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domingo, 27 de julio de 2014

Una reforma para la foto


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La tan anunciada reforma del transporte que hace 4 años viene cacareando la alcaldesa Susana Villarán al fin dio su primer paso. La verdad es que más fue el caos y el desconcierto que la maravilla de orden que se prometió. Pocas unidades, esperas largas que superan los 20 minutos, paraderos exageradamente distantes y apachurradera en los buses fue el inicio de la gran reforma. Y todo esto pudo darse en medio de la estrecha vigilancia de numerosos policías e inspectores.

Es fácil pronosticar el fracaso de esta reforma, si se le puede llamar así a lo que solo es la apropiación de un corredor vial para cierto grupo de transportistas mientras que a los demás se les arrima por otras vías que acabarán asfixiadas. La verdad es que solo están desvistiendo a un santo para vestir a otro. No tiene sentido crear un corredor privilegiado a costa de estropear el tránsito de otras vías. 

No se puede hablar de cambio ni reforma si no se reemplaza efectivamente el viejo sistema por uno nuevo. Y en ningún momento se piensa hacer esto. Lo que se pretende es incorporar, en medio del caos actual, un nuevo sistema con una serie de vías privilegiadas pero sin retirar una sola unidad vieja ni cancelar una sola empresa de transporte de las que han venido causando estragos por la ciudad en los últimos 30 años. Es decir, en buena cuenta, no quieren chocar con nadie. El ridículo plan de chatarreo, que es un premio a los transportistas más conchudos, tampoco ha dado resultados.

Es obvio que esta reforma que no es reforma va a fracasar sin remedio porque los corredores serán invadidos por las unidades informales, como siempre ha ocurrido y como ocurre ahora en el caso de los taxis. No siempre van a estar apostados los policías y los inspectores vigilando que no entren al corredor las viejas unidades. Ya deben estar pintándose de azul para despistar, aunque sea por las noches. De hecho, apenas se fueron los agentes contratados para la foto, el caos volvió a la Av. Arequipa.

La estrategia de Villarán no ha sido diferente del que usó Castañeda: no tocar a nadie y emprender los cambios del transporte encima de lo que hay. Eso fue el Metropolitano y esto es el plan actual de corredores viales: un nuevo sistema montado sobre el caos reinante empujando las viejas unidades de transporte dos o tres cuadras más allá. Es decir, un engañamuchachos. Mientras tanto la guerra entre Lima y el Callao apenas empieza. 

¿Qué está esperando el gobierno o el Congreso para crear una entidad autónoma que se ocupe de regular el tránsito de Lima y Callao de manera técnica, es decir, no a cargo de la típica manga de ineptos que llegan al municipio con cada alcalde sino por un cuerpo de profesionales calificados? Y sobre todo, una entidad que pueda planificar el desarrollo de la ciudad a largo plazo, sin contratiempos electorales. Ya basta de mamarrachos y poses electoreras. La ciudad ya no da para más.

martes, 1 de octubre de 2013

El aporte de Susana Villarán al caos y la inseguridad ciudadana


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

La modalidad de asalto y robo utilizando un taxi como camuflaje se ha extendido peligrosamente en la ciudad de Lima. En los últimos días han sido víctimas de atraco en taxis mujeres, estudiantes y turistas. En realidad no es de extrañar que esto suceda en Lima debido al caos espantoso que existe en el servicio de taxis de la ciudad a menos de un año de la famosa reinscripción de taxis, llevada a cabo por la Municipalidad Metropolitana de Lima, asegurando que luego todo sería una maravilla. Una vez más se demuestra que esa clase de medidas burocráticas basadas en la tramitología no sirven absolutamente para nada, excepto para engañar a la gente con psicosociales y show, aparentando hacerse cargo del problema cuando en realidad solo exhiben su incompetencia y orfandad de ideas, además de seguir estafando a los sufridos taxistas. 

La MML no ha hecho absolutamente nada por mejorar los graves problemas de la ciudad en cuanto a la congestión de tránsito y la seguridad ciudadana ligada a ella. Los atropellos y accidentes son protagonizados principalmente por vehículos de transporte público que cuentan con autorización municipal. La situación ha empeorado desde que la MML decidió atorgar licencias de taxi a cualquiera, sin tener un plan ni un criterio elemental. En toda ciudad decente el servicio de taxi es proporcionado solo por empresas de taxi que cumplen unos requisitos mínimos de formalidad y seguridad, que cuentan con flotas apropiadas, distintivos, sistemas de comunicación, choferes adiestrados que conocen la ciudad, que manejan correctamente identificados y uniformados y que dan factura si se les pide. Pero Lima es una ciudad a la deriva de un nivel africano donde cualquiera coge un auto y sale a taxear sin conocer la ciudad, sin tener cambio, con la unidad sucia y destartalada, con una facha de espanto y aceptando la carrera solo cuando le conviene. Y todo eso con licencia de la MML, ya que para ello no necesita más que pagar en caja y presentar una serie de papeles inicuos. Hasta los raqueteros circulan en taxis autorizados por la MML.

La impresión que da Lima es de una ciudad en abandono, sin autoridad alguna, donde todo el mundo hace lo que le da la gana, principalmente en el tránsito. Y lo más patético es que la autoridad solo se hace presente mediante fotopapeletas costosísimas impuestas en medio de una ciudad caótica. Así resulta que Lima tiene una gestión digna de Afganistán, una señalización africana pero una escala de multas propia de Suiza. ¿Quién es el responsable de que Lima esté invadida por casi medio millón de taxis que paran donde les da la gana, además de 250 mil combis destartaladas que corretean impunemente por toda la ciudad? 

La situación de caos y abandono de Lima ha provocado, además del aumento de la delincuencia y de los accidentes de tránsito, que los jóvenes desistan de estudiar para preferir el cachueleo en la combi o el taxi, siendo en muchos casos un negocio familiar. Pero además ha surgido una ola de inmigración desde provincias ya que se ha corrido la voz por todo el país de que Lima es tierra de nadie y, al igual que los mineros informales que llegan a arrasar con una zona, miles de provincianos han arribado a la capital para sumarse a la ola de depredación de la ciudad. Y todo esto a vista y paciencia de la incompetencia de la actual administración municipal que lidera Susana Villarán, junto a sus joyas administrativas vinculadas al caos del transporte como María Jara.

Si a todo lo descrito le sumamos la paralización de las obras de infraestructura vial en la ciudad, donde los nudos de tránsito empeoran cada día por falta de pasos a desnivel y vías rápidas, además del mal estado en que se encuentra la carpeta asfáltica de las principales vías, la pésima o nula señalización, lo que tenemos es el panorama apocalíptico que los sufridos habitantes de Lima debemos afrontar por la inmensa estupidez de haber elegido a esta señora y, peor aun, haberla ratificado.