viernes, 14 de junio de 2013

El "perro muerto" como política de Estado


Por: Miguel Santillana

Me alcanzaron una reciente sentencia del Tribunal Constitucional sobre el pago de una expropiación. Los políticos piensan que disponiendo de los activos y patrimonio de las personas se puede lograr la ansiada "justicia social". Ser un Estado "Robin Hood" es la solución a nuestro subdesarrollo (¿no será parte de la explicación?). Es fácil disponer del patrimonio de "otros" y repartirlo cual limosna salvadora. ¿Qué hacemos cuando ya no haya más que expropiar? Este concepto va de la mano con el refrán "ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón"; claro como si fuéramos una sociedad de cacos (¿o sí?).

Hemos probado y fracasado en varios intentos "justicieros". Por supuesto, son las siguientes generaciones las que pagan por la majadería llena de testosterona patriotera pero poco cerebro. A diferencia de la confiscación, la expropiación implica un pago por el bien dispuesto por el Estado (se acepta el concepto en la Constitución en función del "bien común", pero previo pago de un justiprecio; no hay expropiación para favorecer a privados). Lo fabuloso y contradictorio del Perú es que las expropiaciones se pagan al capital extranjero y no al capital nacional. Casi todos los que aplican la expropiación redistributiva son "antiimperialistas" de discurso.

La administración pública es ineficiente inclusive para expropiar. En el caso que revisé, se inicia un proceso de expropiación de la planta pesquera en 1970, pero este proceso no culmina. El empresario logra que le devuelvan la planta, pero la administración pública la había deteriorado. El Estado dijo que asumía el costo de las reparaciones del bien con un pago en efectivo.

¿Qué bien, no? El vía crucis para los empresarios peruanos es cobrarle al Estado. Se tuvo que recurrir al Poder Judicial y la sentencia insiste en el pago al contado... pero de intis ¿Quién hace cumplir la sentencia? Nadie. El tiempo pasa y no importa. ¿Quién asume los intereses y moras? Nadie.

Se planteó que el pago se haga en US$ en la creencia que la moneda de EE.UU. mantiene su valor en el tiempo. Error. También hay inflación en EE.UU. En principio los funcionarios públicos no pueden dejar de aplicar el Índice de Precios al Consumidor (IPC) para actualizar las obligaciones pendientes de pago (Ver DL 502 del 30 de noviembre de 1988, Art N°10) tal es así que el propio Estado lo utiliza para actualizar la Unidad impositiva Tributaria (UIT, creada por DL 510 de febrero 1989); es un índice oficial y de valor legal. Aplicar otro índice puede resultar una violación a la ley. Recién en noviembre del 2009 se diferencia el IPC nacional del IPC de Lima Metropolitana mediante Ley N°29438.

Otro error es la idea de hacer un simple cambio de moneda, por ejemplo a dólares, intentando mantener el valor constante de la moneda. Se puede hacer el cambio de moneda, pero también hay que aplicarle el Consumers Price Index (CPI) de EE.UU., equivalente de nuestro IPC, por el tiempo transcurrido.

Los del Fonavi lograron hasta un referéndum, pero les han hecho el avión de nuevo. Ni qué decir de los bonistas de la Reforma Agraria. Hay que ser extranjero para que el Estado peruano te pague. El perro muerto como política de Estado. ¿Es parte del Acuerdo Nacional?

jueves, 13 de junio de 2013

Un chasco para el progresismo mundial


Por: Edurne Uriarte (ABC)

Iba para gran escándalo mediático y político y se ha quedado en chasco. Los periódicos europeos comenzaron la semana con grandes titulares sobre el “escándalo del espionaje masivo” de Obama. Se referían a las revelaciones del exempleado de la CIA, Edward Snowden, sobre unos programas secretos de espionaje a través de los cuales las comunicaciones de cualquier ciudadano pueden ser intervenidas si existe la más mínima sospecha sobre él.

El País, por ejemplo, tituló ayer que “el escándalo del espionaje masivo pone contra las cuerdas a Obama”. Y hoy que “Europa admite su indefensión ante el espionaje masivo de EEUU”, rebajando su escándalo de ayer, de Estados Unidos, la supuesta víctima, a Europa.

Y es que, además de la aprobación judicial y legislativa con la que cuentan esos programas, se han conocido en las últimas horas unos datos que convierten lo que iba para gran escándalo en chasco. Pues resulta que la mayoría de los norteamericanos, las supuestas víctimas, prefiere la seguridad a la salvaguarda de la privacidad.

Así lo ha mostrado una encuesta del Pew Research Center publicada este lunes. Como vemos más arriba, la mayoría piensa que “es más importante investigar amenazas terroristas” (62%) antes que “No violar la intimidad” (Un 32%). Y la mayoría también está a favor de la intervención de los teléfonos, un 56% frente a un 41%, si bien también la mayoría está en contra de la intervención de los emails, un 52% frente a un 45%.
Con esos datos, que incluyen un apoyo mayoritario de los votantes republicanos a los programas de seguridad de Obama, una continuación de los de Bush, por otra parte, está claro que no hay escándalo que valga. Que en esto de la seguridad, el progresismo norteamericano coincide más con los republicanos que con el progresismo europeo.

