miércoles, 12 de junio de 2013

Alejandro Toledo: el cholo sano y sagrado


Alejandro Toledo se ha convertido en un showman de la política, un permanente componente de la noticia gracias a sus infaltables declaraciones, conferencias, su afán desmedido de estar cerca del poder o poseerlo, y últimamente ha vuelto, como antaño, a enredarse en fechorías, aunque hoy sean de mayor vuelo. Ya lo hemos visto asumiendo sus ridículas actitudes de patricio, trepado sobre el techo de un auto mientras recibe flores mandadas a comprar por él mismo. Antes de cualquier declaración adopta su postura de estatua de mármol, y luego dicta sus designios cual oráculo o sabio de la montaña. Adicto al flash y las cámaras, no duda en ejecutar cualquier maniobra temeraria en política o decir cualquier cosa disparatada para llamar la atención o salir del paso, como cuando exigió un comité internacional de médicos que evalúe la salud de Alberto Fujimori para ver si el indulto procede. También anunció una película sobre su vida. No sabemos si será tan fidedigna que incluya sus fechorías y trapacerías. Con ánimos de ayudar a tal proyecto recordaremos rápidamente quién es este personaje pintoresco, representante del espectro más degradante de la política peruana, repleta de saltimbanquis, trepadores y limitados mentales y morales que solo buscan fama y fortuna fácil. Es bueno hacerlo en un país de tan frágil memoria como el nuestro.

Alejandro Toledo es lo más cercano que hay a Jean Baptiste Grenouille. Nació en la miseria pero gracias a su formidable olfato tuvo la habilidad de una rata para escapar del infortunio y encontrar sustento. Hábil para arrimarse a quien puede darle algo, supo encontrar ayuda y trepó la pendiente de su existencia hasta llegar a niveles que para el común de los mortales resulta imposible. La mayor habilidad de Alejandro Toledo es sin duda saber obtener provecho de las maneras más insospechadas, utilizando cualquier recurso, incluso su extracción social, su origen andino y hasta su "cacharro". Hoy es una piedra en el zapato del Perú debido a sus intromisiones en la política, con ese constante afán de ganarse alguito y figurar en la estampita. Su lenguaje confuso y contradictorio está siempre muy cerca del embuste y la mentira.

La primera vez que lo vi, a fines de los 80, Toledo estaba delante del mostrador de una aerolínea, en plena sala de embarque, casi rogándole a la empleada mientras detenía la fila de los que nos embarcábamos en un avión al Cuzco. Ante las protestas de los pasajeros tuvo que hacerse a un lado. Cuando pasé junto a él le oí suplicar: "por favor, llame a Relaciones Públicas, me han dicho que tienen un pasaje de cortesía". Cuando ya todos estábamos en el avión algo parecía andar mal porque no nos movíamos. De pronto se abrió la puerta del avión y entró Alejandro Toledo, sonriente, feliz, con su típica facha de siempre: mocasines, bluyín, saco y camisa sin corbata. Me saludó y se sentó a mi lado. Se había salido con la suya y viajaba gratis. Durante el viaje no paraba de molestar a la azafata pidiéndole cosas. Ya desde ese momento empecé a detestarlo.

A pesar de que su campo es básicamente la administración de recursos humanos, en los 80 Alejandro Toledo se hizo fama de economista y en cada alza de precios del gobierno de Alan 1.0 los medios lo buscaban para entrevistarlo. Sus respuestas eran siempre las mismas: "Me preocupa el efecto social de las medidas". Luego en los 90 su nombre estaría cada vez más vinculado a escándalos de todo tipo, como el del caso CLAE, donde apareció como asesor de Carlos Manrique, siendo luego, junto con su hermano Luis, de los pocos afortunados que recuperaron su dinero de la gran estafa.

A mediados de los 90 logró fundar un partido de la noche a la mañana, en una época en que las leyes exigían cifras astronómicas de firmas. Desde entonces lo persiguió el escándalo de las firmas falsas, que nunca se esclareció. En un país donde ya es una afición judicial escarbar casos de los 80 como el del Frontón o el comando Rodrigo Franco, el escándalo de las firmas falsas de Toledo se ocultó eficazmente bajo la alfombra del olvido. Pero se sabe bien que esas firmas se las dio el mismísimo Vladimiro Montesinos como parte de una estrategia montada en el SIN para fragmentar a la oposición en las elecciones del 95. Cosa que Toledo hizo de maravilla pues logró hacerse nombrar a toda costa candidato presidencial de la oposición sin ser nadie. Los resultados lo confirmaron al darle apenas el 3.5% de los votos.

