lunes, 20 de mayo de 2013

Incapaces en el poder


El resultado de tener una democracia sin instituciones, donde no hay partidos políticos sino combis electorales, y está además regido por un pésimo sistema electoral que obliga a votar a todos, sepan o no lo que están haciendo, permite que a menudo se termine eligiendo a la persona equivocada. Especialmente si a los defectos estructurales ya mencionados le añadimos las sucias campañas de difamación y demolición en que suelen convertirse los procesos electorales, donde el debate de ideas y propuestas brilla por su ausencia. Al final resulta ganando quien presenta menos flancos débiles pero como resultado de ser un improvisado y mantenerse callado en todos los temas, mientras sus oponentes son masacrados por una jauría histérica.

Estos han sido precisamente los casos de Ollanta Humala y Susana Villarán, a quienes hoy debemos soportar para desgracia del país y de la capital. Ambos completos improvisados sin preparación ni trayectoria ganaron sus respectivas elecciones por la demolición de su adversario a manos del sicariato electoral dirigido por la izquierda de todos los colores, desde los rojos cavernícolas hasta los finos y nobles caviares, pasando por el progresismo más culto y académico, a quienes se sumaron figuras públicas que arrojaron sus propios odios a la hoguera en que se quemaba al candidato de sus desprecios.

Como consecuencia de todo lo anterior hoy debemos soportar la incapacidad de gobierno de Ollanta Humala, un militar mediocre que no ve más allá de los programas sociales, muchos de ellos copiados de otros países, y quien sigue empleando el discurso de plazuela para atacar a su antecesor como si estuviera aun en campaña. Su famosa ideología de la "inclusión social" acaba en la implementación de cuatro programitas sociales. Fuera de ello el Perú está en la parálisis. No hay visión de futuro. El país transita, como bien se ha dicho, en piloto automático, pero el combustible amenaza con acabarse y el motor de la economía empieza a toser..

Lo que ocurre en la ciudad de Lima no es muy diferente. Lima está asfixiada en el tránsito mientras la alcaldesa sigue soñando con la construcción de ciudadanía. Igual que Humala, sus obras no pasan de ser apoyos sociales muy focalizados, mientras la ciudad colapsa en un caos de tránsito que empeora cada día. Los anunciados 60 intercambios viales han quedado en el limbo. No hay una sola obra en ejecución. Lo que es peor, ni siquiera hay medidas urgentes y simples como sacar de circulación a los taxis destartalados, a las custers chatarra y a las combis. Susana Villaran piensa que los cambios pueden hacerse sin afectar ni enojar a nadie, y que deben hacerse por maternal convencimiento, esperando 20 años hasta que la gente se eduque y cambie por sí misma. Es por ello que la tan mentada "reforma del transporte" no es más que una fantasía progre llena de palabrería.

Por desgracia nos queda todavía un largo trecho por soportar a estos mediocres en el poder. Mientras tanto, tendremos que resignarnos a ver cómo la ciudad empeora, cómo el tránsito colapsa, cómo la inseguridad crece y cómo las inversiones se van alejando. Ya es hora de reclamarle a los sicarios electorales, a los promotores mediáticos y a los garantes de mediocres que pongan la cara y asuman su responsabilidad.

sábado, 18 de mayo de 2013

La política como disciplina amoral y ligera





Por Felipe Cortijo Medina

¡Qué lástima me da ver las componendas a los que nos tienen acostumbrados algunos políticos!. Todo podía haber esperado de los “nacionalistas”, ya nada me sorprende de quienes se irguieron en un primer momento como adalides de la lucha contra la corrupción, gente como Otárola, Rimarachín, Espinoza, Chehade o el nuevo congresista Dammert, están cada uno inmersos en su laberinto de mezquindades y podredumbre usuales. Pero, Martin Belaunde Moreyra, no, esto va más allá de la simple audacia y habilidad de un viejo político apoyando lo que no debería apoyar, ¿qué oscuros arreglos bajo al mesa se han urdido para relajar su moral?.

Decía Federico Nietzsche, al final de su aforismo 203 en su “Más allá del bien y el mal”, hace más de 140 años, lo siguiente: “La degeneración global del hombre, hasta rebajarse a lo que hoy les parece a los cretinos y majaderos socialistas su Hombre del futuro, ¡su ideal!, esa degeneración y empequeñecimiento del hombre en completo animal de rebaño (o, como ellos dicen, en “hombre de la sociedad libre”), esa animalización del hombre hasta convertirse en animal enano dotado de igualdad de derechos y exigencias, son posibles, ¡no hay duda!. Quien ha pensado hasta el final esa posibilidad, conoce una náusea más que los demás hombres”.

