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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Derechos humanos para los humanos derechos

 

Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


De cara a los comicios de abril del 2026, uno de los aspectos más tratados en campaña seguramente será el de la seguridad; y no sólo por el hecho de que fue uno de los temas para pedir la cabeza de la ex presidente Dina Boluarte y varios ministros, sino que en las últimas horas, Rafael Belaunde, pre-candidato por Libertad Popular, sufrió un atentado mientras realizaba una rutina de supervisión en un negocio; por otro lado, el último fin de semana, en Piura, un candidato a diputado por el Partido Juntos por el Perú, fue acribillado mientras circulaba por las afueras de la ciudad.

Los detalles importan y seguramente definirán el futuro de las investigaciones. Lo que sí es una preocupación latente, es el hecho de que ningún esfuerzo por parte del gobierno, ni siquiera al mando de Jeri que había comenzado con la mejor actitud, parece surtir efecto en la realidad. Los comerciantes, los transportistas y ahora los políticos; se trata de un problema que viene creciendo sin freno. Incluso pareciera que mientras más se esfuerza el gobierno por contener la criminalidad, esta recrudece y aumenta su grado de violencia.

Si bien es cierto que no estamos hablando -necesariamente- de una relación de causalidad, sí existe un contexto que podría explicar que toda acción del gobierno está destinada a fracasar. Y es que no se puede poner la carreta delante de los caballos. Toda reforma en materia de seguridad en nuestro país no tendrá jamás buen puerto porque es el sistema de administración de justicia el que termina tirando por la borda cualquier intención. Se pueden invertir millones en logística, tecnología operativa, equipamiento e inteligencia; podemos tener las mejores fuerzas del orden del mundo, pero esto no sirve de nada si es que quien juzga el delito, no tiene la firmeza necesaria.

Se puede hablar de corrupción de funcionarios en el sistema de administración de justicia, claro que sí; pero existe un problema mucho mayor y es la absoluta sumisión de nuestra justicia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, organismo internacional encargado de proteger y promover los Derechos Humanos entre los países miembros pero que no ha hecho otra cosa que servir como punta de lanza de las ONG´s que viven por y para defender a terroristas y delincuentes, enjuiciando al Estado peruano en cada oportunidad que se presente. Mientras que la justicia peruana esté bajo la sombra de la CIDH, toda iniciativa será inútil.

¿Qué es lo que se necesita para resolver el problema? Pues sólo decisión política. Por muy impopular que sea para el consenso social-demócrata, el ejemplo de El Salvador es aleccionador en este tema. Bukele puede caer mal por muchas cosas, pero la efectividad que ha tenido para frenar a las maras y la delincuencia doméstica, es incuestionable. El presidente se muestra firme y poco le importa seguir en tensiones con la Corte mientras que la gente en las calles le da su respaldo total.

Luchar en contra de la criminalidad, en primer lugar y antes que nada, pasa por tener las cosas claras. Una persona que decide atentar en contra de la vida, la libertad o la propiedad de otra persona, está renunciando a sus derechos y no puede ser tratado entre algodones. Y aquí no debería de existir ninguna media tinta, el robo no deja de ser robo porque lo cometa Jesús, o porque se haga en nombre del señor. La naturaleza de la acción no cambia según la persona que actúa, tampoco en función de la motivación.

Y este es el razonamiento medular detrás del éxito de Bukele. Reconocer y distinguir a víctimas de victimarios, llevar hasta sus consecuencias naturales la idea de que los derechos humanos sólo son para los humanos derechos, aquellos que incluso teniendo la posibilidad de actuar como salvajes y usar la fuerza para atentar contra la vida, la libertad y la propiedad de sus semejantes, no lo hacen; es a estos a los que el gobierno debe de proteger del crimen, y no ceder ante las presiones de los “defensores” de los Derechos Humanos. Como bien dice el presidente salvadoreño, la sociedad debe entender que tanto la Corte y el lobby de los derechos humanos, tienen un objetivo y una agenda muy bien marcados, y que el bienestar y la seguridad de las personas de bien, no está dentro de ellos.


(*) Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda


miércoles, 25 de junio de 2014

Otro experimento en la seguridad


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El principal problema del Perú no es por ahora la economía. Los fundamentos diseñados en los 90 funcionan muy bien todavía, pese a la maraña de regulaciones burocráticas que han ido apareciendo a lo largo de estos años. El principal problema hoy tampoco es el terrorismo de izquierdas en sus múltiples variantes, el cual fue eficazmente controlado. Nuestro principal problema hoy es la delincuencia. Para enfrentarlo hace falta lo mismo que se usó para enfrentar al terrorismo y la crisis económica: cojones. Nada más que eso, porque las soluciones las sabemos todos.

Por desgracia el gobierno de Ollanta Humala se distingue por todo menos por los cojones. Prometió de todo pero a la hora de los loros, siempre recula. Inició su gestión con el circo de la Comisión Nacional de Lucha Contra la Corrupción y la Inseguridad Ciudadana, o algo por el estilo, sentando en una mesa a varios personajes, y todo no pasó de show. Resultados cero. La delincuencia sigue imparable. Ahora un nuevo ministro aparece en escena y la plana mayor de opinólogos le ha dado la bienvenida a piñazos, sin esperar a ver su gestión. Así está la gente de aburrida.

