lunes, 15 de octubre de 2012

TU DERECHO A UNA NUEVA DERECHA



Escrito por: Elvis Occ

En 1986 el Republicano Ronald Reagan –entonces Presidente de EEUU-  firmo la ley que se llamaría “Immigration Reform and Control Act” la cual benefició a cientos de miles de inmigrantes indocumentados, sin embrago, 26 años después el Partido Demócrata aún sigue acusando al Partido Republicano de ser un club de derechas. Cabe resaltar que los demócratas hasta el día de hoy no han logrado redactar un proyecto de Ley tan convincente y realista como el de los Republicanos; peor aún, el gobierno del demócrata, Barack Obama ha deportado más inmigrantes que el anterior del Republicano,  George W Bush.

Eso grafica el embuste que desde profesores universitarios hasta partidos comunistas, socialistas y similares, pasando por pseudo intelectuales y uno que otro periodista con cierta notoriedad, han tratado de hacerle creer a la gente. La DERECHA es mala, dicen. La derecha está compuesta por ricos, repiten. La Derecha goza explotando al pobre, aseguran. Lógicamente, los actuales personajes políticos como viejos zorros que son, ni de ha vainas sugieren ser de derecha. ¡Resulta ser que la mayoría son Centro-izquierda!  ¡Si como no! ¿Qué es la demonizada Derecha? La Derecha es el otro extremo de la fauna política de este mundo occidentalizado que contiene conservadores, capitalistas, liberales y un buen poco de apegados a los valores tradicionales, religiosos y hasta patrióticos. ¿Es eso malo? ¿Es eso destructivo? ¿Es eso condenable?

La Derecha, se instalo en Alemania Oriental cuando cayó el Muro de Berlín, y no les va mal a los alemanes de la extinta Alemania comunista, esa misma Derecha gano el ánimo y alimentó la fe de un futuro mejor en los jóvenes de los países del Bloque Comunista que hoy viven en una sociedad democrática y que trajeron abajo al tirano Ceaucescu en Rumania. Cuando Corea del Sur opto por una economía contraria la Corea del Norte, también fue la Derecha, lo mismo sucedió con los líderes chinos que se refugiaron en la China Formosa  o también llamada Taiwán. ¿Que creen? China también sucumbió a ciertas prácticas económicas de la Derecha. ¿Serán reaccionarios y fascistas por eso? ¡Son pragmáticos!

No sé si saben pero el automóvil, los aviones, tu iPhone, los videojuegos, hasta la toalla higiénica se inventaron en sociedades tipificadas de capitalistas, o sea de Derecha. Starbucks no se origino en URSS, y Marx escribió “El Capital” cómodamente en Londres. Quizás la contribución mas grande de la Izquierda al mundo seria, la confirmación de su inútil, desastrosa y deplorable performance al frente de una nación, como lo muestran Vietnam, Corea del Norte y Cuba en este lado del mundo. Sendero Luminoso y MRTA fueron un ejemplo de lo porvenir en nuestro país.

La Derecha no es corrupción, eso es DELINCUENCIA. La Derecha no es abuso del poder, eso es DICTADURA. La Derecha no es censura periodística, eso es atentar contra la LIBERTAD de expresión. La Derecha pondera la iniciativa propia, la meritocracia, la competencia, la libertad, la democracia, el estado de derecho y el libre mercado. ¡La Derecha es derecha!

Desafortunadamente, la Derecha como tal no existe en el Perú. Los pocos partidos que presumen de ser Derecha, son clanes familiares o clubes de Tobi en franca decadencia política y con un débil arraigo popular. Existen dos o tres partidos, que es harto sabido, son agencias de empleo estatal y como tal reciben aplicaciones cada cinco años so pretexto de elecciones generales.

