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jueves, 10 de mayo de 2018

El Estado terapéutico


Por: Erick Yonatan Flores Serrano
        Coordinador General del Instituto Amagi

Thomas Szasz, afamado psiquiatra norteamericano, nos hablaba de los famosos Estados terapéuticos, aquellos que usando el argumento de cuidar la salud de las personas, establecían todo tipo de guerras legales contra cualquier producto que la clase política dirigente creía que le hacía daño a la gente. A lo largo de la historia, los gobernantes se han “preocupado” por luchar contra la grasa, contra el azúcar, contra las drogas, contra la prostitución y un largo etcétera. Szasz lo comparaba con el Estado teocrático, que atentaba contra la libertad de elección al restringir las ideas que se consideraban peligrosas para la mente de las personas. Y del mismo modo en que los Estados teocráticos cometían una serie de atropellos en contra de las personas que libremente pensaran diferente, los Estados terapéuticos terminan haciendo exactamente lo mismo porque convierten al hombre en un ser incapaz de gobernarse a sí mismo y elegir lo que consume o deja de consumir.

El impuesto selectivo al consumo, así como las prohibiciones que hoy en día encontramos en el comercio del sexo o las drogas, forma parte del entramado legal que el Estado utiliza para someter a la población y hacerse con el monopolio de la moral, para luego reclamar la voluntad de las personas como suya. Este paternalismo no solo es peligroso en términos económicos porque los impuestos y sus relativos incrementos tienen un impacto negativo en el mercado, lo que termina afectando -siempre y al final- al consumidor; sino que despoja a la sociedad del sentido de responsabilidad que siempre debe acompañar a la libertad individual. Bajo el argumento de cuidar la salud, el Estado tendría la potestad de regular todos los aspectos de la vida de las personas sin ninguna excepción. Caminar bajo la lluvia sin paraguas o en shorts, también debería estar regulado por ley porque se trata de una decisión que podría tener consecuencias en la salud de aquellos que lo hagan; de igual forma si alguien quiere ir a correr por las noches también debería de pagar algún tipo de impuesto porque está exponiendo su salud y su seguridad.

Regular la vida de las personas que caminan bajo la lluvia o que salen a correr de noche es algo absurdo, algo que sólo podría tener lugar en la mente de algún dictador con graves problemas mentales; y la paradoja de nuestro tiempo es que este tipo de cosas las estamos viviendo en sistemas democráticos y republicanos, lo cual no deja de ser un detalle muy interesante porque el mismo Szasz también describe esta suerte de contradicción en la clase política dirigente, que encuentra a la gente lo suficientemente capaz y competente para escoger al próximo gobernante, pero completamente incapaz e incompetente para decidir si toma una gaseosa o no.

En este sentido y parafraseando a Evelyn Beatrice Hall, escritora del Reino Unido y una de las mejores biógrafas de Voltaire, es imperativo decir que: “No estoy de acuerdo con lo que usted toma pero defenderé hasta la muerte su derecho a tomarlo”. Y este debería ser el juicio común en la clase política dirigente antes de aventurarse a disponer el uso de la violencia institucional del Estado para “protegernos” de nuestra voluntad; lastimosamente el buen juicio parece ser un elemento cada vez más escaso entre las personas que reclaman autoridad sobre nuestras vidas. El Estado terapéutico no es otra cosa que un constante agresor para el individuo y su propiedad; y los resultados que de esto se generan jamás han sido positivos para el grueso de la población, sino para aquellos que encuentran en el impuesto selectivo al consumo, así como en el resto de gollerías legales que tenemos a día de hoy, formas cada vez más creativas para seguir viviendo de los impuestos que unos pocos cobran y el resto pagamos por la fuerza.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Depardieu acusa al gobierno socialista y se va!



Miguel Mora, Paris.

