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viernes, 28 de julio de 2017

La Iglesia Católica en las fiestas patrias


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

En cada aniversario patrio aparecen comentarios críticos en contra de la presencia de la Iglesia Católica en las festividades y ceremonias tradicionales. Usualmente por parte del progresismo anti clerical, pero sobre todo dirigidos al cardenal Juan Luis Cipriani, quien es objeto de los odios más enconados de la izquierda. A todos ellos se les ha sumado el contingente gay que detesta a Cipriani por su influencia en la política, al punto de ser un obstáculo para el matrimonio gay. 

Más allá de estos odios y enconos hacía el cardenal Cipriani, debemos ocuparnos de la crítica hacía la presencia de la iglesia católica en las festividades patrióticas. Muchos andan confundidos y creen que el Perú tiene un "Estado laico" y, basados en ese dato errado, exigen el retiro de la iglesia católica del escenario patrio. El congresista Alberto de Belaúnde en concreto, ha cuestionado la presencia del cardenal sentado entre las máximas autoridades de los organismos públicos autónomos. Hace falta entonces educar a toda esta gente socialconfusa macerada en el odio de izquierdas.

Debo empezar advirtiendo que soy ateo y que, en mi opinión, sería magnífico que desaparezcan todas las religiones de este mundo. Pero esa es solo mi opinión. Lo que debemos atender acá es la realidad. Entonces hagamos un recuento de hechos reales, que es lo único que interesa.

En principio, el Estado peruano no es laico por ningún lado, como es público y notorio. Todos los organismos del Estado, incluyendo la policía y fuerzas armadas, están saturados de imágenes religiosas y hasta tienen su santo patrón y capellanes. La Constitución no declara la laicidad en ninguna parte, y tampoco es posible inferirla. Al contrario, dice claramente que el Estado reconoce a la Iglesia Católica en la formación del Perú y le presta su colaboración. A esto cabe añadir el concordato firmado por la dictadura militar en sus últimos días, y que jamás fue ratificado por el Congreso, como corresponde a un tratado internacional, más aun cuando irroga gastos al Estado. 

Ese concordato es en realidad un acta de claudicación ante el Vaticano. Nos impone unas condiciones de sujeción tan deplorables que desatarían un verdadero escándalo de indignación patriótica si se tratara de cualquier otro Estado. Acá mucha gente vive odiando a los chilenos por sus empresas y negocios en el Perú, pero nunca dicen nada de las gollerías con que la Iglesia Católica disfruta de sus numerosos negocios, sin pagar un solo centavo de impuestos. Esa es parte de la ignorancia que carga la mayoría de peruanos. 

En segundo lugar, cabe decir que la Iglesia Católica sí jugó un rol preponderante en la configuración de la república peruana. Hay que tener en cuenta que la independencia del Perú no ocurrió por la acción de valerosos patriotas que se organizaron para enfrentar a los españoles, sino como obra de extranjeros llegados acá por sus propios intereses. Lo cierto es que ni a San Martín ni a Bolivar le importaban un comino la suerte del Perú. Solo querían derrotar a los españoles en su principal fortín para sellar y garantizar la independencia de sus propias naciones. 

Desde que San Martín llegó al Perú y proclamó la independencia, todo se volvió un desbarajuste. La presencia de tropas españolas obligó a llamar a Bolívar para que se haga cargo. Con la llegada de Bolívar, el Congreso instalado por San Martín se autodisolvió. Luego Bolívar convocaría otro Congreso con el que tuvo serios enfrentamientos. ¿Quiénes velaron por los intereses patrios en esas horas caóticas? Fueron principalmente los clérigos representantes de la Iglesia Católica, tales como Francisco de Paula González Vigil y Francisco Xavier de Luna Pizarro, junto a un puñado de patriotas. Tras la instalación de la República y mientras los militares se disputaban el mando a balazos, quienes se hicieron cargo de la cosa pública fueron las parroquias de la Iglesia Católica.

De modo que a la Iglesia Católica no se le puede negar ni regatear su defensa de la patria, ni su poderosa presencia en la fundación de la República y en el mantenimiento de sus funciones básicas durante casi un siglo. Hacerlo no solo sería mezquino sino estúpido. Desde luego que el obispo de Lima tiene todo el derecho ganado para estar presente en las festividades de fiestas patrias y en primera fila. Reconocer esto no contradice para nada el deseo de avanzar cada vez más hacía un verdadero Estado laico. Y aunque llegáramos a tenerlo, en cada fiesta de la patria habría que hacerle un espacio al representante de la Iglesia Católica. Es lo que corresponde en justicia por derecho histórico. Lo que sí me parece una huachafería monumental es que el presidente acuda al local de las iglesias "cristianas" para celebrar un ridículo "culto de acción de gracias". Eso sí que está totalmente fuera de lugar. Pero, oh sorpresa, nadie se queja de esta barbaridad que atenta más aun contra un Estado laico. Cosas de la peruanidad.

