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sábado, 20 de octubre de 2018

Peligrosa escalada de odio en el Perú


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El antifujimorismo es la ideología principal de la izquierda peruana en el nuevo milenio. Su obra central es el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), cuyo nombre mismo ya era una farsa, como todo lo que emprende la izquierda. El resultado fue exactamente lo opuesto: la mentira y el inicio de una guerra de odio. La doctrina oficial del antifujimorismo fue adoptado por las izquierdas, no solo como lineamiento ideológico sino también como programa de acción, pues sus organizaciones se ubicaron en el andamiaje de la lucha contra el fujimorismo y la reinterpretación histórica del terrorismo y los años 90. 

La propaganda y el activismo progresista contra el fujimorismo en estos últimos 18 años ha sido constante, a través de oenegés, partidos, sindicatos y diversas organizaciones juveniles universitarias adoctrinadas en el odio al fujimorismo. Todos ellos confluían en las calles ante cada ocasión apremiante, particularmente durante las campañas presidenciales de Keiko Fujimori. Las marchas fascistas contra Keiko estaban aderezadas con las peores expresiones de bajeza y vulgaridad, tanto en pancartas como en consignas.

La izquierda supo aprovechar muy bien la falta de memoria de los jóvenes para llenarles la cabeza de mitos y mentiras. Cuanto más escabrosa una mentira más creíble se volvía. Así se viralizaron mentiras aberrantes como las "300,000 esterilizaciones forzadas" o los "6,000 millones robados". En la ignorancia popular cabe todo, y hoy muchos disparates de ese calibre se repiten como verdades.

Lo increíble es que la fabulación y la mentira fue llevado al plano real, presentando acusaciones al Poder Judicial solo en busca de propaganda. No importaba si el PJ arrojaba al tacho esas denuncias una y otra vez, por disparatadas e inconsistentes, la propaganda igual cumplía su misión en las mentes, y siempre se podía alegar que un Poder Judicial corrupto dominado por el fujimorismo los protegía. El mito es el más poderoso aliado de la izquierda y el ingrediente más efectivo en las débiles mentes juveniles.

Luego del informe de la CVR, el siguiente elemento doctrinal del antifujimorismo fue la sentencia de Alberto Fujimori, una verdadera felonía legal urdida entre gallos y medias noches por el juez César San Martín, quien preparó la condena incluso antes del proceso, rebuscando las formas de condenarlo a la pena máxima sin pruebas. Así fue que este juez se saltó a la garrocha los fundamentos fiscales y asumió por cuenta propia la acusación por "autoría mediata", haciendo a AF artificialmente responsable por matanzas cometidas por un comando militar, y añadiéndole a su retórica la frase "lesa humanidad", con lo cual acabó por sepultar en la cárcel por 25 años a Fujimori. 

Los artificios legales y la mitología antifujimorista urdida por la izquierda, fueron luego asumidos por una prensa prostituida ante el poder de turno y dominada por los estamentos caviares, típicamente los intelectuales de la PUCP y oenegeros que perfilaron el discurso correcto desde la perspectiva de un antifujimorismo doctrinal, que se mezclaba con posturas morales y democráticas. Es decir, de pronto para ser políticamente correcto, visto como defensor de la democracia y luchador contra la corrupción, había que ser antifujimorista. De este modo y lentamente, la prensa se llenó de papagallos pintados del mismo color y cacareando antifujimorismo en coro.

Así llegamos a la penosa campaña presidencial del 2016, donde Keiko Fujimori era favorita por más de cinco puntos de ventaja sobre Pedro Pablo Kuczynski (PPK). Sin embargo, en la última semana, la prensa soltó un reportaje amañado vinculando irresponsablemente a Keiko Fujimori con el narcotráfico, y afirmando incluso que estaba siendo investigada por la DEA. Poco importaba soltar esa mentira. Todo lo que se buscaba era el efecto demoledor de esa sucia artimaña. En esa última semana las redes sociales y las marchas en las calles asociaron a Keiko con el "narco Estado". Fue así como llegó el día de las elecciones y Keiko perdió por 40 mil votos. No es pues falso decir que le robaron la elección. Una vez más el antifujimorismo elegía a su tonto útil.

Elegido PPK, su estrategia inmediata fue aliarse con el antifujimorismo, con el cual ya había sellado pactos en la etapa final de la campaña. Incluso estuvo a punto de asistir a la marcha contra Keiko. Su gobierno estuvo signado por el enfrentamiento con el fujimorismo que dominaba el Congreso. Lejos de iniciar el diálogo y establecer pactos de gobernabilidad con la oposición, como correspondía a un gobernante sin base social ni partido, prefirió atizar los enconos y dejarse dominar por los sectores de la izquierda caviar y la prensa. El resultado fue su vacancia.

El gobierno de Martín Vizcarra no ha cambiado las cosas. Se ha metido en la misma trinchera del antifujimorismo y desde allí da una batalla asesorado por mentes obtusas. Lo suyo es el circo de la confrontación y los fuegos artificiales de unas reformas bobas a la Constitución, que básicamente afectan al Congreso y a los congresistas, para complacer a las calles y los sectores antis. Más allá del show y el circo no hay nada más que el mismo ambiente bélico. 

Pero el peor problema para el fujimorismo viene ahora de parte de un fiscal chiflado que ha asumido la batalla legal contra Keiko Fujimori, por unos ridículos aportes de campaña en el 2011. Como se ha dicho antes, en la lucha contra el fujimorismo no interesa la verdad ni la realidad. Todo lo que cuenta es el mito y el cuento. Hasta la mentira es efectiva. El caso del fiscal José Domingo Pérez tiene de todo, pues empieza criminalizando unos aportes de campaña para acusar a Keiko Fujimori de "lavado de activos". Es muy probable que este caso llegue finalmente a nada en un largo proceso judicial, si es que el caso llega a juicio. Pero no importa. 

Todo lo que persigue este fiscal, como buen militante de la izquierda pro terrorista que llama "guerilleros" a los senderistas y "guerra civil" a la época del terrorismo, es convulsionar más el ambiente tratando de hundir a Keiko en la miseria. Por lo pronto ya logró detenerla por ocho días, con la complicidad de un juez taimado que no se demoró ni seis horas en acceder a su solicitud. Ahora el mismo juez evaluará el nuevo estrambótico pedido de 36 meses de "prisión preventiva". Lo que quiere este rabioso fiscal es culminar el circo antifujimorista y hacerse famoso. Por lo pronto ya ha sido declarado "héroe nacional" por las cloacas de las redes sociales. 

Lo peor de este ambiente crispado es que todos echan más leña al fuego. El gobierno ha preferido apelar al antifujimorismo barato y la guerra contra el Congreso para congraciarse con el populacho y mejorar en las encuestas. Los medios dominados hace tiempo por la casta caviar antifujimorista no dejan de promover el odio desde portadas, columnas y caricaturas. La Fiscalía, infiltrada hace años por la ONG marxista IDL, trabajan en tandem para morder la yugular del fujimorismo usando todo como herramienta. Lo más penoso es ver las redes sociales rebosantes de un lumpen juvenil lobotomizado por la izquierda, para variar, dando muestras de un fanatismo radical fundado en la ignorancia, y exhibiendo las más sucias y perversas expresiones de un rabioso antifujimorismo infantil.

Pocas son las voces que llaman a la calma y la concordia. La mayoría apuesta por una especie de guerra civil o linchamiento popular de Keiko Fujimori y su padre. Mientras tanto el país va a la deriva y en retroceso, con unas elecciones y un referendum por venir que a nadie le interesan.

lunes, 18 de diciembre de 2017

La campaña de desinformación de la prensa mermelera


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Demasiadas tonterías se escuchan en los medios de radio y TV y se leen en la prensa y las redes. La mayor parte de estos comentarios son equivocados por ignorancia, pero también por el penoso sesgo antifujimorista que perturba mentalmente a muchos opinólogos. Cierto es que en estos tiempos hasta las relatoras de noticias han terminado metiendo su cuchara en asuntos políticos, sin saber en dónde están paradas o sentadas. Ahora cualquiera se cree en condiciones de opinar sobre política. Así no son las cosas. Hay que tener un poquito de decoro y tratar de ser veraz y objetivo, para lo cual se necesitan conocimientos y no apasionamientos.

