador, ya que este es travestido con nobles intenciones, como la lucha contra la corrupción. Lo que al final busca la mafia caviar y la izquierda en pleno, a través de su tonto útil de palacio, es no solo eliminar a los principales partidos políticos y sus líderes -cosa que ya lograron-, sino aniquilar a toda la clase política. Todas las reformas de Vizcarra, elaboradas por la mafia caviar, buscan destruir a los partidos políticos. Este es el plan siniestro elaborado por la mafia caviar, aliados de Odebrecht y el Foro de Sao Paulo. 

La destrucción de la institucionalidad democrática será el principal legado de Vizcarra, además de los 60 mil muertos que sin duda dejará la pandemia mal manejada, el 30% de la población o más en la pobreza, la crisis económica agravándose, el desempleo en crecimiento, la más alta tasa de informalidad, la peor ola delictiva y el Estado corroído por la corrupción. Esos serán todos los logros de Vizcarra.   

jueves, 25 de junio de 2020

El Comandante Vizcarra



Escribe: Erick Flores.

El presidente Vizcarra, en una nueva muestra de prepotencia y alter ego, amenazó con hacer uso del Artículo Nro 70 de la Constitución Política del Perú para expropiar a las clínicas si estas no acordaban fijar un precio “justo” sobre la atención de pacientes infectados por el virus chino. La respuesta del sector no se ha hecho esperar y en los detalles ofrecidos por Joo Luck, vocero de la Asociación de clínicas particulares del Perú, se desnuda la responsabilidad casi exclusiva del Estado en los problemas que atraviesa el sector salud.

Pero al margen de identificar responsabilidades, este asunto invoca una reflexión mucho más profunda sobre la amenaza totalitaria detrás de las intenciones de Vizcarra y todos los que ven con buenos ojos esta medida. En el supuesto negado que la expropiación tenga las mejores intenciones, sería un tremendo error juzgarla por sus intenciones antes que por sus resultados. Esto nos conduciría a justificar cualquier atrocidad sin mediar razonamiento alguno.

Hace dos días, la Contraloría revelaba que más de 68 mil hogares que no están dentro del estatus de pobreza y pobreza extrema, fueron beneficiarios de los famosos bonos que tienen el objetivo de menguar la necesidad generada por la quiebra económica que han ocasionado el gobierno y el virus chino; por otro lado, en el mismo informe, también se mencionan las más de 214 mil familias que sí debieron de haber recibido el beneficio pero que no fueron incluidas en el padrón.

Otra perla que podemos agregar también, la encontramos en la capacidad de ejecución del Estado en materia de salud. Si el Ministerio de Salud sólo ha conseguido gastar 16 soles de cada 100 soles asignados en la adquisición de medicamentos, estamos hablando de una incapacidad de proporciones cósmicas. Pero si tenemos en cuenta que el gobierno prefiere gastar el dinero de la salud en género y mandiles rosados, creo que tampoco es muy alentador que los oficiales del Estado aprendan a gastar todo su presupuesto.

Dicho esto, la pregunta se cae de madura, ¿en verdad tiene sentido alentar a Vizcarra en el salvaje ataque de expropiación que viene en marcha?, ¿en serio queremos que este Estado se haga cargo de las clínicas cuando no tiene la capacidad de administrar los hospitales que tiene a su cargo? Claramente la respuesta es no. Y de concretarse esto, los únicos cambios importantes son negativos, ya no le vamos a pagar miles de soles a unos apellidos particulares, ahora se lo pagaremos a los oficiales del Estado. También hay que tener en cuenta que esto viene con la ineficiencia natural y la corrupción inherente de un Estado como el que tenemos.

Otra cosa que no se ha dicho hasta el momento, es el hecho de una posible demanda internacional contra el Estado peruano, demanda que seguramente se perderá y el fallo obligará a pagar una millonaria indemnización para las víctimas de las expropiaciones. ¿Quién creen que terminará pagando esa cuenta?, ¿Vizcarra y sus ministros? Pues no, esa cuenta la vamos a pagar nosotros, con nuestros impuestos, la sociedad terminará pagando por los platos que siempre rompen los gobiernos.

Pero no es la ineficiencia y tampoco la corrupción, los aspectos que deben de fundar el argumento para rechazar el regreso del perfecto idiota peruano, sino la inmoralidad detrás de su aplicación. Expropiar no es otra cosa que robar, arrebatarle la propiedad a otra persona por la fuerza. En este sentido, ninguna virtud puede existir en el robo y poco importa si se ampara en la “legalidad”, tampoco si hay una mayoría que lo respalde; porque si esto no fuera así, el nazismo también podría justificarse ya que Hitler tenía una amplia mayoría que lo respaldaba y todo lo que hizo era “legal”.