viernes, 26 de agosto de 2016

Otra guerra santa


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Nuevamente el país se encuentra inmerso en un debate en el que la Iglesia Católica y sus más cercanos seguidores, andan metidos como principales actores. Se trata, una vez más, de la mujer y su capacidad reproductiva, que en opinión de los distinguidos seguidores de la iglesia, no puede ser alterado bajo ninguna circunstancia. Recordemos que la iglesia se opone a cualquier método anticonceptivo, incluyendo el profiláctico o condón, bajo la tesis de que se interpone en el mandato divino de la concepción de la mujer. Según nuestros jerarcas religiosos, la mujer está condenada a ser una máquina reproductora y parir los hijos sin oposición alguna. Y no solo eso sino que su sexualidad misma está vigilada muy de cerca, bajo preceptos estrictos como "primero el matrimonio". En otras palabras, la mujer no es dueña de si misma, está incapacitada para regir su propia vida, incluyendo su vida íntima. Y eso que no estamos en un país regido por un Estado islámico. ¡Pero como se parece! ¿No?

La religión es el componente principal de la cultura y proveedora de la ideología básica que permite a la gente razonar y entender su existencia. Al menos a la gran mayoría de personas que no tienen otra forma de entenderlo. La religión se inocula a temprana edad como si fuera un virus mental y pasa a formar parte integral de la lógica de razonamiento del individuo. Más tarde será incapaz de cuestionar esa lógica porque carece de otra, y la defenderá como la verdad absoluta. Así ocurre en casi todas las culturas y se notará que existen diferentes visiones de la vida y el mundo, cada una de ellas seguras de su propia verdad. Existen diversas razones para que esto ocurra así, son razones de naturaleza cognitiva, antropológica, social, histórica, etc. Y están ampliamente explicadas. Lo funesto es que no hay mucho que se pueda hacer al interior de una cultura, pues toda idea que difiera de la lógica central dominante será rechazada y vista como "absurda". Y en algunos lugares eso puede costar la vida, o el empleo.

La religión proporciona los argumentos para el pensamiento y reglas de conducta de las personas. Luego ellas creen que lo hacen por voluntad propia. Es lo que muchos afirman sobre las mujeres que andan usando el "burkini" en Francia, una ropa de baño que cubre totalmente a las musulmanas, como se ve también en los eventos deportivos en que las musulmanas compiten cubiertas casi por completo. Ni qué decir de las que caminan por la calle con la burka. Ninguna de ellas se viste así por voluntad propia sino por mandato expreso de su religión, pero hay quienes aducen que lo hacen por su voluntad. Del mismo modo en las sociedades occidentales que aprovecharon las ventajas del Estado laico para distanciarse en algo de las imposiciones religiosas, todavía muchas cosas se hacen por mandato de la religión, aunque digan que lo hacen por voluntad propia. Están sometidos a una creencia y a una iglesia.

Hoy nos enfrentamos a la imposición de la maternidad a la mujer. Claro que la iglesia tiene maneras muy sutiles de encubrir sus cruzadas de fe. Ni siquiera tienen rubor para mentir y engañar a la gente con sus falsas consignas como la "defensa de la vida" o la "defensa de la familia", que solo sirven para oponerse a la libertad y derechos de las mujeres y de los homosexuales, respectivamente. De lo que se trata es de anteponer un concepto convertido en valor supremo, que a su vez relega a la mujer y a los homosexuales a un segundo plano. Es solo un truco sucio pero que tiene gran acogida. Con la finalidad de seguir sojuzgando a la mujer, hoy se ha generado la idolatría por la vida en abstracto "desde la concepción". Luego resulta que un huevo es más valioso que la vida concreta de la mujer que ya existe en en este mundo con un proyecto de vida en curso.

De este modo, el concepto "vida" se ha sacralizado a partir del dogma de que "solo Dios puede dar y quitar la vida". Y vaya que la quita. No hay día en que no lamentemos grandes tragedias en todo el mundo, donde mueren cientos de personas. Pero eso de dar vida es muy discutible, pues la vida sale a partir de un acto tan vulgar como el apareamiento sexual, el cual no siempre ocurre voluntariamente. A decir verdad, la sacrosanta vida puede resultar de una violación a una niña o de una borrachera. En cualquier caso, lo racional y recomendable sería impedir que esa vida prospere, pues nadie la desea, en particular la mujer que fue violentada y condenada a cargar con ese bulto. Pero, gracias a los dogmas de fe, la susodicha vida se torna intocable por "sagrada". Díganme si esto no es estúpido.

