lunes, 23 de noviembre de 2015

Soy de derecha porque...



Escrito por: Elvis Occ



Soy de derecha porque creo en la libertad, la propiedad privada, el imperio de la ley, la meritocracia y la existencia de un estado mínimo. Soy de derecha porque creo que si no te gusta EEG o Combate, la solución es tan simple como cambiar de canal. Soy de derecha porque estoy seguro que si los demás periódicos en vez de chillar “concentración de medios”, mejoraran su producto venderían más que El Comercio. Soy de derecha porque tengo claro que los liberales en EEUU son de izquierda light, pero izquierda al fin. Soy de derecha porque creo que la receta Keynesiana es peor que la enfermedad a tratar. Soy de derecha porque nunca postule a una beca para estudiar en la URSS cuando prácticamente las regalaban. Soy de derecha porque me parece que darle comida, plata y ropa a la gente no es mejor que capacitarlos para que ellos se ganen la vida dignamente. Soy de derecha porque la "nueva trova" cubana siempre me pareció melosa, ambigua y dirigida a ganar adeptos al régimen comunista de los Castro. Soy de derecha porque me da arcadas ver a Rosa María Palacios y Augusto Álvarez Rodrich sin militancia política pero con ardiente pasión por servir al poder de turno. Soy de derecha porque el nieto de José Carlos Mariátegui es de derecha. Soy de derecha porque tenemos un buen número de militares peruanos enjuiciados de por vida y otro tanto en la cárcel por el solo hecho de defender la patria. Soy de derecha porque IDL, CDDHH y Aprodeh defienden a Sendero luminoso y MRTA. Soy de derecha porque los profesores de SUTEP no pudieron lavarme el coco cuando era escolar. Soy de derecha porque necesitamos mas plataformas blogueras y gente de las nuestras en las redes sociales.

Soy de derecha porque las ONGes marxistas han infiltrado el Ministerio Publico y el Poder Judicial para obtener sentencias e indemnizaciones a favor de los terroristas. Soy de derecha porque a mi juicio el antropólogo forense José P. Baraybar es un fraude. Soy de derecha porque me canse de esperar que algún mesías, bestia negra u outsider sea de derecha. Soy de derecha porque rechazo todo tipo de mercantilismo. Soy de derecha porque hay otros pulpines -aparte de los frívolos, narcisistas y poseros- que son de derecha y no lo saben. Soy de derecha porque no existe país en el mundo que tenga o haya tenido un gobierno de izquierda y posea una economía como la de Singapur. Soy de derecha y de derecha popular acholada. Soy de derecha porque nunca hubo derecha en Perú, solo partidos propiedad de un clan familiar o grupo económico local preocupados por preservar o ganarse los negociados con el estado. Soy de derecha porque prefiero los dólares por encima de los euros. Soy de derecha porque evito leer las columnas de los progrerojos o de algún terruco reinsertado. Soy de derecha porque tengo claro que el Informe de la CVR es un documento que tiene menor valor que un rollo de papel higiénico. Soy de derecha porque no estoy a favor del matrimonio civil. Soy de derecha porque no sería capaz de animar a nadie a que aborte. Soy de derecha porque me atreví a escribir un libro abiertamente de derecha. Soy de derecha porque me causa una infinita ternura escuchar a otros que la derecha y la izquierda son términos arcaicos. Soy de derecha porque propongo cadena perpetua para los violadores y pena de muerte para los asesinos. Soy de derecha porque ella aglutina desde liberales pragmáticos hasta ultras, pasando por conservadores, republicanos y en veces hasta anarco capitalistas.

Soy de derecha porque la izquierda nos ha hecho perder décadas de progreso. Soy de derecha porque no creo que legalizando el aborto, el matrigay y las drogas nos haria un pais de primer mundo. Soy de derecha porque que Cuba es un paraíso tropical comunista solo para los Castro y turistas extranjeros. Soy de derecha porque digo que Venezuela no es una democracia ni Maduro un Milton Friedman. Soy de derecha porque amo a mi patria y destaco sus virtudes así me digan chauvinista. Soy de derecha porque lo único que le reclamo al grupo Colina es no haberse encargado de Abimael y Polay. Soy de derecha porque los gramscianos no pasaran! Soy de derecha porque ya basta de joder con eso de "pobrecitos los musulmanes", exterminen a los moros terroristas! Soy de derecha porque sé que junto con la reducir la pobreza también se reduce el radio de influencia izquierdista. Soy de derecha porque ya me convencí que Perú es un país minero. Soy de derecha porque mientras nos hundimos en la delincuencia, el Congreso aprueba leyes como el día de la chirimoya. Soy de derecha porque la izquierda usa los gays, ecologistas y animalistas para infiltrar sus nefastas ideas en los juventud. Soy de derecha porque no creo en el igualitarismo. Soy de derecha porque la izquierda reniega del modelo primario extractor por contaminante pero apoya la minería ilegal que ya arraso un tercio de Madre de Dios. Soy de derecha porque el relativismo de los caviares ha abonado al campo de la pérdida paulatina de valores. Soy de derecha porque no creo que reemplazando a la iglesia con IDL y a Cipriani con Cotler, haga del país un faro del saber. Soy de derecha porque pienso que deberíamos salir de la CIDH. Soy de derecha porque creo en el libre mercado que no tiene nada que ver con la informalidad. Soy de derecha porque no veo nada malo con querer ganar más dinero, pugnar por un puesto mejor o mudarte a vivir a Miami. Soy de derecha porque puedo decir lo que pienso y hacer lo que digo asi le joda a la izquierda u algún otro extraviado.


