lunes, 26 de enero de 2026

Irán y el silencio que habla

 


Por Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco

El 28 de diciembre del 2025, iniciaban las protestas de la población iraní en contra del régimen teocrático que comanda el dictador y clérigo Ali Hoseini Jamenei desde el 1989. El alza de los precios de los productos de primera necesidad y también el desacuerdo con las políticas islámicas en general, fueron las razones que llevaron a la población a levantarse; lo que reclaman es una especie de alivio económico que les permita sortear la crisis y la expulsión de los ayatolás del poder que ostentan tras la revolución de 1979.

Con más de 40 mil víctimas mortales desde que la dictadura islámica pasó de una estrategia de prevención al iniciarse las protestas, a desplegar acciones letales el pasado 08 de enero; el silencio de buena parte del mundo llama mucho la atención. Es curioso que ninguna organización de derechos humanos, en el plano internacional se haya pronunciado al respecto. No hay banderitas de Irán en los perfiles de los activistas siempre “vigilantes” ante cualquier atropello contra de lo que llaman “pueblo”.

Extraña forma de defender los derechos humanos que tienen algunos. Un régimen que asesina a su propio pueblo debería ser condenado sin ambages, pero curiosamente la izquierda progresista calla de una manera sepulcral. Resulta paradójico que mientras lloran porque Estados Unidos le ha puesto fin a la narcodictadura venezolana encarcelando al criminal Nicolás Maduro, no hayan dicho absolutamente nada sobre las montañas de cadáveres que Jamenei y Pezeshkian provocan a diario, además de hospitales colapsados con heridos. La misma izquierda que acusa a Trump de reprimir las protestas en Estados Unidos denunciando la falta de proporcionalidad en la contención de los manifestantes, callan ante el gobierno de Irán que ha desplegado francotiradores en los techos para contener las protestas, movilizando blindados dispuestos a ametrallar civiles desarmados.

Vamos con más ejemplos. ¿Cómo puede ser posible que un delincuente y drogadicto como George Floyd, haya sido elevado a la inmerecida categoría de mártir mientras que Sahba Rashtian, una joven artista de tan solo 23 años, muerta tras ser alcanzada por las balas islámicas, no sea reconocida nada más que por su padre y su entorno más íntimo? Sin ir muy lejos, aquí en nuestro país, la izquierda convirtió en mártires a dos jóvenes prontuariados muertos en las trifulcas callejeras de una protesta salvaje a fines del 2020, mientras se enfrentaban a las fuerzas policiales.

Decía Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda durante Tercer Reich, que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Y esto es lo que la izquierda ha practicado en todas sus luchas desplegadas por el mundo. Sobre Cuba se inventaron el bloqueo económico y lo repitieron tanto que hoy mucha gente cree que la miseria de los cubanos fue planificada desde la Casa Blanca; cuando Cuba siempre tuvo tratos comerciales con todo el mundo y hasta le han condonado la deuda numerosos paises. Nunca hubo un bloqueo económico, lo que existió fue un embargo comercial, una sanción diplomática y judicial que el gobierno de los Estados Unidos le impuso al régimen de Fidel Castro tras la confiscación de miles de empresas y propiedades de ciudadanos norteamericanos en la isla.

Y este es el poder de los relatos y la propaganda. Quizá el caso más notorio que se conozca a día de hoy y que prueba el éxito de mentir sin escrúpulo, es que los estudiantes sienten vergüenza e indignación cuando se habla de Hitler, el fascismo y los muertos que lleva sobre sus espaldas; mientras que muchos de ellos ven con simpatía ser socialistas/comunistas y salir por las calles con remeras con el rostro del Che Guevara o con la hoz y el martillo, desconociendo la historia criminal de Mao, Lenin, Stalin, Pol Pot, Castro, Guevara y demás dictadores comunistas, quienes provocaron más de 100 millones de muertos en el siglo pasado.

¿Por qué el silencio de la izquierda frente a los muertos en Irán? Porque si lo denuncian se les cae el cuento. Durante años le han vendido al mundo la idea de que la raza humana tiene sólo un enemigo que es Estados Unidos. Tanto que han logrado tener mucho éxito en esta empresa. Pero hay algunos factores importantes a tener en cuenta y que explican por qué la izquierda es tan inmoral e hipócrita en este asunto. Los vientos de derecha que comienzan a soplar en todo el mundo poniendo nerviosos a los pocos gobernantes de izquierda que todavía quedan. La caída de Maduro y el fin del financiamiento de la dictadura cubana con petróleo venezolano, y sobre todo el papel de Donald Trump en Medio Oriente. Si Trump logra deshacerse de los ayatolás en Irán, la izquierda mundial se queda sin un gran aliado en su guerra contra los EEUU. Es por eso que su silencio ante la masacre en Irán, antes que una omisión torpe e inocente, es una declaración de intenciones.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.

lunes, 19 de enero de 2026

“Uyariy”... ¡también a los que no los quieren!

