sábado, 4 de mayo de 2013

El chavismo trata de domar a la oposición


por Carlos Alberto Montaner
Maria Corina
Once diputados de la Unidad Democrática fueron golpeados en la Asamblea Nacional de Venezuela. Algunos de ellos, como María Corina Machado, tuvieron que pasar por el quirófano. Le rompieron el tabique nasal y la patearon en el suelo. La fractura de Julio Borges, en pleno rostro, parece que no tiene solución quirúrgica.
El gobierno ha querido presentar la agresión como el resultado de una provocación de los opositores o como una trifulca de las que ocasionalmente se producen en los parlamentos, pero no hay nada de eso.
Lo que sucedió en Caracas es mucho más grave. Estamos ante una medida punitiva encaminada a someter a la obediencia a los parlamentarios de la oposición. Es parte de un cruel ejercicio de domesticación.  
Previamente, el teniente Diosdado Cabello, presidente del Parlamento, el gran domador de caballos, los había silenciado. Como los diputados insistían en hablar y reclamaban su derecho a expresar sus criterios, función para la que habían sido elegidos, Cabello decidió darles unos cuantos fustazos.
Ésa es la lógica del castrismo en su más pura esencia: al enemigo se le intimida,  golpea o encarcela hasta que obedezca. Y si resiste tercamente, siempre es posible fusilarlo como una forma de escarmiento colectivo. Al general Arnaldo Ochoa, por ejemplo, lo fusilaron para mandarles un mensaje a sus compañeros del ejército: el que se mueva, es hombre muerto.
En Cuba –que ahora copian los venezolanos del triste bando de Maduro y Cabello—hay distintos anillos represivos.
El primero es la advertencia. Un policía se acerca a la casa del ciudadano díscolo y le explica que por el camino que va será echado del trabajo o de la universidad, a menos de que deponga su actitud contestataria y acepte su revolucionario papel de aplaudir dócilmente a los jefes.
Si la persona insiste en su actitud rebelde, se toman represalias en sus centros de trabajo o estudio. Es el segundo anillo represivo. Ya Fidel explicó, hace muchos años, y ha sido una regla inflexible, que “la universidad es para los revolucionarios”.
Lo mismo sucede con los buenos trabajos o con las prebendas que dispensa el poder a sus paniaguados (autos, viviendas decentes, viajes al extranjero). La buena vida es para unos pocos revolucionarios.  
Como conductistas extremos, los Castro moldean la conducta de los cubanos con refuerzos positivos y negativos. Dulces para el que obedece. Palos para el que  protesta. Muerte para el que se excede peligrosamente. Así han gobernado más de medio siglo.
El tercer anillo son los llamados “actos de repudio”. “El pueblo enardecido” insulta, escupe, zarandea y golpea a los ciudadanos desobedientes. La turba penetra en sus casas y lo destroza todo. Si intentan defenderse, entonces entran en acción “las brigadas de respuesta rápida”.
Ése es el cuarto anillo represivo: matones armados con estacas que machacan al disidente. Luego la policía acusa a la víctima de escándalo en la vía pública, lo que acarrea pena de cárcel.
Por último, el quinto anillo represivo es el formado por las tropas especiales. Son militares entrenados para hacer mucho daño con sus armas de fuego, sus porras o sus puños  –son karatekas, yudocas, boxeadores—, y no les tiembla el pulso si tienen que matar a golpes o a tiros a los “enemigos de la revolución”.
Maduro y su entorno, bajo la dirección de “los cubanos”, van a utilizar fielmente este modelo represivo para controlar a la sociedad venezolana, de manera que no se les escape el poder de las manos. Lo que pasó en la Asamblea Nacional es parte del adiestramiento.
La meta es impedir a cualquier costo el referéndum revocatorio que puede convocarse dentro de tres años. Los chavistas ya están seguros de que son minoría y están convencidos de que tienen poco tiempo para someter a todos los venezolanos a la obediencia, el silencio y el aplauso. Por eso están dando golpes y desbravando a los rebeldes. Tienen poco tiempo para juntar el rebaño.
Fuente: El blog de Montaner

viernes, 3 de mayo de 2013

Petroperú y Concytec retroceden


Petroperú anunció su decisión de desistir de sus intenciones de comprar los activos tóxicos de Repsol. Una medida que la gente sensata ha aplaudido, ya que significaba distraer más de 2 mil millones de dólares en una aventura empresarial cuyo resultado comercial es difícil prever y que implicaba un gran riesgo para el país. Pero más allá de los riesgos económicos estaban los riesgos políticos, pues dicha operación hubiera convertido a Petroperú en un monopolio estatal a cargo del petroleo, refinación y distribución de gasolina. Más allá de eso se creaba un mecanismo perfecto para caer en la tentación del control de precios, el clientelismo político y la corrupción a gran escala.