El actor francés Gérard Depardieu, indignado por las críticas recibidas después de que se supiera que traslada su residencia a Bélgica por razones fiscales, ha decido renunciar a su pasaporte y a la tarjeta de la seguridad social -“que nunca he utilizado”-, según afirma en una carta abierta publicada hoy por Le Journal du Dimanche y dirigida al primer ministro, Jean-Marc Ayrault. Depardieu afirma que “desgraciadamente" ya no tiene nada más que hacer en Francia y que, aunque seguirá “amando” a los franceses, se va del país porque los socialistas "consideran que el éxito, la creación, el talento, y en realidad la diferencia, tienen que sancionarse".

 Ayrault criticó esta semana en términos muy duros a Depardieu, diciendo que era “despreciable” que el actor, de 64 años, fijase su residencia en el pueblo belga de Néchin, a un kilómetro de la frontera francesa, donde se ha comprado una casa y donde viven un 28% de franceses, muchos de ellos por razones fiscales.
“Ya no tenemos la misma patria”, escribe Depardieu en su carta, “soy un verdadero europeo, un ciudadano del mundo como me lo inculcó siempre mi padre". Con 42 años de carrera y 170 películas, el actor, una de las glorias del cine francés, recuerda que empezó a trabajar a los 14 años en una imprenta, luego como mozo de almacén, después como artista, y que siempre ha pagado sus impuestos: “¿Quién es usted para juzgarme así?”, pregunta.

 “Yo no me meto con los que tienen colesterol, hipertensión, diabetes o demasiado alcohol, o contra los que se duermen cuando van en moto: soy uno de ellos, como tanto les gusta repetirlo a sus queridos medios de comunicación", añade Depardieu, antes de concluir que no ha "matado nunca a nadie" ni desmerece como empresario que da trabajo a 80 personas. El actor, que ha puesto en venta el lujoso dúplex con jardín de 1.800 metros cuadrados del distrito VI de París por 50 millones de euros, explica también que sus razones para cambiar de residencia "son numerosas e íntimas" y se queja de que personas “más ilustres” que él "se han expatriado o se han ido" de Francia sin que haya habido “la misma saña” contra ellos.

El presidente François Hollande anunció durante la campaña para su elección -durante la cual Depardieu apoyó a su rival, el conservador Nicolas Sarkozy- que crearía un impuesto del 75 % para las rentas superiores al millón de euros, y aunque la medida todavía no se ha aprobado su Gobierno ha subido los impuestos a los más ricos y eliminado diversas exenciones fiscales que favorecían a los grandes patrimonios.

Depardieu afirma que en 2012 ha pagado el 85% de impuestos sobre sus ingresos y que en 45 años de trabajo ha pagado 145 millones de euros, y concluye: “A pesar de mis excesos, mi apetito y mi amor por la vida, yo soy un ser libre, Monsieur, y seguiré siendo educado”.

Que ironia leer hoy al socialista Enrique Bernales reclamar al gobierno su falta de apoyo a la cultura. Este preocupado izquierdista creo se referia a esa "cultura" socialista que el Estado determina, como en la Francia del actual presidente Hollande. La izquierda no entiende que la cultura no florece por decreto, sin embargo se nutre de la libertad, otra de las razones por las que el actor frances Gerard Depardieu se marcho de la actual Francia.  

www.elvisocc.org

viernes, 24 de agosto de 2012

El buen idiota



Un buen idiota es aquel que tiene grandes ideas pero no sabe cómo hacerlas realidad. Pero el típico idiota que se hace el bueno tiene siempre una gran solución a la mano: cargarle la cuenta al Estado. Ellos son los que van haciendo propuestas alegremente, sugiriendo apoyos a medio mundo, siempre a costa del Estado. Es lo que acaba de hacer Augusto Álvarez Rodrich a nivel nacional sugiriendo que el Estado apoye o financie al cine peruano y la ley obligue a los cines a tener las películas peruanas en exhibición por lo menos dos semanas. 

Claro, como AAR no es propietario de un cine y no le afectará a su bolsillo tener dos semanas de salas vacías, él puede alegremente lanzar esa propuesta tan bella de apoyo al cine nacional y quedar como un buen tipo, como un patriota y hasta, para muchos, como un tipo inteligente. Es así como misteriosamente el ser humano ha confundido siempre la estupidez con la inteligencia. Por eso tenemos 25 teorías de la inteligencia y ninguna de la estupidez.