Vizcarra, sin un uniforme militar, quiere evocar la imagen del tirano venezolano felizmente desaparecido, Hugo Chávez. Y salvo por la distancia circunstancial que representa el virus chino, Vizcarra encuentra hoy un escenario parecido al que Chávez tuvo en Venezuela para iniciar la locura estatista que sumió a Venezuela en la pobreza más abyecta, el salvaje ataque en contra de la propiedad privada que se ampara en el mito del bienestar común. Sin dar mucha cuenta de la realidad, nuestro país ha comenzado a transitar el peligroso camino hacia la destrucción sistemática de nuestras instituciones. Estamos advertidos.

domingo, 25 de agosto de 2019

Hablándole a la pared


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La elección de Pedro Olaechea en la presidencia del Congreso le ha dado un giro a la política nacional. Para empezar, no se trata de un improvisado del montón, salido de la nada, como suelen ser la mayoría de los que hoy actúan en el escenario político, empezando por el propio presidente de la República, Martín Vizcarra, cuyo único antecedente político es la de agitador antiminero y, como consecuencia de eso, gobernador de una pequeña región del país. 

Pedro Olaechea es un economista de la PUCP con maestría en el Reino Unido. Posee una amplia trayectoria en el sector público y privado. Fue presidente de la Sociedad Nacional de Industrias (2009-2012) y director gerente de la Compañía Minera El Futuro de Ica S.A.C. (2003-2015), entre otros muchos cargos, además de ser un destacado empresario. En el sector público fue miembro del Consejo Nacional del Trabajo por 15 años y vicecónsul honorario de Dinamarca desde el 2004. Además es una persona culta e intachable que proviene de una familia de rancio abolengo. No es pues cualquier hijo de vecino. 

Está claro, sin embrago, que la plaga de limitados mentales del progresismo y de la izquierda infecto contagiosa en su conjunto, no pueden ver ni en pintura a Pedro Olaechea, por el solo hecho de no ser parte de su cofradía de zombies antifujimoristas. Así es como tienen de atrofiado el cerebro esos indigentes mentales que vomitan odio sectario al mejor estilo comunista. Sin embargo, idolatran al incapaz de Martín Vizcarra, justamente porque les ha dado el gusto de pechar al Congreso, fastidiar al fujimorismo y apoyar a la mafia caviar defendiendo a los fiscales de IDL y atacando a Pedro Chávarry. De manera que tenemos a dos personajes sumamente diferentes frente a frente.

Como persona culta y demócrata, Pedro Olaechea se sustenta en la Constitución y la ley, para guiar sus actos políticos. Por su parte, Martín Vizcarra ignora la Constitución, la cual pretende cambiar a su antojo y pasar por encima del Congreso cuando le viene en gana. Como buen populista, Vizcarra pretende guiar sus actos por las encuestas y el griterío de la gente. Mientras que Olaechea piensa en lo mejor para el país, Vizcarra piensa en lo mejor para él y sus aliados. ¿Qué es lo mejor para Vizcarra? Pues soltar la papa caliente del gobierno, en donde ya vio que no ata ni desata. El país se le está yendo de las manos. ¿Qué es lo mejor para la izquierda delirante y rabiosa? Traerse abajo el Congreso, sacar al fujimorismo de la política, generar el caos y pedir Asamblea Constituyente. 

El caos es el negocio de la izquierda. Vizcarra es el mejor aliado que han encontrado para provocarlo, pues se trata de un hombre mentalmente limitado, de escaso discernimiento y pobre criterio y sin mayor ambición en la política. Vizcarra es tan estúpido que escucha los concejos de la izquierda. Y eso lo puede llevar tarde o temprano a la cárcel, si se le ocurre cerrar el Congreso, como le pide la chusma y los deteriorados mentales del rojerío. 

Por todo esto, la invitación que Pedro Olaechea le ha extendido a Martín Vizcarra caerá en saco roto. Está claro que Vizcarra es un pobre diablo incapaz de dialogar y buscar consensos. De lo contrario ya lo hubiera hecho. Solo las personas inteligentes buscan resolver los conflictos mediante el diálogo. En cambio, los brutos creen que haciéndose más agresivos van a ganar. Son pues dos personas con estilos, inteligencia y modales muy diferentes. Vizcarra es un patán, mientras que Olaechea es un caballero. ¿Qué puede salir de ese encuentro? Nada.