Lo primero que hay que hacer para entender bien una situación es quitarle el dramatismo. Vacar a un presidente no es el fin del mundo. Por algo está previsto en la Constitución y para eso están los vicepresidentes. La vacancia del presidente ha ocurrido muchas veces en varios países vecinos en los últimos tiempos. Incluso en los EEUU vacaron a Nixon y no pasó nada. Así que dejemos la histeria a un lado. No hay que hacer una telenovela de esto.  

En segundo lugar dejemos esa paranoia antifujimorista. Últimamente para todo arman una teoría conspirativa que tiene al fujimorismo como el cuco que quiere volver y copar todos los poderes. A cada rato leo ese disparate del "regreso a los 90". A ver si se toman una pastilla y dejan de delirar y de engañar a la gente con esos cuentos. El fujimorismo no tiene la culpa de que hayan denunciado a los magistrados del TC por falsear una sentencia. Tampoco tiene la culpa de que PPK se haya estado corriendo sistemáticamente de la comisión Lava Jato para no responder, y que la comisión haya recibido información que compromete al presidente. 

El fujimorismo tampoco es responsable por la inacción de la Fiscalía de la Nación que tuvo año y medio para investigar el caso Lava Jato y no hizo absolutamente nada, excepto abrirle proceso a Keiko Fujimori. Recién después de las denuncias se apuraron a pedir una abusiva prisión preventiva contra los directores de Graña y Montero, JJ Camet y otras empresas a quienes nunca investigaron. Todo el circo fue para la foto. Pero hasta ahora no tienen hecha la acusación formal contra Toledo (después de tres años) ni contra Ollanta Humala, ni tienen nada contra Susana Villarán. Nada. Es obvio que no tienen ningún interés por combatir la corrupción. Alguien tiene que reclamarles por su incapacidad, y para eso está el Congreso. Ese es su rol, aunque a muchos no les guste.

Tampoco es verdad que esta "mayoría fujimorista" esté actuando con prepotencia y abuso. En la vacancia están todas las bancadas, incluyendo las de izquierda. Además, todas las mayorías parlamentarias son iguales acá y en Marte. En el Perú, históricamente, el Congreso opositor siempre fue un duro obstáculo para todos los gobiernos. El rol obstruccionista que jugó la mayoría parlamentaria de la coalición APRA-UNO contra Fernando Belaunde en su primer gobierno, consistía en censurar a todos los gabinetes, lo que llevó a una crisis política y al golpe de Velasco. Luego de esta traumática experiencia, en la Constitución de 1979 se introdujo un artículo que le permite al presidente disolver el Congreso si le tumban dos gabinetes. De este modo se equilibraron los poderes. Ese artículo no está en la Constitución porque alguien tuvo una revelación divina, sino por la penosa experiencia histórica de los congresos opositores.

Cuando volvimos a la democracia, (que fue en 1980 y no en el 2001 como dicen los payasos) el gobierno de Fernando Belaunde tuvo su propia mayoría en el Congreso y gobernó sin contratiempos. Lo mismo pasó en el siguiente período, primero de Alan García, que con su propia mayoría parlamentaria aprobaban todo al carpetazo, no al voto sino por el golpe que hacían al dar un manotazo sobre el pupitre. La opción (a favor o en contra) que hacía el mayor ruido ganaba. Esto cambió totalmente en el gobierno de Fujimori, quien no tuvo mayoría propia. La mayoría la conformaron en alianza el Fredemo y el Apra. Entonces volvimos a ver un Congreso opositor a ultranza que se oponía a todo y no dejaba gobernar, mientras se agravaba la crisis. Esto condujo inevitablemente, una vez más, al golpe de Estado, pero en esta ocasión fue la disolución del Congreso, aunque no como estaba previsto en la Constitución. Sin embargo fue el último recurso que le quedó al gobierno para poder gobernar.

Como ven, la historia del Perú ha sido la misma siempre. El Fujimorismo nunca fue nada diferente, y mucho menos en corrupción. La única diferencia es que al fujimorismo se le juzgó, mientras que los demás siempre fueron encubiertos y olvidados. A la luz de las evidencias actuales, incluso tendríamos que aceptar que el fujimorismo tampoco fue el más corrupto. Simplemente dejó videos que ayudaron a armar la escandalosa telenovela del antifujimorismo llorón, pero si hablamos de corrupción hay mucho que contar desde que empezó la República hasta el actual gobierno. Que no nos agarren de tontos con los cuentos del antifujimorismo que la izquierda también ha sido golpista y sabe robar a manos llenas.

sábado, 1 de julio de 2017

Pobrezas y miserias del antifujimorismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

Los autoproclamados “defensores de la moral” y “luchadores anticorrupción”, pero que solo se dedican a combatir al fujimorismo, haciéndose de la vista gorda ante los corruptos y sospechosos de genocidio de los últimos tiempos, suelen decir que el fujimorismo envileció la política. La política siempre ha sido sucia porque el poder seduce primero a los seres más nefastos. Lo malo es que la gente vote por ellos y solo por odio. El principal instigador del odio político siempre ha sido la izquierda. Ellos votaron por Fujimori solo por odio a Vargas Llosa. Siempre votan por odio. Lo que envilece la política es el odio, junto a las mentiras que se usan para alimentarlo todos los días. Y todo eso es y siempre ha sido la especialidad de la izquierda.

El antifujimorismo ha terminado envileciendo no sólo la política sino incluso a la sociedad, y básicamente ha envenenado a los jóvenes. Lo que vemos en estos días, luego del anuncio de un posible indulto a Fujimori, es francamente denigrante y desolador. Uno termina asqueado de leer tanta miseria desatada en las redes. Y no son trolls anónimos, sino personajes célebres de medios quienes, cual pabellón de enfermos mentales de odio, salieron a proferir los más abyectos y ruines tuits contra Alberto Fujimori. Nunca había visto tanto odio enfermizo desatado en las redes desde la campaña electoral. 

Me cuentan que una ONG caviar reclutó a este grupo selecto de “comunicadores” para emprender una asquerosa campaña de demolición a Alberto Fujimori en las redes para impedir el indulto, utilizando los mismos mensajes generados por algún troll center. Un genio progre decidió aprovechar la indignación popular por el terrible incendio en Las Malvinas, y no tuvo reparo moral alguno en repartir el libreto de que Fujimori era responsable de la informalidad en el Perú. El mensaje ruin fue cacareado sin decoro por este cuartel de miserables, a cambio de unos cuantos dólares.

Es fácil engañar a la gente, especialmente a los jóvenes, porque la ignorancia cunde en estos tiempos. Pero lo peor es que nadie los encara. Ni siquiera el fujimorismo, que nunca hizo nada por desmentir la leyenda negra que la izquierda montó alrededor de los noventa. Nunca se dignaron examinar el trabajo ni el informe de la CVR. Peor aún, Keiko Fujimori inclinó la cabeza ante esa felonía intelectual que insulta a su padre desde la primera página, solo por cálculo político. Un error garrafal porque nada de lo que haga doblegará el corazón infectado de la caviarada.

Con las manos libres, la izquierda se ha dedicado en los últimos años a satanizar los noventa, al punto que para muchos ya es la peor década de la historia; y Alberto Fujimori, el personaje más siniestro. A partir de ese relato perverso y falaz, es muy fácil incentivar el odio, que siempre ha sido el principal combustible político de la izquierda. De eso vive la izquierda.

Entiendo perfectamente que la izquierda odie a Fujimori porque derrotó a sus cuadros terroristas y desmontó el esquema socialista implantado por Velasco. Pero me extraña ver a tantos jóvenes engañados y otros mayorcitos que parecen haber olvidado lo que era el Perú en 1990. Sé que muchos vivían en el extranjero disfrutando de holguras y nunca escucharon un coche bomba ni sintieron miedo de salir de sus casas. Sería bueno recordar algo de principios de los 90 grosso modo.

