Mostrando entradas con la etiqueta essalud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta essalud. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de agosto de 2018

Atrapados en medio del populismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El populismo es un cáncer que corroe la política en la mayoría de los países de América Latina. El Perú no es ajeno a este mal. Por el contrario, parece afectar a todos los partidos. Una de las principales características del populismo es el dispendio irresponsable en aras de favorecer a algún sector social, tomando dinero de las arcas fiscales o, peor aun, obligando a las empresas privadas a solventar la benevolencia de los políticos, como acaba de ocurrir. 

En estos días vivimos flanqueados por el populismo del gobierno que apela al referendum para reformas que bien pueden hacerse en el Congreso, gasta a manos llenas incrementando el alcance de los programas sociales y promete aumentos a maestros sin ningún tipo de evaluación de méritos. Y todo esto en medio del déficit fiscal que ya lleva tres años sin solución, pese al aumento de impuestos.

Por su parte el Congreso no se queda atrás. Ha escogido Essalud como instrumento de su populismo irresponsable, tomando decisiones que solo le competen a la dirección ejecutiva de esa institución. Primero dio una ley para incorporar 12 mil trabajadores CAS a la planilla de Essalud y hace poco, acaba de aprobar otra ley para cambiar el cálculo de la CTS de ciertos trabajadores, creando un forado a las arcas de Essalud de unos S/. 700 millones, más otras graves consecuencias que ponen en riesgo la calidad del servicio asistencial que presta la institución.

En esta ocasión, y una vez más, Fuerza Popular ha votado junto con la izquierda radical, coincidiendo nuevamente en el populismo, la demagogia y la total irresponsabilidad en el gasto público. Lo primero que cabe preguntarse es ¿por qué el Congreso se toma atribuciones que le competen a las instancias administrativas de Essalud? Simplemente porque pueden. Y pueden porque en la Constitución no se les ha puesto el debido freno a los demagogos del Congreso. Apenas se les ha limitado en su capacidad de aumentar el gasto público, pero pueden aumentar el gasto privado, es decir, el costo a las empresas. 

Lo ocurrido con Essalud es una clara muestra de por qué el Estado no debe tener empresas públicas, pues suelen ser manejadas con criterios políticos antes que económicos o técnicos. Así fue como llevaron a la quiebra a todas las empresas públicas que hasta 1990 habían generado pérdidas superiores a los US$ 22 mil millones de aquellos tiempos. Entre los sindicatos y los políticos las empresas estaban en jaque, tal como ocurre ahora mismo con Essalud. En vez de dejar que las empresas mejoren para competir y producir más, las saqueaban. Los sindicatos suelen ser mafias que solo tratan de succionar todo lo que puedan de la empresa o la institución hasta dejarla desfalleciente. Los políticos suelen usar a los sindicatos como plataformas o bases partidarias. Esta nefasta alianza le hizo mucho daño al país y aun sigue.

Por desgracia Essalud es una entidad que permanece cautiva del Estado siendo una entidad privada, pues se sustenta con dinero privado, procedente de los trabajadores. No depende del presupuesto público. Al contrario, el Estado es el principal deudor de Essalud. Sin embargo, el Estado hace y deshace con Essalud al antojo de los gobiernos y de los congresistas. Por eso está como está. 

Lo que debería hacer un Congreso pensante y responsable es una reforma que cambie la situación de Essalud sacándola de las manos del Estado y del alcance de los políticos, tal como se hizo en su momento con el Banco Central, por ejemplo. Mientras Essalud siga siendo juguete de los políticos y blanco de su demagogia barata, lo único que le espera a Essalud es vivir en crisis y falencia. 

Los congresistas deberían preocuparse de los asegurados, que son millones, en vez de ocuparse de las gollerías de algunos trabajadores de Essalud que tienen total libertad para irse a trabajar a otro lado si no les gusta como los tratan en Essalud. En cambio los asegurados están condenados a atenderse en Essalud sin alternativa, pues los obligan a cotizar a esa institución, a cambio de una pésima atención. ¿Qué han hecho los congresistas por los millones de asegurados que padecen cada día la ignominia de una mala atención en Essalud? Nada. Absolutamente nada. ¿Qué han hecho los congresistas para obligar a las diferentes instancias del Estado a que cumplan con pagarle sus deudas a Essalud? Nada.

