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lunes, 9 de noviembre de 2015

La banda nacionalista calla


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Los integrantes de la banda nacionalista que hoy estaban citados a declarar en el Congreso de la República simplemente hicieron acto de presencia y no dijeron nada. Ni la primera amiga de la nación, Rocío Calderón, ni la afortunada madre de la primera dama, Antonia Alarcón ni la propia Nadine Heredia quisieron decir nada. Se acogieron al curioso derecho de guardar silencio. Pero no solo eso, sino que ante la impericia del presidente de la Comisión, Gustavo Rondón, y el circo armado por los perritos falderos del nacionalismo nadinista, las invitadas a declarar se levantaron y salieron muy orondas tal como vinieron.

El desaire al Congreso ha sido inaudito. Francamente han hecho el ridículo todos, empezando por el incompetente que preside la Comisión que no supo manejar la situación. Está claro que necesitan la asesoría de un abogado experto que les diga qué derechos reales tienen los invitados a declarar y hasta dónde alcanzan tales derechos. Gustavo Rondón simplemente estaba en la calle en todo sentido, le faltó carácter y se dejó atarantar por el corso nacionalista de la primera dama, su abogado defensor y la jauría de ayayeros que no paraba de gritar, siendo el caso más lamentable el de Santiago Gastañaduy, quien dando gritos desaforados impedía hablar a Mauricio Múlder, llenándolo de insultos. Este, por supuesto, que no es santo ni manco, acabó mentándole la madre y sacándolo al fresco. 

Cualquier persona tiene derecho a no responder preguntas pero primero tiene que oirlas. No puede ir al Congreso para decir "no quiero responder nada y entonces me voy". Todo ciudadano está obligado a asistir a las convocatorias que hace una comisión investigadora, incluso de grado o fuerza, y por tanto no se puede asumir que puede ir para callarse en todo y luego salir. Solo en el caso en que una pregunta concreta pudiera incriminar a la persona, esta tiene el derecho a no responder, pero para todo lo demás está obligada a responder, así como está obligado a asistir. La conducta de varios delincuentes que últimamente han pasado por las comisiones del Congreso para terminar dando un espectáculo, ya amerita que se hagan algunas leyes especiales para castigar a estos atorrantes.  

De ahora en adelante nadie va a declarar ante una comisión investigadora del Congreso porque resulta que tienen el "derecho a guardar silencio", burlarse de todos los congresistas armando chongo con sus ayayeros desatados, y luego salir tirando un portaso sonriendo a las cámaras. A ese nivel nos ha puesto el nacionalismo. La banda de los intocables nacionalistas no solo ha pervertido el poder sino incluso ha eliminado todo rastro de ética, decencia y legalidad.

lunes, 20 de julio de 2015

Cortinas de humo desde palacio


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Sumergidos como están en el fango de su desprestigio, ahogándose en los escándalos de corrupción y huyendo de las investigaciones a la primera dama, al nacionalismo no se le ocurrió mejor idea que recurrir a una treta propia de Vito Corleone y Maquiavelo: montar un falso escándalo alrededor del esposo de Keiko Fujimori. El llamado a montar el infundio fue, una vez más, La República, ese diario de izquierda especialista en psicosociales y guerra sucia, además del franelismo oficialista.

La progrería anda con los nervios de punta porque las encuestas colocan a Keiko en el primer lugar de las preferencias, con sólidos 33% de base, además de que el fujimorismo está muy próximo a tomar el control del Congreso. Para colmo, ninguna candidatura de izquierda prende fuego. Todo lo cual evidencia que la sucia campaña montada por la izquierda histérica antifujimorista empeñada en arrojar estiércol a diario, no ha servido para nada. Peor aun, los enfermos mentales de izquierda se han reducido a la nada electoral. Son fantasmas que pese a su patética realidad, no dejan de hacer lo único que saben: guerra sucia contra el fujimorismo. Es ya parte de su ADN.

