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jueves, 10 de octubre de 2013

Venezuela en la negación de la realidad bolivariana


Por Nelson Bocaranda

El "histórico" discurso dejó cuatro cosas muy claras. La primera, que el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela es un preso de las coyunturas políticas y de los asesores e intereses que conforman tales coyunturas. Las encuestas, estudios de opinión y "focus group" que lleva a cabo el aparatick de propaganda del régimen, construyeron el evento del martes y, por si fuera poco, escribieron la línea gruesa de lo que dijo. Ese no es el discurso de Nicolás Maduro, ese es el discurso de los que lo tienen arrinconado. 

La segunda, los asesores extranjeros, coordinados desde la "Isla de la felicidad", alcanzaron el cénit de la genialidad al ofrecerle a Maduro por un buen tiempo la estrategia mediática de que todo lo que sea mercado, liberalismo, empresa, iniciativa privada, banca, finanzas, sea calificado como el verdadero origen de toda corrupción (y en Cuba van al revés). El Chavismo, el Socialismo del Siglo XXI, la Revolución Bonita, nada tienen que ver con corrupción. Corrupción viene del pasado. En el presente no hay corrupción. 

En 14 años de régimen chavista, no hay un solo venezolano, ni civil ni militar, ni funcionario ni amigo del Gobierno, tampoco un diputado, mucho menos un juez, que sea corrupto. La falta de divisas, de insumos, de abastecimiento, la escasez, la falta de servicios, los incendios en la petroquímicas, las caídas de puentes, las valijas, las tomas de los bancos y empresas de seguro, las compras militares, las viviendas que nunca se hacen, todo eso viene de 1998 hacia atrás. Eso nada tiene que ver con nosotros, con el Socialismo del siglo XXI. 

Tercero, este no es solo un discurso para el señor Presidente. Este debe ser el discurso de todos los ministros, de todos los diputados, del último enchufado de cualquier nómina, legal o ilegal, abierta u oculta que viva y dependa de nuestro rentismo petrolero. Y eso es lo venimos viendo desde que Maduro regresó de Cuba recientemente. Es lo que hicieron todos, y repito, todos los diputados que salieron por TV haciéndole antesala a la preparada presentación de Maduro. Lo que hizo el lector del texto (¿copy&paste del anciano general mayor Pérez Arcay y el Monje con guión isleño?) fue reposicionar la culpa cargándosela a otros. 

En cuarto lugar, esas mismas encuestas soportan otra instrucción cubana como es poner en tela de juicio las municipales de diciembre. Por eso ni las mencionó. Si se transforman en plebiscito, quien dice haberle ganado todas las batallas al Imperio, hoy las pierde. Y eso la robolución no puede aceptarlo. Como me señalara un distinguido embajador latinoamericano que ante los medios debe presentarse como amigo de este régimen, pero que tras bastidores su misión es defender los interese de los nacionales de su país: "Con este encuadre, con esta propuesta, desde el sector privado de mi país, ni un céntimo, mucho menos un dólar. Pedí a mi colega y paisano en Beijing que hablara con la dirigencia china que exigió cuentas claras a Maduro y Ramírez en su viaje, a pedir 'emprestado'. Los vieron desesperados y lograron que cambiaran a funcionarios del Fondo Chino y otros organismos, acusándolos de guisadores. Giordani fue clave, le contaron".

martes, 8 de octubre de 2013

Argentina y el modelo bolivariano


Fuente: Diario El Comercio - Ecuador

La situación económica y social de Venezuela presenta mejor que cualquier análisis teórico cuál es el destino de un modelo de corte populista, intervencionista y estatista. Un país de petróleo abundante, que exporta por más de 100 000 millones de dólares por año, es actualmente incapaz de satisfacer las necesidades mínimas de su población y expone una pobreza creciente en medio de un enorme desorden social e inseguridad personal. 

