Mostrando entradas con la etiqueta ley mora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ley mora. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de julio de 2014

El mamarracho universitario es ley


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Y tal como se veía venir, el gobierno de Ollanta Humala promulgó la nueva ley universitaria. La alianza nacionalchakanista sacó adelante el mamarracho sin un debate apropiado en el pleno. Es una ley hecha en medio de campañas mediáticas de desprestigio de las universidades, con pleitos de callejón entre el general Mora y los rectores, finalizada con acusasiones, vetos y amenazas de por medio. Así no más ya se puede advertir que no es una ley conciliadora sino impositiva y caprichosa, sustentada en prejuicios y edificada con mitos ya fracasados.

No cabe duda que la ley enfrentará grandes resistencias y hasta es muy posible que sea reformada en el próximo gobierno, si es que algo no la paraliza antes. El nacionalismo dio el ejemplo cuando ni bien entraron paralizaron y alteraron para peor la reforma educativa que venía implementándose muy bien desde el anterior gobierno. Así que de leyes y reformas en este país somos los campeones. La reforma educativa y la reforma universitaria son viejos y permanentes cuentos de nuestra política.

La burda estrategia para sacar a delante la ley universitaria fue, una vez más, el desprestigio de todo lo que hay en el presente para luego presentarse como los profetas salvadores que nos llevarán a la tierra prometida de la calidad.Todos los oponentes eran confrontados con la clásica fórmula: ¿no estás de acuerdo con la nueva ley? Entonces estás a favor de las malas universidades. El caballito de batalla eran fotos de universidades en el segundo piso de un chifa o carteles que ofrecían el título en 4 meses, además del payaso de la Garcilaso que sirvió de bufón. Sin duda la guerra mediática la tuvieron ganada muy fácilmente. Pero una nueva ley no es buena solo porque hay malas universidades. Ni siquiera se ha analizado bien las causas de este boom de universidades (públicas y privadas) que tiene en sus raíces una absurda mentalidad de la población que ha visto a la universidad como el siguiente paso natural luego del colegio, además de las trabas que el mismo Estado ha impuesto a la creación de institutos superiores.

Por eso vemos que no hay soluciones a la proliferación de universidades. Todo apunta a su mala calidad, pero las ideas no son nada nuevas. Son más de lo mismo. Y tienen mucho de lo que ya ha fracasado tantas veces, empezando por la supervisión del Estado y acabando por el "tercio estudiantil". Es patético que se siga proponiendo al Estado como solución de todo, cuando todo lo que tiene en sus manos el Estado es un desastre, empezando por la educación, precisamente. Por desgracia las mentalidades mediocres de nuestros políticos no dan para más. Siempre apuntan a la misma gran solución: un nuevo organismo público donde un grupo de burócratas iluminados solucionará todo. De allí no pasan.

Es imposible saber cuál será el criterio de calidad que impondrán estos iluminados, porque una cosa es la calidad de las universidades en EEUU y otra acá, una cosa es la calidad universitaria en Lima y otra en provincias. Los estándares de calidad no se pueden aplicar de manera uniforme a todo el país ni a todos los países. Hay muchas formas de evaluar la calidad, empezando por la calidad de los alumnos que ingresan a las universidades. Acá se ha abusado en exceso del concepto "calidad" pero a la hora de materializar el discurso veremos que una cosa es con guitarra y otra con cajón. Si alguien cree que por exigir maestrías ya elevó automáticamente la calidad docente, es porque no sabe de qué está hablando. Es decir, ignora la realidad y se guía solo de apariencias. En tal sentido, esa ley está llena de demagogia barata de este tipo.

Además de la calidad se han levantado otras viejas banderas que más que clichés son taras mentales como la "democratización" y el "lucro". Al progresismo se le ha metido en la cabeza que nada es mejor que "democratizar" las cosas, lo que en buena cuenta significa someter todo al voto popular. Esto no es más que electorerismo y asambleismo burdo y nefasto. No sirve en absoluto para crear institucionalidad sino para formar mafias electoreras y bandas politizadas. Lo vemos en todos lados con sus nocivas consecuencias. La elección universal de las autoridades solo garantiza el caos de la universidad. ¿Por qué no convocar a elecciones generales para elegir a los miembros de la SUNEDU siguiendo ese mismo pensamiento?