Como las sospechas sembradas contra Keiko Fujimori se respondieron de forma sencilla: "trabaja para el partido con sueldo que figura en planilla", ahora se han ido contra su esposo. Nadie se explica por qué el señor Mark Vito tiene ser objeto de investigación y análisis, puesto que es un hijo de vecino más, como cualquier otro, y bien puede vivir rascándose las bolas, si así le place. Sin embargo, para los esquizofrénicos de izquierda resulta de vital importancia saber por qué Mark Vito no figura en Infocorp, como si eso fue gran cosa.

Por supuesto, el bulo ha sido rebotado en carambola por otros medios, incluyendo ¡cómo no! a la agencia oficial Andina, que siendo del Estado es usada por el régimen como canal nacionalista. Ahora Andina se presta perfectamente a las campañas dirigidas desde Palacio o la DINI en contra de un grupo político de oposición, como si estuviéramos ya en la Venezuela chavista. Los congresistas del nacionalismo han pedido que se investigue al señor Mark Vito por no tener movimientos bancarios. Es decir, mientras presentan por un lado recursos legales para impedir levantar el secreto bancario de la primera dama, que actúa como funcionaria de este gobierno y maneja recursos públicos, como es obvio y visible, por otro lado piden investigar a un don nadie (porque eso es lo que es el señor Vito: nadie), exigiendo levantarle el secreto bancario. Chavismo puro.

viernes, 13 de marzo de 2015

Velasquismo pulpín trasnochado y socialconfuso


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

A raíz del espionaje chileno al Perú se ha reactivado el antichilenismo radical, en especial el del velasquismo trasnochado que sobrevive en el corazón de la izquierda nacional. No es novedad que la izquierda viva de sus mitos sin importar lo que estos fueron en vida. Por eso no es raro ver la imagen del Che en las marchas de la izquierda o de los pulpines. (es obvio que los pulpines son de izquierda ya que el izquierdismo es una enfermedad infantil, como el sarampión, solo que a algunos les dura toda una vida). No hay nada más ridículo que ver a esos izquierdistas idolatrando al asesino en serie Ernesto Guevara, alias “Che”, y luego “deslindando” con Sendero Luminoso y Abimael Guzmán. Solo una profunda ignorancia puede explicar tremenda incoherencia. Pero todo es posible en ese alucinado mundillo de la izquierda.

El dictador Juan Velasco Alvarado es un mito de la izquierda al que evocan cada vez que se les inflama el nacionalismo antichileno. Lloran y se lamentan de que las empresas chilenas nos invadan y piden que las expulsemos a todas. Alguien debería explicarles que si el Perú no puede invadir Chile con empresas privadas de igual envergadura y cantidad es por la sencilla razón de que, mientras en Chile el general Pinochet se dedicaba a fortalecer a las empresas privadas, acá el general Velasco se dedicaba a destruirlas.

Velasco fue enemigo de la empresa privada. ¿Qué chiflado izquierdista no lo es? Mientras Pinochet alentaba en Chile el crecimiento de las empresas privadas y surgían LAN, FASA, CENCOSUD, Falabella, Ripley, etc., Velasco en el Perú estatizaba todo lo que podía, imponiendo un sindicalismo radical, la cogestión empresarial, la comunidad industrial y un régimen laboral absurdo, instituyendo el disparate de la estabilidad laboral. Velasco fue el Atila de la empresa privada en el Perú. Concentró todos los sectores económicos en manos del Estado creando monstruos con el sufijo “Perú” como Aeroperú, Enturperú, Siderperú, Mineroperú, Electroperú, Entelperú, Pescaperú, etc. A eso la izquierda velasquista le llama “nacionalismo” pero no es más que patrioterismo barato y absurdo.