De otro lado y como era de esperar, Concytec tuvo que dar marcha atrás en una norma que pretendía limpiar los espacios de la institución evitando la exposición de elementos religiosos. La pobre Dra. Orjeda recibió un vendaval de críticas y hasta la pasmosa Defensoría del Pueblo le remitió una carta exigiendo explicaciones. Ahora Concytec será una especie de mercado ambulatorio donde se exhiben toda clase de chucherías y fetiches religiosos, y todo en nombre de la tolerancia y la libertad de pensamiento. 

Habría que preguntarse qué pasaría si un empleado del Arzobispado de Lima pega un sticker del Che en la ventana de su oficina, coloca una bandera gay sobre su escritorio y un calendario que hace publicidad a una marca de condones. ¿Sería esto tolerado por el párroco o arzobispo? Obviamente no. Sin duda este pobre empleado sería sancionado o despedido en el acto con todas sus chucherías. Nadie acusaría al arzobispo de intolerante. La Defensoría no remitiría ninguna carta en defensa de la libertad de ideas. Nada. 

Este es pues el mundo en que estamos. Somos parte de una cultura dominada por la religión, en una sociedad convertida en fábrica de creyentes gracias a perversos rituales que aseguran el adoctrinamiento de todos sin excepción, desde que nacen. Es difícil escapar a ese destino. Y es imposible confrontarse con una sociedad de zombis de la fe que te estigmatizarán de todas formas por osar contravenir sus creencias. Es como tratar de nadar por tu cuenta en el mar eludiendo las fuerzas del océano. Siempre acabarás ahogado.

Hace rato vemos como se abusa del concepto de tolerancia y libertad de pensamiento para meter toda clase de ideas nefastas e irracionales, incluyendo el terrorismo. Tenemos que aprender a manejar adecuadamente esos principios. Nada hay de racional en el apoyo a la esclavización mental de las personas. Nada hay de liberal cuando lo que se defiende no es el libre pensamiento sino la sujeción a dogmas. Nunca habrá ningún tipo de institucionalidad cuando se atropella la potestad de una institución para regir el orden y la disciplina dentro de su propio espacio, y en arreglo a sus propios fines.

jueves, 2 de mayo de 2013

Estado laico en sociedad pagana


Una simple disposición interna dictada por la Dra. María Gisella Orjeda Fernández, presidenta del Consejo Directivo del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (CONCYTEC) ha generado revuelo total en la sociedad peruana, provocando la indignación general y las inmediatas opiniones de condena de distinguidos representantes de todos los sectores, desde los políticos hasta los clérigos, pasando por los constitucionalistas. Finalmente, la Dra. Orjeda parece haberse quedado sola en medio de una tempestad que amenaza con lincharla o quemarla en la hoguera, por atentar contra las creencias y la superchería religiosa fuertemente impregnada en la sociedad peruana.

La medida interna dictada por la Dra. Gisella Orjeda mediante un correo electrónico a sus empleados da un plazo de una semana para que retiren de sus oficinas todo tipo de imágenes religiosas. Explica además que “Debemos impulsar el pensamiento crítico basado en la evidencia. Esta es la piedra angular de la ciencia. He visto con preocupación la proliferación de imágenes religiosas en Concytec. Las que han aumentado al punto que visitantes extranjeros de diverso origen me han hecho sorprendidas reflexiones”.

