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sábado, 22 de abril de 2017

La demagogia del Congreso con ESSALUD


El Congreso acaba de aprobar otro mamarracho legislativo del que nadie dice nada. Una ley sustentada apenas en la demagogia barata y la irresponsabilidad política, contradiciendo además al Ejecutivo y sus razones técnicas por las que observó el adefesio legislativo. Lo único que les interesa a los irresponsables demagogos del Congreso es posar como benefactores. Claro, siempre son muy buenos para posar como benefactores cuando se trata de usar el dinero ajeno. En este caso el de los aportantes de ESSALUD. Ni siquiera estamos hablando del presupuesto nacional.

Cabe anotar que la situación de ESSALUD es absolutamente irregular. Se trata de una entidad privada que ha sido usurpada por el Estado al mejor estilo de una confiscación socialista. Nadie quiere remediar esta situación anómala. A nadie le importa que ESSALUD esté secuestrada por el Estado y que hasta los congresistas se tomen atribuciones que no les corresponde, entrometiéndose en la administración interna de esta entidad que le pertenece a sus aportantes.

Tan privada es ESSALUD que los congresistas han decidido pasar a sus trabajadores CAS al régimen de la actividad privada regida por el DL 728. ¿Qué más pruebas de que se trata de un ente privado? Entonces nos preguntamos una vez más: ¿por qué el Congreso se inmiscuye en la administración de un ente privado y toma decisiones por él? Eso es una aberración que solo puede ocurrir en un país de mentes confusas y de impunidad como el Perú. Por eso mismo es que fracasaron todas las empresas estatales, porque se manejaban no con criterios técnicos sino políticos. Y esto es lo que está pasando con ESSALUD que opera en el mismo nivel de desastre que el sistema de salud manejado por el MINSA. Pero ahora, simplemente la van a llevar a la quiebra con estas medidas demagógicas. ¿Pero eso qué les importa a los irresponsables congresistas? Ellos ya cumplieron y posaron como grandes benefactores de los trabajadores. 

Tampoco entiendo esa obsesión de estos trabajadores de seguir en ESSALUD quejándose tantos años. Si a alguien no le gusta su empleo o no está de acuerdo con las condiciones laborales, lo que le toca hacer es renunciar y buscarse otro empleo donde consiga lo que busca. Además ellos aceptaron el empleo bajo esos términos. Nadie les obliga a permanecer en ESSALUD. Son libres de irse. Son profesionales de la salud y pueden encontrar empleo en muchos lugares. Pero cuando se trata de una mafia sindical con capacidad de hacer lobby político, las cosas operan al revés. Es la empresa la que se tiene que acomodar a los caprichos de los trabajadores, tal como ocurría en los tiempos de las grandes empresas estatales de los 80 que acabaron en la quiebra.

Lo realmente salomónico hubiera sido coger el toro por las astas y resolver el drama laboral del país. ¿Por qué se hace necesario un régimen como el CAS? Simplemente porque las leyes laborales regulares son tan absurdas que nadie quiere cumplirlas o nadie puede cumplirlas sin ponerse en riesgo de irse a la quiebra. Han inventado tantas gollerías laborales, mal llamadas "derechos", que nadie quiere pagarlas. Si no quieren regímenes CAS o SNP o cosas por el estilo, pues ya es hora de que sinceren las leyes laborales eliminando tantas gollerías.

Bajo las actuales leyes laborales, las empresas no solo deben pagar el costo del trabajo, sino que tienen que mantener prácticamente al trabajador de por vida, quien se convierte en dueño absoluto del puesto laboral. Es decir, el empresario crea un puesto de trabajo, pero apenas contrata a alguien, este pasa a ser el dueño de ese puesto. ¿Dónde se ha visto semejante barbaridad? Los trabajadores salen muy costosos en el Perú. Esa es la razón del desempleo juvenil, el subempleo y del 70% de informalidad que existe. Pero nadie tiene cojones para cambiar esta situación desde la propia Constitución. Por eso seguimos en la cola de los países en cuanto a libertad laboral, pues tenemos uno de los regímenes laborales más absurdos, restrictivos y draconianos del mundo.