Así que todos los cerebros infectados con este virus, andan adorando la sacrosanta vida solo para oponerse a la voluntad de la mujer, relegarla y condenarla a la maternidad por la fuerza. De este modo la mujer pierde todo control sobre su propia vida, cuerpo y destino como mujer para convertirse en simple objeto de una fe como maquinaria reproductora. El adoctrinamiento es tan fuerte que la gente es incapaz de advertir la enorme perversión de esta lógica, con todo su brutal componente totalitario. La persona humana ha sido dejada de lado para preferir dogmas de fe, servir la "voluntad de Dios" y de una religión anacrónica que detenta el poder mental de la gente gracias a sus efectivos mecanismos sociales de adoctrinamiento temprano. Los creyentes ya ni siquiera se dan cuenta que son solo robots programados repitiendo dogmas de fe.

Quienes preferimos la libertad y la libre determinación de las personas, tenemos que oponernos a toda forma de chantaje y poder exterior que elimine esas libertades mediante el uso de la ley y los recursos del Estado. La lucha por la libertad del individuo se da en dos frentes: por un lado contra el totalitarismo iluminado de la izquierda marxista que anula al individuo para convertirlo en masa al servicio del Estado, y del otro, contra el totalitarismo iluminado de la religión que anula al sujeto para convertirlo en rebaño al servicio de la Iglesia. Ambos tienden a apoderarse del Estado para imponer sus dogmas y credos sociales a través de leyes prohibitivas o punitivas, con el fin de imponer su visión de la sociedad perfecta. Ambos pretenden regir las vida de los demás de acuerdo a su credo, ética y moral. Los que preferimos la libertad individual debemos distanciarnos tanto del socialismo como de la religión, que son las principales amenazas al libre pensamiento y a la libre determinación de las personas.

viernes, 22 de enero de 2016

El Estado multiconfesional


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

La candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza, puso sobre la mesa el tema de la relación entre el Estado y la Iglesia al decir que, de llegar a la presidencia, eliminará los aportes del Estado a la Iglesia Católica. Añadió que debería tratarse a todas las confesiones religiosas por igual, “sin discriminación”. A continuación, el candidato morado, Julio Guzmán, y después Keiko Fujimori, propusieron casi lo mismo: darles dinero del Estado a todas las confesiones religiosas. Esto quiere decir que en vez de avanzar hacia un Estado laico moderno, desligado de la Iglesia, lo que se pretende es crear un Estado multiconfesional. O sea que estaremos peor que antes, lo cual es ya el colmo del ridículo.
No hay nada más funesto que andar prometiendo plata del Estado. Es política barata, populista y demagógica, además de irresponsable. El erario no es la caja chica de los candidatos para que vayan por allí prometiendo plata como cancha para todos. Y mucho menos para financiar actividades privadas, como son las iglesias. ¿Cuál es la razón para que el Estado financie a las iglesias de toda clase, desde los vernaculares hasta los vividores que cobran por la entrada?
También eso de poner a la Iglesia Católica en igualdad con las demás iglesias es un disparate. Diré más: toda postura igualitarista basada en el dogma de la “no discriminación” es absurda. Al progresismo le encanta predicar el igualitarismo y la no discriminación, aunque luego se dediquen a discriminar para crear sectores privilegiados. Es solo otra forma de clasismo. La izquierda discrimina pero al revés. En todo caso, es ridículo colocar a la Iglesia Católica, con todos sus años y su influencia en la cultura peruana (que no me gusta), en el mismo nivel que los demás manicomios de la fe. Hay que discriminar, necesariamente.
Lo mejor sería avanzar hacia un Estado verdaderamente laico, eliminando el fetichismo de sus actos oficiales y liberando a las instituciones tutelares de la patria de su adoración y culto hacia santos patrones, para empezar. Desgraciadamente es imposible hablar de estas cosas en un país donde el adoctrinamiento religioso se inicia en la primera infancia y se prolonga a lo largo de toda la etapa escolar, por lo que la mayoría de la gente casi no tiene otra forma de pensar que no sea religiosa, y muchos defienden esas creencias como si fueran parte de su ser: con fanatismo. De modo que discutir objetivamente la necesidad de un Estado laico y de una política separada de la religión, es muy difícil en nuestro país, que sigue siendo uno de los más religiosos del planeta, junto a los africanos y musulmanes de Oriente Medio, lo cual no nos ha ofrecido ninguna ventaja en el mundo. Por eso no entiendo por qué muchos afirman con cierto aire de orgullo que el nuestro "es un pueblo profundamente Católico”, como si eso fuera un gran mérito o sirviera ara algo.
El Estado debe representar a todos, no solo a los católicos y ni siquiera solo a los cristianos. El Estado es de todos, incluyendo ateos. La democracia no es la dictadura de las mayorías sino fundamentalmente el respeto y la inclusión de las minorías. En tal sentido, el Estado debe ser religiosamente neutro y representar a todos. Nadie puede oponerse a que el Estado tenga tratos con cualquier iglesia, pero si a financiarlos. Los aportes del Estado a la Iglesia Católica deben terminar por un sentido elemental de independencia. Se dice que estos aportes son del orden de dos millones de soles, una minucia que seguramente la Iglesia puede recaudar en un solo horario de misa, ya que este es un pueblo “profundamente católico”. Los tratos del Estado con la Iglesia deben estar referidos al apoyo directo en obras sociales concretas y nada más.
En resumen, basta de prometer plata del Estado a las iglesias. Y si quieren alguna reforma, empiecen por reformar el Estado para crear un verdadero Estado laico, que no esté plagado de fetichismo religioso en casi todos sus actos oficiales e instituciones. Bienvenidos los tratos y acuerdos con cualquier confesión religiosa si eso abona en favor del pueblo.