Al contrario, lo que acaban de hacer los demagogos congresistas de Fuerza Popular, Frente Amplio y Nuevo Perú es poner en riesgo la atención de estos asegurados. La presidenta ejecutiva de Essalud, Fiorella Molinelli, ya declaró que se paralizará la construcción de varios hospitales, para empezar. Los millones de asegurados de Essalud tendrán que recordar que fueron los votos de Fuerza Popular los que llevaron a su institución a la crisis y al empeoramiento de sus servicios médicos. Eso es lo que habrá que recordárselos siempre.

sábado, 22 de abril de 2017

La demagogia del Congreso con ESSALUD


El Congreso acaba de aprobar otro mamarracho legislativo del que nadie dice nada. Una ley sustentada apenas en la demagogia barata y la irresponsabilidad política, contradiciendo además al Ejecutivo y sus razones técnicas por las que observó el adefesio legislativo. Lo único que les interesa a los irresponsables demagogos del Congreso es posar como benefactores. Claro, siempre son muy buenos para posar como benefactores cuando se trata de usar el dinero ajeno. En este caso el de los aportantes de ESSALUD. Ni siquiera estamos hablando del presupuesto nacional.

Cabe anotar que la situación de ESSALUD es absolutamente irregular. Se trata de una entidad privada que ha sido usurpada por el Estado al mejor estilo de una confiscación socialista. Nadie quiere remediar esta situación anómala. A nadie le importa que ESSALUD esté secuestrada por el Estado y que hasta los congresistas se tomen atribuciones que no les corresponde, entrometiéndose en la administración interna de esta entidad que le pertenece a sus aportantes.

Tan privada es ESSALUD que los congresistas han decidido pasar a sus trabajadores CAS al régimen de la actividad privada regida por el DL 728. ¿Qué más pruebas de que se trata de un ente privado? Entonces nos preguntamos una vez más: ¿por qué el Congreso se inmiscuye en la administración de un ente privado y toma decisiones por él? Eso es una aberración que solo puede ocurrir en un país de mentes confusas y de impunidad como el Perú. Por eso mismo es que fracasaron todas las empresas estatales, porque se manejaban no con criterios técnicos sino políticos. Y esto es lo que está pasando con ESSALUD que opera en el mismo nivel de desastre que el sistema de salud manejado por el MINSA. Pero ahora, simplemente la van a llevar a la quiebra con estas medidas demagógicas. ¿Pero eso qué les importa a los irresponsables congresistas? Ellos ya cumplieron y posaron como grandes benefactores de los trabajadores. 

Tampoco entiendo esa obsesión de estos trabajadores de seguir en ESSALUD quejándose tantos años. Si a alguien no le gusta su empleo o no está de acuerdo con las condiciones laborales, lo que le toca hacer es renunciar y buscarse otro empleo donde consiga lo que busca. Además ellos aceptaron el empleo bajo esos términos. Nadie les obliga a permanecer en ESSALUD. Son libres de irse. Son profesionales de la salud y pueden encontrar empleo en muchos lugares. Pero cuando se trata de una mafia sindical con capacidad de hacer lobby político, las cosas operan al revés. Es la empresa la que se tiene que acomodar a los caprichos de los trabajadores, tal como ocurría en los tiempos de las grandes empresas estatales de los 80 que acabaron en la quiebra.

Lo realmente salomónico hubiera sido coger el toro por las astas y resolver el drama laboral del país. ¿Por qué se hace necesario un régimen como el CAS? Simplemente porque las leyes laborales regulares son tan absurdas que nadie quiere cumplirlas o nadie puede cumplirlas sin ponerse en riesgo de irse a la quiebra. Han inventado tantas gollerías laborales, mal llamadas "derechos", que nadie quiere pagarlas. Si no quieren regímenes CAS o SNP o cosas por el estilo, pues ya es hora de que sinceren las leyes laborales eliminando tantas gollerías.