Así las cosas, todo parece indicar que nuevos vientos se avecinan y la primavera generacional se viene con los jóvenes movimientos liberales que hoy comienzan a florecer en diversos puntos del país. Lo alentador es que no responden a caprichosa directiva alguna, son inquietudes esporádicas y de jóvenes que no han sido contaminados por dirigencias políticas. La próxima vez que te pregunten si eres de Derecha piénsalo bien antes de responder, porque de izquierda ya sabes que no eres.

www.elvisocc.org


domingo, 14 de octubre de 2012

Liberales, socialconfusos y neosocialistas


Pablo Quintanilla, el filósofo PUCP que saltó a la fama al disertar sobre el concepto "caviar", calificando de ignorante a todo aquel que lo emplea, hoy es una de las estrellas del Diario Chicha16 donde sigue conmoviendo a sus discípulos de cuando en cuando. Hace poco se atrevió a pontificar sobre liberalismo en el mismo estilo basado en el empleo del sancochado criollo como sustento de la alta cocina académica. El título era "¿Cuáles liberales?" y allí nos revela una vez más el grado de confusión reinante en estos sectores de intelectuales PUCP aquejados por un esnobismo literario cada vez más intenso. No tuvimos tiempo de confrontar esa disparatada columna pero es menester hacerlo. 

Hoy parece que todos quieren ser liberales. Ya ha pasado de moda ser socialista, comunista o marxista, que era el sueño de todo académico snob hasta hace solo un par de décadas. Todavía sigue vigente declararse de izquierda o incluso "progresista". Aunque los progresistas están más congelados que pavo en navidad. Otros prefieren definirse con la ridícula etiqueta de "liberal de izquierda". Pero más allá de las etiquetas y los ropajes con que se recubren estos travestis de la polìtica, es necesario aclarar los embrollos conceptuales que perpetran en su afán de defender su socialismo camuflado. 

Pablo Quintanilla fabrica una ensalada retórica para acabar defendiendo en última instancia la intervención del Estado en la vida social. Y dice que eso es ser liberal. Miente citando mal a Locke cuando asegura que este pide la intervención del Estado en defensa de los derechos, cuando lo que hace Locke es apartar al Estado, especialmente de la vida religiosa de los ciudadanos. Quintanilla ataca encarnizadamente al mercado clamando la regulación del Estado y asegura que eso es ser liberal. Dice textualmente y sin descaro: "Para un liberal, si el abuso de alguno de los derechos mencionados amenaza a los otros, el Estado debe intervenir". Pero a continuación se contradice cuando escribe que "El liberalismo surgió para fortalecer la autonomía de las personas de modo que sean estas y no el Estado quienes elijan el tipo de vida que deben vivir". ¿Entonces como es? ¿El Estado debe o no debe intervenir? Hay que ser claros.

Quintanilla mezcla confusamente los peligros que para él constituyen el Estado y el mercado. Pero al final se declara a favor de que el Estado determine todo. O sea, después de tanta retórica inútil acaba en el mismo punto de todo socialista. Podría haberse ahorrado toda la palabrería y afirmar directamente lo que quiere decir al final: que el Estado lo resuelva todo, e incluso ¡garantice los derechos de las personas! Lo cual constituye el mayor ejemplo de estupidez política, pues equivale a pedirle al zorro que cuide de las gallinas. Así dice este filósofo "Por ejemplo, si la libertad de propiedad (el mercado) genera una concentración de poder que amenaza a los otros derechos individuales, el Estado debe actuar". Esto no es liberalismo por ningún lado. Se llama estatismo, socialismo del siglo XXI, neocojudez, lo que sea, pero no es liberalismo. El Estado es como un dique: basta que se le abra una compuerta para que se desborde inundándolo todo y ahogando en primer lugar las libertades.

Quintanilla se escusa afirmando que el liberal debe serlo en lo económico, lo político e ideológico, y critica a quienes sólo defienden un liberalismo económico "como si estos fueran separables". ¡Claro que no lo son! Por eso mismo no se entiende por qué él se empeña en separar el mercado de la sociedad, como si fueran dos instancias distintas o dos universos paralelos. Alguien debería explicarle a nuestro filósofo que sociedad y mercado son exactamente lo mismo, visto desde diferentes ángulos. Permitir que el Estado intervenga en el mercado es dejar que sea este "y no los individuos quienes elijan el tipo de vida que deben vivir". Quintanilla se contradice en cada linea precisamente porque separa mercado y sociedad. El individuo es el mismo consumidor y agente de mercado. Es el individuo el que con su poder de decisión y compra determina las tendencias del mercado. No se puede defender la sociedad y atacar el mercado sin caer en contradicción. 