martes, 19 de enero de 2016

Me contradigo, y qué


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Esta semana se caracterizó por la sorprendente subida de Julio Guzmán en las encuestas, llegando al 5% y superando a Toledo y Verónika Mendoza, que no es decir mucho tampoco. Por lo mismo, el señorito Guzmán fue asediado por la prensa apareciendo en cuanto programa de entrevistas existe. Lo bueno de todo esto es que nos ha permitido ver que Julio Guzmán es un mar de contradicciones y un experto en la improvisación, dice una cosa y luego se desdice con la facilidad de una quinceañera, enfrenta las preguntas con una sonrisa exagerada, más insípida que pisco sour de cortesía. 

Los advenedizos de la política tienen la peculiaridad de improvisar respuestas y, por lo mismo, entrar en contradicciones. La mayoría de las preguntas son cuestiones en las que jamás han meditado ni tienen, por tanto, una posición firme al respecto. No es raro tampoco comprobar que sus declaraciones contradicen incluso el mamotreto que ha presentado como plan de gobierno, el que sin duda mandó hacer a un comité de genios reclutados en su entorno. Escuchar a Guzmán es como un flashback de Ollanta Humala desmarcándose de su plan de la gran transformación y tratando de agradar a todos los auditorios. 

Digamos que hasta allí es normal ver a cualquier improvisado trastabillar en las entrevistas mientras busca alguna idea apropiada a la circunstancia. Pero otra cosa es oírlo decir disparates monumentales como que el Estado es laico y que debe darle dinero a todas las religiones por igual. Primero, el Estado no es laico por ningún lado. Constitucionalmente mantiene un cordón umbilical con la Iglesia Católica a la que está obligado a prestar su colaboración, para no mencionar los usos y costumbres que han oficializado el fetichismo religioso en los actos públicos, y la sujeción religiosa a santos patrones en las llamadas "instituciones tutelares de la patria". Por último, tenemos una pléyade de congresistas que más parecen representantes del Vaticano o del cielo, y que hacen las leyes en base a la Biblia y a la voz del cardenal, antes que atendiendo la realidad social. 

Pero si Julio Guzmán cree que el Estado es laico ¿cómo puede pretender que el Estado les dé dinero a todas las religiones? ¿No debería ser todo lo contrario y cortar cualquier vínculo con las iglesias? Al menos no ha repetido el disparate de Verónika Mendoza, una muchacha aquejada mentalmente con la atrofia del igualitarismo progre, y que pretende igualar a todas las religiones sin medir nada. Pretende incluso que el Estado les reparta dinero a todas las iglesias por igual, "sin discriminación". La verdad es que perdemos tiempo escuchándolos. 

viernes, 31 de julio de 2015

La última tentación de Ollanta


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Y finalmente Ollanta Humala acudió al evento evangélico de fiestas patrias luego de negarse por 4 años. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión? Al parecer son efectos de su baja popularidad. No hay mejor forma de explicar su cambio de actitud, lo cual, al mismo tiempo convalida el perfil de Ollanta como un político zigzagueante y carente de definiciones. Sin ninguna duda, el único lema que respeta Ollanta Humala es el de Groucho Marx: estos son mis principios; si no les gusta, también tengo estos otros. 

Era demasiado iluso suponer que detrás de la negativa de Ollanta para acudir al manicomio evangélico había una razón de principios. Nada más lejos de la realidad humalista. La única gran transformación que ha mostrado hasta ahora es la de su propia personalidad política. Claro que no es novedad que los políticos se abracen con su adversario, pacten con su enemigo y hasta besen la mano de su asesino. Se han visto casos. Bastaría recordar al aliado de Ollanta. El primero en correr a abrazar al líder nacionalista fue Alejandro Toledo, tras haber advertido al país que votar por Ollanta era dar un salto al vacío. Así que ¿cómo culpar a Ollanta por sus vaivenes ideológicos?

Pero tampoco se le puede quitar el mérito de haber impuesto semejante acto de huachafería política -como lo es la visita de un presidente a un acto religioso evangélico- a Alan García, un personaje prácticamente inimputable en materia de gestos políticos. Cómo olvidar que Alan García nos llevó a la hiperinflación de su primer gobierno por negarse a pagar la deuda externa en heroico gesto antimperialista. Tampoco olvidemos que le lanzaba flores a los senderistas mientras su premier Armando Villanueva acudía al cementerio de Huamanga a rendir homenaje a la terrorista Edith Lagos. Así que en gestos políticos Alan García es el campeón. Por eso no nos extraña que en su último gobierno, Alan García haya decidido acudir adonde los evangélicos exaltan a Dios blanqueando los ojos, mientras extienden las manos hacia el cielo. 