¿Alguien tendrá cojones para cambiar el panorama de las leyes laborales? ¿Alguien tendrá huevos para eliminar tantas gollerías laborales, mal llamadas "derechos"? ¿Alguien tendrá huevos para arreglar el absurdo sistema de ESSALUD que sigue secuestrada y quebrada por el Estado?

miércoles, 24 de diciembre de 2014

¿Cuándo se jodió el empleo?


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La primera vez que asistí a una asamblea sindical tenía 18 años y menos de dos trabajando en una de las cientos de empresas estatales que dejó el velascato y que estaba en quiebra, para variar. Se discutía acerca de su privatización o liquidación. El sindicato estaba en contra de las dos alternativas. Ellos querían luchar para que el Estado siga haciéndose cargo de la empresa quebrada y sin despedir a nadie. Yo no entendía esa posición. Cuando me dieron la palabra dije sin dudar que la mejor alternativa era la privatización. Pero enseguida me retrucaron que eso implicaría el despido de la mitad del personal. Respondí que siempre quedaría la mitad y eso es mejor que nada. Pero no me escucharon. Insistieron en que el Estado debía hacerse cargo de la empresa quebrada sin despedir a nadie. Peor aun, pedían más beneficios. El resultado fue que la empresa se liquidó, a pesar de los plantones, y todos acabaron en la calle. Yo me había ido meses antes.

Esa experiencia temprana me dejó claro el grado de imbecilidad al que pueden llegar los dirigentes sindicales persiguiendo una posición dogmática en defensa de supuestos principios. Hoy, cada vez que escucho a alguien hablando de la defensa de los ideales no puedo evitar pensar que se trata de otro idiota, de esos que son incapaces de tomar decisiones sensatas, y cuando el médico les dice que hay un problema con el parto y debe decidir entre su esposa o su hija, exige que se salven las dos siguiendo sus principios. El resultado es que las dos mueren. Y es que las posiciones que buscan la situación ideal y perfecta siempre llevan al basurero de la precariedad o a la muerte. Es todo un misterio científico entender por qué las ideas son capaces de secuestrar el pensamiento, aun cuando se trata de aberraciones. Y casi siempre lo son, especialmente cuando se divorcian de la realidad y acaban enfrentadas a ella.

Esto mismo ocurre hoy con la Ley Pulpín. Los principistas representantes de izquierda se indignan porque les están quitando derechos a los jóvenes. Es cierto que la ley busca darles empleo a costa de unos cuantos beneficios consagrados como inalienables por estos luchadores sociales. Ellos quieren los empleos y los derechos. No es solo un todo o nada, su posición es en realidad un todo y más. Nunca se cansan de pedir. La realidad dice que los jóvenes no tienen empleo, pero nadie ha salido a las calles a pedir empleo. No. Solo salen a reclamar derechos. Algunos tan absurdos como la "asignación familiar". Quisiera saber quién fue el conchudo que inventó esa aberración. Lo más probable es que la hayan copiado de algún otro país quebrado por la demagogia como Argentina.

Habría que preguntarse entonces de dónde surge la creencia de que se le puede exigir todo a las empresas y esperar que el Estado respalde esta posición con leyes y autoritarismo como si fuera el socio mayor de una banda de extorsionadores. Si mal no recuerdo, fue el general Velassco el que cebó a los sindicatos rojos como la CGTP, el SUTEP, la FEB y otros que no paraban de exigir beneficios sociales hasta llegar al delirio. No solo instituyeron la estabilidad laboral absoluta sino que en un momento la FEB consiguió incluso que el puesto laboral fuera hereditario. Frente a eso, algunas gollerías como el sueldo adicional por onomástico más día libre ya resultan minucias. Hay sindicatos que consiguieron del Estado centros vacacionales de lujo. Todo eso mientras la productividad decaía. 

