miércoles, 7 de enero de 2026

¿El petróleo de la discordia?

 


Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


A través de una intervención militarmente impecable, el gobierno de Donald Trump ha conseguido aquello que se veía venir desde el año pasado. La captura del sátrapa Nicolás Maduro no sólo representa ese gran primer paso hacia la reconstrucción de una Venezuela destruida por el socialismo, sino que es un hecho trascendental en términos de política internacional porque la hegemonía de la que la izquierda ha gozado durante el último tiempo, parece tener un destino inexorable. Si a esto le sumamos el aplastante triunfo de Kast en Chile y el creciente apoyo que las derechas están teniendo en el resto de países de América Latina, no es muy difícil anticipar que el saqueo de la izquierda puede tener los días contados.

Al margen de las diversas reacciones que este hecho ha tenido, reacciones vergonzosas de figuras de relevancia internacional como Claudia Sheinbaum o Gustavo Petro, presidentes de México y Colombia respectivamente; ni mencionar a Miguel Diaz-Canel, actual representante de Cuba, la dictadura más longeva de América Latina; es imperativo no perder de vista algunos detalles importantes para entender la dinámica política que antecede a este hecho y el futuro no sólo de Venezuela sino del mundo.

La “indignación” de todos los líderes, académicos y demás personajes políticos de izquierda, se centra aspectos que ellos critican desde el manual. Acusan de acciones imperialistas al gobierno de los Estados Unidos cuando son ardorosos defensores de la Unión Soviética, quien heredó las prácticas imperialistas de la Rusia zarista y se convirtió en un verdadero imperio del que ya conocemos sus resultados. Dicen también, con “profundo” pesar, que la intervención de los Estados Unidos no tiene nada que ver con una preocupación por la vida y la libertad de los millones de venezolanos víctimas de la narco-dictadura socialista de Maduro y su pandilla, sino que realmente están detrás de su petróleo; termina siendo gracioso porque seguramente Rusia, China, Cuba y el resto de sus aliados, estuvieran ahí por las arepas o por las playas.

Claro que hay intereses geopolíticos de por medio, no hace falta ser un estudioso en la materia para comprender que ninguna intervención es gratuita. ¿El petróleo es importante en medio de este relato?, pues sí pero no por las razones que exponen las izquierdas de todos los colores. Estados Unidos, a día de hoy y en términos energéticos, es autosuficiente, encabeza el ranking de productores de petróleo y además exporta; mientras que las reservas más grandes del mundo están en Venezuela, pero paradójicamente se encuentra en el puesto 21 de esta lista. Pero qué pasa con países como Cuba y China, por poner ejemplos ilustrativos. No es una casualidad el “apoyo” de esos gobiernos. No debemos olvidar que la clase política que gobierna en Cuba está financiada por el petróleo venezolano y ahora veremos si son capaces de sobrevivir por sí solos; por otro lado, la deuda que Venezuela tiene con Pekín es la más grande de América Latina y desde que Venezuela ya no pudo cumplir con el acuerdo comercial en 2017, esta deuda viene creciendo al extremo de ser impagable a día de hoy.

Intereses existen en ambos lados, pero conociendo estos detalles, es normal que los líderes de izquierda que siempre han dependido del petróleo venezolano, estén tan nerviosos porque la captura de Maduro no sólo representa un problema económico, sino que las implicancias pueden ser mucho más graves todavía. Lo más probable es que Maduro quiera negociar su pellejo y con esto veremos cosas interesantes sobre Irán, Rusia, etc., y esto es lo que está en juego en términos de política internacional.