Para empezar, el Perú no tenía un sol en sus arcas. El Estado no podía pagar ni su planilla, y hasta llegó a pagar con cheques sin fondo. La deuda externa era de unos US$ 25,000 millones y no se pagaba. Éramos morosos y estábamos en la lista negra de todos los bancos. Nadie nos prestaba plata. No había inversiones ni  recaudación fiscal. Las cuantiosas y gigantescas empresas públicas no aportaban nada. Peor aún, acumularon pérdidas por US$ 20,000 millones, una cifra similar a la destrucción causada por las hordas de la izquierda terrorista. Los billetes valían menos cada día por la hiperinflación. Cada mes se necesitaba más billetes y el Estado no tenía plata para importarlos. El BCR tuvo que sacar en circulación unos horrorosos cheques de gerencia. Se cobraba semanal para no perder liquidez. Era imposible hacer un presupuesto y las cifras no cabían en las pantallas. No se podía transitar por el país porque las carreteras estaban destruidas por falta de mantenimiento. Los sindicatos comunistas paralizaban todo a cada rato. Dos tercios del país estaba en manos del terrorismo y Sendero Luminoso se paseaba por Lima detonando coches bomba y asesinando dirigentes. Podemos seguir el recuento tenebroso de lo que vivimos pero faltaría mucho espacio. Basta decir que esa fue la herencia que dejó Alan García, quien coronó con creces el desastre legado por Velasco. A principios de los 90 la gente ya no tenía esperanza, vivía con miedo y solo pensaba en salir del país. Mucha gente ya se había ido.

Para rescatar al país del desastre fue indispensable deshacerse de las quebradas empresas públicas que nos arrastraban al hoyo presupuestal, hundiéndonos más cada año. Con ellas desaparecieron los sindicatos comunistas, que solo eran una plaga de parásitos mafiosos que vivían con gollerías y chantajeaban al Estado y al país con sus huelgas. También fue necesario eliminar a una buena cantidad de burócratas que habían infestado el aparato público, especialmente durante el gobierno aprista. No cabía ni un alfiler en las oficinas públicas. Se hizo un plan de racionalización incentivando renuncias con suculentos beneficios. Las empresas públicas fueron rematadas al mejor postor y en algunos casos se logró cifras inesperadas, como la que pagó Telefónica por la CPT, con más de  US$ 2,000 millones, cuando el segundo postor solo ofrecía US$ 450. No fue como dice el farsante de César Hildebrandt, un regalo a Telefónica. En realidad se pagó muchísimo más de lo que valía la obsoleta CPT-Entel. 

La recuperación del Perú requirió varias medidas drásticas y dolorosas. Nada es gratis en la vida. El país necesitaba una cirugía al corazón a pecho abierto. Pero finalmente se logró salir del hoyo y eso es lo que importa. Lo demás es charlatanería barata y miseria progre. ¿Que hubo corrupción y excesos? Claro que los hubo. Siempre los hay. ¿En qué régimen no los hubo? Pero eso ya fue juzgado y los culpables están pagando cárcel. Ese no es el punto ahora ni es lo más relevante para discutir. 

Lo que no debemos olvidar jamás, como peruanos decentes, es que la recuperación del país se la debemos a Alberto Fujimori. Gracias a él este país sobrevivió y se puso en las sendas del desarrollo. Si eso no sabemos reconocer eso y nos dejamos llevar por la lacra social de izquierda que vive insultándolo y difamándolo hasta por cosas que no hizo, seríamos una sociedad ruin que no merece el futuro por el que se trabajó y sufrió tanto. Parece que muchos anhelan volver a la miseria de los ochenta. Tal vez se lo merecen. Este país da tanta pena a veces. No dejemos que estos miserables nos roben la esperanza de ser un país exitoso. No volveremos a la miseria de ser un país socialista.

lunes, 27 de febrero de 2017

Llanto desgarrador de la cucufatería progresista


Conocidas las revelaciones de Odebrecht, resultó que los santones y santonas del rojerío progre-caviar nos impusieron como salvadores de la patria, defensores de la democracia y luchadores contra el monstruo de la corrupción fujimorista, una sarta de corruptos de lo peor de Latinoamérica. Nos referimos a Alejandro Toledo y Ollanta Humala, con sus respectivas parejitas. 

Lo que vemos en estos días es un patético espectáculo de indignadas cucufatas de la moral política llorando a moco tendido y encarando a sus ex líderes por haberlas traicionado. "Han traicionado la esperanza de un pueblo" dice una connotada progre de medios. La desazón es total en estos sectores pituprogres y caviares que, llevados por su odio irracional al fujimorismo, no se molestaron en ver la clase de delincuentes que apoyaban. Para ellos todo vale cuando se trata de combatir al fujimorismo, incluso votando por delincuentes, farsantes, ignorantes y trepadores de última hora. 

Estas son pues las consecuencias del voto irracional, del voto de odio, del antivoto, de las marchitas fascistas de los enfermos mentales de histeria antifujimorista alentada desde la izquierda bajo el disfraz de "lucha contra la corrupción". Buena lucha que terminó encaramando en el poder a los corruptos más estrafalarios que hayamos visto jamás. Tan fanáticos son estos malvivientes de izquierda parásita y callejera que se pasan la vida cacareando en la web todos los días sus consignas contra el fujimorismo, en una eterna campaña de odio y estupidez. Mamarrachos como ellos son los que pusieron en el poder a un cachaco mediocre y sin oficio como Ollanta Humala, y a un embustero borrachín como Alejandro Toledo. Y no digan que nadie sabía la clase de sabandijas que eran este par de personajes. Por favor. A todas luces se notaba que solo querían el poder para llenarse los bolsillos. 

No contentos con eso, la plaga infecto contagiosa de izquierda decidió apoyar a Verónika Mendoza como candidata a la presidencia, ni más ni menos. ¿Se imagina ustedes a esa pobre calabaza de presidenta? No hay duda de que los débiles mentales de izquierda son unos terroristas electorales. Como decía mi abuelo, estos votan con el culo. Ya suficiente vergüenza hemos pasado viendo ponerse la banda presidencial a impresentables como Toledo y Ollanta, para que ahora vengan con esta trepadora improvisada de Verónika Mendoza. ¿Quién es esta trepadora? Nadie. Otra calabaza hueca de izquierda que no sabe de lo que habla, que no tiene empleo ni trayectoria en nada relevante. Toda su experiencia política es haberle servido de sirvienta a Nadine Heredia siendo parte de la mafia nacionalista que surgió del basurero en el 2005. 

Así que todas esas inmundicias de izquierda vocinglera, así como sus allegados en los medios, la cucufatería que siempre anda posando como defensora de la moral y de la democracia, no son más que los eternos tontos útiles de estos corruptos y saltimbanquis que andan queriendo meterse al poder con el cuento de siempre: salvar la patria, defender la democracia y luchar contra la corrupción. Todo eso envuelto en un solo paquete que se llama "antifujimorismo". Cualquier mamarracho que sale de un basurero con su bandera antifujimorista, se siente ganador porque cuenta con el apoyo de todos los enfermos mentales de la izquierda, poseros de medios y pulpines ignorantes.

Nosotros no defendemos al fujimorismo. Simplemente no nos sumamos al circo histérico de idiotas de izquierda con su infantería de pulpines ignorantes amaestrados a base de memes. No somos tontos útiles del rojerío ni nos vamos a prestar para ser furgones de cola de la mafia caviar. Ya han pasado dieciseis años de la caida de Fujimori y hay cosas más importantes que tratar en este país, en lugar de seguir con el cacareo del antifujimorismo relamido y corrupto. Por todo esto nos resulta ridículo ver a las vírgenes de la cucufatería caviar y prensa progre lloriqueando por haber sido traicionadas. No han sido traicionadas, solamente han quedado como idiotas por no ver a quién le dan su voto preocupados más en hacer perder a su bestia bíblica. Ahora apechuguen nomás y dejen de crear cortinas de humo. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

El típico idiota antifujimorista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Mucho se habló del “típico idiota latinoamericano” en libros que retrataban al seguidor del marxismo en el siglo pasado. Mario Vargas Llosa describió también al típico progre peruano en algunas novelas. Era un recitador memorístico de versículos de Lenin y Mao, con sus libritos bajo el brazo y su infaltable revistita semiclandestina, comprometido hasta los huesos con “la causa”, presente en toda movilización estudiantil callejera, coreando consignas con el puño en alto, luchador contra el imperialismo yanqui, orgulloso de sus pasos por Seguridad del Estado, polemista combativo y apegado a las fórmulas retóricas progresistas. Soñador de la alianza obrero-campesino-estudiantil, convencido de que la lucha armada era el único camino de salvación para el pueblo. Pero todo eso ha cambiado.