El problema es que mientras nuestros políticos chicha pulen su perfil paseándose por cualquier lugar donde haya gente que los aplauda, sin distinguir si se trata de un mercado o una iglesia, el Estado peruano acaba perdiendo todo rastro de institucionalidad. Ya no podemos debatir seriamente acerca del Estado laico, cuando nuestros presidentes chicheros salen a cargar las andas del Señor de los Milagros del mismo modo como van a corear alabanzas a Jehová. Ya solo falta que se arrodillen y coloquen la frente en el suelo gritando "Alá". Es cosa de esperar a que los musulmanes aumenten. Solo depende de eso, porque nuestros presidentes están a la disposición.

Había dicho que resulta comprensible que se incluya a la Iglesia Católica en los festejos patrios por su rol en la formación de la República, pero siguiendo un protocolo y no para que el cardenal convierta la misa del Te Deum en un comité político haciendo del sermón una proclama ideológica. Ante todo el escenario político-religioso observado recientemente, lo evidente es que la personalidad de los representantes de la Iglesia y el Estado hacen imposible que en nuestro país prime la cordura y la institucionalidad. Lo único que cuenta en última instancia es el personaje con su afán de lucimiento y figuración personal. La institucionalidad se va al tacho. Como patético resultado, todo lo que nos queda hoy es un Estado pacharaco invocando al dios de Jacob, jurando ante Cristo y alabando a Jehová.

jueves, 30 de julio de 2015

EL Te Deum en un Estado laico


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez
Fuente: El Montonero

Una tradición es algo que se hace durante años sin saber por qué, hasta que un día acaba siendo un acto fuera de lugar y la gente empieza a cuestionarla. Esto ocurre con la misa y Te Deum de fiestas patrias, cuyo origen se remonta a San Martín, quien pidió una misa para celebrar la independencia. Tal vez entonces dicho acto tuvo mucho sentido, pero hoy aparece como un rezago inapropiado para una época en que se habla de, y se pide, un Estado laico.

El Estado no es muy laico. Según la Constitución, aun debe prestar colaboración a la iglesia Católica en un régimen de “independencia y autonomía”. Es bastante difícil acabar con una larga serie de tradiciones religiosas que son parte del vivir cotidiano de las personas, aunque muchos hagan estos actos ya sin mayor sentido religioso, como la juramentación de los funcionarios públicos, o la colocación de la Biblia y crucifijo en la mesa de los jueces, y otros que ya deberían eliminarse en el Estado, en especial toda esa parafernalia religiosa de las instituciones armadas y policiales. Es imposible tener un Estado laico mientras se permanece conviviendo con tantas manifestaciones arcaicas de religiosidad dentro de sus estamentos.

Personalmente creo que un Estado laico puede convivir con ciertas tradiciones religiosas siempre que no lo comprometan. Por ejemplo, la tradicional misa y Te Deum de Fiestas Patrias podría seguir siendo parte de las celebraciones y ceremonias patrióticas si no se vuelve un acto político, dando la impresión de que el Estado se arrodilla para solicitar la bendición de la Iglesia y recibir las indicaciones del arzobispo, como si estuviéramos en el siglo XIX. Las críticas a esta ceremonia van en aumento, y hace mucho está en el centro de la controversia por lo que se dice en ella. Al parecer la Iglesia Católica no entiende eso del Estado laico, ni le interesa.

Es por eso que monseñor Cipriani se toma la libertad de disertar lineamientos políticos en plena misa del Te Deum, olvidando que los representantes del Estado se hallan allí de visita meramente protocolar, cumpliendo con una ceremonia patriótica. No han ido a la catedral a ser aleccionados por el cardenal. Es cierto que el cardenal tiene libertad de opinión y puede decir lo que quiera, pero también es anfitrión y representante de otro Estado que es la Iglesia Católica, por lo que debe conservar las formas. Hay momentos más adecuados para su libre opinión. Para eso tiene un programa de radio semanal en la emisora más escuchada del país. La misa del Te Deum de Fiestas Patrias es para rendir homenaje a la patria y no para dar proclamas políticas. Se trata solo de una mera formalidad protocolar que debe ser cumplida de la manera más expeditiva, simple y respetuosa posible, sin mayores aspavientos ni afán de figuración en la escena política.