La noche del 17 de diciembre de 1996 Alejandro Toledo estaba presente -¡como no!- en la residencia del embajador japonés cuando fue asaltada por comandos del MRTA. Sin embargo su suerte y olfato le permitieron salir de allí en el primer contingente liberado. De todos modos su conducta al interior de la embajada en los pocos días que estuvo de rehen ha sido reseñada por varios testigos, quienes narran la forma vulgar en que Toledo se birlaba los pocos alimentos que llegaban, además de su conducta rastrera ante sus captores. Los pormenores están bien narrados en los libros que se han ocupado de ese suceso. Véase por ejemplo "Secretos del túnel" de Umberto Jara con los testimonios de Sandro Fuentes y otros rehenes.

En 1998 Alejandro Toledó protagonizó un escándalo de sexo, alcohol y drogas en el ya famoso Hostal Melody. Su francachela de tres días salió a la luz cuando Elian Karp llamó a la policía para denunciar su desaparición. Al hacer el seguimiento de su tarjeta de crédito, la policía encontró a Alejandro Toledo calato con cuatro putas y una mesa repleta de botellas de whisky. No se alcanzaba ver lo demás. Estos hechos están bien documentados y hay varios testigos. Lea el caso aquí. Elian Karp recién se había reincorporado sorpresivamente a la sociedad conyugal luego del divorcio y de diez años de separación. Lo hizo apenas se enteró de las aspiraciones presidenciales de su ex marido. Sin embargo, al volver desconocía las costumbres que Alejandro había adquirido en su ausencia. Por eso ante su repentina desaparición no dudó en hacer la denuncia policial. Dicen que fue nuevamente Vladimiro Montesinos el que acalló el escándalo ante la prensa. Sin embargo, el episodio se hizo público durante la campaña del 2000. Fue allí cuando Toledo inventó el cuento del secuestro por agentes del SIN. No se lo creyó nadie. Ni Elián Karp, pero ambos formaron una pareja perfecta en cuanto a intereses, ambiciones y mentiras.

En la campaña de la "Marcha de los Cuatro Suyos" Alejandro Toledo se agenció un millón de dólares donados por George Soros como apoyo a su movimiento, pero no gastó ni cien mil en la marcha, por lo que la gente tuvo que soportar los gases lacrimógenos sin las máscaras ofrecidas. Poco después logró su sueño más preciado al ganar la Presidencia de la República básicamente porque Vladimiro Montesinos le había limpiado el panorama eliminando políticamente a Andrade y Castañeda mediante la prensa chicha, y porque la gente quiso evitar el regreso de Alan García. Fue el momento de la gloria para este personaje de cómic. Posando con su vincha y ademanes de salvador de la patria, patentó para la historia la palabra que sería su marca personal: "carajo". Por ese entonces ya se sabía que Alejandro tenía una hija negada y la siguió negando con descaro y poca hombría. Sería su entorno presidencial el que lo forzó a admitirla. Entonces apareció en la TV con su mejor cara hipócrita y cínico para decirle al país que había ganado una hija.

Ya de presidente, Alejandro Toledo y su primera dama instauraron la huachafería como distintivo. Empezó con una estrambótica juramentación en Machu Picchu, cual Pachakuti, y el posterior izamiento de la bandera del Tawantinsuyo en Palacio, un bodrio multicolor que flameó durante sus cinco años de gobierno. Lo primero que hizo Toledo fue subirse el sueldo astronómicamente a US$ 18,000 convirtiéndose en el presidente mejor pagado. Su gestión fue única: empezaba a despachar después de las diez de la mañana y llegaba una o dos horas tarde a todos sus compromisos, haciendo famosa su "Hora Cabana". Sus primeros viajes en el avión presidencial eran escoltados por dos cazas MIG para ser recibido en todo lugar con una infaltable banda de músicos. Instituyó además su descanso quincenal en Punta Sal, haciendo del whisky etiqueta azul la bebida oficial, y usando siempre sus dedos para servirse el hielo.

El acto que mejor retrata lo que fue su gestión se produjo el día en que se llevó al gabinete ministerial en pleno al aeropuerto para recibir a su esposa, quien regresaba después de huir presa de uno de sus típicos arranques de histeria en un pleito conyugal de faldas. Poco faltó para que recibieran a Eliane con la guardia de honor formada en fila. Y cómo olvidar el día en que recibió a los reyes de España y saludó a su Majestad, la Reina Doña Sofía de Grecia, con un palmoteo en la espalda. Tampoco dudó en ir a visitar a "su amigo" Bill Gates volando hasta Seatle en el avión parrandero, para esperar una hora en la antesala antes de ser recibido por media hora. A su regreso dijo que había llegado a importantes acuerdos para su Plan Huascarán.

