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martes, 20 de junio de 2023

Los destructores de la política peruana


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Este par de sinvergüenzas y aventureros de la política, Salvador del Solar y Martín Vizcarra, deberían terminar presos por haberse atrevido a dar un golpe de Estado, solo para favorecer los intereses de la mafia caviar, impidiendo el cambio del TC que tenía mayoría de izquierda. Pero hicieron mucho más que solo eso. Pervirtieron toda la política.

Con el cierre del Congreso de mayoría fujimorista, la mafia caviar consolidó su poder luego de haber capturado previamente la Fiscalía de la Nación, donde colocaron a su tonta útil Zoraida Ávalos, tras la furiosa campaña mediática de demolición del fiscal Pedro Chávarry. Eran los tiempos en que los fiscales Vela y Pérez campeaban como héroes de la lucha anticorrupción liderada por Martín Vizcarra y aplaudida por la prensa prostituida, pero reducida a la persecución política de Keiko y Alan, y a la guerra contra el Congreso "fujiaprista".

Así se consolidó el plan siniestro de la mafia caviar que consistió en destruir al fujimorismo y al Apra persiguiendo a Keiko y Alan, cerrar sus partidos, disolver el Congreso "fujiaprista" y capturar todos los poderes del Estado. Para eso sirvió el referendum amañado en el que el propio Vizcarra -descaradamente- aleccionaba a la población en cómo votar, incluyendo afiches aleccionadores en los mismos locales de votación. El resultado "Si,Si,Si,No" expresó el nivel de borreguismo al que un fantoche convertido en dictador había llevado a la sociedad, con su permanente discurso de lucha contra la corrupción, el circo montado por los fiscales de la mafia que defendió a capa y espada, sus poses y ademanes de salvador de la patria. Luego impuso las reformas políticas destinadas a destruir a la clase política y a los partidos. Por eso tenemos hoy al Congreso que tenemos: con puros improvisados que al no tener ningún futuro político se dedican a las fechorías. Vizcarra se encargó de que en el Perú no hubiera ninguna carrera política y, por tanto, ninguna clase política. Los partidos fueron convertidos en jardines de infantes financiados y supervisados por el Estado en el más mínimo detalle, desde su doctrina y sus gastos, hasta sus planes de gobierno, los que deben incluir -necesariamente- la agenda del progresismo.

Todo eso ocurrió -hay que decirlo- gracias a la ignorancia y cobardía del fujimorismo, ya que nunca supieron ejercer el poder que tuvieron con una aplastante mayoría en el Congreso. Hoy el TC acaba de ratificar algo que siempre estuvo claro en la Constitución: la cuestión de confianza es para defender políticas públicas y no puede ser usado para cuestiones propias y privativas del Congreso. Cuando Martín Vizcarra empezó a apabullar al Congreso con cuestiones de confianza por cambios a la Constitución y convocatorias a referendum, el Congreso pudo y debió rechazarlas por impertinentes. Pero el fujimorismo agachó la cabeza y admitió todo lo que el patán de Vizcarra les llevaba caminando desde palacio en medio de un show mediático alucinante. Ese Congreso fue una vergüenza por su incapacidad política. Por eso terminaron arrojados a la calle de un puntapié. Nunca supieron darle batalla al aprendiz de dictador. No estuvieron a a altura de la historia. Se acobardaron.

Ahora el TC puso las cosas claras. El Ejecutivo no puede interpretar a su antojo ni una "negación fáctica" ni un "rechazo de plano" como trató de hacer Pedro Castillo bajo la guía de Aníbal Torres, cuando el Congreso de Williams rechazó la cuestión de confianza presentada por Anibal Torres aduciendo que era impertinente. Eso mismo debió hacer el Congreso fujimorista: no admitir a debate la cuestión de confianza por cambios a la Constitución por impertinente e inconstitucional, y la historia hubiera sido diferente.

Esperemos que con este fallo del TC y el antecedente de Williams se cierre de una vez ese agujero dictatorial que abrió Vizcarra con su "negación fáctica" y su golpe de Estado. Ahora lo que correspondería -si nos queda algo de dignidad republicana- sería perseguir jurídica y políticamente a este par de fascinerosos de Salvador del Solar y Martín Vizcarra, que actuaron como peones de la mafia caviar para permitirles capturar todas las instituciones, destruir a la oposición y envilecer la prensa y la política. Hay que intentarlo todo para que paguen. Debemos copiar el estilo de la izquierda y apelar a toda clase de recursos para sentar un precedente y darles una lección a esta clase de farsantes de la democracia.

jueves, 26 de septiembre de 2019

El payaso de Vizcarra y sus enanos se quedan sin circo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Y como no podía ser de otra manera, la Comisión de Constitución del Congreso arrojó a la basura el aberrante proyecto presentado por el presidente Martín Vizcarra para acortar los mandatos y adelantar las elecciones. Era lo que correspondía hacer basándose en la Constitución y en  el sentido común. No habían fundamentos para acceder a tan disparatado propósito. El odio y el revanchismo no son causales para cerrar un Congreso ni ponerle fin a un período constitucional. Todo lo que han exhibido los vizcarristas son odios, mezquindad, estupidez y pobreza mental. Más nada.