La ineficiencia resultante de la politización y corrupción en las empresas estatizadas se ejemplifica en la utilización de la petrolera PDVSA como generadora de fondos para la "regaladera" del fallecido comandante Hugo Chávez y su práctico vaciamiento para otros destinos menos virtuosos. El conocido latiguillo "exprópiese" que Chávez popularizó en sus caminatas televisadas ha quedado grabado en la memoria de todo aquel que piense desarrollar alguna actividad. 

La esencia del modelo chavista es su inclaudicable populismo, referido como socialismo del siglo XXI. Apenas algunas diferencias de grado lo separan del modelo kirchnerista. Ambos se apoyan en versiones intelectuales similares y en el fervor de militantes que tienen al castrismo como faro. De la mano del pensador Ernesto Laclau, el kirchnerismo ha ideologizado y exaltado el populismo. En repudio del "Estado ausente", este modelo transitó por la confiscación sin pago de los fondos de jubilaciones y pensiones y de YPF, la principal empresa del país. Se superó así al chavismo, que al menos pagó lo que expropió. 

El modelo kirchnerista se empeñó en destruir y desvirtuar instituciones. La seguridad jurídica fue erosionada y el derecho de propiedad, desconocido. La respuesta de miles de ahorristas ha sido la fuga de capitales. El control de cambios, conocido aquí vulgarmente como cepo cambiario, es la única respuesta del modelo. Los congelamientos tarifarios y los controles de precios se interiorizan en el sistema al igual que las fuertes restricciones a las importaciones. La mano violenta y arbitraria de los funcionarios se mete en las decisiones y en los actos privados. La libertad se pierde en beneficio de la corrupción, la discrecionalidad y el amiguismo. La amenaza o el subsidio convierten a demasiados empresarios en seres claudicantes, cuando no en meros aplaudidores. 

En Venezuela escasean los productos con precios controlados, llámese dólar o bienes de consumo, mientras alguien los provee a precios más altos. En esto Venezuela nos aventaja, tal vez sólo por ahora. Allí el dólar oficial vale 6,3 bolívares mientras se acerca a los 45 en el mercado informal, al tiempo que la prensa tiene prohibida la difusión de las cotizaciones en el mercado marginal. No se consigue papel higiénico en los supermercados y almacenes controlados, pero se puede comprar todo lo que uno quiera a los "buhoneros" a un precio tres veces mayor. Pasa lo mismo con los alimentos y con otros productos de consumo. La medición de la inflación con los precios oficiales queda subestimada. Aquí debemos reconocer que el Gobierno argentino no sólo la ha subestimado por este motivo. Desde enero de 2007 ha falseado abiertamente los resultados del índice de precios. El Gobierno venezolano no llegó a tanto.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/enfoque_internacional/Argentina-modelo-bolivariano-Enfoque_Internacional_0_1007299306.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

sábado, 31 de agosto de 2013

El naufragio kirchnerista


Por JUAN SALINAS BOHIL
@salinasbohil

Si la vedette y actriz Moria Casán tildó en su momento a la fauna artística argentina de jet set de cabotaje, no puede llamarse de otra modo a los diversos grupos políticos, económicos, judiciales, gremiales y de toda clase que atiborran con su accionar tapas de diarios y estudios de radios y televisión.

Es común escuchar este no es un país serio como si fuese necesario de urgencia inmediata que lo sea. Afortunadamente no lo es, porque de lo contrario, la existencia en él se haría imposible. Argentina se ha convertido en una gran platea en donde a 40 millones de vivientes les resulta más efectivo divertirse con los numerosos programas de boberías que brinda la televisión en donde abundan personajes estrafalarios que parecen recién salidos del laboratorio del Dr. Jekyll y pomposas señoritas con abundancia de siliconas, notable ausencia de neuronas, lenguaje suburbano y forrada billetera obtenida vaya a saberse con qué artimañas y a costa de quiénes.

