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viernes, 6 de febrero de 2015

El cuento viejo del diálogo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El diálogo es parte integrante y permanente de las relaciones humanas en cualquiera de sus facetas, pero fundamentalmente en la política, donde adopta ribetes críticos. Lo ha sido siempre, salvo cuando la política ha sido ejercida por demagogos, aficionados, trepadores y farsantes que llegaron al poder gracias a las debilidades institucionales de nuestros países o mediante el asalto armado directo, como en el caso de la dictadura cubana, y ejercen el poder con gestos y actitudes totalitarias, que empiezan anulando todo diálogo democrático, estigmatizando a la oposición y hasta apresándo a cualquiera que no comulgue con las ideas del villano mandamás. 

En Latinoamérica fue Fidel Castro quien inició la política del tirano confrontacional insultando a todo el que le daba la gana, persiguiendo a los opositores y fusilándolos. Su sucesor y mentor Hugo Chávez le tomó la posta y no se ahorró adjetivos para llamar "yanquis de mierda" a los EEUU, el principal enemigo de todos estos lunáticos. También llamó "ladrón de siete suelas" a Alan García cuando competía contra el candidato del chavismo Ollanta Humala. El funesto tirano Hugo Chávez (porque demócrata nunca fue) no dejó títere con cabeza. Insultó a los medios de oposición, a los empresarios, al clero, al Vaticano y a cuanta persona le daba la gana. Era su estilo. Un estilo que el actual tirano venezolano Nicolás Maduro pretendió seguir, pero que se ha visto obligado a moderar en vista de su situación calamitosa. Ahora está rogando a la UNASUR a que medie entre Venezuela y EEUU para que haya un diálogo entre ambas naciones, algo que nunca quisieron.

En el Perú ha sido justamente Ollanta Humala el iniciador de este estilo callejonero y prepotente de gobernar, insultando a toda la oposición con especial énfasis a los ex presidentes Alan García y Alberto Fujimori o sus movimientos políticos. El principal recurso oratorio de Ollanta Humala en cuanta presentación hace en sus giras por el interior es atacar a sus predecesores, incluso con mentiras como crear la falsa imagen de que él es el único presidente que va a la sierra, aduciendo que los anteriores padecían de soroche. Seguramente la gente que escucha eso en las plazas quedará desconcertada al saber en carne propia que lo que afirma Ollanta es falso.

Ollanta ha sido el matón de barrio que el chavismo quiso tener en sus filas. Aunque no tuvo el valor para plegarse al proyecto bolivariano, Ollanta no ha ocultado su admiración por Hugo Chávez. Es un fiel seguidor del estilo confrontacional y prepotente que no solo es propio de Hugo Chávez sino también del otro líder nacionalista y militar que inspira a Ollanta: el general Juan Velasco Alvarado, maestro del insulto y la prepotencia. No solo persiguió a lo que él llamaba "la oligarquía" sino que los arruinó, y de paso arruinó al país. Gobernó solo para aniquilar a la "clase dominante". Esa era toda su meta y prédica. Luego Sendero Luminoso le tomó la posta. 

Con ese bagaje mental Ollanta no está en condiciones de ser un gobernante cabal. Es un simple trepador de baja estofa que cada día hace esfuerzos para convencerse de que es un político y un presidente. Al igual que sus delirantes ídolos cree que su misión es refundar la patria y extirpar el pasado, combatir y aniquilar a los monstruos que se oponen a su ley y palabra, guillotinarlos con el filo de su oratoria encendida y venenosa. Según su discurso Alan García es un panzón que tiene deudas con la justicia y el fujimorismo nació de las cloacas. Siempre hace recordar que en el pasado se cometían todas las fechorías, sugiriendo que el presente es diferente. Sin embargo no es así. Para colmo su estilo confrontacional y chabacano de comunicación ha sido copiado por dos ministros que se encargan del pugilato tuitero contra los líderes de la oposición.

El escándalo de corrupción que salpica al régimen de Ollanta muy de cerca ha llevado a la primer ministro Ana Jara al Congreso, en donde le han exigido poner orden en su gabinete. En realidad le han exigido que renuncie con todo su gabinete. La respuesta del gobierno a las aguas movidas de la política y en la fiscalía ha sido un llamado hipócrita al diálogo. No se puede considerar de otra manera un gesto que no es natural en el régimen y que surge luego de sentir el agua en el cuello. Los llamados al diálogo desde la época de Alejandro Toledo han sido gestos desesperados para capear el temporal y bajar los ánimos a la oposición, El resultado de los diálogos de Toledo fue el llamado pomposamente (como todo lo que hizo Toledo) Acuerdo Nacional. Un documento que en la práctica no ha servido para nada. 