Es hora de hablar del típico idiota antifujimorista. Los hay de varias clases. En primer lugar está, para variar, el estudiante universitario: el pulpín. Es casi inevitable que el progresismo se apodere de los jóvenes. Ser progre es parte del desarrollo mental. Una parte primitiva, en la que no hace falta ningún conocimiento. Bastan los sentimientos y las emociones. Un progre pulpín es básicamente un exaltado que irrumpe con violencia contra cualquier cosa que le provoca odio. Esta condición de los jóvenes ha sido aprovechada siempre por la izquierda para adoctrinarlos en ideologías del odio, en aras de un bien abstruso. Luego les dan los medios y pretextos para expresar sus odios a través del mito, la consigna y el simbolismo cursi.

Hoy los pulpines progres se pasan la vida aprendiendo a odiar a Fujimori, como “símbolo de la corrupción”. Es todo lo que saben porque en los noventa apenas se limitaban a lactar. Pero han llenado las redes sociales con cuentas basura de “la memoria” para publicitar vladivideos y la mitología antifujimorista progre. No salen de ese reducido mundillo “fujimontesinista” sazonado por el odio y la diatriba. Su perfil es siempre un avatar infantil. Su vocabulario se reduce a “Chino rata, genocida, corrupto”, llaman a cualquier opositor “fujitroll” y lo mandan a recoger su táper. Es todo lo que cabe en su chip.

Tienen un botón que activa directamente su hipotálamo para salir a marchar como robotitos contra Fujimori, cacareando las mismas relamidas consignas de odio, cargando las clásicas pancartas repletas de memes e insultos. No marchan contra los jueces que liberan delincuentes o por la crisis de la salud pública. Nada de eso les importa. El único interés del típico idiota antifujimorista pulpín es marchar contra el fujimorismo, cualquiera que sea el motivo. Para ellos es como una fiesta de Halloween.

Otra versión del típico idiota antifujimorista está en la prensa. Son parte del montón de la mediocre prensa nacional, que navega orgullosa en el mar de su ignorancia, llevando a cuestas su penosa limitación intelectual para limitarse al mito y el cliché. El antifujimorismo es una pose de moda para ellos, tal como lo fue el marxismo para la pituquería miraflorina en el siglo pasado: solo una pose intelectual y moral. Hoy el antifujimorismo es el disfraz de cualquier periodista mediocre que desee posar como defensor insobornable de la moral política y luchador infatigable de la democracia. Es el disfraz barato que popularizaron Alejandro Toledo y Fernando Olivera.

Algunos le añaden un condimento “intelectual”, mencionando las conclusiones del Informe Final de la CVR, aunque no hayan leído el informe ni entendido el entramado sociológico que lo sustenta. Sería demasiado esperar algún conocimiento histórico sobre el terrorismo y la situación del Perú en el último cuarto del siglo pasado, al menos. En realidad no pasan de la mitología caviar sobre los noventa. Estos periodistas suelen ser hipercríticos y agresivos hasta la histeria con todo lo que signifique fujimorismo. Son ciegos, sordos y mudos para las faltas y delitos de muchos, excepto con el fujimorismo. No importa lo que ocurra en el país, sus caricaturas, columnas y comentarios estarán orientados cada día en contra del fujimorismo. Algunas parecen formar un Frente Único Antifujimorista Mediático. Al oírlas, en ocasiones, he pensado que el antifujimorismo ya debería ser declarado un problema de salud mental, y diseñar políticas públicas en el MINSA para combatirlo.

Hay otras presentaciones del típico idiota antifujimorista que comentaremos en otra ocasión. Pero es bueno alertar sobre la perturbación de la política y el daño que estos sectores pueden causar, como ocurrió ya con el antiaprismo en el siglo pasado.

Fuente: El Montonero

domingo, 30 de octubre de 2016

La pataleta progresista de la semana


Francamente ya aburren estos rojos y toda esa plaga de enfermos mentales del antifujimorismo rabioso con su eterna cantaleta contra todo lo que haga el fujimorismo. No importa de qué se trate. Si lo hizo el fujimorismo tiene que ser combatido y criticado. Basta que alguien haya pasado por la puerta del local de Fuerza Popular para ser señalado de tener "vínculos con el fujimorismo", y por lo tanto ser tachado y condenado, sin más. Desde el más idiota de los pulpines del progresismo en las redes, hasta los más encopetados columnistas y las más endiosadas periodistas de la TV, tienen como insignia y pose moral criticar todo rastro de fujimorismo. ¿Hasta cuándo hay que soportar a estos payasos? Lo que es yo estoy harto de toda esta plaga de poseros idiotizados con una consigna.

La chilladera de la semana se ha dado por el nombramiento de los directores del BCR. Para empezar, ¿cuándo diantres les han importado a esta gente los directores del BCR? Hasta apostaría que la gran mayoría de estos enfermizos coléricos en campaña ni siquiera sabe lo que significa BCR. Pero han salido de sus corrales a ladrarle al fujimorismo con hocico espumoso porque no les gusta que estén dos personajes "vinculados al fujimorismo". De eso se trata todo. 

Ni siquiera hace falta defender a Rafael Rey ni a José Chlimper, dos profesionales de alto nivel y muy amplia trayectoria en el mundo empresarial y político. No son pues dos advenedizos ignorantes. Es más, Chlimper ya ha sido director del BCR. Todo el drama que han montado los sectores de izquierda en sus medios, desde Semana Económica hasta Utero.pe se debe única y exclusivamente a que son "cercanos al fujimorismo", lo cual es un pecado y prácticamente un delito para estos angelicales seres del progresismo fanático. De inmediato se lanzaron al teclado para buscar cualquier razón para oponerse a esa designación. De Rafael Rey dijeron que no es economista, como si hubiera que serlo. De Chlimper sacaron que "ha perdido credibilidad" por el escándalo de los audios en la campaña. Pero todos sus "argumentos" no pasan de ser puras boberías de campaña histérica.

¿Alguien me puede decir qué credibilidad tienen los progresistas que opinan en los medios? Es el colmo que La República apele a la "credibilidad" para criticar a Chlimper. ¿Cuál es la credibilidad de La República? ¡Por favor! No me hagan reír. En el colmo de la estupidez llegaron a decir que "la política monetaria del país está en riesgo". Ni que hubieran nombrado al rojo Campodónico que fue propuesto por el Frente Amplio. ¿Cómo va a estar en riesgo la política monetaria si son solo dos votos en un directorio de siete? Además siendo dos personas que respaldan el modelo económico actual que fue forjado en los 90. Y para añadir algo más: Chlimper fue uno de los que sustentó la actual política monetaria del BCR,. Así que ya basta de publicar estupideces en los medios. 

Otras típicas babosadas que les he escuchado a los rojos es que "faltó debate" o "había que acercar la decisión a la ciudadanía". Es que estos pobrediablos no son más idiotas porque ya no es posible. ¿Acaso se trata de una ley para someterla al debate? No hay nada que debatir. Cada grupo presenta a sus candidatos y se vota. Así de simple. Y si eres minoría pierdes. Así funciona la democracia. ¿No te gusta? Qué pena. Es que los rojos están acostumbrados a desconocer la ley, la democracia y el Estado de Derecho. cuando no les favorece. Apenas las cosas vayan contra sus delirios y consignas salen a chillar y tratan de traerse abajo todo con marchas, tomas de carretera, bloqueos de puentes y petardos. Así es como actúa la izquierda en todas partes. Si no, vean lo que pasa en Venezuela con el Congreso en manos de la oposición. ¿Acaso la izquierda no le proponía a PPK actuar igual que lo está haciendo Maduro ahora, ignorando el Congreso opositor?

