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viernes, 22 de diciembre de 2017

PPK se salva de la vacancia pero igual pierde


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Lo que hemos visto ayer durante la maratónica sesión del Congreso en que se desarrolló el debate por la vacancia del presidente Kuczynski, es la política en estado puro. Es decir, el juego de intereses de grupo y apetitos personales por el poder. Nada más que eso es la política. 

También hemos podido ver en funcionamiento la tan vapuleada institucionalidad democrática. Pese a la cantidad de bobos que salieron a hablar de "golpe", incluyendo el presidente y su abogado, todo lo que se ha visto ayer son los mecanismos básicos de la democracia. Claro que si hubiera ganado la vacancia, en estos momentos tendríamos las calles repletas de esos payasos fascistas que se llenan la boca hablando de la defensa de la institucionalidad democrática, pero que solo respetan los resultados que a ellos les gusta. 

Lo que hemos visto ayer ha sido el pulseo de poderes políticos dentro del juego democrático. Solo los tontos hablan de lucha contra la corrupción o defensa de la democracia. Hay que separar el discurso de la realidad. La gente suele decir cualquier cosa para ocultar sus intenciones. No caigamos en la trampa de la retórica. A nadie le interesa luchar contra la corrupción. Todos los grupos políticos están salpicados por la corrupción de una u otra manera. Aquellos que salen a gritar "caiga quien caiga" al final terminan negociando su voto. Todo lo que prima son intereses o, finalmente, odios.

El presidente Kuczynski al final ha sido salvado por el propio fujimorismo, ya que una facción decidió cambiar su voto, según dicen por órdenes del mismo Alberto Fujimori, pero en todo caso comandados por Kenji. Esto revela pues que PPK está dispuesto a todo por no ser vacado, incluso a llegar a la indignidad de negociar la libertad de un preso. Con esto queda claro que PPK aparte de ser un aprovechado lobbista que roza la corrupción, también es un miserable. Ha terminado al mismo nivel que los secuestradores que te llaman para pedirte un rescate para liberar a su víctima. No hay mejor prueba de que Alberto Fujimori es un preso político.

Queda claro también que PPK no ha podido demostrar ser inocente de los cargos que se le imputan. Se ha salvado de la vacancia no por ser inocente sino porque supo negociar y chantajear a los grupos políticos, y a ciertos personajes sinuosos que habrá que poner en el lente del microscopio para saber qué clase de sabandijas son. Desde luego, tampoco nos vamos a tragar los cuentos que profieren los payasos disfrazados de luchadores anticorrupción. Todos esos peleles que, como Yonhy Lescano, se pasan la vida posando como luchadores anticorrupción, han perdido la oportunidad de probarlo. Al final no son más que aprovechados y corruptos de poca monta.

Para ser francos, ha sido el fujimorismo el que ha dado una lección de democracia al respetar la Constitución y acatar el resultado del voto. Eso es la democracia: respeto a la ley, defensa de principios, denuncias, mociones, debates, acomodos, reacomodos, votación y respeto a los resultados. En cambio PPK acabó siendo el verdadero golpista al amenazar con hacer renunciar a sus vicepresidentes si lo vacan, incumpliendo claramente el mandato constitucional. Este chantaje es el que finalmente inclinó la balanza y cambió las intenciones de varios grupos, como Nuevo Perú, que al no tener nada que negociar o ganar, optaron por reafirmar sus odios al fujimorismo. 

El resultado final es que tenemos a un presidente magullado y con serias sospechas de corrupción, que no se han despejado por el voto de anoche. Todavía pesará sobre el la investigación fiscal. Es decir, tenemos de presidente a un político "investigado por la Fiscalía" y "denunciado por corrupción", como gustan decir los progres y caviares cuando se trata de sus enemigos políticos. Pero además de eso, tenemos un presidente que ha tenido la indecencia de chantajear al fujimorismo con la libertad de su líder histórico a cambio de sus votos.

Es lo que hay. Lo demás es cuento y poesía.

sábado, 16 de diciembre de 2017

PPK y las claves de un fracaso político


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

A estas alturas ya es impensable la continuidad de Pedro Pablo Kuczynski en el cargo de presidente de la República. Su situación política es insostenible. Al margen de los alcances legales de sus operaciones financieras en detalle, lo que ha colmado la paciencia es su renuencia permanente a responder ante la comisión Lava Jato del Congreso y sus reiteradas declaraciones de inocencia, cuando al final se ha sabido que sus empresas tenían tratos con Odebrecht.

Tal vez si el presidente hubiese sido claro y explícito mostrando sus vínculos empresariales desde un principio, recibiendo a la comisión Lava Jato y respondiendo a sus preguntas, habría tenido algún margen para defenderse o manejar la situación con inteligencia, más aun si hubiese tenido buenos operadores políticos negociando en el Congreso. Por lo menos no habría quedado como un reverendo mentiroso y sin ninguna posibilidad de controlar el desconcierto general, como ha quedado ahora.

Pero las torpezas políticas de PPK no son de ahora. La verdad es que la torpeza es su marca. Fue bastante torpe hacer una segunda vuelta tan agresiva frente a Keiko Fujimori, sabiendo que el fujimorismo ya tenía mayoría absoluta en el Congreso. No había necesidad de caer en injurias tan bajas para ganar, ni mezclarse con toda esa escoria de zombies delirantes del antifujimorismo progresista. PPK se dejó captar por los sectores más radicales de la izquierda antifujimorista esquizofrénica, y se prestó a ser su muñeco de campaña. Estaba dispuesto a pagar cualquier precio por ganar, aun arriesgando la futura estabilidad en el poder. Al final fueron los medios caviares los que le dieron ayuda para ganar por un puñado de votos gracias al juego sucio.