Seguramente la captura de Maduro no baste y tampoco se ajuste al proceso ideal que muchos quisiéramos, pero es lo que hay, lo que corresponde ahora es ver cuáles serán las siguientes acciones del gobierno de Trump porque si es coherente con lo que ha manifestado antes, el objetivo de garantizar la transición de poder lo antes posible sólo significa que Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, son los próximos objetivos. Ahora bien, ¿la transición de poder a la oposición venezolana significa que su pueblo vivirá bien?, ¿podrán retornar a su país los miles y miles de venezolanos que huyeron del socialismo del siglo XXI?, lo más probable es que tome todavía un tiempo para que se acentúen cambios; no olvidemos que el problema de Venezuela no sólo ha sido Maduro y el séquito de parásitos con el que gobernaba, sino que lo era (y es) el socialismo y ese el cambio que esperamos.

*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.


miércoles, 17 de diciembre de 2025

El problema de las cien izquierdas


Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


Alfonso López Chau, candidato a la Presidencia de la República por el partido político Ahora Nación, ha sido el foco de las noticias en los últimos días y no por haber subido en las encuestas o presentar alguna propuesta relativamente interesante para el país; sino porque José Luis Gil, ex integrante del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), tuvo a bien revelar que el candidato antes mencionado, en Febrero del 89, realizaba una publicación donde llamaba “luchador social, luchador político”, a Victor Polay Campos, criminal cabecilla de la organización terrorista conocida como MRTA.

Si bien es cierto que el autor -luego de semejante exabrupto- trata de maquillar esa simpatía diciendo que no comparte el programa terrorista, lo cierto es que no se trata un hecho aislado o un simple desliz del candidato. Para quien conoce la historia de la izquierda, tanto en el Perú y en el mundo, no se trata de una simple casualidad. De hecho, existe una relación bastante marcada entre la izquierda y la defensa de los personajes más nefastos en la historia de la humanidad. Apoyar a la narcodictadura del criminal Nicolas Maduro, apoyar a los terroristas de Hamas, apoyar a la dictadura cubana, tener entre sus ídolos a asesinos como Ernesto “El Che” Guevara, y un largo etcétera, son una prueba de que estamos hablando de un rasgo identitario.

Pasa lo mismo si miramos al interior de nuestro territorio, los principales líderes de izquierda, ya sean del ámbito político o “intelectual”, nunca han sido capaces de marcar distancia en forma directa, clara y contundente, de sus pares ideológicos más radicales y que han tratado de llevar sus ideas hasta el final de sus consecuencias, aquellos que no dudaron en emplear la violencia como método transformador, siguiendo así los ejemplos internacionales más conocidos como Mao Tse-Tung en China, Pol Pot en Camboya, Lenin y Stalin en Rusia, etc. Nuestra izquierda nunca ha podido (o querido) divorciarse de Sendero Luminoso y el MRTA, por el contrario, se la pasan destilando odio en contra de aquellos que los enfrentaron, mostrando así sus filias más elementales en forma indirecta.

Y pese a que hoy se hacen llamar la “izquierda democrática”, esos que pretenden hacerle creer a la gente incauta que hay una gran diferencia entre quienes buscan el poder a través del voto y quienes lo hacen a través del fusil (o tirando piedras, o quemando llantas, o secuestrando aeropuertos), no debemos perder de vista que lo importante aquí es el sustantivo. Da lo mismo cuan elaborada sea la etiqueta, lo que no debemos olvidar nunca es que las cien las izquierdas, antes de ser democráticas, cristianas, ecológicas, nacional-socialistas, liberales, progresistas, etc., son izquierdas.

El problema está en su esencia, en su esquema de valores, en los principios que comparten, en las causas que defienden; a través del voto o a través de la violencia, en la televisión o en los colegios, bajo la fachada de la defensa del medio ambiente o la ideología de género, detrás de ONG´s de derechos humanos o colectivos LGTBI, en la lucha por la clase obrera y el campesinado o por los derechos de los animales; lo que buscan es la imposición, penetrar en el acervo cultural de nuestra sociedad y corroer los cimientos de nuestra historia, de nuestra herencia. Y en tiempos tan marcados por el dominio cultural de la izquierda, jamás ha sido tan importante dejar en evidencia la naturaleza de la izquierda en el Perú y en el mundo, en cada una de las plataformas en las que todavía se puede, cuantas veces sea necesario y en cada oportunidad que se tenga.


*Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda.


jueves, 11 de diciembre de 2025

Monos en democracia

 


Erick Yonatan Flores Serrano*

Instituto Amagi - Huánuco


De cara a las elecciones generales del próximo año, según los resultados de la XIII Encuesta Nacional sobre Percepciones de la Corrupción, estudio que evalúa la preferencia de las personas en temas como poder ciudadano, partidos políticos y las elecciones; el perfil del candidato ideal para los comicios electorales de abril del 2026, gira en torno a valores como la integridad y la honestidad, dejando de lado aspectos como la experiencia, la preparación académica, el equipo y plan de gobierno. Incluso la opción de un candidato nuevo, ajeno al establishment político tradicional, el famoso outsider, ya no parece ser una opción con posibilidades como era hace algún tiempo.

¿Qué lleva a la gente a seguir creyendo que el político, incluso teniendo las cualidades más populares y reclamadas, es un ser ajeno al plano común del resto de mortales?, ¿Acaso una persona “honesta” es garantía de algo en la política? ¿Lo son la preparación, la formación académica, la experiencia? ¿Acaso no es el Perú el único país que ha tenido a uno de los presidentes más preparados de la historia reciente (PPK), en contraste con Castillo, un docente de provincia de quien existen muchas más dudas que certezas sobre su formación y desempeño profesional? Ahora, si bien es cierto que en el aspecto formativo podemos identificar diferencias abismales, ambos expresidentes tienen un grave problema con la justicia del país y no es una simple casualidad.

Con la experiencia de dos periodos como presidente del Perú, Alan García tampoco es un personaje de quien se pueda presumir; el origen “humilde” de Alejandro Toledo, el perfil de “luchador social” del Humala más cuerdo; ninguno de estos elementos les ha servido para poder “caminar derecho”, tal y como decía cierto personaje que -dicho sea de paso- tampoco se lleva muy bien que digamos con la justicia peruana. La casuística es variada y si vamos un poco más a fondo, aterrizando en gobiernos regionales y locales, encontraremos una larga lista de políticos que fueron elegidos por motivos bastante peculiares; pero el denominador común se repite, un drástico y marcado divorcio entre las acciones y el deber ser.

Pero este no es el problema esencial, al fin y al cabo, termina siendo mera anécdota la razón por la que el electorado entrega su confianza. Los resultados tienden a ser los mismos en cada gestión y aquí nada tiene que ver el perfil del político, la raíz del problema está en otro lado. Un mono con un palo hace menos daño que un mono con una metralleta, y más allá de entender el peligro que representa un mono armado, el asunto importante pasa por asumir conciencia sobre los límites que se le puede poner al animal. Sobre la democracia, el tamaño del Estado y la clase política, el razonamiento es el mismo. Mientras más grande sea el tamaño del Estado, la democracia no sirve para otra cosa que para darle más poder al político.

Al fin y al cabo, el dilema de la clase política y su tormentosa relación con la justicia peruana, pareciera ser un problema de valores; sin embargo, antes de discutir sobre qué candidato se ajusta más a nuestras preferencias, lo urgente es analizar si la estructura del Estado peruano permite establecer los límites necesarios al poder de turno. Aquí poco importa si el próximo presidente es Judas Iscariote o el Arcángel Miguel, mientras más pequeña sea el arma del mono, menos daño potencial es al que nos arriesgamos. Es lógica elemental y debiera ser lo primero que el votante debería considerar antes de elegir. Ahora bien, la pregunta de fondo es: ¿hay algún candidato que represente una propuesta relativa a la reducción progresiva del aparato del Estado y el gasto público? La respuesta seguramente nos permitirá evaluar qué tan atrasados estamos en la carrera por vivir en una sociedad libre y de bienestar.

(*) Sociólogo sobreviviente a la sociología tradicional. Conservador entre libertarios y libertario entre conservadores. Políticamente incorrecto y de derecha mientras no haya mejor opción, jamás de izquierda