Cómo será de idiota y patán Martín Vizcarra que ya anticipó que ningún diálogo lo hará desistir de su berrinche de 28 de julio y de su extravagante e inconstitucional pedido de adelanto de elecciones. En vista de lo cual, Pedro Olaechea debería ahorrarse la molestia de ir a palacio a dialogar con ese rufián. No vale la pena. No llegará a nada. Vizcarra no está interesado en solucionar problemas, no le interesa el país, no le importa la Constitución. Cree que puede hacer lo que le da la gana. Lo único que quiere es es tumbare a este Congreso como sea, incluso perdiendo el cargo. Ese ha sido su único objetivo desde que asumió como presidente: fregar al Congreso para complacer a la chusma, a sus aliados de izquierda y a la prensa mermelera dominada por la caviarada antifujimorista.

El gran problema del país es que no tiene futuro. La nave del Perú está siendo conducida por un irresponsable chofer sin licencia, a quien no le importa si nos estrella. ¿Qué viene después del adelanto de elecciones? ¿Acaso alguien cree que tendremos un mejor escenario? ¿Creen que el electarado votará mejor que en las últimas tres elecciones? ¿Que tendremos mejores candidato siquiera? No. Nada de eso va a ocurrir. Volverán a elegir a un idiota de presidente, y llenarán el Congreso con una plaga de improvisados gracias a su estúpida reforma que anuló la reelección. 

Lo que debería hacer el Congreso es hacer respetar la Constitución y tirar al tacho de basura el proyecto presentado por el gobierno. No hay manera de que el gobierno obligue al Congreso a no cumplir la Constitución ni a reformarlo. Y una reforma tampoco aplicaría a este régimen que ya fue elegido por cinco años. Así que el Congreso debe archivar la propuesta y seguir adelante. Si el incapaz de Vizcarra no puede o no quiere seguir de presidente que renuncie. No queda otra. 

domingo, 18 de agosto de 2019

Un presidente bananero


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La última ocurrencia de Vizcarra es el adelanto de elecciones. Cada vez que habla en el Congreso saca un conejo de su sombrero para cambiarle la agenda al país con reformas que son pura basura. El año pasado fue su mamarracho de reforma constitucional que impuso con majadería invocando la cuestión de confianza y hasta referendum. Lo hizo haciendo alarde de su verborrea y demagogia barata, y apelando al sambenito de la lucha contra la corrupción, un refrito que ha resultado ser muy eficaz para toda clase de politiqueros en los últimos 20 años. 

En las pasadas Fiestas Patrias Vizcarra leyó un somnífero mensaje a la nación, donde no tuvo nada que mostrar en su año de gestión, pero lo maquilló prometiendo grandiosas políticas públicas, para terminar con su típica jugada de matón de barrio, pechando al Congreso, del cual dijo que ya no representa a los peruanos. Como si él representara a alguien. Las encuestas no son referentes democráticos ni legales. Un payaso puede ser muy popular pero eso no significa que represente a los peruanos. 

La última payasada de Vizcarra fue proponer el adelanto de elecciones, según dijo, porque no hay otra forma de superar la crisis. ¿Cuál crisis? La que él mismo había estado generando durante todo el tiempo en que tuvo el cargo de presidente, es decir, el conflicto con el Congreso. Su excusa puntual fue que no se había respetado la esencia de sus propuestas de reforma constitucional y que el Congreso había "saboteado" el sentir popular al defender la inmunidad parlamentaria. Aunque parezca mentira, esos fueron sus argumentos. Una vergüenza realmente.

La pataleta de Vizcarra se produce entonces porque no le dan gusto en las reformas que él quiere y como él las quiere. En consecuencia, hay una crisis de gobernabilidad, según él. ¿Necesita el gobierno reformar la inmunidad parlamentaria para seguir gobernando el país? ¿Desde cuándo eso es un asunto que afecta la gobernabilidad? Realmente hasta como excusa suena bastante estúpido. Todo lo que deja en claro esta actitud de Vizcarra es que se trata de un sujeto sumamente limitado, que no sabe lo que es la democracia ni el Estado de Derecho ni el respeto a las instituciones. Es un patán en todos sus aspectos.