Todo tiene un límite. Soportar a la izquierda con toda su estupidez, candidez, doble moral y malas costumbres, con su plaga de opinólogos mediocres y entrevistadoras ignorantes encaramados en la prensa basura, es cada día más difícil. Lo único que saben es posar con su antifujimorismo ridículo. Ya no estamos para seguir en la misma cantaleta de los últimos 16 años. ¿Hasta cuándo? Hasta el borrachín de Toledo ha salido a recordar que él "salvó la democracia" con su marcha de los cuatro suyos. El payasito Popy Olivera sale cada año en la misma fecha a recordar la difusión del audio de Koury. Las redes están repletas de cuentas basura de izquierda que solo rememoran los 90, pero solo en cuanto a la corrupción se refiere, como si solo corrupción hubiera ocurrido en esa década. 

En algún momento habrá que decirles a estas escorias "alto". Ya basta. Paren de joder. Estamos hasta la coronilla de toda esa plaga infecto contagiosa de progres en las redes que a partir de su ignorancia supina pretenden alimentar odios. Es hora de arrojar a todas esas alimañas al pozo séptico adonde pertenecen y hacer de este país un lugar más respirable. 

sábado, 1 de octubre de 2016

¿Qué hay de nuevo en la política?


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La política peruana muestra un escenario completamente diferente en estos días. Lo que hemos visto recientemente es un tira y afloja entre el gobierno y el legislativo, en torno al pedido de facultades legislativas hechas por el gobierno al Congreso. Tras veinte días de negociación y debate el resultado final ha sido satisfactorio para ambos y para el país. De esto es que trata exactamente la política: negociar, razonar, discutir exponiendo argumentos, hasta llegar a un consenso. Debemos expresar nuestra satisfacción por el modo cómo se han conducido tanto los representantes del gobierno como los congresistas de los partidos que han participado en estos debates con la madurez requerida. 

No cabe ninguna duda de que este Congreso es infinitamente superior a los dos anteriores, que fueron infectados por el nacionalismo humalista con toda clase de improvisados de baja estofa, sin dejar de lado la responsabilidad de otros partidos por los personajes faranduleros que llevaron en sus filas. En este Congreso vemos gente más preparada y dialogante, lo cual no impide exabruptos y pataletas muy aisladas. Esperemos que este parlamento detenga la mala costumbre de dar leyes tontas con el habitual refrito de "defender" a determinados grupos como los consumidores, trabajadores o mujeres, o combatir males sociales como la obesidad, el bullying o la violencia. Para eso no sirven las leyes, y menos si junto con la ley se crea un organismo burocrático salvador. Esa es la fórmula del fracaso. Las leyes deben concentrarse en el propio accionar del Estado.

Pero volviendo al tema, el cambio que apreciamos en la política peruana es notable porque resulta un hecho histórico, pues es la primera vez que un gobierno que no tiene mayoría en el Congreso puede gobernar sin sobresaltos. Las experiencias de Congresos dominados por la oposición han sido desastrosas. Empecemos recordando la coalición APRA-UNO de 1963 que le hizo la vida imposible a Fernando Belaúnde en su primer gobierno, lo cual facilitó el golpe del general Juan Velasco Alvarado, con las funestas consecuencias que eso acarreó para el país en los siguientes 25 años. En 1980 Fernando Belaunde alcanzó mayoría propia en el Congreso, lo mismo que Alan García en 1985 y ambos pudieron hacer un gobierno a su manera. Hasta que llegó 1990 y Alberto Fujimori quedó en minoría frente a un Congreso opositor dominado por el FREDEMO y el APRA, que le hicieron la vida imposible a Fujimori, llegando a dar la "ley de control parlamentario de los actos del presidente", que motivó el golpe del 5 de abril de 1992. En buena cuenta, se trató de un contragolpe.

Desde entonces no se ha producido el caso de un Congreso mayoritariamente opositor. Tanto Toledo como García supieron sellar pactos políticos para ganar espacio en el parlamento. Ollanta Humala no tuvo mucho apoyo en el Congreso por su incapacidad para hacer política, pues la concebía como una guerra permanente con los demás, pero su pérdida de apoyo se hizo más notoria hacia la segunda mitad de su mandato. De todos modos el humalismo no fue un gobierno con muchas iniciativas. Algunas de sus leyes fueron derogadas y hasta ningunearon a uno de sus gabinetes. Acabó con un mal sabor en los labios y salió con el rabo entre las piernas. De hecho hubo consenso en apoyarlo para que termine su mandato legal y se vaya. 

Pero hoy tenemos un gobierno políticamente débil en el Congreso, al menos en apariencia numérica. Es la tercera fuerza en el Congreso con solo 18 representantes, algunos de los cuales incluso no parecen muy convencidos de su filiación. Pero eso no les hace mella frente a la calidad de algunos de sus miembros. En política no solo cuenta el número sino también la calidad de los representantes como lo demostró el APRA en el período anterior, en que con solo cuatro congresistas se bastaron Mauricio Múlder y Velasquez Quesquén para hacer bailar a toda la recua nacionalista. Pese a su escaso número, Peruanos por el Kambio tiene gente de mucho oficio, recorrido político y sapiencia. No se van a dejar pisar el poncho, de manera que el panorama pinta muy interesante.

Esperemos que todo esto redunde en una mayor madurez de nuestra clase política y ojalá derive en la consolidación de dos o tres grupos políticos firmes. La nota discordante, sin embargo, corre por cuenta de la siempre nefasta izquierda peruana, no solo al interior del Congreso, en donde no atan ni desatan, votando a favor de la dictadura de Venezuela, por ejemplo, o contra la presencia de tropas norteamericanas en el Perú. El delirio mental de la izquierda se aprecia en su mayor magnitud fuera del Congreso, en la prensa progresista que, lejos de aportar o informar objetivamente, sigue en su guerrita estúpida contra el fujimorismo. Desde el principio se mostraron como agoreros del desastre, pronosticando una oposición fujimorista radical, repitiendo refritos como "siguen con la sangre en el ojo". Cuando el Congreso, en el cabal ejercicio de sus funciones constitucionales, decidió revisar en detalle el pedido de facultades del Ejecutivo, el progresismo cacareó en grandes titulares que ya se venía la guerra del fin del mundo, que el fujimorismo le haría la vida imposible a PPK y otras estupideces por el estilo. 

Connotados columnistas del progresismo no hacen otra cosa que seguir en su patológica batalla contra el fujimorismo. Para ellos la vida se ha detenido en los 90. La caviarada oenegienta sigue alentando juicios por casos de hace 30 años. De eso viven estos buitres. El antifujimorismo se ha convertido en un credo, una pose y hasta en un gran negocio del progresismo, aunque no podemos negar la posibilidad de una enfermedad mental. Tienen el mercado de los siempre desinformados pulpines atraídos por el progresismo en esa etapa de su vida. En todo caso, el antifujimorismo salvaje de la izquierda es un cáncer de la política peruana que ya sería bueno extirpar. Son como un gran tumor purulento que destila su pus visceral y apestoso en cada columna diaria. No sirven para nada, salvo para que esa masa de extraviados mentales, socialconfusos y onanistas pulpines siga disfrutando del bullying al fujimorismo. El Perú ya no está para esas cosas, no necesitamos seguir patinando en el fango en el que se revuelcan los cerdos de la izquierda patológica antifujimorista. Todo el país ha cambiado. El terrorismo de la izquierda fue derrotado hace 20 años y sería bueno que ya dejen de vivir de la venganza, dejen de escribir con la sangre en el ojo, pasen la página. Hoy la política es otra y diferente. 

lunes, 2 de mayo de 2016

Mitología del antifujimorismo caviar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Es un hecho que a la humanidad jamás le ha interesado la verdad. Siempre han preferido los mitos y las novelas. Una historia bien contada es más aceptada que cualquier verdad insípida. Allí tenemos como ejemplo el avasallador éxito de toda clase de religiones contadoras de mitos a lo largo de todo el planeta y de los tiempos. Por eso mismo tardó tanto en surgir la ciencia y, una vez aparecida, fue duramente combatida y finalmente pervertida con seudociencias más interesantes. En la política sucede exactamente igual: la verdad siempre es la primera víctima y el mito sale triunfante. 