Con el paso del tiempo el panorama laboral se ha llenado de beneficios sociales que carecen de sentido y hasta se repiten, como ocurre con la CTS y la compensación por despido. Ahora PPK sale a sugerir un seguro de desempleo sin decir quién correrá con el gasto. Siempre se sugiere más a pesar de que el problema es que ya hay demasiado. Lo que se necesita es quitar. Debemos volver a la razón y dejar de vivir en la fantasía de un esquema laboral repleto de beneficios gratuitos que en lugar de derechos laborales se han convertido en barreras laborales. Sin embargo, esperar algo así de nuestra clase política parece imposible. De otro lado, el parasitismo de la izquierda y el progresismo juvenil nunca arriarán sus banderas de defensa de los derechos utópicos. Mientras tanto, el gremio empresarial parece un club de eunucos que no opina y solo se deja extorsionar y esquilmar. 

Así las cosas no parece viable que el Perú alcance mejores posiciones de competitividad en el mundo y hasta me resulta irónico ir a la OCDE a solicitarle ingreso. Primero arreglemos el país y pisemos tierra. Ahora que se avecina un proceso electoral volverán a salir los demagogos a prometer más derechos y beneficios, sin duda. Dudo mucho que alguien tenga el coraje de proponer un cambio radical.

martes, 18 de noviembre de 2014

EL discurso encantador


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Alguien definió la estupidez como el hecho de repetir la misma acción una y otra vez esperando un resultado diferente. Esto es exactamente lo que ocurre en la política peruana. Vivimos repitiendo el mismo discurso para solucionar los mismos viejos problemas, muchos de los cuales fueron creados por ese discurso traducido en leyes. Por ejemplo, hoy nos dicen que llegó la fecha para que las empresas depositen la CTS, pero también se informa que solo el 30% de trabajadores está en la formalidad y un porcentaje mucho menor recibe CTS. Este es solo un caso. En general solo un porcentaje minoritario de trabajadores tiene los dichosos "beneficios laborales" que son parte vital del discurso político tradicional desde hace décadas. 

Ocurre que los dichosos "beneficios laborales" son parte de la demagogia de los políticos muy afectos a ofrecer gollerías a la gente, ya sea a costa del Estado o de las empresas privadas. Su demagogia e irresponsabilidad es encubierta con etiquetas tan nobles como falsas, por ejemplo "derechos sociales", "derechos laborales" y "conquistas sociales". Pura basura retórica. En concreto lo único que se ha conseguido con esa charlatanería barata es que el 70% de los trabajadores esté en la informalidad y que solo un 10% acceda a todas esas gollerías, incluyendo la CTS. ¿Pero alguien se atreve a blasfemar del santo grial de las conquistas sociales?

Hablemos por ejemplo de la CTS. Se llama "compensación por tiempos de servicios". EL nombrecito no me indica nada coherente. ¿Cómo es eso de "compensación"? ¿Acaso la empresa no le paga al trabajador por el tiempo trabajado cada mes? ¿Entonces qué hay que "compensar"? No se entiende. Lo cierto es que la CTS resulta ser una especie de seguro de desempleo. Aunque tantas modificaciones ha sufrido por la demagogia política que al final la CTS ha servido para todo. Pero la idea es que sea un seguro de desempleo. La pregunta es ¿por qué la empresa tendría que pagarle al trabajador un seguro de desempleo si justamente le está pagando el empleo? ¿No es problema del trabajador velar por su futuro? Claro que lo es.

Obviamente las empresas tratarán de no hacerse con ese sobrecosto laboral insulso. Como la ley exige pagar la CTS cuando se trabaja más de 4 horas diarias, entonces lo que hace la empresa es reducir las horas de trabajo a 4 y contratar más gente generando subempleo. Lo mismo pasa con los contratos. Todo el mundo sabe que al cuarto año será despedido porque si no la empresa tendría que meterlo en planilla asumiendo sobrecostos laborales, además de un empleado inamovible por la estabilidad laboral. Así que la gente pierde su empleo al cuarto año gracias a las fabulosas leyes que pregonan las conquistas laborales. Y es que hay una enorme distancia entre la estupidez política y la realidad laboral. Las empresas no están para solventar la demagogia de los políticos. Y lo peor de todo es que ni el propio Estado cumple las barbaridades que exigen sus leyes laborales.

