viernes, 14 de febrero de 2014

Periodistas con rabo de paja


Por Juan Marcos García

La última portada de semanario del chato Hildebrandt ilustra bien el pensamiento de todos los ciudadanos de DERECHA que votamos CONTRA HUMALA pues sabíamos desde antes del 2011 lo que iba a ocurrir si es que un pelele rojete como Cosito entraba al poder: CORRUPCIÓN DESCARADA, SUBIDA DE PRECIOS, COPAMIENTO CAVIAR EN EL GOBIERNO, ENFRIAMIENTO DE LA ECONOMÍA, etc...

Entonces, ¿qué ha pasado con el chato Hildebrandt?, ¿se ha vuelto derechista?, ¿porque ahora repite como lora lo que cualquier ciudadano de derecha sabia hace años?, ¿porqué ahora ladra contra el gobierno que el apoyo con uñas, dientes, insultos y mentiras el 2011?. Lo que está claro es que si ahora tenemos este mediocre gobierno despilfarrando el dinero que tanto nos costó ahorrar en los últimos 20 años, mientras se eleva brutalmente el crimen, la inflación y se enfría la economía es ÚNICAMENTE por culpa de estos idiotas rojetes y renegados que en lugar de votar usando el cerebro, sufragaron usando el hígado y sus mas bajos instintos de odio, "racismo cobrizo", "resentimiento de clase" y simples ganas de joder al país. 

Ahora los rojetes se alucinan las victimas, se creen dueños de la indignación y piensan que las protestas sociales les pertenecen únicamente a ellos y hasta agreden violentamente a patadas a cualquier otro ciudadano que se siente indignado contra tanta corrupción, como ocurrió ayer en la protesta en la Plaza San Martín... señores, esa actitud de los rojetes se llama CONCHA y rabo de paja!




jueves, 13 de febrero de 2014

Crisis social en Venezuela



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La situación en Venezuela se torna cada día más insostenible para el gobierno de Nicolás Maduro. Por un lado tiene el crítico panorama de la economía sumida en la inflación, la baja producción, el desempleo, el endeudamiento galopante, la escasez de productos básicos, todas ellas lógicas y naturales consecuencias de la estupidez socialista, empeñada en combatir a la empresa privada y controlar los precios y las divisas. Frente a esto emerge otro panorama oscuro, pues parece ser que ya se desató el descontento social con manifestaciones abiertas en las calles. Aunque por lo pronto se trata solo de jóvenes, cabe esperar que esta ola de indignación popular crezca, sobre todo si los líderes políticos de oposición saben dirigir a las masas. 

Como era de esperar, el régimen de Maduro y toda su camarilla de empleados chavistas en los medios oficiales, no se han demorado en llamar "ultraderecha fascista" a los jóvenes que protestan hartos de vivir en un país que se hunde cada vez más en la miseria y la crisis. Maduro y sus acólitos a sueldo ya hablan de intentos de golpe y hasta han llamado a los países vecinos a defender la democracia. Incapaces de reconocer algún grado mínimo de error y concederles un ápice de razón a los jóvenes manifestantes, Maduro y sus genios chavistas tampoco han tardado en señalar la mano negra de la CIA detrás de estas protestas, una acusación que ya es casi un acto reflejo de la izquierda latnioamericana. 

De inmediato han empezado a trabajar los agentes del chavismo como la fanática Eva Golinger, editora del meloso Correo del Orinoco, y se ha puesto en marcha toda la maquinaria progresista latinoamericana para salir en defensa del régimen socialista. Los parecidos con la asonada de abril del 2002 que culminaron en el fallido golpe de Estado a Hugo Chávez son ridículos. Hoy en Venezuela casi no existe prensa libre. La única emisora independiente fue acallada de inmediato para impedir que transmita imágenes de la protesta. Hoy en Latinoamérica existe una cofradía socialista, montada por Hugo Chávez con dinero de todos los venezolanos en la época dorada de los petrodólares. Pero además, luego de la experiencia del 2002, el chavismo supo asegurarse la sobrevivencia comprando a las FFAA y convirtiéndolas en las FFAA bolivarianas, es decir, chavistas. 

No seamos ingenuos. Los únicos que pueden dar un golpe de Estado son los militares. En Venezuela esto ya es imposible porque han sido comprados por el régimen. Desde la llegada de Hugo Chávez, cerca de dos mil militares han pasado por cargos públicos. Maduro aprendió las lecciones de Hugo Chávez en todos los terrenos. Desde su llegada al poder, hace ocho meses, Maduro ha nombrado a casi 400 militares en importantes cargos del gobierno, empezando por varios ministerios. A esto hay que sumarle los miles de militares que hoy están a cargo de las miles de empresas expropiadas por el chavismo en la última década. Pero a todo esto hay que añadirle la total y absoluta corrupción que en estos días existe en la milicia chavista. La corrupción militar va desde el contrabando hasta el narcotráfico sin que nadie se atreva a investigar. 

Así las cosas es imposible pensar en un golpe en Venezuela. ¿Qué queda? La represión. Nada más. Ya han sacado a las fuerzas del orden junto a sus cuerpos de sicarios chavistas conocidos como tupamaros, lumpen que se moviliza en motocicletas con los rostros cubiertos y disparando a mansalva. Se trata solo de uno de los varios grupos chavistas formados para defender la revolución, completamente financiados por fondos públicos a manera de programas sociales. Son organizaciones sociales conformadas a imagen y semejanza de las CDR cubanas, especializadas en el espionaje barrial, la delación, el bullying y, finalmente, el asesinato. Después de todo, en estos días, la vida en Venezuela no vale nada. Un muerto más a nadie le importa. Ese es el paraíso socialista al que aspira la izquierda latinoamericana.