 


Por Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


El último 09 de enero, en las salas de cine del Perú, se estrenó la película documental “Uyariy”, término quechua que significa: “escuchar”. El documental se basa en los hechos violentos ocurridos en el sur, tras el ascenso al poder de Dina Boluarte debido a la vacancia de Pedro Castillo. Javier Corcuera, director de la cinta, busca generar conciencia sobre el estallido social desatado entre diciembre del 2022 y enero de 2023, fecha en que la extrema izquierda organizó las protestas que tuvieron un saldo de 72 muertos, 49 de ellos a causa de las balas policiales. Al margen de la intención del director, lo cierto es que la película duró muy poco en cartelera porque no tuvo la acogida esperada.

Si una película termina siendo un fracaso en taquilla, lo más natural del mundo es que salga de cartelera lo antes posible. Y ante este hecho, artistas activistas como Tatiana Astengo, Mónica Sánchez y otros personajes de la farándula política progresista, no perdieron el tiempo para salir a mostrar su “preocupación”, reclamando al gobierno por no existir apoyo suficiente del Estado a la “cultura” del cine nacional. No obstante, si tenemos en cuenta el historial de ambas señoras y las causas que suelen activarlas, veremos que no es el amor a la cultura o al cine nacional lo que motiva su reacción sino otras.

La película nos habla de una “tragedia”, nos muestra al gobierno peruano reprimiendo las protestas y, a través de una narrativa sesgada y dramática, proyecta el testimonio de los familiares de las víctimas, como la única voz válida que “debe” ser escuchada. Nada se dice sobre los delitos que cometían los manifestantes en las protestas, no hay ninguna mención al asalto al aeropuerto internacional Inca Manco Cápac de Juliaca, donde quemaron una tanqueta policial luego de atacar salvajemente a los efectivos policiales, hiriendo gravemente a varios. Debido a estos hechos violentos tuvieron que suspender los vuelos por varios días. Tampoco se mencionan las cuantiosas pérdidas que provocaron en Arequipa, donde las instalaciones de la empresa agrícola Danper fueron atacadas e incendiadas por los manifestantes pro Castillo. ¿Qué tenía que ver la empresa con esa protesta? Tampoco se habla de las comisarías incendiadas ni de los locales de la Sunat, Poder Judicial y el Ministerio Público incendiados con precisión estratégica. ¿Quiénes planificaron estos ataques? ¿Con qué finalidad? Y menos se dice una palabra sobre las víctimas de los manifestantes, como las dos gestantes que perdieron a sus bebés porque no pudieron atenderse debido a las protestas en Madre de Dios y La Libertad, solo por mencionar dos casos.

Lo que se vivió en el sur del país entre diciembre del 2022 y enero del 2023, fue puro terrorismo urbano. Las acciones hablan por sí mismas y nadie que tenga algo de criterio, puede negar que se trató de una asonada terrorista que buscaba capturar el poder, reponer a Pedro Castillo y quién sabe qué más. Por lo menos buscaban aislar el sur bloqueando carreteras y capturando aeropuertos en cuatro regiones. Ese era claramente el plan. ¿Quiénes lo planificaron, organizaron y financiaron? Nadie quiere investigarlo. Si analizamos a fondo cuál era la plataforma de lucha de ese entonces, vemos que las exigencias de los manifestantes no sólo giraban en torno a la renuncia de Dina Boluarte y la reposición de Pedro Castillo, sino también se exigía el cierre del Congreso y la instalación de una Asamblea Constituyente para que “el pueblo” redacte una nueva Constitución a la medida de los revoltosos. Es decir, nos salvamos de ser otra nefasta dictadura del socialismo del siglo XXI.

Otra de las cosas que ha dicho la comunidad de “actores” y “artistas” que gustan de hacer actividad política de cuando en cuando, es que la película no ha tenido el impacto que buscaba gracias a que las salas no les han dado el acceso en los mejores horarios, como si tuvieran la obligación de hacerlo por tratarse de los dramas que “sufren” y quieren vender como “conciencia social”. ¿No será, por el contrario, que la gente está harta de este tipo de contenidos? El título de la película nos llama a escuchar, y vendría bien que la farándula política progresista haga precisamente eso, escuchar a los que ya no les creemos el cuento.


