domingo, 26 de mayo de 2013

Ollanta corre cuesta abajo


A menos de dos años el discurso de la "inclusión social" se agotó sin tomar forma. Tanto repetir la cantaleta de la "inclusión social" Ollanta Humala acabó irritando el oído y la paciencia de la gente. Convencido de el asunto era cosa de unos cuantos programistas sociales, creyó que en menos de un año ya había cumplido con sus promesas de campaña. De allí en más no supo qué hacer. 

Ollanta creyó también que la seguridad ciudadana era cosa de montar un circo televisado bajo el pomposo nombrecito de Comisión Nacional de Seguridad Ciudadana o algo así, sentar en una mesa a medio mundo para escuchar sus quejas para luego voltear hacia sus ministros a darles la orden: "señor ministro, me resuelve ese problema". La dichosa Comisión Nacional no pasó de las dos reuniones hasta que se dieron cuenta que no servía para nada. Ni para el show.

Si alguien creyó que el cachaco era un experto en seguridad, allí se dieron cuenta de su error. Por lo mismo, nada cabía esperar de él en el tema de la economía. Por suerte supo elegir a sus ministros de economía y comercio, pero el escenario estaba envenenado por la izquierda que esperaba que Ollanta cumpliera sus promesas o sus amenazas de campaña contra la gran minería. La izquierda apuntó directo a la yugular de la economía peruana: la gran minería. No son tontos. 

Ollanta no ha parado de titubear. Luego de advertir que su gabinete de izquierda estaba lleno de incapaces, los echó nombrando a Oscar Valdés como Primer Ministro, dando así un pasito a la derecha. Pero en seguida se acobardó frente a la asonada de los ecocomunistas en Cajamarca y el cotorro de caviares y progres en la prensa pidiendo la cabeza de Valdés. Ollanta cedió y entregó la cabeza de su buen premier a los antimineros. Ese fue el inicio de su ruina. Fue un claro retroceso y un pasito hacia la izquierda. Luego vino el "gabinete del diálogo" a cargo de la caviarada y el progresismo que prefirió no mover un dedo..

Todo tiene un límite. No se puede mecer a la economía con discursos. La parálisis del Perú era visible. Los proyectos esperaban sentados la aprobación de la burocracia. La economía ya daba señales de desgaste. Por primera vez en 12 años las reservas han dejado de crecer y empezaron a descender. Hemos pasado de 68 a 66 mil millones en mayo. Las encuestan nos han mostrado que la clase empresarial desconfía del gobierno y la desaprobación de Ollanta Humala ya es mayor que su aprobación en las últimas encuestas. Todas estas son señales malas.

Alan García ha salido a dar recetas de salvataje, pero es el menos indicado para darlas porque fue él quien dejó tres bombas de tiempo en su gobierno. Las primeras dos fueron la creación de dos esperpentos burocráticos sin sentido, como los ministerios de Cultura y del Ambiente. Estos dos adefesios estatales que provocaron el delirio del progresismo, han sido los responsables de que los trámites de cualquier gran inversión tarden un año más. Hoy no se hace ningún proyecto sin contar con la bendición de estos dos monstruos inútiles del Estado.

La tercera bomba fue la ley de consulta previa. Un mamarracho promovido por la izquierda asambleista con la esperanza de fundar sus feudos electorales en cada comunidad con el cuento de la defensa de sus intereses. Ya hace tiempo que están presentes a través de sus ONGs ambientalistas y de otras fachadas. Lo que les faltaba era esta ley para empoderar a su dirigencia y tener cartas de negociación, pese a que la consulta no es vinculante. O sea, es en realidad un saludo a la bandera. Al final el reglamento los ha frenado en sus pretensiones, pero no se quedarán de brazos cruzados. Ya empezaron a denunciarlo en todos sus medios. 

Lo que todo gobernante debe tener muy en claro es que a mayor Estado más burocracia, y más lenta la economía y todo el andar del país. La manera de tener un Estado panzón es cebándolo con mayores ministerios, más organismos pùblicos y más leyes de todo tipo, especialmente inútiles y estúpidas como la ley contra la comida chatarra.