martes, 9 de julio de 2013

¿Sabiduría en las protestas?


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Antiguamente me indignaba al leer los embustes que escribían los progres. Hacía hígado con el descaro con que engañaban a la gente diciendo toda clase de mentiras bien aderezadas. Pero hoy solo me río. No puedo menos que reír a carcajadas cuando leo a Rocío Silva Santisteban afirmando que toda esa gente que sale a protestar son "indignados" que conocen las leyes que los afectan. No hay que llamarlos revoltosos, nos dice. ¿Y acaso no lo son?

La lógica simplista no es creer que "el pueblo es bruto" sino creer que todos ellos leyeron una ley que aun se discute en el Congreso, cuando todo el mundo sabe el bajo nivel de lectoría que hay en este país, además de los graves déficit de comprensión lectora que aqueja a las mayorías. Basta ver el bochorno que significan esos reportajes de la TV preguntándole a la gente cosas tan elementales como ¿quién fundó Lima? No nos vengan pues a decir que la gente lee las leyes. Ese es un embuste más que la progresía emplea para justificar el vandalismo callejero de sus huestes.

Las protestas callejeras del último 4 de julio a nivel nacional no son pues expresiones espontaneas de un pueblo indignado. Para nada. Son actos de claro vandalismo urbano perfectamente coordinados. La convocatoria la hicieron diversos grupetes de izquierda, incluyendo la tristemente célebre CNDDHH, que dirige nuestra aguerrida columnista de hoy, y que más que defender DDHH se dedica a promover la agitación social, especialmente la antiminera. Todos estos grupos tuvieron tiempo de sobra para coordinar y preparar sus actividades de agitación social, cuyo objetivo es ser lo más violento posible, porque así es como ellos miden el grado de éxito de su manifestación.

Así actúa la izquierda. No es nada nuevo. No es que la gente salga a protestar puntualmente por algo. De paso escogieron el 4 de julio adrede, pues es el Día de la Independencia de los EEUU y ya sabemos que la progresía y el rojerío en pleno detesta a este país, aunque se vayan a vivir o estudiar allá, como es el caso de nuestros más encumbrados caviares. El discurso tampoco es nuevo, como lo confirma nuestra célebre columnista: rechazan las reformas neoliberales extractivistas. 

Hace décadas que el Perú padece la insanía de estos sectores de izquierda que nunca han aprendido a respetar ni la democracia ni el Estado de Derecho. Ellos quieren que el gobierno, sea el que fuera, ejecute el programa de la izquierda. No han ganado las elecciones pero quieren imponer su programa. Ahora dicen que protestan porque las leyes nuevas los afectan. Quizá los afecten, pero las leyes no se hacen para satisfacer los apetitos y gollerías de estos sectores sino pensando en el Perú como nación. Y lo más patético es comprobar que las leyes no los afectan. Salvo que buscar la eficiencia y la meritocracia sea un atentado contra ellos. Quienes afirman esto son los sindicalistas, eternos parásitos enquistados en sus gremios por décadas, y que solo buscan defender sus prebendas. A ellos no les interesa el país sino tan solo sus bolsillos.

Para terminar, nos dice RSS que la protesta es un derecho. ¡Qué novedad! Lo triste es que a la izquierda ya no se le cree nada porque han prostituido el concepto de derecho. Ya no queda prácticamente nada que no sea un derecho. No sé cuándo será el día en que empecemos a hablar de obligaciones y deberes en este país que sigue en el subdesarrollo. Nos dice que la protesta es parte del derecho a expresarse y que no justifica ni el vandalismo ni la violencia. Qué bueno, sin embargo, la misma poetisa de la protesta se opone a que el Estado regule este supuesto derecho de protesta. 

La progresía en pleno aplaude las leyes de regulación de la libertad de expresión en Ecuador, Argentina y Venezuela, pero se opone abiertamente a que se regule el derecho de protesta, que según dicen, es parte del derecho de expresión. Esa es pues la doble moral y el cinismo típicos de la progresía. Si hay algo más triste, cínico y nefasto que la mentalidad progresista, por favor avisen.