Esa fue la época en que los funcionarios públicos lucían como currículum puestos en el mercado y gestión de carretillas de anticuchos. Fue un gobierno débil y sin carácter que se dejó atarantar por las movilizaciones organizadas por la izquierda. Las regiones se sublevaban y Toledo se apresuró a someter a referendum una regionalización que fracasó. Luego creo los feudos regionales que hoy tenemos. Ante las asonadas callejeras a Toledo no le quedó más salida que instaurar el diálogo como estrategia. La fila de los invitados a la mesa de diálogo salía de Palacio y cruzaba el Rimac. De allí salió el famoso Acuerdo Nacional, que no era más que un mamotreto lleno de retórica donde todos pusieron lo que les vino en gana para firmar. Fue la mejor manera de capear el temporal. Gracias a esa maniobra Toledo pudo seguir gobernando y evitó que lo echaran.

Toledo continuó con el ridículo proyecto iniciado por Paniagua a instancias de la caviarada y montó la "Comisión de la Verdad y Reconciliación". Ya sabemos que nunca sirvió para conocer ninguna verdad y menos para la reconciliación. No fue más que un negociado de las ONGs de izquierda y un proyecto destinado a lavarle la cara a Sendero Luminoso y a la izquierda peruana en su conjunto, echándole toda la culpa de la violencia a la pobreza. Luego dio inicio a la persecución de militares y al desprestigio de las FFAA, además de someterse a la CIDH y otorgar reparaciones y homenajes a los terroristas. De paso se descuidó la defensa nacional enarbolando la estúpida política unilateral del desarme.

Toledo cayó también en la tradicional costumbre peruana de desmontar lo hecho por el gobierno anterior. Así fue como inició la reposición de trabajadores que habían sido despedidos durante el régimen de Fujimori con el objetivo de reestructurar el tamaño del Estado. Habría que recordar que durante el gobierno aprista del 85-90 el Estado se llenó de burócratas hasta el techo. Otros salieron porque se cerraron empresas públicas. Pero todos los despedidos fueron convenientemente compensados. Sin embargo, el gobierno de Toledo inició la inicua tarea de reponer a estos trabajadores en puestos y empresas que ya no existían y pese a que ya habían cobrado sus beneficios de ley. Pero además, Toledo incrementó la burocracia creando más de docientos organismos públicos inútiles. Se le dio por crear una "Comisión Nacional" para cada problema. Así aparecieron la CONAJU, CONAPA, CONADIS, CONASI, etc. Además fue la feria de leyes ridículas con nombres rimbombantes.

Su gobierno tuvo la suerte de que los precios internacionales de los minerales empezaron a subir frenéticamente. El oro pasó de 380 a 1800 dólares. Gracias a que ya estaban en explotación los proyectos mineros iniciados en los 90 como Barrick, Pierina y Yanacocha, el Perú pudo aprovechar esta alza de precios y hacer caja. Esto le permitió a Toledo acabar su gestión con un saldo económico favorable. Pero no fue ningún mérito suyo.

Su actuación en la última campaña electoral no pudo ser más patética. Al verse primero en las encuestas se creyó dueño del poder y convocó a su gabinete y hasta empezó a mostrarlo. Cuando Ollanta lo desplazó en las encuestas, dio una conferencia de prensa para advertirle al país el gravísimo peligro que Humala representaba. Invocó a la sabiduría y rogó para que no se diera un salto al vacío votando por Ollanta. Derrotado ya en las elecciones despotricó como una mujer despechada contra PPK, su ex aliado y ex premier de su gobierno. Luego corrió de inmediato a ofrecer su apoyo Ollanta Humala con el eterno pretexto de apoyar la gobernabilidad, siguiendo las viejas y malas artes de otro trepador de igual pelaje: Fernando Olivera.

En estos días vemos los apuros por los que pasa este personaje de comedia con el lío de sus cuentas y compras inmobiliarias millonarias a nombre de su anciana suegra. Una comedia de enredos que tiene a todo el entorno judío que lo apañó desde siempre como una mafia siciliana. El escenario exhibe el perfil de la cosa nostra. Pero nada es más vergonzoso que ver a esa gusanera congresal que tiene hoy el Perú ofreciendo su protección a esta alimaña de la política nacional. En este país ya nadie, absolutamente nadie puede colocarse la máscara de un "luchador contra la corrupción", salvo que sea para una fiesta de carnavales.

lunes, 10 de junio de 2013

¿Por qué fracasa la izquierda?

