miércoles, 16 de noviembre de 2022
La descarada manipulación de la verdad por parte de la izquierda
martes, 10 de noviembre de 2020
La caída de Martín Vizcarra y la mafia caviar
Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Finalmente el Congreso decidió vacar al presidente Martín Vizcarra, en una corta sesión y con una abrumadora mayoría de más de los dos tercios requeridos. Así termina la turbulenta era de Vizcarra que comenzó con un acto de traición en marzo del 2018. Su vacancia fue una especie de justicia divina, ya que Vizcarra había cerrado el Congreso anterior en una bravuconada típica de todo dictador que usa el apoyo popular y mediático para hacer su entera voluntad, pasando incluso por sobre la ley y la Constitución. Anoche, el Congreso que fue fruto del golpe de Estado perpetrado por Vizcarra, le devolvió el gesto.
Describir el panorama tras la vacancia nos da una idea precisa de quiénes estaban detrás de Vizcarra, encaramados en el poder y en el usufructo del dinero público. En primer lugar están las guaripoleras de la prensa que no tardaron en gruñir contra el Congreso, al que llenaron de epítetos de toda clase. Algunas incluso lucieron al borde de las lágrimas en la pantalla del televisor. La mayoría de estos periodistas -que hace tiempo olvidaron los principios de su profesión para convertirse en activistas de Vizcarra- llamaron “golpe” a la vacancia, y no faltaron quienes alentaban a los ciudadanos a salir a protestar. Esa es la prensa prostituida por el gobierno que nos deja Vizcarra. Nunca la prensa había caído tan bajo en este país. Como dicen quienes tienen memoria: las guaripoleras de Vizcarra ganaron por goleada a las geishas de Fujimori. Y es que la era Vizcarra ha superado con creces todo lo visto en los noventa.
Luego aparecieron los indignados caviares, muchos de los cuales sirvieron al régimen como asesores y hasta gurús de las reformas políticas perpetradas con autoritarismo por Vizcarra. Fueron los primeros en ser llamados por la prensa vizcarrista para que muestren su indignación ante el público. Abrazados periodistas y caviares, se pusieron a rajar en vivo y en directo del Congreso, y no paraban de asustar a la gente con el cuco de la postergación de las elecciones, cuento inventado por ellos mismos y repetido hasta el cansancio. Enseguida fueron llamados a opinar los constitucionalistas de bolsillo acostumbrados a las interpretaciones alucinógenas de la Constitución para avalar las tropelías de Vizcarra. Allí fue cuando Omar Cairo llamó “golpe de Estado” a la vacancia e invocó a las FFAA a no obedecer a “un gobierno usurpador”. Ya antes habían dado varias vueltas al universo dilucidando lo que significaba la “incapacidad moral permanente”, tratando de que Vizcarra no encaje en esa definición.
Por último está la plaga entera de la izquierda variopinta, que no tardó en salir a las calles a armar sus clásicos berrinches y llenar las redes sociales con su activismo desbocado. Políticos de pacotilla como Julio Guzmán y Verónika Mendoza se mostraron “indignados” por lo que llaman “golpe”. Y son los mismos que le pedían a gritos a Vizcarra cerrar el Congreso anterior como sea, y que luego aplaudieron emocionados el golpe express de Vizcarra. Es así como se conducen estos hipócritas de la izquierda que nunca han sabido defender la democracia ni las instituciones ni la Constitución. Ellos solo defienden sus propios intereses políticos. Y Vizcarra era parte de sus intereses, ya que les servía como el tonto útil que estaba destruyendo a la clase política tradicional para luego quedarse como únicos dueños del mercado electoral.