Bajo las actuales leyes laborales, las empresas no solo deben pagar el costo del trabajo, sino que tienen que mantener prácticamente al trabajador de por vida, quien se convierte en dueño absoluto del puesto laboral. Es decir, el empresario crea un puesto de trabajo, pero apenas contrata a alguien, este pasa a ser el dueño de ese puesto. ¿Dónde se ha visto semejante barbaridad? Los trabajadores salen muy costosos en el Perú. Esa es la razón del desempleo juvenil, el subempleo y del 70% de informalidad que existe. Pero nadie tiene cojones para cambiar esta situación desde la propia Constitución. Por eso seguimos en la cola de los países en cuanto a libertad laboral, pues tenemos uno de los regímenes laborales más absurdos, restrictivos y draconianos del mundo.

¿Alguien tendrá cojones para cambiar el panorama de las leyes laborales? ¿Alguien tendrá huevos para eliminar tantas gollerías laborales, mal llamadas "derechos"? ¿Alguien tendrá huevos para arreglar el absurdo sistema de ESSALUD que sigue secuestrada y quebrada por el Estado?

miércoles, 17 de septiembre de 2014

El aborto de las pensiones


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

¡Por fin parió Paula! tuiteó Ana Jara anunciando lo que en realidad era un aborto. El gobierno había dado marcha atrás en un aspecto de la reciente reforma del sistema privado de pensiones, cercado por el griterío político y mediático. Un escándalo tardío armado a la entrada en vigor de una norma que había sido promulgada hacía más de un año. Este retroceso es obviamente un papelón internacional. La noticia ya dio la vuelta al mundo en los diarios financieros, confirmando que somos un país inestable, de gentes confusas, donde existe una pasión enfermiza por la palabra "cambio" aunque todos temen los cambios, y donde todos los políticos se sienten reformadores de todo, cuando no revolucionarios.

De hecho el Perú es un país en permanente reforma, incluyendo las reformas. Lo que se ha promulgado es una reforma de la reforma, un retroceso, una derogatoria ejecutada bajo presión en medio del griterío. Nadie ha explicado por qué los trabajadores independientes tienen que ser diferentes a los dependientes. Igual cobran, van a envejecer y necesitar una pensión. Y de eso se trata: de ahorrar para tener una pensión. Todas las excusas para exonerar a los independientes del aporte pensionario son aplicables a los dependientes. 

Pero está demostrado que la cantaleta de la igualdad ante la ley sirve solo para el discurso. Seis millones de trabajadores dependientes son obligados a aportar desde hace casi un siglo, mientras que unos 200 mil independientes formales que emiten boleta siguen exonerados en lugar de incorporarse al sistema como los otros. Han cedido ante el lobby de independientes encabezados por los opinólogos de los medios. Más nada. Y el capricho ha sido convenientemente adornado como un rechazo al "lobby de las AFPs" cuando en realidad el sistema incluye a la ONP y solo hay una AFP beneficiada: precisamente la que montaron para este propósito. 

La AFP Habitat tiene el camino expedito para enjuiciar al Estado peruano porque la han estafado. Aun está pendiente una apelación al TC por la obligación monopólica para aportar a esta AFP eliminando la libertad de elección del trabajador. Si el TC falla a favor de los trabajadores anulando el monopolio, Habitat va a tener que cerrar pues no estará en condiciones de competir. Y no lo hará sin un juicio millonario. Ojalá que a la hora de tener que indeminazarla sean los políticos bochincheros los que hagan una chanchita con su plata.

Todo este mamarracho de reforma que acaba de abortar en su primera etapa se debe a que se la hizo con muy mala intención. Su objetivo no fue mejorar el sistema sino perjudicar a las AFPs obligándolas a reducir sus comisiones. Ese fue todo el objetivo de la reforma. Lo que molesta a los progresistas es que las AFPs ganen dinero y decidieron que debían reducir sus utilidades como sea. Y lo hicieron literalmente como sea.

