Mostrando entradas con la etiqueta lugar de la memoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lugar de la memoria. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de mayo de 2018

Memoria y engaño


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Una vez más pillamos al progresismo en posición adelantada. Esta vez, para variar, en el museo del terrorismo cursimente llamado por la caviarada "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social" (LUM), donde una guía explicaba todo sobre el "terrorismo de Estado" contando cuentos como que las Fuerzas Armadas habían masacrado campesinos en Uchuracay, además de exigir que los terroristas ya deberían ser liberados por el exceso de carcelería y que Abimael Guzmán también merece un indulto porque está anciano y enfermo, entre otras perlas del más puro progresismo pro terruco.

La guía del LUM fue filmada por el general en retiro y congresista Edwin Donayre, quien ahora está siendo hostigado por las jaurías del rojerío y del progresismo webero. En lugar de indignarse por la tira de mentiras que repite la guía del LUM, el progretariado está indignado por la forma en que el general Donayre la puso en evidencia. Si serán de frescos estos pro terrucos.

Nadie debería sorprenderse de lo que hemos visto. En realidad para eso es que fue creado el LUM, siguiendo el pensamiento guía de la CVR. Todo es parte del plan maestro caviar puesto en marcha para lavarle la cara a la izquierda y convertir al Estado y al gobierno de Fujimori en terroristas. De eso trata el informe de la CVR y los planes posteriores a ese informe buscan asegurar esta visión. Para eso es que fue requerido el Lugar de la Memoria. De hecho, desde la creación del LUM se exige que todo el contenido siga la perspectiva de la CVR. 

Desgraciadamente los políticos que siguieron al toledato nada hicieron por cambiar esa situación. En la época de Alan García hubo amplia complacencia con la caviarada, al punto de que le crearon como regalo los ministerios de Cultura y Ambiente. Luego vino la era de Ollanta y los caviares ganaron más poder copando todos los ministerios. Desde el Congreso el fujimorismo nunca fue capaz de dar la batalla ideológica. Al contrario, Keyko se caviarizó para postular a la presidencia. Frente a este panorama, la caviarada simplemente afianzó su predominio en todos los escenarios, y muy en especial en aquellos espacios destinados a fortalecer la visión caviar de la historia, como el Ministerio de Educación y el de Cultura, a la que pertenece el LUM.

Desde un punto de vista racional y objetivo, carecía de sentido montar el circo del LUM. ¿Para qué crear un santuario destinado a recordar la época más dolorosa de nuestra historia? El verdadero propósito encubierto de la izquierda es glorificar sus hechos. Nadie les explica a los jóvenes que tras la derrota de Sendero Luminoso, la izquierda trazó una nueva estrategia post conflicto, basado en el mantenimiento de la guerra política e ideológica, junto a la batalla legal contra el enemigo, que siempre siguió siendo el Estado y el gobierno de Fujimori. 

Si bien la izquierda fue derrotada militarmente, nunca renunciaron a la guerra política. ideológica y legal. Por eso crearon varios frentes. Primero las ONG de izquierda como IDL, Aprodeh y la CNDDHH se concentraron en la batalla legal enjuiciando a todos los militares y funcionarios del régimen de Fujimori por todas las causas posibles, apelando a su aliada la CIDH, a sabiendas que el Estado peruano no se iba a defender, pues el Ministerio de Justicia ya había sido tomado desde los días de Toledo, cuando Diego García Sayán se hizo cargo. Por eso el Estado perdía todos los casos en la CIDH y se dedicó a resarcir terroristas sin objeciones, como fue el caso de la familia Huilca, cuyo padre fue asesinado por Sendero Luminoso pero lo hicieron pasar como víctima del Estado.

