domingo, 4 de octubre de 2015

El inciendiario Mario Vargas Llosa


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Mario Vargas Llosa, el otrora esforzado promotor del candidato Ollanta Humala, volvió a aparecer pero no para dar cuentas del desastre de gobierno que ayudó a llevar al poder, sino a lo mismo de siempre: para brindar una nueva dosis de su enfermizo antifujimorismo, sumado ahora a un súbito antiaprismo, con lo cual adquiere ya todos los perfiles del progresismo local. Sin embargo, no dijo que apoyaría a algún iluminado de la izquierda sino a PPK, lo que debe haber molestado a la zurda.

Parece que los años, los premios ni las otoñales aventuras amorosas lo han ayudado a superar su trauma antifujimorista. Vargas Llosa habla como si estuviésemos en peligro de regresar a los 90 y no de ingresar al 2016. En un impresionante gesto de cobardía sigue llamando a Keiko Fujimori "la hija del dictador", como si la señora no tuviera vida propia, no fuera más que eso o tuviera culpa de ello. Es curioso que en una sociedad macerada en feminismo histérico acostumbrada a lanzarse sobre cualquiera que se exprese mal de una mujer, nadie se digne a criticar al escritor por sus reiteradas groserías contra Keiko y por llevar la política al nivel de un lio de borrachos machista de cantina.

Mario Vargas Llosa ha terminado sus días como el más infame representante de la política barata, fundada exclusivamente en revanchismos enfermos y enarbolando el hacha para destruir al oponente no con ideas sino con métodos arteros como la difamación, la manipulación de la verdad y el oportunismo. Lo demostró al renunciar al diario El Comercio porque este apoyaba a Keiko Fujimori, y luego se pasó a La República, el diario cloaca de izquierda, donde se hacía la campaña más sucia de la historia contra Keiko Fujimori apoyando abiertamente a Ollanta Humala. Entonces fue cuando a Mario Vargas Llosa se le cayó la máscara de prócer y perdió su pose de moralista político cuando dijo renunciar a "El Comercio" por su falta de objetividad y neutralidad. Pero acabó en un pasquín donde la mentira es cotidiana y su columna se luce al lado de Jason Day y Claudia Cisneros.

Al decir que estamos por elegir entre la dictadura y la corrupción, Mario Vargas Llosa pierde hasta el sentido de la realidad. ¿Cómo se puede sostener que Keiko es "la dictadura"? Solo sufriendo un grave trauma histórico que lo incapacita para ver el presente y el futuro. Al mismo tiempo resulta ridículo que Vargas Llosa acuse a Alan García de corrupción mientras calla en todos los idiomas la actual corrupción de este régimen que ayudó a llegar a palacio, y hoy está hundido hasta el cuello en acusaciones e investigaciones fiscales. ¿Se puede ser más cínico? ¡Ya es el colmo!

Es una lástima que Mario Vargas Llosa, teniendo tanto prestigio mundial, no alcance el nivel de un patricio, de un guía espiritual que orienta a un pueblo por el camino de la concordia y la paz, instándolos a reflexionar señalando los principios. En cambio, Mario se ha quedado en la categoría de un incendiario de la política, un simple oportunista que opina con el hígado, cegado por la bilis y los fantasmas del pasado. De esos tenemos a montones acá y no necesitan tener un Nobel para despotricar en una columna. Es la especialidad más usada en la prensa chicha de izquierda. No necesitamos más.

viernes, 2 de octubre de 2015

Keiko sepulta al fujimorismo


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Las reacciones ante el sorpresivo cambio de giro de Keiko Fujimori no cesan. Por el lado del fujimorismo han apelado al cinismo más descarado, tratando de convencernos de que no ha pasado absolutamente nada, que no existe ningún cambio y que el discurso es el mismo de siempre. Podemos asumir que es la actitud de todo franelero que siente que su trabajo es defender a capa y espada a su líder, tratando de cuidar además su propio puesto en la política. Pocos son capaces de enmendarle la plana a su lideresa y decir abiertamente lo que piensan. Y menos, renunciar como lo hizo el pastor Julio Rosas, cuyo gesto después de todo resultó muy digno.