El Congreso, le guste o no a Vizcarra, es el primer poder del Estado y surge del voto popular. Allí están representadas todas las tendencias políticas y regiones del país. Que haya una mayoría que no le agrada a él y a los comunistas, no le quita su valor democrático ni su legalidad institucional. Lo que debería aprender Vizcarra es a respetar al Congreso. En última instancia, puede desentenderse del Congreso y dedicarse a gobernar sin necesidad de estar armando un pleito cada cierto tiempo, cuando baja su popularidad en las encuestas.

En este momento, las únicas bases de Vizcarra son los comunistas del Frente Amplio y Nuevo Perú, las cloacas de la izquierda en las redes sociales y la prensa mermelera que depende de la publicidad mafiosa del Estado, que ha crecido a niveles extravagantes sin que a nadie le importe. Por supuesto, también lo apoyan los representantes de la mafia caviar, que están en  el poder desde los días de Ollanta Humala y que nunca se fueron. En resumen, este régimen de Vizcarra sigue teniendo como base todos los sectores que apoyaron a Humala. De hecho, uno de sus principales defensores es el ex Presidente de la PCM, Pedro Cateriano. 

Lo increíble es que todos estos sectores mafiosos de izquierda caviar están dándole soporte a la última propuesta de Vizcarra, como si eso fuera la solución a la crisis que Vizcarra genera con su inoperancia y estupidez permanente. Al parecer lo que la izquierda quiere es deshacerse de Vizcarra pero no quedarse con Meche Araoz ni con la mayoría fujimorista de este Congreso. El problema es que la propuesta de Vizcarra es inconstitucional, por la sencilla razón de que ellos fueron elegidos por cinco años. Eso manda la Constitución que juraron cumplir. 

Se puede cambiar la Constitución para recortar mandatos, pero eso aplicaría a futuro. No a este régimen, obviamente. Como tampoco se le aplicaría si decidieran ampliar el mandato a seis años, como era antes. Nunca hemos tenido períodos de cuatro años. No es la tradición constitucional del Perú. Además, no hay mayores argumentos para recortar el mandato. Que Vizcarra sea incapaz de solucionar sus conflictos con el Congreso no es motivo suficiente para cambiar la Constitución. 

Al parecer, el Congreso ya le perdió el miedo a Vizcarra. Primero porque el mismo Vizcarra se ha dado cuenta que no puede pedir voto de confianza para cambios constitucionales. Eso es ilegal, ya que el presidente no tiene facultad para cambiar la Constitución. Pero tan idiotas son los congresistas que el año pasado le aceptaron el pedido de voto de confianza y se lo dieron. Era una jugada extraña ya que no se sabía sobre qué era el voto de confianza, ya que la tarea de modificar la Constitución recae en el Congreso y no en el Gobierno. No tiene sentido que el Gobierno pida voto de confianza para una tarea que le compete al Congreso. Pero así de idiotas son nuestros políticos.

Una vez recibido el voto de confianza, parece que los idiotas del gobierno se percataron de que al final el Congreso podía hacer las reformas que quisiera. Entonces salieron con el cuento de que si no  hacían las reformas como estaban planteadas, es decir, al pie de la letra, ellos interpretarían que el voto de confianza les fue negado. Otra imbecilidad propia de estos políticos de pacotilla. El voto de confianza se da en votación y punto. Después no caben interpretaciones. Al final, los limitados del gobierno se dieron cuenta de que lo que habían hecho era una total estupidez, y que no podían usar ese tonto argumento de la confianza denegada a posteriori para cerrar el Congreso. 

Esto fue lo que los llevó a la pataleta desesperada de pedir adelanto de elecciones para que se vaya el Congreso. Y claro que tuvieron que incluirse ellos mismos en el pedido. Es decir, Vizcarra prefiere irse del poder con tal de tener el placer de cerrar este Congreso de cualquier manera. Ese es el nivel de pobreza mental y delirio psicótico que padece Vizcarra. Más allá de su tenaz odio por el Congreso no tiene otros objetivos de gobierno. Por eso es que el país está como está. Nada le importa a Vizcarra. Es una hoja llevada por el viento de la opinión popular. Y como la chusma siempre odia a los congresistas y adora al payaso que tiene el poder, Vizcarra cree que su misión bíblica es cerrar el Congreso como sea, aun perturbando la tranquilidad del país.