Todas esas empresas estatales acabaron en manos de la corrupción y en la quiebra. Durante 20 años generaron pérdidas por US$ 20 mil millones, a lo que debe sumarse la pesada deuda externa que dejó Velasco, ya que al igual que Hugo Chávez, pulverizó la producción y las exportaciones, disecó la recaudación fiscal, ahuyentó la inversión extranjera, y solo pudo sobrevivir mediante empréstitos onerosos que la prensa cautiva celebraba en portadas como grandes logros de la revolución. Los velasquistas deberían saber que gracias a Velasco el Perú se empobreció y retrocedió medio siglo, mientras Chile, con las políticas liberales de Pinochet, inició su desarrollo vertiginoso hacia el progreso mediante el crecimiento de sus empresas privadas. Y hoy está a un paso del primer mundo.

De manera que si las empresas chilenas nos invaden es en buena cuenta por culpa de Velasco. Él fue quien destruyó la industria y la empresa privada en el Perú, dejándonos en desventaja frente a Chile. Nuestros melancólicos pero ignorantes velasquistas de izquierda deberían aprender de la historia, y no seguir engañando con el cuento de que “la izquierda nunca gobernó el Perú”. Lo hizo y hasta hoy no nos recuperamos de eso.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Política de cloacas


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La política debería ser un escenario de ideas y debates donde las personas más ilustradas discutan las soluciones a nuestros problemas. Por desgracia en el Perú la política es básicamente una cloaca (para usar la expresión presidencial) donde una banda de saltimbanquis de baja estofa fungen de políticos sin saber nada de nada. Su máxima performance es chapotear en la charlatanería y colocarse a favor de todas las causas nobles, aunque sean disparates como oponerse a las antenas. Esta es la clase de gente que el nacionalismo llevó al Congreso desde el 2006.

Evidentemente, el mal llamado "partido nacionalista" no es un partido, como tampoco lo era el Partido Comunista Sendero Luminoso. No basta llamarse partido para serlo. Un verdadero partido gira en torno a ideas que generalmente son de carácter universal, y no alrededor de sentimientos patrioteros y sectarios de causas "anti", fomentando el odio de clase, grupo o nación, y que solo conducen al enfrentamiento social. Sería incluso deseable incorporar en la ley de partidos un veto a estas agrupaciones que aparecen alentando pasiones de odio hacia determinados sectores, como hicieron los nazis y comunistas. Ya estamos cansados de los antimperialistas, antiempresarios, antichilenos y otros antis.

El nacionalismo en el poder es apenas una agrupación de improvisados y trepadores de la política que carecen de ideas y propuestas. Lo único que los convoca es la sumisión al dueño del circo. Esto no sería tan malo si es que el líder al menos fuera un personaje de polendas, una luminaria que con su sabiduría es capaz de guiar al pueblo, pero no es el caso. Ollanta Humala no es más que otro trepador salido de la nada, un militar golpista con delirios de grandeza. Saltó a la luz con la payasada de Locumba y se consolidó con el andahuaylaso, asonada golpista perpetrada en complicidad con el demente de su hermano y que costó la vida de cuatro policías. Hábil para eludir la justicia en este caso como en el de Madre Mía, fue curiosamente apoyado por el chavismo y la caviarada local.

Como todos saben, el triunfo de Ollanta Humala fue en realidad el triunfo del antifujimorismo salvaje. Una nueva forma de expresión social atizada por la caviarada desde la CVR. Esta comisión que se dedicó a lavarle la cara a la izquierda y montar el monstruo de Fujimori, cumplió cabalmente su misión de "reconciliación" que consistía en reconciliar a la sociedad con la izquierda, "explicar" las justificadas causas del "conflicto armado" (no del terrorismo) y señalar a  Fujimori como el único monstruo al que el país debería odiar, así como establecer que el Estado fue el verdadero terrorista y el único que debe reparar a las víctimas. Todo esto fue brillantemente montado por la CVR.

En realidad el triunfo de Ollanta Humala fue el resultado de la CVR, es decir, del antifujimorismo establecido como ideología oficial del Estado. Es por eso que Ollanta y sus huestes no tienen otra cosa que ofrecer que antifujimorismo. Están convencidos de que ese es su negocio. Por eso ninguno de sus congresistas ni ministros ha tenido el más mínimo gesto de llamar a la sensatez al que detenta el cargo de jefe de Estado, aunque la banda le quede grande y el saco largo. Hasta el ministro Figallo, el último abogadillo caviar PUCP sobreviviente de la camada que llegó a palacio con Paniagua, ha respaldado a su presidente. Más aun, ha confirmado que el antifujimorismo es la doctrina oficial. 