www.elvisocc.org 

domingo, 22 de noviembre de 2015

La política de la negación


Por: Juan Carlos Vasquez Peña

Suele suceder que cuando la realidad cambia de una forma inesperada, y cuando tus valores y creencias se ven trastocados de forma repentina, una reacción clásica y primaria es la negación. Negar lo evidente pensando que los demás están equivocados, que nuestro destino es manejado por fuerzas poderosas e invisibles ajenas a nosotros, o que el líder que uno siguió fielmente cambió por buenos motivos y que nuestro deber es seguirlo (aún cuando nos lleve al precipicio, aunque eso nadie lo admite tampoco).

Estas actitudes de negación se han visto con muchísima frecuencia en esta primera quincena de noviembre, tanto a nivel nacional como internacional y en tan diversos temas que darían material suficiente para varios artículos. De estos, destaco cinco temas: la negación ante el hecho de que el clima se comporta de forma diferente a los modelos matemáticos, la negación ante el hecho de enfrentarse a una religión que promueve el “martirio” de los fieles contra los infieles, la negación a aceptar la realidad de la lideresa del gobierno por parte de sus lacayos, la negación a la honestidad de ciertos grupos y colectivos autodenominados “conciencia moral de la nación” y la negación de los fieles de otra lideresa de oposición ante su constante cambio de color.

Ante el fracaso mal disimulado del “huracán más potente de la historia” que iba a destrozar México y que dejó al final muy escasos daños materiales y ninguna baja humana, y ante anuncios de la NASA de crecimientos sustantivos de hielo en la Antártida y el Ártico; los “calentólogos”, en vez de aceptar sus errores y dar siquiera un mínimo resquicio a la duda ante el dogma de fe en que han convertido el negocio del “cambio climático”, se han lanzado en una campaña sostenida por internet y medios afines, mostrando imágenes de ciudades bajo el agua por los posibles efectos del cambio climático. Además de lanzar teorías simplemente absurdas como la de que el aumento de temperatura disminuye la fertilidad humana (¿?), que el aumento del CO2 daña los bosques o que los corales se afectan con la “acidificación” del agua. Todos bulos estúpidos y fácilmente desmontables como lo dice acertadamente Vicent Dumortier en su artículo "Patrañas Climáticas".

El siguiente episodio negacionista internacional surgió a raíz de los salvajes atentados en París por parte de fanáticos islamistas. Tras el estupor inicial, buena porción de la población europea dio una extraña reacción, no de repulsa a los atentados ni de deseo de hacer justicia, sino de negar los hechos. Desde el lelo pianista que tocó “Imagine” al día siguiente en uno de los restaurantes atacados, hasta los memes “pacifistas” que inundaron el Facebook de tantas desorientadas almas, finalizando por las denuncias de “islamofobia” que hicieron ciertos líderes de izquierda de España y Gran Bretaña contra sus gobiernos. Parece haber en la cultura occidental un buen grupo de gente infantil que cree que ante la violencia irracional de grupos fanatizados con la fe, la única respuesta es negar lo ocurrido, seguir con la vida de siempre y que no se debe actuar contra los responsables porque se pueden enojar. Curiosamente, son estos mismos los que más pontifican sobre la libertad, pero también los que menos hablan de responsabilidad individual o de grupo, sino que siempre están achacándole todas las culpas a Occidente. También son los que menos dispuestos están a defender la libertad, porque la libertad hay que defenderla, no solo predicarla.

A nivel local la negación mayor la hemos visto en la ya disminuida primera dama, otrora poderosa representante no oficial del gobierno, debido a su infantilismo regodeada por la nube de ayayeros congresistas y periodistas mermeleros, han terminado convertirla en una sombra política. El mayor error que cometió fue negar sus agendas, luego dijo que fueron trucadas y finalmente que son suyas pero que no revelan delito. Su imagen ya es la de una persona voluble, inestable y poco madura. Si le sumamos la patética actuación de sus ayayeros justificando sus dislates primero, tratando de distraer el asunto después y finalmente diciendo que no es caballeroso hacer “leña del árbol caído”, tenemos toda una tragicomedia de televisión.