Veremos cuál es el siguiente paso en este torbellino de reformas que al final nunca cambian nada o la empeoran. 

jueves, 20 de septiembre de 2012

Otro inepto de izquierda muerde el polvo


Alvaro Vidal ha sido "renunciado" de ESSALUD. Ojalá nomás que no regrese a esos puestitos privilegiados de "asesor" que los políticos suelen inventar para favorecer a sus allegados. De hecho, Alvaro Vidal se pasó varios años disfrutando de un sueldo malhabido como "asesor" debido a favores políticos del toledismo. Y no solo eso, la larga trayectoria de Alvaro Vidal en los predios de la salud lo pintan de cuerpo entero como un "pendeivis". Para decirlo en palabras más claras, se trata de un pendejo y corrupto de la izquierda sindical del MINSA. Toda su trayectoria está manchada por despidos, cutras y acomodos políticos. 

En 1993 fue despedido por medida disciplinaria al traficar con un falso descanso médico para irse a Chile en viaje de placer. Tras su despido, acudió al sindicato médico para este le pagara 2,000 soles mensuales por "solidaridad", monto que debía ser reembolsado a la institución cuando el médico pendeivis empezara a laborar. Pero eso nunca sucedió, por lo que el sindicato médico sigue en espera de que el pendeivis Alvaro Vidal le restituya todo el dinero que le debe.

Con el putrefacto régimen toledista, Alvaro Vidal se posicionó como "asesor" muy bien remunerado. Dejó brevemente ese cargo para fungir de Ministro de Salud, y luego volvió a su reposado cargo de "asesor" hasta que en el 2007, bajo el gobierno de Alan García, lo cesaron en ese carguito de pendeivis. Pero como Alvaro Vidal es un pendeivis que se las sabe todas y mantiene una red de corrupción al interior del sector Salud, consiguió que le pagaran una jugosa indemnización de 61,000 soles por "despido arbitrario" cuando esa figura no existe en los cargos de confianza.

De hecho el pendeivis Alvaro Vidal fue denunciado pero nunca devolvió los 61,000 soles. Esperó cómodamente la llegada del gobierno de Gana Perú, donde ya se había acomodado para proponer su aberrante plan de uniformizar todos los sistemas de salud del Perú en un solo inmenso y caótico sistema que ni Dios podría manejar con éxito. Por insensato que parezca, esa aberración es el Plan de Salud de Gana Perú, y lo están ejecutando paso a paso.

El absurdo plan ollantista de unificar todos los sistemas: el de ESSALUD, MINSA, policía y FFAA, en un solo sistema aberrante y caótico, ha sido ejecutado por este gobierno sin que nadie le pare la mano ante semejante disparate. Hay que ser un verdadero imbécil para suponer que ese esperpento que pretenden crear es la solución de la salud, cuando el mínimo sentido administrativo señala que hay que separar los compartimientos en especialidades independientes y autónomas. Cada quien funciona con sus propios recursos y atiende sus propios problemas. Depender de una sola autoridad significaría que nada funciones bien. Pero ese es el plan de este gobierno, ideado por ineptos como Alvaro Vidal. 

Y ahora que se fue este inútil y corrupto agente de la izquierda cavernaria ¿qué nos queda en la salud? Hay alguien que tenga los cojones para empezar a cambiar ese modelo de fracaso que han iniciado? ¿Alguien se atreverá a privatizar ESSALUD para evitar que el Estado siga manejando ineptamente el dinero que los trabajadores aportan para su sistema de seguridad social? 


viernes, 14 de septiembre de 2012

El Estado quiebra ESSALUD y nos pasa la factura


ESSALUD es lo que queda de la institución que se creó a mediados del siglo pasado para garantizar la salud de los trabajadores. Se financiaba con los aportes de los trabajadores y estos, mediante tales aportes, obtenían el derecho a las prestaciones de salud que ofrecía la entidad. Se crearon dos sistemas que obedecían a dos realidades muy distintas, el de los empleados del Estado y el de los obreros. El primero funcionaba en el hoy Hospital Rebagliatti y el segundo, en el hoy hospital Almenara. Dicho sea de paso, este fue el primero que se creó y en su momento fue el más moderno de Latinoamérica, siendo por muchos años uno de los mejores hospitales del Perú. 