Pero los peruanos debemos sentirnos satisfechos por haber expulsado del poder a un fantoche sin escrúpulos que solo se dedicó a pisotear las instituciones, a quebrantar el equilibrio de poderes y el orden democrático, y a prostituir a la prensa a con dinero público. Eso y poco más es lo que hizo Vizcarra. Si no hubiese sido por la pandemia, su labor hubiera quedado en la simple destrucción de las instituciones y la liquidación de la clase política con reformas perversas, hechas no para mejorar el nivel de la política sino para eliminarla. No tienen otros propósitos la prohibición de la reelección de congresistas, la imposición de de la paridad y la alternancia en las listas, la obligatoriedad de las elecciones primarias intrapartidarias bajo supervisión de la ONPE y otros disparates por el estilo, inventados por asesores caviares que jamás han salido de sus ONG ni han pisado nunca un partido político.
El saldo final de la era Vizcarra es la captura del Ministerio Público a manos de la mafia caviar, la consagración de fiscales que en vez de querellar a Odebrecht para cobrarle sus fechorías, usaron el caso para perseguir políticos de oposición y favorecer a Odebrecht. También debemos a Vizcarra los abusos fiscales contra líderes políticos que fueron vejados sin un juicio justo, y uno que prefirió el suicidio antes que la humillación. Todo eso no se podía haber perpetrado sin el apoyo incondicional de una prensa abyecta, que se dedicó al activismo descarado en apoyo de Vizcarra y en contra de los enemigos señalados por el dictador. Ya está en los anales de la historia negra del periodismo peruano las 1,500 portadas difamatorias contra Chávarry, en busca de recuperar el control del Ministerio Público para la mafia caviar.
Nunca olvidaremos la obsesión y desesperación de Vizcarra por cerrar el Congreso. Una tarea vil que le fue encomendada por la mafia, como parte de la estrategia integral para eliminar al fujimorismo y al Apra de la escena política. Luego vendrían las prisiones de Keiko y Alan, los allanamientos a los locales partidarios, estudios jurídicos y a las empresas que tuvieron el atrevimiento de aportar a la campaña de Fuerza Popular. Toda la clase empresarial fue amenazada por la mafia a través de sus fiscales chacales por apoyar a FP. Luego vinieron las reformas políticas para prohibir todo apoyo privado a las campañas. Vizcarra solo fue el tonto útil de la caviarada. De allí la desesperación de la izquierda en pleno por su vacancia. Pero el legado de Vizcarra no cambiará. Nos deja un país envilecido, dividido y con las instituciones debilitadas y en manos de la mafia caviar.
martes, 20 de octubre de 2020
Vizcarra atrapado en su telaraña de mentiras
Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
A estas alturas los peruanos parecen haber perdido la capacidad de indignarse por tener a un sinvergüenza, corrupto y embustero caradura en el cargo de presidente de la República. Más bien –por lo visto en los últimos veinte años- es ya casi un requisito poseer estas cualidades para ocupar el sillón de palacio de gobierno. Debe ser por eso que no se ven mayores muestras de repudio ante los destapes que involucran a Martín Vizcarra en actos de corrupción. Claro que los defensores de la corrupción institucionalizada que administra la izquierda desde sus oenegés, nunca saldrán a las calles en contra de su corrupto de ocasión.
Los tontos útiles de izquierda solo son convocados para marchar contra el fujimorismo. La última vez que se les vio en las calles estaban pidiendo el cierre del Congreso. Eso fue después de que marcharan en defensa de los fiscales de Odebrecht. Pero ahora que el gobierno apesta a corrupción, mediocridad e incompetencia, solo aplauden felices desde las redes sociales. Por su parte, los opinólogos de izquierda que antes cuestionaban la corrupción de sus enemigos, ahora dedican sus columnas a fustigar al Congreso por el intento de vacancia, y despliegan sus artes retóricas para convencernos de la inconveniencia de vacar al felón de palacio. Nos dicen que Vizcarra es fundamental para superar la pandemia, para llegar a las elecciones y para la estabilidad. Hemos pasado así del “roba pero hace obra” al “roba pero da estabilidad”.