En resumen, toda la suerte de nuestras universidades dependerá de un grupito de burócratas designados por el gobierno. El desastre que ocasionará esta ley tomará como mínimo unos 5 años. Esperemos que se corrija antes de que cause mucho daño. Es una ley hecha con buenas intenciones pero basada en clichés obsoletos, conceptos fracasados y escasa información, por no decir ignorancia de la realidad, junto a una excesiva confianza en los mitos urbanos del progresismo. 

sábado, 17 de mayo de 2014

Mazamorra de Mora


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Todo parece indicar que la Ley Mora sobre universidades estaría oleada y sacramentada, contando incluso con la aprobación del gobierno que ya envió al Congreso la autógrafa de la ley de creación de la SUNEDU, en concordancia con lo que establece la ley del general Mora, aun no aprobada y menos debatida. Al parecer se hará al caballazo, como han hecho tantas cosas en este gobierno.

Ya se han publicado demasiados artículos sobre el dichoso proyecto, estando la mayoría de las opiniones en abierta oposición al desaguisado armado por el general. No vale la pena entrar en los detalles. Varios expertos ya lo han hecho demostrando sus falencias en diferentes aspectos como los administrativos, académicos y económicos. A mi me basta con revisar los presupuestos generales básicos sobre los que se arma esta ley para darme cuenta de que no sirve para nada.

Todavía seguimos en el pensamiento infantil de creer que las realidades se cambian con una ley. El desastre de las universidades peruanas, empezando por las públicas, es un problema de gestión, un problema de mentalidades, de estructuras sociales y culturales, de relaciones y demandas económicas, etc. Nada de esto se puede cambiar con una ley. Estamos hasta el copete de leyes maravillosas. Desde que tengo uso de razón escucho las palabras reforma, cambio, transformación y revolución. Y nada ha cambiado.

Hubiese sido suficiente con que nuestros políticos hicieran algo real y concreto con las universidades públicas. Bastaría con que el Estado ponga el ejemplo y dicte la pauta en la práctica, es decir, en los hechos, haciendo algo con las universidades públicas para que los demás agentes se acomoden en torno a esos principios de gestión académica al ver que dan resultados. Pero lanzarse irresponsablemente a experimentar con todo el sistema es francamente estúpido.

El general Mora no ha hecho más que rajar de las universidades y sus rectores para justificar su mamarracho legal. De hecho son sus principales blancos. Es una pose con la que se presenta como el salvador de la universidad peruana. Pero ¿cuáles son los fundamentos de su razonamiento? Las mismas viejas y relamidas ideas que se han adoptado como "principios rectores" y que vienen fracasando desde hace un siglo.

Lo que hemos escuchado como fundamentos para la "nueva y moderna" universidad es la ya anacrónica cháchara en torno a la gratuidad de la enseñanza y la eterna condena del lucro en la educación. Mitos que la estupidez progresista ha consagrado como el credo de la política correcta, y que nuestros políticos se han puesto como anteojeras de caballo para no mirar a otro lado. La educación pública no tiene por qué ser gratuita y menos si es de calidad. La gratuidad debe ser una condición otorgada por necesidad probada, y debería haber una escala de pagos aunque sean mínimos. Nadie valora lo que es gratuito. 

Además ¿por qué habría que regalarle una profesión a alguien? ¿No sería lo más justo que quienes estudiaron gratis, luego de tener una profesión empiecen a retornar a la universidad el costo de su educación? Francamente me irrita la conchudez de los progresistas que piden todo gratis. Tampoco entiendo por qué el lucro en la educación tiene que estar vedado. ¿Acaso los profesores no enseñan para ganar dinero? La educación es un servicio como cualquier otro. Declarar retóricamente que es un "derecho fundamental" no pasa de ser más que palabrería ridícula.