La batalla política se dio mediante los frentes de defensa dedicados a combatir la minería, el principal recurso económico del país. Si antes los terroristas de Sendero Luminoso se dedicaron a derribar torres de alta tensión y sabotear las instalaciones productivas tratando de poner en jaque la economía del país, sus continuadores fueron los antimineros que se ocuparon de la tarea de sabotear la principal  fuente de ingresos del país, para cortarle la racha de crecimiento. El otro frente político se organizó alrededor de Ollanta Humala con dinero del Foro de Sao Paulo ante la muerte de Chávez.

Pero la guerra ideológica de la izquierda fue aun más fina. En realidad nunca dejó de adoctrinar a los jóvenes en las escuelas a cargo del Sutep, y en las universidades a cargo de profesores marxistas. La captura del Ministerio de Educación fue muy importante para introducir los cambios requeridos en el currículo escolar, contando la historia según la CVR y privilegiando autores de izquierda como referentes de lectura obligada. Esa tarea fue emprendida muy temprano, cuando el rojo Nicolás Lynch fue hecho ministro de Educación por el pusilánime Toledo, quien les regaló el país a la izquierda. 

Nadie en los partidos de derecha (si es que existen) se preocupó de hacer frente a esta arremetida de la izquierda. Se quedaron estúpidamente enfocados en el terrorismo de Sendero Luminoso y en el cargamontón a los viejos terroristas ya conocidos y presos. Nunca vieron más allá. Nunca se percataron de la infiltración caviar ni del cambio de estrategia de la izquierda. Tan inocentes fueron que hasta posaron en el Ojo que Llora y aplaudieron el Lugar de la Memoria. Y es que a los políticos les gana el afán de la pose correcta. Son los tontos útiles del neo terrorismo del siglo XXI.

La izquierda no ha cambiado ideológicamente. Siguen siendo los mismos, aunque hayan dejado de lado la guerra popular y la lucha armada, tal como lo planteaban el siglo pasado. No han renunciado a la violencia y la practican en sus asonadas regionales contra la minería. También en sus marchas por la ciudad los vemos mezclándose con terroristas y causando desmanes, aunque siempre salen con su típica excusa de los "infiltrados". Y hasta tienen el cuajo de culpar a la policía. Es el mismo cuento de siempre. La izquierda no cree en el sistema y busca su destrucción. Han dejado el terrorismo como acción pero su lucha ideológica pasa siempre por reivindicar su pasado violento, lavarle la cara a la izquierda y culpar de todo al Estado y a Fujimori. Tienen su chivo expiatorio y la historia oficial de la CVR. 

La gran pregunta es si los partidos de derecha existen y si están dispuestos a enfrentar la guerra política, ideológica y legal contra la izquierda pro terruca, que hasta ahora sigue copando más espacios en el Estado y ganando más fuerza en los medios. Hagamos algo. Al menos despertemos.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Un sueño caviar hecho realidad


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Al fin se inauguró el Museo de la Memoria, el largo sueño acariciado por la caviarada limeña para coronar su delirante aventura violentista gestada hace casi medio siglo. Claro que los ñaños no han podido sustraerse a sus debilidades y, sucumbiendo a su innata cursilería progre, le han puesto el sonoro y huachafo nombrecito de "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social". El genio detrás del proyecto es el mismo personaje maquiavélico que armó la Comisión de la Verdad y Reconciliación, es decir, el inefable Diego García-Sayán, capo de las oenegés caviares y experto en el arte de chupar sangre de fundaciones extranjeras y del Estado peruano. 

Con esta obra culmina la historia de la violencia desatada por una plaga de iluminados jovencitos miraflorinos que, allá por los años 60 del siglo pasado, decidieron hacerse guerrilleros como el Che. Se trataba de chicos bien, de buena familia, de cómoda posición económica, de buenos colegios religiosos y estudiantes de la PUCP, como no podía ser de otra manera, y todos con rancio abolengo y apellidos fichos y compuestos que se remontan hasta la Colonia. Ellos formaron Vanguardia Revolucionaria en 1965, cuando ya el MIR y el ELN desataban la violencia en la sierra. Fue una de las primeras cloacas de izquierda donde empezaría a aflorar el hedor de la muerte.