Esto es lo que pasa cuando se tiene un pelele de presidente. Un presidente digno de una republiqueta bananera, donde una tribu de salvajes lo carga en peso para pasearlo alrededor del fuego sagrado. 

lunes, 5 de agosto de 2019

Un idiota encantador


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La característica principal de un idiota es que siempre crea problemas donde no los hay. Nunca será capaz de resolver un solo problema real, pero es un campeón tratando de resolver falsos problemas que solo existen en su imaginación. Todos nos hemos chocado alguna vez con un idiota. Es alguien que de la nada o de la cosa más nimia termina armando un escándalo mayúsculo. Y lo peor es que no resuelve nada. Al contrario, empeora algo que era simple y lo deja sin solución. Bueno pues, lo que antecede es una descripción cabal y precisa de lo que hoy tenemos como presidente de la República, el señor Martín Vizcarra. 

Ya todos están conscientes de que en año y medio de gobierno Martín Vizcarra no ha resuelto ni un solo problema del país. Es más, ni siquiera los ha enfrentado. En su último mensaje a la nación por Fiestas Patrias no dijo una sola palabra sobre seguridad ciudadana, que es el problema más grave que señalan los ciudadanos en las encuestas. ¿No es eso raro en un gobernante que vive hablando de la "voz del pueblo"? La delincuencia se ha desatado en todo el país y no vemos respuesta alguna de este gobierno. La reconstrucción del norte sigue paralizada. Las reformas urgentes que se requieren para reactivar la economía no se encaran ni se desarrollan. 

¿En qué ha sido bueno Vizcarra en todo este tiempo de gobernante? En una sola cosa: en armar líos con el Congreso tratando de reformar algo que no tiene remedio, que es la clase política. ¿Es acaso su trabajo como presidente preocuparse de la calidad de la clase política y pretender reformas absurdas que no tienen ni pies ni cabeza? No lo es. Todo su afán es vivir criticando a la clase política, como lo han hecho todos los dictadores del siglo XX y más. No hay un tiranuelo que no haya usado el sambenito de condenar a la clase política para erigirse como el salvador de la patria. Desde Velasco hasta Chávez, todos han salido a maldecir a los partidos tradicionales. Y hoy Vizcarra hace más de lo mismo. Utiliza el libreto más gastado de todos los charlatanes baratos sin oficio. 

Desde luego que todo buen idiota en el poder, dedicado a armar show a base de peleas con la clase política o con el Congreso, se gana las simpatías de un público ignorante que disfruta del espectáculo, alentando al nuevo matón que zarandea a los odiados políticos. Lo lamentable es que mientras gozan del espectáculo y aplauden al patán, el país sigue agravando su crisis en todos los sectores. La salud está peor cada día, los médicos en huelga, los hospitales colapsados, los más pobres haciendo colas desde las 3 de la madrugada para alcanzar una cita. Los colegios siguen sin mantenimiento, acá mismo en la capital, donde las denuncias de los padres de familia no cesan por el mal estado de los colegios. Y la delincuencia ni qué se diga.

La ignorancia de la gente hace que un payaso como Vizcarra pueda hacer sus actos de payasería en contra del Congreso, y salir entre aplausos, pese a la pésima gestión que hace. En el Perú las cosas están al revés. Es el Congreso el que debe mirar y fiscalizar los actos del gobierno. Para eso está y esa es su principal misión. Pero acá ocurre todo lo contrario: es el inepto de Vizcarra el que vive mirando al Congreso y exigiéndole las reformas "políticas" que a él le vienen en gana, a pesar de que esa no es su función como gobernante. El Congreso es el único que tiene atribuciones para reformar la Constitución, pero acá es el presidente el que se arroga dicha función. Y todos aplauden. 

Lamentablemente la ignorancia de la gente hace que todo este ambiente descalabrado sea posible. Y a este caos contribuyen muchos otros ignorantes que fungen como periodistas conduciendo programas donde en lugar de educar al público en temas de democracia y Constitución, lo que hacen es seguir alentando la pelea de callejón entre el Gobierno y el Congreso. Todo es tan absurdo que realmente este país da pena. Aunque mañana se fueran todos y volvieran a votar, el pueblo seguiría eligiendo mal por sus altos niveles de ignorancia y porque ahora, gracias a las estúpidas reformas hechas a la volada, bajo amenaza y por joder, los candidatos van a ser peores que antes. Provecho.

domingo, 4 de agosto de 2019

Un pequeño tiranuelo perdido


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El presidente Martín Vizcarra ha tenido la desfachatez de pedirnos "grandeza" para traernos abajo el Estado de Derecho y acceder, una vez más, a sus caprichos de reforma constitucional, tal como a él le parece que debe ser. Es decir, en los hechos, Vizcarra ya asumió todos los poderes, pues ahora es él quien reforma la Constitución poniendo bajo amenaza al Congreso, además de involucrarse en la marcha del Ministerio Público, donde logró hacer expulsar al Fiscal de la Nación Pedro Chávarry, a quien todavía no deja en paz, ya que sigue opinando sobre su suerte en el Congreso.