No podemos seguir sustentados en mitos progresistas que han fracasado y probado su falsedad, a pesar de su encanto. La fascinación que muchos sienten por estas ideas baratas en torno a la gratuidad de la enseñanza y de otras cosas, ha llevado al fracaso y la miseria a varios países, pero lo peor de todo es que acaba corrompiendo a la sociedad, labrando una mentalidad comodona y parásita que lo espera todo gratis del Estado. Si alguien quiere regalar la educación que lo haga, pero no podemos hacer de esto un principio rector para diseñar un modelo educativo. Al final lo cierto es que la calidad de la educación no depende de si es o no gratuita.

El progresismo se ha esforzado mucho durante el último siglo para acumular razones y "pruebas" en contra del lucro en la educación. Pero nosotros también tenemos pruebas del mal uso que se le da a la educación cuando es regalada por el Estado o alguna institución religiosa, pues acaba siendo de mala calidad o se la usa para el adoctrinamiento. 

La ley Mora pretende que el Estado que ha fracasado con sus universidades y prácticamente con todo lo que tiene en sus manos, sea el ente rector de todas las universidades, incluyendo las privadas. ¿Puede haber un planteamiento más estúpido? Esta es la mejor manera de garantizar que la universidad peruana estará en poco tiempo en el relleno sanitario.

No hay en esa ley ningún propósito trascendente y original como diseñar una estructura más amplia para la educación superior, tal que no siga en ese patético esquema de la universidad como continuación natural y obligatoria del colegio, sin casi ninguna otra alternativa. Además se regresa a la fracasada fórmula del tercio estudiantil que solo sirvió para politizar las universidades. Los estudiantes son elementos pasajeros que están en la universidad con un solo propósito que es estudiar. Nada tienen que ver con la gestión de la universidad. Esta idea de involucrarlos en la elección del rector es una funesta remembranza del velasquismo que dio pie a la crisis de la universidad en los 70 y 80, cuando se convirtieron en pasto de las facciones políticas más radicales que luchaban por el poder. 

Por donde se le mire, la ley Mora es un desastre. Sus fundamentos son anacrónicos y giran en torno a las mismas fracasadas tesis progresistas. Es una ley estatista que pone al idiota de la familia al cuidado de los hermanos. De ninguna manera podemos apoyar ese mamarracho.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cantaleta progre contra la universidad privada


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Realmente cansa este cargamotón progresista contra las universidades privadas, porque, como siempre, se trata solo de enjuiciar y condenar la actividad privada, los negocios, el lucro, etc. Crítica demoledora a la que se suman incluso exitosos empresarios progresistas, siempre que no toquen su rubro, claro está. Lo que se quiere es dar la idea de que todo lo que hace la actividad privada es mala porque se basa en el lucro. Allí está el mismo congresista Daniel Mora condenando al neoliberalismo como el causante de todos los males, el presidente Ollanta Humala criticando las universidades que se abren como negocio. ¿Es realista toda esta campaña histérica contra la actividad privada en las universidades? Desde luego que no. Veamos.

Que hay malas universidades lo sabemos, pero no de ahora sino de hace tiempo. Empezaré por donde tengo memoria. En los años 70 había que ser muy misio para meterse a la UNMSM sabiendo que ibas a terminar la carrera en más de diez años por los paros, huelgas, marchas, pleitos, escaramuzas, tomas de local, balaceras y demás problemas que había en esos tiempos. Las universidades públicas eran antros de comunistas donde se enseñaba marxismo en todas las carreras, en salones de lunas rotas y paredes pintarrajeadas con lemas subversivos. Cuando viví todo eso me largué de allí en menos de un año.