Cualquier persona medianamente informada debe saber a estas altura de la historia que la izquierda siempre fracasa. Ya es típico ver a los países regidos por la izquierda caer en situaciones críticas e inmanejables, como las que hoy atraviesa Venezuela. Algo que además empieza a vislumbrarse en Argentina y en menor grado en Ecuador y Bolivia, donde el impulso estatizador ha sido menos intenso, pero cuyo crecimiento se ha estancado después de ahuyentar la inversión extranjera. En todos estos países existen gobiernos de izquierda que apuestan por el socialismo del siglo XXI, un experimento estrambótico basado en el control de la economía por parte del Estado siguiendo absurdas consignas poéticas como "hacer que la economía esté al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía".

En su defensa la izquierda suele afirmar que es el capitalismo el que está en crisis global, señalando a los países europeos que justamente se dedicaron a crear un sistema artificial de bienestar público basado en la intervención del Estado. El capitalismo puede atravesar etapas temporales de crisis porque eso es parte de la dinámica natural del mercado, pero siempre emerge por su propia fuerza y no se convierte en otra cosa ni desaparece, como ocurrió con los países comunistas luego del colapso de los 90. Ellos simplemente desaparecieron del mapa y pasaron a la historia como un modelo fracasado. La crisis actual de Europa también se debe a políticas de izquierda. El progresismo español, por ejemplo, es el responsable de la gran mayoría de gollerías de que goza la sociedad española a costa del erario público. Las cuentas que debe pagar el Estado para sostener toda esa cantidad de servicios y coberturas sociales gratuitas llega a cifras astronómicas, y han generado una monumental deuda que supera los 300 mil millones de euros.

Los países entran en crisis cuando el Estado ya no pueden pagar sus cuentas o son incapaces de proveer las demandas que han generado. Una crisis generada por la deuda impagable del Estado no es una crisis del capitalismo sino del socialismo populista, dadivoso e interventor. Es consecuencia de un Estado que ha asumido más responsabilidades de las que puede manejar y pagar, tal como ocurre hoy en Venezuela donde ya nadie sabe cuántas empresas tiene el Estado y, peor aun, ni siquiera las puede manejar. Estas empresas o haciendas que antes eran muy productivas ahora están en abandono, han dejado de producir y la consecuencia es el desabastecimiento y la miseria progresiva.

Venezuela vive una típica crisis de izquierda. Hugo Chávez creyó que bastaba su verbo revolucionario para poner "el capital al servicio del hombre". Montó una oficina pública de control y dio una ley de "precios justos" para someter el mercado a sus sabios designios. Desde que se anunció este disparatado proyecto hace dos años los expertos pronosticaron el colapso, tal como ocurrió a principios del siglo pasado cuando se montó el comunismo soviético. Y es que los disparates no funcionan aunque tengan muy loables intenciones. Lo que hoy vive Venezuela es la crónica de un desastre anunciado. Un espantoso desabastecimiento donde falta hasta el papel higiénico. La producción ha caído en todos los rubros, incluso en la producción petrolera. Venezuela es ya un importador de gasolina de los EEUU. La deuda supera los 130 mil millones de dólares y la inflación es inmanejable, pese a que el Estado cree tener todos los controles de la economía y del mercado. En resumen, Venezuela muestra una vez más el típico desastre socialista, luego de seguir fielmente el manual del gobierno progresista y revolucionario de izquierda.

No es pues una historia nueva. Más bien ya es un cuento viejo: el socialismo fracasa. Ha fracasado siempre en todos lados. La gran pregunta es ¿por qué siguen existiendo idiotas que apuestan por el socialismo? ¿Por qué sigue existiendo esta gente ilusa que cree que el Estado es capaz de dirigir la economía y controlar el mercado? ¿Por qué sigue pensando la gente que el Estado debe otorgar beneficios sociales gratuitos? Esto ya no parece ser un problema político o de teoría económica, pues la experiencia reiterada en el fracaso debería ser suficiente para descartarlas como opción. Existe porque se trata de un problema mental. Hay mucha gente que cree o espera que el Estado sea una especie de Dios capaz de vigilarlo todo, controlar la realidad, derramar bendiciones a granel y garantizar "justicia", que en el cerebro de un progre equivale a "igualdad". Por desgracia esto no es más que pura alucinación. Pero una alucinación muy peligrosa cuando se les permite ponerlo en marcha.