Al margen de esto, me parece correcto que el presidente Ollanta Humala no siga esa costumbre de Alan García y otros políticos de acudir a las iglesias evangélicas. Esto sí es algo que colisiona frontalmente con el sentido de un Estado laico. Es comprensible que la Iglesia Católica forme parte de las celebraciones patrióticas porque ella contribuyó –y en gran medida- a configurar esta patria. No olvidemos que el primer presidente del Congreso fue el arzobispo de Lima Francisco Xavier de Luna Pizarro. Pero que, al margen de la historia y las tradiciones, el presidente de la República y otros representantes del Estado se presten a ceremonias religiosas de otros credos resulta absolutamente aberrante. Es de mal gusto y no tiene ningún sentido en una época como la nuestra.

martes, 21 de octubre de 2014

La utopía del Estado laico


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Desde un punto de vista liberal se puede tolerar que las personas tengan las creencias religiosas que les venga en gana, y hasta que las expresen libremente de la manera que deseen, siempre que se respeten las normas previamente establecidas en resguardo de la seguridad y el orden. Incluso, en defensa del libre mercado, se puede tolerar que la gente sea libremente estafada por los gurús de la sanación y salvación del alma, profetas de la verdad bíblica, vendedores de panaceas que alivian el sufrimiento de la vida, ordenan el chakra y potencian las energías positivas mediante curas mágicas, imposición de manos, rezos, relajación, procesiones, meditación o magnesio. Las creencias y estafas místicas son parte de la sociología, la psicología y la psiquiatría pero no de la política. No en un mundo civilizado y moderno. Por eso mismo se insiste en la necesidad del Estado laico, que fue la clave del progreso para las naciones que lo adoptaron.

Un Estado laico no es antireligioso. Solo es no comprometido, neutral. No se puede admitir que el Estado esté regido por una fe ni por una ideología. Tan aberrante es un Estado católico como un Estado islámico o antimperialista. El Estado debe servir a todos y proteger a todos mediante leyes basadas en evidencias y resultados, y no en éticas iluminadas, dogmas ni textos sagrados. Por lo mismo tampoco es aceptable que representantes del Estado como el presidente, ministros, congresistas y jefes de las FFAA participen de la superchería religiosa, como la procesión del Señor de los Milagros, por más popular que esta sea. Nada más ridículo que creer que una imagen es "sagrada y milagrosa" y llevarla por las calles como si aun estuviéramos en el incanato o la Edad Media. Que la gente vaya a rendir culto a una imagen es asunto suyo, pero hacer al Estado parte del circo y del fetichismo popular es como hacer que los ministros se pongan a jugar carnavales en palacio solo por seguir la tradición. Patético realmente.

Puede que esta actuación sea solo parte del circo político-religioso que en este país parece funcionar muy bien. No en vano Alan García terminaba el te deum en la catedral y se iba luego donde los evangélicos a seguir posando. Algo que afortunadamente no ha continuado Ollanta, pero si una larga lista de candelejones de la política. Y es que en el Perú la cucufatería religiosa afecta más que un virus mental. La cultura está construida de tal manera que los niños no tienen ninguna forma ni oportunidad de salvarse de la dictadura religiosa. Desde que nacen están ya condenados a que les impongan un conjunto de creencias aberrantes para ponerlos al servicio de una religión. Pero acá no se trata de transformar la sociedad como pretenden los socialistas sino apenas de salvar al Estado y ponerlo al margen de cualquier secta por el bien de todos.

No solo está fuera de lugar colocar al Estado de rodillas ante una imagen sino que está reñido con el decoro. El presidente Ollanta Humala no quiere dar su testimonio ante una comisión del Congreso porque siente que ofende la majestad de su investidura y porque, según dice, la Constitución no lo permite. ¿No es exactamente el caso de una costumbre populachera? ¿Le permite la Constitución al presidente venerar una imagen religiosa y formar parte de la histeria colectiva, aunque se trate de una mayoría? ¿No mella eso su investidura presidencial y la del Estado que debe ser neutral y para todos? ¿Acaso no afecta la imagen del país mostrándonos como una nación primitiva? De los muchos cambios que necesita el escenario político, el laicismo es algo que se ha dejado de lado de manera sistemática en este país dominado por la superchería mística de toda clase. Pero hace falta insistir, aunque sea en solitario.

La Constitución del 93 que se considera más moderna y avanzada no lo es en materia de laicismo. En ese aspecto es exactamente igual a la del 79. No le cambió ni una coma. No se hizo ni un esfuerzo hacia la consolidación de un Estado moderno y laico. En 1979 apenas se retocó la Constitución de 1933 que tenía un título dedicado a la religión donde la Iglesia Católica era parte del Estado. En 1979 solo se atrevieron a declarar la independencia retórica del Estado pero remarcando enseguida su estrecha colaboración con la Iglesia Católica. Hasta hoy el Estado subvenciona a la Iglesia Católica y mantiene nexos muy estrechos que incluyen ceremonias protocolares y días festivos en el calendario. Y ni siquiera esto ha sido cambiado. Es ridículo tener días festivos religiosos por mero protocolo y reverencia a la Iglesia Católica, tales como el día del Papa o el de la Inmaculada Concepción, que para la población no significan nada. 