Cuando estos dos sistemas estuvieron funcionando perfectamente, siguiendo sus planos de diseño original, llegó el funesto general Juan Velasco Alvarado, quien con la típica mentalidad igualitaria de todo izquierdista, estableció un sistema "igualitario" y sin distinciones entre obreros y empleados. En realidad los servicios eran igual de buenos, pero el general no quería diferenciación alguna entre obreros y empleados, así que igualó ambas administraciones. Así es como funciona la mente retorcida de un izquierdista. Ese fue el inicio de la desgracia del sistema de seguridad social en el Perú. Pero los actos de igualamiento y estandarización entre todos los sistemas de salud todavía sigue hoy en su etapa final, siendo ya la colocación de la lápida. Parece que a Ollanta Humala le tocará el honor de escribir el epitafio de la salud pública.

Este deterioro paulatino del seguro social se debió a la política de introducir a más y más gente con el mismo costo. Empezaron incluyendo a la esposa y los hijos y acabaron metiendo hasta a las amantes. Primero se le abrió la puerta a los empleados del sector privado, pero cuando estos empezaron a cotizar al sistema, el Estado no solo dejó de cumplir con sus aportes correspondientes a sus trabajadores sino que desfalcó las arcas de la seguridad social, incluyendo las pensiones manejadas entonces por ella. Así fue como el general Velasco se dedicó a la construcción de elefantes blancos, como el horroroso Centro Cívico que por años estuvo abandonado y usado como urinario público y dormitorio de vagos. Además se construyeron los ostentosos edificios del complejo Arenales que hasta hoy luce una gigantesca torre completamente abandonada, convertida en un verdadero monumento a la desidia estatal.

El primer gobierno de Alan García terminó de colapsar el seguro generando la mayor burocracia jamás vista. Luego hubo una gran recuperación durante el gobierno de Alberto Fujimori, cuando el seguro fue gestionado por Luis Castañeda Lossio. Las cuentas se pusieron en orden y se le quitó el manejo de las pensiones al crearse las AFPs. Por desgracia, Castañeda empezó a brillar con luz propia por sus excelentes resultados como gestor público, y generó los celos del régimen; de modo que fue sacado del Seguro Social, para entonces IPS, le cambiaron el nombre a ESSALUD, con nuevo logo y colores para que nadie se acordara de Castañeda. Así fue como de nuevo empezó la manipulación política del desgraciado seguro social.

En los últimos diez años ESSALUD ha sido manejado al antojo de cada gobierno para hacer su política social, la cual solo consiste en meter a más y más gente al sistema, como si fuera una combi, hasta que hoy ha reventado. Aunque Ollanta Humala todavía continúa con la vieja costumbre de prostituir los sistemas y sigue con la patética idea de uniformizar a todos los sistemas de salud: ESSALUD, el MINSA, y el de los institutos armados. Hoy la salud en general es una sola escoria homogénea muy venida a menos. 

El Estado ha pasado así por distintas etapas de mala gestión de los sistemas de salud: la total prostitución de los sistemas pre diseñados y concebidos técnicamente, el robo de sus fondos, incluyendo malversación de las pensiones, etc. Hasta las actuales poses de la politiquería de moda fundada en la famosa "inclusión social" consistente en saturar los servicios con más gente, bajo el paradigma estúpido de la gratuidad y la universalidad, que solo garantiza mal servicio para todos.

Hoy el sistema de seguridad social está completamente colapsado y ya no puede sostenerse. El Ministro de Trabajo nos anuncia que será "reestructurado" y eso, ya lo dijo, significará un aumento de las aportaciones de los trabajadores. ¿Vamos a permitirlo? ¿No es un exceso de conchudez política? 

¿Dónde están los políticos de izquierda que tanto dicen defender a los trabajadores? Resulta muy curioso verlos tan preocupados por el funcionamiento de las AFPs pero nunca dicen nada del desastre de la seguridad social. En el Congreso siempre están a la vista los proyectos de reforma de las AFPs y de las CTS pero no se ve ni un solo proyecto para reformar y rescatar el patético y prostituido sistema de seguridad social, si todavía se puede llamar "sistema" a eso. Todos son muy valientes cuando se trata de las empresas privadas que dan un excelente servicio, pero se vuelven cobardes cuando se trata de reformar un sistema en manos del Estado.