La historia política peruana está llena de mitos. Es un duro trabajo para los historiadores poder llegar a establecer la verdad, que finalmente será dejada de lado para preferir el mito. Pero tal vez nunca haya existido un episodio que generara más mitos y mentiras que el gobierno de Alberto Fujimori. La cantidad de mentiras y mitos que se dicen y repiten acerca del fujimorismo es apabullante. Lo repiten todos los días y es un hecho que todo menor de 30 años solo conoce los mitos del antifujimorismo, empezando por la típica falacia de que fue una dictadura. Ya se ha vuelto una cuña mental la frase "la dictadura fujimorista" y por tanto se da por cierta. Sin embargo, no fue una dictadura. 

A pesar del cierre temporal del Congreso (una medida extrema contemplada en la Constitución), los gobiernos de Fujimori fueron democráticos, con los típicos vicios de una democracia débil y sin instituciones, que siempre se ha visto en todos los gobiernos anteriores, empezando por el abuso de su mayoría parlamentaria. ¿O ya olvidamos cómo Alan García 1.0 lograba aprobar al carpetazo y de madrugada toda clase de leyes aberrantes, como el de la estatización de la banca? No olvidemos que Fujimori empezó precisamente siendo víctima del abuso de poder de una mayoría parlamentaria que le era adversa. Así que el abuso de la mayoría parlamentaria no es algo que se le puede achacar a Alberto Fujimori, ha sido una norma en la política peruana desde el siglo pasado.

Precisamente la mitología del antifujimorismo empieza magnificando los defectos del gobierno de Alberto Fujimori, haciendo creer a la gente que son exclusivos del fujimorismo cuando no lo son. Se trata de defectos típicos de la insipiente democracia peruana. Pero el mito ha convertido al gobierno de Fujimori en "la dictadura". Para colmo, a Alberto Fujimori se le ha achacado la autoría de todos los delitos cometidos por Vladimiro Montesinos y el grupo Colina. Todo eso ha sido convertido en un solo paquete llamado "fujimorismo", y hoy se habla de él como si se tratara de un monstruo con vida propia y con una personalidad definida. Hasta se dice que tiene ADN. Es decir, este monstruo es real y hará lo mismo siempre. Es impresionante el grado de estupidez al que se llega.

La gente común y corriente se puede creer todas las tonterías que se repiten en las calles, pero oír a encumbrados analistas repitiendo estas boberías baratas es alarmante. El antifujimorismo ya se ha vuelto una predisposición o actitud mental para muchos, a tal punto que todo lo que digan los fujimoristas es susceptible de ser tergiversado y convertido en mito a base de la repetición incesante. Así ocurrió con la expresión de Oscar Trelles "nosotros matamos menos", la que, en el contexto de la conversación, hacía referencia al hecho de que durante el gobierno de Alberto Fujimori se redujo el número de víctimas por causas de la lucha antiterrorista. Pero esa verdad no le importó a nadie. Todo lo que quedó fue la frase convertida en cliché para responsabilizar al fujimorismo por las muertes.

Todos los días observamos este fenómeno. Hoy mismo los genios del progresismo ya convirtieron en cliché barato de campaña la expresión de Cecilia Chacón, quien dijo que espera ver a Fujimori "salir por la puerta grande". Obviamente eso espera cualquier fujimorista. Y Cecilia Chacón lo dijo con claridad: el Poder Judicial tiene que corregir su error. La única puerta grande es la del Poder Judicial. No hay otra. Pero ¿a quién le importa la verdad? Una vez más el mito vende y lo que se repite es que el fujimorismo pretende liberar como sea a Alberto Fujimori. Asimismo, un error idiota de Kenji Fujimori al lanzar unos tuits sin sentido, ha sido convertido en un "pleito dinástico". Es decir, la telenovela del antifujimorismo vende. Y vende más que la TV basura. 

De hecho el antifujimorismo se ubica en una categoría de "política basura", a cargo de bufones y chibolos incapaces de reconocer a un héroe en un billete. El circo patético de "No a Keiko" es la máxima expresión de esa "política basura" callejera que encandila a los sectores más embrutecidos con el mito, el odio y la ignorancia. Los militantes y activistas del antifujimorismo son sectores del progresismo acostumbrados a vivir del mito, el cliché, la mentira, la consigna de campaña y las marchas callejeras, donde materializan su miseria mental y espiritual con toda clase de expresiones de odio. Eso no debería alarmarnos. Lo que preocupa es que toda esta cháchara barata repleta de mentiras se repita en boca de analistas que se supone tienen un nivel mental más elevado. Preocupa escuchar y leer a tantos progres de la TV y de los medios capturados por la caviarada, alimentando el odio y el mito, apelando al bajo oficio de mentir. 

Como ya lo han dicho otros, el antifujimorismo es una triste enfermedad que ojalá estas elecciones nos permita superar. Personalmente será un dulce placer ver cómo se revuelcan en su vómito negro todos estos progres y caviares cuando Keiko logre ganar las elecciones.

sábado, 19 de marzo de 2016

Atrapados en el pasado


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El antifujimorismo ha vuelto a reactivarse como hace cinco años. Este es un movimiento esencialmente de izquierda y juvenil, y a veces hasta infantil. Los marchantes evidencian tal inmadurez que uno se pregunta de dónde han obtenido tanto odio y radicalismo sobre algo que no conocieron. Evidentemente han sido adoctrinados en el odio, que es la tarea principal de la izquierda en las universidades. A decir verdad la izquierda odia todo. Se sustenta en el odio. Detesta el mundo convencido de que todo está mal y plantean cambios radicales. Esta es obviamente una actitud que calza perfectamente en la mentalidad de los jóvenes. Por eso mismo suele afirmarse que ser de izquierda a los 20 es natural, pero serlo a los 40 es estúpido.

El antifujimorismo es parte esencial de la "izquierda moderna", es decir, de la izquierda pos terrorista, pos muro de Berlín y pos colapso del comunismo en el mundo. En buena cuenta lo que queda de la izquierda hoy es apenas algunas posiciones de reclamo social muy puntuales, donde se incluye el rechazo a la memoria del fujimorismo de los 90. El ecologismo es solo una fachada que les sirve para vivir mantenidos por ONGs ecologistas internacionales, en reemplazo de la URSS y otros países comunistas extintos que los financiaron para jugar a las guerrillas y el terrorismo desde los 60 hasta fines de los 80. Hoy las ONGs ecologistas internacionales financian a los grupos antmiineros y sus movilizaciones a nivel nacional. Eso es todo lo que queda de la izquierda. Ya ni ideología tienen.

El antifujimorismo es algo que le da sentido a la existencia de estos grupitos de exaltados progres juveniles, apoyados por adultos que se quedaron en el retraso mental del izquierdismo, a los que se suman periodistas y opinólogos que gustan posar como defensores de la democracia y la moral. La pregunta es si tiene sentido oponerse hoy a Keiko Fujimori con el argumento del pasado. 

¿Por qué no condenamos a la Iglesia Católica por todos los crímenes de la Santa Inquisición? ¿Por qué no condenamos a la Iglesia Católica por oscurantista y anticientífica debido a los crímenes que cometió contra Giordano Bruno y su abuso contra Galileo? ¿Por qué no condenamos a la Iglesia Católica por apoyar el aborto hace solo un siglo, cuando lo justificaba si la mujer había concebido fuera de la gracia del matrimonio, y preservar el honor de la familia era lo más importante? En fin, podemos sacar muchos ejemplos más. Habría que condenar también al APRA por haber sido un grupo terrorista en el pasado, con crímenes políticos como el asesinato del presidente Sánchez Cerro y el director del diario El Comercio y su esposa, así como el ataque a cuarteles militares. ¿Y por qué no condenar a Alan García, quien sigue ostentando el título del peor presidente de la historia y autor mediato de crímenes de lesa humanidad, como la masacre de El Frontón, además de numerosos casos de corrupción que nunca fueron juzgados? 