La violencia política vivida en el Perú en el último tercio del siglo pasado no fue producto de la lucha de clases ni se originó entre los pobres, los obreros o los campesinos; no fue originada por la pobreza ni la exclusión ni nada de eso que luego han puesto como pretexto los caviares. Nada de eso. La violencia política fue un proyecto llevado a cabo por una clase dirigencial de alto rango social. La mayoría de estos dirigentes eran de Miraflores y no de las barriadas. Se les conocía como maomiraflorinos y se podían dar el lujo de vivir sin trabajar, dedicados a la acción política, artística o "intelectual". Eran los eternos agitadores de masas en las universidades y predicadores del odio de clase. Se pasaron los años 70 destruyendo la universidad peruana que quedó convertida en centro de adoctrinamiento comunista y de entrenamiento guerrillero. Allí se preparaban los petardos que hacían estallar en las marchas de protesta contra el gobierno militar y sus paquetazos. 

Así nació Sendero Luminoso, como una afloración bacterial de la izquierda delirante infecto contagiosa. Se separó de Patria Roja, que a su vez se había separado del Partido Comunista cuando se dividieron entre soviéticos y pekineses. En el manicomio de izquierda había toda clase de dementes, pero todos deliraban con la lucha armada, la toma del poder por las armas y la dictadura del proletariado. Así fue que Sendero Luminoso pasó del discurso a la acción. Más tarde se sumaría el MRTA. Entonces la sangre empezó a correr por los Andes con campesinos masacrados, también por las calles de Lima con policías, autoridades y empresarios asesinados. Esa era la gran revolución de la izquierda.

¿Qué hizo la izquierda frente a la violencia desatada? Unos callaron y otros la justificaron. Fundaron rápidamente sus ONGs de DDHH para defender a los terroristas caídos. Así apareció APRODEH como brazo legal del MRTA que intimidaba a los jueces. Más tarde se juntarían varias de estas oenegés para formar el frente único de oenegés pro terrucas, la hoy famosa Coordinadora Nacional de DDHH, cuya última hazaña fue defender al terrorista Tito y denunciar a los comandos Chavín de Huántar. 

Tras la derrota del terrorismo la izquierda se quedó aturdida. Prácticamente desaparecieron durante los años 90 y sus representantes no sacaban ni el 1% en las elecciones. Tuvieron que esperar la caída de Fujimori para reaparecer de sus sombras. Y lo hicieron disfrazados de defensores de DDHH, por un lado, y predicadores de la ética política, por otro. Se sumaron a la histeria antifujnimorista y la convirtieron en nueva forma de lucha política. El pelele de Paniagua les abrió las puertas a los caviares de la PUCP y estos tomaron por asalto el Estado. Diego García-Sayán no perdió ni un solo día para organizar el circo de la Comisión de la Verdad de inmediato. Ya tenía su ONG dedicada justo a eso, y solo tuvo que llamar a sus amigotes rojos de los buenos tiempos. 

El proyecto caviar fue lavarle la cara a la izquierda peruana. Eso fue lo que hizo la CVR: justificó la violencia por la pobreza, escondió el terrorismo llamándolo "conflicto armado", no llama terrorista ni al PCP-SL ni al MRTA. Más bien los trata como partidos políticos. Equiparó las muertes de los grupos terroristas con las FFAA, responsabilizó al Estado y a Fujimori y declaró que para una "auténtica reconciliación" debía castigarse a Fujimori y los militares, "reparar" a las víctimas y hacer un museo que glorifique la hazaña redentora de la izquierda justiciera. Bueno, más o menos así. El punto es que los dementes que desataron la orgía de sangre en los 70, ahora aparecían como defensores de la ética y de los DDHH y ¡hasta de la democracia! 