Analizar seriamente la realidad bajo el nuevo cielo bolivariano resulta impropio. Por ejemplo, aumenta día a día la cantidad de opositores que hasta ayer nomás defendían a capa y espada preferentemente con esto último las bondades del modelo estatista, dirigista, inflacionario, restrictivo de las libertades individuales, verborrágico, mesiánico y profundamente corrupto. Estos seres han comenzado a bajar la planchada del crucero del amor nacional y popular con inclusión social en el que tan bien vivieron durante una década. Y para uno, opositor a rabiar aún antes de que Él asumiera, autor no reconocido y por ello frustrado de concepciones como la presidencia como bien ganancial, el encomillado en lo nacional y popular, aplaudidores profesionales, matrimonio presidencial y tantas otras dichas en soledad mientras los conversos de hoy se empalagaban de miel kirchnerista, el travestismo no llama la atención. Esa actitud es moneda corriente en un país donde los electores resultan, aunque no lo asuman, los únicos responsables de sus peripecias en un territorio falto de ideología o mejor dicho con una sola y excluyente en la que mama toda la dirigencia.

El modelo, el socialismo bolivariano del siglo XXI o la década de mayor crecimiento de Argentina en sus 200 años de historia comienza a hacer agua y grandes rumbos se abren en babor, estribor y el casco de la nave. Presurosos, toda la primera clase, con sus chalecos salvavidas de última generación, sus GPS a prueba de humedad y balas, y chóferes y guardaespaldas, se apiñan en cubierta junto a la borda a la espera del bote salvador.

Más algunos, superrápidos, se han lanzado a las tempestuosas aguas del Mar de la Realidad siguiendo a pura brazada el fluir de un bote bautizado neokirchnerismo que se encuentra a punto de naufragar debido a la cantidad de gente que carga y que con relativo éxito intenta alcanzar la costa de un paraje repleto de mosquitos llamado Tigre. Ellos son un ex terrorista ajado, otrora joven idealista, Carlos Kunkel, lógico entrista del peronismo en los 70 que acaba de confesar en LA NACIÓN, nunca fue kirchnerista, siempre fui peronista aunque sin aclarar por qué intentó derrocar a Perón (¿su líder?) para implantar por las armas una dictadura castroguevarista.

Otra que se fue de boca y del kirchnerismo es Milagros Salas, una especie de Gabriel Condorcanqui con polleras, si bien no suele usarlas, sitiada más que situada en la norteña provincia de Jujuy, que como la queridísima Hebe ha recibido millones de dólares para hacer casitas para los pobres y mantener una guardia pretoriana a su servicio. Pues bien, esta ingrata mujer habría manifestado recientemente: Que el kirchnerismo se vaya a la m.

Pero quien más llamó la atención con su desvinculación de la Casa Rosada fue Eugenio Zaffaroni, miembro de la Corte Suprema, otro reconocido militante de izquierda que como el gobierno no se ha cansado de acusar a los medios de comunicación de crear una especie de paranoia con relación a la inseguridad, quizás porque como funcionario de larga data cuenta con custodia oficial y esas simplezas de robos o asesinatos les son ajenas. Por lo demás, el juez acaba de dejar plantados a sus pares en una audiencia pública citada por la Corte por la Ley de Medios para irse a Alemania por dos o tres semanas por cuestiones académicas. Su labor es debería ser full time, sin horas extras ni premios por presentismo. Es de esperar que como a cualquier mortal se le descuente de su sueldo el medio mes de vacaciones que se ha tomado.

Lo dicho no tendría que llamar la atención proviniendo de un integrante de la nomenclatura pero con esta gente siempre hay más. Zaffaroni dijo, además: Me queda un año en la Corte, espero que pase rápido. Más rápido sería si renunciara hoy y muchos, incluso él mismo, estarían más felices que en la actualidad. ¿Por qué esperar?

Sin embargo, quien no debe abandonar el barco es la Presidente pese a algunas desconsideraciones efectuadas sobre su salud. Las razones son dos y creo, bien valederas. La primera es que con pleno conocimiento de causa puedo afirmar que goza de una salud excelente. La otra, igual de importante es que, ¿alguien puede imaginarse a Boudou al frente de la Casa Rosada? Argentina sería un caos. Impidámoslo.


viernes, 28 de junio de 2013

FALSO NACIONALISMO


Por: Felipe Cortijo Medina
Ollanta Humala dice encarnar el nacionalismo en el Perú, veamos cuál nacionalismo intenta hacernos creer que él representa, o qué parece que entiende por nacionalismo. El movimiento político al que representa es ideológicamente de izquierda, por tanto debemos juzgar que sus ideas se basan en un criterio ideológico internacional, el socialista, no es entonces nacional, no se circunscribe sólo a nuestra nación.

