miércoles, 15 de mayo de 2013

Otorongos gruñen al Defensor del Pueblo


En un acto sin precedentes, los otorongos han salido a gruñirle al Defensor del Pueblo, Eduardo Vega, por atreverse a afirmar que Nadine Heredia no puede ser candidata. Tanto Vitocho como Teófilo Gamarra le han dicho al Defensor que no se meta en lo que no le incumbe. Así como se lee. ¿Es esta la relación que debe mantener el Congreso de la República con la Defensoría del Pueblo? Es decir ¿es este el nivel en que deben desenvolverse las relaciones entre dos instituciones del Estado?

Hay que tener presente que el Defensor del Pueblo no ha dado una opinión. Se ha limitado a repetir lo que la ley dice. Y lo ha dicho textualmente: según la ley orgánica de elecciones la primera dama está impedida de postular. Esa no es ninguna opinión. Es lo que la ley dice. Quiere decir que los congresistas encargados de dar las leyes son los primeros en zurrarse en ellas. Así es como estamos en este país. ¡Qué nivel!

Otra cosa curiosa es que se ocupen del Defensor del Pueblo, a quien nunca le prestan atención alguna. Pero bastó que hablara de la postulación de Nadine para que todos volteen a mirarlo. Estamos ya acostumbrados a ver a la Defensoría metida en casi todos los escenarios, desde un incendio hasta un proceso electoral. Nadie sabe en realidad de qué se ocupa la Defensoría del Pueblo. Básicamente es un organismo decorativo, uno de los peores aportes que hizo la Constitución del 93 junto con la revocatoria. Pero allí está, haciendo lo que buenamente se le ocurre al Defensor, desde las estadísticas de los conflictos sociales hasta invocaciones a la buena conducta.

Resulta extraño pues que se ocupen de lo que hace o dice la Defensoría del Pueblo, ya que es tan solo una especie de costoso jarrón chino que adorna el Estado para mostrar la apariencia de país civilizado. Pero incluso esas precarias apariencias son pisoteadas sin rubor por los propios representantes del Estado, apenas choca con los intereses mezquinos de una de las peores especies de nuestra política: los trepadores, improvisados y chupamedias del Congreso de la República, a quienes solo les interesa seguir succionando la mamadera del fisco, aunque tengan que pasar por encima del Estado de Derecho y prostituir la legislación.

Latinoamérica es una región endémica en tiranos y aspirantes a dictador. Pero también lo es en arrastrados y chupamedias de la política que salen de la nada para rodear a cualquier tirano que les arroja prebendas. Y están dispuestos a todo para sostener a su amo. Son iguales en todos los países de la región. Estamos hartos de esta escoria en la política. Ya es hora de señalarlos claramente y advertirles que no los dejaremos actuar. Los tiranos y dictadores son tan despreciables como esa lacra de adulones y parásitos que son su sustento político en el Congreso y otras instituciones, incluyendo algunos medios.

martes, 14 de mayo de 2013

Guatemala: linchamiento del siglo.


Por José Raúl González Merlo/Prensa Libre

El resultado del “juicio del siglo” fue el esperado. El general Ríos Montt fue condenado sumariamente en primera instancia. Los titulares le dieron la vuelta al mundo: los guatemaltecos somos, por el momento, genocidas. Los más ingenuos todavía creen que ahora sí ya nos podemos reconciliar. Quizás lo creen porque no han leído lo que está proponiendo ahora el Movimiento Sindical Indígena y Campesino en su comunicado alusivo a la condena. Entre otras cosas, solicitan al MP que “se deduzcan responsabilidades hacia aquellos que se beneficiaron económicamente de estos hechos delictivos”.


Para los que se sienten triunfadores, está claro que uno no se “reconcilia” desde una posición de ventaja; al contrario, es el momento para seguir lucrando del conflicto y terminar de ganar la guerra por los mismos medios.

Así que el “juicio del siglo” ha servido menos para la paz y más como punto de apoyo a un nuevo conflicto. Peor aún, el juicio más relevante de nuestra historia, el que “ponía a prueba el sistema de justicia”, se condujo a toda velocidad y “saltándose las trancas” legales, como se dice en buen chapín. Y cuando, finalmente, fue el turno del general para exponer su propia defensa, el tribunal hasta le impidió auxiliarse con documentos escritos. Tenía que dar su declaración “de memoria” —como le ordenó la jueza—.

Ningún abogado me ha logrado explicar, todavía, la base legal para que a un acusado de 87 años se le niegue el auxilio de documentos escritos durante su defensa y se le obligue a declarar “de memoria”. Un pequeño detalle que representa, tan solo, la punta del iceberg de múltiples violaciones al derecho de defensa del procesado. Fue demasiado evidente que el tribunal necesitaba entregar esta condena a como diera lugar. Era la noticia que le daría la vuelta al mundo el fin de semana y que catapultaría la fama de los involucrados. Las arbitrariedades del proceso quedarían opacadas por tan espectacular condena. Sin embargo, ellas son tan evidentes que el fallo podría anularse en segunda instancia. Pero la apelación no provocará tanto interés mediático. En todo caso, ahora, serán los fiscales quienes buscarán retrasar el proceso. Se cambiarán los roles y esas tácticas dilatorias no serán “espurias” a los ojos de la “comunidad internacional” y de los “defensores de derechos humanos”.