Si el informe de la CVR cuenta la historia como a la izquierda le conviene, el Lugar de la Memoria corona perfectamente -y en el distrito más adecuado- la aventura diabólica de los chicos bien del progresismo caviar miraflorino. La izquierda setentera que soñaba con la guerra popular maoista desde sus cádillacs y casas de playa, desde sus oficinas y salones de la PUCP, ya tiene su museo. Habrá que ir a ver si los señoritos que soñaban con ser el Che figuran en alguna fotografía con el brazo en alto y el puño cerrado, que era como les gustaba posar en sus tiempos mozos. Sin duda habrá más de uno. Algunos ya no están vivos pero otros irán, sin duda, a buscar su perfil en alguna fotografía en blanco y negro, recordando sus delirios revolucionarios. 

Ese museo debería ser en realidad un lugar para recordar a una generación de enfermos mentales, intoxicados con una ideología de odio y muerte, que desangró al país. Que quede claro que la violencia fue obra de la izquierda, y que todo el costo de esa violencia debe ser asumido por quienes lo promovieron. Que no nos engañen.

miércoles, 12 de agosto de 2015

La huachafería de la memoria progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El llamado "Lugar de la Memoria" es un caprichito que la caviarada ha decidido imponerle a todo el Perú a la mala. Para ello han malgastado varios millones del tesoro público porque su donación alemana no les alcanzó. Conocemos bien la pasión de la izquierda por desperdiciar el dinero público en banalidades y estupideces, en especial cuando se trata de cuadros, monumentos y ceremonias de alto contenido simbólico. Por ejemplo, esta huachafería progre se llama exactamente "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social". ¿No es conmovedor?

Y es que el cerebro de un izquierdista es atraído por esta clase de simbolismos ridículos como las moscas por un mojón. Los progres son expertos en actividades improductivas, rimbombantes y exhibicionistas, son adictos a tejer chalinas de la esperanza, lavar banderas, hacer vigilias, marchar con pancartas y consignas, danzar con coreografía cursi y hacer teatros con escenografía donde se lucen sus líderes y símbolos. Las huestes de Sendero Luminoso llevaron todo esto a niveles cinematográficos en la cárcel de Canto Grande. Es una debilidad de izquierda.

El "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social" es otro de estos adefecios cojudos que la caviarada y la progrería añoran hasta el clímax. El problema es que, aparte de costar dinero público, se pretende, según afirma la cucufatería de la memoria, "recordar a las víctimas de la violencia". ¿Hace falta eso? Yo recuerdo perfectamente a mis parientes y amigos asesinados por Sendero Luminoso. Mi familia no necesita que la caviarada haga un museo para recordarlos. La parroquia del barrio celebra oficios en memoria de los sacerdotes caídos a manos de Sendero Luminoso. Los pueblos hacen romerías en sus fechas especiales. En suma, nadie necesita un espantajo de la memoria caviar para recordar a sus víctimas.

Aunque es tarde para impedirlo, pues está casi terminado, solo falta llenarlo. No debemos permanecer callados o indiferentes a lo que se haga en este lugar. Más que recordar víctimas, lo que este museo debería hacer -si se quiere que sirva para algo útil- es comunicar a la sociedad cuál fue el origen de esa época demencial del terrorismo izquierdista. Allí deben mostrarse las imágenes de la UNMSM y otras universidades nacionales que fueron el origen del terrorismo, donde se manipulaba la mente de los jóvenes con mensajes de justicia social. Deben mostrarse documentos y arengas de la izquierda peruana que en su totalidad instaba a la guerra popular y a la toma del poder por la violencia. Hay que mostrar a todos esos líderes históricos de la izquierda con el puño en alto.