La ideología socialista tiene sus iconos irrenunciables en una literatura política, como la marxista, leninista, maoista, trotskista, etc. y si debemos ser representados por un peruano que encarne mejor las ideas del socialismo diríamos mariateguista. Toda esa concepción ideológica no puede dejar a un lado la vertiente del terrorismo de izquierda, basadas en las ideas políticas de otro peruano, Abimael Guzmán.
Decía Arnold Toynbee sobre los nacionalismos que: ”El espíritu de la nacionalidad es la agria fermentación del vino de la democracia en los viejos odres del tribalismo”. No hay que ir muy lejos para ver en lo que se han convertido Bolivia, Ecuador, Argentina o Brasil cuyos presidentes dicen también encarnar ideas nacionalistas en medio de la convulsión de asonadas sociales. Esto es lo que produce dichos nacionalismos, la desintegración de una patria.

Ser nacionalista no equivale a sostener ideas subalternas que no tengan que ver con su único propósito en sí mismo, el engrandecimiento de la patria, el honor y la gloria para nuestros héroes. Lo que nos enseñan (o enseñaban) en nuestras escuelas siendo muy niños, cuando nos emocionaba el gesto sublime de un Ugarte, el coraje de un Bolognesi, la osadía y valor de un Grau, o la inteligencia y fuerza de Cáceres, por eso Rainer María Rilke dijo alguna vez “La única y autentica patria del hombre es su infancia”.
Hoy en día, ser nacionalista significa ser socialista, nada más aberrante para los fundadores de una nación, nada más ultrajante para sus hijos. No existe credo más ladino y vulgar que confundir a un país con ese nacionalismo venido del Atlántico, de otro país que se sumerge en el fratricidio de levantarse hermano contra hermano, padre contra hijo. Venezuela ha hundido sus pies en el lodo del odio parricida por un presidente que se cree Bolivariano, pero que no sabe de la grandeza y la gloria que significó esa gesta en Sudamérica.
Hoy la izquierda ha vuelto a ganar peligrosamente para nuestra nación el terreno perdido durante años, no solo el terrorismo brota en el VRAE, en Ayacucho, en nuestra Universidad de San Marcos. Todos o la mayoría de nuestros medios de comunicación e instituciones de representación pública han sido copados por la izquierda progresista, la izquierda caviar, que nunca tendrán la mínima voluntad para reclamar por el ultraje a nuestras fuerzas armadas. Cuando un policía es abatido, nunca será suficiente para el país con poner sus caras de circunstancia y nada más, cuando son las balas de un Caín socialista las que matan.  Hay que recobrar la indignación, y nuestra historia, pasada y reciente, podemos ser un país viable por nosotros mismos, con nuestros ahorros, con nuestro dinero, debemos recobrar el concepto de patria, de nación. Para Humala, ser peruano significa ser socialista, es el falso nacionalismo.                                               