En el otro lado del espectro político, la caviarada sigue celebrando con champagne un triunfo que no se lo esperaban. Al fin el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación será reconocido como documento sagrado del Estado peruano y verdad histórica oficial y absoluta a ser enseñada en todas las escuelas, para que los niños aprendan que nunca hubo terrorismo en el Perú sino un conflicto armado, donde un partido político se alzó en armas para protestar por la pobreza mientras el Estado respondía como un terrorista que atropelló los DDHH. Y también que Alberto Fujimori es el peor asesino de masas de la historia. Sobran motivos para celebrar en la izquierda.

Evidentemente lo que está pasando acá es que Keiko Fujimori ha decidido forjarse un perfil propio como política y candidata. Ya no quiere seguir siendo la hija de Alberto Fujimori y cargar con la herencia del fujimorismo de los 90. Es obvio que ha contratado un asesor y han emprendido la gran transformación de Keiko. Lo único que falta es que le cambien el apellido y le arreglen los ojos rasgados mediante una cirugía. Lo malo de crear un frankenistein político para convertirlo en un buen producto comercial electoral, es que se arma un sancochado ideológico que tiende a caer en el lado izquierdo del espectro, es decir, en la pose de lo "políticamente correcto", pero al final no tienes nada. Tan solo un maniquí hueco. Que es precisamente lo que acabó siendo Ollanta Humala.

El precio que hay que pagar para ser un candidato ideal, de folleto de oferta electoral, es dejar de ser quien se es para convertirse en un fantoche. Keiko quiere dejar de ser la hija de su papá y ser alguien por si misma. Y es que realmente Keiko no es nadie politicamente hablando, más allá de ser la hija de Alberto Fujimori y representar algo en el imaginario popular, sea lo que sea eso. Ha decidido construir su propio perfil con un albañil que recurre a los productos más comerciales del mercado, convencido de que vestir al maniquí con los ropajes de moda le dará mayor arraigo popular. Una apuesta bastante riesgosa.

Por lo pronto, las reacciones mayoritarias en los círculos del fujimorismo han sido de enojo y decepción. Sienten que hay una especie de traición a los principios que tanto ha costado defender. Hoy se le pide a los soldados que se han batido en las trincheras soportando el fuego graneado del enemigo que salgan, arrojen sus armas, se rindan ante el enemigo y se sometan a ellos en aras de la paz. Hay que abrazar a los defensores de los terroristas, quizá a los mismos terroristas, a los jueces que encarcelaron a tantos inocentes entre funcionarios y militares que aun siguen presos, a los políticos que urdieron campañas sucias de desprestigio, a los que armaron colectivos dedicados exclusivamente al vil oficio de arrojarle basura al fujimorismo, a los profetas de la moral que prefirieron posar al lado izquierdo, junto a los defensores de terroristas, antes que salir junto a un régimen caído en desgracia. Los fujimoristas deben ahora abrazar a todos ellos.

Hay que decir las cosas como son: Keiko quiere ser alguien por si misma y para ello está dispuesta a condenar al fujimorismo, asumiendo incluso las banderas de la caviarada y el estatismo popular. Es lo que debe quedar claramente establecido. Lo que falta ver es si el fujimorismo estará dispuesto a secundarla en su gran transformación.

jueves, 1 de octubre de 2015

El retoque de Keiko


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Keiko Fujimori ha saltado a las primeras planas por las declaraciones que viene dando desde el domingo pasado, tomando nueva posición sobre diversos temas y causando sorpresas a más de uno. Tanto así que ya se produjo la primera baja en la bancada parlamentaria de Fuerza Popular con la renuncia del pastor Julio Rosas, lo cual, después de todo, ha sido como abrir las ventanas para que ingrese aire fresco al ambiente enrarecido de conservadurismo religioso medieval.