Y en verdad da náuseas pensar en lo que nos estamos convirtiendo, una epidemia incontrolable del más vulgar socialismo nos agarra como una influenza tropical, ya nadie piensa en lo inconveniente que es para el país proteger a Alejandro Toledo, no sólo por su exagerada forma de vida privada, envuelto en mil y un escándalos, sino que damos señales inequívocas de que toda la política y los políticos son corruptos. Toledo representa al peor socialismo conocido hasta hoy, el caviarismo, ineficiente y torpe para gobernar, descarado y corrupto en su accionar, ¡y queremos blindarlo!.

No es esto lo que queremos heredar a nuestros hijos, acepto la pelea franca contra Humala, acepto los intentos de extender su poder más allá de su límite normal, aquí estamos con la opinión pública como oposición para estos devaneos, para eso debería estar también el Congreso, quienes nos representan, y aceptamos su inoperancia cómplice. Pero lo que nunca aceptaré es y será esa decadencia a la que llegan algunos apellidos ilustres, ¡el sobrino de un Belaúnde apañando la podredumbre!.

Terminaré citando nuevamente al viejo filósofo que en los albores del siglo XX murió dejando el legado de su lucha contra esa mediocridad de la decadencia, que ya se iniciaba, y que hoy amenaza con enterrarnos a todos en su fango: “La honestidad, suponiendo que ella sea nuestra virtud, de la cual no podemos desprendernos nosotros los espíritus libres, bien, nosotros queremos laborar en ella con toda malicia y con todo amor y no cansarnos de “perfeccionarnos” en nuestra virtud, que es la única que nos ha quedado: ¡que alguna vez su brillo se extienda, cual una dorada, azul, sarcástica luz de atardecer, sobre esta cultura envejecida y sobre su obtusa y sombría seriedad!. Y si, a pesar de todo, algún día nuestra honestidad se cansase y suspirase y estirase los miembros y nos considerase demasiado duros y quisiera ser tratada mejor, de un modo más ligero, más delicado, cual un vicio agradable: ¡permanezcamos duros, nosotros los últimos estoicos!”.

Desmintiendo al progresismo

Tras el fracaso de las ideologías, hoy existe una plaga de fanáticos de causas nobles y justas que, en nombre de sus elevados ideales, ocasionan más estragos que los problemas que pretenden denunciar. Son expertos en montar denuncias ruidosas apelando a métodos que van desde la exageración verbal hasta la violencia física, pasando por una gran variedad de manifestaciones extravagantes y ridículas. Los hay de toda clase, desde los antiracistas hasta los antitaurinos, incluyendo a los excéntricos activistas pro gay, que con tanto escándalo han terminado por despertar en la gente un sentimiento homofóbico nuevo, un rechazo que antes no existía.

En lo personal he mantenido siempre una oposición intransigente a las denuncias de los antiracistas que ven en cada gesto o disposición administrativa un acto de discriminación. Le acaba de ocurrir al cantante Jean Paul Strauss quien por opinar que el video "Agüita de coco" le parece una aberración, ha recibido el ataque de una jauría nacionalista y antiracista, en el que se ha involucrado hasta el mismísimo Ministerio de Cultura, acusando al pobre cantante de ofender a la Amazonía. Si esto no es una estupidez, ya no sé qué puede serlo en este país.

Uno de los flancos más fuertes del progresismo nacional es su lucha antiracista. Están siempre atentos para levantar una denuncia y armar un escandalete que acaba siempre con la crucifixión de algún inocente, quien por lo general termina agachando la cabeza y sometiéndose a la lapidación pública a manos de esta jauría. Hemos tenido casos recientes como el de la playa de Ancón, donde una simple acción de orden, limpieza y seguridad motivó las rápidas denuncias del progresismo acusando el acto como discriminación. 

Antes tuvimos un caso todavía más ridículo. El de un joven andino que salió de un cine en Larcomar y cuando intentó reingresar, la taquillera le pidió su boleto y no le permitió entrar porque no lo tenía. De inmediato el progresismo armó un escándalo solo porque se trataba de un joven indígena. Al grito de "discriminación" condenaron a la taquillera y al cine en pleno. En fin, son muchos los casos montados por esta plaga de activistas antidiscriminación a los que curiosamente nadie les hace frente. Peor aun, hay liberales confusos que terminan apoyándolos.

Hoy tenemos una clara evidencia para taparles la boca a estos escandalosos. Una investigación de World Values Survey muestra el mapa de los países donde hay mayor discriminación. Latinoamérica, y especialmente el Perú, es una de las regiones donde menos discriminación existe. Por si las evidencias reales de nuestra sociedad, donde convivimos tranquilamente con toda clase de razas, no bastara, tenemos ahora una visión neutral y extranjera del panorama. Nosotros no tenemos un problema social de discriminación racial. No lo tenemos. Lo que sí tenemos es un problema de activistas que para justificar su propia existencia (y sus fondos) promueven escándalos mediante campañas de histeria antidiscriminación.