sábado, 30 de mayo de 2015

Un Ronald Reagan para el Perú


Por: Liz Tanaka Guzmán

A propósito de las próximas elecciones en el Perú, y ante la crisis que el Perú atraviesa en todo nivel: económico, social, institucional y moral; no puedo evitar pensar en el tipo de líder que necesita el Perú. Lo que el Perú necesita es un verdadero líder al estilo de Ronald Reagan, el gran comunicador, el líder decisivo que con sus acciones respaldó cada una de sus palabras, el líder que sin disparar un arma terminó con la guerra fría, el líder que con una sonrisa en los labios, pero con una columna vertebral de hierro, se enfrentó a todos los enemigos del país, domésticos y externos, desde la inflación, el desempleo, la recesión hasta el imperio ruso.

Ronald Reagan no necesitaba el apoyo de los medios de comunicación; él se dirigía directamente a los americanos, su relación con ellos era íntima y fortalecida conforme avanzaban sus dos gobiernos; enamoró a los americanos demócratas e hizo que votaran por él, recibieron el nombre de "demócratas por Reagan". 

El Perú necesita ese gran comunicador, ese líder que sin miedo soluciona problemas dirigiéndose a la fuente. Lo que vemos alrededor de los proyectos mineros jamás hubiera ocurrido si el Perú hubiera tenido un verdadero líder, con una gran habilidad de comunicación y negociación. El nuevo presidente debe instalarse en los departamentos críticos para el crecimiento del Perú, ya sea por sus recursos naturales o por su nivel de conflicto. Un líder que conoce su país, se adelanta a los problemas antes de que sea demasiado tarde. 

Necesitamos un presidente proactivo, viajero, para que como buen vendedor, venda la imagen, los productos y la mano de obra peruana en el mundo. Como representante del país debe conocer a fondo los activos y recursos humanos de su país. Un profesor que no tenga temor de dictar una clase de economía, de relaciones laborales, de competitividad tanto a su Congreso como a su pueblo. No se comprende lo que no se conoce, no se defiende lo que no se aprecia, no se mejora sin competencia. 

Hace falta un líder con mano dura, con cero tolerancia para el crimen, el narcotráfico y la corrupción dando el ejemplo y haciendo cumplir las leyes sin excepción. Un presidente comprometido con el crecimiento económico del país, con ese elusivo 7% de crecimiento necesario para erradicar la pobreza del Perú en corto tiempo, un presidente que trabaje mano a mano con su ministro de economía y con el motor de la economía, ese sector privado al que hay que apoyar no para que los ricos se hagan más ricos, sino para que creen más empleos y para que se promueva el consumo interno como segundo motor del crecimiento del Perú. 

Hace falta un presidente que vaya a tocar las puertas de los que estén listos para apostarle al Perú, a todo el que cuente con capital dentro y fuera de la nación. Un presidente que entienda y actúe para hacer que el Perú se convierta en el imán de inversión, en el país más competitivo de la región. Los que no cuenten con estas cualidades por favor que no postulen. Lo último que necesita el Perú es otro populista de izquierda que haga promesas que solo son cheques sin fondos, y que haga retroceder al Perú cinco años más. Cinco años que pierden nuestros ciudadanos, nuestros hijos, nuestros nietos. Eso, señores es inmoral. Pensemos en un líder como los que cambiaron el mundo.

viernes, 29 de mayo de 2015

El aborto en una teocracia


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

Tras el archivamiento del proyecto de ley que busca despenalizar el aborto en casos de violación, el tema ha vuelto a ser tímidamente debatido en los medios. Sin embargo, el debate vuelve a ser un diálogo de sordos por la simple razón de que los peticionarios se enfrentan a la muralla infranqueable que constituyen los dogmas de fe, empezando por el concepto sacralizado de vida. Ante tal situación no hay posibilidad alguna de conciliación ni acuerdo. A los defensores de la vida no les entran balas ni razones. La realidad les tiene sin cuidado. Todo lo que les interesa es defender la vida, pero no precisamente la de la mujer sino la de un ente abstracto llamado "no nacido".