Así es como todos vivimos hundidos en la informalidad y la precariedad laboral mientras los políticos siguen con sus discursos idiotas sobre derechos sociales y laborales. Nadie quiere pisar la realidad ni enfrentar los hechos. Creen que pueden obligar a las empresas a inflar sus costos laborales además de tener que pagar ya los elevados impuestos y tasas con que tienen que lidiar para mover la economía. Los políticos charlatanes creen que las empresas privadas pueden ser utilizadas como vacas a las que se succiona la leche sin darles ninguna ventaja. No solo piden leche sino también carne y cuero pero no les dan nada a cambio. Cualquiera que intente beneficiar a las empresas será estigmatizado y atacado como lobista, vendepatria, proempresa, mercantilista, etc.

Si viviéramos en un mundo sensato no existiría la CTS. El trabajador tendría que asumir libremente la decisión de contratar un seguro de desempleo, si lo juzga necesario. Lo haría por el plazo que le parezca conveniente para si, ya sea por tres, seis o más meses, con la tasa correspondiente. Todo eso dependería del propio trabajador quien es el único que sabe si, según sus calificaciones y tipo de profesión, es capaz de conseguir un empleo en tres o seis meses o más, o si es que no necesita ese seguro ya que tiene ahorros u otra actividad que lo solvente. ¿Por qué el Estado tiene que decidir por el trabajador? ¿Y por qué la empresa tiene que hacerse cargo de ese seguro y bajo una misma tasa para todos sus trabajadores? Todo eso es un absurdo total. Las buenas intenciones de los políticos no siempre funcionan y, peor aun, resultan contraproducentes. 

Ya es hora de cambiar el falso discurso político. No acabaremos con la informalidad ni el subempleo si seguimos engañándonos con el estúpido discurso de las "conquistas laborales" y los "derechos ganados". Esa palabrería solo les sirve a políticos y sindicalistas que lo usan para ganar apoyos populares y votos, sin importarles las consecuencias funestas de su demagogia. No podemos tener leyes laborales basadas en discursos de plazuela. Cuando al final todo es un desastre, los charlatanes se lavan las manos culpando a las empresas y exigiendo más derechos laborales. Así es como patinamos eternamente en el fango del subdesarrollo.

martes, 14 de octubre de 2014

La dictadura de la OIT


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La izquierda mundial se ha estructurado alrededor de la tesis fundamental de que se deben eliminar los grupos de poder económico porque manejan la política para cuidar sus propios intereses afectando así a las grandes mayorías. Esta tesis es muy discutible y sigue siendo discutida, pero ha sido el origen de la mayor parte de las políticas mundiales, incluso de gobiernos que no se reclaman de izquierda. Otra consecuencia de esa tesis central es la aparición y/o fortalecimiento de una gran cantidad de organizaciones internacionales que ejercen gran influencia en los gobiernos nacionales. No son poderes económicos pero son poderes fácticos fundados apenas en el humo de su investidura.

La realidad es cambiante. Muchos de estos organismos pertenecen a una época en que el mundo era muy diferente. Hoy resultan dinosaurios anacrónicos que no desaparecen porque han asumido una especie de dictadura mundial perfecta. Representan una especie de templos sagrados, oráculos de la sabiduría desde donde se imparten los dictados para un mundo feliz. Uno de estos dinosaurios es la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que por estos días desarrolla una conferencia en Lima. Han venido a decirnos cómo debemos hacer nuestras leyes laborales.

