jueves, 10 de abril de 2014

Odio, ignorancia y prejuicio contra la Unión Civil


Escribe: Dante Bobadilla Ramírez

El debate de la ley de Unión Civil ha alborotado el gallinero de la fe. Casi todas las confesiones cristianas han saltado hasta el techo para condenar, Biblia en mano, la diabólica ley. Una vez más debemos contemplar a esta plaga bíblica de fanáticos que no se cansan de hacer el ridículo ante la historia. Del mismo modo en que años atrás justificaban y defendían con citas bíblicas la esclavitud, la segregación racial, la postergación de la mujer con sujeción al marido, hoy salen del templo agitando sus sagradas escrituras para llenarnos de proverbiales citas bíblicas que condenan la homosexualidad desde los tiempos de Noe. ¿No es patético? 

Tanto el cardenal Cipriani como el congresista Julio Rosas y otros predicadores bíblicos, han hecho gala de ignorancia pretendiendo que los homosexuales "se arrepientan de sus pecados y regresen al camino del orden natural". Han llenado su discurso de mentiras tratando -como es ya tradición de la Iglesia- de provocar miedo y odio en sus rebaños. Vociferan que la Unión Civil atenta contra la familia y los niños, que será la destrucción de la sociedad y caerá una ola de perversiones atroces sobre todos nosotros. Exigen un referendum como si la Unión Civil afectara a todos los ciudadanos y no solo a los homosexuales.

Francisco Tudela dice que los homosexuales y sus derechos son solo una percepción subjetiva, que jamás se legisló sobre el matrimonio homosexual desde los romanos y que la ley no puede basarse en minorías especiales, como si eso fuera suficiente para detener cualquier ley moderna, como las que se ocupan de diversos tipos de trabajadores con regímenes especiales, los que padecen cierto tipo de enfermedades o incluso los profesionales por área particular. Resulta pues que acá los enfermeros pueden tener una ley especial pero no los homosexuales. Miente además al sostener que la UC se funda en el amor. Ni siquiera el matrimonio se funda en el amor sino en la convivencia, la sociedad de gananciales y la tenencia de los hijos. Y de todo esto, la UC solo está exenta de lo último.

Lo que debemos dejar en claro a todos es que ni la Iglesia Católica ni la religión son los poseedores de la moral. No existe ninguna relación entre la religiosidad y la moral. Todos los delincuentes y pervertidos son creyentes y comulgan, incluyendo los sacerdotes pedófilos y los pastores estafadores que montan iglesias solo para enriquecerse. La religión no es moral. La Biblia es un libro como cualquier otro, escrito por personas y traducido a diferentes lenguas perdiendo su sentido original. Tampoco es la fuente de la moral. Es un libro que ha sido muy manoseado a lo largo de la historia para justificar cualquier barbaridad. Hay más moral en el Quijote o en las fábulas de Esopo que en la Biblia.

Para terminar solo queda advertir que los homosexuales no son pecadores ni han optado por ser lo que son. Se trata de personas que han nacido con una estructura tal que tienen una forma diferente de sexualidad y eso no tiene que afectar a nadie. La ley de Unión Civil es algo que atañe solo a homosexuales. Nadie tiene por qué sentirse afectado. Ni su familia ni su matrimonio se van a destruir si se aprueba la UC. Ya es hora de detener los disparates que repiten los predicadores, pastores, el cardenal y sus acólitos.