El Perú está en manos de un pequeño tiranuelo que se cree dueño del poder absoluto, ignora todos los modales democráticos y hace lo que le viene en gana. Y todo lo hace con la torpeza propia de un campesino sentado en la mesa del rey. En cada gesto y palabra, Vizcarra demuestra ser un completo ignorante de la política, un déspota disfrazado de demócrata, que habla de unidad y diálogo mientras zarandea al Congreso y amenaza la estabilidad institucional y democrática del país. 

Y como suele suceder en la historia, el tirano goza de popularidad. Esto es fácil cuando se tiene el control casi absoluto de la prensa, como lo tiene Vizcarra. Los más grandes grupos de medios le deben su existencia al gobierno, pues viven de la fabulosa publicidad estatal. Allí tenemos pues a los principales diarios, canales de TV y emisoras radiales vomitando fuego contra el Congreso todos los días y alabando al tirano que "ha puesto en jaque al Congreso". La masa de borregos en las calles es arriada por estos conductores de medios y columnistas baratos que glorifican al dictador y braman contra el Congreso.

A esa masa de ignorantes y tontos útiles que aplaude al tirano desde las calles y las redes sociales, hay que sumarle la izquierda, siempre atenta a agitar más las aguas turbias de la política. La gusanera de la izquierda cobra vida cuando huele el cadáver de la democracia, se arremolina en torno a la putrefacción de las instituciones y aprovecha para darle el toque de muerte final al Estado burgués. La izquierda juega su propio partido en espera de que todo colapse y pueda exigir una nueva Asamblea Constituyente, para cambiar la odiada Constitución de 1993 que sacó al Estado del rol central de la economía. De este modo, Vizcarra juega en pared con la izquierda retrógrada y fracasada. 

Este es el triste panorama de la democracia peruana ad portas del bicentenario: una democracia amenazada por el propio presidente que ha resultado ser el sujeto más incapaz que haya ejercido ese cargo en toda la historia, un ignorante político devenido en tirano, como suele suceder con los ignorantes en el poder, y que a falta de planes de gobierno y de capacidad de gestión, ha terminado siendo una amenaza para la institucionalidad del país. Martín Vizcarra es un patán de la política, sin modales ni voluntad de lograr acuerdos. Todo lo que ha hecho Vizcarra hasta ahora es imponerle sus caprichos al Congreso bajo amenaza de disolución. Y como no le dieron el gusto en sus reformas, y no puede disolverlo, ha montado en cólera como un niño engreído y malcriado. Ahora golpea las estructuras del Estado exigiendo que se vayan todos porque no le hacen caso. ¿Se puede ser más infantil y estar de presidente?

Tenemos que aguantarle más caprichos a este felón que tenemos de presidente. Caprichos que ponen en riesgo la estabilidad del país. Exigencias histéricas y arrebatadas que son impropias de un gobernante serio y respetuoso de la Constitución, que es lo mínimo que se puede exigirle a quien detenta el cargo más alto de la nación: respeto a la Constitución y a las formas democráticas en la política. Pero el tiranuelo de Vizcarra es un matón de barrio que se cree por encima de la Constitución y del Congreso, convencido de que los aplausos de la chusma ignorante y de la prensa prostituta lo avalan para hacer lo que le viene en gana. Tampoco debe extrañarnos que salgan por allí la tradicional fila de ayayeros, opinólogos, constitucionalistas de carretilla y politiqueros del ayer, que aparecen con poses de patricio avalando las trapacerías de Vizcarra, no por amor al país sino por odio a la mayoría del Congreso.

Ahora le toca al Congreso la fundamental e histórica tarea de defender la institucionalidad del país, hacer prevalecer la Constitución, la democracia y el Estado de Derecho, por encima de los arrebatos de ese felón con aires de dictador caribeño que detenta la banda presidencial por azar. Esperemos que Pedro Olaechea esté a la altura de las circunstancias y del reto que el momento plantea. El Perú tiene muchos serios problemas que enfrentar antes que perder tiempo discutiendo las boberías que se le ocurren al inepto de Vizcarra. Lo que le corresponde a Martín Vizcarra es renunciar y dejar el cargo en el que ha demostrado ser un completo inútil. Eso sería lo mejor para el Perú si queremos llegar como nación al bicentenario.