Si de algo puede servir este mamarracho de museo debería ser para enseñar a la sociedad que el Perú fue víctima de la enfermedad mental del izquierdismo, demencia que adquirió la forma de una ideología perversa y criminal que justificaba la violencia como método político. Todavía hoy lo siguen haciendo cuando apoyan los paros violentistas con tomas de carretera y vandalismo. No han cambiado. Esa ideología debe ser claramente identificada. No es solo el Movadef. Se trata del marxismo camuflado que fue la fuente de la mayor parte de la violencia desatada en el siglo XX en todo el mundo. El Perú solo fue un anexo triste de esa hecatombe mundial que fue la izquierda marxista. Eso debe quedar claro. Si eso no es lo que se muestra en ese museo de "la memoria" es porque se trata de otra estafa del progresismo manipulador de mentes incautas y débiles.

viernes, 17 de julio de 2015

La mala memoria progresista


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Si hay algo que identifica al progresismo como una marca universal es su delirio retórico sazonado con altas dosis de sensiblería. En el progresismo, el idioma es el ingrediente principal para edificar las más alucinadas fantasías, dentro de una cursulería pegajosa. Antes que ocuparse del mundo real acaban exponiendo sus utopías o traumas, reducidos a una serie de conceptos idílicos, constructos idealizados y eufemismos ridículos sostenidos con un lenguaje lleno de amaneramientos. La primera víctima del progresismo es el idioma, y por consecuencia natural, la razón. Desde luego, la verdad es algo que les tiene sin cuidado. Ellos nunca permiten que una verdad arruine sus encantadores mitos. 

Gracias a esa incontenible capacidad de discurseo florido, el progresismo logra posicionarse en los medios imponiendo sus propuestas, las que, pese a su absoluta inutilidad y falta de sentido, acaban convertidas en necesidades vitales para la identidad nacional, la conciencia social o alguna ignota chuchería ideológica de las muchas que adornan el universo progresista. Una de esas estrambóticas propuestas banales es el "Museo de la memoria", capricho obsesivo de izquierda para consolidar la hazaña perpetrada por la CVR sobre lo que llaman con candor: el "conflicto armado interno".

El mamarracho de la memoria fue dejado de lado sutilmente por el gobierno de Alan García, pero la maquinaria progresista se activó con habilidad hasta la majadería. Sus contactos hicieron posible que el gobierno alemán donara una cantidad suficiente para su construcción. Luego apareció el alcalde babieca de Miraflores posando como los viejos maomiraflorinos setenteros y ofreció un terreno. El resto salió del empeño de progres y caviares como Diego García Sayán, promotor de la CVR. Para coronar el esfuerzo con un toque fino de retórica progre se decidió llamarlo "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social". ¿No es fino? ja ja ja

¿Cuál es la necesidad de este mamarracho? Nadie lo sabe. La respuesta progre es tan ininteligible como ridícula: "tener un espacio que permita la reflexión". El debate que suscitó desde el principio el proyecto sigue en pie: ¿qué se pretende exponer allí? Demasiado edificio para solo exponer fotos. Seguramente acabará convertido en un santuario progresista dedicado a la apología de la lucha armada revolucionaria, que es como se vendió la idea del terrorismo a los jóvenes en los 70, con patéticas estatuas del Che convertido en dios de la justicia social. ¿O acaso no siguen idolatrando a ese asesino de masas que ayudó a instalarse a la dictadura de los Castro en Cuba hace 55 años? El relato que la CVR trató de venderle a los peruanos felizmente quedó desacreditado, ya no sirve para nada, pero este museo puede ser la trampa. No sería raro que termine como las cárceles tomadas por Sendero Luminoso, es decir, como cuartel general del progresismo encargado de limpiar la memoria de los terroristas, como ya ocurrió en Argentina, donde hoy se pasean impunemente, luego de volver del exilio dorado, para dar conferencias de prensa por las que cobran más que Maradona. Los terroristas de ayer hoy son mega estrellas.