Cincuenta años de antiaprismo no le hicieron mella al APRA y llegó al poder dos veces, a pesar del desastre absoluto de su primer gobierno, tanto en lo económico como por la derrota ante el terrorismo y los genocidios contra la población. Está por verse si el antifujimorismo rabioso y salvaje será capaz de eliminar del mapa político al fujimorismo. Por ahora Keiko lidera las intenciones de voto, y de lejos. Van a tener que volver a recurrir a sus campañas histéricas de mentiras, como aquella estupidez de las 300,000 esterililzaciones forzadas. Después de todo, hay tontos que lo creen.

viernes, 28 de junio de 2013

FALSO NACIONALISMO


Por: Felipe Cortijo Medina
Ollanta Humala dice encarnar el nacionalismo en el Perú, veamos cuál nacionalismo intenta hacernos creer que él representa, o qué parece que entiende por nacionalismo. El movimiento político al que representa es ideológicamente de izquierda, por tanto debemos juzgar que sus ideas se basan en un criterio ideológico internacional, el socialista, no es entonces nacional, no se circunscribe sólo a nuestra nación.

La ideología socialista tiene sus iconos irrenunciables en una literatura política, como la marxista, leninista, maoista, trotskista, etc. y si debemos ser representados por un peruano que encarne mejor las ideas del socialismo diríamos mariateguista. Toda esa concepción ideológica no puede dejar a un lado la vertiente del terrorismo de izquierda, basadas en las ideas políticas de otro peruano, Abimael Guzmán.
Decía Arnold Toynbee sobre los nacionalismos que: ”El espíritu de la nacionalidad es la agria fermentación del vino de la democracia en los viejos odres del tribalismo”. No hay que ir muy lejos para ver en lo que se han convertido Bolivia, Ecuador, Argentina o Brasil cuyos presidentes dicen también encarnar ideas nacionalistas en medio de la convulsión de asonadas sociales. Esto es lo que produce dichos nacionalismos, la desintegración de una patria.

Ser nacionalista no equivale a sostener ideas subalternas que no tengan que ver con su único propósito en sí mismo, el engrandecimiento de la patria, el honor y la gloria para nuestros héroes. Lo que nos enseñan (o enseñaban) en nuestras escuelas siendo muy niños, cuando nos emocionaba el gesto sublime de un Ugarte, el coraje de un Bolognesi, la osadía y valor de un Grau, o la inteligencia y fuerza de Cáceres, por eso Rainer María Rilke dijo alguna vez “La única y autentica patria del hombre es su infancia”.
Hoy en día, ser nacionalista significa ser socialista, nada más aberrante para los fundadores de una nación, nada más ultrajante para sus hijos. No existe credo más ladino y vulgar que confundir a un país con ese nacionalismo venido del Atlántico, de otro país que se sumerge en el fratricidio de levantarse hermano contra hermano, padre contra hijo. Venezuela ha hundido sus pies en el lodo del odio parricida por un presidente que se cree Bolivariano, pero que no sabe de la grandeza y la gloria que significó esa gesta en Sudamérica.
Hoy la izquierda ha vuelto a ganar peligrosamente para nuestra nación el terreno perdido durante años, no solo el terrorismo brota en el VRAE, en Ayacucho, en nuestra Universidad de San Marcos. Todos o la mayoría de nuestros medios de comunicación e instituciones de representación pública han sido copados por la izquierda progresista, la izquierda caviar, que nunca tendrán la mínima voluntad para reclamar por el ultraje a nuestras fuerzas armadas. Cuando un policía es abatido, nunca será suficiente para el país con poner sus caras de circunstancia y nada más, cuando son las balas de un Caín socialista las que matan.  Hay que recobrar la indignación, y nuestra historia, pasada y reciente, podemos ser un país viable por nosotros mismos, con nuestros ahorros, con nuestro dinero, debemos recobrar el concepto de patria, de nación. Para Humala, ser peruano significa ser socialista, es el falso nacionalismo.                                               

martes, 28 de mayo de 2013

LA DERECHA POPULAR EN PILOTO AUTOMATICO


Escrito por Elvis Occ.