Siendo realistas, es evidente que no hay posibilidad alguna de lograr la despenalización del aborto. El Perú es lo más parecido que hay a un Estado teocrático basado en la Biblia, aunque algunos incautos creen en el Estado laico. Nada de eso. Acá todos los funcionarios del Estado juran todavía arrodillados frente al crucifijo con una mano sobre la Biblia, los jueces administran justicia flanqueados igual por la Biblia y la cruz, las FFAA tienen su santo patrón y las comisarías, una virgen en su local. El Perú está en el top ten de los países más religiosos de este planeta, junto a los africanos y los estados islámicos del Asia central. En la práctica vivimos en la Edad Media sometidos a una teocracia muy bien disfrazada.

Tenemos una férrea cultura dominada por la fe, rituales paganos convertidos en cultos católicos, vivimos infestados de vírgenes en los parques, cruces en los cerros, iglesias en cada barrio, los principales medios son prácticamente voceros del Arzobispado, y la tenebrosa logia de la fe actúa como si fuera una Santa Inquisición en la sombra y el anonimato, encargándose de castigar a los impíos y herejes sin miramientos éticos. Y como si todo esto fuera poco, el Congreso está plagado de lunáticos bíblicos que pretenden imponer sus creencias a la hora de hacer leyes. De hecho estas ya son reflejo de los dogmas de fe, de manera que enfrentamos toda una emboscada legal instituida para que el debate por la despenalización del aborto naufrague sin mucho esfuerzo. 

De modo que el primer paso es no ser ingenuos. El pedido de despenalizar el aborto se enfrenta a una auténtica cruzada de fe emprendida no solo por la Iglesia Católica, que ya es decir bastante, sino por todas las iglesias cristianas que han hecho causa común. Así pues no valen argumentos de ninguna clase porque no hay manera de rebatir racionalmente las creencias y los dogmas que dominan la mentalidad de los fanáticos de la fe. La vida es un concepto sacralizado y se defenderá contra cualquier argumento, por válido, urgente y necesario que resulte. Basta un producto de la concepción para que esto sea venerado y sobrepuesto ante cualquier cosa, y más aun sobre una mujer cuya misión bíblica es parir.

La demagogia de estos sectores apela a las más sucias artimañas y mentiras, como llamar "niño" al embrión. Peor aun, lo llaman "inocente e indefenso niño". No dudan en mostrar fetos sangrantes de ocho meses y llamar asesinos a quienes proponen cualquier tipo de aborto, aunque sea terapéutico, es decir, incluso cuando el feto no tiene ninguna posibilidad de vivir o cuando el embarazo pone en grave riesgo la vida de la mujer. El concepto vida vale más que cualquier mujer. Porque en realidad no se trata de los niños ni las personas, como falsamente tratan de hacernos creer. Los defensores de la vida se desentienden totalmente de los niños pobres que crecen en la miseria y el abandono. Lo único que les importa es defender el concepto vida porque -dentro de su alucinación mental- es sagrado.

La cultura religiosa moldea los cerebros desde temprana edad afectando, en la mayoría de los casos, la facultad del discernimiento, al imponer fórmulas establecidas de razonamiento que no obedecen a la realidad sino a mitos de fe. Luego muchos son incapaces de diferenciar la realidad de la fantasía y viven convencidos de que todo el escenario mítico que describe la religión es realidad. No es raro encontrar personas que han reemplazado la realidad por la Biblia y la usan como fuente de argumentos para debatir, sin advertir lo ridículo de su situación. La racionalidad es una capacidad muy venida a menos en sociedades sometidas a una cultura religiosa tan aplastante como la que padecemos en el Perú. De allí que sea imposible confrontar argumentos, pues no hay forma de derribar un mito o un dogma de fe. Como trágica consecuencia, la realidad se deteriora.

Incluso las invocaciones a la ciencia resultan ridículas en un pensamiento sometido por la fe, puesto que no hay manera de conciliar ambas visiones. Por ejemplo, se pierde el sentido de proceso que prima en la realidad para otorgarle carácter absoluto a una sola etapa. Entonces, llamar niño, ser humano o persona al feto es tan ridículo como llamar "gallina no nacida" al huevo y hacer leyes que partan del principio de que el huevo es un "pollo no nacido", tratando en todo momento al huevo como pollo. Esto es simplemente pérdida total de realidad para preferir una ideología.

