martes, 3 de abril de 2018

La solidaridad. Una lección para Lescano.


Por: Erick Yonatan Flores Serrano
       Coordinador General - Instituto Amagi

La solidaridad con el prójimo siempre ha sido considerada una de las virtudes más elevadas que el ser humano puede llegar a desarrollar en su vida social. Al menos a priori y sin ánimos de polémica en términos de filosofía moral, creo que nadie podría estar en contra de la solidaridad. ¿O podemos pensar en alguna circunstancia en la que la solidaridad deje de ser una virtud y se convierta en un vicio? Pues como no podría ser de otro modo, nuestra “muy ilustre” clase dirigente se ha encargado de demostrarnos que las virtudes de la humanidad siempre se pervierten en la política.

El parlamentario de Acción Popular, Yonhy Lescano, ha presentado un proyecto de ley que -de aprobarse en el Congreso- significaría que el trabajo que realizan las amas de casa sería remunerado con el 70% del salario mínimo, siendo S/. 651.00, el monto que cobraría cada ama de casa que no tenga vínculo laboral con alguna entidad pública y/o privada. Además de esto, dicha medida también contempla una “compensación solidaria de jubilación”, que equivale al 50% de la pensión mínima establecida según el sistema nacional de pensiones. Detalles más, detalles menos, esta iniciativa legislativa se ha ganado el respaldo de una gran cantidad de personas por considerarlo una muestra de “solidaridad” con las amas de casa.

Dicho esto, son dos las razones por las que cualquier persona sensata tendría que oponerse a este proyecto de ley. En primer lugar debemos comprender que queremos ser solidarios y ayudar a los que menos tienen, sólo tenemos dos opciones: o ayudamos con nuestro dinero o -a través del Estado- con el dinero de los demás. En segundo lugar y siguiendo la idea anterior, de la misma forma en que no consideramos solidario y virtuoso al ladrón que asalta un banco y dona parte del dinero robado a la caridad, no podemos considerar solidario y virtuoso al congresista que, usando el monopolio de la violencia [Estado], le quita el dinero a unos para dárselo a otros.

La solidaridad no puede nacer de un acto violento, la solidaridad sólo puede ser una virtud si aflora en forma natural en el ser humano. Bastiat, uno de los pocos ilustrados que Francia le ha regalado al mundo, decía que la solidaridad es espontánea o no lo es, decretarla era aniquilarla; y lo que estamos presenciando con este proyecto de ley no sólo se trata de ignorancia en el sentido económico, porque se pasa por alto el costo que implica financiar todo esto; sino que estamos ante una manifestación de populismo y demagogia, la acción política en su más básica expresión.

Y por más que la clase política se esfuerce por vestir el traje de la justicia y trate de venderse como la encarnación de los ángeles en la tierra, la verdad es que existe una diferencia sustancial entre la solidaridad que nace en las personas de forma espontánea, y la “solidaridad” que recubre las intenciones de personajes como Lescano, que sabiendo bien que el costo de las locuras que se proponen en el congreso lo tiene que asumir el resto de la sociedad, se empeña en seguir en el camino más cómodo porque para estas personas, no hay nada más fácil y placentero que hacer “el bien” con billetera ajena. Lo que tenemos que comprender como sociedad, es que la acción política nada tiene que ver con la solidaridad, se trata de una contradicción en los términos porque una virtud jamás puede nacer en medio de la política, una virtud jamás puede nacer en medio de la inmoralidad.

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