En los 90s escribi profusamente sobre las posibilidades de un movimiento nacionalista en Perú. La revista Caretas publicó alguno de mis largos comentarios al respecto. Eran más los que se mofaban de mi certeza que los que sinceramente concordaban con mis apreciaciones de la escena política futura. No sé cómo pero en unos de esos raptos cognocitivos -creo yo- pude ver por encima del bosque y descubrir un claro, un vacío, un nicho sin cacique, sin liderazgo, ni personaje carismático y sin cara conocida siquiera. Si, habia suficiente espacio y material para un movimiento nacionalista que había sido iniciado y abandonado luego por la dictadura velasquista. Las ideas ya estaban desparramadas por ahí. pero no había un caudillo -somos caudillistas, no nos hagamos- no habia un pastor para esas ovejas o si habia uno, este no sabia ni tenia como llegar a las cumbres mas altas de la politica nacional...y apareció Ollanta Humala.

Casi un década después hallé otro claro en el bosque politico peruano pero esta vez no sólo me conformé con escribir sobre él, me decidi a formar parte de esa página de la historia politica local. Cuando muchos no sabían cómo llamarlo o temian nombrarlo tal cual era, se me ocurrió que si era democratico, liberal y con la bandera del peruano emergente no podia ser otra cosa que una renovada forma de derecha. Los siguientes meses fueron una vorágine de ideas, manifiestos y reuniones con la finalidad de consolidar y ocupar tanto material como doctrinariamente ese claro en el bosque.

Hubo pugnas, denuncias, renuncias y demás. Se consolidaron blogs y decenas de cuentas en facebook en favor de la nueva derecha. Twitteros orgullosos de ser de una derecha nueva, popular y hasta chola, aparecieron de un dia para otro. Tuve el placer de leer a más de un columnista identificarse con la derecha, cosa que nunca crei pasaria. Ahora es bacán ser de derecha -me dije-, es cool para los jovenes. Por fin ser de derecha no era politicamente incorrecto. ¿Que paso entonces? 

!El maldito piloto automático! No sólo Ollanta Humala o sus predecesores, también nosotros en la derecha popular hemos caido perezozamente en lo mismo. No hay reuniones, eventos, charlas, escritos, ensayos, propaganda, difusión o aunque sea una poca de interés en propalar las bondades de nuestras ideas, conceptos y/o definiciones de derecha. ¡Cuidado! No nos vaya a pasar lo que a los nacionalistas  primigenios que fueron sorprendidos por un picaro capitán, el cual llegó de la nada hasta presidente. Ojalá un día no despertemos con la noticia que el piloto automatico fue reemplazado por un "Ollanta" cualquiera. Organizémonos con seriedad y compromiso que la historia nos juzgará, condenará o lo que es peor...nos ignorara sin pena alguna!

domingo, 13 de enero de 2013

JOVENES DE DERECHA, NUEVA TENDENCIA!




Escrito por: Mauro Barea

Ideológicamente, soy de derecha. No de centro, oiga: de derecha. ¿Y por qué? Pues, como no podía ser de otra forma (si creo tener dos dedos de frente, que espero que sí)  por decisión voluntaria y razonada. A mí no me vale eso de los bandos que tanto están de moda, ni razones religiosas, ni si es más simpático el líder político tal o cual, ni nada de eso. Así que, para contestar a la pregunta, he de intentar explicar qué es para mí la derecha y la izquierda. Una vez contado esto, la respuesta será simple: soy de derecha porque quiero.

¿De dónde nacen los conceptos “derecha” e “izquierda”?