Ya es hora de pararle la mano al Estado. Basta de politiquería y de improvisación con los dineros de los trabajadores. Ellos pagan su dinero y tienen el derecho de recibir una buena atención. La seguridad social debería estar en manos privadas ya que se sustenta con el dinero de los trabajadores. El Estado no tiene por qué manejar ese dinero y menos utilizar el sistema al antojo de cada gobierno para sus fines electorales. Eso debería ser considerado malversación. Hay que pedir respeto por el dinero de los trabajadores y que se someta a referendum si los trabajadores quieren pagar más por ese servicio que hoy reciben o si prefieren que su seguro de salud sea administrado por una entidad privada.

Ya que tanto les gusta las consultas populares, que se consulte al pueblo si quieren que la seguridad social siga en manos del Estado o prefiere una gestión privada. Que hablen los trabajadores. Eso es democracia.


sábado, 8 de septiembre de 2012

Salud, educación y seguridad en crisis


Antes de Alberto Fujimori hablar del Perú era hablar de crisis económica. No es que fuera la única crisis pero era la que más nos agobiaba, junto con el terrorismo y otras formas de violencia propias de la izquierda. El Perú ha cambiado en los últimos 20 años en que el Estado ha dejado de intervenir en la economía dejándole el paso al sector privado y acatando las leyes del mercado. Gracias a ello hemos mejorado muchísimo. Ya no tenemos que hacer colas para comprar productos básicos, llenar gasolina, pagar coimas a los burócratas del Estado o esperar años por una linea telefónica, etc. Todo eso quedó atrás cuando sacamos al Estado de donde no debe estar. Pero aun el Estado está presente a muchos otros sectores que hoy siguen en crisis. La crisis actual es de la educación, la salud y la seguridad. 

Los recientes conflictos sociales en salud y educación reflejan una crisis endémica que suele cubrirse con más dinero para los revoltosos, bajo la idea de que acallando las protestas se superan las crisis, pero se equivocan. Las crisis siguen allí, especialmente para el pueblo quien es el que las sufre a diario con la mala educación y la pésima atención de salud. ¿Qué hacer? Hagamos lo mismo que antes: ¡saquemos al Estado de esos sectores!

Hoy el peruano promedio ha dejado de ser el pobretón de los 70 y 80 que esperaba todo del Estado con la mano extendida. El peruano en estos días tiene mayor poder adquisitivo y esto se ve. Está dispuesto a pagar por calidad y lo hace. Apenas puede prefiere enviar a sus hijos a una escuela privada, y estas existen hasta en los barrios más "humildes" como Huaycán. Hoy la gente prefiere pagar su consulta de diez soles en una clínica popular, o en los hospitales de Solidaridad, antes que pasar por la tortura del seguro social. Y desde luego, se ha hecho cargo de su seguridad enrejando su barrio y pagando un guachimán para su cuadra.

El Perú ha cambiado en el siglo XXI pero el Estado sigue siendo el mismo de antes en estos sectores, o es incluso peor. Hemos cambiado al Estado en el área económica pero lo hemos dejado tal cual en salud, educación. Debemos dar el siguiente paso. Hay que cambiar estos sectores para mejorar la calidad de los servicios, dejando a un lado el paradigma absurdo de la "gratuidad y universalidad". Esos conceptos ya no van con nuestra realidad y tampoco han servido en lo absoluto.

El colapso del Estado en los sectores de educación y salud es total. Somos los últimos del mundo en calidad educativa y en el nivel de los alumnos. Tenemos el peor servicio de salud pública, donde las negligencias y el maltrato son la norma. Algo similar pasa en la seguridad ciudadana donde el valor de los policías y su respeto a la institución es lo único que les impide irse al paro.

Pese a que el Estado peruano es incapaz de brindar educación y salud los, políticos se lanzan a prometer mayores prestaciones asistenciales de todo tipo. Pretenden "erradicar la pobreza", como si fuera una plaga de insectos que se combate con pesticidas y no hacen más que beneficencia pública.Y aun se pretende abarcar cosas misteriosas como la "cultura", un concepto incluso más gaseoso que la pobreza, así como otras exquisiteces y maravillas como el "medio ambiente". Hoy estos sectores abstractos y difusos recibe más interés, presupuesto y atención que las personas.

