sábado, 9 de marzo de 2013

Hugo Chávez no es un ejemplo a seguir


Por Mauricio Múlder

Irresponsables y fuera de lugar han sido las declaraciones del presidente Ollanta Humala, refiriendo que el señor Hugo Chávez es “un ejemplo a seguir” en América Latina. Quisiéramos creer que un exceso de adulonería o mimetización con el fúnebre ambiente venezolano lo llevó a proferir tamaño despropósito, pero otras declaraciones esgrimidas en sus famosas “primeras piedras”, con procaces referencias a la oposición y señalamientos tangenciales sobre su “gran transformación”, generan preocupación y amenaza sobre nuestra aún frágil democracia peruana.
Chávez fue un dictador, tengámoslo claro. A algunos despistados o sobones de librea les gusta decir “ganó elecciones”, pero es que no saben que ganar elecciones de por sí no te hace demócrata sino, más bien, respetar el Estado de Derecho durante tu mandato. Los dictadores también hacen “elecciones” para pintarse de demócratas aunque pisoteen todas las libertades públicas. Ceaucescu, Enver Hoxha, y hasta el mismo Hitler, ganaban abrumadoras elecciones, muchas veces, incluso, sin necesidad de recurrir al fraude, pues ya tenían dominados los cerebros de sus conciudadanos.
Hugo Chávez tuvo la osadía de manifestar que iba a quedarse en el poder hasta el 2030 y “pa’lante”, olvidando, como los emperadores romanos, que los hombres somos mortales. Todos los resortes electorales los manejaba su gobierno. Desde el voto electrónico, que hace imposible para la oposición una vigilancia adecuada, hasta la filiación de todos los tribunales electorales, pasando por una maquinaria partidaria violenta y procaz alimentada ingentemente con recursos públicos, configuraban en Venezuela una dictadura, no una democracia.
Y si bien es cierto que ese es un problema de los venezolanos, el que el presidente del Perú, en lugar de expresar su pesar natural por la muerte de un jefe de Estado de un país hermano, nos hable de ese “ejemplo”, que ni el señor Evo Morales ni el mismísimo señor Ortega han señalado, debiera merecer, cuando menos, una disculpa o rectificación.
El uso de los recursos del Estado para financiar campañas electorales, moneda corriente en Venezuela, y que hoy es practicada directamente por la señora Susana Villarán para defenderse de la revocatoria, se puede convertir aquí también en práctica común si, como es a todas luces evidente, se insistirá en imponer la candidatura de la señora Nadine Heredia en las elecciones del 2016. Si ese es el “ejemplo a seguir”, Dios nos coja confesados.
Ollanta Humala ha tenido la sagacidad de respetar el discurrir histórico contemporáneo de nuestro país, tanto en lo político como en lo económico. Eso le permite gozar de la tranquilidad de una aceptación holgada y de un crecimiento económico con reducción de la pobreza de los mejores del mundo, cosas que, por supuesto, no tiene, ni por asomo, Venezuela.
El señor Chávez tuvo las pretensiones de inmiscuirse varias veces en nuestros asuntos internos, respaldando la dictadura de Fujimori, que lo apoyó en su intento de derrocar al gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez, y luego en la campaña del 2006, despotricando contra varios candidatos y financiando al hoy presidente peruano, según diversas informaciones de prensa. Tampoco fue amistoso con el Perú al promover y albergar a senderistas y emerretistas en Venezuela como infantería de demolición contra los mítines de la oposición.
No, señor Humala. Respetamos el duelo venezolano, pero no, Hugo Chávez no es un ejemplo ni para América Latina ni para el Perú.


Fuente: Peru21

jueves, 7 de marzo de 2013

Hugo Chavez deja Venezuela con grave crisis económica


Robert Plummer/BBC

La prestigiosa cadena periodística inglesa BBC, publicó un articulo donde hace una somera evaluación de las política económica chavista y sus consecuencias, con motivo de la muerte del Comandante Hugo Chavez. Aquí algunos extractos.

"Desde el inicio de su mandato, hace 14 años, Chávez se caracterizó por gobernar de manera espontánea y autocrática. Una y otra vez, el presidente tomó decisiones importantes durante su programa semanal de televisión 'Aló Presidente'. Fue particularmente propenso a soluciones rápidas en la política económica, como devaluaciones monetarias, expropiaciones de empresas privadas y decisiones con impacto en la inflación, como aumentar el salario del sector público, en vez de abordar los problemas estructurales subyacentes."