La wikipedia  nos cuenta lo siguiente: “El término tiene su origen en el lugar donde se sentaban en el parlamento francés surgido tras la Revolución Francesa en el que los monárquicos, los conservadores de la época que apoyaban el Antiguo Régimen, se sentaban siempre en el lado derecho y los republicanos en el izquierdo. Esta definición es obviamente obsoleta, el significado se refiere ahora al espectro ideológico. Los contrarios de la derecha política suelen tildar a estos de reaccionarios, un término que surgió para referirse a aquellos cuyas políticas se formaron en reacción a la Revolución Francesa y contrarias a la misma”.

José Luis Prieto cuenta la historia del Parlamento francés mucho mejor que lo que pudiera hacer yo mismo en su blog (entrada del 11-09-05); si alguien quiere saber más, lo remito allí.

¿Qué entiendo por derecha e izquierda?

Lo concibo de una forma extraordinariamente simple. Para mí, hay dos valores supremos en la sociedad humana: Libertad e Igualdad. La derecha es aquella ideología política donde, en situaciones de conflicto, considera que debe predominar la libertad sobre la igualdad. La izquierda es la situación contraria:
predominio de la igualdad sobre la libertad. Y ya está. Fácil, ¿verdad? De esta forma, la extrema derecha sería la anarquía. Y la extrema izquierda sería el totalitarismo con un primer ciudadano igual al resto de ciudadanos. La democracia es de derecha, y las dictaduras son de izquierda; pero también es cierto que la pobreza y explotación  es de derecha, y la protección de todos los ciudadanos en un Estado Social es de izquierda. Los nacionalismos, evidentemente de derecha (se basan en la libertad del hombre para decidir y en la negación de la igualdad entre sujetos según su lugar de nacimiento).

Quizá sea una forma exagerada de verlo. En realidad, generalmente los partidos políticos y los ciudadanos no pertenecen a ninguno de los extremos ideológicos (sobre la ideología y los partidos hablamos otro día, si cabe). Para explicarlo de una forma más ajustada a la realidad, hablemos de otros valores en la sociedad humana: el pluralismo y la justicia. Para mí, el pluralismo está ligado a la libertad, y la justicia a la igualdad (creo que son fáciles de relacionar, así que no me extiendo más).

Y la existencia de ambos valores marca el mínimo que se debe respetar en todo caso.
Para la derecha, la libertad no debe ser ilimitada, sino que debe desarrollarse como valor supremo dentro de una sociedad justa; justicia íntimamente ligada a la igualdad de oportunidades, y a la protección del débil / necesitado (cosa que, además, va en camino de garantizar la libertad propia e individual del débil).
Para la izquierda, la búsqueda de la igualdad no debe eliminar la libertad, sino que se debe realizar respetando las opiniones y expresiones de los demás, en un sistema democrático que busca el estado del bienestar.

Así, la derecha es la ideología donde predomina la libertad sobre la igualdad, pero salvaguardando siempre el valor de la justicia (digamos…. liberales). Y la izquierda es la ideología donde predomina la igualdad sobre la libertad, pero salvaguardando siempre el valor del pluralismo (digamos… socialistas).
Dentro de esta forma de verlo (que es la mía y por la que me guío, pero no tiene por qué ser la correcta), soy de derecha. Ideológicamente.

sábado, 1 de septiembre de 2012

La izquierda confusa de nuestros días


A principios del presente siglo XXI ya era evidente que la izquierda lucía la apariencia de una secta religiosa que había sufrido un terremoto: se le habían caído las iglesias, se le habían muerto los profetas y se le habían podrido sus sagradas escrituras en las manos. Y lo que es peor, el mundo seguía progresando. No había llegado el fin del mundo capitalista que tanto esperaban, ni el mesías había descendido del cielo para implantar un nuevo orden económico mundial. Era evidente que sus análisis eruditos convertidos en mensajes divinizados, así como sus profecías "científicas" no habían sido más que alucinaciones histéricas.