Evidentemente quedarse en el pasado es propio de estúpidos. Carece de sentido. No se puede vivir mirando atrás y revivir odios como si fueran del presente. Seguramente me dirán que no podemos condenar a la Iglesia Católica por todas esas situaciones del pasado porque eran otras circunstancias. Y tienen toda la razón. Lo mismo podríamos decir de los 90, una época de transición en que el Perú se recuperaba del desastre absoluto de la crisis económica y del acoso criminal de los terroristas de izquierda, que habían hecho colapsar no solo la economía sino todas las instituciones del Estado, principalmente el sistema judicial y carcelario. En los 90 pudimos reconstruir el país de las cenizas. Y todavía bajo el fuego del terrorismo, pues el último ataque del MRTA fue en 1997. El Perú no era un país normal. Estábamos saliendo del Apocalipsis para ir hacia la normalidad de un país moderno, con un nuevo Estado y nuevas instituciones. No era pues ni de lejos el país que somos ahora. Y por eso mismo es absurdo juzgar esa época con la mentalidad del presente.

Han pasado 15 años de la caída del fujimorismo con todos sus aciertos y errores. El país que tenemos hoy es fruto de esos años y de esa Constitución. Habría que preguntarse si tiene algún sentido racional estigmatizar a Keiko por lo malo ocurrido en los 90, pero aumentado y falseado. No se puede engañar a la gente con cuentos como las "300 mil esterilizaciones forzadas". En ese solo caso hay tal distorsión de la verdad que asombra la estupidez de quienes creen en ese cuento. Harían bien en estudiar ese caso para que dejen de cacarear mitos. Hay varias fuentes en la web si quieren educarse y conocer el tema. Pero como ese, el movimiento antifujimorista pulpín está lleno de mitos en los que creen ciegamente en medio de su ignorancia. El odio de la izquierda al fujimorismo es un rencor histórico por haberlos derrotado, especialmente por haber aniquilado al MRTA, el movimiento cercano al Partido Socialista de Javier Diez Canseco y otros grupos. Nunca le perdonarán a Fujimori haber masacrado su grupito terrorista y haberse paseado por encima de sus cadáveres.

Lo más grave del asunto son los medios, es decir, periodistas y opinólogos que creen que es sensato oponerse a Keiko fundados en las imágenes míticas de los 90. Es decir, están presos en el pasado. ¿Acaso es posible repetir las condiciones históricas en que gobernó Fujimori? Es un disparate. No es posible posar como inteligentes asumiendo posturas tan absurdas. Todo lo que buscan es ganarse un falso perfil de defensores de la democracia. La democracia no es vivir mirando el pasado y evocando fantasmas. El país necesita de líderes que aterricen en el presente y vean hacia el futuro. Solo los traumados y pobres de mentalidad se quedan enfocados en el pasado. Hay que superarlo.

martes, 15 de marzo de 2016

El antifujimorismo pulpín


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La historia está llena de mitos. Es diferente de la Historia, con mayúscula, que es una ciencia donde se investiga sin apasionamientos y se exhiben los hechos tal cuales. Lo que tenemos en el Perú es apenas historia, es decir, un conjunto de relatos que pretenden explicar una época con un determinado propósito. Así es como nos cuentan que la Colonia fue opresión y esclavitud, que la “gesta de la independencia” fue heroica y que la patria es fruto de héroes visionarios. Pero nada de eso es cierto. Son cuentos inventados para justificar la República y crear un ánimo patriótico en la sociedad, capaz de sostener un país creado sin ton ni son.

Pero de todas las historias, ninguna tiene tantos mitos como la del fujimorismo. El relato que construye la izquierda tiene como propósito desvirtuar esa época y aniquilar todo vestigio de fujimorismo. Ese es el fin supremo del informe final de la CVR desde su primera página. Su propósito nunca fue generar condiciones para la reconciliación nacional, como lo ordenaba el Decreto Supremo de su creación, el cual ignoraron. La CVR construyó un relato destinado a destruir la imagen de Alberto Fujimori y lavarle la cara a la izquierda, al margen de la Historia. 

Toda esta jauría de hienas juveniles que sale en marcha contra el fujimorismo solo conoce la historia contada por la izquierda. No es mentira que Fujimori contrató como asesor principal a un delincuente de apellido Montesinos, y le dio tanto poder que manejaba prácticamente todo el país. A nadie le ha interesado descubrir la verdad de ese vínculo perverso. Pero esa no es toda la historia del fujimorismo de los 90. Habría que empezar reconociendo que Fujimori salvó al Perú del naufragio, que encontró un país en quiebra, sin dinero, sin crédito, convertido en paria mundial, con un híper Estado que cargaba una planilla que era imposible pagar, con cientos de empresas estatales quebradas, con el terrorismo en las calles de Lima, etc. Esa fue la situación que tuvo que enfrentar Fujimori, y encima tenía un Congreso de oposición que tramaba sacarlo del poder. Ya habían aprobado una ley para regular los actos del presidente. De manera que si Fujimori quería gobernar y dar solución pronta a los graves y múltiples problemas del país, no tenía más opción que cerrar ese Congreso. 

Cerrar el Congreso no es una medida antidemocrática. Es una facultad presidencial prevista en la Constitución. El problema es que la Constitución no preveía las condiciones que afrontó el presidente Fujimori. De hecho, Fujimori tuvo que salirse de la Constitución. Pero lo hizo por un corto período, pues convocó de inmediato a elecciones para elegir un nuevo Congreso, el cual se encargaría de elaborar una nueva Constitución, acorde a los tiempos. Luego de instalado el nuevo Congreso no se puede decir que el gobierno de Fujimori fue una dictadura. Llamarlo dictadura es parte del mito antifujimorista. 

Además de solucionar la gravísima crisis económica y derrotar al terrorismo, cabe añadir que Fujimori le hizo frente al peor fenómeno del Niño de todo el siglo, tan grande que convirtió el desierto de Sechura en laguna. Luego, Fujimori tuvo que hacerle frente a la guerra con el Ecuador, el cual culminó con un acuerdo satisfactorio para los intereses del Perú. Fujimori colocó al Perú en la mira del mundo y reactivó la economía permitiendo el despegue del país. El esquema económico definido en los 90 es el que actualmente se mantiene y ha permitido seguir creciendo al Perú a pesar de los diferentes gobiernos. Gracias a los proyectos mineros que se iniciaron en los 90, la pobreza se ha reducido en niveles antes nunca vistos. 

Ahora bien, si las generaciones actuales creen que lo más importante del fujimorismo es que hubo corrupción, habría que decirles que corrupción hubo en todos los gobiernos. Toda la diferencia que hace al fujimorismo es que la corrupción fue filmada y difundida por medios que eran libres. Nunca hubo censura de medios durante el fujimorismo. Algunos directores de medios se vendieron, como lo han hecho siempre a lo largo de la historia, y como lo vienen haciendo ahora mismo, por unos dólares más o menos, en efectivo o en publicidad. En eso no hay ninguna novedad. La hipocresía de la izquierda radica en ocultar todos los logros del fujimorismo y en resaltar solo la corrupción, achacándole además los asesinatos del grupo Colina, que fue el mayor logro de la caviarada judicial dirigida por César San Martín, gracias al truco mágico de la teoría del autor mediato. 

La “pedagogía de la memoria” que predica la izquierda, es solo el adoctrinamiento en el odio de clase, como lo han hecho siempre. Solo que ahora esa “clase” es el fujimorismo. A falta de argumentos para convencer, la izquierda echa mano del odio, un sentimiento que siempre es muy fácil de activar, especialmente entre los jóvenes que ignoran toda la historia. 

domingo, 9 de agosto de 2015

Fábricas progres de mitos y mentiras


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Un día, un procurador recién nombrado para el caso Fujimori, de nombre Pedro Gamarra, dio muy entusiasmado su primera conferencia de prensa y demostró que estaba al mismo nivel de un interno de Maranguita, pues carecía del más mínimo perfil mental para ejercer el cargo. Delante de todos hizo un cálculo grotesco y estúpido que pasó a la historia de la infamia. Dijo más o menos esto: la venta de las empresas públicas significó unos 7 mil millones de dólares, en el MEF se hallaron como 500 dólares, así que lo que Fujimori se robó deben ser unos 6 mil millones. Dicho esto, al día siguiente los titulares de los diarios anunciaban el "descubrimiento" del nuevo procurador, incluyendo gran nota en "El Comercio", las redes se llenaron de memes y la jauría histerica del progresismo antifujimorista empezó a cacarear la acusación de un procurador que luego sería echado por imbécil. Pero el mito quedó y se sigue repitiendo.