El antecedente de este gobierno fue el diálogo promovido por el premier Juan Jiménez, ocasión que aprovecharon los infaltables figuretis para pisar Palacio de Gobierno y tomarse una foto histórica. Para nada más sirvió ese diálogo. De modo que en las actuales circunstancias, cuando el gobierno está asediado por investigaciones por corrupción y con una oposición que vive hastiada de los insultos constantes del presidente y sus ministros, convocar a un diálogo sin tener una agenda precisa como por ejemplo, discutir una reforma laboral integral, no tiene más sentido que pasar el tiempo y entretener a los espectadores. 

En este panorama tiene lógica y consistencia la respuesta del Apra y el fujimorismo, las principales fuerzas políticas del país, que se han negado a la convocatoria. No tiene sentido ir a un diálogo sin agenda y sin cambios en un gabinete que tiene varios ministros muy cuestionados. Nadie hasta ahora ha pedido siquiera disculpas por el peculiar estilo chabacano y callejero del presidente y sus ministros Cateriano y Urresti. Lo que correspndería es que el gabinete renuncie en pleno y que un nuevo premier recomponga el gabinete señalando una agenda de salida del gobierno, en el corto tramo que le falta para entregar el poder. Sin esos detalles concretos no cabe diálogo.

sábado, 24 de enero de 2015

El caviarismo periodístico


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El enfrentamiento verbal entre el ministro Daniel Urresti y la periodista Patricia del Río ha dado lugar a posiciones muy curiosas, especialmente en apoyo a esta última. Es obvio que la mayoría de la gente toma partido de antemano por la dama y tiende a defenderla considerando agresión cualquier intento de Urresti de replicar las interpretaciones antojadizas y descabelladas que ella hace, y especialmente si Urresti emplea su peculiar estilo que es el más callejero que se haya visto en ministro alguno. 

Pero dejando a un lado los prejuicios sexistas y la animadversión a Urresti para ser objetivos con lo ocurrido, habría que reconocer que Patricia del Río no es precisamente una periodista inteligente. Su déficit de comprensión es pavoroso y su rápida ofuscación ante las refutaciones y aclares del ministro la llevan a perder los papeles para acabar refugiándose en poses patéticas como "no me tutee" y, por último, recurrir a su condición de mujer para exigir irrefutabilidad y fingirse víctima. No pues, así tampoco es la cosa, y menos cuando ella misma ha llamado "patán" al ministro.

El ministro Urresti dijo algo muy lógico: ¿para qué necesitaría enviar personal de inteligencia a personajes que ya gozan de custodia policial si bastaría preguntarle a esos efectivos cualquier cosa que quisiera averiguar? De esto la señora Patricia del Río entendió otra cosa y acusó directamente al ministro de infiltrar personal de inteligencia en la seguridad de los ministros. ¿Se puede ser tan estúpida? El ministro hizo un esfuerzo sobrehumano para soportar la imbecilidad de la periodista y apenas atinó a decirle que ella habla mucho (lo cual es cierto) y que no se le puede replicar porque es una "diosa del periodismo". Bastó esto para que Patricia del Río enrojeciera de ira y exigiera respeto olvidando que había llamado "patán" al ministro. ¿Cuál es la falta de respeto? ¿De parte de quién? Está claro que la periodista era más que agresiva, hasta malcriada con el ministro, y sin embargo se queja por recibir su vuelto. ¿Qué corona tiene? ¿Para qué se mete a un debate con adjetivos si no quiere que le respondan?

A decir verdad Patricia del Río es una de las periodistas más limitadas de nuestra mediocre prensa. Sus columnas son patéticas y sus entrevistas, enredadas y atropelladas por su verborrea incontenible y su personalidad explosiva. Está a solo un paso de alcanzar la condición clínica de Claudia Cisneros. Pero es parte del staff caviar de la prensa. Es una egresada PUCP, para variar, y de la caviarona "carrera" de Lengua y Literatura. ¿Quién pierde 5 años estudiando algo así? Solo quien no tiene preocupaciones financieras ni teme por su futuro porque confía en su apellido compuesto. Y tal cual, acabó en los medios sin tener mérito alguno y es una adalid de todas las causas progresistas, aunque eso no impide que su desdén a los cholos se le escape en cualquier momento, como cuando se quejó airada porque le enviaron un "cholo pezuñento" a hacerle un reportaje. Era un humilde y novato reportero de La Mula. 