"El estilo combativo continuó incluso con un Chávez convaleciente en Cuba, con un vicepresidente, Nicolás Maduro, implementando en febrero pasado una devaluación del 32%. Como resultado, Chávez dejó una nación acorralada por una infraestructura en ruinas, un gasto público insostenible y una industria con bajo rendimiento"

Luego observa el saqueo y abandono de la que antes fuera la empresa estatal petrolera más exitosa y profesional de este lado del hemisferio.

"El fracaso de Chávez en diversificar la economía venezolana significa que el petróleo sigue siendo su mayor pilar. De hecho, representa más del 90% de las entradas del país en moneda extranjera. Cerca del 50% de los ingresos del gobierno provienen de la industria del crudo, la mayoría de la estatal PDVSA. La gestión de Chávez tomó el control de PDVSA en 2003, después de despedir al 40% de la plantilla como resultado de una huelga general que forzó su salida temporal del poder. No obstante, críticos han acusado a la empresa de negligencia por no haber usado los recursos en mantenimiento en vez de en programas sociales, especialmente tras la explosión de la refinería Amuay, en agosto de 2012, en la que murieron 42 personas. En lugar de invertir en PDVSA para aumentar la producción, Chávez usó la estatal como la gallina de los huevos de oro, utilizando sus ingresos para financiar su gasto social en vivienda, salud y transporte."

Seguidamente se pregunta sobre el origen del financiamiento de la última campaña electoral chavista en Venezuela, elecciones que ganara Hugo Chavez.

"¿Cómo financió el gobierno la parranda de gasto pre electoral? Ciertamente, inversores extranjeros privados han estado al margen desde que empezaron las nacionalizaciones chavistas. La elevada inflación, que todavía ronda el 30%, tampoco ayuda. Una encuesta de la organización Consensus Economics explica que 'el aumento de la inflación y el gasto público -junto con la moneda y los controles de capital- han creado un creciente déficit fiscal'. 'Las autoridades son cada vez más dependientes de la deuda extranjera para financiar todo'. Para 'deuda externa' léase préstamos de China. Según la agencia de noticias Bloomberg, el Banco de Desarrollo chino le ha prestado a Venezuela US$42.500 millones en un período de cinco años. El ministro de Petróleo de Venezuela, Rafael Ramírez, declaró en septiembre de 2012 que de los 640.000 barriles de petróleo al día que Venezuela exporta a China, 200.000 sirvieron para la deuda que el país tiene con Pekín."

Termina preguntándose sobre las consecuencias que la muerte de Hugo Chavez traer'a a los países "socios".

"Ciertamente no parece difícil descubrir evidencias del despilfarro en el gasto del gobierno durante los años de Chávez. Pero el gasto excesivo no se detiene en casa. En un esfuerzo irresponsable por esparcir la influencia de la revolución bolivariana, Chávez permitió que Cuba y otros países de la región se beneficiaran de acuerdos baratos y préstamos blandos gracias a programas como el Alba y Petrocaribe. La próxima administración tendrá que decidir si continúa o no financiando esta red de petro diplomacia despilfarradora. Entre tanto, la mayoría de los países caribeños ya están sufriendo un declive en el turismo debido a la crisis económica global, por ello mantendrán la esperanza en que la línea económica de Venezuela no desaparezca."

miércoles, 6 de marzo de 2013

Hugo Chávez: perfil de un monstruo


Hugo Chávez ha muerto tal como se esperaba. A pesar de su megalomanía y delirios de grandeza y a su perfil de líder continental y mundial, la muerte lo pilló aún joven, al inicio de un nuevo mandato que lo hubiese llevado a gobernar Venezuela por 20 años y con proyecciones de seguir. Así ocurre con todos los que tienen el virus del mesianismo en el cerebro. Emprenden proyectos personalistas, abrazan el socialismo estatista como fórmula paternalista y hacen que todo gire a su rededor. Se sienten fundadores de la nueva patria, indispebnsables para su nación y el mundo, se rodean de una nube de adulones mediocres que lo alaban cada día, y todo eso los hace creerse inmortales. Pero la muerte no hace distinciones. En los últimos meses Chávez pareció darse cuenta de su mortalidad y precariedad, se mostró algo más humilde, acobardado detras de imágenes religiosas, besando crucifijos, santiguándose e invocando al Supremo, consciente de que finalmente no es más que un simple ser mortal, pese al glamor, fastuosidad, adulación y veneración que lo rodearon siempre en los últimos 14 años.