domingo, 21 de abril de 2013

Venezuela es un desastre bolivariano


Ricardo Uceda/INFOS
Caracas.
En septiembre del 2011, cuando Hugo Chávez anunció que había culminado su tratamiento con radiaciones después de que en Cuba le extrajeran un tumor canceroso, un anciano se encadenó en la puerta del Hospital Ruiz y Páez de Ciudad Bolívar. Llevaba diecinueve días esperando radioterapia.
El cáncer que derrotó a Hugo Chávez es la segunda causa de muerte en Venezuela. La enfermedad estuvo en la boca de todos durante cerca de dos años, mientras el líder era  tratado en Cuba. Al mismo tiempo, en los hospitales públicos del país los equipos de radioterapia presentaban problemas insolubles en el corto plazo. Los contratos de mantenimiento habían vencido.
El diario El Nacional publicó un informe extenso sobre  la insolvencia de los equipos de radioterapia de los hospitales nacionales  en septiembre del 2012, cuando Chávez estaba en plena campaña electoral. Enfermos de cáncer hacían diversas manifestaciones de protesta. En teoría, el sistema de atención debía funcionar sobre ruedas, porque una empresa estatal argentina había instalado diecinueve centros con equipos de alta tecnología para radioterapia oncológica en todo el país. A cambio, PDVSA entregó petróleo venezolano.
En 2006 el propio Chávez presentó el primer aparato importado, un acelerador lineal. “¿Creen que regalamos nuestro petróleo? ¡No, no, no!”, dijo, mientras lo exhibía.
El mismo aparato estaba malogrado en 2012. El Nacional entrevistó a Aleydis Fontalbo, de 57 años, que no podía tratarse un tumor maligno en el seno derecho. El diario publicó un mapa con el detalle de los equipos averiados en cada hospital público. Impresionado por el reportaje, un jurado internacional lo declaró ganador del premio nacional de periodismo de investigación. David González, uno de los autores, los otros fueron Fabiola Zerpa y Adriana Rivera, dijo para esta nota que el problema ha subsistido después de la publicación. En enero de este año un foro de oncólogos reconoció que solo se halla operativo uno de los cuatro centros de radioterapia en Caracas.
LOS DESCONTENTOS
Estas paradojas explican, en parte, el descontento de la mitad de la población venezolana con el chavismo, expresado en las últimas elecciones. Paradojas porque la gran inversión social del régimen representa un 37% del presupuesto del 2013, y en muchos aspectos  mejoró la situación de los más pobres. Pero el sistema hace agua por varios lados, como puede apreciarse en el desabastecimiento alimenticio. En febrero y marzo pasados llegó al 20%, algo aceptable es menos de 5% de acuerdo con el Banco Central de Venezuela. Es el más alto de los últimos años, aunque el discurso oficial lo niega.
La insuficiencia se produce pese a los altísimos niveles de importación de alimentos, que llegó a sesenta mil millones de dólares en 2012. Los precios están controlados desde el 2003, así como la compra de divisas. El Estado ha asumido sin éxito parte del negocio agroalimentario. Lo que se encuentra en los almacenes Mercal y Pdval, a cargo del Ministerio del Poder Popular para la Alimentación,  suele ser de muy mala calidad.
Otro reportaje investigativo, esta vez de Lisseth Boon, del diario El Mundo, documentó lo que ocurre con la leche, cuya producción nacional es ínfima. Venezuela la importa principalmente de Nueva Zelanda y la distribuye a través de una empresa estatal, la Corporación de Alimentos y Servicios Agrícolas, CASA. Boon registró contundentes manifestaciones de autoridades de Colombia demostrativas de un intenso contrabando del producto hacia dicho país. Había compañías sancionadas, contratos de compra-venta interceptados y evidencias de una red de crimen organizado dedicada al intercambio ilícito en la frontera.