En fin, a quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga. Seguimos en el mundo caviar que la gente adora.

viernes, 11 de julio de 2014

Los chacales al acecho


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Los chacales de IDL no le dan tregua al ministro Urresti. Milagrosamente sobrevive en el cargo luego de una semana de intensos golpes bajos por parte de la jauría caviar, que no ha dejado de gritar a coro que renuncie. La periodista "extremadamente independiente" Rosa María Palacios le dedicó seis artículos seguidos en su columna de Exitosa Diario, además de haberse sumado al cargamontón de IDL desde el primer instante de la denuncia, con publicherry incluido para IDL Radio. ¿Qué pensarán los propietarios de Exitosa Radio sobre la manera descarada en que su periodista estrella usa las ondas de su estación para hacer publicidad gratuita a la competencia?

Luego del escandalete progre alrededor de la trillada denuncia contra Urresti, vino otra sobre el comandante en retiro La Vera Hernández quien postulaba a un puesto en la Secretaría de Defensa Nacional. Los chacales pidieron su cabeza porque había sido condenado por la muerte del periodista Bustíos hace 26 años. En esta ocasión el gobierno accedió y lo retiró de la lista de postulantes. 

No contentos con ello, la jauría de hienas siguió investigando y detectó que en el despacho del Interior se estaba contratando como asesor a un militar "implicado" en el caso La Cantuta. Lo cierto es que si bien su nombre, como el de muchos otros miembros del cuartel "La Pólvora", se menciona en un documento, no es verdad que esté directamente implicado en nada. Pero basta que su nombre sea mencionado para que se levante el escándalo. Después de todo, de eso viven estos parásitos.

Lo curioso del asunto es que acá el progresismo oenegiento arrincona a los militares a la menor sospecha y el gobierno, la prensa y la sociedad bailan al compás de la moral de esta logia de chacales que solo viven atizando el odio antifujimorista y animilitarista. Es su trabajo, si se puede llamar así a esa tarea insana. Pero la moral de la izquierda oenegienta antimiltarista y pro terruca nunca ha dicho nada por otros casos en que sentenciados, condenados y excarcelados por terrorismo han cumplido funciones para el Estado, incluyendo cargos como presidentes regionales y hasta presidente del Concejo de Ministros. ¿O ya se olvidaron todos del angelito Yehude Simons, terrorista del MRTA? 

¿Alguien escuchó las indignadas voces de IDL Radio protestar porque había congresistas de izquierda que, por ejemplo, confesaban muy orondos en el Foro de Sao Paulo su estrecha coordinación con el MRTA, como Javier Diez Canseco? Larga es la lista de condenados y excarcelados por terrorismo que hoy laboran en diferentes despachos del Estado y especialmente del Poder Judicial, que les sirven de nexo a los especialistas de IDL. ¿O acaso creen que consiguen los expedientes judiciales a cambio de una manzana? 

La hipocresía y doble moral progresista en el Perú habla de reconciliación para referirse al perdón a los extraviados hijos de la izquierda que se levantaron en armas, pero nunca deja de condenar y perseguir a los militares. En Colombia, progresistas peruanos como Diego García Sayán y el ex CVR Eduardo González, hacen esfuerzos denodados para crear el ambiente jurídico propicio para reintegrar a los miembros de las FARC a la vida social y política del país, con su novedosas "justicia transicional", mientras que acá siguen gritando "ni olvido ni perdón". Claro, salvo para los terroristas de izquierda.

El progresismo es muy activo para reintegrar a los terroristas a la vida política. En el Perú se integraron al Congreso y a varios cargos públicos sin problemas, o al menos sin ruido. En Colombia los miembros del M19 formaron su partido y llegaron al Congreso. Hoy el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, es uno de sus miembros. Y no olvidemos que en Uruguay el presidente José Mujica es otro terrorista tupamaro que se reintegró a la vida política. En Argentina el terrorismo reintegró a casi todos sus miembros a la política, y hoy está por conseguir que sus distintivos sean declarados símbolos patrios.