Hay que estar atentos para que la izquierda no nos tome desprevenidos. El relato de la CVR siempre será un peligro para los jóvenes del futuro porque nunca llaman terroristas a los criminales del PCP-SL o MRTA, y las causas de sus acciones han sido recubiertas mañosamente con razones altruistas como la pobreza y la marginación. Para la CVR el principal enemigo del Perú no es Abimael Guzmán sino Alberto Fujimori, a quien dedican los peores epítetos. El mayor violador de DDHH es el Estado, y la reconciliación pasa por el "juicio justo" a los terroristas, el encarcelamiento de los militares y, por supuesto, de Fujimori, más el pago de suculentas reparaciones. Ya han cumplido con gran parte de sus metas. Solo les falta montar el museo de los terrucos. ¿Para qué? ¿En serio es "para reflexionar"? Ya pues...

Dando pasitos cortos, la izquierda pro terruca argentina ha conseguido incluso montar su propia Universidad. Las organizaciones de DDHH son el mascarón de proa de la ex izquierda terrorista argentina. En el Perú, los viejos predicadores de la lucha armada han dejado sus discursos originales gracias a la pasividad y estupidez de los políticos de hoy, dedicados a posar para la foto apoyando las causas bobas de izquierda. Esto les permiten adelantar posiciones y ganar influencia en el aparato del Estado, sin necesidad de apelar a la violencia. Hoy son asesores estrella, lideres agitadores y hasta ganan votos. Si nos dejamos tomar el pelo con la retórica chapucera de la memoria, que no nos llame la atención que un ex terrorista recién liberado aparezca como outsider en cualquier momento.

martes, 27 de mayo de 2014

El mamarracho de la memoria


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Inminente inauguración del Museo de la Memoria, capricho caviar que es como la cereza del pastel horneado por Diego García Sayán, cuya máxima obra fue la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Se trata de un sueño de la caviarada oenegienta hecho realidad. Y ya que solo tiene fotos para mostrar, ha sido rebautizado con el candoroso nombrecito de "Lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusión social". O sea, una especie de paraíso progre donde veremos desfilar obritas de teatro vanguardista, grupos folclóricos que al son de las zampoñas cantarán "Flor de retama", escritores presentando sus mamotretos elevados a la categoría de estudio social, etc.

Las dudas acerca de su naturaleza y contenidos han sido permanentes y nunca bien respondidas. Tampoco se ha sabido explicar su necesidad. Todo lo que hemos escuchado de su directora ha sido la acostumbrada cháchara progre: "El lugar de la memoria, la tolerancia y la inclusión social es un espacio de convergencia donde el Estado tiende puentes a la sociedad, y en donde la gente de toda raza, color y origen puede encontrarse y empezar a generar nuevos tejidos sociales que lleven a una reconciliación". ¿Qué es toda esa palabrería en el mundo real? Nada. Humo en el aire.

Difícil saber cuál será finalmente la suerte de este mamarracho que más allá de contener un venerado espacio para la Comisión de la Verdad y Reconciliación, no garantiza nada más. Nadie ha sabido explicar para qué sirve. A menos que se crean la cantaleta idiota de "para que no se repita". La muestra dice que contiene los hechos desde 1980 al 2000. Aunque ya sabemos que se concentrarán en los 90. Eso quiere decir que nadie sabrá la verdad porque las causas de los hechos que se inician en 1980 están más atrás, en los 70 y antes. Algo que la izquierda no quiere contar. Pero el pueblo peruano merece toda la verdad. No se le puede esconder el origen de la violencia de izquierda, la ideología totalitaria que los partidos de izquierda predicaban, su programa político de lucha armada, sus financiamientos internacionales, sus estrategias de infiltración en el Estado, sus tácticas de defensa legal llegando a formar ONGs de DDHH, etc. Pero no. Nada de esto será visto ni conocido, como tampoco fue contado por la CVR.

