miércoles, 25 de septiembre de 2013

La oficina fantasma de Toledo


Por: Dante Bobadilla Ramírez

Ya nada de Alejandro Toledo debe sorprendernos. Se trata de un personaje salido de una novela propia del realismo mágico. Alejandro Toledo supera toda realidad imaginable en un ser humano normal. Su perfil lo describe como un típico arribista y trepador sin escrúpulos, dispuesto a todo por ganarse alguito apelando incluso a la fechoría y la mentira con total naturalidad, seguro de que la sabrá hacer de algún modo, confiado en que su buena fortuna lo acompañará hasta el final y que con una gambeta de pichanga callejera esquivará a los rivales y anotará su gol para acabar con aplausos de la galería y flashes fotográficos.

Adicto a la buena vida, pero sobre todo a la vida fácil, Alejandro Toledo sería incapaz de no alzar una moneda del piso, consumir al máximo en un buffette y coger todo lo que se le presente en el camino. Desde luego no podría haber rechazado la oficina que el Congreso tiene prevista para los ex mandatarios, pero para los que quieren integrarse a la actividad política diaria del país, como cualquier otro congresista. Obviamente no está prevista para el que se va a vivir al extranjero. Pero Toledo no tiene ningún reparo en coger todo lo que hay servido en la mesa y pedir más. 

Sabíamos que el Congreso peruano, o sea, todos los peruanos, le paga un sueldo al ex presidente Alejandro Toledo y a su fiel escudero Juan Sheput. Pero ahora resulta que Alejandro Toledo dispone de una "oficina" en la que nadie despacha pero que cuenta con todo un personal de cuatro empleados fantasmas que cobran sueldo a costa de todos los peruanos. ¿Quienes son los afortunados parásitos que cobran un sueldo del Congreso por no hacer nada? Los amiguetes de Alejandro Toledo, socios y compinches.

Al menos Juan Sheput ejerce el cada vez más indigno papel de escudero político, una moderna forma de llamar al felpudini del ayer. Es quien pone la cara y defiende a Toledo de las formas más creativas e inverosímiles que se puedan ver en los medios. Y sin ruborizarse ni por defender al borracho mentiroso ni por cobrar un sueldo del Estado por esa labor. Habría que preguntarse por qué los peruanos tenemos que pagarle a Juan Sheput para que haga ese indigno trabajo y no el propio Alejandro Toledo. Pero hay que preguntarse más todavía ¿por qué los peruanos tenemos que mantener a toda la banda de parásitos que Alejandro Toledo tiene en su oficina fantasma?

La oficina invisible de Alejandro Toledo y sus cuatro fantasmas nos cuestan casi medio millón de soles al año. ¿Quiénes son los responsables de este desfalco al Estado? Ya estamos hartos de que el Congreso sea una guarida de ladrones levantándose en peso el presupuesto en asesores, viajes, viáticos, oficinas y mil gollerías más. Encima vienen a crear oficinas fantasmas y con empleados fantasmas como si el borrachín de Cabana estuviera ejerciendo alguna función política en el país. Eso debe ser suspendido en el acto y debe investigarse hasta ubicar a los cómplices. Y que devuelvan la plata mal habida.

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