Este buen idiota nos dice que la gente no va a ver las películas peruanas porque no tienen publicidad. Tonto argumento, cuando toda la semana le están haciendo publicidad gratuita a la película "Cielo oscuro", donde actúan los "brillantes actores de cine" Lucho Cáceres y Mariela Zaneti, y donde se muestran los grandiosos escenarios de Gamarra y las calles de La Victoria, mientras los personajes del drama erótico almuerzan en una carretilla antes de irse a tirar al auto. ¿En serio creen que la gente está ansiosa de ver eso? Ya pues...

Una vez más otro buen idiota queda como un personaje correcto ante las cámaras, fomentando el estatismo popular, patética mentalidad que ha corroído a la sociedad peruana llevándola a la mediocridad. Hoy se pide, una vez más, que el Estado financie los mamarrachos fílmicos y los caprichos artísticos de un grupito selecto de afortunados que podrán acceder al dinero público para realizar sus sueños, gracias a que nos han convencido de que eso es arte y cultura, y que favorece la integración nacional. Palabrería sutil con que se redactan las leyes estatistas y asistencialistas que promueven y financian la mediocridad.

Claro que siempre nos enrostran los malos ejemplos del extranjero. "¡Otros países también lo hacen!", nos dicen. No lo dudo. Idiotas hay en todos lados.  Es por eso que entran en crisis, como España, que es el ejemplo clásico. Lo que no se dice nunca es que la calidad y el arte verdadero nunca han necesitado subvención alguna. Solo la mediocridad lo requiere. Ya he dicho bastante sobre la ley del cine en otro artículo  y no voy a repetir más lo que ya dije. Me remito a él.

También ya he dicho lo nefasto que resulta el asistencialismo estatal en todo sentido. Véase el artículo correspondiente "¿Por qué los programas sociales son malos?". El asistencialismo estatista solo fomenta corrupción y mediocridad. Ya es tiempo de empezar a cambiar la mentalidad de la gente. No podemos seguir alentando esa nefasta costumbre de esperar que el Estado lo haga todo. El Estado solo tiene que ocuparse de pocas cosas como proteger a los ciudadanos, cuidar nuestras fronteras, representar a la nación en el mundo, etc. No tiene que meterse en las ocupaciones de la gente.

El Estado no tiene que financiar cosas que la gente debería hacer por sí mismas, que la sociedad debería poder hacer organizándose, sobre todo si es un negocio, como lo es el cine. Todo el problema radica en los buenos idiotas. En esos que quieren dar la imagen de corrección y de patriotismo, de sensibilidad social y altruismo, pero todo con plata del Estado. Así tenemos una larga fila de idiotas con sus proyectos sociales como los que quieren pagarles el regreso a los peruanos del extranjero, o los que quieren darles un "bono del chatarreo" a los transportistas más conchudos e irresponsables, y otra perlas por el estilo. 

Parece que nadie se da cuenta de que todas esas barbaridades al final salen de nuestro bolsillo. Pagamos un escandaloso 18% de IGV cuando deberíamos estar pagando 10% como máximo. Encima muchas veces se suman otros impuestos como el selectivo. Por cada diez soles de gasolina pagamos 8 de impuestos. Ahora quieren cargarnos un impuesto a las entradas del cine para financiar la mediocridad nacional. La mayor parte de nuestros impuestos termina financiando la enorme burocracia y las estupideces que fomentan los buenos idiotas. 

Ojalá podamos lograr un cambio de mentalidad en los peruanos y exigir que se eliminen la tonterías y que se reduzcan los impuestos. Que el Estado se dedique a hacer bien lo poco que realmente le compete, como la seguridad ciudadana y la educación, por ejemplo. Como diría el Mago Markarián: podridos nos tienen los buenos idiotas y sus grandes ideas.


Dante Bobadilla Ramírez