El debate está perdido de antemano cuando sostienen que el "no nacido" debe ser considerado "persona humana" desde el instante mismo de la concepción, y revestido con todos los derechos. Entonces ya no hay razón para ningún debate pues se ha impuesto como premisa lógica una completa falacia, una aberración, un capricho ideológico sustentado únicamente en la sacralización fanática del concepto vida. Cualquier debate a partir de este principio aberrante carece de sentido y racionalidad. Ya han declarado la intangibilidad del no nacido. Peor aun, se le ha colocado incluso por encima de la mujer. Ella, la portadora y responsable del nuevo ser, no tiene ni voz ni voto, carece de derechos. Así resulta que la mujer, un ser humano de verdad, una persona real, miembro activo y comunicante de la comunidad, con identidad y espacio propios, no solo se encuentra en igualdad de condiciones frente al "no nacido" sino que incluso es inferior. La mujer ha acabado siendo un fantasma invisible frente a la imposición fanática del "no nacido" como el ser primordial.

Pero más allá del debate en torno al "no nacido" y su real condición biológica y legal, debemos dar un debate político liberal fundado en la libertad y en la separación de la iglesia. No podemos permitir que una dictadura de la fe tome las decisiones por las personas y se arrogue el imperio de la moral. Las personas deben ser libres de decidir. Y me refiero a las personas reales, las que son capaces de decidir no solo porque están provistas de razón sino porque encaran la responsabilidad de sus actos. Nadie debe decidir por las personas cuando se trata de sus propias vidas. Alegar que el "no nacido" es incapaz de decidir y por tanto requiere que una congregación de chiflados lo defienda va más allá de lo racional. Es sencillamente un acto de prepotencia. En ese caso la única que debe decidir es la mujer.

Desde un punto de vista liberal rechazamos la intromisión de la Iglesia en el Estado, nos oponemos además a la dictadura implacable de la religión cuyo poder se manifiesta en todos lados. La religión puede predicar todo lo que quiera y las personas somos libres de creer, pero también de no creer y criticar esas ideas, pero lo que no puede hacer la iglesia es abusar de su posición de dominio para utilizar nuestras leyes a fin de imponer por la fuerza sus dogmas de fe, prescribir formas de vida e instaurar una ética a toda la sociedad. La iglesia debe someterse a las leyes del Estado laico y no al revés. Las personas no viven sus vidas en virtud de lo que dicta una ley, no dejan de tomar sus propias decisiones en base a su circunstancia personal. Por ello es que el aborto no ha dejado nunca de ser un acto cotidiano en nuestra hipócrita sociedad.

Todo lo que se busca al final con la despenalización del aborto es que las leyes respondan a la realidad y no a la ideología de la fe, que sean verdaderamente útiles a la sociedad en lugar de ser simples declaraciones líricas para aplacar conciencias recargadas, que ayuden efectivamente a mejorar la sociedad en lugar de precarizarla para luego mirar a otro lado. Pero eso es algo que en este país medieval aun está muy lejos de ocurrir.

jueves, 21 de mayo de 2015

2016



Escrito por: Elvis Occ


¿No tienen la sensación que cada gobierno es peor que el último? ¿Que cada Congreso es peor que el anterior? ¿Que cada presidente es peor que su antecesor? Y a pesar de todo eso nuestro país sigue adelante, no al ritmo que uno quisiera pero avanza sin dar pasos atrás pero ni para impulsarse. A veces pareciera que el país hasta podría prescindir del poder ejecutivo y avanzar por la inercia misma que le imprime el peruano chamba, ese que si se gana el pan con el sudor de su frente.

Por eso compatriotas, la próxima vez que voten, no lo hagan por el pico de oro, la cara bonita o el apellido egregio. Tampoco voten con ánimo de venganza o por castigar al partido o por anular al caudillo sinvergüenza. Compatriotas, voten por el candidato o candidata que este mejor preparado académica y políticamente, no importa que este chato, panzón, pato ciego o pelao, pues no es un concurso de Miss Universo ni tampoco un campeonato de oratoria. Seamos más serios caramba!

Que el 2016 sean unas elecciones donde no ganen los que chuponean, coimean o reciben kilos de oro y hasta millones de lentejas. Que las próximas elecciones sean la prueba fehaciente que hemos aprendido la lección y nada ni nadie nos hará retroceder lo que ya hemos avanzado como nación. No seamos cómplices en la liquidación de lo conseguido, eligiendo mediocres, incompetentes y corruptos una vez más. No destruyamos con nuestro voto, lo que costo sangre sudor y lágrimas de muchos peruanos. No a la izquierda!

www.elvisocc.org