Descubrir que la izquierda marxista no era más que un montón de dementes idiotizados con una ideología perversa nos costó mucha sangre, muertes y miseria. No solo a los peruanos sino al mundo entero, pues el marxismo fue la peor plaga mental que haya padecido la humanidad. Cuando todo ese insano y macabro espectáculo de alienados gritando y pidiendo guerra y violencia purificadora con el puño en alto llegó a su fin, muchos pensamos que la izquierda se disolvería para formar una moderna clase política seria, madura, realista, que deje atrás las ideologías irracionales. Sin embargo, lamentablemente no ha sido así.

Tras el descalabro del socialismo a nivel mundial quedó a la vista la ignominiosa miseria de estos países, tal como aun se observa en los socialismos sobrevivientes. Luego del desbande de las guerrillas latinoamericanas y la derrota final del terrorismo de la izquierda peruana, solo cabía esperar algo de sensatez. Pero no fue así. La nueva izquierda encarnada por Ollanta Humala no ofrecía más que el mismo discurso gastado del ayer, apenas maquillado con algo de progresismo. Para colmo, esa izquierda se quedó sin su líder luego de las elecciones. El panorama de la izquierda peruana hoy es pues desolador.

Si tuviesen algo de sentido común, los izquierdista deberían sentarse a meditar en todos sus errores y dejar atrás, en primer lugar, sus fracasadas teorías marxistas; en segundo lugar, el fracasado modelo estatista, que no tiene nada que ver con el marxismo. Como bien dicen los verdaderos marxistas, eso es tan solo un "capitalismo de Estado", y es un modelo que ya probó ser un desastre. La nueva izquierda solo parece haber abandonado su programa político basado en la lucha armada y en la guerra popular del campo a la ciudad. Pero no han abandonado su programa económico centralista basado en el Estado ni han dejado atrás su prejuicio contra la empresa privada. Ambos siguen siendo pilares del pensamiento de izquierda, al que se le ha añadido el discursillo del medio ambiente y de los DDHH, algo que nunca tuvo antes la izquierda. Esto ha sido un añadido de la nueva generación de comerciantes de valores que son las ONGs.

¿Qué cabe esperar hoy de la izquierda? ¿Tenemos realmente una nueva izquierda? Aun existen muchos elementos de la izquierda cavernaria, como por ejemplo su acción política fundada en el odio. Apenas hay un cambio de matiz. Antes era un odio mortal al aprismo, que venía desde las épocas de los debates entre Mariátegui y Haya. Hoy es un odio mortal al fujimorismo, que viene desde la derrota del terrorismo pero que fue cimentado por el miserable informe final de la CVR. La violencia tradicional de la izquierda apenas ha cambiado, pues han dejado las armas y la dinamita para coger las piedras, los garrotes y los tarros de pintura. O sea, han dejado la guerrilla y el terror pero siguen apostando por el caos social. Y hay más.

Por un lado existen aún viejos líderes pertenecientes a aquellos alienados del marxismo pre muro de Berlín, como Gregorio Santos y muchos "ciudadanos por el cambio". No sabemos qué tienen hoy en sus cerebritos los delirantes del ayer como Javier Diez Canseco. Pero es evidente que se han quedado con el chip del anticapitalismo y critican acremente la "política neoliberal" que tan buenos resultados nos está dando. Ya no parece posible que estos corrijan su cerebro.

Por lo pronto tenemos una izquierda sin líderes y sin ideas nuevas. Cargan con un pasado de vergüenza, lleno de violencia, muertes y fracasos políticos. Hoy solo tienen un discurso gaseoso en torno a utopías místicas como la igualdad, la distribución equitativa de la riqueza, la inclusión social, etc., todo lo cual lleva tan solo al montaje de programas sociales. Más allá de una palabrería dulce y poética que solo atrae a jóvenes imberbes, no tienen nada en concreto. La perspectiva parece apuntar a la necesidad de inventar un nuevo líder de izquierda que encarne los delirios y ambiciones de este segmento de resentidos sociales. Todo parece indicar que este será Gregorio Santos. Por lo menos ya tiene a varios ayayeros haciéndole los carteles y algunos medios dándole cada vez más espacio.


DB