En un siguiente paso,  la periodista confeccionó una base de datos con las cifras oficiales de las importaciones de leche en polvo de los últimos diez años, cruzadas con los cargamentos llegados a Puerto Cabello y con las estadísticas obtenidas en Colombia. Los números de Nueva Zelanda no cuadraban con los de Venezuela. Faltaban treinta y tres mil toneladas, que es lo que El Mundo estima que se fue de contrabando a Colombia.
“Esta cantidad representa dos meses del consumo de leche de los venezolanos”, dice Boon, a quien la incompatibilidad de las cifras produjo una demora de varios meses en la confección de su base de datos.
COMER EN VENEZUELA
Una de las reformas emblemáticas del socialismo venezolano fue la conversión del Estado en actor principal de la agroindustria. A través de la Corporación Venezolana de Alimentos, CVAL, controla la producción y comercialización de los principales comestibles, luego de haber desplazado o expropiado a las principales empresas privadas del rubro. Aparecieron Pollo El Soberano, Arroz Venezuela Socialista,  Lácteos del ALBA, Porcinos del ALBA, Leguminosas del ALBA, etcétera. El experimento es un fracaso y  solo es necesario visitar un supermercado estatal para comprobarlo. Contra la idea original de que se autoabastecería, Venezuela sigue comprando en el exterior casi el 70% de los alimentos que consume.
El café, que antes se exportaba, se compra de Colombia. La carne, que tampoco faltaba, viene de Brasil. El arroz, otra nueva importación, lo vende Sudáfrica. Los problemas más comunes reportados por los agricultores en crisis son la dificultad de importar insumos “derivada del férreo control de divisas”, precios controlados que no cubren la inversión, e  ineficacia de la cadena estatal de asistencia. Atarantados por la inflación, los pequeños comercios que venden alimentos al público lo hacen por encima del precio oficial, discretamente.  
El complejo CVAL, que comprende unas cuarenta compañías estatales y mixtas, administra diez centrales azucareras estatizadas, el 65% de la infraestructura de la industria, pero que solo produce el 20% del azúcar venezolano. Los trabajadores ya no esperan que estas plantas sean reactivadas. Al comienzo de la experiencia estatista en la agricultura, en 2007, Hugo Chávez hablaba eufóricamente de los beneficios que produciría, pero con los años, en sus presentaciones públicas, no ocultó algunos de los problemas. En un hato de CVAL, en 2011, cuando le pidieron dinero para la planilla de los trabajadores, Chávez pidió una auditoría en las cuentas. Tratábase del Centro Técnico Socialista Florentino, una unidad emblemática del proyecto de la seguridad alimentaria bolivariano.  
“¿Cómo? ¿Dónde está la plata? ¿Cuántas vacas se han vendido?”, preguntó Chávez.
Dos años después, los problemas allí continúan. Cuando Nicolás Maduro visitó el centro en la última campaña electoral, encontró una huelga de hambre por reivindicaciones laborales. La parte de CVAL denominada Agropatria ha sido el fracaso más ruidoso. Agropatria fue la nueva denominación de Agroisleña, una cadena española de 64 agencias de venta de insumos para la industria alimentaria que fue nacionalizada en 2010. La medida era indispensable, dijo Chávez, para que Venezuela se convirtiera en una potencia alimentaria, y su primer efecto debería ser la reducción de precios de los alimentos. Según el gobierno, Agroisleña era oligopólica, vendía productos tóxicos, facturaba con sobreprecios, maltrataba a sus trabajadores. Pero ahora solo suscita buenos recuerdos entre los consumidores.