Cambiar ministros en un sector tan complicado no es muy bueno, pero lo más curioso es que se cambien personajes tan disímiles. Acaba de salir un angelical abogado de DDHH que de seguridad no sabía ni la "A" y ahora entra un general dinamitero, lo cual hace pensar que el presidente no tiene siquiera idea de la clase de persona que requiere al frente del sector. ¿Sabrá lo que es nu perfil de puesto? Al menos el nuevo ministro Urresti ha empezado dando señales positivas: ha sacado a los policías a las calles a hacer operativos, que es lo que tienen que hacer siempre. Ojalá siga así.

Pero más que cambios de personas lo que se requiere es un cambio de mentalidad. No vamos a resolver nada con el mismo esquema burocrático de modificar leyes o hacer nuevas leyes para inventar nuevas tipificaciones y aumentar penas, crear prohibiciones y licencias absurdas. Eso nunca ha servido para nada. La gente está mal acostumbrada a creer que las cosas se arreglan con leyes, con prohibiciones y con licencias. Al hampa hay que perseguirla en las calles, ir a buscarla a sus guaridas, decomisar sus productos robados, cerrar sus mercados negros, acosarlos en cada esquina sin darles tregua, meterles bala sin miedo. No hay otra manera. 

Crear licencias estúpidas solo fastidia al ciudadano honesto que tiene que perder tiempo haciendo colas para poder tener lunas polarizadas en el auto o portar armas. Los delincuentes ni se intimidan por esas tonterías. Ellos roban las armas o se las alquilan a los propios policías, roban camionetas con las lunas polarizadas para cometer sus atracos. ¿A quién entonces fastidian con las licencias? Solo a la gente decente. Además de absurdas, las licencias crean un mercado para los policías corruptos. Y todavía están por crear una licencia para motociclistas. ¡Paren con esa estupidez! Al hampa no se le combate con tonterías burocráticas sino con acciones directas. Hay que ir a las calles a buscarlos, a detenerlos, a revisar sus autos y sus bolsillos. Eso es lo único que funciona.

Pero la lucha contra la delincuencia involucra a más de un sector. Supongamos que Urresti sea el iluminado que buscábamos en Interior. ¿Pero qué pasa en los penales? ¿Qué pasa en los juzgados, en las fiscalías? Para todo eso se necesita un liderazgo mayor. Ese es el que le corresponde al presidente. Por desgracia no parece que Ollanta Humala esté a la altura del reto.

sábado, 26 de octubre de 2013

La seguridad ciudadana y sus guardianes


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El aumento de la delincuencia social es muy similar a la infección bacterial. Esta se produce en la medida en que los agentes patógenos superan la acción de los anticuerpos. Ocurre cuando no hay anticuerpos preparados para combatir un tipo especial de bacteria o cuando estas superan en número a las otras. No hay diferencias en el escenario social. El aumento de la delincuencia se debe a dos factores: poca policía y mal preparada. Ese es todo el diagnóstico. Lo demás es rollo.

La policía tiene que crecer en número en una adecuada correlación con la sociedad, debe estar preparada para enfrentar los diversos modos delictivos, adelantarse al accionar delictivo bloqueándolos, dejándoles sin espacio donde actuar impunemente, lo cual exige un plan permanente de capacitación y entrenamiento junto a un equipamiento especial que haga uso intensivo de las modernas tecnologías. Pero nada de esto ocurre en el Perú. No nos sorprendamos pues de que la delincuencia haga su aparición por todos lados. 

Lamentablemente la policía ha caído en la modorra de medidas burocrática por demás estúpidas, como el exigir la prohibición de actividades en lugar de salir a combatir las modalidades delictivas. Desde la ociosa licencia para portar armas, hoy convertida en un sofisticado carnet lleno de extremas medidas de seguridad que superan a los billetes norteamericanos, hasta la licencia para las lunas polarizadas en los autos, no han hecho más que molestar a los ciudadanos decentes en lugar de combatir el crimen. Y por supuesto, esas medidas para nada han servido.

El facilismo mental de los idiotas que ven en la prohibición la solución de todos los problemas parece estar ganando terreno. Ahora se pide prohibir que dos personas circulen en moto. Otros quieren prohibir los Ticos porque son usados para delinquir. Luego pedirán prohibir las máscaras porque también son usadas por los delincuentes, después serán las capuchas. Así por el estilo, los burócratas acaban enredando la vida de las personas por darle gusto a las masas histéricas, en lugar de enfrentar el crimen con astucia y con cuerpos policiales especializados.

La policía siempre espera que ocurra un acontecimiento espantoso para salir a hacer sus operativos. Siempre están atrasados. Ayer montaron un escandaloso operativo para revisar a los motociclistas, como si los delincuentes van a ser tan estúpidos de meterse al operativo cuando se ve a cuadras de distancia. La policía debería actuar en cada patrullero que circula por la ciudad deteniendo inopinadamente a cualquier auto o moto sospechosa. Pero en estos días ya ni patrulleros se ven en las calles. Sin una acción decidida del gobierno vamos a terminar como Venezuela. Por desgracia, este gobierno que entró con demasiadas ínfulas y con exceso de triunfalilsmo ha demostrado que más allá de la pose y el discurso están en nada.