Siguiendo la lógica de la izquierda, ya es tiempo de luchar contra los poderes fácticos representados por todos estos organismos internacionales, pues en los hechos resultan más nefastos que cualquier poder económico. El poder económico se funda al menos en la realidad, mientras que los organismos burocráticos internacionales solo se basan en la demagogia. Además ejercen un poder absoluto, sin contrapesos ni regulaciones. Para colmo, los países, en especial los subdesarrollados como el Perú, han suscrito convenios que en la práctica significa abandonar toda soberanía y agachar la cabeza a sus dictados. Hoy es el moderno colonialismo. Pero la izquierda mundial está feliz porque estos poderes fácticos son de su invención y están manejados por parásitos burócratas que no hacen más que soñar alegremente con un mundo feliz, regido por normas universales idílicas dictadas al margen de toda realidad concreta y, peor aun, al margen de sus funestas consecuencias. 

La izquierda se pasó décadas detestando la injerencia del FMI en los asuntos internos de los países, pero hoy andan felices con la injerencia de organismos como la OIT y la CIDH, aunque cuando la Corte se confronta con un gobierno progresista es detestada. En fin. ¿No es hora de frenar la intromisión de la OIT en el manejo de nuestras leyes laborales?

Las normas de respeto y cuidado del trabajador ya son universales. Más aun, se han incorporado en la moderna administración. No hay empresa moderna que no conciba a sus trabajadores como un activo antes que un pasivo. Las empresas hoy tienden a ser centros de capacitación y hasta de investigación y desarrollo, vital para la competitividad, por lo que la capacitación y valoración de sus trabajadores resulta fundamental. Esto rige tanto en la minería como en la tecnología electrónica. La disputa por trabajadores calificados, desde los choferes de buses hasta los confeccionistas de Gamarra, ha hecho más por mejorar las condiciones laborales que todas las leyes juntas. 

Por el contrario, las leyes laborales han perjudicado enormemente a la masa laboral sumiéndola en la informalidad y el subempleo. Si el 70% de la economía se desenvuelve en la informalidad es a causa de las leyes absurdas que se dictan al margen de la realidad. No hay nada más ridículo que una ley general del trabajo. La realidad es muy diversa como para pretender manejarla con una ley general. Todo intento por generalizar y uniformizar la realidad mediante una ley debe ser calificado como una estupidez sin atenuantes. Y lo mismo cuando se pretende establecer condiciones estables. Nada en este mundo es estable. Ni los costos ni los precios ni la demanda son estables ¿por qué debería serlo el empleo o los sueldos? A menos, claro, que se trate de un ministerio. Pero en el mundo laboral de la calle nada es estable ni puede ser generalizado ni uniformizado. 

Gracias a las maravillosas leyes laborales que protegen al trabajador hasta del resfrío, hoy tenemos al 70% de los trabajadores en la informalidad. Los empresarios no son tontos. Prefieren despedir a un trabajador antes de cumplir el plazo de ley en lugar de hacerse de un empleado al que no va a poder despedir en caso sea necesario. Los trabajadores se quedan sin empleo por causa de la ley. He visto a otros limitados en su desempeño laboral porque no se les permite pasar de cierto nivel ya que entonces la empresa tendría que pagarle "derechos". Entonces prefieren contratar más gente ganando precariamente antes de emplear formalmente a unos pocos. La ley es causante del subempleo.

De este modo el mundo ideal de las leyes laborales que la OIT regula desde su torre de marfil no le sirven para nada a los trabajadores y mucho menos a los jóvenes que ingresan al mundo laboral. Los políticos, en especial los de izquierda, prefieren vivir en el dulce engaño de las leyes defensoras de los derechos antes que en la dura realidad de la calle. Y es que la gran mayoría de estos líderes nunca han trabajado de verdad ni mucho menos han dado empleo, por lo que en realidad no saben de qué hablan. Son solo parásitos burócratas que dictan recetas desde su oráculo mundial y prefieren lucir su imagen de bondad a los medios, engañando con demagogia barata y fracasada. 

Ya es hora de rechazar la injerencia de la OIT como la izquierda rechazaba al FMI, es hora de rechazar a los poderes fácticos burocráticos internacionales que parasitan en la fantasía de su lirismo, es hora de defender la soberanía y condenar el neocolonialismo de estos organismos internacionales. Y lo hacemos porque no se puede continuar por el camino absurdo de las regulaciones laborales que ha precarizado el empleo en el Perú.