Otra negación evidente es la de los grupos de la mal llamada “sociedad civil”, gentita que goza de poder por su presencia en la prensa gracias a la argolla caviar, pero que sólo ha demostrado que salen a protestar cuando se afectan sus intereses. El hecho de haber estado callados tanto tiempo ante las denuncias de corrupción de su gobierno favorito al final los ha afectado, pues cuando salieron a marchar y “lavar banderas” (¡Qué manera tan baja de tratar a nuestro emblema patrio!) para defender una parcela de poder judicial que habían ganado solapadamente (el CNM), no obtuvieron mayor apoyo que el de los mismos periodistas que siempre los llaman e invitan a sus programas. Aún así, siguen creyéndose la reserva moral del país, pero está visto que son una farsa.

Finalmente, la última negación proviene de la candidata que lidera las encuestas, quien de forma poco coherente y políticamente riesgosa, ha decidido abandonar las posiciones que justamente la pusieron en el primer lugar de las preferencias. Sus seguidores, con honrosas excepciones, en vez de pedir que vuelva al rumbo que la encumbró, ahora la justifican con excusas y argumentos primariosos. Abandonar los principios y negar las desviaciones por fidelidad al líder le ha pasado la factura a muchos grupos políticos. Espero por el bien de ese partido, que representa a una parte importante de la población, que sepan reconsiderar y no creer en una estructura partidaria cuasi militar, donde los actos del líder sólo deben ser aplaudidos y justificados. Aún están a tiempo.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Animalada legal


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La última hazaña de este Congreso -que es el peor de la historia- ha sido aprobar por unanimidad, sin un solo voto en contra ni una sola abstención, la "ley del maltrato animal". Ni siquiera las leyes que se ocupan de niños y mujeres han merecido jamás tal nivel de adhesión. Es pues, a no dudarlo, una ley para la foto y la pose, que se alinea con la nueva era del progresismo animalista y ambientalista. Es decir, se trata de una ley sectaria, pero de un sector que está de moda.

Aunque los promotores de la ley han estado desde un principio afanados por defender perros y gatos, además de combatir las corridas de toros, han recubierto la ley animalista con una retórica general que le da mayores alcances. Así dice que se trata de proteger a todos los "seres sensibles" y han determinado por ley que solo los vertebrados lo son. Es decir, los caracoles del jardín, por ejemplo, no son seres sensibles y no están protegidos, pero si lo están todos los peces. ¡Vaya disparate!

Lo que buscan en realidad estos seres sensibles del Congreso es  meter presos a los que maltratan perros por placer o negligencia. En cualquier caso se trata de enfermos mentales que gozan con el dolor y sufrimiento de un animal o simplemente idiotas que no tienen criterio para criar animales. A ellos les espera hasta 5 años de cárcel, en un país donde ni siquiera los que maltratan a las mujeres y a sus hijos van presos. Esto pinta de cuerpo entero la incoherencia y estupidez de ese mamarracho legal que solo quedaría como un saludo a la bandera de no ser porque su articulado compromete a todas las instancias del Estado, en una tarea que nos costará una buena parte del presupuesto. 

El despropósito legal nos lleva a comprometer al Estado ya no para el bien de la comunidad, es decir, para servir a los ciudadanos, que es su tarea constitucional, sino para los animales. La cháchara de los perpetradores del mamarracho de ley es que con ello "se sensibiliza y se crea conciencia". Un rollo de la progresía que es usado para justificar todas sus campañas ideológicas destinadas a hacer prevalecer sus valores. De hecho, la peor clase de leyes son aquellas que pretenden imponer una moral. Las leyes no se hacen para dictar la ética o la moral de un sector, ni para crear conciencia o sensibilizar. Para eso no se dan leyes. Esa no es la finalidad de las leyes. Eso es demagogia y sectarismo.

Las leyes inútiles solo complican más la existencia. Con los amplios alcances que le han dado a este mamarracho animalista vamos a ver, en breve, problemas en los laboratorios y facultades de medicina, por ejemplo, donde se emplean animales para experimentar y aprender. Y no sería raro que dentro de poco salgan animalistas planteando demandas legales a las granjas, los camioneros y hasta los camales, entre muchos otros sectores de la industria alimentaria que tendrán que vivir con una espada de Damocles sobre sus cabezas. 

El próximo paso será declarar ilegal el consumo de carnes para proteger mejor a los seres sensibles del reino animal. Luego cambiaremos la Constitución para que el fin supremo del Estado sea proteger animales y colocar a los seres humanos a su servicio y cuidado. Todo esto no es más que el resultado de la involución cultural que está sufriendo nuestra sociedad, en ausencia de una verdadera educación y formación académica de calidad, y por el copamiento político de una plaga de improvisados que llegan al Congreso sin ideas ni principios, y que solo se guían por las masas, los activistas y los titulares.