martes, 8 de octubre de 2013

El fraude del movimiento ecologista


Como ya es evidente para todo el mundo, el movimiento ecologista se ha llenado de charlatanes y figuretis de toda clase, que levantan las banderas del ecologismo sin tener la preparación adecuada ni -mucho menos- emplear un discurso científico. Curiosamente el ecologismo está siendo empleado como plataforma política de la izquierda, que utiliza el discurso ecologista para oponerse a sus demonios de siempre: la inversión extranjera, las grandes empresas transnacionales, y de paso al desarrollo de los pueblos. Vamos a echar una mirada a ese movimiento. A continuación extractos de un artículo que hemos adapatado a nuestra realidad con ligeras variantes.

El cáncer del ecologismo

Aunque se pueden trazar antecedentes previos de grupos y acciones ecologistas, el movimiento ecologista tal como lo concebimos ahora comenzó a principios de los 60s. En esa época, las campañas ecologistas consiguieron éxitos notables, como la regulación en el uso del DDT, la creación de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente en los EEUU (la famosa EPA) o la primera conferencia auspiciada por la ONU sobre medio ambiente.

Sin embargo, junto con estos éxitos se iba gestando un cáncer dentro del movimiento que hoy lo tiene postrado y en estado terminal. Junto con personas convertidas en ecologistas por la conciencia de nuestro impacto en el medio ambiente y nuestra dependencia de él, se iban incorporando al movimiento otras con motivaciones mucho menos “ecológicas”. La década de los 60s fue la década hippie, de la rebelión contra lo establecido. Y el ecologismo representaba una rebelión; una rebelión contra un industrialismo sin restricciones que campaba a sus anchas por la época, espoleado por la feroz competición de la Guerra Fría. Y siguiendo la máxima de “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”, el movimiento ecologista se fue llenando de tendencias espirituales, orientales, místicas, sanatorias, animalistas, tecnófobas e irracionales en general.

En un principio, el objetivo de un ecologista es la preservación y el uso responsable del medio ambiente y los recursos naturales. Y aquí viene el primer problema: el medio ambiente y los diferentes sistemas ecológicos son sistemas enormemente complejos, en los que interaccionan una enorme multitud de seres vivos entre sí y con su medio. Por eso existe una rama de la biología que estudia estos sistemas: la ecología. Una ciencia difícil y que requiere conocimientos de una amplia gama de ciencias: biología, botánica, metereología, geología, química, física… Así que uno esperaría que un ecologista tuviera un conocimiento razonablemente amplio de estas ciencias. ¿Cómo puedes si no, esperar arreglar algo sin saber como funciona? 

Pero no, esto no es lo que encontramos entre los ecologistas. Si vemos la Junta Directiva de Greenpeace, lo que nos encontramos es que de 7 miembros sólo 2 tienen estudios científicos, y sólo 1 en Ciencias Ambientales. El resto son abogados, contables, políticos… Bueno, a lo mejor Greenpeace es una excepción, veamos el equipo ejecutivo de la WWF: el presidente es licenciado en Historia, la jefe de operaciones, en política internacional, el jefe de conservación, licenciado en economía y derecho y así podríamos seguir. Hay que rebuscar para encontrar a una biologa (aunque después se dedicó a estudiar historia y filosofía) y un zóologo.

¿Alguien iría a un hospital en el que la mayor parte del personal no tuviera formación médica? Pero esta es la situación actual entre los dirigentes de las organizaciones más importantes que pretenden luchar por la ecología. En las pequeñas organizaciones locales o entre los ecologistas de base, mejor no mirar. Ya ni siquiera tienen formación alguna. Hallamos incluso "artistas" sumados a la causa ecologista. Ya es una cultura popular, una moda.

¿Y a qué ha conducido esta situación? Pues a que, en el debate sobre cualquier tema ecológico, lo que menos importa sea la ecología en si. Los argumentos son políticos y sectarios. Si eres ecologista tienes que estar en contra de los transgénicos y punto. ¿Analizar con datos contrastables las técnicas de ingeniería genética, sus beneficios y peligros y sus potencialidades? ¿Para qué, con lo fácil que es gritar “¡Fuera transgénicos!”, "¡Son transnacionales!" 

¿Las ondas electromagnéticas? Mala, por supuesto, si eres ecologista, aunque no tengas ni idea de la diferencia entre radiaciones ionizantes y no ionizantes. ¿Quieres un estudio científico sobre sus reales peligros? Ah! Eso es porque estás pagado por malvadas y oscuras compañías internacionales. A ese nivel se desarrolla la "lucha ecológica" en nuestros días.

Por supuesto, todo buen ecologista consume comida orgánica, aunque eso sea más perjudicial para el medio ambiente que la agricultura y ganadería industrial. Y debe fomentar que toda la comida en el mercado sea orgánica y mucho más cara que la convencional. ¿Que unos cuantos tercermundistas no pueden permitírsela? ¡Por favor! ¡Hablamos del sagrado medio ambiente, no de unos muertos de hambre del subdesarrollo. Y no hablemos de todas esas campañitas "ecológicas", los añadidos no ecologistas: antimineros, antiantenas, antivacunas, promotores de toda clase de pseudomedicinas, etc. encuentran en el actual movimiento ecologista un caldo de cultivo inmejorable para sus doctrinas políticas y negocios.

Señores, así no vamos a ninguna parte. Nadie puede negar que nos enfrentamos a retos ecológicos sin precedentes en nuestra historia, pero no podemos afrontarlos sin usar la ciencia y escuchando a charlatanes y periodistas escandalosos tan proclives a montar psicosociales que despierten el pánico en la población, no solo en las grandes ciudades sino -y más aun- en las comunidades alejadas. Paul K. Feyerabend solía decir que el problema del ser humano es que acaba conviertiéndolo todo en una religión estúpida. Convertir el ecologismo en una religión, lo único que lleva es a diagnósticos equivocados de los problemas que tenemos, a soluciones erróneas y resultados nulos. Y, por último, a desastres peores al otorgarles el poder a las personas equivocadas.

Tomado de: "La ciencia y sus demonios": El cáncer del ecologismo