Es difícil creer que un grupo de jóvenes ilusos logre detener la insanía mental del chavismo. Hay más de 4 millones de personas que dependen de la generosidad del Estado bolivariano. La Venezuela chavista es un país de novela ficción, tiene de tragedia, de comedia y mucho de estupidez humana. Ese mundo de ilusión y fantasía que Hugo Chávez montó gracias a la inesperada alza del petroleo, que de 9 dólares por barril al momento de su llegada al poder trepó hasta los 180 dólares por barril, no podía sostenerse eternamente. No solo el petroleo bajó sino que el mismo Hugo Chávez sucumbió al cáncer. La fabulosa fortuna que Venezuela obtuvo en la primera década de este siglo, no gracias al socialismo chavista sino al capitalismo que elevó los precios de las materias primas, fue estúpidamente dilapidada por el fantoche de Chávez que se creyó eterno y que se ocupó más en formar su propio imperio personal que en desarrollar su nación.

Hoy Venezuela es un país paralizado, irónicamente sin reservas, empeñado a la China y Rusia, dependiente de Cuba, sumido en la inflación, el desempleo y la escasez. La sociedad está harta de las colas y de la falta de futuro. Los que pudieron se largaron del país hace rato y formaron una colonia en Miami, al igual que los cubanos y argentinos. Así como existe la pequeña Habana que empezó en Brickell y hoy se extiende ya por toda la calle 8, así como la pequeña Haití en el NE de la Second Avenue, así como se formó en la última década la pequeña Argentina en Miami Beach, hoy existe ya la pequeña Venezuela en El Doral. Estas formaciones de inmigrantes son una señal clara de la decandencia de un país. Ocurrió también con los peruanos que emigraron en la década de los 80 y llegaron a Patterson en New York. 

La reacción internacional a la crisis de Venezuela no ha sorprendido en lo más mínimo. Los huérfanos de Chávez han salido a condenar la violencia callejera y a proclamar su apoyo a la democracia, es decir, al régimen de Maduro, aunque no es lo mismo. No se puede llamar democracia a un régimen en el que el partido de gobierno, el PSUV, controla con sus militantes a todos los poderes del Estado, incluyendo el Concejo Nacional Electoral, el Ministerio Público y el Tribunal Supremo de Justicia. Claro que todos estos rasgos de la democracia chavista no llaman la atención de los demócratas latinoamericanos, quienes incluso acuden a Cuba para firmar proclamas a favor de los derechos humanos. Tampoco la izquierda peruana ha tenido un ápice de honestidad para condenar en Venezuela todos los rasgos de autoritarismo y dictadura que no se cansan de condenar en el fujimorismo. 

Las protestas callejeras en Venezuela protagonizadas por los jóvenes, al margen de cualquier liderazgo político, son la última esperanza de la verdadera democracia latinoamericana y del pueblo venezolano. Es una llama que se ha prendido y que convendría mantenerla encendida hasta que incendie la pradera. Si las fuerzas legales e ilegales del régimen chavista logran acallarlas y apagar esa flama, ya nada podrá detener la locura socialista, salvo, claro la propia realidad, cuando todo finalmente colapse.

domingo, 9 de febrero de 2014

La estupidez como ideología



Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Anoche encontré una película en el cable. Una tribu de salvajes reunidos alrededor de una hoguera. El chamán le habla a uno de los dos forasteros que han sido agasajados con un banquete tribal, y le dice que él es el salvador, el elegido, el que anuncian las profecías que llegará de muy lejos para liberar al pueblo de los espíritus del mal y conducirlo a las tierras de la libertad y la felicidad. El forastero se sorprende y duda pero la tribu se exalta de felicidad y grita de júbilo levantando sus lanzas. Suficiente para mi. Cambio de canal. 

El argumento de la liberación del pueblo por un salvador es el más trillado de la historia de la humanidad. Ya aparece en la Biblia y se sigue repitiendo hoy en el discurso y textos del progresismo latinoamericano que no dejan de hablar de la liberación de los pueblos de Latinoamérica. Los espíritus del mal son el neoliberalismo, las transnacionales, los EEUU, etc. Los salvadores del pueblo siguen apareciendo cada tanto tiempo y, a pesar de sus fracasos y miserias, siguen despertando delirio y fervor en ciertas masas idiotizadas. 

No hay pues nada nuevo en el discurso del progresismo. Se trata de la misma relamida mentalidad básica que la especie humana ha venido repitiendo y reciclando desde que empezó a pensar en función social. En el fondo de estos argumentos hay profundos temores y deseos inconscientes que se exteriorizan mediante una ideología de la liberación a manos de un salvador. Es un esquema mental sumamente elemental. No importa si alrededor de ella se tejen elaboradas justificaciones sociológicas o económicas y morales. Todo eso equivale a la misma palabrería de un chamán primitivo.

Así que cuando lean o escuchen a un progresista hablando de la liberación de los pueblos recuerden que ese es el discurso más trillado de la historia. No tiene nada de original ni es fruto de la inteligencia y sabiduría. Al contrario. Ese discurso tan solo revela una profunda pobreza mental. No en vano el progresismo es el que ha generado las mayores tasas de miseria en el siglo pasado y en el presente. No hay salvadores de la patria ni liberadores de nada. Solo hay charlatanes de izquierda tratando de aprovecharse de la ignorancia y de la estupidez de las masas.