jueves, 18 de diciembre de 2014

El despelote laboral


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El libreto político del Perú es patético. La gente se pasa la vida pidiendo cambios y reformas pero cuando se las dan, aunque sean mínimas, salen a las calles a protestar para que nada cambie. Y los políticos apenas oyen las protestas reculan en sus intenciones, derogan la ley o postergan su aplicación saliendo a favor de los bochincheros. Esto es lo que acaba de ocurrir frente la ley que pretende reducir los altos índices de desempleo juvenil. Es posible que acabe derogada.

Solo por eso a veces prefiero una dictadura temporal. Si no es a la fuerza acá no cambia nada. ¿O alguien cree que el desastre de país que era el Perú hasta 1990 se hubiera podido cambiar en plena democracia? Imposible. Y menos en una democracia como la que tenemos, sin verdaderos partidos institucionalizados de alcance nacional, y con una clase política conformada por puros improvisados semi ignorantes, sin formación política, carentes de doctrina y principios ideológicos. ¿Cómo hacer reformas en un país así? Solo las dictaduras como la de Velasco Alvarado pudieron hacer reformas profundas, aunque las suyas solo sirvieron para hundirnos en la miseria porque siguió el mal ejemplo del socialismo. Gran parte de nuestras actuales taras provienen de esa época nefasta. Mientras acá Velasco nos arruinaba con socialismo, al lado la dictadura de Pinochet transformaba Chile en una potencia siguiendo las exitosas recetas del libre mercado. 

Las transformaciones no siempre son buenas, a menos que se sigan recetas de probado éxito y se abandonen las fracasadas. ¿Pero cómo es que se pueden seguir recetas que nos han hecho fracasar? Es un problema mental de los seres humanos: se enamoran de las ideas y dejan de lado la realidad. Es por eso que seguimos teniendo comunismo y socialismo en el mundo a pesar de sus fracasos. Así como hay mujeres que no quieren abandonar a sus agresores y victimarios porque creen que algún día cambiará o porque las maltratan por amor. Algo así pasa con los progresistas que apoyan ideas fracasadas como los famosos "derechos laborales" cuando ni empleo formal existe.

Volviendo al presente, la propuesta del gobierno es simple y pragmática: se le plantea a las empresas que contraten jóvenes sin tener que pagarles CTS ni gratificación. Por su parte el Estado se hará cargo del pago de ESSALUD. Es una medida opcional y de emergencia para evitar el paro juvenil que alcanza a 4 de cada 5 jóvenes. Acá lo que se quiere es que los jóvenes tengan un empleo. Algo para empezar. ¿No es una gran idea? Claro que sí. Pero para el progresismo no lo es.

El progresismo ha puesto el grito en el cielo porque se atenta contra uno de sus íconos más sagrados: los derechos laborales. Un progre no se preocupa por el empleo sino por los derechos derivados del empleo, pero como no hay empleo no hay derechos. Y una de las razones (si no la única) de que los jóvenes no tengan empleo es que son muy costosos para cualquier empresa. No tienen experiencia ni referencia alguna y son hasta un riesgo potencial. Por eso las empresas prefieren contratar gente mayor, si al final van a tener que pagar lo mismo. El resultado: desempleo juvenil. La ley pretende compensar a las empresas para que se animen a contratar jóvenes. Es bastante racional y habría que ver si en los hechos tendrá resultados. Parece obvio que alguna incidencia tendrá. 

Pero para el progresismo basta que se toquen los sagrados derechos laborales para que la ley sea una puerta abierta a la explotación. Con su tradicional mentalidad anti empresarial, han vuelto a sacar su cantaleta de que el gobierno favorece a las empresas y que hay toda una confabulación de las grandes empresas y la CONFIEP detrás de esta ley que busca el cholo barato. La histeria progresista de toda la vida. A ellos hay que sumarles un buen grupo de periodistas limítrofes, encumbrados sin razón, que opinan disparates en todos los medios en los que tienen acceso. Al final hasta los fujimoristas que apoyaron la ley ahora dan marcha atrás, haciendo frente común con los políticos demagogos y oportunistas que solo piensan en los votos. Así es nuestra democracia. Y luego hablan de cambios.

En realidad ni siquiera se han hecho cambios. Las vacas sagradas de los "derechos laborales" y los "beneficios sociales" siguen vivas. ¿Alguien ha tenido el valor de cuestionar estos disparates que son en el fondo el origen del 80% de informalidad laboral? Nadie. Las taras mentales que hicieron posible toda esa funesta ruma de cargas laborales que arrastran las empresas no ha sido combatida. Todavía mucha gente ve a las empresas como beneficencias públicas que deben hacer labor social y, en el colmo de la imbecilidad, las critican por pensar en el lucro.

Nadie ha tratado siquiera de desmontar ese ridículo castillo de "derechos laborales" inventados por políticos demagogos e irresponsables, como Alan García, que no tienen ningún empacho en hacer sus obras de bien social cargándole a las empresas el costo de su emoción y benevolencia. Tan ridículo es el sistema laboral que ni el Estado cumple con ella y se tienen que crear regímenes de excepción a cada rato para que la economía pueda funcionar con algo de formalidad. Mientras tanto seguimos engañándonos con absurdos "derechos laborales" que solo un porcentaje mínimo tiene.

Se necesita una revolución, no sé si una dictadura, para transformar este ridículo esquema y arrojar al tacho cargas laborales como la CTS que no tienen razón de ser. Al trabajador deben pagarle un buen sueldo y dejar que el resto sea asunto suyo. Es el trabajador quien debe decidir si contrata un seguro o más, de qué clases, dónde los contrata y por cuánto. ¿Por qué se les impone el desastre de ESSALUD? Ya verá también si aporta o no aporta a su jubilación y en qué sistema lo hace. No podemos permitir que el Estado, o sea, los burócratas iluminados, tomen las decisiones por nosotros. Los derechos del trabajador son a un trato digno, a un ambiente cómodo y saludable, y a un seguro de riesgo si es que la naturaleza de la labor lo amerita. En todo lo demás debe regir la más absoluta libertad tanto para el trabajador como para la empresa. Ya es hora de borrar del mapa esa aberración conceptual de la "estabilidad laboral". 

Hace años que las cosas van mal en el campo laboral. Las cifras así lo demuestran. Pero mientras no hagamos nada por cambiar de mentalidad dejando de aferrarnos a derechos ficticios convertidos en íconos sagrados no podremos superar este profundo bache en que vivimos. Las taras mentales tienen al Perú viviendo como un perro que da vueltas tratando de morderse la cola. Los políticos mediocres que tenemos solo piensan en votos y el progresismo solo fuma el opio de la ideología fracasada. No sé si solo nos queda esperar la próxima dictadura que nos saque de este hoyo.