Estando así las cosas, el “juicio del siglo” finalizó con el mismo cinismo con el que fue conducido por el tribunal durante poco más de un mes. De acuerdo con la nota de el Periódico, luego de leída la sentencia, la porra comenzó a cantar y “al finalizar la canción alguien pidió con un grito una ovación para la jueza Barrios, que, emocionada, alzó los brazos en señal de agradecimiento por los aplausos... se sentó, encendió su micrófono, y pidió que se llevaran al acusado, que, ya en calidad de detenido, fue trasladado al Cuartel de Matamoros”. A esas alturas del partido, ya no era necesario fingir imparcialidad o profesionalismo, y la emoción traicionó a la juzgadora. Un vergonzoso epitafio para el linchamiento del siglo.

Asi es como procede la progresia una vez infiltrada en el Estado. Toman control del Poder Judicial y todas sus ramificaciones para vengar a sus camaradas (terroristas) pues el animo de buscar justicia pasa a un segundo termino. En Peru existen ONGes que tienen el control de jueces, fiscales y politicos para mandar encarcelar a peruanos que lucharon contra Sendero Luminoso y MRTA. Otra abyecta estrategia es la eterna judicializacion de los casos como hoy lo padece nuestro compatriota el honesto Gral Juan Rivero Lazo.  

Cuando un rojo opina


Cada vez que escucho opinar a un izquierdista me convenzo más de que la izquierda es el sector donde los locos tratan de hacer política. No importa cuán instruidos sean. No importa cuánta trayectoria tengan. No importa si hablan o escriben con solvencia. Hay incluso en sus opiniones una extraña versación y un empleo recargado de conceptos que actúa como anestésico mental para no advertir la profunda estupidez de sus enunciados. La estupidez no significa falta de lógica sino de criterio. 

Los estúpidos pueden llegar a mostrar una lógica aplastante pero muy escaso criterio, en especial para manejar todos los elementos de una compleja realidad. Un típico idiota de izquierda se concentra en espacios específicos y en argumentos que apelan a sentimientos antes que a la necesaria relación acción-reacción. Se empeñan en ignorar experiencias pasadas y evidencias presentes. Prefieren escamotear la realidad apelando a conceptos abstractos tales como dignidad, justicia, equidad, nacionalismo, etc. Vaguedades que nadie sería capaz de conceptualizar pero que estimulan las emociones y permite ganar rápidas y fáciles adesiones.

Así es como se construye el discurso de izquierda. En estos días los comentaristas de izquierda no dejan de lamentar el retroceso del gobierno en la intención de comprar Repsol. Cada vez odian más a Nadine, a quien señalan como una especie de Rasputín que domina al presidente impidiendo que este asuma sus compromisos electorales "por el cambio". La acusan de ser una pieza de la CONFIEP, una emisaria de la derecha enquistada en Palacio que vigila a Ollanta Humala para que no se atreva a salirse del "libreto de la derecha".

Otros, como el charlatán de Harvard, Steven Levitsky, apelan a fantasmas tales como el "consenso de Lima" para explicar el supuesto sometimiento del presidente al programa de PPK. Ahora Levitsky es el oráculo de la izquierda criolla. Levantan su perfil académico para imponer sus opiniones como la de un iluminado ante el cual solo cabe agachar la cabeza y acatar sus ideas. Se olvidan que acá tenemos muchos opinantes egresados de Harvard, como Augusto Alvarez Ródrich y profesores de Harvard como Alejandro Toledo, que han opinado en sentido contrario. El título no hace al sabio. 

César Hildebrandt llega incluso a despotricar contra "la prensa de derecha" y el "pensamiento aberrante" de Cayetana Aljovín y Raúl Vargas, emisarios de los grupos de poder. Todos ellos jugarían a favor de los chilenos y del grupo Romero. No quieren que el Estado imponga un "equilibrio en el mercado" porque no les importan los intereses del pueblo sino tan solo los de sus amigos poderosos. Hay pues una confabulación contra la justicia.

Esa es la lógica típica de izquierda. Hay confabulaciones misteriosas, entes espectrales, personajes nefastos que actúan para que no se produzcan "los cambios que el país necesita". Por supuesto, se refieren al modelo chavista que ha llevado a la inmensamente rica Venezuela a una situación de calamidad social, económica y política. El mismo modelo que ha convertido a Argentina en una cleptocracia populista que asfixia y empobrece a una sociedad culta y bien educada, mientras trata de ahogar la libertad de prensa y manipular la justicia, con experimentos irresponsables como esos que les encanta llevar a cabo a los progresistas.

No importa cuánto apelen los opinólogos de la izquierda a sus ansias de cambios en busca de sus ilusas metas idealistas, a sus conceptos extraños, a sus muy nobles sentimientos, a su encendida emocionalidad patriotera. Eso les da apenas una apariencia de sensatez superficial, inmediata y cursi. En el fondo lo que sustenta esas opiniones indignadas y resentidas de la izquierda contra un mundo que no les obedece es tan solo una permanente e inmensa estupidez, muy típica de la progresía, el rojerío y la izquierda toda.