Por supuesto, no existe ninguna investigación que haya llegado a semejante conclusión sustentado en documentos y evidencias. Menos a cargo de algún procurador y mucho menos por aquel mamarracho de procurador improvisado que hoy nadie recuerda. La única investigación seria sobre Fujimori fue encargada por Alejandro Toledo a la compañía Kroll de los EEUU, experta en investigar presidentes en todo el mundo. Luego de casi un año de pesquizas entregó un informe que misteriosamente fue archivado. De lo trascendido se sabe que Kroll no encontró ningún movimiento sospechoso ni cuenta alguna que implique a Alberto Fujimori. Razón suficiente para que dicho informe sea archivado.

Pero el primer infundio de esta naturaleza había salido de una ONG caviar que lleva el nombrecito de Proética, fundada luego de la CVR por los mismos personajes de la logia caviar de abogados que llegaron al MINJUS con Diego García Sayán. Esta ONG fue hija directa de la CVR y manejada por la misma gente, convencida de que en la cacería del fujimorismo había mucho dinero por ganar. Su primer director fue José Ugaz. Rápidamente se convirtieron en anexo de Transparencia Internacional y su primer reporte fue comunicar que Alberto Fujimori había robado una fortuna. Por supuesto, tampoco tenían pruebas ni habían hecho ninguna investigación. No obstante, Transparencia Internacional publicó un reporte donde en un curioso ranking colocaba a Alberto Fujimori entre los diez presidentes más corruptos del mundo, aunque, una vez más, no tenían ni una sola prueba. Era solo humo.

Dicen que las casualidades no existen pero casualmente, luego de toda su esforzada labor, Diego García Sayán fue nombrado presidente de la CIDH y José Ugaz, presidente de Transparencia Internacional. Los medios del progresismo utilizan los infundios regados por Proética y Transparencia para darlos por ciertos y montar el engañamuchachos con que adoctrinan a los jóvenes progres, quienes más tarde marcharán como buenos carneros dóciles berreando sus consignas, llenarán las redes con ridículos memes y dejarán combativos mensajes dando por ciertos los mitos de la logia caviar oenegienta. Así es como funciona la fábrica de mitos y mentiras del progresismo. 

Todavía falta agregar la labor de desinformación y mitomanía de la CNDDHH de donde salió la estrambótica cifra de 300,000 mujeres esterilizadas. El progresismo ya no limita sus mentiras porque se ha dado cuenta que los jóvenes progres flotan en estupidez y, por tanto, son incapaces de meditar y percatarse de una barbaridad o mentira evidente. Peor aun, cuanto más absurda y tremebunda sea la mentira contra Alberto Fujimori, más aceptación tiene. El delirio antifujimorista crece y se alimenta constantemente con mitos y falsedades que se riegan y se repiten con contundencia y seguridad absoluta. Lo escucho en la radio, donde la chiquiprogre Sigrid Bazán, convertida en predicadora del antifujimorismo, repite todas las barbaridades que le pasan por la cabeza o que le han enseñado en las sesiones de adoctrinamiento del Partido Socialista. 

Seguramente en la próxima campaña electoral veremos nuevamente a toda la chibolería progre saliendo a marchar con sus cartelitos, en una nueva versión del corso antifujimorista. Son parte de la fábrica de mitos de la izquierda y tontos útiles del progresismo. Un ejército de chiflados que marcha, como una especie de nueva religión, con la biblia de la CVR predicando el odio a Fujimori, y también ahora a Keiko. Por desgracia, el sector de la izquierda se caracteriza por captar jóvenes para llevarlos por el sendero fácil del delirio y el odio, que acaba a veces en actos suicidas o criminales. Esperemos que en esta campaña la basura no sea el único aporte de la izquierda. La gente ya está harta de eso.

jueves, 23 de julio de 2015

La psicopatología de izquierda



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero



Tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, el pueblo alemán fue seducido por una ideología que clamaba venganza y odio, identificando a los judíos como los responsables de todas las desgracias y objetivo central de su venganza. No se puede ocultar que los nazis tuvieron acogida popular, pero su prédica los llevó a la peor catástrofe que haya vivido no solo el pueblo alemán sino la humanidad en pleno. Sin embargo, estos fenómenos se repiten a lo largo del mundo porque el odio y la venganza son parte íntima de la naturaleza humana, en su aspecto más básico, primitivo y nefasto.

Lo que hoy vemos en la izquierda peruana es algo parecido al desenfreno nazi sustentado en el odio y la venganza contra el fujimorismo. Han pasado 15 años del fin del fujimorismo y casi 20 de la derrota del terrorismo de izquierda, pero las campañas de la izquierda siguen girando bajo la misma tónica del odio y la venganza contra Alberto Fujimori. Hay una serie de personajes salidos de la nada y colectivos, famosos exclusivamente por su perfil en la “lucha antifujimorista”, que es ya una especialidad de la izquierda actual, y que además ha contagiado ¡cuándo no! a jóvenes incautos. Todo esto configura perfectamente el cuadro de una patología política y social que tendría que ser analizada desde un enfoque clínico. Los odios políticos deben ser vigilados de cerca para que no nos lleven a un holocausto, y en especial cuando se trata de la izquierda.

La biblia del antifujimorismo es el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), donde el enemigo principal no es Abimael Guzmán sino Alberto Fujimori, a quien le dedican los peores epítetos, mientras que al líder terrorista lo tratan con mucha formalidad. El siguiente paso fue la condena a Fujimori. Es cierto que AF merecía la cárcel, pero sus delitos tenían que llevarlo no más de ocho años a prisión. Sin embargo, apelando a sucias artimañas, lograron cargarle encima los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos para sumarle una condena de 25 años, en un claro acto de felonía legal, donde se prostituyó el Derecho para torcer la verdad, por perseguir una consigna política de clara venganza. Una vergüenza que solo la historia podrá exponer con claridad, cuando esta marea de insanía haya retrocedido.

No conformes con la condena, prosiguieron con un encarnizamiento jurídico indigno de un sistema de justicia civilizado, porque siguieron llevando a Fujimori a juicios pese a que ya no podían sumarle un día más de cárcel. Guiados por sus malas entrañas, algunos de estos seres de izquierda famosos por su perfil de venganza antifujimorista, persisten en montar procesos nuevamente por causas archivadas. En este momento Keiko Fujimori es tal vez la persona más investigada del Perú en su historia. Es evidente que semejante escenario refleja un cuadro de patología social, política y jurídica. Hoy la izquierda peruana ya no defiende una ideología, ni siquiera persigue el poder. Solo predica la venganza al mejor estilo nazi, usando al fujimorismo como objetivo. No contra Alberto Fujimori sino incluso contra Keiko, su hija. Es penoso que algunos hayan mostraron su miseria humana llamando a Keiko “la hija del ladrón”, como si ella fuera responsable por su padre. Peor aún, nadie salió en defensa de Keiko en este país repleto de cucufatos donde el feminismo está a flor de piel para defender a cualquier bataclana. Ni siquiera hubo una leve crítica a los miserables que usaron semejante expresión. Nada. Ser un premio Nobel no otorga a nadie una patente de corso para agraviar a las mujeres, pero MVLL es ya un especialista.

La campaña electoral ha comenzado y, lamentablemente, empieza mal. En lugar de debatir ideas y propuestas, nuevamente la izquierda patológica ha sacado sus huestes contra el fujimorismo y sus carátulas vuelven a mentir en una lamentable señal de que la inmundicia maloliente por la que pasamos la campaña anterior volverá a repetirse en un franco atentado a la salud mental de los peruanos. Si bien históricamente la izquierda ha basado sus campañas en el odio a los ricos y la redención de los pobres, hoy solo destilan odio por el fujimorismo, además de su tradicional antiaprismo, y más nada. No tienen ya nada que ofrecer más allá de un confuso ecologismo. Han perdido la guerra ideológica y la guerra popular. ¿Qué les queda? Solo atizar el odio y crear un frente de enfermos mentales.