El hospital Almenara ya pasa de los 70 años y nadie piensa en renovarlo, pese a que sus instalaciones hacen estragos por todos lados. Sin embargo, el Estadio Nacional, sede de nuestros fracasos futbolísticos de las últimas décadas, con menos años ha merecido una completa renovación, demostrando las prioridades de nuestros políticos. Eso estaba bien hace medio siglo, pero hoy los clubes ya tienen sus propios estadios ¿por qué el Estado sigue teniendo un estadio de fútbol? Francamente es incomprensible.

La seguridad social fue diseñada con mucho cuidado y esmero por verdaderos expertos a mediados del siglo pasado, pero casi de inmediato fue enteramente prostituida, no una sino varias veces, por nuestros políticos, empezando por el general Juan Velasco Alvarado, quien al mejor estilo de Fidel Castro ordenaba según sus sabios criterios izquierdistas igualarlo todo bajo un mismo rasero de mediocridad, arrojando al tacho todos los estudios y diseños previos. Luego vendrían los sucesivos gobiernos que le cambiaron el nombre, el color y el logotipo, una y otra vez, desfalcando sus fondos por un lado mientras que por el otro ampliaban alegremente sus coberturas. Es decir, metían más gente a la combi del seguro con el cuento de "al fondo hay sitio". Y hoy ya no puede moverse.

La seguridad social ya no es un sistema sino un caos general que nadie sabe cómo desatar. Lo mismo pasa con la educación, reformada más veces que la carpa de un circo pobre. Y tampoco saben cómo resolver. La Policía Nacional, mamarracho inventado con la fusión forzada de tres instituciones policiales, ha sido igualmente prostituida por los incontables aprendices e improvisados que la han dirigido sin criterio alguno desde el Ministerio del Interior. Hasta hoy la Policía Nacional no ha alcanzado una imagen institucional como la que antaño tenían la GC, la PIP y la GR. Y así, mientras la crisis carcome las entrañas del Estado en estas áreas, los políticos continúan con sus alegres promesas de crear más ministerios para ocuparse de cosas tan extravagantes como la inclusión social, los derechos humanos o incluso la juventud, cuando no han podido hacer nada por la mujer, ni siquiera permitirles elegir libremente un método anticonceptivo y hasta se les ha negado el aborto terapéutico.

Lo más sensato para terminar con las crisis de salud y educación sería quitarle al Estado la responsabilidad directa y transferir la gestión al sector privado aunque de manera gradual. Debemos empezar, por ejemplo, transfiriendo el primer piso de la atención de salud, es decir, la atención primaria, enteramente al sector privado, y que la seguridad social se ocupe de los niveles más especializados y costosos. También hay que pensar en trasladar la gestión de las escuelas a los padres de familia y entidades privadas que sean capaces de gestionarlas directamente. No a los municipios que siguen siendo parte del fracasado sistema político. Solo quitándole al Estado estos servicios podemos recuperar la calidad de la salud y la educación, que es lo que a todos nos importa.

En cuanto a la seguridad, ya se ha propuesto privatizar las cárceles. Hay que seguir con esa idea. Y habrá que ver de qué manera recuperamos la institucionalidad perdida en el cuerpo policial, donde todavía es perceptible la rivalidad entre ex PIPs y ex GCs. En este campo francamente no tengo idea de cómo resolver el entuerto si no es restableciendo las escuelas de antes y facilitando la especialización y la institucionalidad.

En suma, el Estado debe empezar su retiro progresivo de las áreas donde hoy resulta ineficiente y donde además permite una maquinaria de manipulación política como es la educación. Debemos eliminar gradualmente el concepto de gratuidad por el de calidad. Ambas son incompatibles. Y si queremos seguir creciendo como país y ser más competitivos en el mundo, debería importarnos más la calidad. Hay que dejar atrás el viejo paradigma inútil de la gratuidad universal.


DB

jueves, 6 de septiembre de 2012

La debilidad del pensamiento correcto


Ya es habitual encontrar en la prensa titulares que anuncian: El presidente Humala exhorta... El premier Jiménez invoca... o algún ministro invita, por ejemplo, a iniciar el diálogo, a deponer la huelga, a trabajar por el desarrollo, etc. ¿No sienten ustedes que nos están tomando el pelo? ¿No hay algo de falso en este drama nacional? ¿No estamos frente a una farsa de la vida real, un sketch tragicómico, un reality show donde dos dementes fingen comunicarse al mejor estilo del Dr. Chapatín y Lucas?