Hacer reformas para instituir un Estado laico se hace cada vez más urgente en un país que lentamente es presa de las sectas religiosas de toda clase. Ya hemos tenido candidatos presidenciales provenientes de estos sectores como Ezequiel Ataucusi, con representantes en el Congreso. Ante la debacle de los partidos, muchas de estas iglesias de todo fuste se están metiendo a la política. Ya hay una legión de iluminados montando espectáculos sectarios en el Congreso. En Colombia la secta llamada Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional fundó su propio partido, el "Movimiento Independiente de Renovación Absoluta" MIRA y hoy es una fuerza política. Algo a lo que aspiran acá muchas sectas.

Mientras que unos se preocupan por la llegada de antimineros, cocaleros o terroristas al poder, a nadie parece importarle la cercanía de sectas religiosas que hace rato merodean el poder político de forma directa o soterrada. Establecer con claridad las características de un Estado laico es lo único que podría evitarnos caer en el delirio de las supercherías religiosas, tanto en el poder como en la educación y la cultura. 

martes, 8 de abril de 2014

Al rescate del Estado laico


Por: Antonio Buzati

Los últimos acontecimientos como “La marcha por la vida” y la intromisión de la Iglesia en el tema del proyecto sobre la Unión Civil de homosexuales nos lleva a preguntarnos ¿Tanto poder cree tener la Iglesia católica en el Perú? Porque vemos que no solo opina como lo haría cualquier institución o persona en derecho bajo su libertad de expresión sino que emplea métodos de coacción como tildar de “herejes”, “proabortos” ,”progays” y hasta de anarquistas a los que se desvían de esa moral tradicional defendida por la Iglesia.

Este fenómeno se vive con especial énfasis en Latinoamérica y específicamente en el Perú, donde por años se mantuvo como “religión oficial del Estado” al catolicismo otorgando prerrogativas a esta confesión religiosa marginando a otras creencias y minorías, además de permitir una injerencia en las políticas de Estado, la obligación de llevar el curso de religión en los colegios y a participar en ritos religiosos como parte de la vida civil. En 1923 Haya de la Torre saltó a la fama al encabezar una protesta contra el intento de Leguía de consagrar al Perú al Sagrado Corazón de Jesús para lograr el favor de la Iglesia en su afán reeleccionista, y es que los regímenes que más han menoscabado la libertad han sido los teocráticos, los totalitarismos de Estado y religiones como la cristiana y musulmana. Un Estado no está para ser vocero de una confesión religiosa por más mayoría que tenga sino para brindar espacios de pluralidad y garantizar que los servicios básicos como la educación, seguridad y salud lleguen a todos los ciudadanos. Algunos se llaman “liberales” para defender el libre mercado pero… ¿cómo pueden ovacionar cuando un gobierno ejecuta políticas públicas no basado en la realidad y necesidades de las personas sino en dogmas religiosos, acatando los dictados de una Iglesia (que es también un Estado)? Esta posición crítica no significa destruir iglesias ni fusilar curas sino respetar la libertad de las personas.

La iglesia tiene una postura basada en una moral que rechaza el aborto en todas sus formas, considera que el homosexualismo es pecado contra Dios y que no se debe usar métodos anticonceptivos excepto el ritmo. Si ellos quieren vivir así y son felices bien; pero la realidad nos muestra otra cosa: existen mujeres violadas que prefieren abortar, mujeres que mueren por abortos clandestinos, homosexuales que son ciudadanos como cualquier otro y que por ende deben tener los mismos derechos. Abogar por estas libertades no significa ser incendiario ni progay ya que la religión como la sexualidad pertenece al dominio de lo privado y ninguna institución estatal debería invadir este campo.

Por último, recordemos que el liberalismo defiende al individuo frente al Estado que quiera maniatarlo y volverlo un engranaje. Y la Iglesia es un Estado. Más bien las sociedades liberales han mostrado un crecimiento económico sostenido gracias a un libre mercado, pero también al respeto de las libertades civiles y políticas, y la separación del Estado de la Iglesia. Esto no se ha logrado por un milagro sino que ha sido fruto del esfuerzo de muchos años. Reflexionemos siempre en esto antes de declararnos liberales.

jueves, 2 de mayo de 2013

Estado laico en sociedad pagana


Una simple disposición interna dictada por la Dra. María Gisella Orjeda Fernández, presidenta del Consejo Directivo del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC) ha generado revuelo total en la sociedad peruana, provocando la indignación general y las inmediatas opiniones de condena de distinguidos representantes de todos los sectores, desde los políticos hasta los clérigos, pasando por los constitucionalistas. Finalmente, la Dra. Orjeda parece haberse quedado sola en medio de una tempestad que amenaza con lincharla o quemarla en la hoguera, por atentar contra las creencias y la superchería religiosa fuertemente impregnada en la sociedad peruana.