Como escribió ayer uno de sus columnistas progresistas más importantes,Thomas L. Friedman, en The New York Times (Blowing a Whisttle”): “Me preocupa la posibilidad de un abuso de la privacidad por parte del Gobierno a través de un programa diseñado para prevenir otro 11-S, un abuso que, por otra parte, no ha tenido lugar. Pero me preocupa más otro 11-S, es decir, me preocupa algo que sí ha ocurrido y que los terroristas aspiran a repetir”.

Socialismo sin papel higiénico


POR: ANGEL OROPEZA | EL UNIVERSAL

El pasado 6 de junio, en la reunión que sostuvo en Caracas la dirigencia del todavía en el poder Partido Socialista Unido de Venezuela, uno de los voceros, el gobernador del estado Trujillo y exministro de Defensa, Henry Rangel Silva, emitió una de esas declaraciones que ilustran con estridencia las razones del extravío de la actual clase política gobernante con respecto a la agenda popular de los venezolanos. Dijo el gobernador Rangel: "si aquí no se consigue harina, comeremos cambures o plátano, pero no podemos estar cambiando nuestra ideología política por un paquete de harina, papel sanitario o por un kilo de carne, ya que eso es ser un pobre revolucionario".

En las democracias populares modernas, los gobiernos existen –por encima de cualquier otra consideración- para manejar los recursos disponibles con miras a resolver las múltiples demandas y necesidades de la población, administrar sus diferencias, y garantizar la paz, la libertad y la justicia para todos. El Estado está al servicio del pueblo, y nunca al revés. Por el contrario, en las concepciones totalitarias de dominación, el Estado ocupa la primacía de la pirámide social, y las personas solo tienen sentido en la medida en que se deban al Estado. El Estado es el centro y norte de la organización social. Por tanto, el pueblo está a su servicio, y no lo contrario. De hecho, -y ya que el Estado es en sentido estricto una abstracción- los verdaderos beneficiarios de este orden de dominación que son los burócratas y funcionarios que detentan la representación del Estado, suelen alentar y aplaudir como meritorias y "engrandecedoras" de la patria las situaciones de necesidad y sacrificio del pueblo, cuando en realidad estas mismas situaciones de penuria son la demostración más palmaria del fracaso de ese Estado en cumplir su función mínima.

Para el fascismo, una de estas doctrinas de vocación totalitaria, el pueblo tiene derechos solo cuando la satisfacción de esos derechos no esté en conflicto con las necesidades e intereses del Estado. Si para los intereses de los ricos burócratas que hablan en nombre del Estado, es preferible regalarle a sus jefes cubanos más de 2 mil millones de dólares antes de garantizar que usted tenga papel toilette, carne o harina, pues acéptelo sonriente, so riesgo que le endilguen la supuesta ofensa de ser "un pobre revolucionario", es decir, alguien tan bajo y traidor que piensa primero en la comida de sus hijos que en la conveniencia y bienestar de la oligarquía gobernante.

Según el materialismo histórico, otra de las concepciones totalitarias de dominación, la ideología no es solo un conjunto ordenado de ideas y propuestas sobre la realidad política y social, tal como comúnmente se entiende el término. Antes bien, la ideología es un reflejo o "falsa conciencia" de la estructura de relaciones económicas y sociales de dominación. Así, su función principal –según esta concepción- es asegurar la constante justificación del predominio de las clases dominantes y de su poder político.

Cuando uno observa declaraciones tan poco felices como las de algunos voceros del partido oficialista, en las que se justifica la alienación y el padecimiento del pueblo con tal de no alterar los planes y cálculos de los poderosos que le gobiernan, entiende la admiración de muchos dirigentes del PSUV por esas concepciones materialistas de dominación. No se trata para ellos de luchar por la redención social y liberación popular. Lo que se trata es de conservar el poder a toda costa, así sea sometiendo a la población a sufrir carencias y necesidades. Es un asunto de prioridades políticas.

Al poschavismo hay que analizarlo desde la perspectiva de la "ideología" entendida como "falsedad", como "falsa conciencia" en el sentido de la interpretación clásica marxista, donde lo importante no es lo que se muestra sino lo que se oculta. Así, tras un discurso de preocupación social, se esconde la verdadera intención de la "ideología", que es justificar la hegemonía de la clase política en el poder. Parafraseando a Rangel Silva, esta hegemonía es más importante que si usted consigue harina, papel sanitario o un kilo de carne. Recuerde que primero están Fidel y Raúl, elementos esenciales para mantener la hegemonía, y a quienes no les puede faltar nada, que el hecho que sus hijos no coman completo o que ande usted persiguiendo un rollo de papel sanitario por cualquier esquina. Entienda, de una vez por todas, que lo importante es el poder y sus prebendas, no usted y sus necesidades. ¿Ya entendió al PSUV y su preocupación porque no se "cambie la ideología"?