*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.

miércoles, 7 de enero de 2026

¿El petróleo de la discordia?

 


Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


A través de una intervención militarmente impecable, el gobierno de Donald Trump ha conseguido aquello que se veía venir desde el año pasado. La captura del sátrapa Nicolás Maduro no sólo representa ese gran primer paso hacia la reconstrucción de una Venezuela destruida por el socialismo, sino que es un hecho trascendental en términos de política internacional porque la hegemonía de la que la izquierda ha gozado durante el último tiempo, parece tener un destino inexorable. Si a esto le sumamos el aplastante triunfo de Kast en Chile y el creciente apoyo que las derechas están teniendo en el resto de países de América Latina, no es muy difícil anticipar que el saqueo de la izquierda puede tener los días contados.

Al margen de las diversas reacciones que este hecho ha tenido, reacciones vergonzosas de figuras de relevancia internacional como Claudia Sheinbaum o Gustavo Petro, presidentes de México y Colombia respectivamente; ni mencionar a Miguel Diaz-Canel, actual representante de Cuba, la dictadura más longeva de América Latina; es imperativo no perder de vista algunos detalles importantes para entender la dinámica política que antecede a este hecho y el futuro no sólo de Venezuela sino del mundo.

La “indignación” de todos los líderes, académicos y demás personajes políticos de izquierda, se centra aspectos que ellos critican desde el manual. Acusan de acciones imperialistas al gobierno de los Estados Unidos cuando son ardorosos defensores de la Unión Soviética, quien heredó las prácticas imperialistas de la Rusia zarista y se convirtió en un verdadero imperio del que ya conocemos sus resultados. Dicen también, con “profundo” pesar, que la intervención de los Estados Unidos no tiene nada que ver con una preocupación por la vida y la libertad de los millones de venezolanos víctimas de la narco-dictadura socialista de Maduro y su pandilla, sino que realmente están detrás de su petróleo; termina siendo gracioso porque seguramente Rusia, China, Cuba y el resto de sus aliados, estuvieran ahí por las arepas o por las playas.

Claro que hay intereses geopolíticos de por medio, no hace falta ser un estudioso en la materia para comprender que ninguna intervención es gratuita. ¿El petróleo es importante en medio de este relato?, pues sí pero no por las razones que exponen las izquierdas de todos los colores. Estados Unidos, a día de hoy y en términos energéticos, es autosuficiente, encabeza el ranking de productores de petróleo y además exporta; mientras que las reservas más grandes del mundo están en Venezuela, pero paradójicamente se encuentra en el puesto 21 de esta lista. Pero qué pasa con países como Cuba y China, por poner ejemplos ilustrativos. No es una casualidad el “apoyo” de esos gobiernos. No debemos olvidar que la clase política que gobierna en Cuba está financiada por el petróleo venezolano y ahora veremos si son capaces de sobrevivir por sí solos; por otro lado, la deuda que Venezuela tiene con Pekín es la más grande de América Latina y desde que Venezuela ya no pudo cumplir con el acuerdo comercial en 2017, esta deuda viene creciendo al extremo de ser impagable a día de hoy.

Intereses existen en ambos lados, pero conociendo estos detalles, es normal que los líderes de izquierda que siempre han dependido del petróleo venezolano, estén tan nerviosos porque la captura de Maduro no sólo representa un problema económico, sino que las implicancias pueden ser mucho más graves todavía. Lo más probable es que Maduro quiera negociar su pellejo y con esto veremos cosas interesantes sobre Irán, Rusia, etc., y esto es lo que está en juego en términos de política internacional.

Seguramente la captura de Maduro no baste y tampoco se ajuste al proceso ideal que muchos quisiéramos, pero es lo que hay, lo que corresponde ahora es ver cuáles serán las siguientes acciones del gobierno de Trump porque si es coherente con lo que ha manifestado antes, el objetivo de garantizar la transición de poder lo antes posible sólo significa que Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, son los próximos objetivos. Ahora bien, ¿la transición de poder a la oposición venezolana significa que su pueblo vivirá bien?, ¿podrán retornar a su país los miles y miles de venezolanos que huyeron del socialismo del siglo XXI?, lo más probable es que tome todavía un tiempo para que se acentúen cambios; no olvidemos que el problema de Venezuela no sólo ha sido Maduro y el séquito de parásitos con el que gobernaba, sino que lo era (y es) el socialismo y ese el cambio que esperamos.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.