Los argumentos oficiales del Ejecutivo en su demanda eran absolutamente falsos y flojos. Nunca hubo de parte de este Congreso ni pizca de obstruccionismo. El gobierno fue incapaz de presentar las pruebas del supuesto "entrampamiento". La misma Constitución prevé una solución al obstruccionismo. Para eso está el uso de la cuestión de confianza. Si un ministro o un gabinete considera que el Congreso le impide realizar su gestión bloqueando leyes o políticas públicas, puede presentar voto de confianza. Sumados dos votos de confianza negados a un mismo gobierno, el presidente puede disolver el Congreso legalmente. Pero nada de esto ocurrió. ¿Por qué? Simplemente porque este gobierno no ha hecho gestión y, por tanto, el Congreso nunca ha podido impedirle gobernar. La verdad es esa. Todo lo demás es cuento y fábula.

Lo cierto es que este gobierno solo se dedicó a pelear con el Congreso desde el principio. El absurdo pedido de confianza presentado por Del Solar el 4 de abril pasado, estaba referido a cambios en la Constitución, pero no a políticas de gobierno o planes de gestión. Fue un pedido absurdo que debió ser rechazado por el Congreso por indebido e impertinente. Al Ejecutivo no le compete hacer cambios a la Constitución y menos pedir voto de confianza para eso, a menos que sea indispensable para ejecutar alguna política pública concreta, pero ese no fue el caso. Los cambios eran políticos y orientados a pechar a los congresistas. El Congreso decidió otorgar el voto de Confianza y se acabó el asunto.

En consecuencia, es absolutamente falso que este Congreso le haya impedido gobernar a Vizcarra, y la prueba más evidente es precisamente que no han presentado ni una sola cuestión de confianza por políticas de gestión pública. Ni una sola. Solo se han dedicado al show y la payasería, para tener contentos a los borricos de la calle, vendiéndoles el cuento de que los congresistas son los malos de la película y que los del gobierno son los buenos. Vizcarra se pasaba los días promocionando su lucha contra la corrupción que hasta ahora no ha servido para nada. 

La desafortunada propuesta de adelantar elecciones parecía un exabrupto presidencial, tanto que el Congreso solicitó las actas de la sesión del Concejo de Ministros para saber si el mensaje presidencial había sido coordinado, como manda la ley. Al parecer, Vizcarra solo tenía en mente ganarse la simpatía del pueblo cuando se hizo cargo del gobierno. Para eso ideó el referendum con reformas de tono muy populista que golpeaban al Congreso, como la eliminación de la reelección. La jugada dio muy buenos resultados para él, pues su popularidad se disparó. Entonces cayó en el juego y decidió seguir por ese rumbo. Tal vez empujado también por la gente que lo rodea, rojos casi todos.

Pero cayó en su propia trampa. Al presentar una cuestión de confianza por reformas constitucionales le estaba dando al Congreso una tarea que solo les compete a ellos. De manera que el Congreso podía realizar las reformas como le parecían y no necesariamente siguiendo lo que pedía el Ejecutivo. De hecho sucedió así, y cuando el gobierno amenazó con interpretar la cuestión de confianza a posteriori para asumir que se la habían negado, se hallaron fuera de fuego. Les dijeron que así no funciona la cuestión de confianza. De modo que se quedaron sin cuestión de confianza y sin las reformas pedidas. Craso error del gobierno y de sus asesores. Metida de pata total. 

Cuando Vizcarra se dio cuenta de la estupidez que habían cometido montó en rabia. No tenía la tan ansiada cuestión de confianza negada para disolver el Congreso y estos no respetaron sus reformas. Entonces salió con la pataleta y el acto suicida del "nos vamos todos". No le quedaba otra cosa ya que el tiempo no le permitía. No sabía por qué otra cosa presentar cuestiones de confianza, puesto que no tenían políticas públicas que el Congreso pudiera rechazar. Estaban sin nada. Lo único que podían hacer para cerrar el Congreso y cumplir las exigencias de la mafia caviar era el adelanto de elecciones. Pero también esta idea tenía un problemita: carecía de fundamentos. 

Como ven, Vizcarra se hundió en su propia bañera. Hoy solo les queda la pataleta. El premier Del Solar y su gabinete en pleno salieron con el rostro compungido y el rabo entre las piernas para decir nada. No sabían qué decir. Se limitó a decir que el gobierno no se quedará de brazos cruzados. Es difícil advertir qué otra cosa pueden tramar para cerrar el Congreso sin ir presos. La verdad es que ellos mismos se han puesto en este problema por dedicarse a la payasería en vez de gobernar. 

Toda la alharaca que la prensa mermelera armó en apoyo a Vizcarra solo fueron fuegos artificiales. Acá nunca hubo ni hay ninguna crisis. Tanto el gobierno como el Congreso funcionan. El Estado de Derecho se ha hecho respetar y el griterío de unos cuantos perturbados mentales de la izquierda no va a cambiar las cosas. Es la hora de los demócratas que defienden el Estado de Derecho y el imperio de la Constitución frente a los enajenados de siempre. Ya es hora de que acepten que no son mayoría. Si el gobierno piensa seguir en su guerrita tonta contra el Congreso las cosas pueden irle todavía peor. Si Vizcarra no tiene más ideas en la cabeza, lo mejor para él sería renunciar.