La medida interna dictada por la Dra. Gisella Orjeda mediante un correo electrónico a sus empleados da un plazo de una semana para que retiren de sus oficinas todo tipo de imágenes religiosas. Explica además que “Debemos impulsar el pensamiento crítico basado en la evidencia. Esta es la piedra angular de la ciencia. He visto con preocupación la proliferación de imágenes religiosas en Concytec. Las que han aumentado al punto que visitantes extranjeros de diverso origen me han hecho sorprendidas reflexiones”.

En efecto, en pleno siglo XXI vivimos aun en una época de oscurantismo total en el pensamiento cotidiano y público, en el que predominan anacrónicas creencias que datan de milenios y que se imponen gracias a una perversa estructura cultural plagada de rituales que incluyen todos los espacios. En medio de este ambiente, la disposición interna dictada por la Dra. Orjeda es un pequeño aliento de racionalidad que pretende al menos ofrecer una apariencia civilizada en las oficinas de una institución dedicada a la ciencia. Pero desde luego, ni siquiera esto se le permitirá dado que nuestra sociedad todavía permanece profundamente sumergida en toda clase de creencias místicas, mágicas y religiosas, y muy cercana, diría yo, a la barbarie.

En el Perú la ciencia no es más que una etiqueta comercial que se utiliza para vender toda clase de cosas. No hay una educación orientada a la ciencia sino un aprendizaje mecánico de ciertos conocimientos. Las universidades manipulan el concepto de ciencia hasta su perversión, tratando de convertir cualquier cosa en ciencia para poder ofrecerlo a un público incauto e ignorante. De este modo hoy tenemos la "ciencia de la cocina" entre otras muchas "ciencias" en universidades que se autotitulan de científicas. Hay que advertir que el Perú no existe en el entorno científico mundial. No tenemos siquiera revistas científicas reconocidas. La misma CONCYTEC funciona en un local precario y vergonzoso, con una fachada digna de escuelita fiscal provinciana. Esa es nuestra realidad "científica".

Estamos pues en una sociedad primitiva que vive muy alejada de la ciencia y muy sumergida en creencias de todo tipo. La gente vive consumiendo talismanes, amuletos, horóscopos, pócimas curativas, lecturas del tarot, lineas cósmicas, etc. El mercado de la brujería y la chamanería es grande y pujante, especialmente en el norte del Perú. Hay "videntes" que gozan de espacios en la TV. En el plano de las creencias religiosas existe una alucinante multitud de elementos diversos como cristos, vírgenes, santos, cruces, rosarios, oraciones, procesiones, estatuas, estampas, etc. Además existen ídolos suburbanos ya santificados por la sociedad. La gente tiende a creer fácilmente en todo. Esa es pues la sociedad pagana que tenemos y que se busca "proteger de la ciencia" apelando a la libertad y a los derechos de libre pensamiento.

Desde luego que resulta imposible cambiar esta situación y sería suicida y estúpido enfrentarse a semejante escenario pretendiendo un poco de racionalidad. Sin duda la Dra. Orjeda será técnicamente quemada en la hoguera como ya lo viene siendo en estos días. Las críticas a su medida han salido de todos lados. Nadie se ha atrevido a defenderla. Por el contrario, se ha desatado en las redes sociales una histeria colectiva en defensa de sus creencias y costumbres clamando por la libertad religiosa, como si esta estuviera en peligro. En el colmo del descaro han llegado a decir que "pretenden imponer sus ideas". ¿Qué es lo que ha hecho el cristianismo en los últimos dos mil años sino imponer sus creencias muchas veces a sangre y fuego? ¿Acaso no les imponen sus creencias a los pobres niños desde que nacen sin que estos tengan forma alguna de protección del Estado? Los niños están condenados a recibir el adoctrinamiento religioso y sumarse a la fila de robots que repiten el mismo credo desde hace siglos.

Hemos llegado a escuchar muy curiosos comentarios que pretenden equiparar a la ciencia y a la fe como dos escenarios distintos pero de igual valor. Sin embargo sería bueno recordarles a estos sabios opinantes que mientras la religión nos sigue ofreciendo las mismas ridiculas creencias de hace milenios, sin que ellas hayan significado ningún avance para la humanidad, la ciencia en siglo y medio ha podido desterrar diversas enfermedades, controlar y prever fenómenos atmosféricos, mejorar notablemente las condiciones de vida de la humanidad, dotar de comunicaciones instantáneas al mundo entero, emprender la conquista del espacio y brindarnos los conocimientos fundamentales sobre nuestra realidad. No hay pues punto de comparación con ese conjunto de fantasías religiosas que todavía tiene sometida a mucha gente en la ignorancia total. 

A pesar de que la medida dictada por la Dra. Gisella Orjeda pretende solo aparentar racionalidad en una entidad dedicada a la ciencia, parece imposible que sus intenciones lleguen a plasmarse porque la moderna Santa Inquisición ya empezó a mover su expediente. Antes de que sea inmolada en la pira salvaje de la superchería religiosa de nuestra sociedad solo me queda extenderle una solitaria felicitación.