Pasada la contienda PPK fue incapaz de voltear la página y convocar a las fuerzas políticas para armar un gobierno de ancha base, que era lo que correspondía con un presidente sin partido, sin cuadros, sin bancada de peso y sin masas. ¿Qué creyó PPK? ¿Que podía gobernar teniendo a los nakos de aliados? Desde el principio PPK se refugió en el autismo, con una actitud de desprecio hacia la mayoría del Congreso, confrontacional, arrogante y desubicado en su realidad. Nunca mostró la menor intención dialogante. 

Las únicas veces que PPK conversó con Keiko Fujimori, la lideresa del mayor partido político del país, y con mayoría absoluta en el Congreso, fue -primero- por iniciativa del cardenal Cipriani, que solo sirvió para la foto, y luego por iniciativa de la propia Keiko, a lo que aceptó solo por protocolo. ¿Qué era lo que le aconsejaban sus asesores? Evidentemente la confrontación con el fujimorismo. Esa fue la voz que tenía PPK detrás de bastidores, donde se notaba la silueta de Rosa María Palacios. 

Por último, la estrategia de eludir a la comisión Lava Jato del Congreso también fue una tremenda metida de pata. Y en esto jugaron su papel otros asesores de talla "constitucional". PPK se ocultó detrás de una falsa y ridícula defensa de la investidura presidencial para no darle cara a la comisión que solo quería oír su testimonio. Se limitaba a negar sus vínculos con Odebrecht detrás un grupete de ayayeros que mostraba indignación por la insolencia de la comisión Lava Jato. 

La verdad es que al final el Congreso solo ha necesitado mostrar una mano con dos patos para ganarle la partida al presidente. Lo que hace más grave la situación de PPK es toda su actitud previa de negación y evitamiento de cualquier interrogatorio. Y como si eso fuera poco, la falta lo ha pillado sin un solo aliado político que lo acompañe. Ni uno solo. Todos los grupos políticos han votado a favor de la  vacancia. Eso deja en claro la orfandad política en la que ha estado gobernando el presidente. Un presidente autista, aislado, sin aliados, sin partido ni perro que le ladre.

Ahora solo le queda a PPK apechugar, esperar la comunicación del Congreso notificándole su vacancia, y despedirse de todos, no sin antes darles las gracias por los valiosos servicios prestados a todos sus brillantes asesores que lo llevaron por el camino de la soledad y la confrontación. 

viernes, 15 de diciembre de 2017

La crisis de la mafia progre-caviar antifujimorista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La realidad fría y simple es que el gobierno de PPK ya es insostenible. Está tocado de muerte y solo queda esperar su agonía mientras lo vemos desangrarse. Tal vez lo mejor sería darle una estocada desde el Congreso. No solo lo mejor para el pobre PPK sino principalmente para el país, pues no podemos permanecer en ascuas durante tanto tiempo. El país necesita recuperar su normalidad.

Más allá de los hechos fríos y concretos están las interpretaciones que nos dan los opinólogos, que en su gran mayoría tienen el cerebro afectado de antifujimorismo. Para ellos la culpa de todo es obra del fujimorismo que anda con la sangre en el ojo por haber perdido las elecciones, porque aun no supera la derrota, porque busca la impunidad, porque quiere dar un golpe y tomar el poder, etc. El mundo de los fujinoicos es amplio y variado, como las alucinaciones de pacientes psiquiátricos.

El hecho concreto y real es que el Perú ha sido víctima de la peor mafia política de toda su historia en estos últimos 17 años. Eso es un hecho en el que nada tiene que ver el fujimorismo. Al contrario, es responsabilidad de toda esa escoria progre-caviar surgida a partir de la caída del fujimorato, disfrazada de defensora de la democracia, luchadores anticorrupción, profetas de la moral y dueños de la verdad histórica. Es toda esa gentita bien que apoyó y determinó los triunfos electorales de Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Susana Villarán y PPK los únicos culpables de la crisis.

Cómo serán de cínicos y desvergonzados estos progres y caviares, que después de haber marchado con sus banderas antifujimoristas y colocar a sus peleles en el poder, ahora que la crisis revienta tienen el cuajo de culpar al fujimorismo. 

Lo peor de todo es que no solo es una crisis de gobiernos que nos dejaron deudas cuantiosas en obras inservibles como la refinería de Talara. La realidad es peor porque la corrupción y la mafia han infectado varias instituciones. Esos mismos adalides de la democracia y la transparencia, son los que han permitido que casi todas nuestras instituciones caigan en manos de la corrupción.

Se pasaron 17 años culpando al fujimorismo de los noventas de haber destruido las instituciones. Ahora nos toca pedirles cuentas sobre la podredumbre que hay en las instituciones actuales. ¿Quién confía hoy en el Poder Judicial y el Ministerio Público? Ya ni el Tribunal Constitucional es garantía de debido proceso. ¿Qué hicieron por las instituciones del Estado en todos estos años aparte de coparlos con su gente para cuidar sus intereses?

Es hora de pedirle al progresismo y la caviarada que tengan un poquito de vergüenza y de pudor. Dejen ya de culpar de todo al fujimorismo. Dejen de engañar a los bobos. Es de cobardes escudarse en otros. Pero eso es lo que son: cobardes. 

Leer toda la mendacidad y paranoia de la izquierda en columnas y redes sociales es para terminar asqueado, pero sobre todo apenado por el triste nivel mental en que permanecen estos sectores aquejados por sus traumas y odios viscerales. Ya es hora de que apechuguen y se hagan cargo de sus corruptos. Toca ponernos atentos y exigir con indignación y rigor que la corrompida Fiscalía de la Nación se digne actuar contra la mafia, y que deje de armar sus circos contra Keiko.