Muchos caen en la falsa idea de que la muerte transforma al sujeto en un ser bueno o que la muerte debe ser respetada, por lo que no caben críticas ni condenas. Eso, por supuesto, es un absurdo. Un monstruo como lo fue Hugo Chávez no se transforma con la muerte, vivo o muerto sigue siendo un sujeto despreciable. Lo único que lo distingue de otros dictadores comunistas es que al menos ha muerto con las manos sin sangre. Pero tras de si deja un país en la ruina y una sociedad enfrentada gracias a su verbo incendiario y corrosivo, a su constante prédica del odio y su permanente construcción de "enemigos del pueblo".

La Venezuela que deja Chávez luego de 14 años de "revolución bolivariana" no es mejor que la que encontró. Todos los males que criticó en su campaña original hoy están multiplicados por cien. Venezuela es uno de los países más corruptos del planeta, superado apenas por tres o cuatro naciones del cuarto mundo. También es uno de los más inseguros, poseedor del triste record mundial de asesinatos diarios. Y lo más triste de todo es que a pesar de su colosal riqueza petrolera, Venezuela vive hoy su peor crisis económica gracias a que Hugo Chávez se dedicó a destruir a la empresa privada y a dilapidar la riqueza petrolera en la construcción de su imperio personal.

La herencia que deja Chávez es un Estado monstruoso, corrupto, exorbitante, extravagante, inmanejable. Las más de 1,200 estatizaciones que perpetró siguiendo su libre voluntad dictatorial han desatado una crisis de ingobernabilidad. No hay administración posible. El Estado se ha convertido en el principal proveedor de empleos, lo que aseguraba los votos al dictador en las mañosas elecciones. Las empresas manejadas por el Estado socialista no han podido cumplir sus metas y están en crisis, como Venirauto, la exótica fábrica de autos que Chávez montó con su socio, el diábolico Mahmud Ahmadineyad. Incluso PDVSA atraviesa una grave crisis económica y de gestión. La deuda de Venezuela y PDVSA ya superan los 140 mil millones. Y el petroleo está empeñado a futuro hasta 20 años. 

Fuera de Venezuela, Hugo Chávez implantó un nuevo estilo de política, siguiendo las lecciones de su maestro y mentor Fidel Castro. Convertido en el matón del barrio, empleó el lenguaje de burdel para insultar a todos los líderes mundiales que no le gustaban. Empeñado en construir su proyecto continental atizó los odios en cuanto país pudo meterse, apoyando candidatos sin escrúpulos con el objetivo de formar su pandilla de dementes a quienes pudiera mangonear. Utilizó la billetera para ayudar a sus monigotes y hasta se dio el lujo de dictarle las políticas internas, como ocurrió con los patéticos Evo Morales, Daniel Ortega, Micheletti y otros. 

En el Perú, Hugo Chávez se convirtió en el padre de los nacionalistas liderados por Ollanta Humala. Gracias a sus magníficos aportes Ollanta pudo recorrer el país recolectando toda clase de escoria para formar su primera lista de candidatos al Congreso. Hoy han sido ellos quienes le han ofrecido un minuto de silencio. Son pues los hijos de Hugo Chávez. Le deben toda su existencia política. 

La muerte de Hugo Chávez es un alivio para la democracia de América Latina y una suerte para Venezuela que se libra de padecer a este monstruo por varios años más. Suerte que no tuvo Cuba. Pase lo que pase en Venezuela, parece muy difícil que la insanía mental de la revolución bolivariana del socialismo del siglo XXI prosiga. En primer lugar porque los herederos de Chávez son, como suele ocurrir con los monstruos ególatras, una plaga de mediocres incapaces cuya única función en la vida era besarle el trasero a Chávez y agachar la cabeza ante sus designios. A menos que las corrompidas FFAA intervengan para mantener el status quo, el proyecto chavista empezará a desmoronarse por su propia inconsistencia y por el peso de la crisis monumental que los devorará.

Saludamos al pueblo venezolano que al fin se ha librado de ese monstruo. También a Latinoamérica que al fin dejará de experimentar la influencia nefasta del dictador caribeño. Un nuevo horizonte de esperanza se abre en este día para las naciones libres de América. Hoy el mundo es un poco mejor.