Por un lado tenemos a una verdadera plaga nacional dirigida por la izquierda más recalcitrante y anacrónica del mundo, liderando huelgas y paros regionales en contra de todo lo que significa desarrollo. Por el otro lado está el Estado peruano, regentado hoy por una casta de políticos novatos, advenedizos e improvisados que pretenden pasar a la historia como verdaderos demócratas y respetuosos de la Constitución y la ley. En buena cuenta se trata de dos extremos ineficaces donde unos y otros ven para su lado sin que nadie logre ver la realidad que queda finalmente en abandono.

Los encargados del poder creen que toda su misión es respetar la ley y los buenos modales democráticos, mientras que al otro lado piensan que vale todo para conseguir sus propósitos. Tenemos dos extremos en acción. Unos empecinados en cumplir las buenas formas y otros empeñados en romper todas las formas legales y democráticas. En medio están los ciudadanos en real abandono, tal como ocurre en Cajamarca.

La política consiste en solucionar problemas y no en postergarlos, en ser realistas y no idealistas, en tener acción y no discursos, en enfrentar los problemas y no en dilatarlos, en buscar soluciones reales y no en fabricar "soluciones" maquilladas de corrección política que nada solucionan finalmente. Los problemas hay que enfrentarlos y solucionarlos, no "gestionarlos". El diálogo se hace cuando al frente hay gente racional que busca soluciones, pero no cuando hay radicales dueños de la verdad. 

Por desgracia carecemos de políticos. Todo lo que tenemos son aprendices y novatos a quienes les tiembla la mano y la voz a la hora de enfrentar a los radicales de izquierda. Le piden diálogo a quienes solo saben imponer sus consignas a base de paros, marchas y bloqueos de carretera. Invocan a quienes atacan, exhortan a quienes amenazan. Son pues unos verdaderos papanatas de la política.

Necesitamos gente que gobierne con mano firme. Políticos que impongan la ley con la autoridad que debe tener un Estado legítimamente constituido bajo la ley. La democracia no es debilidad, no se claudicación ni entrega. La democracia debe defenderse de quienes atacan los fundamentos de la civilización como son la libertad al libre tránsito, a la libre opinión y a la libre empresa. Hay que tener voluntad política para acatar la ley y apresar a quienes atentan contra las libertades. Pero no la hay...

Hoy el Perú es presa de los paros antimineros, educativos y de salud. Pero puede venir más porque las lacras de izquierda radical ya se dieron cuenta de que hay un gobierno débil. Desde que sacaron a Valdéz y pusieron a este tibio y cándido premier es obvio que el gobierno quiere besos en las mejillas en lugar de pz y orden. Es evidente que a este gobierno le faltan ideas, pero sobre todo le falta cojones. Si pretendían una "gran transformación" este es el momento de iniciarlo. Que empiece de una vez la privatización de la educación pública y de la seguridad social. Estamos hartos de que la seguridad social sea la caja chica del gobierno de turno y los aportantes al seguro reciban la peor atención del mundo. 

Lo mismo ocurre con los colegios nacionales donde no hay ninguna educación. Los maestros que hoy están acatando al SUTEP o al CONARE son una verdadera plaga de ignorantes incapaces de aprobar el examen más elemental de cultura general. ¿Por qué protestan? Si les pagan 600 soles deberían irse a buscar trabajo a otro lado en lugar de seguir engañando en las escuelas públicas donde no hacen nada! Hasta las empleadas domésticas ganan más que esos maestros. ¡Que se vayan!

Les tiembla la mano a los ministros y al gobierno para iniciar la verdadera Gran Transformación de la educación y de la Salud en el Perú. Ya es hora de privatizar esos servicios que en manos del Estado ha colapsado llegando a sus niveles más bajos de calidad en el último siglo. Ya es hora de que el seguro social deje de ser la caja chica del Estado y que la educación deje de ser la cloaca de donde surgen todos los radicales.

DB