Afortunadamente ya habían algunas universidades privadas y eran una gran alternativa. Gracias a una ley de los 60 surgieron las universidades de Lima, San Martín de Porres, Inca Garcilaso, del Pacífico y Ricardo Palma. Todas ellas empezaron funcionando en viejas casonas y con pocas carreras. El campus de la USMP y la URP quedaba fuera de la ciudad y eran una pampa con aulas de triplay. Así empezaron. La mayoría de sus docentes provenían de San Marcos o la PUCP. Medio siglo después la mayoría de ellas se halla consolidada, con la sola excepción de la Garcilaso que cayó en manos de una mafia corrupta. Pero no cabe duda que tales universidades privadas fueron un gran alivio en una época en que la subversión comunista se había apoderado de las universidades públicas, y estaban muy venidas a menos.

La situación no fue muy diferente hasta los años 90. Recién entonces se logró imponer el orden en las universidades públicas eliminando los focos infecciosos comunistas y recuperándolas para la misión que deben tener, que es formar profesionales y no subversivos. Dado que la oferta universitaria no había crecido en 30 años el gobierno dio una ley que propició la inversión privada en la educación. Pero es a partir del año 2002 que empieza la creación de universidades, que en muchos casos es solo la conversión de viejas instituciones al formato de universidad, como fue el caso de la prestigiosa Escuela de Periodismo Jamie Bausate y Meza. Lo mismo pasó con IDAT. O sea, no es que surgieron de la nada.

Si se ha producido un boom en la creación de universidades en los últimos diez años deberíamos alegrarnos. Lógicamente no se puede esperar que en menos de diez años, estas universidades se conviertan en las instituciones prestigiosas que hoy son las que ya han cumplido medio siglo. Toma mucho tiempo crear la institución universitaria. No es solamente un edificio. Hay mucho que hacer y se hace a lo largo del tiempo, al igual que cualquier organismo que crece y desarrolla. Por eso es que toda esta cantaleta estúpida en contra de las universidades privadas no tiene ningún sentido. 

Sin duda que hay malas universidades en este momento. Pero son públicas y privadas. Y ese problema no se resuelve con una ley que pretende instaurar un régimen estatista para poner las universidades bajo la dirección del Estado y normando lo que los privados deben hacer con su dinero y sus autoridades. Es lo que se está planteando con esa nueva ley entrometida. Es decir, la misma mil veces fracasada tesis de que la dirección centralizada de un ente estatal repleto de burócratas es la gran solución a cualquier problema de la existencia humana. Idea relamida, gastada y absurda que da vueltas en el cerebro de todo progresista.

Si algo se debe hacer por parte del Estado es reestructurar el escenario de la educación superior para que los egresados del colegio tengan una gran variedad de opciones formativas, y no como ahora que ya no hay nada más que universidades. Y esto es culpa del propio Estado que en cada ley exige "formación universitaria" como requisito, desplazando a tanta gente bien formada en institutos. Antiguamente muchas profesiones como contabilidad, administración, economía, entre otras, se aprendían en institutos y no hacía falta más que 3 años de formación básica para empezar a trabajar. De pronto empezó a idealizarse la formación universitaria y muchas universidades ofrecieron estas carreras pero en 5 años. En realidad era solo pérdida de tiempo y de dinero. El resultado fue que los institutos empezaron a desaparecer. Todos querían ser universidad para cobrar más y por más tiempo. Incluyendo el Instituto de Bellas Artes.

Es imposible seguir en el esquema actual en que los egresados del colegio prácticamente no tienen ninguna otra opción que ingresar a una universidad. Y generalmente para formarse en una profesión de mando medio. Eso no tiene ningún sentido. Las universidades se han degradado al nivel de escuelas ocupacionales y se han olvidado, con razón, de hacer ciencia e investigación, pues en su nuevo rol no cabe ni hace falta. Lo que se requiere es diseñar el esquema general de la formación ocupacional en la educación superior, que debería realizarse en institutos, separándola de la función de formación e investigación científica que debe primar en la universidad. En este momento la confusión es tal que ya nadie sabe qué es ciencia.

En resumidas cuentas, la cantaleta progre contra las universidades privadas carece de sentido. La nueva Ley Mora es un mamarracho que no soluciona absolutamente nada. Al contrario, solo uniformizará la mediocridad.