En efecto, en pleno siglo XXI vivimos aun en una época de oscurantismo total en el pensamiento cotidiano y público, en el que predominan anacrónicas creencias que datan de milenios y que se imponen gracias a una perversa estructura cultural plagada de rituales que incluyen todos los espacios. En medio de este ambiente, la disposición interna dictada por la Dra. Orjeda es un pequeño aliento de racionalidad que pretende al menos ofrecer una apariencia civilizada en las oficinas de una institución dedicada a la ciencia. Pero desde luego, ni siquiera esto se le permitirá dado que nuestra sociedad todavía permanece profundamente sumergida en toda clase de creencias místicas, mágicas y religiosas, y muy cercana, diría yo, a la barbarie.

En el Perú la ciencia no es más que una etiqueta comercial que se utiliza para vender toda clase de cosas. No hay una educación orientada a la ciencia sino un aprendizaje mecánico de ciertos conocimientos. Las universidades manipulan el concepto de ciencia hasta su perversión, tratando de convertir cualquier cosa en ciencia para poder ofrecerlo a un público incauto e ignorante. De este modo hoy tenemos la "ciencia de la cocina" entre otras muchas "ciencias" en universidades que se autotitulan de científicas. Hay que advertir que el Perú no existe en el entorno científico mundial. No tenemos siquiera revistas científicas reconocidas. La misma CONCYTEC funciona en un local precario y vergonzoso, con una fachada digna de escuelita fiscal provinciana. Esa es nuestra realidad "científica".

Estamos pues en una sociedad primitiva que vive muy alejada de la ciencia y muy sumergida en creencias de todo tipo. La gente vive consumiendo talismanes, amuletos, horóscopos, pócimas curativas, lecturas del tarot, lineas cósmicas, etc. El mercado de la brujería y la chamanería es grande y pujante, especialmente en el norte del Perú. Hay "videntes" que gozan de espacios en la TV. En el plano de las creencias religiosas existe una alucinante multitud de elementos diversos como cristos, vírgenes, santos, cruces, rosarios, oraciones, procesiones, estatuas, estampas, etc. Además existen ídolos suburbanos ya santificados por la sociedad. La gente tiende a creer fácilmente en todo. Esa es pues la sociedad pagana que tenemos y que se busca "proteger de la ciencia" apelando a la libertad y a los derechos de libre pensamiento.

Desde luego que resulta imposible cambiar esta situación y sería suicida y estúpido enfrentarse a semejante escenario pretendiendo un poco de racionalidad. Sin duda la Dra. Orjeda será técnicamente quemada en la hoguera como ya lo viene siendo en estos días. Las críticas a su medida han salido de todos lados. Nadie se ha atrevido a defenderla. Por el contrario, se ha desatado en las redes sociales una histeria colectiva en defensa de sus creencias y costumbres clamando por la libertad religiosa, como si esta estuviera en peligro. En el colmo del descaro han llegado a decir que "pretenden imponer sus ideas". ¿Qué es lo que ha hecho el cristianismo en los últimos dos mil años sino imponer sus creencias muchas veces a sangre y fuego? ¿Acaso no les imponen sus creencias a los pobres niños desde que nacen sin que estos tengan forma alguna de protección del Estado? Los niños están condenados a recibir el adoctrinamiento religioso y sumarse a la fila de robots que repiten el mismo credo desde hace siglos.

Hemos llegado a escuchar muy curiosos comentarios que pretenden equiparar a la ciencia y a la fe como dos escenarios distintos pero de igual valor. Sin embargo sería bueno recordarles a estos sabios opinantes que mientras la religión nos sigue ofreciendo las mismas ridiculas creencias de hace milenios, sin que ellas hayan significado ningún avance para la humanidad, la ciencia en siglo y medio ha podido desterrar diversas enfermedades, controlar y prever fenómenos atmosféricos, mejorar notablemente las condiciones de vida de la humanidad, dotar de comunicaciones instantáneas al mundo entero, emprender la conquista del espacio y brindarnos los conocimientos fundamentales sobre nuestra realidad. No hay pues punto de comparación con ese conjunto de fantasías religiosas que todavía tiene sometida a mucha gente en la ignorancia total. 

A pesar de que la medida dictada por la Dra. Gisella Orjeda pretende solo aparentar racionalidad en una entidad dedicada a la ciencia, parece imposible que sus intenciones lleguen a plasmarse porque la moderna Santa Inquisición ya empezó a mover su expediente. Antes de que sea inmolada en la pira salvaje de la superchería religiosa de nuestra sociedad solo me queda extenderle una solitaria felicitación.