Muchos socialistas del ayer disfrazados hoy de "liberales de izquierda" justifican la intervención del Estado en el mercado con la escusa de proteger a los más débiles. Pero invariablemente lo que terminan haciendo es perjudicar a todos. La tentación paternalista del Estado es dañina porque pervierte la evolución natural de los procesos económicos llevándolas por un cauce artificial. Eso no funciona. Nunca ha funcionado.

Más allá de los principios doctrinales del liberalismo, e incluso del socialismo, en el Perú ya deberíamos haber aprendido lo nefasto que resulta el Estado. Tenemos un Estado mal manejado, siempre repleto de advenedizos del partido de turno, plagado de ignorantes, corruptos e irresponsables. Carecemos de vida institucional, no tenemos políticas de Estado y en cada gobierno se improvisa todo de nuevo. El Estado es incapaz de proveer los servicios más elementales como seguridad y educación. No puede ni manejar los penales. Proponer que ese Estado intervenga en el control del mercado para imponer una especie de "justicia económica" no es ser liberal. Ni siquiera es ser socialista. Es ser un simple idiota de la política.

Debemos evitar lo más que se pueda la intervención del Estado. Más bien es hora de quitarle atribuciones para salir del despeñadero al que hemos llegado en la educación. ¿Qué estamos esperando? Lo mejor es, como ha dicho el mismo Quintanilla en medio de su confuso artículo, fortalecer al individuo y a la sociedad. Esto se consigue apoyando las formas sociales organizadas, como, por ejemplo, asociaciones de usuarios y consumidores. El mercado debe autorregularse a través del equilibrio de sus propias fuerzas, a través del entendimiento directo entre productores y consumidores. Lo mejor que el Estado puede hacer es promover y fortalecer estas organizaciones civiles dotándolas de prerrogativas legales para que sean ellos mismos los que resuelvan sus asuntos, tal como se hace con los sindicatos laborales y las asociaciones de padres de familia. Hay que entender que el Estado no es un dios que puede estar presente en todos lados para aplicar fórmulas mágicas. El Estado peruano es todo lo contrario: es la encarnación del mal. Creer que el Estado es la gran solución es tan solo la fantasía política de un sector de intelectuales intoxicados que nunca despegan las narices de los libros.

Lo que en realidad leemos en el discurso de muchos columnistas es un estatismo ramplón apenas asolapado, un añorado y recóndito socialismo, un encono irracional y un trauma doloroso contra el capitalismo que hoy se disfraza como condena al mercado. Parece que acá ya nadie quiere mostrar su carnet de comunista o socialista del siglo XXI. Prefieren la etiqueta "liberal" al estilo norteamericano. Han cambiado a Marx por Locke o Mises. Se hacen llamar "liberales de izquierda" y apelan aun discurso socialconfuso que es una especie de arroz con mango, lleno de citas y autores, pero ajenos a toda realidad y pragmatismo. No han aprendido nada de la experiencia ni de la historia.

Debemos condenar a todos los que en estos tiempos aún sigan pidiendo la intervención del Estado. En cada uno de ellos hay un totalitario escondido. Llaman al Estado para regular la vida de las personas de algún modo. A veces para imponer determinadas pautas morales propias de ciertas creencias religiosas, a veces para imponer prohibiciones según éticas de otra índole, obligando a la sociedad a vivir de acuerdo a sus normas, creencias, gustos y visiones. Quintanilla nos ofrece un típico ejemplo de miseria e hipocresía intelectual al condenar a quienes usan las leyes para imponer su moral, pero clamando al mismo tiempo por la intervención del Estado en el mercado (sociedad) y, peor aún, ¡para proteger los derechos humanos! Parece que Quintanilla ignora que es precisamente el Estado el principal violador de los DDHH. Justamente por eso nació el liberalismo: ¡para defender al individuo del Estado!


viernes, 12 de octubre de 2012

Odio y mentira en la izquierda


El indulto a Fujimori se ha convertido en una nueva ocasión para que la izquierda peruana se pinte de cuerpo entero sacando a relucir toda su miseria, doble moral, odio fundamentalista y discursos plagados de mentiras y medias verdades. De hecho la izquierda es ese sector social y político que utiliza el odio como combustible ideológico. Son los que miran el mundo dividido entre buenos y malos, los que conciben la política como una lucha de clases sustentada en odio hacia quienes consideran "enemigos del pueblo". Por ello su mensaje está cargado de odio y resentimiento, y construido con interpretaciones paranoides donde la mayor parte de lo que hay en este mundo es un agente del mal que debe ser destruido. 