González y Serpa, de El Nacional, hicieron una radiografía del fallido experimento, comenzando por revelar las deficiencias que el propio Ministerio de Agricultura y Tierras (MAT) encontró en la responsable de administrar Agropatria, la Empresa Comercializadora de Insumos Agrícolas, ECISA. Era patéticamente amateur. Las administraciones no estaban  interconectadas y el jefe de una tienda tenía que salir para enviar un mail a la central desde una cabina de comunicaciones. Agropatria fue de mal en peor.
Los periodistas descubrieron que el MAT estableció que en 2011 Agropatria atendió a sesenta y cinco mil  productores, lo que representaba quince mil menos que la antigua Agroisleña. Ese año Agropatria cerró con pérdidas a causa de los subsidios y el gobierno tuvo que inyectarle trescientos millones de dólares para reflotarla. Los reportajes mostraron tiendas vacías, con anaqueles sin productos.  Por eso los consumidores ocasionalmente se refieren a la empresa con otro nombre: Agroestante.

sábado, 5 de enero de 2013

EL socialismo vuelve a fracasar en Venezuela


CARLOS MACHADO ALLISON |  EL UNIVERSAL


Mucha gente se sigue preguntando por qué el gobierno de Hugo Chávez ganó las elecciones a pesar de los tenebrosos indicadores que usualmente miden el desempeño de un país. En efecto, cerramos el año con más de 21.000 asesinatos, y los secuestros son tan frecuentes que ya no hay familia que no conozca algún caso propio o cercano. No sólo ocupamos una destacada posición en materia de inseguridad, sino que la dependencia económica también marcó cifras extraordinarias, pese al tan relamido discurso de la independencia. Importamos bienes y servicios por más de 56 mil millones de dólares y exportamos -sin contar el petróleo- algo más de 3 mil millones. Así, en materia de comercio internacional -sin petróleo- no somos nada. Ocupamos posiciones horripilantes en materia de competitividad, inversión extranjera, derechos de propiedad y percepción internacional. El mundo moderno nos ve con lástima, o como un violín desafinado de la orquesta global. 

Otro indicador de fracaso es la salud. Por ciertas razones he tenido que interactuar con varios médicos en los últimos días y los relatos sobre la descomposición son impresionantes. En las clínicas cuando no falta una cosa falta la otra. Entre los faltantes están nuevos médicos competentes que puedan cubrir las vacantes de los ausentes y de los cientos de solicitudes para migrar al exterior. Faltan anestesiólogos y otros especialistas, o pasan por múltiples dificultades para obtener equipos nuevos o repuestos de los existentes. Lo mismo ocurre con el personal auxiliar, difícil lograr asistentes competentes lo que determina problemas que van desde la asepsia de ciertas áreas, hasta la calidad en la atención a los pacientes. Con las vacaciones médicos, abogados, ingenieros, profesores y otros profesionales escapan a toda velocidad buscando alguna paz mental tras meses de angustia. ¿Hasta cuándo y a dónde se van a escapar de la realidad? 

El indicador más importante es el de la educación. Los profesores de las principales casas de estudio tienen sueldos miserables y como evidente consecuencia, pérdida de motivación. Los laboratorios de investigación, de donde surgen los conocimientos que pueden mantener al día la enseñanza superior, dan lástima. El sistema de educación superior se aleja a toda velocidad de los niveles internacionales y el medio no es mucho mejor: los mejores migran, otros medran y quedan, aquí y allá, algunos que aún luchan por mantenerse al día. Gracias a ese desastre educativo, de la renta petrolera, de dádivas y promesas, el gobierno gana y vuelve a ganar. ¿Cómo competir con la dádiva? Pues es difícil cuando se tiene tanto éxito en promover la ignorancia, la inseguridad, el desempleo, la falta de nuevas inversiones y la inserción en el mundo moderno. El gran éxito electoral, gigantesca paradoja, está sustentado por todos estos indicadores negativos. El 55% de los venezolanos sólo piensa en el corto plazo y está satisfecho por lo que le dan y le ofrecen. El 45% piensa hacia el futuro y cuando llegan las vacaciones como que dejan de pensar. 

sábado, 22 de diciembre de 2012

El legado de Hugo Chávez



Si en algo están de acuerdo los venezolanos partidarios del gobierno y los de la oposición, es en que la vida cotidiana en Venezuela es una seguidilla interminable de frustraciones innecesarias.

Algunos ejemplos recientes: deficiencias portuarias retrasaron varias semanas la llegada de pinos navideños importados de Canadá esta temporada, encareciéndolos al punto de que ahora vale cientos de dólares cada uno. Casi no hay repuestos para automóviles en el mercado. Las viviendas de bajo precio que entrega el gobierno se fabrican tan rápido que no hay control de calidad y sus tuberías gotean por todas partes.

¿Cómo se explica entonces que el enfermo Hugo Chávez haya sido reelecto con amplio margen en octubre pasado?

La respuesta está en la personalidad de Chávez y su capacidad de seducción y en el dinero que ha sabido regalar con iguales dosis de generosidad e irresponsabilidad. Como todos los caudillos de la historia -ejemplos hay muchos y de todos hay que sospechar-, logró convencer a la mayoría de sus ciudadanos de que no hay jefe como él. Los ha convencido de que su revolución bolivariana es buena, y que él, Chávez, es sinónimo de esa revolución. Y si la realidad no calza con esa convicción, pues no es culpa de él, sino del imperialismo norteamericano. O de la oposición. O de los mandos medios en el gobierno que no supieron llevar a la práctica sus ideas.