El mamarracho de la memoria, al igual de la CVR, mostrará que el Estado fue un agente terrorista, que las FFAA son responsables de casi la mitad de los muertos y está lleno de violadores de mujeres. Seguirá sosteniendo que el conflicto armado tuvo su origen en la miseria, la marginalidad y la exclusión de amplios sectores, y que los grupos alzados en armas se basaban en una larga tradición caudillista peruana. Así es como la verdad histórica ha sido enterrada para siempre ocultándole la cara tenebrosa a la izquierda peruana nutrida en el marxismo, lenninismo y el maoismo, verdadero virus mental que no solo provocó muertes en el Perú sino en toda Latinoamérica. 

Lo que no se puede negar es que la nueva izquierda del siglo XXI ha aprendido no solo a escamotear la verdad histórica sino a hacer buenos negocios. En lugar de las docenas de partiduchos de los 70 liderados por lunáticos barbudos gritando por las calles contra el imperialismo, hoy tenemos ONGs a cargo de finos ejecutivos de terno y corbata que recorren en avión varios países en busca de negocios y de fondos. Son expertos en conseguir recursos públicos bajo el rubro de asesorías y fondos internacionales para proyectos vistosos como el Lugar de la Memoria, la tolerancia y la inclusión social. Ya no piensan tomar el poder a balazos porque ya están en el poder disfrazados de asesores. Ya no hablan de lucha armada sino de paz, tolerancia e inclusión. ¿Y quién responderá por las 69 mil víctimas de la demencia zurda?

viernes, 9 de agosto de 2013

La memoria caviar


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El llamado "Lugar de la Memoria" es un caprichito que la caviarada quiere imponerle a todo el Perú a la mala. Para ello acaban de solicitarle tres millones de soles más al Ejecutivo. Conocemos bien la pasión de la izquierda por desperdiciar el dinero público en banalidades y estupideces, en especial si se trata de gestos y palabras de alto contenido simbólico. Por ejemplo, esta huachafería progre se llama exactamente "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social". Conmovedor.

Y es que el cerebro de un izquierdista es atraído en torno a estos simbolismos inútiles y estúpidos como moscas por un pastel. Son expertos en actividades improductivas pero rimbombantes y exhibicionistas, adictos a tejer chalinas de la esperanza, lavar banderas, hacer vigilias, marchar con pancartas y consignas coreadas en medio de una escenografía y coreografía que las huestes de Sendero Luminoso llevaron a niveles cinematográficos.

El "Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social" es otro de estos adefecios cojudos que la caviarada añora hasta el clímax. El problema es que, aparte de costar dinero público, se pretende, según afirman los cucufatos, "recordar a las víctimas de la violencia". ¿Hace falta eso? Yo recuerdo perfectamente a mis parientes y amigos asesinados por Sendero Luminoso. Mi familia no necesita que la caviarada haga un museo para recordarlos. La parroquia del barrio celebra oficios en memoria de los sacerdotes caídos a manos de Sendero Luminoso. Los pueblos hacen romerías en sus fechas especiales. En suma, nadie necesita un espantajo de la memoria caviar para recordar a sus víctimas.

Aunque es tarde para impedirlo, pues está casi terminado, sin embargo falta llenarlo. No debemos permanecer callados o indiferentes a lo que se haga en este lugar. Más que recordar víctimas, lo que este museo debería hacer -si se quiere que serva para algo útil- es comunicar a la sociedad cuál fue el origen de esa época demencial. Allí deben mostrarse las imágenes de la UNMSM y otras universidades nacionales que fueron el foco del terrorismo. Deben mostrarse documentos y arengas de la izquierda peruana que en su totalidad instaba a la guerra popular y a la toma del poder por la violencia. 

Si de algo puede servir este museo debería ser para enseñar a la sociedad que el Perú fue víctima de una enfermedad mental que adquirió la forma de una ideología perversa y criminal, que justificaba y alentaba la violencia como método político. Esa ideología debe ser claramente identificada: marxismo. Esa fue la fuente de la mayor parte de la violencia desatada en el siglo XX en todo el mundo, sin contar las guerras. El Perú solo fue un anexo triste de esa hecatombe mundial que fue la izquierda marxista. Eso debe quedar claro.