Varios miembros del fujimorismo han salido a calmar las aguas y controlar los daños, pero todo parece indicar que el viraje de Keiko ha tomado por sorpresa a más de uno. Ahora muchos están tratando de ver cómo encajan en el nuevo perfil del fujimorismo. Por lo pronto ya hemos escuchado a varios de sus miembros tartamudeando incoherencias ante las cámaras mientras muestran una sonrisa nerviosa. La sensación es que el fujimorismo trata de correrse al centro o incluso a la izquierda. Es decir, una pose enteramente electoral.

Ahora bien, en estos cambios hay cuestiones que son fundamentales y otras, accesorias. Por ejemplo, el tema de la Unión Civil es francamente secundario y hasta ridículo. Ni siquiera deberíamos estar discutiendo algo tan elemental como que el Estado reconozca la unión de dos personas adultas que quieren vivir juntas. Es algo tan simple que solo los muy confundidos quieren verlo como algo vital para el avance de la patria. Es un asunto que no afecta absolutamente a nadie, pero beneficia a un sector marginado de la sociedad, y que solo el obtuso fundamentalismo religioso y la inquina homofóbica de otros, impide que se concrete.

Más grave es el tema de la CVR. Reconocerle méritos al informe de la CVR es un error, sin duda, pues ese informe es el manual del antifujimorismo reclacitrante, la Biblia de la secta fundamentalista del antifujimorismo rabioso y la base de las acusaciones de Alberto Fujimori. Pero más allá de eso, es un informe sesgado y de mala calidad, llegando al nivel de panfleto. Tampoco debemos olvidar que la CVR fue una imposición sorpresiva de la caviarada dirigida por Diego García Sayán y la logia de su ONG de DDHH. No nació del consenso político, no se consultó con nadie como debió ser, al tratarse de algo tan importante para el país. Más allá de algunos de sus miembros (como el Tnte Gral FAP Arias Grazziani que no firmó el informe) la CVR estuvo manejada por una secta caviar PUCP y algunas ONGs de izquierda. Su interés se centró en las víctimas del Estado y acabó condenando al Estado y al gobierno de Fujimori. No hay pues razón para rendirle culto a ese mamarracho.

También me sorprende que Keiko deslindara de una manera tan tajante con el liberalismo, como si fuera un partido de terroristas. El liberalismo es una corriente muy amplia que alberga a muy buenos elementos, quizá los mejores del país. Sería muy largo enumerarlos, entre abogados y economistas brillantes. Es una lástima que en el Perú se haya impuesto la argolla caviar y los liberales sigan siendo marginados y hasta estigmatizados. Keiko ha llegado a decir que es un error confundir al fujimorismo con el liberalismo, y que su padre privatizó empresas públicas porque ya estaban quebradas. Luego añadió que no se privatizó SEDAPAL "porque el agua es un derecho". Nadie sabe qué quiso decir con eso. Es plenamente un discurso progre.

En síntesis, no me parece una buena idea que la candidata Keiko empiece a despintarse para cambiar de color y coquetear con otros sectores. Tal como estaba iba muy bien, acercándose raudamente al 40% de las simpatías y con chance de ganar en primera vuelta. Al menos tenía asegurado el pase a la segunda vuelta y triunfo asegurado. No nos olvidemos que en las elecciones pasadas perdió por un pequeño margen de 1% a pesar del rabioso antifujimorismo desatado. Algo que ahora no parece tener el mismo poder de convencimiento. Me parece que Keiko no necesitaba decir ni pio para seguir creciéndo. A veces la pose del muertito rinde dividencdos mientras los demás se matan.

Lo que un país necesita son líderes que tengan principios claros con rumbos definidos, y que salgan a explicar y convencer a la gente de que ese es el camino. No necesitamos productos edulcorados y candidatos maquillados por alquimistas electorales. Creo que es un error de Keiko pretender que va a convencer al votante de izquierda. Lo que es más probable es que pierda votos.