Así es como avanza el progresismo por Latinoamérica y el Perú. Mientras tanto, las hienas de IDL no dejarán en paz a los militares ni los dejarán asumir un cargo porque viven con la mierda en las entrañas. Por desgracia, hay muchos tontos útiles en la prensa nacional que les siguen la corriente. No sé si tan inocentemente.

jueves, 3 de julio de 2014

Todos contra Urresti


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Cuando al fin tenemos un ministro del Interior decidido a patear traseros en las calles en lugar de quedarse en su escritorio planificando reformas eternas, un ministro que no aparece perfumado en los medios cortando cintitas o bendiciendo patrulleros sino persiguiendo al hampa en sus guaridas, la caviarada oenegienta le ha saltado al cuello y lo ha puesto contra la pared. No era muy difícil de imaginar que le harían la vida imposible, desde que no es uno de esos caviares PUCP ni un abogadillo de DDHH como su antecesor y otros tantos inútiles del mismo perfil que han pasado por el gabinete sin pena ni gloria. Al igual que ocurrió con Óscar Valdés a quien los progres oenegientos le hicieron la vida imposible, a Urresti se la juraron el primer día.

Sorpresivamente, los parásitos judiciales de IDL denunciaron a voz en cuello que el ministro Urresti estaba siendo procesado por homicidio, denuncia sazonada con sus consabidas monsergas sobre los DDHH, y sin dejar de achacar el delito favorito de la caviarada: "crimen de lesa humanidad". De inmediato los tontos útiles de la prensa caviar prepararon sus artículos de condena al ministro, a quien ya habían empezado a criticar desde el primer día por combatir el crimen en las calles. Esto era miel para la jauría de opinólogos habituados a destrozar ministros. Y es que acá el opinólogo cree que ser bueno es criticar lo que sea. 

Pasado el escándalo el ministro ha comparecido ante la prensa para decir que tiene las manos limpias y que no piensa renunciar. Una penosa manga de reporteros limitados se esforzaba por gritarle preguntas estúpidas como "¿le parece poca cosa para tomarlo tan a la ligera?". A estas horas parece que el oleaje progresista se ha calmado y el ministro sigue en su puesto. EL intento de golpe ministerial fracasó. Por ahora.

Cuando uno revisa el caso por el que está siendo procesado el ministro Daniel Urresti no puede menos que sorprenderse por su naturaleza tan deleznable. El asesinato del periodista Hugo Bustíos ocurrió en 1988 y el juicio (si se le puede llamar así) en el fuero militar se cerró sin hallar culpables. La familia recurrió entonces a la Corte IDH y luego la justicia peruana retomó el caso en el fuero civil, concluyendo en el 2007 con la condena del Coronel EP Víctor Fernando La Vera Hernández y el Teniente Coronel EP Amador Armando Vidal Sambento a 17 y 15 años de cárcel. Caso cerrado. Fin del tema. 

¿Cómo es entonces que este mismo caso resucita años después para implicar al hoy ministro Daniel Urresti? Pues esa es la magia y milagros de la caviarada oenegienta. ¿De qué creen que viven estos parásitos? El asunto es tan cojonudo que da risa. Resulta que el condenado Vidal Sambento cumplió no 15 sino solo 4 años de cárcel y salió por "buena conducta". Primer asunto que habria que investigar con la misma acuciosidad que se han investigado los miles de indultos de Alan García. ¿A cambio de qué soltaron a este reo en solo 4 años de una condena de 15? Pues resulta que este señor es el que luego decide -de una manera muy misteriosa- cambiar toda su historia y contar otra, completamente diferente, implicando al hoy ministro Daniel Urresti. Y... ¡oh maravilla! ¡Se armó otro expediente al toque!

Es muy curioso comprobar cómo la Fiscalía que es tan lenta, y proclive a archivar los expedientes de las grandes mafias, es muy eficiente para acusar a militares cuando el expediente viene tramitado por IDL, la ONG progre que vive de los juicios a militares y donde trabaja más de un terruco liberado. El proceso a Daniel Urresti corre a la velocidad de una liebre. El caso es un mamarracho completo, empezando porque no hay prueba alguna y todo se ha armado sobre el testimonio modificado del ex reo curiosamente liberado, quien ha terminado culpando del asesinato del periodista Bustíos a una persona que no existe, a otro que está muerto y al general Urresti. Ni más ni menos. Los otros testigos solo afirman haber trabajado con Urresti, y hasta hay un "testigo" que ¡no ha visto nada! Todo lo que dice es "me dijeron". Así es como se pueden embarrar honras tan fácilmente en este país donde las mafias de todo tipo manejan el Poder Judicial y las fiscalías a su antojo.