El izquierdismo parte de la curiosa tesis de que el mundo está mal y debe ser reformado. El Estado es el instrumento reformador y debe intervenir para corregir la realidad eliminando por la fuerza las desigualdades, controlando el mercado, manejando la economía e incluso a los propios seres humanos restringiendo sus libertades, dirigiendo sus vidas para crear una nueva conciencia social, un nuevo hombre, una nueva sociedad. La ingenierías social de la izquierda sueña con diseñar toda una nueva cultura. A muchos esto les parece una encantadora idea, una romántica poesía social, un sueño de justicia celestial. Pero en verdad solo es una especie de locura o estupidez colectiva. El resultado será siempre un desastre espantoso por dos razones básicas: en primer lugar, porque quienes dirigen semejante experimento social suelen ser personajes alucinados y alejados de la realidad; y segundo, porque la realidad no puede ser controlada. Los intentos de control por parte de la élite burocrática no pasan de ser burdos intentos costosos y siempre inútiles.

sábado, 8 de junio de 2013

De Leguia hasta Fujimori



Por Elvis Occ

Los últimos y dramáticos meses de la vida de Leguía son narrados por Basadre de la siguiente manera: el 16 de noviembre de 1931 llegó a ser trasladado a la Clínica Naval de Bellavista para que se le hiciera una operación quirúrgica. El 18 de noviembre una bomba de dinamita fue arrojada villanamente al interior de este hospital y cayó a pocos metros del cuarto ocupado por el enfermo, después de que había sido anunciada su mejoría. Murió, sin embargo, en el hospital naval el 6 de febrero de 1932 a los 69 años. Sólo pesaba entonces 30 kilos. Se ha dicho que llegó a hacer a su confesor el encargo de expresar que no guardaba rencor a nadie, que perdonaba a quienes procuraron hacerle mal, que deseaba la felicidad y la prosperidad del Perú al que había amado mucho y que su último pensamiento era para sus hijas y sus hijos.

Durante el gobierno de Leguia se llegó a los acuerdos de paz con los países limítrofes. Se contruyeron el Hospital del Niño, el Hospital Loayza, el Palacio de Justicia, el Palacio del Congreso, el Palacio de Gobierno, el Teatro Municipal, el Panteón de los Próceres, Atarjeas de Lima, la sede del BCR, red de trenes hacia la sierra. Modernizó Lima creando sus principales avenidas. En lo financiero y económico se reformó el Sistema Aduanero, se creó el Banco Central de Reserva y en lo social se masificó la educación primaria gratuita y los comedores populares. Resolvió los límites del Perú y logró que Tacna retornara al seno patrio!

Debido a los profundos lazos económicos con EEUU, cuando en 1929 colapsa la bolsa de valores en Wall Street, tambien provoca una fatal crisis económica en el Perú. Leguía fue derrocado por el Gral. Sánchez Cerro, su casa saqueada, los que se sirvieron de su gobierno le dieron la espalda y algunos hasta fueron sus inquisidores. Augusto B Leguia, de quien Haya de la Torre dijera que fue el mejor presidente del siglo XX, murio victima del rencor y la venganza de sus enemigos, quienes usaron el Poder Judicial para condenarlo sumariamente. Un dato más: Leguia peleó contra los chilenos en Miraflores y era un declarado enemigo del comunismo.

Las similitudes con el caso del ex Presidente Alberto Fujimori son sobrecogedoras, tanto en la magnitud de su obra como en la injusticia de su juzgamiento y posterior condena. Ambos, tanto Leguia como Fujimori contribuyeron a la paz del Perú, a la boyante economía de hoy y a la infraestructura vial. Tanto Leguia como Fujimori están catalogados por los ojos del mundo desde una perspectiva internacional desapasionada como los dos mas colosales presidentes que haya tenido el Perú.

Hoy en pleno siglo XXI se repite la historia y un ex presidente está muriendo en prisión víctima de sus enemigos y por la falta de carácter de un presidente mediocre como lo fue Sánchez Cerro. Tanto Leguia como Fujimori contribuyeron al crecimiento de una clase media y este ultimo al nacimiento de una vigorosa derecha popular. La misma que algun dia reivindicara al Ing. Alberto Fujimori muy a pesar de alguno de sus mezquinos detractores. Sin embargo, confiemos en que la historia haga otro tanto,  pues suele ser mas imparcial que la justicia peruana y sus "justicieros".