Pero nada es más nauseabundo que oír al mismo Vizcarra enredándose en su propia telaraña de mentiras. Se ha atrincherado en sus embustes llegando al colmo de negar las fotos que lo muestran con Camayo. Solo le faltaba cantar como Mary Trini “ese no soy yo”. Insiste en el cuento de que no conoce a Richard Swing, pese a que él le abrió las puertas del Ministerio de Cultura para gozar de contratos mal habidos. Nadie más que él pudo haberlo hecho. Y así lo relatan los testigos e implicados. Pero Vizcarra no cambia su versión. Hasta llega a afirmar que no conoce a Richard Swing. Así de caradura es Vizcarra.
Ante las denuncias de los colaboradores eficaces de la Fiscalía, que señalan a Martín Vizcarra como un vulgar coimero durante sus épocas de gobernador regional de Moquegua (y hasta durante su gestión como ministro de Transportes de PPK), Vizcarra simplemente lo ha negado todo. ¿Qué otra cosa saben hacer los sinvergüenzas? Cree que su palabra será más valorada que la de los colaboradores de la Fiscalía, que no solo han señalado montos de las coimas sino detalles precisos de los pagos que coinciden con los hechos conocidos. Vizcarra tampoco ha sabido explicar para qué iba a las oficinas en Lima de la empresa ganadora de la licitación para el hospital de Moquegua. Ha tenido la desfachatez de decir que iba “a coordinar”. Ahora sabemos que -siendo ya ministro- reclamó por el último de los pagos faltantes para llegar al monto acordado de la coima, el cual se le entregó en una reunión en la que abundan testigos.
Pero no solo ha negado todo el caradura, sino que ha contraatacado. Se ha atrevido a decir que lo quieren vacar para no realizar las elecciones. Una estrategia vulgar para echar sombras sobre el Congreso. La vez anterior supo capitalizar muy bien la torpeza de Merino al llamar a los comandantes generales de las FFAA, pero esta vez se ha atrevido a mentir. Ha dicho que le han propuesto postergar las elecciones sin señalar nombres. Ante la insistencia, solo ha mencionado a los dos principales partidos del Congreso: AP y APP, pero ambos han rechazado la versión presidencial. Además, tampoco tiene sentido que los partidos que quieren vacarlo le propongan quedarse en el cargo más tiempo. Se trata claramente de otro embuste de Vizcarra. Estamos pues frente a un embustero y caradura cuya palabra no vale nada.
La última estratagema de Vizcarra ha sido acusar indirectamente al diario El Comercio, uno de los medios que ha destapado sus coimas en portadas, de atacarlo porque “he tocado a Odebrecht”. También dice que los poderosos lo atacan porque ha chocado con sus intereses al haber hecho aprobar leyes como el de los octógonos y los genéricos, y porque ha hecho que el TC apruebe el cobro de la Sunat sin prescripción de deudas. En fin, el sinvergüenza ya no sabe qué más inventar. Pero todos sus embustes han sido respondidos. En primer lugar, la misma presidenta del TC le ha dicho a Vizcarra que él no tiene nada que ver en las decisiones del TC. También le han aclarado que esas leyes que menciona vienen de afuera y las aprueba el Congreso porque son populistas, y que si ha tocado a Odebrecht ha sido solo para pagarles.
Este es el panorama sombrío de Martín Vizcarra, otro aventurero que llegó al poder empujado por las circunstancias. A nadie le sorprende saber que es uno más de la larga lista de corruptos gobernadores regionales que se dedicaron a coimear desde su cargo. Ya su ex premier César Villanueva está con prisión domiciliaria. Esperemos que la Justicia no tarde mucho en poner a Martín Vizcarra tras las rejas. Mientras tanto, los peruanos tendremos que soportar la vergüenza de ser gobernados por este sujeto de la peor calaña, que aprovechó la presidencia para destruir las instituciones, disfrazado de luchador anticorrupción.