De otro lado el general Urresti ha dicho q
ue él era un oficial de inteligencia y no tenía mando operativo. Eso se ha corroborado. Además su acusador es una verdadera joyita. No solo ha sido reconocido por todos como el autor material del homicidio sino que además fue acusado por Urresti de malos manejos en el Ejército, cuestión por la que fue sancionado afectando su vida institucional. En buena cuenta todo ese expediente apesta. Se ve de lejos la mano negra del progresismo oenegiento que parasita en el Poder Judicial y se alimenta de la carroña que encuentra mientras escarba en los restos de la guerra antisubversiva. 

La pregunta que debemos hacernos es ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que estos buitres de la ley sigan desestabilizando el país con la cantaleta de los DDHH? 

miércoles, 25 de junio de 2014

Otro experimento en la seguridad


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El principal problema del Perú no es por ahora la economía. Los fundamentos diseñados en los 90 funcionan muy bien todavía, pese a la maraña de regulaciones burocráticas que han ido apareciendo a lo largo de estos años. El principal problema hoy tampoco es el terrorismo de izquierdas en sus múltiples variantes, el cual fue eficazmente controlado. Nuestro principal problema hoy es la delincuencia. Para enfrentarlo hace falta lo mismo que se usó para enfrentar al terrorismo y la crisis económica: cojones. Nada más que eso, porque las soluciones las sabemos todos.

Por desgracia el gobierno de Ollanta Humala se distingue por todo menos por los cojones. Prometió de todo pero a la hora de los loros, siempre recula. Inició su gestión con el circo de la Comisión Nacional de Lucha Contra la Corrupción y la Inseguridad Ciudadana, o algo por el estilo, sentando en una mesa a varios personajes, y todo no pasó de show. Resultados cero. La delincuencia sigue imparable. Ahora un nuevo ministro aparece en escena y la plana mayor de opinólogos le ha dado la bienvenida a piñazos, sin esperar a ver su gestión. Así está la gente de aburrida.

Cambiar ministros en un sector tan complicado no es muy bueno, pero lo más curioso es que se cambien personajes tan disímiles. Acaba de salir un angelical abogado de DDHH que de seguridad no sabía ni la "A" y ahora entra un general dinamitero, lo cual hace pensar que el presidente no tiene siquiera idea de la clase de persona que requiere al frente del sector. ¿Sabrá lo que es nu perfil de puesto? Al menos el nuevo ministro Urresti ha empezado dando señales positivas: ha sacado a los policías a las calles a hacer operativos, que es lo que tienen que hacer siempre. Ojalá siga así.

Pero más que cambios de personas lo que se requiere es un cambio de mentalidad. No vamos a resolver nada con el mismo esquema burocrático de modificar leyes o hacer nuevas leyes para inventar nuevas tipificaciones y aumentar penas, crear prohibiciones y licencias absurdas. Eso nunca ha servido para nada. La gente está mal acostumbrada a creer que las cosas se arreglan con leyes, con prohibiciones y con licencias. Al hampa hay que perseguirla en las calles, ir a buscarla a sus guaridas, decomisar sus productos robados, cerrar sus mercados negros, acosarlos en cada esquina sin darles tregua, meterles bala sin miedo. No hay otra manera. 

Crear licencias estúpidas solo fastidia al ciudadano honesto que tiene que perder tiempo haciendo colas para poder tener lunas polarizadas en el auto o portar armas. Los delincuentes ni se intimidan por esas tonterías. Ellos roban las armas o se las alquilan a los propios policías, roban camionetas con las lunas polarizadas para cometer sus atracos. ¿A quién entonces fastidian con las licencias? Solo a la gente decente. Además de absurdas, las licencias crean un mercado para los policías corruptos. Y todavía están por crear una licencia para motociclistas. ¡Paren con esa estupidez! Al hampa no se le combate con tonterías burocráticas sino con acciones directas. Hay que ir a las calles a buscarlos, a detenerlos, a revisar sus autos y sus bolsillos. Eso es lo único que funciona.

Pero la lucha contra la delincuencia involucra a más de un sector. Supongamos que Urresti sea el iluminado que buscábamos en Interior. ¿Pero qué pasa en los penales? ¿Qué pasa en los juzgados, en las fiscalías? Para todo eso se necesita un liderazgo mayor. Ese es el que le corresponde al presidente. Por desgracia no parece que Ollanta Humala esté a la altura del reto.