El máximo representante de la izquierda peruana es Sendero Luminoso. A eso es a lo que aspira finalmente toda la izquierda. Por ello la CVR describe a los senderistas como luchadores sociales que representan a los "sectores sensibles ante las diferencias que separan a ricos y pobres" (sic). La CVR engaña a todos tratando de justificar el accionar de SL por la pobreza, aduciendo que precisamente por ello surgió en Ayacucho. Tratan así de ocultar la verdad que fue la existencia del Cuartel General de SL en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, donde su cúpula en pleno ejercían como docentes. Miente pues la CVR. Y esa es la esencia de la izquierda peruana: la mentira, el odio de clase y la violencia "revolucionaria". Por ello justifican y defienden cuanto paro y marcha existe, incluyendo bloqueos de carreteras y asalto e incendio de instalaciones públicas y privadas. Y por ello defienden los DDHH de los terroristas.

Hoy la izquierda exhibe nuevamente sus colmillos ante la posibilidad del indulto a Fujimori. Están enviando veladas amenazas y mensajes con advertencias encubiertas. Los diarios de izquierda son por estos días copia fiel de los diarios chicha manejados por Vladimiro Montesinos en las campañas de desprestigio de adversarios. En sus páginas se ve cada día un desfile de personajes celosamente elegidos para desvirtuar el indulto. Todos con la misma consigna y argumento: sería permitir la impunidad y dividiría al país. Aseguran cual expertos que Fujimori no califica, ni jurídica ni médicamente. Hasta el infaltable cura Bambarén, eterno opinante sobre todos los temas, aparece hoy con su clásico tinte rojo en la voz. Ya debería cambiar su crucifijo por la hoz y el martillo entrecruzados.

La izquierda miente al decir que el indulto solo puede ser humanitario. En la Constitución no hay ningún tipo de limitaciones para el indulto presidencial. El reglamento empleado para casos llamados "humanitarios" y que se aplica regularmente con los presos comunes, no elimina ni limita la prerrogativa presidencial del indulto y la gracia. EL presidente lo puede dar. Así de simple. No necesita estar respaldado por informes médicos. Pero aún, tratándose de la figura del indulto humanitario, este resulta plenamente procedente con Alberto Fujimori porque se trata de un anciano enfermo cuyo caso está objetivamente destinado a empeorar sin más opción. No se necesita que su mal sea un cáncer ni mucho menos que sea terminal. Eso es ridículo. 

Por ahora la prensa roja miente y acumula testimonios falsos de opinólogos de izquierda que solo exhiben odio, bajas pasiones y miseria humana. Decir incluso que Fujimori fue juzgado limpiamente en un proceso ejemplar es mentir, porque fue un juicio en el que se tuvo que recurrir a meras conjeturas enmarcadas en una curiosa teoría jurídica rebuscada, tratando de contrarrestar la falta de pruebas y evidencias indispensables para una lícita condena, especialmente cuando es tan grave como el "homicidio calificado". A Alberto Fujimori lo responsabilizaron sin pruebas de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta. Eso es inaceptable.  En su mayor muestra de contradicción, la izquierda afirma que Fujimori no fue responsable por la captura de Abimael pero sí de lo que hacía el grupo Colina. El juicio a Fujimori solo fue ejemplar como abuso de poder y sed de venganza por parte de unos jueces que habían sido echados de la magistratura por Fujimori. Fue además una evidente revancha política de parte de un sector intelectual representado por la CVR, cuyo fin último es legitimar y reivindicar la violencia de izquierda y dar escarmiento a quienes derrotaron al terrorismo.

El indulto a Fujimori es una necesidad histórica no solo para corregir un fallo desproporcionado e injusto, sino para reparar la imagen de un país que ya está dividido hace tiempo, desde que saltaron a la luz todos estos representantes de la izquierda caviar que hoy tratan de darnos lecciones de moral defendiendo, liberando y "reparando" a terroristas. La moral del país ya ha sido afectada con el papel de la CVR y de las ONGS de DDHH que han colocado al Perú de rodillas ante la Corte IDH. El indulto debe servir para pasar la negra página de la historia del Perú que se empezó a escribir con la creación de la CVR.