Hay otras causas que llevaron al chavismo, como la corrupción, la decadencia de los partidos políticos tradicionales y la falta de instituciones sólidas. Chávez y el chavismo son un prodcuto de la historia de Venezuela.

Pero ahora que Chávez se enfrenta a su propia muerte, enfrenta también la muerte de su propio proyecto político. Tal como ha sucedido con todos los caudillos en la historia. Un gobernante que desprecia las estructuras de gobierno puede desmantelarlas solo si construye otras en su reemplazo. Pero los autócratas desconfían de las estructuras porque ellas requieren confiar en el criterio de otras personas, y los autócratas por definición desconfían de los demás y quieren tomar todas las decisiones y dar todas las órdenes.

La responsabilidad del gobernante, más que dar todas las órdenes y tomar todas las decisiones, consiste en liderar a un grupo de personas para que lleven a cabo un programa de gobierno colectivo. Gobernar un país, más que cualquier otra cosa, es un trabajo de equipo.

Chávez nunca entendió esto. Al aferrarse a tomar todas las decisiones y rodearse de yes men, debilitó las instituciones políticas, económicas y administrativas de Venezuela, y su actitud de “después de mí el diluvio” se convierte en una profecía autocumplida.

Oncólogos que han seguido las cirugías, radioterapias y quimioterapias de Chávez concuerdan en que su sintomatología, recurrencia y tratamiento son consistentes con un diagnóstico de sarcoma, una rara forma de cáncer muy difícil de extirpar que ataca músculos y ligamentos de la zona pélvica. El gobierno venezolano ha guardado estricto silencio sobre los detalles clínicos de la salud del caudillo, pero un par de médicos estadounidenses expertos en sarcoma, entrevistados por The Wall Street Journal, le han dado a Chavéz 50% de probabilidad de morir antes de seis meses.

Venezuela se prepara entonces para un Chávez muerto en los próximos meses, si es que llega a asumir su tercer período el 10 de enero. Eso significa, según la Constitución venezolana, elecciones presidenciales 30 días después de su muerte.

Chávez ha nombrado como sucesor a su leal vicepresidente, Nicolás Maduro, quien precisamente por su lealtad, es incapaz de reemplazarlo como gobernante ni como candidato. Maduro representa al “ala civil”, más socialista, del chavismo. Otro sector del oficialismo, vinculado a las fuerzas armadas, es más nacionalista que socialista, se ha distanciado de La Habana y ya tiene como potencial candidato al ex militar, diputado y presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

La oposición, dividida en innumerables facciones desde el comienzo del gobierno de Chávez en 1999, se unió finalmente en torno a Henrique Capriles para las elecciones presidenciales de octubre pasado y obtuvo el 45% de los votos. Esa unidad probablemente se mantendrá si Capriles vuelve a ser candidato presidencial, cosa probable tras haber sido reelecto gobernador del estado de Miranda.

La tragedia para Venezuela es que en cualquiera de los escenarios probables, los vacíos de poder y la debilidad institucional tenderán a traducirse en batallas y rencillas en el aparato de gobierno, debilitado por Chávez al gobernar como caudillo en lugar de hacerlo como presidente. El gobierno tenderá a la atomización y las fuerzas armadas se atrincherarán en los bastiones de poder económico donde se han enquistado. Los militares hoy día controlan empresas y negocios como no ocurre en ningún otro país latinoamericano, y esa es una variable política que tendrá peso en cualquiera de los futuros escenarios políticos de Venezuela.

Todo esto sucede cuando empieza un año que todos pronostican difícil en lo económico después del despilfarro de 2012, con devaluación del bolívar, mayor inflación y una tasa de crecimiento mucho menor que la el expansivo 2012.

Incluso si la oposición se mantiene unida y logra llevar a Henrique Capriles a la presidencia en 2013 ó 2014, convertir a Venezuela en una verdadera democracia no será tarea fácil.




América Economía